|
Author of 22 Stories |
Hola a todo el mundooooo!
Ha pasado más de un año desde que actualicé por ultima vez esta historia. Tengo muy poca vergüenza, lo sé. Y encima actualizo con algo corto y chungo. Tampoco tengo perdón. Espero al menos que os guste un poquillo.
No me dejéis reviews porque lo más seguro es que no pueda contestarlos.
Soy mala. Ya arderé en el infierno por ello. O lo haría si creyese en él, claro.
Besos.
Capítulo 4.
Después de una extenuante semana en la que había tenido más peso su recientemente descubierta paternidad que la victoria del lado de la luz sobre Voldemort, Harry traspasó las puertas del Gran Comedor con el niño en brazos y todos se volvieron a mirarle en medio de un tenso silencio. Era la primera vez que alguien veía al niño, así que no le quitaron los ojos de encima ni un momento tratando de ver en él los rasgos de Harry Potter.
Apabullado, y abrazando a “su hijo” con fuerza en busca de un poco de apoyo, el chico se dirigió a su sitio habitual en la mesa de Gryffindor. El gélido silencio le recibió.
Harry miró a Hermione y Ron en busca de una reacción y los vio shockeados, igual que el resto del colegio, aunque habían tenido toda una semana para hacerse a la idea. Supuso que no era lo mismo saberlo que verlo con sus propios ojos.
- Er... hola, chicos – dijo tímidamente para romper el incómodo silencio.
Hermione le fulminó con la mirada, reaccionando por fin. Por supuesto, le dolía mucho esta noticia, sobre todo porque Harry nunca había dado muchas muestras de interesarse por el género femenino después del rotundo fracaso que supuso su extraña relación con Cho Chang. Incluso se había hecho a la idea de que su mejor amigo era gay y que solo le faltaba reconocerlo.
Ron aún no reaccionaba, seguía mirándole con pinta de no creerse lo que estaba pasando.
- Bueno... ¿no tenéis nada que decir? – dijo Harry removiéndose incómodo en su asiento.
Hermione, roja de coraje, abrió la boca para gritarle unas cuantas cosas y entonces sucedió. El niño se dio la vuelta y la miró con unos enooormes ojos castaños bordeados de laaargas pestañas, por debajo del flequillo negro.
- ¡Ohhh, qué monada! – gimió la chica intentando contenerse. Quería seguir con su enfado, necesitaba hacerlo. Ella estaba enfadada con Harry, ese niño no la distraería, por nada del mundo, le iba a decir a Harry exactamente lo que pensaba de él y nunca, nunca... nunca...
- ¿Me dejas cargarlo? – preguntó vencida.
Harry suspiró internamente y dejó que Hermione le quitase de las manos al pequeño. Al menos ya la tenía de su lado, ahora solo le faltaba el resto del colegio. Y... bueno, del mundo mágico.
Las porfesoras, que habían estado insistiendo por toda la semana para ver al niño, se materializaron súbitamente detrás de Hermione dándole a la chica un susto de muerte.
- ¡Awww! – dijeron a coro cuando Tom las miró desconfiado.
- ¡Potter, es una monada! – dijo McGonagall emocionada.
- ¡Que ricura! – la apoyó la Sra. Pince.
- ¡Mirad que ojitos tiene! – ñoñeó Sprout,
- ¡Awww! – dijeron de nuevo cuando Tom se llevó un dedo a la boca, pareciendo algo acojonado.
- ¡Es la cosa más bonita que he visto nunca! – dijo Sinistra con una voz de falsete que ponía los pelos de punta.
- ¡Tienes que dejar que le haga una revisión enseguida! – ordenó Pomfrey con los ojos brillantes.
- ¡Preveo que va a hacer grandes cosas! – aportó Trelawney logrando aterrorizar a Harry. Desde luego, no quería que Tom hiciera “grandes cosas”. Prefería que fuera un chaval normalito por el resto de su maldita vida.
Se apiñaron en torno a Hermione, quien parecia no haber sujetado a un niño en su vida y tenía serias dificultades para mentenerlo quieto, algo por lo demás comprensible porque parecia que el crío se estaba esforando por huír.
- Trae, Granger, que vas a terminar dejándolo caer – dijo McGonagall cogiendo al niño a la primera oportunidad que tuvo.
- ¿Y cómo dices que se llama, Harry? – aprovechó Hermione para preguntar.
- Tom – dijo el chico entre dientes.
El Gran Comedor pareció congelarse.
- ¿Qué has dicho, Potter? – preguntó Sprout shockeada.
- Se llama Tom. Es... – Harry tosió un poco -... el nombre de su abuelo materno.
Hubo un largo silencio. No había muchas personas que supieran que el verdadero nombre de Lord Voldemort era Tom Riddle, pero unas cuantas que sí lo sabían se encontraban allí.
- Vaya – dijo Pomfrey después de un leve carraspeo.
- Es... er... un bonito nombre – dijo McGonagall sin parecer muy convencida.
- Yo ya lo sabía – soltó Trelawney logrando ser ignorada por todos.
Hermione se limitó a mirar a Harry con los ojos redondos mientras Ron se atragantaba con su zumo de calabaza.
- Su madre le puso el nombre antes de morir, así que... – dijo Harry un poco avergonzado por la tremenda mentira que estaba soltando -... pensé que lo mejor sería respetar su voluntad.
Las profesoras y Hermione se conmovieron enseguida volviendo a hacer ese molesto sonido, (¡Awww!) que Harry estaba aprendiendo a odiar rápidamente.
- Se parece mucho a ti, Potter – dijo la señora Pince observando al niño atentamente.
- Sí, y ha sacado los ojos de James – apuntó McGonagall, que había conocido bastante bien al padre de Harry y a él atribuía el color castaño de los ojos de Tom.
Harry se limitó a sonreír con compromiso.
Sinistra se atrevió a quitarle el niño a McGonagall y empezó a decirle tonterías con voz infantiloide. Tom, aterrado, le echó una elocuente mirada a Harry quien se sintió obligado a acudir en su rescate, en parte porque se le había contagiado la incomodidad del niño.
- Si me permiten, aún no ha comido – dijo amablemente arrebatándoles el niño y sentándolo en su regazo sin hacer caso de sus miradas de disgusto.
Derrotadas, las profesoras se marcharon arrastrando los pies, prometiéndose a sí mismas buscar una oportunidad para malcriar al niño. Pero la situación de Tom y Harry no mejoró, porque las Gryffindor aprovecharon para rodear al moreno y a su hijo.
Ese día Tom comió inusualmente rápido, para alegría de su supuesto padre.
Verse convertido en un padre soltero a los 17 años, cuando aún ni había terminado sus estudios en Hogwarts y siendo la comidilla de todo el mundo mágico, fue algo que le vino grande al niño-que-vivió. Ron se debatía entre darle el apoyo moral que necesitaba o la soberana paliza que creía que merecía. Hermione, al menos, se había pasado a su bando, siendo una gran ayuda para él en todo lo que NO se refería a “su hijo”. Después de todo, aunque la chica había demostrado ser sobresaliente en los aspectos académicos, había resultado ser un completo desastre como niñera.
Ginny, en cambio, era más eficaz, sin embargo aún se negaba a dirigirle la palabra a Harry y solamente cargaba al niño por un rato enviándole miradas heladas al pobre chico.
Lo peor de todo era la hora del correo en el Gran Comedor, con un montón de Howlers estallando en sus narices por alguna o varias de las siguientes razones:
- Haber tenido un hijo tan joven.
- Haber tenido un hijo secreto.
- Haber tenido un hijo con una muggle.
- Haber tenido un hijo y haberlo dejado por 2 años en un orfanato.
- Haber tenido un hijo con una mujer distinta a la remitente de la carta.
- Haber tenido relaciones sexuales tan joven.
- Haber tenido relaciones sexuales con una mujer.
- Haber tenido relaciones sexuales con una mujer distinta a la remitente de la carta.
Harry saltaba a la primera de cambio, tenso por toda la situación. Tom no se lo estaba poniendo nada fácil y aunque todavía no asistía a clases sí que tenía que hacer los trabajos y estudiar por su cuenta en su habitación privada.
Hermione y Ron trataban de ayudarle, el segundo con algo de reticencia, pues aún no le perdonaba del todo, pero al menos acompañaba a la chica cuando la gryffindor insistía en supervisar a Harry en sus estudios.
Ese día Hermione había decidido que Harry debía elaborar la poción que les había tocado hacer esa mañana, pero le preocupaba la seguridad del niño.
- No te preocupes – había dicho el moreno de manera indiferente sin apenas echarle una mirada a Tom -. Se queda en el rincón con sus juguetes todo el día.
Mientras Harry atendía sus instrucciones sobre la preparación de la poción, Hermione observaba a Ron quien intentaba atraer la atención del niño sobre él. Tom le ignoraba olímpicamente, encogiéndose cada vez más sobre sí mismo sobre su rincón como si pretendiera desaparecer mientras agarraba en la mano un unicornio de juguete con tanta fuerza que éste piafaba de disgusto.
Hermione se fijó en que Harry no levantaba la mirada ni una sola vez hacia su hijo, así que cuando terminaron con la poción la chica tiró de él para alejarlo del niño y se puso seria.
- ¿Haces siempre lo mismo con el niño? – preguntó duramente. Harry la miró sorprendido.
- ¿El qué?
- Ignorarle.
Harry le echó una mirada ausente a Tom.
- No le ignoro, le dejo a su aire – dijo encogiéndose de hombros.
- Le tratas como si fuera un extraño, Harry. No te acercas a él si no es estrictamente necesario. ¡Lo tratas como si no fuera hijo tuyo!
Harry la miró con sorna pensando “precisamente ese es el punto”, pero no dijo nada. ¡Cuánto hubiera deseado contárselo a sus amigos! Pero sabía muy bien que no lo haría, no sólo porque Dumbledore le había prohibido hacerlo, sino porque tratarían al niño como a un asesino de masas en potencia. Sobre todo Ron. Y lo sabía porque era precisamente lo que él hacía. No podía dejar de pensar en que el niño era el asesino de sus padres y de muchos otros y casi se podría decir que estaba esperando el momento en el que revelase su verdadera naturaleza oculta momentáneamente tras la fachada de un niño de dos años.
- Lo vas a convertir en un resentido social – continuó Hermione mirando al niño -. Obsérvalo bien; rechaza cualquier intento que Ron hace de jugar con él. Lo hace con todo el mundo. Ni siquiera se molesta en hablar.
- ¿Y qué pretendes que haga yo? – preguntó Harry realmente molesto. ¡Si el crío no quería hablar no era problema suyo!
- ¡Podrías tratarle como si fuera una persona y no una molestia! – le espetó Hermione pareciendo realmente enfadada – Se nota que no ha tenido una infancia demasiado feliz en ese orfanato, Harry. Te recomiendo que le des un poco de calor humano, que le hagas sentirse aceptado. Juega con él, leelé algún libro, intenta hacerle hablar aunque solo sea para que te diga qué quiere cenar, pero no le dejes “a su aire” porque eso, como puedes comprobar, no le hace ningún bien. ¡A este paso se convertirá en otro Severus Snape o algo peor!
Esas palabras calaron hondo en Harry, quien sabía perfectamente a que se referia Hermione con “algo peor”. Se suponía que tenían la oportunidad de evitar que Tom Riddle se convirtiese de nuevo en un Dark Lord. Si Harry, quien supuestamente era su padre y debía quererle y protegerle no hacía más que ignorarle o, como decía Hernione, tratarle como si fuera una molestia, no estaría cambiando en nada la situación de soledad y desamparo que sufrió en sus primeros años de vida. Pero parecía bastante difícil llegar hasta el niño. Harry no tenía ni idea de cómo comenzar a hacerlo y, la verdad, le daba algo de vergüenza preguntarle a Hermione, reconociendo así que la chica tenía razón. Tenía que lograr que el niño se abriera, no solo con él sino con las personas de su entorno.
Supuso que debería intentar dedicarle algo de tiempo todos los días, ignorando sus muestras de rechazo, para que Tom se diera cuenta poco a poco de que no iba a alejarse de su lado y que cuando quisiera contar con él Harry estaría allí esperando.
- Creo que es hora de que os marchéis, Hermione – dijo el moreno con la mandíbula encajada.
Hermione le miró preocupada.
- ¿Te has enfadado por lo que te he dicho?
- No, no me he enfadado – dijo Harry intentando una sonrisa tranquilizadora -. Es solo que pienso que es algo tarde y Tom tiene que cenar aún.
Hermione pareció algo más aliviada tras sus palabras y recogiendo sus cosas le hizo un gesto a Ron para que se marcharan. El pelirrojo parecía estar algo molesto con el niño porque no le había hecho ningún caso, pero no dijo nada y cerró la puerta a sus espaldas despidiéndose de Harry con la mano.
Harry se quedó a solas con Tom. Suspiró internamente preguntándose qué debería hacer. Tom se había relajado con la marcha de Ron. Se había alejado un poco de su rincón y jugaba silenciosamente con sus animalitos de felpa. Dumbledore había conjurado para él un Arca de Noé mágica, donde las parejas de animales no eran los típicos hipopótamos, jirafas y leones, sino que había hipogrifos, unicornios y dragones.
Al niño parecían gustarle, pero daba la impresión de que no sabía muy bien qué hacer con ellos. Simplemente los ponía en el suelo y los empujaba con un dedo echándolos a andar. Cuando alguno de ellos hacía el ruido que el verdadero animal hacía, Tom se quedaba mirándolo seriamente y después lo cogía para mirarlo de cerca.
Viendo esto a Harry se le ocurrió que Tom habiendo crecido entre muggles tal y como él había hecho no debería saber qué animales eran esos. Así que se volvió hacia su baúl y buscó en el fondo su maltratada copia de “Animales mágicos y dónde encontrarlos”. Los dibujos le habían fascinado cuando los vio por primera vez a los once años, tal vez a Tom le gustarían también.
Despejó el sillón de sus apuntes de pociones y los puso sobre la mesa, guardando el caldero donde había estado haciendo la poción después de haberla desvanecido. Tomando aire decidió acercarse al niño.
- ¿Vienes conmigo? – le preguntó con algo de timidez -, quiero enseñarte una cosa.
El niño le miró desconfiado.
- Te va a gustar – dijo Harry rezando porque así fuera. Estaba intentado mantener la voz en un tono agradable y pacífico y esperaba que el niño lo notase y no se mostrase hostil con él, pero tal vez estaba pidiendo demasiado.
Tom le miró seriamente por un largo rato. Después se levantó con un poco de dificultad y le tendió los brazos permitiendo que le cargara. Harry, algo aliviado, llevó su carga hasta el sillón y se sentó dejando al niño a su lado. Puso el libro sobre sus piernas y le mostró la portada, donde brillaban las letras del título que Tom aún no podía leer.
- Este libro habla de los animales de tus juguetes – le explicó algo nervioso. No sabía cómo tratar con niños y menos con uno como éste -. Pensé que podría gustarte saber algunas cosas de ellos – sin esperar respuesta pasó las páginas de manera que pudiera vez las imágenes.
Con cada animal Harry se detenía para que Tom pudiera ver bien los dibujos, que se movian al igual que hacían las fotografías magicas y explicaba algunas cosas, omitiendo algunas partes como por ejemplo que uno de los alimentos preferidos de los augureys eran las hadas.
Por supuesto, también se saltó algunas criaturas, las que le parecían más amenazadoras o que tenían los dibujos más horribes, como la Acromántula. Estuvo a punto de saltarse el Basilisco, pero la curiosidad pudo más que él. Dejó que Tom mirase la página por un rato. El niño apenas le echó un vistazo y se estremeció, instando a Harry a pasar la página. Su ceño fruncido le hacia entender al moreno que no le había gustado demasiado ese animal, algo de lo que se alegraba bastante.
Tuvo la idea de levitar sus juguetes y ponerlos delante de ellos en la mesita del centro. Cuando llegaban en el libro a alguno que estuviera entre su colección, Harry le hacía dar un paso al frente con su varita para que el niño aprendiera a identificarlos.
Cuando terminaron de ojear el libro era ya bastante tarde. Tom había estado muy quieto y muy callado, mirando a Harry y los dibujos con los ojos brillantes, pero sin interrumpir en ningún momento. El moreno sabía que el niño debía de tener hambre porque hacía rato que había pasado su hora de la cena, pero no se había molestado en pedir sus alimentos.
Cuando llegaron a la última criatura Harry cerró el libro y le miró.
- ¿Cuál es el animal que más te ha gustado? – le preguntó con sincera curiosidad.
Tom miró su colección de peluches expuesta sobre la mesa y se bajó del sillón con dificultad para alcanzar uno de ellos. Se lo mostró a Harry con media sonrisa tímida.
Harry le devolvió la sonrisa, pero un escalofrío le recorrió. Podría haber esperado que Tom hubiera elegido una serpiente, pero le sorprendió bastante que eligiese un unicornio. El animal del que se había alimentado en el pasado y que le había ayudado a volver a tener un cuerpo.