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Disclamer: Beyblade, aunque quisiera, no es mío, sino de Takao Aoki. Yo sólo hago esto como pasatiempo usando sus personajes sin ánimo de lucro.
Recomendación: Lean de nueva cuenta el cap anterior. He agregado detalles que van de la mano con este.
Capítulo XV: Recuerdos y Aclaraciones
Hacía unos minutos que los Hiwatari se encontraban en aquella residencia. Albert había llevado a su hermana a una habitación de la misma planta, mientras Kai se hallaba en aquel estudio, acompañado de Gisela. Ella a su vez lo observaba, pero no se atrevía a mencionar palabra alguna después de lo sucedido. No se encontraba en la mejor condición como para tratar el mal humor del muchacho. Decidió sentarse en la silla del escritorio. Miró de nueva cuenta al ruso. Con cuidado, murmuró:
—Kai —el chico se sobresaltó un poco, viró hacia Olivares, mientras ésta se arrepentía de hablarle—. Bueno, yo no sé qué decirte en este momento. Generalmente, "meto la pata" en esto —susurró lo último en náhuatl, desviando su mirada del joven.
— ¿Sabías que Alex era mi hermana? —Expresó secamente. La mexicana se ponía aun más nerviosa.
— ¡No! —Gritó, de tal modo, que él la observó con asombro—. ¡Es en serio, no tenía ni la más mínima idea que ella era Isis!
—Una vez me comparaste con ella —expresó con frialdad.
— ¡Es verdad, pero no fue por ese motivo! —le enunció—. Ella era tan misteriosa. Nunca nos reveló nada de su pasado. Esa es la razón por la que decía que eran iguales.
—Hum —Kai se dirigió a la ventana. Posó sus ojos hacia el paisaje nocturno que brindaba aquel sitio. Soltó un gruñido—. Esa bruja… —masculló con ira.
—Cielos, Gissie, te metiste en grandes problemas —caviló con pesadumbre—. Siento haber dicho eso. A veces habló sin pensar —Kai la miró, a través del reflejo de la ventana, con cierta sorpresa.
Ambos volvieron a quedarse en un silencio bastante incómodo. Él sabía, muy en el fondo, que Gisela trataba de ayudarlo, pero no se lo permitiría, no por ahora. Tenía que arreglar asuntos pendientes con su hermana.
Ella estaba consciente que el muchacho ponía su barrera. A pesar de conocerlo poco tiempo, sabía en qué momentos no se debía arriesgar en hablar con él. Además, agregaba el hecho de que ella había invadido su espacio personal hacía unos minutos. Finalmente, decidió levantarse de su asiento.
—Es mejor que vaya a ver a los demás. Les informaré sobre la situación —al no obtener respuesta, agregó—. No te preocupes, no les hablaré sobre el detalle de Alex —se dirigió al portal, cuando dijo—. Si necesitas algo, yo… —calló—. Bueno, si no quieres, olvídalo —la joven salió de la habitación, cerrando la puerta.
No se inmutó el chico. Cavilaba en todo esto que estaba ocurriendo. Todo se había tornado negro, en especial para él. Había perdido a Dranzer y por poco pierde a sus hermanos en aquella dimensión. Si eso no bastara, su melliza había tenido la "brillante" idea de usar un disfraz ante él.
—Es una idiota —pensó—. No sé cómo mi hermana no tuvo el valor de enfrentarme cara a cara.
De pronto se abrió la puerta. Era su hermano. Ahora el joven volvía a tener un par de lentes sobre su nariz, mientras sus heridas habían desaparecido. Traía consigo una mochila. Suspiró, pues a lo que encararía en ese momento no era nada sencillo.
—Isis se encuentra estable, pero tardará en recuperar todas sus fuerzas.
—Albert —murmuró Kai, llamando la atención del rubio—. Sé que estabas enterado sobre todo este engaño —expresó con acidez. Dirigió su mirada hacia el mayor—. No comprendo, ¿por qué permitiste a ella que siguiera con este juego?
—No puedo explicártelo. Es problema mío, Kai —dijo con sequedad.
—Debería reclamarte por todo —glosó con frialdad—. ¿Desde cuándo estás en contacto con ella?
—Sólo unos meses —mencionó dubitativo. Pero al mirar que en los ojos de su hermano menor había incredulidad, añadió—. Está bien, la he visto desde hace un año. Ella fue a buscarme cuando comenzó el torneo de BEGA. De ahí fuimos a Japón. Al acabar, cada uno nos fuimos por nuestro lado. Hace dos meses, volvió a contactarse conmigo. Necesitaba un jugador en el equipo, además de un experto en beyblades. Empero, la he estado presionando desde entonces. Le insistí que ella se comunicara contigo.
—Hum… aun así, me hubiera gustado que me dijeras algo —musitó con enojo.
—Siento no poder haberlo hecho. Pero Isis me hizo prometer que le guardaría el secreto.
—Sabes, quisiera hablar con ella personalmente sobre este asunto.
—Puedes ir a verla, cuando se recupere…
— ¡No! —lo interrumpió—. Iré ahora.
Kai salió de la habitación. Albert, no quedándole otra, decidió seguirlo y guiarlo hasta su dormitorio. Caminaron todo el pasillo. Kai apenas había escudriñado a su hermano, cuando se percató de algo:
—Por cierto, ¿cómo te recuperaste? —le inquirió, al ver su rostro libre de rasguños. Albert se sorprendió que después de todo le dirigiera la palabra.
—Le tuve que rogar a Tyson, después de tranquilizarlo, que me diera parte de su poción —mencionó un poco irritado.
— ¿Por qué a él?
—El viento es mi segundo elemento; como el de Isis, el fuego. No podía pedírselo ni a Max ni a Daichi. Ahora lo importante es recuperar las Bestias bit, e invocar a Dranzer y a Dragoon. Con la aparición de su contraparte, debe ser lo antes posible.
—Hum, a que árbol te arrimas, hermano—dijo con desdén.
—Es aquí —mencionó, cuando llegaron hasta el fondo—. No te garantizo nada —expresó con preocupación—. Si deseas, espera hasta que esté despierta…
—Hum —Kai se limitó a abrir la puerta, ingresando a la habitación.
—Iré contigo. Después de todo, ambos poseen un orgullo tan grande como el apetito de Tyson y Daichi juntos —sonrió ligeramente, aunque con un leve nerviosismo. Trataba de cortar la tensión.
—Muy gracioso —mostró cierta inconformidad ante el comentario.
Kai se sentó de en la silla adyacente a la cama de la joven. Albert, por su lado, decidió usar el sillón. El rubio comenzó a hurgar en su alforja. Su hermana dormía, aunque denotaba una palidez cadavérica en su rostro. El bicolor tocó su frente, su temperatura era normal. Encontró de pronto en la cama el bit de Athena. Un silencio abrumador llenó aquella alcoba.
— ¿Qué fue lo que pasó? —Finalmente, decidió hablar—. Lo último que vi fue que esa cosa se abalanzó sobre ella —cuestionó a su hermano, quien estaba leyendo un libro, con el Diario de Ginebra a un lado. El rubio quedó en silencio un rato, hasta que le contestó:
—Esfignix la atacó con un zarpazo —recitó Albert, cerrando el libro—. Pudo liberarse, gracias a Athena y a Dranzer, quienes la ayudaron. Sin embargo, la cadena de su collar se rompió en ese instante. Eso disminuyó considerablemente su fuerza —suspiró—. Ambas Bestias bit desaparecieron. Los beyblades se hicieron añicos. Isis pudo recoger la suya, pero no logró salvar al fénix. En ese momento, Alba, Rafael y Siria me hirieron de gravedad. Ella fue a curarme, pero a un costo alto: Sus lesiones se profundizaron más.
— Pero… ¿por qué?
—Ya te lo había explicado ella, las alhajas tienen unas seudo piedras filosofales —sacó la suya debajo de las prendas de su pecho, mostrándosela a su hermano—. Con eso, podemos canalizar nuestro poder —la guardó en su lugar—. Bien, en la alquimia, el principio básico es la equivalencia; por lo tanto, la salud o vida del individuo, compensa esa regla, si no se posee un medio para enfocar dicha energía.
—Por eso, ella estaba más lastimada que tú.
—No sé por qué me curó —gruñó—. Fue una estupidez por su parte. Ahora, ella no podrá usar el poder de su Bestia bit, sin gastar su propia energía, o peor, acortar su vida.
— ¿No hay manera de recuperar su talismán?
—Existe una probabilidad que lo hallemos en mi Dimensión; empero, lo veo imposible. También puede existir el riesgo de que los encapuchados lo posean —trató de abrir el diario, pero sin éxito. Se dio cuenta que tenía el seguro—. Vaya "jaque" que me has dado, Isis —murmuró para sí, mientras retornaba su lectura hacia el libro. Kai miró detenidamente el volumen. Era el de la Leyenda.
— ¿Cómo lo obtuviste? —preguntó con incertidumbre.
—Isis no es la única que guarda secretos —respondió—. La acompañé a Japón. Sin embargo, me quedé un poco más. Fui por el libro después de que lo utilizaras y viajaran a México. Ordené a la servidumbre que no te mencionaran sobre mi breve estancia en la mansión, en especial, a Hikari. Por lo veo es muy comunicativa.
—Hum —quedaron en silencio por un rato, hasta que el menor musitó—. Nicolás…
— ¿Quién?
—El hermano de Alexandra. Supongo, sin temor a equivocarme, que eras tú…
—Era obvio. No la iba dejar sola en esta locura.
—No sé cómo te dejas manipular por nuestra hermana —expresó el bicolor.
— ¡Cállate! —Gritó. Sin embargo, el rubio trató de tranquilizarse. — ¡Sé que fue mi culpa, pero no tienes que recordármelo, Kai! —Expresó con acidez.
—Hum —musitó, mientras cruzaba los brazos.
El menor se limitó a contestarle de este modo. No comprendía la actitud de su hermano, dando muestras de culpabilidad. El rubio, mientras tanto, suspiró. No deseaba empezar una riña con Kai. Ya era suficiente con los problemas que poseía con Isis.
El bicolor miró nuevamente el bit que yacía en el camastro. Observaba la imagen de la loba. Una miniatura que fijaba sus rasgos de su impotente figura al ser corpórea, a pesar de haberla visto tan sólo un par de veces. Sin embargo, tenía la extraña sensación de calidez familiar que emanaba del objeto. Lo tomó y agregó.
—Athena, este ente lo manejaba Isis. ¿Sabes en dónde lo consiguió?
—Era de nuestra madre —respondió Albert—. Trabajaba en ella en la abadía —el bicolor se sorprendió de oír la pesquisa, por lo que el rubio añadió—. Lo olvidaba, no sabías que mamá fue una de las mejores científicas de Biovolt —el ruso menor lo miró con cierta confusión, a lo que su hermano agregó—. Me enteré en diversas fuentes de información sobre sus experimentos. Sin embargo, recuerda que enfermó, aunque iba de vez en cuando a los laboratorios. Después de la muerte de nuestro padre, ella empeoró, alejándola totalmente de Biovolt.
—El abuelo jamás nos dijo nada al respecto.
—Lo sé, ese imbécil nos ocultó todo sobre ella después que nos dejara —comentó con ira.
—Es la primera vez que te oigo despotricar contra el viejo —Kai expresó con sorpresa.
—Quizás ya sea tiempo de sacar lo que pienso de él —sonrió de una manera un poco fría, mientras volvía a su lectura—. Nos hizo sufrir demasiado por sus ambiciones —oyó la voz del joven ahogada. Kai decidió no interrumpirlo.
Han pasado dos horas. Albert se había quedado dormido con el volumen en manos. Aun traía las gafas puestas. Tratando de buscar una manera de distraerse; puesto el cansancio lo agobiaba, aunque Kai no quería descansar, observó el cuarto. Se dio cuenta que, aparte de libros, (tanto de ingeniería como de lectura recreativa); había figuritas de resina de personajes de anime y un montón de taukobons en el librero. En el escritorio, borradores, tanto en japonés como en inglés, discos mal acomodados, además de dos tomos del manga "XXXHoLIc".
La chica se movió un poco. Kai la revisó nuevamente. No tenía ni fiebre ni hipotermia. Eso al menos era un alivio. Sin embargo, no recuperaba su color habitual.
—A veces eres demasiado impulsiva —le dijo, mientras tocaba su frente—. Pero, me hubiera gustado que me lo explicaras desde un principio—. Tomo su mano entre las suyas.
De pronto alguien tocó a la puerta. Albert despertó sobresaltado ante el ruido. Kai soltó a su hermana. El rubio se paró a abrir. Aun sin ver, el bicolor se percató que era Tala el que había venido. El ruso pelirrojo quedó en el portal, mientras el mayor de los Hiwatari fue de nueva cuenta a su lugar.
—He colocado una protección alrededor de la casa, estaremos a salvo —mencionó con sequedad—. Los demás han llamado a sus respectivos equipos; sin embargo, ninguno de ellos se quiere mover de aquí. Masefield está instalado en el cuarto cercano al estudio. Kon está en la habitación contigua a este dormitorio —miró a los Hiwatari, centrándose en los mellizos. Murmuró —Isis…
—Tala —interrumpió el bicolor, sorprendido de que dijera ese nombre —. Dime ¿cómo es que conoces a mi hermana?
—Es un asunto entre ella y yo, Kai —se cruzó de brazos—. Si ella jamás te lo contó, no es mi problema.
— ¿Sabías que ella era Alexandra, no es verdad? —preguntó con cierta frialdad
—Sí, me lo confesó cuando mi hermano ingresó al equipo —su tono de voz era taciturno; sin embargo, lo cambió a uno más seco—. Es mejor que vayan con sus respectivos compañeros —añadió, al dirigirse al rubio—. Mariam batalló mucho con tu novia, Albert. Harías bien en ir a verla—sonrió con sorna.
El pelirrojo se fue de ahí. Kai se quedó extrañado con lo último mencionado por Ivanov, mirando expectante a su hermano, quien se había sonrojado.
—Pensé que ella había dicho que sólo eran amigos…
—Eh, Julia aún no es mi novia —el nerviosismo del rubio se hizo más notorio, delatando que algo ocultaba—. ¡Maldito Ivanov! —Exclamó con enojo, mientras sus mejillas se sonrojaban—. Debemos ir con los demás.
—Me quedaré con ella —musitó el bicolor, señalando con la mirada a su hermana.
—Entiendo —se paró de su lugar y salió de la habitación—. No me gusta dejarlos solos, pero en algo tiene razón Kai. Ambos deben arreglar sus diferencias —pensó, mientras se dirigía a la primera planta de la casa a buscar a los demás.
Mientras tanto, en la alcoba, Kai observó por última vez a su gemela, mientras la luz del alba comenzaba asomarse en la ventana. Estaba agotado y el sueño se estaba posesionando de él. Sin darse cuenta, se quedó dormido. Empero, esto había dado paso para que soñara… sobre su vida pasada.
Era medio día. La mansión de reciente adquisición, tenía un aire un tanto tétrico. Sin embargo, a ella le gustaba, pese a los reclamos que él le hizo cuando la compraron. Esa tarde tenían como visita a una muchacha que oscilaba por los 20 años. Su físico, de una belleza admirable, cabello albo, ojos medianoche. Vestía un suntuoso vestido púrpura. Estaban en la sala. Las muchachas sentadas en dos sillones de tonalidad azabache, mientras él, veía el paisaje por el ventanal, empero, sin perder detalle de la conversación.
— Dime a que has venido, Nicolle —la bicolor, lustrada de negro, la veía con expectación.
—Ginebra, sabes que faltan Entes Sagrados por hallar, así que necesito que me escuches con atención: Deberás dirigir a los demás en mi lugar.
El joven Karl cambió su vista a Nicolle. Ella decidió evitar la mirada del inglés, la cual denotaba sorpresa y enfado. Ya había discutido ese tema con ella con anterioridad. Genial, ahora se lo saca sin rodeos a su hermana. Vislumbra a su melliza, la cual estaba anonada por oír dicha información.
—Imposible —la interrumpió Ginny—. Yo sólo soy una centinela. No puedo guiar a los otros… además, ¿por qué quieres renunciar?
—Ella tiene razón —terció el chico—. Y Flamel, recuerda lo que te había mencionado.
—Oh, no me malinterpretes, Ginny —espetó la francesa, sin hacer caso al bicolor—. Sólo te señalo lo siguiente porque mi tiempo es limitado —la muchacha de los ojos rojos mostró sorpresa ante sus palabras, buscando una respuesta inexistente por parte de su hermano. —. En China realicé el pacto. Por tu rostro, sabes a que me refiero…
— ¿DranzariaAngeligth aceptó? —le cuestionó con cierta frialdad, a lo que su compañera asintió—. No me lo imaginaba de ella. El ente de luz. Ni tampoco de ti…
—Arriesgué mi alma por salvar a los otros —mostró cierta dureza en sus palabras—. Ahora recurro a ti porque serás la nueva dueña de "Angie".
—Espera un momento —expresó el joven—. Flamel, sabes que no deseo que ella se meta en este embrollo.
—Mi estimado Karl, elegí a Ginny porque es la única que puede sustituirme.
—Ya tengo a Athena —explayó con sequedad—. Ella es mi espíritu protector.
—Pensé que entrarías por Karl —musitó.
— ¿Por ti? —Le preguntó ella a su mellizo—. ¿Qué tienes que ver en este asunto? Yo que sepa, no eres…
—El Guardián de Dranzer —murmuró Karl. Su mirada proyectaba ira en contra de la francesa, mientras ella le sonreía. Nicolle no sabía cuando cerrar su boca.
—También Arthur tiene que ver en este embrollo.
— ¿Qué? ¿Él también?
—Verás, después de la muerte de mi hermano y la renuncia de Alba, ahora posee a DragoonaryWizard. Sé que esto es difícil para ambos, pero Ginny debes aceptar. Karl, tú la ayudarás a encontrar quien maneje a Dalia, buscar el reemplazo de mi hermana.
— ¿Cuánto tiempo te queda? —Cuestionó la bicolor.
—Sólo dos meses. Después de eso, me iré a la nada —miró el ventanal con cierta tristeza —. No podré reencarnar para acabar con esta profecía… sin embargo, Angie te dará la ventaja de tomar mi apariencia. Entiendo que no quieras aceptar por tantas cosas contraproducentes al tener a mi Ente.
Ambas quedaron en un silencio demasiado incómodo. Karl no quiso cortar esa atmósfera, pues en lo único que meditaba era acerca de cómo Nicolle dio un golpe tan bajo a su hermana, para que no rechazara su oferta. Miró expectante a su melliza.
—Vaya, no se te escapa ninguna, Flamel —gruñó el muchacho, cortando el momento, finalmente—. Quieres dejarnos todo el trabajo—se dirigió a su hermana—. Ginny, yo preferiría que no te enrolaras en este problema, sin embargo, te pregunto ¿qué es lo que piensas?
La bicolor se dirigió al ventanal, observando el paisaje. Sólo suspiró y murmuró:
—Déjame pensarlo, Nicolle. Después de todo, dudo que yo sea tu única opción.
—De hecho, lo eres —musitó la albina—. Le cuestioné a Mei y a la chica Oyuki. Ambas se negaron. Sólo quiero que me hagas ese favor.
—Lo cavilaré —la miró con cierta frialdad—. No pienses que por el hecho de que mi hermano y mi primo estén peleando, yo entraré sin dudarlo. No puedes chantajearme fácilmente.
Cambió la escena. Su hermana se encontraba en el balcón con Flamel. Decidió quedarse adentro, oculto en las sombras, pero lo suficientemente cerca para escucharlas. Era otoño, a juzgar por las hojas de los árboles del jardín. El aire congelante chocaba en sus rostros. La bicolor sólo observaba el patio, en donde Kiyota le enseñaba a Brown a usar la espada.
—Los Wong vendrán dentro de un mes. Arthur me comentó lo difícil de convencerlos de salir de su país. Ya regresó, pero los chinos quieren arreglar sus asuntos pendientes. Laos sufrió hace poco la pérdida de su mujer —la joven inglesa sólo alzó los hombros—. Su hijo está vivo, pero lo dejará al cuidado de unos parientes suyos.
—Vaya, me sorprende oír el historial de Wong —mencionó con sarcasmo—. ¿Qué Espíritu Sagrado está a su cuidado?
—Driger —contestó con simpleza. De repente cambió el tema—. Y bien, Ginny ¿Qué has pensado sobre lo que hablamos hace tiempo? —La muchacha de los ojos rojos se sobresaltó.
—Pensé que ya lo habías olvidado —gruñó.
—Entonces, tú ¿lo harás?
—Nunca quitaste el dedo del renglón, ¿eh, Nicolle? —Cruzó sus brazos—. No me queda otra opción. Ahora el tiempo apremia más que nunca —refunfuñó—. Sin embargo, la tendrás hasta el final—. La miró por primera vez en aquella tarde.
— ¡Gracias, Ginny! —Le sonrió—. Sabes, es una lástima que no conozca en persona al joven Wong.
— ¿Por qué lo dices?
—Su poder sobre Driger es asombroso —mintió con una sonrisa de oreja a oreja. Entró de la habitación. No percibió al inglés, quien ahora se dirigía al balcón.
—Ginny —expresó con cierta frialdad.
—Karl, supongo que oíste toda nuestra conversación ¿o me equivoco?
—Jamás creí que aceptarías ser la Guardiana de Angeligth.
—Hum. Ese es mi problema.
—Lo hiciste por nosotros, al fin y al cabo. Por mí y por Arthur.
—No te diré mis motivos, hermano —lo miró con cierta frialdad—. Si me disculpas, tengo que ir a mi cuarto —ella ingresó a la casa.
Volvió a transformarse el escenario. Empero, éste era una dimensión: La de Arthur. El poder emanaba del joven, ahora inconsciente. No podía controlarlo aún, sin embargo se había arriesgado en contra de los Entes Errantes. Takato Kiyota estaba cerca del inglés, resistiendo los ataques enemigos. Ginebra yacía cerca de Nicolle herida de muerte. Karl estaba con ella, a su lado. Su melliza puso una protección, mientras una figura femenina fuera del escudo la atacaba.
— ¡Debiste anticipar esto! —Le gritó. — ¿Por qué no te curas por ti misma? —Exclamó con enojo la bicolor
—Es imposible —Nicolle musitó con dolor. Poseía una horrible herida en el vientre y abdomen—. La Guardiana de Luz no se puede curar a sí misma —un nuevo ataque agredía al escudo—. Ginny, por favor ¡cumple tu promesa! —Dijo con su último aliento la albina.
— ¡Qué estúpida fue mi hermanita al confiar en Arthie! ¿No lo crees, Ginebra? —Reía con malicia una joven de cabellos níveos fuera del refugio — ¡Ahora Dragoonary Wizard será nuestro!
— ¡Ni lo sueñes, Alba! —Gritaba un pelirrojo de 22 años, ojos azules, trajeado de blanco. Con un ataque, la retiró de los Ravenwood.
— ¡Brandon, no seas ingenuo! —Le vociferaba la albina—. ¿Acaso crees que tú, mi patético cuñado nos acabará?
— ¡No se los permitiré! ¡Zeus…! —No terminó la frase, pues alguien lo atacó por la espalda.
— ¡Tu pelea es conmigo, hermano! —Le exclamaba con vehemencia otro chico, muy parecido a él.
— ¡Rafael! —Observó a la chica bicolor—. ¡Ginny, huye con los demás!
Ambos se enfrascaron en batalla sangrienta. Se escuchó el lamento de Brandon al caer al suelo, para ser exterminado por su hermano menor.
—Ahora, el camino está libre ¡Sin Guardiánde luz! ¡Sin centinela de Dizzara! ¡Sin centinela de Zeus! ¡Y pronto sin guardianesdel fuego y de Dragoon!
— ¡Eso es lo que tú crees, Flamel! —La bicolor miró a su hermano, el cual comprendió. La chica traía en sus manos a D. Angeligth y en su cuello, un dije de oro. Dranzer la rodeo, mientras el talismán de Karl brillaba con intensidad. Ginebra palideció, pero al mismo tiempo, surgía el ángel de luz, etérea—. ¡Ahora, usa tu Saeta Divina!
La flecha hirió a la albina, dándoles a ambos hermanos tiempo para dirigirse a Arthur. Estaba lastimado. Kiyota no aguantó más, deshizo su protección. Ella tomó su alhaja entre sus dedos, para después poner sus manos en el rubio. Sus lesiones desaparecían, al mismo tiempo que despertaba. Karl colocó un escudo alrededor de los cuatro.
—Ginny… yo…
—Más tarde —lo interrumpió. Ella lo tomó de sus manos, recitando lo siguiente: —Lux et Obscurĭtas, Dies et Nox; aequālis monēta, aequālis fortĭa (1)
Sus talismanes resplandecieron a la par, rodeando a los jóvenes de una ráfaga cálida, cuyos colores era negro y blanco. La chica cayó de bruces, mientras Arthur recuperó parte de su fuerza. Ayudó a su compañera a alzarse. Las Bestiasbit, ahora corpóreas alejaban a los errantes.
—Ahora, ¿cómo saldremos de aquí? —Les reclamó Karl.
— ¡Flamel y Masefield están muertos! ¡Eran los únicos que podía abrir una brecha en esta dimensión! —Gritó el japonés. De repente, hojas teñidas de verde y plumas blancas rodearon las manos, tanto de Arthur como de Ginebra: Una lanza, un arco y flechas, respectivamente.
— ¡Espero que lo logremos, debemos huir lo antes posible! —En un punto en común atacaron, el cual abrió el portal. — ¡Vámonos, no podemos detenernos! —Expresó Ginebra al jalar a su hermano al huracán, en el cual se perdieron.
Despertó sobresaltada. Aquellos sueños ya lo había tenido con anterioridad, desde que poseía a D. Angeligth: La verdadera Flamel, entregándole su propia Bestia bit, como también que falleciera a manos de Arthur. Sabía a su vez que la francesa fue la última descendiente del famoso Nicolás Flamel.
Odiaba no sólo tener esta clase de visiones, sino también las que presentarían el futuro de sus seres queridos. Esa era la consecuencia de poseer al ente de luz, algo tan temido por Ginebra, siendo padecido por ella en mencionada época. Ahora, como Isis Hiwatari, las cosas no habían cambiado mucho.
Suspiró lentamente. Observó en donde yacía postrada: una cama, ni más ni menos en la casa de Albert. Miró de reojo la ventana. Ya había amanecido. Aún se sentía débil por su maniobra de salvarlos a ambos. Movió su rostro hacía la puerta, sin embargo su mirada aterrizó al costado de su cama. Una figura masculina dormitaba en una silla. Era Kai, quizás en ese momento, teniendo alguna pesadilla.
Ahora se sentía peor al ver a su lado a su hermano menor. Trató de incorporarse, aunque su propio cuerpo la detenía, como si estuviera hecho de plomo. Respiraba con dificultad con cada movimiento. Era inútil, si seguía así, se desgastaría más. Desistió de su intento, sin embargo, su propio peso perdió contra la gravedad, haciendo que cayera de la cama.
Esto sobresaltó al joven bicolor, despertándolo. Se sorprendió al verla ahí (y más que su hermana pretendía llegar al borde del camastro para levantarse). Se acercó a su melliza con cautela, sujetándola por la cintura y pasando su brazo derecho por el cuello de él. Isis se estremeció al sentirlo junto a ella
— ¿Qué querías hacer? —Le reclamó, mientras la alzaba—. ¿Sabes en qué estado llegaste? No uno muy favorable —no la veía, pero glosó sus palabras con cierta frialdad. Estaba disgustado, había cosas que Isis debía explicarle, sin embargo no era el momento.
— ¡Déjame en paz, Hiwatari! —Espetó ella con un hilo de voz. Ese era su maldito orgullo otra vez hablando por ella.
— ¡No lo haré, engreída mocosa! —Ella trataba de zafarse, pero sin éxito—. ¡Tenías que ser mi hermana, altiva y pedante!
— ¡Es mi problema, Kai!—Gritó—. ¡Vete de una vez, y déjame sola! —El muchacho se sorprendió al escuchar sus palabras. Sólo la puso en la cama. Ambas frases las había vociferado él a Isis hace años.
—Debes descansar, es lo último que te diré I… Hiwatari —expresó en tono glacial. Salió de la habitación.
— ¡Bien Kai, haz lo que se te pegue la gana, a mí no me importa! —Él cerró la puerta con fuerza, mientras ella soltaba para sí un quejido de enfado, por volver a sacar esa arrogancia tan característica de su familia.
Su mente era un mar de confusas emociones. Vaya, era la segunda vez que Isis lo había sacado de sus casillas tan rápido. Aquello que su gemela le echó en cara, inconscientemente, fue lo que él le respondió hace tres años en la abadía:
Estaba en el área de entrenamiento asignado sólo para él, por parte de Boris. En ese momento aquel hombre no estaba, sin embargo el bicolor practicaba con BlackDranzer. Ahora que había alcanzado el beyblade perfecto, por ningún motivo lo dejaría ir. Esa sensación de poder lo llenaba por dentro, ahora nadie lo detendría, ni siquiera losBladebrakers, como se lo había aclarado a Tyson el día anterior.
La puerta se abrió. Volteó a ver quien se había atrevido a interrumpir su práctica. Se asombró de ver dos personas a las que jamás habría imaginado encontrarse en ese lugar: sus hermanos. La chica lo miraba con cierta frialdad, mientras el rubio sólo quedaba expectante observando a cada uno de los gemelos.
— ¡Quiero que me devuelvas a Dranzer, Hiwatari! —Le exigió con furia. Era la primera vez que ella lo llamaba por su apellido.
— ¿Qué hacen aquí? —Bajó del plato para reunirse con ellos—. ¿Cómo burlaron la seguridad de la abadía?
—Eso es asunto nuestro, Hiwatari —la voz de Isis denotaba un odio hacia él—. ¡He dicho que me regreses al fénix! —Gritó.
—Imposible, ya no lo tengo —expresó él—. Ya no lo necesitaba.
—Kai, dime que estás bromeando—. Terció Albert, quien por instinto, agarró a su hermana del brazo, para evitar que ésta se lanzara al bicolor.
—No lo estoy. Se lo he dado a Granger porque ya no lo necesitaba.
— ¿Lo dejaste por ese blade? —La rusa miró su mano, con mezcla de rabia y terror — ¿Por Black Dranzer?
—Es mi problema, Isis—. Le contestó con dureza — ¡Váyanse de una vez, y déjenme solo! Es mejor que lo hagan, antes que seguridad…
No pudo terminar la frase. La joven se zafó de su hermano mayor, para después, abalanzarse sobre el menor y le proporcionó un puñetazo en la mejilla izquierda. A pesar de ser una mujer, el golpe era sumamente fuerte, derribándolo. Isis impidió que se levantara. El rubio la separó de él, evitando que su hermana siguiera desquitando su furia contra el bicolor.
— ¡Déjame, Albert! —Gritó la chica, a la vez que ponía resistencia en ese momento. Vio a su gemelo con ira — ¡Te reto a una batalla, Hiwatari!
— ¿Estás loca? —Le sonrió con ironía — ¡No podrás contra mí, Isis! ¡Ni tú, ni tu patética Bestia bit! —El joven de lentes quedó impresionado por la respuesta de su hermano.
— ¡Eso crees tú, maldito engreído!
—No puedo creer que estés del lado del abuelo —interrumpió su hermano mayor.
—No lo estoy. Peleo por mi cuenta. No necesito ni del abuelo, ni de Biovolt ni de nadie —dijo con frialdad—. Váyanse, no deseo enfrentarme contra ustedes.
— ¿Tienes miedo a perder contra nosotros? —Le espetó con sequedad Albert. El menor de los Hiwatari se paralizó—. Respóndeme, Kai—sin embargo sólo escuchó la risa sarcástica de su hermano.
—Miedo ¿de ustedes? —Soltó una carcajada—. Albert, no me hagas reír.
—Isis, —expresó con molestia, mientras sacaba su blade, —no te dejaré que hagas esto sola. Kai, pelearé contigo también.
—Ustedes lo han querido. No saben a quién se enfrentan —subió al plato—. No me interesan sus Bestias bit.
—Por supuesto que no —expresó la chica con ironía, al llegar con él—. Voltaire desea que su marioneta le obtenga todos los entes posibles —Isis y Albert se preparaban.
Comenzó la beybatalla. Kai podía ver la sincronización de sus hermanos, sorprendiéndole que pudieran resistir por más tiempo a los ataques de las diversas Bestiasbit que poseía. Era difícil y eso lo empezaba a fastidiar. ¿Cómo era posible, si él pudo barrer el suelo con todo el equipo de los All Starz y de los White Tigers?
Sin embargo, pronto comenzó a tornarse favorable para él. Tanto D-Angeligth como Dragoonary Wizard empezaban a perder fuerza. Todo aparentaba una clara ventaja para el bicolor. Isis miró a su hermano mayor, quien comprendió. Se llevaron la mano al pecho, sosteniendo una cadena que estaba en sus cuellos.
Isis de pronto hizo un ademán, como si estuviera tensando un arco; mientras Albert, simulaba sostener algo con su mano derecha. Invocaron a sus entes en su máximo esplendor. Él ángel preparaba su arco; el mago, su báculo. Pudieron reprimir la fuerza de los espíritus capturados.
— ¡Basta de juegos, BlackDranzer!
El fénix negro emergió del beyblade de su dueño. Isis quedó sorprendida al ver al ave. En ese momento, terminó de hacer el movimiento digno de una arquera. Una flecha alba hirió el ala de la Bestia bit. Se preparaba otra vez, empero, Albert la detuvo, quién tenía su mano izquierda en su oreja del mismo lado. Él le mencionó a su hermana:
—Boris viene hacia acá. Debemos irnos —ambos recogieron sus beyblades.
—Hum ¿Ahora son ustedes los que se acobardan? —Les gritó Kai, al ver que salían del cuarto.
—Ni lo sueñes, Hiwatari —respondió la muchacha—. Quizás volvamos a vernos, pero recuerda bien una cosa: ¡Yo sólo tengo un hermano, y ese es Albert! ¡Olvida que alguna vez también lo fuiste para mí! ¡No trates de buscarme, porque jamás me encontrarás!
— ¡Bien Isis, haz lo que se te pegue la gana, a mí no me importa!
— ¡Además, no quiero que me llames de nuevo por mi nombre, Hiwatari! ¡Ni tú ni yo tenemos algún lazo que nos una! —Ella salió de su vista, llena de furia, mientras Albert le dirigía a él una mirada despectiva antes de marcharse de ahí.
—Despertó, ¿no es cierto? —Preguntó Albert, sacándolo de sus memorias. El menor sólo asintió—. Me lo imaginaba, no debí dejarte solo con ella.
—Nunca pensé que fuera tan necia y orgullosa —murmuró—. ¡Ve en qué estado llega y aun así, se pone a pelear conmigo! —Expresó con enojo.
—Tres años sin hablarte te podría dar una idea tan cuan rencorosa es —miró con cierta melancolía su dormitorio—. Pero por esa necedad, ahora está herida. Si la hubiera detenido desde antes… —el rubio sólo se cruzó de brazos, mirando hacia otro punto, de la misma forma que Kai lo solía hacer al tratar de ocultar algo que sintiera.
—Hum —mostró cierto fastidio y asombro—. Eso es nuevo en ti, Albert. Primero, en la dimensión me dejaste a notar tu enfado hacia el abuelo por enviarme a la abadía, dejando entrever cierta culpa. Y ahora, esto.
— ¿Sabes qué hubiera pasado si fuera tan buen jugador como tú? —Lo cortó, mientras cerraba sus orbes—. La culpa fue mía de que te enviaran a ese lugar —expresó molesto.
—Eso no tiene nada que ver. Tú no podías haber hecho algo para impedirlo —comentó irritado—. Eras sólo un niño…
— ¡Tú también lo eras! ¡Un año menor que yo! —Explayó con resentimiento—. ¡Mi deber es protegerlos, a ti y a Isis, desde que nos quedamos solos! ¡Sin embargo…! —El bicolor tomó del cuello de la camisa a su hermano, para después, arrinconarlo contra la pared con brusquedad.
— ¡Voltaire sólo vio que mis habilidades superaban las tuyas! —Argumentó con furia—. Al fin de cuentas, él ya no está —lo soltó violentamente—. Además, convenciste a Isis de tragarse su orgullo, para no distanciarnos más de lo que ya estábamos. ¡Eso es ganancia! —Suspiró. No tenía intención de golpearlo, empero si él seguía así, no le quedaría otra opción. Ambos se quedaron callados, hasta que el mayor habló:
—Tienes razón —esquivó su mirada, mientras se acomodaba el cuello de la camisa y los anteojos que estaban a punto de caer de su rostro—. Ya he tenido suficiente de que ustedes dos se dejasen de hablar por tanto tiempo. No permitiré que suceda de nuevo —miró de nuevo la puerta de su habitación, para aterrizar su vista a su hermano—. Ella no dejará su brazo a torcer.
—Lo sé —dijo con cierta incertidumbre. Dudaba en ir a verla, después de todo, acaban de discutir.
—Si quieres, no la enfrentes todavía —expresó al ver que tardaba en ingresar a la alcoba—. Deberías descansar.
—Dormité allá adentro… —Le dijo secamente. Aun estaba titubeando, cuando sitió la mano de su hermano en su hombro.
—Es inútil. Por ahora espera a que la situación se tranquilice. No tengo la suficiente fuerza como para interponerme entre ambos, si llegaran a golpearse.
—Hum… —Musitó con enfado, pues en el fondo, sabía que Albert tenía razón. Bajaron a la planta baja del edificio.
—Supongo que querrás saber en dónde estamos.
—A juzgar por la habitación, en tu casa, ¿no es verdad?
—Sí. ¿Y por qué lo dices?
—El desorden en el cuarto te delata.
—Gracioso.
Entraron a la sala. Una bella estancia de madera con sillones de color verde. En las paredes había fotos, tanto de la familia Hiwatari; como las de dos compañeros de Albert, que probablemente, compartían la casa con él. En una de ellas había un chico rubio, a quien reconoció como Lavitz, con sus padres. En otra, un joven de cabellera dorada oscura, se hallaba acompañado por sus progenitores y un hombre de aproximadamente 60 años, que probablemente, sería su abuelo.
—Sabes, me gustaría que mencionaras la razón por la cual no me dijiste nada al respecto—expresó mientras se sentaba en el diván.
—Hum, te había comentado que no podía traicionarla. Ahora estás al tanto porque la defendía.
— ¿Qué fue de ella todos estos años?
—Mira, después del Campeonato Mundial en Rusia, nos fuimos de ahí. Aun te guardaba rencor. Temo decirte que tampoco se regresó a Inglaterra.
—Hum, ¿a dónde demonios…?
—A México —contestó —Los dos primeros años. Te había comentado que ella me vio en la época del Justice Five. Te mentí acerca de que no habíamos estado en Japón. Te vimos pelear contra Brooklyn.
— ¡Vaya Albert, no puedo creer como te manipula nuestra hermana! —Exclamó enfadado.
— ¡Cállate! —Gritó con ira, al mismo tiempo que esquivó la mirada de su hermano—. Sólo acepté estar con ella, aunque siempre le advertí de esto. Y ahora con dos Bestias bit robadas, la situación se torna oscura para nosotros.
La sala quedó en silencio por un breve rato. Ambos, trataban de calmarse. Kai decidió finalmente hacerle otra cuestión.
— ¿Cómo se les ocurrió eso del disfraz?
—Verás, sólo dos entes nos permite ese camuflaje: la mía y la de Isis.
— ¿Pueden aparentar ser otros? —Recordó las palabras de la verdadera Flamel.
—En parte. Esos disfraces son los únicos que se pueden hacer. Nunca hemos podido tomar otra apariencia.
— ¿Son acaso de los Flamel originales?
—Me sorprende que sepas esa información.
—Acabo de soñar con Nicolle Flamel. Te diré que pasó, mientras tú me explicas todo sobre ellos.
—De acuerdo —expresó Albert, mientras tomaba asiento en uno de los sillones—. Suéltalo todo.
Ya se había despertado. El dolor había disminuido desde que Tala lo auxilió a salir de esa dimensión. No sabía qué pasó con los demás. Vio la habitación, sencilla, por sólo tener un par de camas y un escritorio con una silla. La luz comenzaba a filtrase en el cuarto, cuando escuchó que alguien tocaba la puerta.
—Rei ¿Puedo pasar? —Expresaba una voz femenina fuera del portal
—Claro —expresó el chino. Era Itzel. La muchacha entró, sin embargo sus rasgos se parecían más al oriental: El largo cabello negro hasta las caderas en una trenza, los ojos dorados, la tez trigueña, vestida con un traje verde lima característico de su pueblo. Se sorprendió al verla ahora con esa apariencia.
—Me alegro que no te pasó algo terrible. Bueno, ya sabías que yo era Itzel, ¿no es cierto, Kot? —Le mencionó mientras cerraba la puerta y se sentaba en el camastro contrario.
—Diste pistas, mi dulce neko. Además tu comportamiento te delataba.
—Vaya que eché a perder la sorpresa—lo miró con ternura, mientras jugaba con sus dedos índices — ¿No estás enfadado conmigo, cierto?
—No —respondió con calma—. Aunque me hubiera gustado que me contaras todo.
—Sabes que la Bruja de Pelos Blancos es algo especial. Me prohibió confesarte acerca de este último año. Me hubiera fascinado que tú me vieras en las finales, en México; cuando obtuve a Dalia; cuando conocí al par de atolondrados, a Daniel y a Pepe.
—Lo sé —le sonrió — ¿Cómo está mamá?
—Ah, ella está bien. Por ahora no ha venido a los juegos porque anda ocupada con las excavaciones de una zona arqueológica en Perú. Por eso me quedé con la familia Pérez, la de Pepe. Él es mexicano, así que estuve en Hidalgo.
— ¿En el mismo lugar que vive Gisela?
—Sí, sólo que cerca de Tula. Ella es de la Huasteca, al otro lado del estado.
— ¿Cómo obtuviste a tu Bestia bit?
—Ah, eso. No fue gran cosa, yo sólo la encontré en Chiapas cuando mamá trabajó ahí. También hallamos a Quetzalcóatl y a Chac-Jaguar.
— ¿Sabes el riesgo que corres al poseerla?
—Lo sé, gran Kot —lo miró, como si fuera a regañarlo, mientras negaba con su dedo índice —. ¡Sin embargo no te iba a dejar solito en este embrollo! —Su semblante se tornó serio—. Ahora todo está empeorando. El Sabelotodo Hiwatari nos ha contado la situación —con sus dedos empezó a enumerar: —Dragoon está perdido, esos lo tienen y por si fuera poco, ya despertaron al Dragón Negro. Alexandra está herida, sin talismán. No podremos invocar a Dranzer; porque ha sido robado, también.
—Espera, ¿Kai perdió su Bestia bit?
—Según Al, si —dijo con tristeza—. Alex no tuvo tiempo para salvarlo, o al menos eso cree el Hiwatari de lentes.
—Quisiera verla, debo saber si se encuentra estable —se empezaba a levantar.
— ¡NO! —Expresó su hermana, empujándolo de nuevo al camastro—. Ella no puede atenderte. Según Albert, "no está en la disponibilidad de recibir a nadie". Además, ¿para qué la quieres ver? —Lo miró con el entrecejo fruncido — ¿Qué te hizo la Bruja?
—Nada. Sólo me gustaría saber cómo se encuentra —se puso nervioso—. Tú misma dijiste que llegó lastimada.
—Hum, aquí hay gato encerrado, y no precisamente mi Sasy —lo observó con malicia—. Algo te traes y no quieres contar…
— ¡Vamos, Luvia, no sé qué dices! —Se puso nervioso ante la mirada inquisitiva de la china.
—Naa, eres malo, no me quieres contar tu secreto —dijo con aire divertido—. En fin, yo declaro que ya estás bien. Sólo no vayas al cuarto de al lado, y te recomiendo que no hables con Don Nieves. Yo me voy, aunque no sé si te gustaría decirles a los demás que somos familia.
—Tienes razón —suspiró—. Les explicaré a mis compañeros quien eres.
— ¡Tysonse va infartar! —Rió la joven—. Nadie en su sano juicio creería que somos hermanos, Rei —el simplemente le sonrió, mientras salían de la habitación—. Con cuidado Kot, porque si te rompes, no sé que factura le daré a mamá —carcajeó, mientras bajaban las escaleras.
—Basta, Luvia. Oye, ¿de casualidad sabes en donde estamos?
—En la casa de Albert y de Lavitz. No pienses mal, ambos estudian la misma carrera, por eso se conocen, como también comparten el lugar con otro chico, creo que se llama Dart (1). Estamos en Cambridge. Según Al, no muy lejos de Boston.
— ¿Sabes si tiene algo que ver en este enrollo este Lavitz?
—Lo dudo, el no tiene Bestia bit para empezar. Sin embargo está al tanto de la situación.
— ¿Cómo se encuentran los demás? —Habían llegado al vestíbulo. La pequeña lo dirigió a la sala.
—Bien. El pelo de zanahoria descansa por su herida. El lobo pelirrojo lleva por ahora las riendas de la situación. La Torera Hispana se tranquilizó al ver al cuatro ojos —sonrió con malicia y agregó: —la aspiradora andante ha estado mal. Mientras Mariam ha estado ayudando a Tala. Mis compañeros también se encuentran estables —entraron a la sala. Sin embargo no se imaginaron encontrarse a los Hiwatari ahí.
—Luvia, Rei —Musitó Albert.
—Kon —siseó Kai al ver a la chiquilla. Viró su mirada a su amigo —Veo que estas bien.
—Es bueno saber que no les pasó nada grave —expresó el chino—. ¿Cómo está Alexandra?
—Duerme —contestó el rubio en lugar del ruso menor.
—Es mejor que vaya a molestar a Pepe y a Daniel. Yo cierro, no se molesten —pronunció la joven. Rei se sentó en el sillón que estaba vacío.
—Luvia me comentaba todo lo sucedido —miró a Albert — ¿Tú sabías sobre su disfraz?
—Sí…
—Hum, era de esperarse que la mocosa de Itzel fuera tu hermana —con esto se ganó una mirada de disgusto del neko. Sin embargo, ni se inmutó
—Así que ella poseía a Dalia Fairywood. Albert debiste explicarnos sobre su identidad.
— ¡Otro que me reclama! —Pensó con cierto aire divertido—. Verás, ella aceptó la idea alocada de Alexandra.
—Me hubiera gustado verla. Pero mi hermana me detuvo antes de ir a su cuarto… —Ante esto, su amigo se molestó.
— ¡Deja de pensar en Alexandra, Kon! —Expresó con ira — ¡Ella está bien! ¡Así que no tienes la necesidad de ir a verla! —El chino se asombró de la actitud del ruso
—No tienes que ser tan agresivo, Hiwatari —respondió, defendiéndose. — ¡Me preocupa su bienestar! Ella es nuestra aliada, ¿lo recuerdas? ¡Así que es natural que desee saber su situación! —Exclamó con vehemencia.
— ¡Cálmense los dos! —Interrumpió Albert, miró a su hermano. — ¡Kai no desquites tu enojo con Rei! ¡Y Kon, —viró hacia el aludido —no puedes ir a ver a Alex! Ella está dormida por todo lo que hizo en la Dimensión para salvarnos a ambos. Sé que te sientes impotente ante la situación, pero comprende que ella necesita descansar.
—Hum —musitó el ruso bicolor, sin mirar a su amigo.
—Está bien, Albert—susurró el oriental con cierta frialdad.
—Es la primera vez que discuten, y justo ahora cuando todos estamos reunidos —mencionó para sus adentros el rubio. De repente se escuchó barullo en la estancia
—Vienen los demás —comentó con acidez el chico del fénix
—Luvia los ha llamado, eso es seguro —argumentó Albert—. Su equipo debe estar preocupado por ambos.
En efecto. Tanto Max como Tyson ingresaron a la habitación, seguidos por el resto de los Dark Hunters. Las chicas entraron en compañía de Tala, quien veía expectantes a sus paisanos, notando inmediatamente que algo malo había pasado entre el chino y los rusos. Julia, quien también lo había percibido, se acercó al joven de lentes, tomando con disimulo su mano, tratando de calmarlo. La mexicana observó el fastidio del bicolor, sin embargo, se mantuvo a distancia de él.
— ¡Necesito recuperar a mi Bestia bit, bruja…! —Sin embargo se calló al sólo ver a los jóvenes—. Vaya, no veo a la latosa de Alexandra por aquí —Albert lo fulminó con la mirada, mientras que Luvia pisó su pie—. ¡Oye, contrólate mocosa!
—Eres un tonto, Granger —la china se acercó a su hermano — ¿Qué pasó? —le susurró, para que no fuera audible a los demás
—Nada, Luvia —giró hacia el japonés y el norteamericano —me alegra que ambos estén bien.
—Rei, ¿conoces a esta chica? —Cuestionó Max
—Es mi hermana, Luvia. Se hacía pasar por Itzel.
— ¡Vaya, Rei eso no lo creí de ti! Del amargado está claro, pero ocultarnos que tenías una hermana (demasiado fastidiosa). Y luego ¡Tenía que ser Itzel!
—En parte Tyson tiene razón. Jamás nos comentaste algo al respecto —el americano después se dirigió a la muchacha—. Ambos nos enfrentamos hace tiempo, si lo recuerdas. Has crecido desde entonces, pero no sabía que eras cercana a nuestro amigo.
—No me lo hubieras creído, Maxie —le sonrió.
—Por cierto, ¿ustedes ya lo sabían? —Preguntó el chino a los latinos.
—Por mi parte no —expresaron al unísono Gisela y Daniel.
—Yo sí —terció José—. Ella es mi mejor amiga. La conozco desde hace tres años. Mi padre es antropólogo. La señora Kon y él han trabajo juntos en varias ocasiones. Siento no haber dicho nada, Kon, pero le hice esa promesa a Luvia.
—Cambiando de tema —enunció Albert mirando al pelirrojo—. Tala, ¿qué noticias hay sobre lo de anoche?
—Hum, aun no han mencionado nada al respecto, Hiwatari.
—Pero no dudamos que en esta ocasión cancelen el Torneo —completó Mariam—. Esto se nos ha salido de las manos.
—Le habíamos advertido a Dickenson —expresó el pelirrojo—. Desde lo ocurrido en México pensamos que era mejor suspenderlo, pero decidió seguir adelante.
—Ahora sólo esperaremos el anuncio oficial.
—Los Blitz Krieg Boys nos haremos a un lado si el organizador piensa seguir. No arriesgaré a mis compañeros.
—Convenceré a Lee que haga lo mismo con los White Tiger X. La única en este lío soy yo.
—En todo caso, el equipo de Alexandra renunciará, también —pronunció el Hiwatari mayor. Se dirigió a los GR—. Si ustedes desean seguir en el Torneo…
—No lo haremos—. Kai cortó con sequedad a su hermano.
— ¿Qué? —expresaron con sorpresa sus amigos.
—Viejo, se que la situación es difícil, pero veremos cómo salir de esta.
—Ya ha sido suficiente con lo de ayer, si bien lo recuerdas —exclamó el ruso con frialdad.
—Eres muy cruel, Kai —respondió con sequedad—. Sabes que he perdido a uno de mis amigos y me lo hechas en cara.
—No eres el único —interrumpió Rei—. Dranzer ha sido robado, también —una mirada gélida se posó en él ante el comentario que acababa de mencionar. Tratando de no tomarle importancia, añadió—. Max ¿Qué piensas de esto?
—No sé qué decir —el americano añadió—. Tyson tiene razón: Siempre hemos salido de situaciones peligrosas.
—Por mi parte, estoy de acuerdo con Hiwatari —dijo el neko, aunque se notaba sequedad en sus palabras—. Esto no debe involucrar a personas que no tienen nada que ver con nuestro problema —hizo énfasis en esta última palabra.
—Hum —el ruso lanzó una mirada mordaz a Rei, después viró hacia sus otros compañeros—. Tyson, Max, ustedes deben pensarlo —Salió de la habitación.
—Yo saldré también —recitó el neko con cierta molestia.
— ¿Qué les pasa a los dos? —Preguntó el de la gorra—. Generalmente ellos se llevan bien, pero…
—Se trataron con cierta frialdad —complementó el pecoso—. Algo anda mal entre ellos.
—Debemos ir a ver qué les pasa, Max —ambos se levantaron del asiento. Empero, dos personas les impidieron el paso—. ¡Déjenos pasar! —Sin embargo, no se movieron.
— ¡Típico de hombres! —Exclamó la oriental—. Al, se pelearon por cierta persona, ¿no? —El chico asintió—. ¡Le advertí al Kot que no hablara con Don Nieves! —Suspiró—. Mi hermano sabe lo de Alex, ¿o todavía no?
—No. Iré a ver a Kai… —Sin embargo la bicolor lo tomó del brazo. Lo miró, para después dirigirse a la mexicana y a la china. Ellas entendieron el mensaje.
—Buscaré a mi hermano —expresó Luvia con fastidio—. Sólo yo podré aguantarlo.
—Yo iré con Kai —comentó Gisela—. No te preocupes, Albert. Se manejar bien el carácter de tu familia —ambas salieron de la habitación.
—Julia ¿Por qué…?
—Tú también estás alterado —enunció ella—. Te conozco lo suficiente, posees algo del carácter de Kai. No necesitamos que los tres se enfrasquen en una riña.
—Tampoco sería recomendable que fueran ustedes —terció el ruso pelirrojo a los japoneses, a los cuales él, junto a Mariam, habían detenido—. Kon siempre es el que calma las aguas en su equipo. Ustedes dos sólo lo empeorarían
— ¡Tala, ellos son nuestros amigos! —Mencionó con enfado el moreno—. ¡Si algo anda mal, debemos ayudarles a solucionarlo!
—Él tiene razón, Tyson.
— ¿Max, pero que dices?
—Kai y tú siempre tienen fricciones. Eso no nos ayudará en nada. Rei, por otro lado, es terco, será difícil convencerlo.
—Pero, Max…
—Debes hacerle caso al cachorrito. Luvia conoce a la perfección los puntos débiles de su hermano —argumentó Mariam—. Gisela, es una de las pocas chicas que se ha enfrentado al carácter amargo de Hiwatari. Sabrá detenerlo y calmarlo.
—Hum… —se acomodó en un sillón—. Y todo esto es culpa de la fastidiosa de Alexandra. Ella siempre causa problemas—. La Saint Shield, junto a Ivanov, observaba a Albert.
—Necesito que esos dos se lleven bien, pero a Kai se le ocurre sacar su lado de "Hermano sobre protector"; viendo que Rei siente algo por Alex, que por desgracia, es Isis —pensó con ansiedad—. Espero que ellas lo puedan solucionar —musitó finalmente.
— ¡Maldito Rei, se tenía que fijar en mi hermana! —expresó para sus adentros el ruso, sentándose en la escalinata del patio.
—Kai… —Expresó una voz. Miró a la joven azteca acercarse a él con cautela.
— ¡Vete de aquí, Olivares! ¡Déjame en paz! —Exclamó con disgusto.
—Hum, eso me pasa por tratar de ayudar y de hacerle el paro a tu hermano —comentó molesta. Se sentó a su lado, sin importarle la reacción del soviético.
—Ya te dije que…
—Idiota —le expresó con enojo—. ¿Vas a dejar que tu amistad con Rei se vaya al caño? —le gritó—. ¡Nunca lo creí de ti, Kai!
—Hum, es mi problema, Gisela —la vio con cierto enfado.
—Fue por tu hermana, ¿no es cierto?
— ¡Eso no te incumbe! —Le vociferó.
—Dime la verdad, no puedes engañarme —ella lo tomó del brazo. El chico trataba de zafarse—. No importa si me tengo que amarrar a ti. No me moveré hasta que lo digas —la joven lo estaba acorralando
— ¡Estúpido Rei! —Exclamó con resentimiento—. De todas las chicas de este mundo, se tuvo que fijar en Alex…
—Ya veo, el típico hermanito celoso—. Rió por lo bajo.
— ¿Qué dices Gisela? Yo, ¿Celoso por Isis? —Sin embargo se dio cuenta que le dio la razón a la joven.
— ¡Ja, me lo imaginaba! Sé que ella es importante para ti. Pero, ¿no te has dado cuenta de que Rei se interesó por Alex y no por Isis? —Ese detalle se le había pasado por alto. Miró a la chica—. Veo que no.
—Hum…
—Sin embargo, no sé cómo reaccionará Rei al saberlo. Alexandra, es decir, Isis, siempre ha tratado de tener distancia entre ellos, pero no le funcionó…
—No quiero que le haga daño —se sinceró finalmente—. Sólo nos hemos tenido a nosotros tres desde que nuestros padres fallecieron.
—Lo entiendo perfectamente. Se parece mucho a mi caso… bueno, no tanto. Sólo tengo a mi padre, y ambos nos cuidamos. Sin embargo, debo recordarte que tu amistad está en juego.
— ¿Y tú qué opinas, doña experta?
—Jo, Jo. No te burles de mí, Kai —ella le sonrió—. Deberías decirle la verdad a Rei. Es mejor que se entere de una vez. Y no sería mala idea que le pidieras disculpas por lo que le hayas hecho.
—Hum…
—Sé que no es fácil para ti, teniendo un nacaztzonteyotl tan grande como el Popocatépetl.
— ¡No sé qué rayos me estás diciendo! —Musitó con cierto enojo
—Eres muy orgulloso, Kai, como la altura del volcán Don Goyo.
—Hum. Sabes que odio que me hables en dialecto.
—Como yo odio que hables en ruso, para no entenderte. Estamos a mano —suspiró—. Bien, no sé si quieras buscar a Rei o irás a ver a Isis. Yo entro para revisar a Brooklyn.
—Iré contigo —se levantó—. Pienso que todavía no me enfrentaré a Rei.
—Masefield no es santo de tu devoción, Kai. Me extraña que quieras acompañar —él le ofreció su mano para que se levantara —me —se sonrosó.
—No voy a quedarme todo el día así, Gisela—ella correspondió el gesto.
—G-Gracias. Sabes, me hubiera gustado tener un hermano como tú —un ligero sonrojo se mostró en sus mejillas, al darse cuenta de su error, dirigió su vista a otro punto que no fuera el rostro del ruso.
—Cállate —le mencionó, pero con tranquilidad. Él se sentía incómodo ante las palabras de la chica, sintiendo un poco de calor en su cara—. Vamos de una vez. Espero que Masefield siga dormido —sin mirarla le dijo—. Gracias.
—No sé porque actuó así. A menos que él esté interesado en Alexandra —se hallaba en la cocina, sentado en una silla de un comedor sencillo.
—Kot —una vocecilla dijo detrás de él—. ¿Qué paso entre tú y Don Nieves?
—Eh, nada Luvia —la chiquilla se acomodó en otra silla
—Te advertí que no hablaras con él. Verás, no puedo decirte todo, pero para Kai, Alex es importante y viceversa.
— ¿Alex está enamorada de Kai? —Preguntó con cierta desilusión. Jamás pensó que su hermana se carcajeara ante ese comentario—. ¿Qué es gracioso?
— ¡Así que es eso! ¡No inventes! Alex ni en sus sueños más locos sería la novia de Kai —se estremeció—. Horrible pareja.
—Sin embargo, Kai…
—Yo opino que él piensa igual. ¡Nada que ver entre ambos! Te dije que la quería, pero no tanto.
—Eso espero. Es la primera vez que peleamos. Siempre nos llevamos bien y generalmente, yo tranquilizo las riñas entre Kai y Tyson.
—Era de suponerse. Entonces, ¿debo aceptar que estás en búsqueda de mi cuñada, en Alex? —El chico estaba sonrojado por el comentario—. ¡Lo sabía! No, no Kot. Sabes que todas las que te quieran de novio deben ganarme ¡Comprándome anime, gashopones, pockis!
—Luvia…
—Sin embargo, no te debes ilusionar. Ella oculta su verdadera identidad, así que si vas a llevar una gran decepción cuando te enteres quien es. Deberías poner las cosas en orden con Kai-mon. Son grandes amigos y no creo que por un problema de faldas, ustedes se peleen. Bueno, ya sé que es típico de los hombres que lo hagan…
—Pero nunca imaginaste que Kai y yo lo haríamos, ¿no?
—Ajá, son un par de idiotas y cabezotas—rió la joven—. Entonces ¿buscarás a Hiwatari? —El chico no respondió—. ¡Vamos, Rei, no puedo creer que tu orgullo sea más grande que de él! —Se veía duda en su rostro—. Kai no te matará. Si no, aunque me gusté ¡se las verá conmigo por meterse con mi hermano mayor!
— ¿Qué dijiste? ¿Kai? ¿Tú aún estás… de él? —Expresó con sorpresa.
— ¡Oh, vamos! Sabes que los más populares de su equipo son él y tú, y no precisamente por jugar bien el beyblade. Ahora estás celoso, no vayas a cometer el error de Hiwatari—. Sonrió con burla.
—Pero Alex no es pariente de Kai —mencionó dubitativo al observar el rostro de la chica. A lo que agregó: — ¿O me equivoco?
—Oh, oh. Se me salió —Luvia puso sus manos en su boca. Las retiró y agregó: —Bueno, yo no soy la indicada para decírtelo. Eso es asunto de los Hiwatari. A estas alturas, Kai sabe quién es Alexandra en realidad.
—Ya veo. Hablaré con él —musitó—. De todos modos, no debemos separarnos, si queremos que los encapuchados no nos eliminen del mapa.
Albert estaba nervioso. Deseaba que Gisela hubiera calmado a Kai; como también, que Luvia lo hubiera logrado con Rei. Respiró profundamente y continuó viendo el portal de la sala.
—Albert, ¿estás bien? —Expresó Julia, sacándolo de sus pensamientos. Negó con la cabeza—. Es por ellos, ¿cierto? —el muchacho sólo asintió—. Si lo deseas, ve a buscarlos.
El joven asintió ante lo dicho por ella. Decidió buscar a los demás. Salió de la sala. Se dirigía hacia las escaleras, cuando vio a la mexicana y al Hiwatari menor entrar en la estancia. Al mismo tiempo, de la cocina, venían los Kon. Todos se pararon en seco e invadió el silencio en aquel lugar.
—Rei —mencionó de pronto el muchacho de los ojos rojos.
—Kai —expresó el aludido con cierta sorpresa.
—Yo… —ambos hablaron al unísono.
Volvió a reinar el silencio, debido a que ninguno de los dos deseaba doblegar su orgullo. Hasta que Gisela habló:
—Será mejor que me vaya —se notaba cierto nerviosismo en su voz—. Iré a ver el estado de Masefield —acto seguido, ella subió las escaleras, fue a la habitación del pelirrojo e ingresó a ella.
—Bueno Al, queda todo en tus manos —mencionó la oriental. En ese momento había sonado el timbre—. Iré a ver quién es —velozmente se alejó a los jóvenes, pensando que "la campana" la había salvado.
Ninguno de los tres sabía cómo afrontar la situación. Luvia regresó, pero acompañada en esta ocasión por Kenny, Hilary, Daichi y por un muchacho de 20 años, piel trigueña, rubio y de ojos color verde. La muchacha nipona tenía una cara de angustia, pero esta se relajó un poco al ver a dos de sus compañeros.
— ¡Estábamos muy preocupados por ustedes! —Expresó el Jefe—. ¡Hilary y yo hemos estado en vela por no tener noticias suyas!
— ¿Todos se encuentran bien? —La joven se dirigió a Rei.
—No te angusties, Hilary. Todos estamos bien, salvo por Brooklyn y Alexandra. Ambos están heridos, pero podrán recuperarse pronto.
El ruso menor endureció sus facciones al oír el nombre falso de su hermana. Sin embargo, decidió ingresar a la sala para evitar un nuevo conflicto. El chico de los ojos verdes se había dado cuenta de la actitud del bicolor, empero miró al joven de lentes, le entregó la maleta que traía consigo y le dijo:
—Me alegra que nada les haya pasado, en especial a mis primos, a tus hermanos y a ti —en ese instante, los demás entraron a la habitación—. Luvia ya me ha mencionado un resumen de lo que ha pasado.
—Verás, Lavitz, no llegas en el mejor momento… —miró de reojo a la sala.
—Albert comprendo la situación. Pero vine para avisarles sobre el torneo.
En ese momento, Mariam los interrumpió. Se dirigió al joven de lentes y le dijo:
—Albert, será mejor que ingresen rápidamente a la sala. El señor Dickenson está en conferencia de prensa en estos momentos.
Los chicos la siguieron a la estancia, en donde los demás se hallaban viendo las noticias. Hilary se dirigió a Tyson. Le propinó un coscorrón al chico de la gorra y empezó a reclamarle por no dar señales de vida.
— ¡Eres un tonto! —Gritó — ¡Todo lo que nos hiciste pasar al Jefe y a mí!
—Hilary, ¿no crees que estás exagerando? —Le espetó—. Eso de llegar a agredirme…
—No lo creas Tyson —terció Daichi—. La hubieras visto ayer tan histérica por no saber nada de ti.
— ¡Daichi! —Le vociferó, mientras un sonrojo se notaba en su rostro.
— ¡Tranquilícense, por favor! —Intervino Max, pero no pudo decir más porque en ese momento, se veía al señor Dickenson en la televisión.
—Señor Dickenson, ¿piensa que esto fue un atentado terrorista en contra de este deporte o algún equipo en específico? —Preguntó un reportero—. ¿Cómo es que burlaron la Seguridad del Estadio?
—No se puede dictaminar nada en este momento. Se desconoce cómo llegaron los terroristas al hemiciclo. Estamos tomando cartas sobre el asunto. Investigamos las causas del mismo.
—Señor, ¿Qué piensa de la renuncia masiva de cuatro equipos del campeonato? —cuestionó una periodista, al serle concedida la palabra—. ¿Es por eso que ha decidido cancelar el Torneo?
—No he de pensar nada malo de los beyluchadores, Ellos están en su derecho de salir del torneo, en especial, si atenta contra su vida. Y es la razón por la que he decidido anular este campeonato.
—Hablando de equipos, señor Dickenson, ¿Sabe la localización actual de los G-Revolution, por ejemplo? —Expresó de manera venenosa otro reportero—. Fuentes confiables han revelado que no se les ha visto desde la noche de ayer, como también los integrantes de los Dark Hunters.
—Ellos se encuentran estables, en el hogar de un amigo mío que reside en las cercanías de Boston. Por hoy ha sido todo —se levantó de su asiento.
— ¡Señor Dickenson! ¡Señor Dickenson! —Gritaron algunos periodistas.
Lavitz apagó el televisor. Observó con detenimiento a su amigo. La habitación se había quedado en total silencio y llena de inquietud. Albert, comprendiendo la situación, finalmente aludió:
—Al menos, el señor Dickenson ha tomado la mejor decisión.
—Sin embargo le hemos causado muchos problemas—. Dijo Tyson.
—Debemos reparar cuanto antes este lío —terció Rei—. Antes de que le embarguen más inconvenientes al señor Dickenson.
—Es verdad —intervino Tala—. Debemos ir.
—No podemos dejar solos a Masefield y a Alexandra —mencionó Albert—. Lo preferible es que algunos vayan con el Señor Dickenson a ayudarlo.
—El sabe que se encuentran aquí —expresó Lavitz—. Gracias a la llamada de Ivanov.
—En ese caso, iré personalmente a verlo —interrumpió el pelirrojo—. También buscaré a mi equipo para darles órdenes.
—Yo también voy —señaló Mariam—. Debo ir por mis pertenencias y dejarles en claro a los White Tigers lo que pasa —miró al chino—. Y supongo que Rei les dirá que está bien.
—No sólo por eso. Nuestro equipo debe de salir de la vorágine del escándalo de nuestra desaparición.
—Te acompaño. Además deseo ver a mi mamá —exclamó el estadounidense—. Debe estar preocupada por mí.
—Al, ¿y de nuestro equipo? —Preguntó la china.
—Daniel, José, si nos les molesta a ustedes, vaya en representación de su equipo —respondió Albert—. Ya que su lideresa está herida y nadie sabe la verdadera identidad de Luvia.
—No te preocupes, nos encargaremos de todo —añadió Pepe.
La casa se había quedado en silencio. La mayoría de los chicos habían decidido regresar por sus cosas, acompañando al anterior grupo. Sin embargo, los pocos que quedaron, tomaron los sillones como su cama, por ejemplo, Tyson, Kenny y Daichi. Hilary, por su parte, compartió la habitación de huéspedes con Julia, Gisela y Luvia.
Isis, por su parte, no se había vuelto a recostar. Estaba sentada en la cama. A pesar de que su cuerpo se lo exigía, ella no podía conciliar el sueño. No tenía el valor suficiente como para encarar a su hermano menor. Y mucho menos después de su discusión.
Ésta vez, estaba consciente que ella tenía la culpa en esto. Nunca le hizo caso a Albert de revelarle a Kai todo lo antes posible. Ahora, todo se había empeorado. Sin talismán, era sólo un estorbo para el grupo. Escuchó que abrían la puerta, poniéndose tensa.
—Isis —murmuró mientras se acercaba a ella, la cual dio un respingo—. Deberías estar durmiendo.
—No puedo conciliar el sueño, Albert —respondió—. A pesar de que mi cuerpo desea descansar, mi mente no me lo permite.
—Isis… —el chico se sentó en el camastro, quedando de frente a ella. Sin pensarlo, él la abrazó,
—Al, debí hacerte caso —expresó con tristeza, ocultando su rostro en el pecho de su hermano—. Y mi orgullo, tampoco es de mucha ayuda.
—Lo sé —suspiró—. Aunque, debo aceptar que también tengo la culpa. Kai tiene razón en algo, me dejo manipular por ti.
—Pero al menos, haces que me sienta mal por eso y por otras cosas. Eso es ganancia —se separó de él y lo miro al rostro, sonriéndole levemente.
—Lo importante ahora es que ambos se reconcilien. No podemos darnos el lujo que ustedes se separen.
—Lo sé —suspiró—. El problema es que mi orgullo es tan grande como el de él.
— ¿Estás segura que no puedes descansar? —Ella negó con la cabeza—. ¿Quieres hablar con Kai de una vez?
—Esto irá para largo. Pero es mejor que sea de una vez.
—Comprendo. Espero que nuestro hermano también quiera hablar contigo en este momento—. Se levantó de la cama y salió de la alcoba.
En el pasillo se encontró a Kai, recargado a la pared contraria de su cuarto y con sus brazos cruzados.
— ¿Deseas hablar con ella? —Preguntó Albert—. Isis está dispuesta a conversar contigo.
—Hum —fue lo único que musitó, mientras se dirigía a la puerta.
—Si lo deseas…
—Quédate —expresó cortante—. Esto irá para largo. Y sabes muy bien que puede pasar si nos dejas solos en una habitación estando enojados.
El joven sólo asintió. Siguió a Kai e ingresó al cuarto de nueva cuenta. Sin embargo, se mantuvo distante de sus dos hermanos. El menor se había quedado a media alcoba, observando fijamente a Isis. Ella rehusaba la mirada de su mellizo, dirigiéndola a la ventana. El más joven, sólo expresó con sequedad:
—Veo que aún estás despierta. Deberías dormir algo.
—Es mi problema si no descanso…
—Idiota —la interrumpió—. ¡Sabes en qué estado llegaste y te niegas a tomar reposo!
— ¡No tienes que recordármelo! —Exclamó ella con acidez.
— ¡Mira, ahora no estás en situación de poner condiciones, mocosa! ¿Acaso no recuerdas lo que ha pasado? —le gritó.
—Como si no lo supiera —gruñó, mientras con sus puños golpeó sus piernas—. ¡He dejado que los encapuchados se hayan llevado dos Bestias bit de primer orden! ¡Por si fuera poco, casi asesinan a Albert por mi imprudencia!
—Isis, ese fue mi error —terció el Hiwatari Mayor—. Me confié en la batalla.
— ¡Tú no debiste hacer esa maniobra tan arriesgada! —Dijo Kai, dirigiéndose a ella.
— ¿Insinúas que debí dejar morir a nuestro hermano? —mencionó exaltada la joven.
— ¡No me refería a eso! ¡Habrías podido curarlo al llegar aquí, como lo hizo Albert contigo!
— ¡No veía otra posibilidad! —vociferó con resentimiento—. ¡No creo que Granger hubiera dado su brazo a torcer a tiempo! ¡Era mejor que yo hubiera muerto a que Al…!
No continuó hablando. Kai se había acercado velozmente para propinarle una bofetada. El mayor se limitó a aproximarse a ellos, pero no había intervenido. Le daba la razón a su hermano, quien en ese momento, a la vez tiempo que se sentaba en el camastro, le gritó a Isis:
— ¡Jamás vuelvas a decir eso! —La tomó de sus hombros, obligándola a verlo por primera vez en esa discusión—. ¡No te imaginas, tú, maldita engreída, que me pasó al percatar que mi hermano y tú no regresaban! —La sacudió—. ¡No ha pasado por tu mente que me fue lo que sentí al saber de repente que estabas junto a mí y estuve a punto de perderlos a ambos!
Las palabras que Kai le había dio tuvieron efecto en ella. Esquivó nuevamente la mirada de su hermano, empero su respiración era entrecortada. Evitaba llorar a toda costa enfrente de él. Dio un respingo cuando sintió que él la abrazó. Respondió al gesto, recargando su frente en el hombro derecho del joven, desahogándose por fin.
—Hemos estado preocupados por ti. Siempre —musitó Albert—. Isis, nuestro hermano merece que le expliquemos todo lo que ha pasado durante tus tres años de ausencia como también, —se detuvo, esperando un reclamo. Al no haberlo, prosiguió —tu carrera deportiva.
Ella se separó de su hermano menor. Se limpió el rostro, se recargó en el respaldo de la cama, respiró profundamente y dijo:
— ¿Qué es lo que deseas saber? —Pregunto ella—. Si deseas despotricarme todo lo que tengas dentro, hazlo de una vez.
— ¿Por qué jamás me dijiste tu verdadera identidad? Hubiera sido mucho más fácil para ambos.
—No me creerías. Y también, me hubieras detenido en varias ocasiones. Ya era suficiente que yo me arriesgara.
—Sí, claro y esta maniobrita tuya tan sólo fue un juego —expresó molesto—. Casi mueren.
—Eso lo sé y no empieces otra vez —respondió. — ¿Alguna otra pregunta?
—Sí —miró a su hermano mayor y agregó—. Albert me comentó que podían tomar otra apariencia. Hace unas horas, soñé cuando Ginebra recibió a Angeligth.
—Sí, eso es verdad —contempló la ventana—. Ni me digas lo de la pesadilla. Yo también lo tuve, hoy —el muchacho se sorprendió al oírla—. Sin embargo, últimamente es mucho más frecuente esa visión. Detesto ese sueño. Y también, los estúpidos poderes que llevo conmigo.
—Si no fuera por Nicolle y Louis Flamel, ambos no hubiéramos entrado en este problema —terció Albert, molesto—. Tuvieron la magnífica idea de hacer El trato. Como no reencarnaron y como fuimos los últimos en poseer las Bestias bit...
— ¿Podrían decirme que significa El trato? —Cuestionó el ruso menor—. Escuché en mi sueño como Ginebra le reclamaba a Flamel por haberlo hecho.
Sus dos hermanos se vieron uno al otro, buscando quien de los dos explicaba, o si preferían no decirle nada. Sin embargo, Albert expresó:
—Kai, ¿recuerdas bien el principio de la alquimia?
—La equivalencia —masculló él—. Me habías explicado si no se tuviese los dijes, nuestra salud o vida, llena ese hueco conforme a lo que queramos hacer. Imagino que esta magia, requiere de tanta fuerza vital como para haber dejado a Flamel con dos meses de vida.
—El pacto es algo proscrito entre los Entes Sagrados —intervino Isis—. Y en efecto, se arriesga mucho más en esta equivalencia. Es la existencia total del individuo.
—Pero si a Nicolle le sobraban dos meses de vida…
—A lo que me refiero, es el vestigio del individuo que deja en este mundo, no a la energía vital.
— ¿Quieres decir que la persona desaparece por completo?
—Eso es el pago por el Pacto —agregó Albert—. Las Bestias bit brindan todo su poder a su Guardián, a cambio de que todo lo hecho en vida, más los años que le quedaban, queden reducidos a dos meses en los cuales pueden usar dicho recurso.
—Al final —terció la muchacha—, sólo aquellos que vieron agonizar a la persona que hizo el contrato podrán recordarla. Solamente si éstos siguen vivos, de lo contrario, morirá en el olvido.
— ¿Es por eso que tuve ese sueño? —preguntó Kai.
—Son sólo memorias de nuestra vida pasada —respondió Albert—. Algo que las bestias bit guardaron para que las pudiéramos revivir una vez más.
—Yo por ejemplo, no recuerdo a Louis —expresó la joven—. Nunca Ginebra lo menciona en su diario. Pero Alba aún piensa en él. Ella fue la única que lo vio morir junto a su hermana mayor, a la cual culpa de su pérdida. Al menos eso si está registrado en la libreta, la pelea entre las Flamel.
—Esperamos, tanto Isis y yo, de no llegar a esos extremos. A realizar alguno de nosotros el pacto.
—Habían dicho que esta magia estaba prohibida entre los espíritus sagrados…
—Es verdad —confesó el rubio—. Porque significa para los Entes adquirir facciones humanas, a la vez de aniquilar a su protegido. Algo que indudablemente las Bestias bit de mayor rango recriminan a las nuestras. Anteriormente, su forma era la de una lechuza blanca y un dragón negro. La de Isis y la mía, respectivamente,
—Esperen, ¿existe una jerarquía entre los espíritus? —preguntó Kai, sorprendido.
—Sí —contestó su hermano—. Dranzaria Angeligth y Dragoonary Wizard son entes de tercer orden.
— ¿Qué significa eso?
—Protegen a los guardianes que estén bajo su astro, ya sea el Sol o la Luna, además de tener el mismo elemento que el guardián principal —agregó Isis—. ¿Recuerdas que los llamé en alguna ocasión guardianes de los entes solares?
—Claro, cuando fue mi batalla contra Gisela —expresó Kai—. Supongo que se dividen de acuerdo a los elementos, aunque Olivares y Daichi pertenezcan a unidades contrarias a los nuestras.
—Ellos dos pertenecen a los Guardianes de segundo orden —dijo Albert—. Complementan a algún protegido de primer orden.
—Entiéndase Tú y Max —explicó su hermana—. Aunque no siempre es así, Quetzalli en la vida anterior de su ama tuvo poderes de agua, porque la elegida nació bajó un signo de ese elemento. Daichi no fue el escogido de Strata Dragoon en aquella época en primera instancia, así que el anterior dueño controlaba el fuego hasta su muerte.
—Y sólo restan los de primer orden o Los guardianes de Los Entes Sagrados propiamente dichos —mencionó el rubio—. Según las mitologías china y japonesa, existen cuatro espíritus sagrados: el tigre blanco, la tortuga negra, el dragón azul y el fénix rojo. Cada uno representa un punto cardinal.
—En occidente, en cambio, existe la teoría de los cuatro elementos en la cual se basaban los alquimistas de la época grecolatina en adelante: la tierra, el agua, el viento y el fuego.
—Ambos puntos de vista se reflejan en nosotros cuatro —expresó Kai—. Recuerdo haber visto en historia todo eso. Tanto en Oriente como Occidente, usaban la alquimia, pero con un enfoque distinto. ¿Entonces somos la fusión entre ambos?
—Exacto —corroboró Isis—. Es por eso que ustedes nos superan en fuerza. Se necesita que Albert y yo luchemos contra uno para vencerlo completamente, pero si ustedes son dos, estamos en problemas.
—Pudiste ganarle a Rei…
—Porque aún no tenía experiencia suficiente con el HMS 2.0 —comentó Albert—. Ese beyblade es especial, y sólo aquellos que tengan un fuerte vínculo con su Bestia Bit podrán manejarlo. Además del detalle del metal que tuvo en la primera generación.
—Tardamos tres meses en adaptarnos —bostezó la joven, luego se talló los ojos—. Ustedes sólo una semana. He ahí la diferencia.
— ¿Qué pasa con los centinelas? —Preguntó Kai—. Ginebra era una, como también lo es ahora Tala.
—Ellos son cosa aparte —respondió la chica—. Dalia Fairywood los protege, y aunque tenga rasgos humanos, nunca ha hecho el pacto. Los centinelas son entes que no necesariamente entran en la categoría de sagrados —soltó un bostezo largo—. Sus amos eligen ayudar a los Guardianes, y si lo desean, salir de este embrollo cuando ellos crean que es necesario.
—En ese caso, ella no hubiera aceptado —murmuró Kai—. Como tampoco, Arthur.
—A veces las personas hacen cualquier cosa por aquellos que desean proteger —expresó Isis, mientras con su mano derecha tocó el rostro de su mellizo—. Y bueno, lo que hice recientemente, te da una clara idea.
—Muy graciosa —se quejó—. Albert, ¿sabes la razón de Holmes de entrar en esto? —preguntó, a la vez que la chica retiraba su mano.
—Verás, podría decirse que por la misma motivación, aunque se arrepintió después cuando su prima entró por culpa de Nicolle —suspiró—. Si él hubiera sabido lo que planeaba Flamel, jamás hubiera aceptado el puesto.
—Por cierto, en mis sueños escuché otros nombres. Tengo sospechas de quienes podrían ser. Takato Kiyota obviamente es la vida pasada de Tyson, pero Wong, Brown…
—Kon, Tate, respectivamente —expresó Albert—. No quería soltarles nada aún, aunque te diste una idea al ver el árbol genealógico de Max, ¿o me equivoco?
—Sí… algo, aunque no tenía idea que reencarnamos en nuestro propio núcleo familiar. Isis yo quería… —no continuó, al ver que su hermana dormitaba aún estando sentada.
—Déjala, sólo ayúdame a acomodarla —los dos la acostaron—. Es mejor que descanse —el rubio se retiró los lentes y se frotó los ojos—. Opino que nosotros hiciéramos lo mismo —el joven soltó un bostezo.
—Todas las habitaciones están ocupadas…
—Menos la de Dart —sacó unas llaves de un cajón de su escritorio, separó una y se la dio—. Duerme en esa.
— ¿Y tú? —le inquirió su hermano
—Me quedaré en mi propia alcoba —sonrió él—. Al fin y al cabo, a veces duermo como estudiante de medicina, en donde caiga.
—Al, deja de decir eso… —murmuró entre sueños la muchacha.
—Sabes, aun así a ella no le hubiera incomodado en la pose que estaba —rió levemente—. Ya ha pasado por eso, en especial cuando tiene que estudiar o preparar una estrategia. En fin, terminaremos de hablar más tarde, quizás cuando lleguen los otros.
(1) Significa: Luz y Oscuridad. Día y Noche; Misma Moneda, Misma fuerza.
Lechucería Hiwatari
—Humm... no sé que es peor, haber actualizado o no...
—Si consideramos la tarea que tienes, que no has ordenado tu cuarto y ni siquiera has comido, es mejor que no lo hubieras hecho.
—No me regañes, Kai. Pero es que otros dos años en decir que aun vivo.
—Pero mañana tienes guardia, deja de hacer esto.
—Ni me recuerdes que mañana tengo que ir a Inguarán. En fin, si es que llegaron a este lugar sin morir en el intento por la paja de hoy, ¡qué bien!, la espera, eso creo, quizás no fue en valde. Pero este trimestre es una pesadilla, ¡Ginecología y Obstetricia! Y antes de mi día largo decídi subir este capítulo.
—Que no es nada extenso —me dice Kai con sarcasmo.
—Y eso que lo dividí a la que algún día lo logre acabar...
—Cuando el infierno se congele.
—Muy gracioso. En fin, la sección de los RR, se pasa a mi profile. Además, tengo un proyecto que me gustaría que pasaran a verlo. ¡Poka!