| B s . A A A | full 3/4 1/2 | E E | Light Dark |
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Author of 17 Stories |
Disclaimer: Nada es mío. Nada.
Lo siento! U.U no tengo excusa, excepto la de los exámenes y la de la falta de inspiración, pero esas ya son míticas y está claro que no cuelan así que... simplemente os pido disculpas. Espero que os guste el nuevo chap...
En el último chap os dejé con Lily y James solos en la sala de menesteres... ¿recordáis?
Si ya lo sabes... ¿por qué lo preguntas?
Capítulo 16. Problema peludo
Los labios de James recorrían con maestría la piel del cuello de la pelirroja, que se abrazaba a él temblando en la cama. Lily estaba inquieta, incluso incómoda, mientras su corazón latía con estrepitosa fuerza. Había de reconocer que James era un verdadero experto en aquello, pero por algún extraño motivo, no estaba disfrutando.
Estaba nerviosa; quizás era por eso. No cesaba de pensar en lo que estaban haciendo, y peor aún, en lo que estaban apunto de hacer. Tenía miedo, y era algo que no podía evitar. Miedo al dolor, pero sobretodo, miedo a no cumplir con las expectativas. No hacía falta ser muy lista para darse cuenta de que James ya había hecho eso antes, y una terrible vergüenza se apoderaba de ella al imaginar que no sabría qué hacer ni cómo responder a sus caricias.
Se agitó, algo nerviosa, cuando la mano de James, aún por encima de la ropa, recorrió su espalda. Pese a que no esperaba que lo hiciera, el chico se percató de que algo no marchaba bien.
-¿Lily?
Ella se mordió el labio. Él se separó para mirarla, seriamente, encontrándola increíblemente ruborizada.
-¿Qué ocurre, Lily?
-No, nada, James... –mintió con rapidez.
El chico frunció el ceño. Conocía la expresión de Lily a la perfección, aunque no llegara a comprender por qué ella estaba así. Tenía miedo, estaba incómoda... y así, a menos que consiguiera relajarla y convencerla de que todo estaba bien, no podrían seguir.
Él sonrió lentamente, y llevó una mano a su mejilla, acariciándola con suavidad.
-No me mientas... –murmuró-. Algo te pasa.
Lily apartó la mirada. Era más que consciente de que él podía adentrarse en su mente, de que podía ver lo que pensaba sin ningún tipo de Legermacía.
-¿Tienes... miedo? –se atrevió a preguntar el chico, deslizando con delicadeza su índice por los labios de Lily-. ¿Es eso?
-No sé, James, yo... –titubeó, nerviosamente-. Yo... de veras quiero que... que tú... que tú y yo...
Él sonrió, soltando una suave risa que consiguió relajarla. Besó su frente, enredando sus dedos en su cabello pelirrojo.
-Está bien, no te preocupes... –la tranquilizó, abrazándola contra sí-. Habrá otros momentos...
-Pero... habías preparado todo esto... –se quejó, señalando las velas y el pinchadiscos como si aquello sirviera de excusa.
-¿Y qué? –replicó, encogiéndose de hombros-. Puedo prepararlo tantas veces como quieras... además –añadió, apartándole el pelo de la cara para mirarla-, de lo que se trata es de que disfrutemos los dos.
Lily sintió sus mejillas enrojecer hasta límites insospechados. Él sonrió, y ella, finalmente, depositó un suave besito en sus labios.
-Gracias, James... –dijo, azorada, pero muy agradecida.
El chico la abrazó por la cintura, y con un simple beso en la frente le hizo saber que estaría dispuesto a esperarla todo cuanto ella necesitara.
Día siguiente. Mazmorras. 11:36
-Sirius, por última vez, ha dicho dos hojas de mandrágora, no de...
-Ya, Kit, ya, no todos somos tan buenos como tú en pociones.
-¡Maldita sea, Sirius, no saques las cosas de quicio! No creo que sea tan difícil coger esa condenada hoja y meterla al caldero.
Jess, desde su asiento, rodó los ojos.
-No entiendo cómo pueden estar juntos... –murmuró entre dientes a su compañera.
Lily rió divertida, dando vueltas a la poción dentro del caldero, vigilando la ebullición.
-No se aguantan... –repetía Jess, alucinada, mirando como Kit cogía su libro y comenzaba a agredirle mientras él intentaba escapar.
-Pero se gustan –sentenció Lily, distraída-. En el fondo se pegan con cariño...
Jess miró escéptica como el chico esquivaba por los pelos que el libro le diera de lleno en el ojo.
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-Remus, revuelve tú mientras yo corto la mandrágora¿vale?
El licántropo apenas asintió con la cabeza. James sacó el cuchillo, y puso los tallos a su disposición, empezando a trocearlos con cuidado de no llevarse uno de sus dedos también. Miró entonces de reojo a su amigo: daba vueltas a la poción con lentitud, y la mirada perdida.
-Eh, Moony... –volvió a llamarle, junto con un pequeño codazo-. ¿Qué ocurre?
El chico pareció despertar de su ensoñación.
-Oh, no, nada, estaba... distraído...
James entrecerró los ojos, y miró a Jess. Luego a Remus.
-¿Watters? –preguntó con perspicacia.
Remus casi provocó que toda la poción se derramara.
-¿Qué demonios os pasa a todos? Maldita sea, ya os dije que entre Jess y yo no hay nada.
-Eh, tranquilo, Rem... –dijo, levantando sus manos en son de paz-. Simplemente preguntaba.
El licántropo apretó los labios, mirando al caldero como si fuera lo más interesante del mundo. James hizo una mueca, molesto, continuando su tarea con la mandrágora.
-Además –añadió, refunfuñando-, no sé qué hay de malo en que te guste una chica.
Ahora el chico sí que dejó el cazo en la mesa, y miró a su amigo con desaprobación.
-¿Que no hay nada de malo? –dijo, incrédulo-. ¿En qué mundo vives, James? Sabes perfectamente lo que hay de malo...
El joven buscador comprendió. Su ceño se frunció aún más, y dejó con hastío el cuchillo en la mesa.
-¿Qué tiene que ver tu problema con todo esto? Por Dios, Remus, piensa con la cabeza. Eres un chico normal, como cualquiera de nosotros. Y ese pequeño detalle... ¿por qué no se lo cuentas? Estoy seguro de que ella lo entendería, y no le importaría, joder, pero tienes una extraña manía de hacer un drama de todo esto.
-James, es un drama. No fui yo quien inventó el sistema, pero sé cómo funciona. Debo... debo ser consciente del peligro que supongo –su voz había ido bajando de tono, hasta convertirse prácticamente en un susurro-. No puedo ser egoísta y arrastrar a una chica a todos mis problemas, por mucho que me guste. Jess merece un...
-Entonces, reconoces que te gusta –le interrumpió James, con media sonrisa en sus labios.
El licántropo abrió la boca para contestar, pero se encontró de repente sin argumentos. La cerró, molesto; había metido la pata. James lo miró con una sonrisa de compasión. Era algo que ya había imaginado, pero aquella actitud de Remus había aclarado sus sospechas.
-Remus, si la quieres ve por ella –dijo, hablando probablemente más seriamente que nunca-. Dile lo que sientes...
-Ya... ya lo sabe –musitó el chico, avergonzándose.
James alzó una ceja.
-¿Y entonces?
-Le he dicho que quiero tiempo...
-Ah... –murmuró el buscador, limpiando sus gafas, antes de percatarse de lo verdaderamente importante-. ¡Eh, un momento! –exclamó con indignación-. ¿Te has liado con ella y no me habías dicho nada?
-Er... –el chico buscó rápidamente una excusa para no tener que responder a esa pregunta-. Te veo muy feliz... ¿qué tal ayer con Lily?
El oír su nombre fue como un resorte para James, que se olvidó de cuanto estaban hablando. Una sonrisa boba ocupó su rostro de una forma escandalosa.
-Genial... –suspiró con ensoñación, y al momento se dispuso a aclarar-, no pasó nada de lo que estás pensando, Remus.
-¿Ah, no? –dijo este con una sonrisita-. Porque Sirius y yo vimos dos puntos muy juntitos en la sala de menesteres...
-Maldito mapa del merodeador –mascuyó el chico, molesto-. Pues sí. Estuvimos en la sala. ¿Y qué? No pasó nada...
Remus no creyó ni una sola palabra, mientras volvía a revolver la poción, divertido. James chasqueó la lengua.
-Es cierto que ese era el plan, para qué engañarte... Pero al final... no pasó nada. Dormí con Lily. Nada más.
El licántropo lo observó sorprendido. Siempre que James había salido con una chica, había pasado por la sala de menesteres al tercer día, como mínimo. Y ahora, con Lily, no había pasado nada, había sabido esperar... y lo más curioso de todo: jamás le había visto tan feliz. Sus ojos brillantes y su sonrisa lo decían todo: estaba enamorado como un idiota.
Remus tuvo que hacer esfuerzos por no reír.
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Paul Johnson estudiaba la lista de ingredientes junto a los Slytherins. Su compañera era una chica callada hasta el extremo, que le resultaba terriblemente aburrida. Echaba de menos poder tener una conversación normal, aunque fuera con gente de otras casas. Ravenclaw, por ejemplo.
Sin saber por qué, se acordó de Rachel, y volvió a sentirse, por enésima vez en esa semana, la peor escoria del mundo.
-Snape...
Oyó una voz femenina llamando sigilosamente a Severus, y no pudo evitar mirar en la dirección. Era Gryffindor. La había visto unas cuantas veces con Potter. Era su exnovia, si no recordaba mal... ¿Aby, podía ser?
-¿Qué quieres? –la voz de Snape sonaba tan seca y fría como de costumbre. Ella, en cambio, parecía inquieta.
-¿Lo tienes ya?
Aquello reclamó aún más la atención de Paul Johnson, quien vio como el Slytherin llevaba una mano a su capa, y le tendía una botellita a la chica.
-Tómatelo mañana, no antes de las cinco. Surtirá efecto en media hora, más o menos.
La chica miraba indecisa la botella.
-¿Estás seguro de que pareceré ella?
-Sí, conseguí un cabello suyo.
-¿Y si no es de ella? No es la única pelirroja en Hogwarts.
-Maldita sea. ¿Quieres la poción o no?
Ella se la arrebató con rapidez.
-Te aseguro, Snape, que si no fuera por James jamás le pediría esto a alguien como tú...
Paul entrecerró los ojos. Snape miró a la chica con una mueca de asco.
-Créeme que la idea de besarte tampoco es demasiado tentadora para mí. Suerte que al menos pensaré que no es tu cara la que estaré besando...
Paul Johnson no pudo ver ni escuchar si Aby le respondía. Estaba demasiado concentrado en lo que había oído. Todo aquello parecía tratarse de una trampa a James y a Lily. Lo cierto es que esa pareja no eran demasiado de su agrado... pero eran amigos de Rachel, y por alguna razón, hacía que le hirviera la sangre. Sentía que, fuera como fuera, tendría que ayudarles.
Clase desocupada y oscura. 19:32Peter Pettigrew se abrazó las rodillas temblando.
-Dijisteis que vendríamos a... a contar chistes... y no... historias de miedo.
Lily, iluminándose con la varita, detuvo su cuento. Sirius le pegó un codazo a Peter.
-¡Venga, no seas miedica, así es más divertido!
-¿Pero es que no podemos pasar la tarde tranquilamente como el resto de los mortales?
-Esto tiene más morbo –dijo James, visiblemente encantado con la idea-. Sigue, Lily.
La pelirroja soltó una risita, mientras Peter trataba de abrazarse a Rachel en busca de protección. Lily carraspeó, y retomó la historia. Lo cierto es que no sabían por qué habían decidido ir a contar historias de miedo, simplemente, aburrimiento, y buscar una excusa para poder estar todos juntos.
-...Y entonces, ella oyó dos golpes en la puerta... todo estaba oscuro... el fantasma la vigilaba pero ella no se daba cuenta. Se dio la vuelta y...
-¡Ah! –gritó Kit-. ¡El fantasma me ha tocado el culo!
-No, he sido yo –comentó Sirius tranquilamente.
-¿Qué? –exclamó ella, indignada-. ¿Pero y tú por qué me tocas el culo?
-Bueno, digamos que desde que sales conmigo tengo derecho oficial a tocarte el culo si quiero –dijo, hinchando pecho-. Un momento. ¿Habrías preferido que fuese el fantasma?
-Mm... no, tú eres más sexy.
Lily les miró con desaprobación, mientras el resto reían, alucinados.
-¿Puedo seguir? –dijo, y Kit, que se acercaba como una gatita a su chico, se quedó a medio camino.
Lily quedó satisfecha.
-...Se dio la vuelta y vio una sombra que acechaba. Gritó, y gritó, pero nadie la oía, así que...
-¿Eh, quién es la que toca ahora? –se "quejó" Sirius, entonces.
Kit se encogió de hombros.
-Creí que el derecho era recíproco... –dijo entre risitas.
-¡Oh, por favor! –exclamó James, lanzándoles un cojín-. ¡Iros a un motel!
-O mejor a la sala de menesteres –se burló el chico, metiendo el dedo en la yaga.
Las mejillas de Lily se encendieron con fuerza.
-¡James! –le reprendió, furiosa-. ¿Era absolutamente necesario contárselo a todo el mundo?
-Soy inocente –dijo el chico, juntando sus manos en señal de súplica-. Yo no les conté nada. Se enteraron ellos. ¿A que sí, Sirius?
Pero el chico estaba demasiado ocupado con sus manos vete a saber en qué parte del cuerpo de Kit como para contestar. Y entonces, por si fuera poco, la puerta se abrió.
Todos volvieron sus cabezas hacia el recién llegado. Rachel abrió la boca, confusa.
-¿Paul?
Este llevó una mano a sus cabellos, desordenándolos con nerviosismo.
-Hola, Rachel... –dijo.
Esta estuvo tentada en correr hacia él y abrazarle y besarle, porque después de tanto tiempo, había vuelto a ella. Pero entonces recapacitó: él la había preferido seguir junto con los Slytherins, en vez de a ella. Reunió toda su sangre fría.
-Johnson, vete de aquí.
-Espera, Rachel, yo...
-Escucha, maldita serpiente –la interrumpió Jess, con su habitual carácter-, mi amiga quiere que te vayas, así que si no quieres acabar pasando tu vida con Pompfrey te recomiendo que...
-Por favor, tenéis que escucharme –insistió el chico-. No he venido aquí por ti, Rachel.
Esta pestañeó, confusa.
-¿Ah, no?
-No, bueno... es decir, sí, pero no. Quiero decir, que no vengo para pedirte nada. Sólo necesitaba contaros algo.
Jess apretó los labios, pero Rachel pareció calmarse.
-Está bien –sentenció, cruzándose de brazos-. Di lo que tengas que decir, y vete.
El chico aceptó su reproche. Miró a James.
-Potter –dijo-. Es sobre Snape.
Aquello reclamó la atención del chico, que frunció el ceño.
-¿Qué pasa con Snivellus? –se burló Sirius, deteniendo su productiva... "charla" con Kit.
-Ha preparado una multijugos –dijo por fin, alternando su mirada de James a Lily-. Y... esa... er... amiga tuya... Aby –vio como Lily torcía el gesto-, está ayudándole.
-¿Qué? –preguntó James, perplejo-. ¿Aby?
-Piensa transformarse en ella –añadió, señalando a Lily.
-¿En mí? –gritó la pelirroja, alucinada y asustada-. ¿Por qué?
-Para besar a Snape.
Lily frunció el ceño, sin comprender, pero James pareció ver por dónde andaban los tiros.
-Piensa hacerse pasar por Lily, besar a Snivellus, que yo lo vea y me enfade con Lily pensando que es ella... ¿no?
Paul asintió con la cabeza. Lily estaba colérica.
-¿Y por qué yo?
-Le gustas a Snape –dijo James, con naturalidad-. ¿O ya no te acuerdas?
-¿Pero en serio creería que me iría con él después de enterarme de su plan? –dijo ella, incrédula-. ¿Es que no tiene dos dedos de frente?
-No es eso –explicó Paul-. Conociendo a Snape... él sabe que no te irías con él, pero con tal de joder...
-Paul... ¿por qué nos cuentas todo esto? –dijo entonces Rachel, que había permanecido al margen.
El chico la miró ante sus palabras. Tomó aire y se acercó a ella. No cambió la expresión de su rostro, pero Rachel pudo ver en sus ojos que ahora todo era diferente.
-No podía permitir que fastidiasen a tus amigos, Rachel, eso es todo...
Ella parecía conmovida. Hasta Jess parecía haberse ablandado algo.
-Bueno, me voy... –dijo el chico, tras unos segundos de silencio tenso-. Sólo quería avisaros.
Cuando Paul abandonó la clase, Rachel se quedó mirando la puerta con nostalgia. James y Lily, en cambio, compartían una mirada maligna y sedienta de sangre.
-Snape va a morir –dijo el chico, sin tapujos.
Y Lily, por su deber de chica-buena, no lo apoyó, pero no se sintió en condiciones de contradecirle, tampoco.
-Chicos... –dijo entonces con timidez la voz de Remus-. Son las ocho menos diez y...
-¡Oh! –exclamó Sirius-. ¡Es cierto!
Casi había olvidado que era luna llena. Jess frunció el ceño.
-¿Dónde vais? –preguntó Kit, viendo como los chicos se levantaban con rapidez.
-Tenemos un castigo –explicó James, consciente de que, en su papel de merodeador, era la excusa más creíble.
-Ah... –comentó Lily-. Creo que no quiero saber qué habéis hecho los cuatro para que os castiguen a estas horas.
El chico sonrió, se agachó, y como toda respuesta, le dio un besito en los labios. Eso pareció bastarle a la pelirroja, quien le devolvió la sonrisa, satisfecha. Recordando, por supuesto, que aún tenían una venganza pendiente para Snape.
Sirius tardó algo más en despedirse "apropiadamente" de su novia.
-Remus... –murmuró Jess, tirando de la manga de este cuando pensaba levantarse-. ¿Estás bien?
El chico se revolvió incómodo.
-Claro que sí.. ¿por qué?
Ella se mordió el labio, y negó con la cabeza.
-No, es que... me cuesta creer que te hayan castigado, eso es todo...
El chico la miró, y por un momento le conmovió la preocupación que había en los ojos de la chica. Más que nunca deseó no ser lo que era, poder quedarse tranquilamente en la clase con sus amigos, poder despedirse de ella con un beso como lo hacían los demás sin sentirse culpable después por ser demasiado peligroso para ella...
-Pagan justos por pecadores –dijo, tratando de sonar natural. Pero ella sabía que le ocultaba algo.
Sala común de Gryffindor. 19:57Jess llegó a la sala común, con expresión triste y abatida en su rostro. Sus amigas seguían abajo, en las clases, continuando con la sesión de historias de terror. Pero ella no estaba disfrutando. Y todo era por culpa de Remus.
No podía sacárselo de su mente. Estaba inquieta, preocupada, aunque no tuviera verdaderos motivos para estarlo. Algo en su mente le decía que no era natural que la rechazara si, como él aseguraba, la quería. Tenía que haber una razón muy poderosa para que renunciara a ella así, de una forma tan vehemente.
Se dispuso a subir las escaleras hacia su dormitorio, dispuesta a intentar dormir un poco, aunque fuera muy pronto. Lo cierto era que no tenía ganas de cenar. Sólo quería olvidarse de todos.
Pero entonces... oyó algo proveniente de las escaleras de los dormitorios masculinos. Era la voz de Sirius. Jess se quedó estática. ¿No se suponía que estaban en un castigo? No era muy común que subieran a sus habitaciones antes de cumplirlo.
Jess se escondió tras el hueco de la escalera.
-¡Venga Pet, date prisa! –repetía Sirius con ansiedad, bajando las escaleras a toda prisa.
-¡Que ya voy, pero necesito mi varita!
¿Varitas en un castigo? Pensó Jess, cada vez más confundida.
-¿Todo bien, Moony? –preguntó James, con una mano en el hombro de Remus.
-Sí... –contestó este sin demasiado entusiasmo-. Sólo estoy... cansado.
-Tranquilo, tío –dijo Sirius avanzando hasta ellos y revolviendo el pelo del chico para animarle-. Todo irá bien y rápido.
Él, sin mucha convicción, asintió con la cabeza. Jess, desde su escondite, se mordió el labio. Algo no iba bien. A Remus le ocurría algo, no iban a ningún castigo, cada vez estaba más segura.
Y por algún extraño motivo, estaba convencida de que aquello que le sucedía a Remus era el culpable de que no se decidiera por ella. Fuera lo que fuera, Jess tenía que averiguarlo. Necesitaba respuestas.
Por eso decidió seguirles.
Terrenos de Hogwarts. 20:37Jess no lograba entender por qué se dirigían al bosque prohibido a esas horas. Pronto anochecería, y podía ser muy peligroso. ¿Quién sabe la cantidad de bestias que hay por aquellas zonas?
Empezaba a tener frío, y se frotaba los brazos para calentarse conforme les seguía por entre las malezas. Estaba asustada, también; pero sobre todas las cosas, estaba terriblemente preocupada por Remus.
Por fin, los chicos parecieron detenerse, en un pequeño claro sin árboles. Jess se mantuvo rezagada, escondida para que no pudieran verla.
-¿Empezamos ya? –preguntó Peter, con nerviosismo.
-Tú primero –cedió Sirius.
Jess observó con atención como Peter se señalaba a sí mismo con la varita. Para su sorpresa, comenzó a disminuir de tamaño... hasta quedar reducido a una simple rata. Abrió los ojos, perpleja. ¿Qué significaba aquello?
-Prongs... –dijo, Sirius, con una reverencia. James rió, y repitió la operación de la varita. Pero él no disminuyó demasiado de tamaño, ni se convirtió en una rata, sino que paulatinamente fue adoptando la forma de un esbelto ciervo, que dio unos cuantos trotes hasta acostumbrarse al cambio.
Jess lo observaba todo con temor, sin comprender nada de lo que estaba pasando. ¿Qué era aquello, una reunión de animagos ilegales?... ¿eso era lo que eran?
Pero... ¿por qué?
Sirius imitó a sus dos amigos, quedándose convertido en un perro. Jess tragó saliva, pues sólo faltaba Remus. No tenía una mínima idea de en qué podría convertirse él; pero lo que sí que tenía claro era que nunca hubiese imaginado que él, como prefecto que era, formara parte de aquella ilegalidad. Que además, todo cabía decirlo, era muy peligrosa, llevándola acabo en ese lugar, y a esas horas.
De hecho, ya estaba oscureciendo, y la luz de la luna comenzaba a asentarse con decisión, bañando el bosque prohibido con sus destellos plateados.
Jess oyó un gemido, y asustada, volvió a mirar a Remus, quien se retorcía entre espasmos de dolor. Se agarró a una rama, tentada en ir a ayudarle, pero supo que no debía hacerlo. Además, los tres animales le rodeaban, y no parecían muy alarmados con aquella manifestación.
La prefecta respiraba con dificultad, angustiada, rogando a todo que por favor el dolor de Remus se detuviera. Pero cada vez iba a más, cada vez los gritos eran más descontrolados. Y entonces... lo que vio hizo que su corazón se detuviera por un instante, y se olvidara de respirar.
El cuerpo de Remus cambiaba de forma. Su espalda se encorvaba, sus ojos se encendían, amarillos, inyectados en sangre... su piel se cubría de pelo. Jess supo casi al instante que la suya no era una transformación controlada. Él no era un animago, no podía serlo.
Él era un... un licántropo.
Jess entreabrió los labios, perpleja, horrorizada, mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas con asombrosa rapidez. Ahora lo entendía todo. Entendía que quisiera alejarla de sí, que fuera tan tímido, tan frío... que evitara encariñarse con nadie. Temía ser un peligro para quienes le rodeaban. Jess sintió su corazón hacerse cachitos, incapaz de creer cuan injusta podía ser la vida al hacerle pagar a él por algo así.
Comenzó a sollozar, atormentada, mientras la bestia perseguía a los animales que le rodeaban, tratando de alternar su atención para distraerle. Jess sabía que debía marcharse de allí, así que, agarrándose al árbol, optó por levantarse.
Sin embargo, cuando lo intentaba, la rama se partió, formando un suave pero audible sonido. El hombre-lobo se detuvo, y se dio la vuelta. Jess tragó saliva. La había descubierto.
Los animales se miraron entre sí, desconcertados, y al descubrir también a la chica trataron por todos los medios de llamar la atención del licántropo, pero este parecía haber descubierto a su presa.
Ella comenzó a caminar hacia atrás con rapidez, llorando de miedo. La bestia avanzaba hacia ella, amenazante. Ella tropezó, cayó, y trató de levantarse, pero su propia angustia le impedía actuar con normalidad. El lobo rugía, mostrando sus dientes.
-Remus... no... –gimoteó ella, tratando por todos los medios de levantarse, mientras el barro la hacía resbalarse una y otra vez-. Remus... por favor... soy yo, Jess... por favor, no lo hagas...
Pero las bestias no entienden a los humanos.
Sabremos qué ha pasado con Jess, la reacción de Remus al enterarse, la venganza de Lily y James a Snape, una posible reconciliación de Rachel con Paul... sí, es que no se si os habréis dado cuenta... pero este fic llega a su fin.
Quedarán como mucho tres capítulos... dos, calculo yo. Así que dado que estamos terminando... os pido reviews, muchos reviews, para que así sepa cómo debo terminar, ya que tengo varias ideas pero no sé cual gustará más. Necesito saber si os gusta el fic, y el ritmo con que lo llevo. ¡Colaborad un poco y me haréis muy feliz!
Muchas gracias por vuestro apoyo incondicional.
Un beso!
Dream-kat