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Anime/Manga » Card Captor Sakura » Primer Acto: Que Escenita
Kassandra L. K
Author of 26 Stories
Rated: T - Spanish - Romance - Sakura K. & Syaoran L. - Reviews: 55 - Updated: 07-12-08 - Published: 04-04-05 - id:2336442

Primer Acto: Qué Escenita

X

Escena 8
Tres de Espadas

Era Él, nuevamente.

Con los hombros desnudos apoyados en la fría baldosa del baño del hotel y encerrada en el pequeño cubículo, cerró los ojos mientras apoyaba la cabeza en la pared. Los recuerdos siempre la habían perseguido. O quizás, siempre venían a perseguirla en los peores momentos.

Tomando el teléfono que minutos atrás había entrado con ella al baño, marcó el número de los Daidouji de manera automática. Sólo esperaba que aún su prima estuviera en Japón y no de camino a las tierras inglesas junto con El Inglés.

Residencia Daidouji, ¿con quién desea hablar?

–Con Tomoyo, por favor.

En un segundo, por favor espere –le respondieron, y sin mas de unos segundos, el auricular volvió a ser descolgado– ¿Sakura, está todo bien?

– ¿Qué podría estar mal? –devolvió, extrañada– ¿Estoy interrumpiéndote?

No. Nada importante al menos –tras una pausa, la misma Tomoyo se corrigió–, Nada que yo no estuviera a punto de interrumpir, en cualquier caso.

–Sigues trabajando, entonces.

Sólo hago lo que se espera de la heredera de un imperio. ¿Cómo te fue con los Li?

–Técnicamente, bien, podría decirse. Ahora, pregúntame si acaso el Li hizo señas de reconocerme.

Tomoyo no pareció escucharle, o al menos, su reacción no fue inmediata.

¿Li no te reconoció?

–No era eso lo que quería decir. Claro que me reconoció. Debió hacerlo, al menos. En serio… –dejó la oración incompleta, y Tomoyo no la presionó en dar detalles. Tan típicamente Daidouji Tomoyo. El silencio era una de sus peores armas. Siempre se lo había dicho, siempre se lo diría, y siempre se rendiría cuando lo ocupara en su contra. Luego de comentarle todo el episodio de cuando se había encontrado con Li y la evidente reunión que debía tener con los Ancianos de su Clan, añadió: –Fue extraño, en realidad.

¿Qué tanto?

Lo meditó por unos momentos– Extraño, como Eriol y Takashi juntos, extraño.

Eso no me extraña del todo, no siempre. ¿Estás bien?

–No tengo razón alguna para sentirme mal, a decir verdad, pero aún así…

Bueno, Sakura, no hay dudas de que sigue siendo un cabo suelto en tu vida.

– ¿Qué se supone que significa eso?

Significa lo que siempre has sabido, y nunca has querido aceptar.

–No estás ayudándome, Tomoyo.

No está en mis manos decirte como actuar. Sólo puedo guiarte hasta cierta distancia –tras una pausa, Tomoyo le interrumpió de responder. –Ya sé, he leído muchos libros de autoayuda, psicología y demás. Algo tengo que hacer entre tanto viaje, al fin y al cabo.

–No es eso. ¿Crees que debo hablarle?

Eventualmente tendrás que hablar con él, Sakura –respondió Tomoyo sin dudar– ¿Cómo está Hikaru?, ¿Está bien el hotel? Mamá dijo que era el más cercano a la Mansión de los Li, y a las Corporaciones. No queríamos verlas perdidas en Hong Kong si acaso no te recibían.

–Está bien, Tomoyo, dale mis gracias a Tía Sonomi. ¿Quieres hablar con tu Mini-Me?

Si no me necesitas para más, claro.

–Nah. Sólo deja revisar si sigue despierta, ya es pasado su hora de dormir. ¿Cómo está Kero? –preguntó, mientras salía del baño y miraba a Hikaru jugando con su celular.

Bien –respondió Tomoyo con un deje de alegría que su cansancio no logró opacar. –Ha sido buena compañía estos días. Lástima que no puedo llevármelo conmigo a Inglaterra.

–Hey, el libro de las Cartas está conmigo y Yue con mi familia, si quieres llevarte a Kero, por mí adelante –indicó con una sonrisa, al momento que Hikaru se le acercaba y hacía intenciones de alcanzar el teléfono. –Dudo que niegue una propuesta como esa.

¿En serio? Creo que se lo comentaré luego que llegue de su vuelo nocturno.

–Le hará bien un tiempo fuera. Te dejo con tu miniatura, Tomoyo. Gracias por todo.

No es nada. Esperaré tu otra llamada, ya sabes el número de mi apartamento en Inglaterra también.

–Sí, lo tengo guardado. Hasta luego. No entretengas mucho a Hikaru.

De acuerdo. Bai, Sakura –murmuró Tomoyo, y sin creerle del todo, le paso el teléfono a Hikaru, quien corrió al baño a hablar con ella, cerrando la puerta tras de sí.

Suspiró escuchando la voz mal camuflada de su hija, y se cambió al pijama, tirándose a la cama y agarrando el celular que su hija había dejado sobre esta.

Por alguna razón, no le sorprendía del todo la posición que había tomado Tomoyo.

x–

Meilin abrió la puerta de su habitación mordiéndose el labio levemente, mientras ataba la bata de dormir en su cintura. Tenía el presentimiento de lo que venía, y de que esto sucedería. Pero tal vez, una parte de sí misma había deseado que no fuera tan pronto.

Syaoran le miraba con algo de extrañeza, de decepción, e incluso creyó ver algo de ira pasar por sus ojos, pero todo se había ido en el momento que dio un paso al interior de su habitación y caminó de manera errática, hacia el balcón, al librero, al sofá, de vuelta a mirarla, y luego se sentó en la banqueta a los pies de su cama.

– ¿Estás bien? –le preguntó, sentándose a su lado. Él la miró frunciendo el ceño.

–No me vengas con eso ahora. Sabes porqué estoy aquí.

Juntó ambas manos sobre su regazo, corriendo la mirada hacia la ventana.

–No ha sido culpa de los Ancianos, Xiao Lang. Ya es hora de que decidas el futuro del Clan, tu futuro. El Clan no puede seguir sin tener siquiera la posibilidad de un heredero. La línea termina contigo, primo. Viene a ser tu deber.

– ¿Desde cuando te importa los deberes y reglas del Clan a ti? –le espetó Syaoran esta vez sin controlar su tono. Meilin se mordió el labio con más fuerza, empuñando las manos.

–Desde el momento que a ti dejaron de importarte.

–No me mientas, Meilin.

–No lo hago –respondió con firmeza, encarándolo nuevamente y reteniéndose de decir alguna tontería extra. –Deberías mirarte a ti mismo, Xiao Lang. Desde el momento que los Ancianos y tú dejaron de llevarse bien, nunca volvió a importarte el Clan. Tu Clan, por el que dabas toda tu vida cuando eras un niño. Claro, cumpliste con tu entrenamiento, con tus deberes como la cabeza de esta casa y las Corporaciones, pero ¿acaso volvió a importarte un poco, acaso volviste a pensarnos como tu hogar?

Cuando él hizo atento de hablar, lo interrumpió alzando una mano como tantas veces Tía Yelan le había interrumpido a ella misma, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos levemente.

–No, darías todo por un día libre de nosotros, aun si significara la caída del Clan –le acusó sin esperar respuesta. –Así que sí, puedes culparme por hacer que los Ancianos te echen en cara que llevas tres años postergando un compromiso. Puedes culparme por hacer que Kinomoto viniera en busca de tu ayuda. Puedes culparme por hacer que Tía Yelan te haga citas todas los meses. Pero no podrás, nunca, culparme por no aceptar un matrimonio en el que no hubiera amor.

–Eso no es por lo que estoy aquí –murmuró Syaoran sin dejar de mirarla. Se levantó de golpe y empuño las manos a ambos lados.

– ¡Claro que es por eso! –exclamó, sintiéndose por primera vez en mucho tiempo con rabia contra él. Algo que no sentía desde su infancia. –El aviso de que te habían dado un ultimátum para que te casaras también llego aquí, ¡Aquí, Xiao Lang, a tu propia casa! –tomando un respiro, agitó la cabeza. –No me creas boba, primo. La única razón por la que los Ancianos no te presionaban por un compromiso, es porque yo era tu supuesta prometida. Porque yo era su pequeña marioneta que podrían controlar a gusto, y tú también lo pensaste.

–Meilin…

–No. No. –le interrumpió nuevamente, esta vez manteniendo su voz queda. –Admito que por mucho tiempo me resigné a servirte de coartada, pero la verdad es no puedo. Para ti soy una prima molesta que sólo sabe hacerte enfadar, y una manera rápida de escapar a los Ancianos. Es hora de volver a la realidad, primo, no estamos enamorados, nunca lo estaremos, y nunca podría traer un bebé a la familia por un deber del Clan.

Cuando Syaoran no hizo ademán de responder, Meilin tomó su mano y le besó los nudillos brevemente, acariciándole la palma.

–Perdóname. Pero no puedo seguir protegiéndote, ya no más.

x–

La tarde, momentos atrás de un celeste cristalino—se había tornado de un rojizo anaranjado en tan sólo un par de minutos, el decir una broma, el compartir una manzana, el sonrojar de unas mejillas, una sonrisa cómplice, y fue dejado en la mitad de comprar el pan, una mano afirmando la bolsa y la otra extendida hacia el vendedor, sostenida inertemente, su mundo cayendo.

No se dio cuenta cuando sus acompañantes lo abandonaron, cuando la muchedumbre lo obligó al piso—ni cuando la casa del panadero se vino abajo y él permaneció estático observándola destruyéndose, el rostro del vendedor impreso en sus pupilas.

Los ruidos no tardaron en llegarle tampoco.

Había gritos, por Dios—tantos gritos, que en cualquier momento su cerebro decidiría colapsarse y sus oídos sangrarían en respuesta y—oh—lo llamaban a él, rogaban, gemían, todo haciendo un eco lastimero en la carcasa inerte que llamaba cuerpo y en una mente brillante que por primera vez en sus años—se detuvo.

Sintió morirse cada vez que sus ojos, erráticos, se topaban con los de una cara conocida, un recuerdo alegre en su memoria, que se apagaban al encontrar los suyos, un quejido llegándole a los oídos, grabándose en su mente y borrando cada buen recuerdo de aquellas personas que lo habían acogido y que ahora se desvanecían con el fuego.

Irónicamente, fue la risa melódica que se sobrepuso a los gritos el detonante que lo hizo reaccionar y lo obligó a dar un paso adelante, empuñar las manos—y correr. Su mente hizo a un lado el rugir del fuego, el ruido de las casas desplomándose y los gritosdiostantosgritos, lo llamaban, le implorabangritabanlloraban—pero él corrió, frunció el ceño, apretó los labios y hizo nada por voltearse y ayudarles—apagó su corazón y dejó la culpa para otro día.

Iban a perseguirlo por esto, lo sabíalosabía pero no podía salvarlos a todos—ni siquiera a un puñado, aunque tratara—pero podía intentar salvar a dos, y esperar que los Cielos tuvieran piedad de su egoísmo.

Cuando gritó, rogando internamente que su voz fuera capaz de sobreponerse a aquellas que llamaban pidiendo ayuda—esperó mientras corría, y corrió y esperó por la respuesta que no llegaba, y sintió sus ojos arder con el humo del fuego, su garganta contraerse—cuando se dio cuenta que no lo haría—yquédebíahacerentonces—la mañana siguiente, cuando sirviese el té y viera las tasas vacías y saludara a lanadacayóentonces—y la oscuridad siguió sus ojos, engulló su mente y golpeó el suelo con un ruido que adormeció sus sentidos—y quiso detenerlo, pero—

Amo.

Abrió los ojos.

Tenía el rostro húmedo, y Nakuru lo observaba con una ceja alzada, vaso vacía en mano—oh, aquello lo explicaba. Si le preocupaba, sus ojos no le delataron, pero dejó el vaso junto a la mesa de noche y, tomando un pañuelo, le secó el rostro sin decir palabra. Sus pasos no hicieron ruido cuando se irguió y salió de la habitación, cerrando las cortinas de la habitación y dejándolo en penumbras al pasar.

Cuando estuvo a solas, Eriol cerró los ojos y suspiró, sonriéndose. Al extender su mano sobre las sábanas, pelaje suave hizo contacto con su piel, y al acariciar las orejas de la criatura, casi creyó escuchar un ronroneo—pero él nunca se había burlado directamente de su guardián, y no hizo comentario sobre aquél detalle.

Cerró los ojos y acompasó su respiración, entonces.

–Amo… ¿Qué…?

Eriol siempre había sido bueno en manipular la situación en sus manos, y aunque siempre había confiado en sus guardianes—esta vez lo dejaría estar, y Spinel calló, intentando alzar vuelo para volver a su lugar junto a la lámpara, antes que lo atrajera como no hacía desde años atrás, cuando había sido un niño con habilidades que lo intimidaban y alejaron la familia que conocía. Si el guardián lo notó, si detectó su mentira, no le preocupó demasiado, porque al atraer a la criatura a su cuello, el guardián se acurrucó sobre la almohada y lo escuchó dormir minutos después.

Deseó que los sueños terminaran, pero supo—cómo supo que la respuesta de quiénes intentó salvar no llegaría—que no lo haría. El Destino solía ser cruel, a veces, cuando gente con sus habilidades le daba la espalda a sus responsabilidades de la manera que había hecho.

Incluso si debía esperarse por unos cuantos años y una vida siguiente antes de pasarte la cuenta.


NA: Una actualización, al fin, ya sé. Juro que QE me perseguirá por siempre hasta que la termine, así que aún no me doy por vencida, aunque a veces sólo quisiera borrarla. Estoy vieja para CCS ya, y últimamente… soy la peor fangirl de mis propios personajes originales/semi-originales (Avian/Karine TxT wub 'em!) más de lo que alguna vez fui por SyaoSaku. Pero, ¡ya! que tengo que terminarla sí o . Además, hoy me enteré que sí pasé Derecho Civil, y eso ameritaba celebración… y no había ron, así que escribir tocó. Y las dos primeras de este capítulo estaban listas hace taaanto tiempo, ya era hora.

Feliz B-day Syao, still wub u.

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