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Obscurus
Sabía que su poder, esa noche, en ese lugar oscuro y encantado, era más grande que nunca, tan enorme que la sensación de esa fuerza a duras penas retenida lo estremecía de pies a cabeza.
Ursula K. Le Guin, Un Mago de Terramar
o O o
Era la noche perfecta. No había luna ni estrellas, pero las nubes que cubrían el cielo no eran de tormenta. El aire estaba fresco y tranquilo. Pero había algo más, algo intangible que se sentía en el silencio y en el aire, y que le decía que el momento exacto había llegado.
Clow sonrió levemente. Sí, esta era la noche.
En cuanto sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, se adentró en los jardines, aferrando en su mano derecha la pequeña llave dorada. Había pasado meses trabajando en ella, encerrado en su habitación durante días y noches enteros, hasta que su madre lo obligaba a comer y dormir un poco. Mas ella lo comprendía, y lo dejaba solo cuando le hacía falta, y no le había preguntado qué era lo que estaba haciendo.
Todo ese tiempo, todo ese esfuerzo, se había dirigido hacia el instante perfecto que lo esperaba esta noche. No le cabía duda de que tendría resultado; lo había visto, después de todo. Y además, la quietud del aire, y ese silencio...
Se detuvo en medio del parque, justo donde los senderos de piedra se cruzaban entre sí. Los jardines de Reed Manor no estaban diseñados al azar; ese era el punto en que las líneas de poder que fluían bajo la tierra se unían y se hacían más fuertes. De pronto se escuchó un eco: lejos, en el pueblo, las campanas de la iglesia señalaban la medianoche.
Clow cerró los ojos mientras la llave diminuta flotaba frente a él. El tenue resplandor de su círculo mágico era la única luz en la oscuridad de la noche.
Oscuridad... El joven mago podía sentirla alrededor y dentro de él, brindándole todo su poder y su fuerza. Reunió toda su concentración. Oleadas de magia lo envolvieron de pronto; la llave brilló por un momento.
Abrió los ojos, fijos en su creación, y las palabras fluyeron solas.
- Llave que guardas los poderes de la oscuridad, revela tu verdadera forma ante mí. Te lo ordeno por el acuerdo que has hecho conmigo. ¡Release!
En un instante la llave había crecido y un sol dorado iluminó la noche con su poder mágico. Clow aferró el báculo que flotaba ante él, hipnotizado por su propia creación.
- Ya está hecho. El báculo con los poderes de la oscuridad... -murmuró, agitado- El Destino ha comenzado a cumplirse.
Las visiones se sucedieron velozmente: alas y risas y lágrimas y espíritus de colores y libros y criaturas extrañas, y unos ojos verdes sorprendidos, y una luz brillante que se dividía en dos...
Todavía sostenía su báculo cuando el trance pasó. Un par de brazos fuertes detuvo su caída, y la expresión preocupada de su padre fue lo último que Clow vio antes de perder el sentido.