Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Search
B s . A A A   full 3/4 1/2   E E   Light Dark
Games » Samurai Showdown » Cosas del Destino
Candy Samurai
Author of 2 Stories
Rated: T - Spanish - Romance/Drama - Reviews: 9 - Updated: 02-22-07 - Published: 04-21-05 - id:2361085

Cosas del Destino
by: Katsurina Hinagami

Disclaimer: Samurai Spirits, pertenece a SNK. Seishiro y Shizumaru También. KOF y K' Dash también les pertenecen, MOW y Rock Howard también. Los odio T.T.

RinkaxSeishiro. O al menos eso trato. Si no sabes quienes son, en diviersas webs como Wikipedia, Answers o la página oficial de Samurai Spirits te pueden dar algo de información. Se ubica dentro de la línea temporal del juego Kenkyaku Ibunroku-Yomigaerishi Soukou no Yaiba-Samurai Spirits Shinshou (Samurai Shodown: Warriors Rage), en el año 1811, en plena era Bunka, donde existían dos emperadores (Kōkaku y Ninkō), dentro del famoso Período Edo (o Tokugawa), conocido por ser la "era moderna" en Japón. Los samurais eran pocos (cerca del 5 por ciento de la población) y sólo 5000 eran directos vasallos del shogun. Los demás estaban obligados a convertirse campesinos, o a trabajar para señores feudales. Existen dos fuerzas relevantes en esta etapa: Los Ishin Ishi, o patriotas nacionalistas, y las fuerzas del shogunato.

Spoilers: Ehm... no. No creo que la trama un juego de para muchos spoilers...

Advertencias: Quizá un poco de violencia, no muy explícita. Pero sí descripciones amplias de cadáveres y cosas así. Algo de AU, y un par de OCs, no de mucha importancia (menos uno, claro... pero lo necesitaba como apoyo). Rated T, por las situaciones ya explicadas. (¡Antes lo tenía en K! ¿Qué estaba pensando?)

Summary: Rinka, una espía encargada de sacar información del gobierno, y Seishiro, un espía de éste, se conocen en una de las tantas vueltas del destino... ¿A qué conllevará esto?

Notas de la Autora: Al menos no cumplí el año sin actualizar. Gracias a quienes leen esto, y sé que no dejan reviews. Dije que terminaría este fic. Lo haré. Por mi honor. Por mi gloria. Por el ParaPara.

Quisiera darle las gracias a los pocos lectores que he podido tener, por la circunstancia de que este juego no fue muy popular y, aunque lo hubiese sido, quizá no hubiese tenido muchos fics (si no saben de lo que hablo, vayan a la sección de King of Fighters. Ese juego sí que es conocido... y no hay muchos fics...). Así que gracias. De veras.

Cosas del Destino

Capitulo 4: Espejos ensangrentados. Parte 2

Ante la constante amenaza de la incansable vigilancia de algunos miembros del gobierno, las juntas rebeldes eran menos constantes. Todas las casas eran revisadas diariamente, a distintos horarios, lo cual hacía difícil la misión de reunirse para planificar siquiera algo. Sin embargo, todos estaban completamente alerta. Los días se hacían más tensos. La gente seguía con sus vidas normales, como si no les importara el hecho de estar siendo observados la mayor parte del día.

Esto solía irritar a Rinka. Esa cínica calma mal aparentada, que le daba asco a cualquiera. Malditos hipócritas. Tomó a Tetsunosuke entre sus manos, y lo puso sobre su cabeza. Sintió una extraña y cálida brisa pasar por delante de ella. Esa brisa fue lo suficientemente larga y pesada, como para llevarle un importante mensaje a la chica. Sangre. Era el olor de la sangre fresca.

Ante aquel mensaje de alerta formado en su mente, al haber captado completamente aquella señal, corrió lo más rápido que pudo. Sus piernas se movían ágilmente a través del pueblo. No veía nada. Pero ese olor, tan único en su especie, no desaparecía. Se hacía más intenso. El suelo marrón claro ya empezaba a mimetizarse con el gris típico de las rocas ubicadas a las afueras de la ciudad, cerca del río Kurochi, aquel río oscuro en que todos solían lavar sus ropajes ensangrentados. No quería saber qué demonios era lo que estaba pasando. Si el olor provenía de ahí, no podía ser nada bueno. Ningún ciudadano iba a aquel río constantemente. Las riñas entre ciudadanos ya habían acabado hace mucho así que no habían muchos motivos de derrame de sangre, a no ser que se tratara de un accidente casero además— sus pasos se detuvieron en seco ante la impactante imagen que se postraba ante sus pies.

No podía creerlo. Una pequeña niña ensangrentada en el ripio, cerca de lo que empezaban ya a ser los grises terrenos de las afueras del pueblo. Cerca del río. Aquel río al que todos consideraban maldito. Telas blancas manchadas de carmín envolvían a aquella criatura, que seguramente no sabía que hacía al dirigirse ahí. No pudo evitarlo. Una silenciosa lágrima empañó sus hermosos ojos esmeralda, y se deslizó por sus pálidas mejillas. Recordó a su hermano pequeño. Lo vio reflejado en aquella niña. Vio sus ojos completamente abiertos. Sin vida. Se inclinó un poco. Los rubios cabellos de la muchacha se mezclaban con las piedras, formando un escalofriante mosaico, en donde el dorado, el carmín y el negro tomaban una exquisita textura, que sólo horrorizaba más a la joven samurai. Tomó a la niña en brazos. Y pensar que no tenía culpa. Las lágrimas dejaron de caer, para dar paso a la misma mirada fría de siempre. No los perdonaría. Nunca.

- "Hanafu— eh.. Otou-sama…" – Los cabellos marrones de Hatakuroyama se mecían graciosamente al viento, soltando una esencia ya bastante familiar por los alrededores. Sangre.

- "Necesito reportes, Haruki" – Al pronunciar ese nombre, lo hizo con cierto ademán de burla, a lo que Hatakuroyama no tomó mucha importancia.

- "Todas las ovejas han sido asesinadas. Ningún lobo se ha acercado al establo. Puede que estén intimidados por nuestra presencia" – Esos mensajes en clave ya no eran ningún problema para él. Las "ovejas" eran los testigos inocentes, que, aunque no hayan querido, avistaron signos de guerreros gubernamentales en su isla. Los "lobos" eran los rebeldes. Aún no habían avistado a ninguno. O al menos eso creían. El "establo" vendría siendo ya la propiedad en que se estaban alojando distintos espías. Al principio éstos y otros términos mareaban… pero la costumbre ya les había ganado. A ambos. Ni idea de si ya el código había sido aprendido por Seishiro. No le habían visto. Y si le habían visto, había sido durmiendo o soñando despierto. Lo habían perdido.

Se encontraba dando vueltas inservibles por la ciudad. Corría de los militares, como cualquier ciudadano normal. Ayudaba a los ancianos, como cualquier ciudadano normal. Nadie sospecharía nunca de su complicidad respecto a los sucesivos ataques a civiles. Y es que, a pesar de todo, sí estaba al tanto de todas las estupideces que se les ocurrían a sus compañeros.

Y es que el hecho de que misteriosamente haya perdido el interés en asistir a los barrios rojos le estaba preocupando. El hecho de andar caminando en vez de estar durmiendo también le preocupaba. El hecho de que—nah. Nada. Se estaba olvidando de su misión. No podía dejar que un estúpido e inútil encandilamiento le estuviese pesando tanto. Menos cuando se trataba de cierta muchacha temperamental a la que había visto una vez en su vida.

Sangre. Aquel persistente olor seguía por toda la ciudad, como una interminable ráfaga carmesí que le rodeaba, que le llamaba. Las sábanas blancas empapadas de sangre estaban envueltas alrededor de aquella niña. No sabía quiénes eran sus padres. No tenía corazón de piedra, por lo que no la dejaría tirada al aire libre, para que todos vieran como su juvenil piel se veía ennegrecida por el paso de la muerte. No tenía otra opción. Pasó de casa en casa, buscando a los padres de la pequeña, o siquiera una pista. Nada. Era demasiado extraño. En esta aldea casi todos se conocían con otros, ya que no era demasiado grande, así que el hecho de que nadie, pero absolutamente nadie supiera algo de esta chica, la intrigaba. También el que haya estado sola limpiando sábanas. En el río Kurochi. Nada parecía encajar. Pero su cabeza ya empezaba a doler, de tanto penar y tratar de hacer encajar piezas que de por sí nunca estuvieron unidas. Así que, con un leve suspiro, se dirigió nuevamente a las afueras. Había perdido toda la tarde buscando pistas sobre la familia de la pequeña muchacha, cosa que no encontró. El cielo ya se teñía de anaranjado, indicándole que ya debería volver a su solitario hogar. Le daría sepultura a la inocente víctima y terminaría por hoy. Suspiró nuevamente, con un dejo de tristeza.

La luna parecía estar más bella que nunca. Su tono anaranjado hizo de ella un melancólico espectáculo para Akatsuki. Tantas memorias... tantos recuerdos. Libertad. Un sueño casi imposible de alcanzar. Un sueño puesto en manos de un grupo de valientes personajes dispuestos a luchar con honor y dignidad, siempre cargando con el honor de su pueblo. Respetados, queridos. Todo ciudadano rogaba a los dioses que les concediera una ayuda. Todo ciudadano rogaba para que sus salvadores terminaran bien. Todo ciudadano pedía solamente libertad.

Y mientras todos rogaban, Rinka se encontraba en la entrada de su casa. Casa que alguna vez estuvo llena de risas y de personas. Una sonrisa melancólica apareció en sus labios. El mirar a esa luna, tan brillante, no podía evitar pensar en aquel personaje del gobierno que le había sacado de quicio. Una tierna risa se escuchó. Leve, pero fue lo suficiente para que Tetsunosuke asomara a ver qué era lo que hacía feliz a su ama... en estos instantes. Sólo ladeó la cabeza. Reía sola... pero melancólica. La vista de aquella niña le recordó que ella era, de hecho, humana. Que alguna vez tuvo familia. Que alguna vez corrió tras un hermano menor que se le escapaba de las manos. Que alguna vez fue regañada por una madre por no colaborar en la casa. Que alguna vez fue instruida en las artes samurai por un padre que le abrió las puertas a lo que es ahora. Que alguna vez escuchó las emocionantes historias de un abuelo. Que alguna vez quedó quieta mientras una abuela le confeccionaba un nuevo kimono. Tantas memorias recorrían su mente, que casi pasa desapercibida una presencia familiar, impregnada con un olor a sangre. Fresca. Más que fresca. Recientemente derramada. Pero ella juraría que no había escuchado ningún solo grito. No podía estar mal. No podía estar equivocada. Sus esmeraldas orbes se abrieron de par en par, mientras, con una agilidad digna de un samurai, se dirigía a casa de quién más sabría que hacer en estos momentos. Jushiro...

- "¿El Gobierno? ¡¿Ya tomando acciones?" – la sorpresa era evidente en el líder de los rebeldes. Tomó rápidamente a Kuzuryu, dirigiéndose rápidamente a la puerta de su morada.

- "Rinka" – Dijo seriamente. La castaña sólo le miró atentamente, como lo hace un recluta al escuchar a un superior. – Ve a la zona en donde divisaste aquel incidente. Confío en que matarás al individuo. Yo iré a buscar a Saya. Esto no será un simple calentamiento, ni menos un entrenamiento, Rinka. – Y ambos sabían lo que significaba. La Guerra Civil había empezado.

Sus pasos se aceleraban. Ya divisaba su hogar. Y ese ya repugnante olor que cada vez se hacía más notorio. Pero era mudo. Mudo entraba a los hogares, asesinando a sus moradores. Estaba cerca. Tomó a Tetsunosuke, quien ya se había posicionado en su hombro, y lo dejó en el suelo. Tomó su Yamiji Kotetsu, y puso todos sus sentidos en la avenida. Escuchaba la dulce melodía que ejecutaba una katana contra su saya. Alguien envainaba su espada lentamente, sin pensar que una persona cercana tenía todos sus sentidos puestos en ella. Paso tras paso se acercó a una residencia cualquiera. Un residencia que poseía un silencio lúgubre, haciendo honor al reciente paso de la muerte. La puerta se abrió lentamente. Rinka estaba en guardia. Atacaría en cualquier momento. No perdonaría a quién estuviese matando inocentes por pasatiempo. Si quiere saciar su sed de muerte, que le mate a ella. Por traición al gobierno, al honor, a lo que sea. Pero no permitiría que se bañara en sangre pura e inocente. Una silueta se hizo notar. Una silueta algo baja y de fachada juvenil. Le recordaba. Le había visto antes.

- "¡¿H-Hatakuroyama?" – El aire casi no salía de sus pulmones. Si ese criajo estaba ahí... Kuki también lo estaría.

- "Oh... tú no eres acaso la chica que..." – Sus ojos se abrieron de par en par – "O eres una prostituta o... o... ¡O Kuki-taichō nos está traicionando!" – Perfecto. Ahora el idiota le había reconocido. No importa. No diría nada fuera de lo que a ella venía.

- "Quien sea no te importa" – Su voz sonaba más fría de lo normal... Algo temible – "Lo único que te interesa saber que yo seré quién te matará" – Su mirada se intensificó. Hatakuroyama casi llega a tragar saliva. – "Yoshino Rinka. Yoroshiku" – Dijo casi en forma de burla. Hatakuroyama tomó esto como una señal.

- "Katakuroyama Haruki. Yoroshiku onegaishimasu" - ¿Una competencia de quién puede ejecutar más burlas? Puede ser. Pero no duraría mucho. Yoshino ya había desenvainado a Yamiji Kotetsu. Esperaba pacientemente algún movimiento por parte del castaño, quién sólo sonrió. – "Ya he escuchado sobre su singular katana, Yoshino-san" – Tomó el tsuka de su katana.- "Yamiki Kotetsu. Incluso más larga que usted. Debe de ser muy hábil en kenjutsu para poder manejarla en su plenitud... ¿Ne, Yoshino-san?" – La castaña abrió sus ojos de par en par – "Es un poco incómodo luchar contra alguien de quién no sabes nada... ¿verdad?" – Una mueca apareció en su rostro – "Pues le presentaré a mi preciosa katana, Yoshino-san..." – Desenvainó lentamente su arma, dejando que la luz de la luna envolviese aquel filo. Parecía una katana normal... pero algo tenía que tener... como para estar tan confiado... – "Observa detenidamente la hermosura de Maume" – Le agitó. Era una katana normal, con el tsuka de un color crema. De hecho era hermosa. Pero... ¿Qué tenía?.. Había oído de katanas que tenían que ver con el agua... con el fuego... con el hielo. ¿Pero él se auto-idolatraba y no tenía nada en especial? Qué estupidez. Pagaría su apestosa actidud.

- "Mejor quédate callado. Me exasperas" – Agitó aquella larga espada. Una brisa susurró entre ambos, algo que les decía que no estarían mucho tiempo más diciéndose frasecitas. – "Yūkumocho. Hatsudō" – Con otro agite, el filo de la katana empezó a tomar un colar violáceo. – "Muere" – Rinka se cargó contra Hatakuroyama, quien grácilmente le esquivó.

- "Creo que aún no me toca morir, Yoshino-san..." – Otra de esas muecas que Rinka empezaba a odiar... – "Por cierto... ¿Qué hacía esa técnica?... No me ha tocado ni un sólo pelo, pequeña samurai..." – Y ahora una rista infantil.

- "Perfecto" – pensó Rinka, mientras se concentraba lentamente. Tomó el tsuka rojizo de su katana fuertemente. – "¡Moyasakura!" – Y junto a una espesa neblina y un gracioso giro, Rinka logró hacerle una herida a su oponente, quién sólo mantuvo sus ojos abiertos en todo momento.

- "Supongo que... le he subestimado" – Rió nuevamente – "Masenritsu"

- "Así que ahora sabré en qué consiste su arma..." – Pisó firme en la tierra, lista para ejecutar algún movimiento. Hatakuroyama empezó a agitar su espada a lo loco, pero con una expresión calma, por lo que se podía deducir que sabía perfectamente qué era lo que hacía. Y ahí fue cuando lo sintió. El suelo se movía a medida que el muchacho, ya dejando de hacer tanta proeza, se acercaba corriendo. No le importó. Puso su katana delante de ella, al momento de que la espada de Hatakuroyama estuviera a punto de empalarla. Sus ojos estaban desorbitados. ¿Qué había sido eso?

- "¿Uh?" – La voz del muchacha ingresó por sus oídos – "Veo que Yoshino-san estaba alerta... tan alerta que ni los sonidos que creé le hicieron que se despistara del enemigo real..." - ¡¿Enemigo real? ¿De qué estaba hablando? Reproducía una y otra vez la escena en su cabeza.. sin poder llegar a nada. ¿Qué tenía que ver todo con una Melodía Demoníaca? ¿Tan absorta estaba que dejó de lado sus alrededores? Seguro que le había ayudado, pero en otras condiciones habría sido una gran desventaja... – "Y veo además que Yoshino-san no tiene idea de qué ha pasado" – Otra risita infantil. ¡Le arrancaría la boca si no dejaba de hacer eso! – "Pues dejemos que lo veas otra vez... Masen—"

- "¡Yūsakura!" – Rinka no era estúpida. No tenía ganas de saber qué demonios le había pasado. Acabaría con todo y ya. Corrió rápidamente hacia su enemigo, haciéndole un profundo tajo en la cintura, a la vez que unos pétalos de sakura oscurecidos, rodeaban dicha herida. La sangre no salía hacia el exterior. El chico lo notó. Él mismo se hirió en el mismo lugar, sacando todos los pétalos de ahí, permitiendo que su sangre fluyera. Si Hatakuroyama no fuera tan inteligente, habría sido una muerte segura.

- "Así es. Le he subestimado. Siento mucho haberla hecho esperar..." – Con eso, se puso en guardia. Sin risitas infantiles y con una mirada desafiante. La batalla ya iba a empezar...

TSUZUKU

Glosario

Kuzuryu: El arma de Sakaki Jushiro. Mitad espada, mitad pistola. Ahí imagínensela.
Yamiji Kotetsu: El arma de Yoshino Rinka. Una espada más larga que ella.
Saya: Funda con la que se proteje la hoja de la katana.
Taichō: Capitán
Yoroshiku: Mucho gusto
Yoroshiku onegaishimasu: Estoy feliz de conocerte
Tsuka: Mango de la katana
Ne: ¿Verdad?
Kenjutsu: Técnicas con la espada
Yūkumocho. Hatsudō: Polilla Nocturna. Invocar. - Una de las habilidades de Rinka en el juego.
Moyasakura: Flor de cerezo nebulosa. - Otra de las habilidades. Sólo puede usarla si ya ha activado el ataque ya antes descrito (Polilla Nocturna).
Masenritsu: Melodía Demoníaca
Yūsakura: Flor de cerezo nocturna

Y así acaba un nuevo capítulo. Respondo a mis pocos reviewers.

· purina-chan ) Sí. Continuaré y terminaré. Aunque me demore años
· Leo no Aioria ) ¡Gracias por leer mi fic! ¡Estoy realmente muy contenta! Muchas gracias por tu review, imouto-chan TwT

Review this Chapter
Share


Return to Top