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Inocent Muggle
Author of 5 Stories

Rated: M - Spanish - Romance/Drama - Harry P. & Draco M. - Reviews: 118 - Updated: 01-21-07 - Published: 04-02-05 - id:2333272

Disclaimer: Ninguno de los personajes de Harry Potter son míos u.u

Warning: Relación slash (chico-chico y chica-chica) y sorpresa, se añade el MPREG, si no te gusta, no leas. Para mis lectores sensibles, quizá necesiten pañuelos de ahora en adelante. Gracias.


Midnight Desires

Wish XV

Fall and leave


Era una mentira exclamar que no le amaba estando en medio de la soledad y la penumbra. Draco Malfoy lo sabía y eso era lo que llevaba en mente cada día después del incidente. Tanto así que nunca se percató de que estaba ya a mediados de septiembre.

Sus sueños cada noche eran profundos y al despertar nunca recordaba lo que había soñado; ya no le costaba trabajo quedarse dormido en el momento que desease, pero había algo que no parecía ser favorable para el transcurso de los días: Harry Potter parecía alejarse de él más de lo que fuera posible.

Terry parecía aprovecharse bastante bien de la situación porque siempre le acompañaba cuando no estaba con sus amigos, pero no era eso lo que le hacía sentir mal, y es que cada vez que daba un vistazo a donde fuera que el ojiverde se encontrara, siempre le veía desanimado y la jovial sonrisa ahora se había quedado como un espectro, siendo reemplazada por una seriedad sepulcral.

Los leones habían terminado por pelearse luego de que su líder hablara con todos ellos por el daño que su amiga había sufrido. Después, nada fue igual porque ahora le temían un poco más al Harry Potter que ya no se mostraba tan noble como antes.

Sería una burla decir que a él le iba de maravilla. Estaba distanciado de Pansy y Blaise y ahora se la pasaba solo en su habitación, tratando de distraerse en las montañas de tareas que les estaban dejando últimamente. Sus notas habían subido, era verdad... pero su ánimo empeoraba conforme el tiempo pasaba.

Yuki se acercó a él y le contempló en silencio. Draco le devolvió la mirada y lo acarició detrás de las orejas.

- Ya no pienso en seguir en mi negación, lo único que me gustaría conseguir es hacer que Potter recuperase su sonrisa...

Apoyó su cabeza sobre la mesa y cerró los ojos.

No sabría identificar exactamente qué demonios le pasaba en el interior, era todo un revoltijo de sentimientos que culminaban en un punto en común: la ansiedad.

- ¿Sabes algo? Creo que puedo describir mi estado con una sencilla frase “Dejé que se me cayera el cielo”...

Harry Potter no estaba mucho mejor. Su carácter se había endurecido y su melancolía había ido en aumento. Había permitido que Draco Malfoy lo lastimase y tal vez podría decir que lo peor era que lo amaba todavía. Como adolescente, le maldecía todas las noches y algunas de éstas acompañadas por lágrimas, pero, como humano, no podía olvidarlo y detenerse a pensar en que ese rubio se merecía todo su odio. De una forma extraña sabía que el otro también sufría, mas no iba a acercarse... no más. Juntos, eran un desastre y separados pudiese ser que encontrasen la solución.

Si Draco le pedía perdón, dolía saber que, pese a todas las disculpas, las palabras no se irían. Se quedarían ahí, enterradas en la memoria de su alma; por más que quisiese, no podría olvidar.

Trataba de mostrarse fuerte, como siempre, ante sus amigos, pero sabía que se estaba desmoronando por dentro y había veces en que la sensibilidad le atacaba de repente y se descontrolaba por completo. Últimamente incluso había estado vomitando muy seguido por la mañana...

Hermione le había buscado y siempre que trataba de decirle algo importante, según ella, él la evitaba y le decía que tenía que atender un asunto con algún profesor. Se sentía tan vacío como lo había estado tras derrotar a Voldemort.

- Muriendo en vida... es tan curiosa esa afirmación – se dijo al tiempo que se acostaba sobre su cama.

Se relajó entre la suavidad de las sábanas y las almohadas, quedándose profundamente dormido.

Entretanto, la castaña y el pelirrojo se encontraban en la sala común haciendo los deberes de Transformaciones.

Ron se sentía indeciso como para decirle a Hermione lo que había notado últimamente en Harry, pero la castaña se hartó de esa actitud confusa y suspiró pesadamente, quitando su vista de las tareas.

- ¿Vas a decirme qué pasa de una buena vez? – preguntó, molesta.

Ron se mordió el labio inferior y desvió la mirada.

- Harry no está nada bien de salud, Hermione. Se levanta por la madrugada y va a vomitar al baño, Seamus y Dean también se dieron cuenta y cuando le preguntamos qué le sucedía, explotó completamente... como si... estuviera...

- Demasiado susceptible – completó la castaña, con evidente preocupación reflejada en su rostro.

- Exacto. ¿Qué le está pasando?

- Oh, Dios mío, entonces lo que descubrí es cierto...

- ¿De qué estás hablando?

Hermione estaba en trance, ella había planeado usar su descubrimiento para alarmar al rubio porque pensó que no podía ser verdad, y ahora resultaba que sí podía ser. Que, de hecho, estaba pasando...

- Ron, tenemos que hablar y sólo te pido que no te alteres porque ahora de nosotros depende Harry y su vida...

El pelirrojo la miró sin comprender y se quedó en silencio. Hermione lucía extremadamente seria y preocupada, lo cual no era buena señal. La chica procedió entonces a explicarle todo, desde lo que había ocasionado con el hechizo mal hecho hasta las consecuencias en este momento, le dijo las cosas que Harry había pasado a causa de Malfoy. A ese punto, Ron no necesitaba que también le confirmara lo que sabía: Harry estaba enamorado de ese idiota.

- Maldito Malfoy, voy a hacerlo pagar – amenazó con la mandíbula fuertemente cerrada al igual que los puños.

Estaba dolido porque Harry no le hubiese contado antes todo lo que pasaba, pero sentía más coraje contra el otro bastardo por su actitud hacia su amigo.

- Espera, Ron, todavía no he terminado...

- ¿Qué otra cosa podría ser más grave que esto?

- Yo... estuve informándome un poco más del hechizo y... ese hechizo tiene un efecto secundario en determinadas personas.

- Háblame claro, Hermione.

- ¡Trato de hacerlo! – Le espetó la chica, desesperada –. Cuando ese hechizo es lanzado al mismo tiempo, esas dos personas establecen un vínculo que ya existe porque se supone que están destinadas a estar juntas, pero lo hace más fuerte y... real, hace incluso que sea visible.

- ¿Y cuál es ese supuesto vínculo?

- En un principio, yo pensé que se trataba del simple instinto o del as de luz que habíamos observado, pero conforme seguí investigando supe de un caso especial y secreto en el que esa forma de hacer el vínculo real era con un ser viviente...

- No me digas que...

Hermione asintió, desviando la mirada.

- Harry está esperando un hijo de Malfoy – murmuró finalmente.

:-.-:-.-:

Alexa se encontraba en los jardines del colegio haciendo sus deberes de Pociones. Todos aquellos días había estado demasiado inquieta, no había podido acercarse ni un milímetro a Draco y ni hablar de las amenazas de las que estaba siendo objeto tanto del conspirador como de los amigos del rubio.

Suspiró pesadamente y recostó su cabeza contra el tronco de un árbol.

Recordaba perfectamente cada episodio en su vida que le había llevado a hacer su presente. Ella tenía la culpa por débil, bien podría tragarse sus miedos e ir a la oficina de Dumbledore y confesar todo, pero no. No lo hacía porque en el fondo también era malvada. Así lo veía.

- El amo dice que ya comienza a ser hora – dijo una voz detrás de ella.

Se sobresaltó un poco y devolvió su vista a sus manos.

- ¿Cuándo?

- Hoy, dentro de algunas horas.

Dicho esto, Terry se marchó y la dejó sola de nuevo. Alexa sintió que algo mojaba sus mejillas y, al tocarlas, supo que eran lágrimas...

Por lo mientras, Blaise y Pansy se encontraban en el despacho del profesor Snape que les había mandado a llamar minutos atrás.

Sabían de antemano el asunto a tratar, pero lo que no sabían era qué decir. El profesor Snape estaba débil de salud aunque no lo aparentase y, si ellos decían la verdad, sólo ocasionarían que empeorase. ¿Qué debían de hacer entonces?

La puerta se abrió, segundos después, revelando la figura del profesor de Pociones.

- Bien, Zabini, Parkinson, no me decepcionen y digan la verdad, no puedo ayudar a Draco si no sé qué demonios es lo que le pasa.

Ambos chicos intercambiaron miradas y asintieron.

- No hay nada que podamos hacer, a Draco le pasa que se enamoró de Potter, pero, al no saber manejarse ni tener voluntad, lo hirió y ahora sufre de desamor – confesó Pansy.

- ¿Y me pueden explicar cómo fue que se enamoró de él? – inquirió el profesor, enarcando una ceja.

- Todo fue a causa de un hechizo... lo descubrieron de ese modo. Es que... en nuestra visita a la plaza nueva del mundo mágico, compramos un libro de hechizos y decidimos probar suerte; sin embargo, no contábamos con que Potter y los otros dos tuvieran la copia y que lanzásemos el hechizo al mismo tiempo – explicó Blaise.

- Se supone que cuando eso sucede, es porque dos personas están destinadas a estar juntas y el vínculo que las une se hace tan fuerte que los incita a hacer realidad sus sueños más profundos...

- Pero estos deseos, no se logran con cualquiera, sólo reaccionan para llevarlos con quien deben estar... con la persona correcta.

Snape frunció el ceño y los miró inquisitivamente.

- ¿Cómo se llama ese hechizo? – les preguntó.

- Schermo di desiderio – respondió Pansy.

El profesor abrió desmesuradamente los ojos y comenzó a palidecer al mismo tiempo.

- ¡¿Cómo se atrevieron a lanzar una clase de hechizo tan antiguo y poderoso como ése?! – Exigió saber con tonto peligrosamente suave –. Por su bien espero que esto no pase a mayores, ahora tráiganme a Weasley y a Granger.

Blaise y Pansy se pusieron de pie rápidamente y salieron del despacho de Snape. Cuando éstos desaparecieron detrás de la puerta, Snape se permitió suspirar y comenzar a masajear sus sienes. Ojalá que las cosas no pasaran a mayores porque, de no ser así, Potter podía correr peligro de muerte...

Todavía, en la sala común de Gryffindor, Ron se mantenía completamente en shock tras la declaración de Hermione. Su amigo, Harry, estaba engendrando una vida dentro de sí... y el otro padre era ese maldito que tanto lo había humillado.

- Voy a matar a Malfoy – dijo, poniéndose de pie.

Hermione lo tomó del brazo y negó.

- Sabes que eso sólo empeorará el estado de ánimo de Harry, ahora debemos ocuparnos de confirmar nuestras sospechas y, de ser ciertas, tenemos que decírselo y hacer que se cuide de forma debida.

- ¿Y cómo se supone que haremos eso? Hermione¡no tenemos ni la más remota idea de embarazos masculinos!

- ¡Ya lo sé¿Puedes hacerme el favor de no gritarlo tan fuerte?

- Lo siento.

Hermione suspiró, apesadumbrada y Ron volvió a sentarse a su lado.

- Un embarazo masculino no debe ser tan al contrario del embarazo femenino, dura los nueve meses y el bebé debe nutrirse bien para estar sano – dijo la chica en voz alta –. Pero la magia... ¿cómo funciona la magia en un embarazo?

Ron se pasó una mano por el cabello y negó.

- No lo sé, nunca le he preguntado a mi madre acerca de eso.

- Debe estar durmiendo, tenemos que sacarle un poco de sangre para saber si está esperando un hijo o no – dijo Hermione, decidida.

- ¿Cómo planeas averiguarlo?

- Hay un hechizo que nos permitirá saberlo.

- Entonces confiaré en que sabes cómo hacerlo, y si resulta ser cierto... ¿qué haremos?

- Hablar con él y decírselo, hacer que se cuide y hablar con Dumbledore...

Ron tragó duro y después Hermione subió a su dormitorio para luego regresar con una jeringa en la mano derecha. Luego, fueron al dormitorio de los niños en espera de que Harry de verdad estuviera completamente dormido.

Por otro lado, Draco se encaminaba a la oficina de su padrino para pedirle permiso para salir a ver a su madre, tenía la necesidad de hacerlo y lo encontró justo cuando éste salía de su despacho.

- ¿Qué se te ofrece, Draco? – le preguntó el profesor.

- Deseo ir a ver a mi madre, quería que me concedieras un permiso...

Snape dudó un momento, tenía que interrogar a su ahijado pero no era el momento ni el lugar. Asintió y le abrió la puerta.

- Usa mi chimenea, te quiero aquí antes del toque de queda – le advirtió su padrino.

El rubio asintió y usó los polvos flu para llegar al hospital de St. Mungo.

- ¡Joven Malfoy! No esperaba verle por aquí – le dijo la doctora Carlton, sonriendo.

- Vine a ver a mi madre¿puedo? – preguntó.

- Por supuesto¿sabes cómo llegar o prefieres que te guíe?

- Puedo por mi cuenta, gracias.

La doctora asintió y se marchó.

Draco no tardó en dar con la habitación de su madre. Ahora que estaba ahí, se sentía inseguro de qué hacer o decir... a todo esto, en realidad¿para qué quería verla si tal vez ni siquiera podría oírlo? Pero no importaba, en el fondo sabía que necesitaba desahogarse con alguien.

Cerró la puerta con cuidado y se acercó a la figura durmiente de su mamá. Notó que había un arreglo de sus flores favoritas a un lado y sonrió, probablemente sería un detalle de su padrino.

- Hace tanto tiempo que no te veo, madre – susurró, depositando un beso en la frente de Narcissa.

Se quedó de pie, en silencio mientras sentía que se desmoronaría de un momento a otro.

- ¿Sabes algo, madre? Descubrí lo que es el amor... lo siento por alguien.

Se detuvo a mirar el mismo semblante inexpresivo que se mantenía en la mujer y se inclinó ligeramente sobre ella.

- Deberías verlo, madre. Sus ojos son más brillantes que el mismo sol y su sola sonrisa puede iluminar toda Inglaterra. Si le conocieras, querías encantada con él...

Algunas lágrimas cayeron de sus ojos y mojaron las mejillas de la mujer rubia. Se sentó en la silla y se pasó la mano por el cabello.

- Y lo eché a perder todo por estúpido – dijo con rencor –. Si supieras las estupideces que hice estarías tan avergonzada de mí...

Draco apoyó su frente contra sus manos entrelazadas y cerró fuertemente los ojos.

Narcissa sintió y comenzó a abrir los ojos al tiempo que trataba de mover sus manos. Cuando los abrió, tuvo que esperar un poco hasta que logró adaptarse a la luz de la habitación y fue capaz de vislumbras a su hijo ahí, a su lado y con una tristeza infinita impresa en la faz.

- ¿Quién es ese joven del que me hablas? – preguntó débilmente con voz ronca.

Draco abrió los ojos sorprendido y se asombró al ver a su madre despierta y tratando de dedicarle una sonrisa tranquilizadora como las que acostumbrara a darle cada vez que las cosas no iban bien.

- ¡Madre! – exclamó, acercándose para tomarla de las manos –. Tú... ¿cómo?

- Ese tono tan cálido con el que me hablabas, me sacó de mi sueño. Pero ahora dime¿quién tiene ojos que son más brillantes que una enorme estrella?

Draco se ruborizó ligeramente y desvió la mirada.

- Harry Potter – susurró en respuesta.

Narcissa lo escuchó perfectamente y mentiría si dijera que no le había sorprendido, no esperaba que su hijo se diera cuenta de sus sentimientos tan pronto. Suavizó la mirada y alcanzó a poner una de sus manos sobre la mejilla de su hijo.

- Cariño, no podría haber mejor persona para ti que él.

- Pero lo arruiné, madre. Lo herí de la forma más vil y no tengo derecho siquiera a pedirle perdón. No sabes cuánto me ha costado mantenerme lejos de él, escuchar por otras personas que está deprimido y triste y no poder ir a su lado y tratar de reconfortarlo. Madre, me desespero tanto..., esta congoja me apresa el corazón y la culpa no me deja pensar con tranquilidad, sólo siento estas ganas enormes de correr, buscarlo y serle sincero...

- ¿Y por qué no lo haces?

- Porque no merezco ni dirigirle la palabra...

- Hijo, Harry es un chico que ha sufrido demasiado y no es mi asunto saber aquello tan terrible que le has hecho, pero intuyo que él te ama de verdad. Es un joven Gryffindor, el más puro que haya conocido jamás y tal vez no te perdone ahora mismo, mas debes buscarlo... ¿acaso no merece él que te disculpes?

El rubio desvió la mirada y Narcissa se conmovió aún más por el estado de su hijo.

- Búscalo ahora mismo y, cuando lo encuentres, explícale y deja que se marche hasta que termine de escucharte. No puedes permitir que la felicidad de ambos se esfume así de repente. Eso es lo que él jamás te podría perdonar, ni tú mismo podrías justificarlo.

Draco posó su mirada sobre la de su madre y trató de absorber la confianza que ella le daba, pero seguía sintiéndose cobarde.

- Entiende de una vez por todas, Draco, que debes arriesgarte por tu felicidad. Ahora márchate y no vuelvas hasta que lo traigas aquí y me lo presentes formalmente, quiero ver por mí misma si es verdad que tiene al sol por ojos.

El rubio asintió y besó a su madre en la mejilla.

- ¿No importa que sea cursi?

- Él es para ti y tú para él, no importa nada más que eso – le dijo la rubia.

Draco sonrió.

- Prometo regresar pronto – le advirtió al tiempo que salía de la habitación.

Narcissa entonces suspiró, no era el momento para que le dijese a su hijo aquello que había descubierto aquella noche en que ella quedó en coma. Sólo esperaba verlo feliz pronto, porque le haría falta ese sentimiento para hacer frente a lo que todavía le esperaba...

:.-.:.-:-.:

Hermione y Ron habían obtenido con éxito la muestra de sangre y ahora se disponían a comprobar los posibles hechos en el baño de niñas que no funcionaba.

- Saika rivilate – murmuró la chica al tiempo que hacía un ligero movimiento con la varita –. Cinco, cuatro, tres, dos, uno...

La muestra de sangre dentro del recipiente pequeño en el que lo habían puesto, comenzó a desprender una luz roja bastante intensa.

- Es verdad, está embarazado... – dijo Hermione, dejándose caer en el piso.

Ron le siguió, medio shockeado.

- No puedo creerlo... esto solamente pasa cuando el amor es verdadero y su destino es estar juntos¿cómo puede ser posible que así sean las cosas si Malfoy le trató de esa forma? – preguntó la castaña.

Ron se encogió de hombros y desvió la mirada.

- Harry nos necesitará ahora más que nunca – le dijo a la chica.

Hermione asintió y ambos se dispusieron a regresar a la torre, primero debían hablar con su amigo.

Mientras tanto, el ojiverde había despertado segundos atrás y había salido a dar una vuelta antes de que dieran el toque de queda; suponía que eso sería bueno para despejarse un poco y ya estaba cerca de la torre de Astronomía; sin embargo, se detuvo al ver dos sombras corriendo por el pasillo para luego adentrarse en una de las aulas del piso.

Harry, intrigado, los siguió sigilosamente y, al llegar a la puerta que daba al aula donde se habían metido, dudó un momento. ¿Estaría bien que husmeara? Estuvo por dar media vuelta hasta que escuchó gemidos que le resultaban particularmente conocidos. Indeciso, se quedó en la misma posición.

- Alexa... – alcanzó a oír.

No pensándolo dos veces, abrió la puerta y se topó con la imagen de Draco semidesnudo besando a una Alexa que no tenía más prendas puestas que la piel.

- Draco... – murmuró, obteniendo la atención del chico.

Éste le lanzó una mirada de pura burla y descaradamente volvió a besar a la chica, como si le dijese con ese sólo acto que él no le importaba en lo absoluto.

Harry no lo soportó¡era un tonto¿Para qué demonios tenía que ver lo que pasaba ahí dentro?

Dio media vuelta y se fue corriendo sin rumbo aparente, necesitaba alejarse de ahí, pero un dolor en el pecho comenzaba a hacer que su energía disminuyese y se negaba a llorar. Se detuvo justo frente al tramo que le llevaría de vuelta a la torre Gryffindor.

- ¡Harry! – Le gritó Hermione, mientras corría junto con Ron hasta su lado.

El pelirrojo le sostuvo entre sus brazos cuando éste estuvo a punto de dejarse caer en el suelo

– ¿Qué te pasa¡Harry! – le llamaba su amiga al verlo tan pálido y sudoroso.

- No... puedo... respirar – le dijo a la chica.

No sabía qué le pasaba, la opresión en el pecho era extremadamente fuerte, el dolor aumentaba y comenzaba a expandirse por todo su cuerpo hasta que no lo soportó más y cayó desmayado siendo completamente sostenido por su amigo.

- ¡Harry! – le gritó Ron, zarandeándolo un poco para ver si despertaba.

- ¡Ayuda! – gritó fuertemente la chica, obteniendo la atención de los Gryffindors que se encontraban cerca –. ¡Llamen a madame Pomfrey, rápido!

En ese momento, Draco había llegado a Hogwarts ya y se encontraba dirigiéndose a la torre Gryffindor.

- ¡Draco! – le gritó Pansy, dándole alcance junto con Blaise.

- Ahora no, chicos, debo arreglar un asunto.

- Potter está en la enfermería, al parecer, demasiado grave – le dijo Zabini luego de detenerlo.

- ¿Qué?

- Nadie sabe qué le sucedió, de pronto se puso muy mal y... ¡Draco, espera! – le pedía la chica siendo detenida por Blaise.

Draco sintió la angustia y el ansia recorriéndole el alma y se valió de esto para correr con todas sus fuerzas rumbo a la enfermería. A Harry no podía haberle pasado algo, era fuerte ¡tenía que estar bien!

Pero esta idea se desvanecía rápidamente cuando, al llegar, se encontró con los semblantes preocupados de Severus, McGonagall, y los lloriqueos de Granger y las lágrimas mojando las mejillas de Weasley.

- ¡¿Dónde está Harry?! – exigió saber, desesperado mientras contraía sus puños con fuerza.

La consternación y la angustia le invadían por completo y la mueca adolorida de Severus no ayudaba en nada a que se calmara.

- Draco... – le dijo su padrino, levantándose, mientras ponía una mano sobre su hombro –. El joven Potter...

- ¡Se está muriendo! – exclamó la castaña, soltándose a llorar dolorosamente.

A Draco el mundo se le vino encima. No podía ser cierto, Harry y él estaban destinados a estar juntos en ese mundo... debía estar a su lado... no podía estar alejándose de ese modo de su lado, era imposible...

- No es verdad – susurró, apartando a Severus con lentitud, para luego abrir la puerta con temor y adentrarse en la enfermería, sus ojos vieron que, al fondo, estaban Dumbledore y Madame Pomfrey, ambos mirando a un cuerpo sobre una de las camas.

Era Harry, su Harry.


Continuará...


Wa, perdonen la tardanza uhm... ¿recuerdan los pañuelos? Yo también necesitaré unos cuantos, faltan 4 o 5 capítulos para que la historia se acabe... y Harry se está muriendo... y el bebé junto con él... ¿cómo puedo ser tan mala? u.u

En fin, no más notas. Gracias por leer y nos veremos en la próxima.

Besos.

Inocent Muggle.


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