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Betty-Boop
Author of 46 Stories

Rated: K+ - Spanish - Romance/Angst - Reviews: 11 - Updated: 06-26-06 - Published: 05-12-05 - id:2391318

"SERÁS EL AIRE."

Por Betty-Boop.


Resumen: AU. Ash y su familia se han mudado a Cd. Altomare en busca de paz y tranquilidad. Lo que Ash no sabe es que va a encontrar todo lo contrario, una vez que conozca a la dueña de unos misteriosos ojos dorados.

Parejas: Altomareshipping - Ash/Latias (Si, Latias en su forma Pokémon! No quiero comentarios Pokefílicos, si no te gusta solamente no lo leas).

Rating: PG-13, por ahora.

Dedicatoria: A mi amiga Dark Raikou-chan, mi Mamá y todos los Fans de esta linda pareja que existan! ;-)


Ash le pegó a su almohada por cuarta vez, frustrado por los acontecimientos de su previo día. Había sido un tonto! Había hablado sin pensar primero -que novedad- y en consecuencia había asustado a Bianca!

Bianca era una de las chicas más tímidas que Ash jamás había conocido. Así que, debió adivinar que se asustaría con sus palabras atrevidas, por mas que haya tratado de convertirlas en un cumplido.

"Debe de pensar que soy un... pervertido.."

Bueno, tal vez no era para tanto, pero el hecho de que había huido de él le daba una idea de que tan mal se había sentido la chica al oírlo. Suspirando derrotado, Ash se levantó de su cama y caminó hasta el balcón de su habitación. La luna era llena esa noche y al verla, Ash se sintió más tranquilo, su mente aclarándose de la miseria que lo había estado atacando. Las tuercas de su cerebro comenzaron a girar, un buen plan para disculparse mañana formándose ingeniosamente.

¿Qué le podría regalar?

¿Una tarjeta?

¿Un chocolate?

"Mmmm." Entonces, Ash recordó las tiendas de curiosidades que había descubierto al llegar a la ciudad, recordó como su mamá se había encontrado maravillada por unas figuras de Pokémons echas en cristal. También recordó que tan caras habían anunciado costar, siendo la razón por la cual su mamá no se había comprado nada.

Ash suspiró y corrió a buscar su alcancía en forma de Charmander, el preciado objeto guardado muy íntimamente en las profundidades de debajo de su cama.

Desafortunadamente, al momento de sacar la alcancía, se tumbó otra caja que se encontraba cerca y que no había tenido las agallas de desempacar. Era una caja pequeña, las orillas gastadas ... pero su contenido era lo que detuvo el corazón de Ash en seco.

A primera vista, el rostro alegre de Misty le saludo desde la fotografía tirada en el piso. Ash respiró hondo, repitiéndose a si mismo que era simplemente una fotografía, que no probaba nada... Que no los extrañaba... Finalmente, se armó de valor y el retrato fue tomado en sus manos. Y no, no estaban temblado!

Apreciándose mejor a la luz de la luna, después de Misty, Brock y Pikachu sus ojos encontraron. Ash los cerró casi de inmediato, queriendo olvidar el dolor que comenzaba a llenar su alma como filosos fragmentos de cristal enterrándose sin piedad en su pecho.

"No.. Ellos son historia... Ya no son tus amigos." Con eso, devolvió tan detestado retrato de su pasado a la caja y tras cerrarla bien, la escondió otra vez, ahora en el último cajón del buró donde guardaba su ropa limpia.

Permaneció en silencio unos minutos, sentado en la oscuridad, sus manos cerradas en puños. La canción de un grillo se escuchó, inexplicablemente, relajando la tensa posición de sus hombros. Entonces, la imagen de unos ojos dorados regresó a su mente y Ash se encontró sonriendo. Tenía que tener más cuidado, ya no podía acelerarse con declaraciones amorosas. Primero que nada, debía convertirse en su amigo. Porque eso era lo que más quería, tener amigos. Liberarse de esta soledad que había estado ya demasiado con él.

Tenía que seguir adelante y dejar el pasado donde pertenecía.


-Capitulo 2: Contra La Marea.-


Tal vez habrá quien piense que exagero

Porque nunca me canso de mirarte

Y es que no saben cuánto yo te quiero

Ni el encanto que siento al contemplarte.

Me tildarán tal vez de loca y falsa

Sin conocer que tú eres en mi vida

Una verdad que todo lo realza

Y una hermosa locura compartida.

Yo que temí a la vida y la muerte

Me rindo al ‘yo’ que sólo tú has logrado

El que surgió de pronto al conocerte

El que sólo es feliz si está a tu lado.

Porque contigo todo es diferente

Sonríe la vida siempre en tu presencia

Y el miedo de morir, sencillamente,

es que no me acompañes en la ausencia.

Que me critiquen todos los que quieran

Que se burlen si al verte me embeleso:

Me darían la razón si comprendieran

Lo que vale uno solo de tus besos.

-“Existencial”, Conchita Unanue.-


"Este helado está delicioso!" Ash no pudo evitar expresar, gente alrededor volteando a examinarlos con ceños fruncidos. Ash sintió las miradas pero, como siempre, no les dio importancia, toda la merecía el aperitivo en sus manos. Nunca antes había probado algo tan cremoso, y dulce! Se derretía en su paladar tan lentamente que Ash no pudo contener los gemidos suavemente salir de su boca, adorando la sensación a más no poder.

Masato rió fuertemente a su lado, no sabiendo que era más gracioso, el mismo Ash o el público que tenían muy atentos por todo el parque. "No es para tanto."

"Claro que sí! Nunca había probado algo tan rico!"

Masato se calmó lentamente, al final solamente una sonrisa permaneciendo en su rostro, feliz de ser la persona en mostrarle a su amigo las delicias de Altomare. "Te dije que el precio valía la pena."

"Lo sé, nunca volveré a dudar de ti." Ash le guiñó el ojo, mientras saboreaba otra cucharada. Tal vez podía pedir la receta para que su madre hiciera el intento? "Por cierto, no sabes dónde hay una tienda donde vendan buenos... regalos?"

Masato lo miro pícaramente unos minutos para luego darle aire de malicia a su sonrisa. "Para.. qué? O mejor debería preguntar, para quién?" Ash se sonrojó en respuesta y fue todo lo que Masato necesitó. "Bueno, si, conozco unas cuantas, pero te advierto que no son nada baratas."

Como el niño predijo en su mente, Ash roló sus ojos. "Tampoco soy tan pobre, sabes?"

Masato rió otra vez, sujetando su estómago. Últimamente lo estaba haciendo mucho, notó el pequeño. Y todo era gracias a Ash. Después de acabar con sus helados, se dirigieron a la parte centro de la ciudad, donde Masato afirmaba que era el lugar perfecto para ir de compras.

"¿Qué le vas a comprar?" Preguntó por millonésima vez solamente para fastidiar. Ash, cansado de escucharlo, amenazó a Masato con su mano pero, al últimos minutos, el chico logró escaparse de sus garras, carcajeando y burlándose de su lentitud, el resplandor del sol acariciando sus rostros mientras finalmente se declaraban la paz.

"...No lo sé." Contestó Ash, metiendo sus manos a los bolsillos de sus pantalones. "Mi madre me dijo.. er... que dejara..." 'que mi corazón lo eligiera.' "Mm, no lo sé! Espero y tú me ayudes, para eso te traje!" Cambió de respuesta, decidiendo que las palabras de su madre eran demasiado cursis para decirlas en voz alta.

Masato frunció su ceño un poquitín pero no tardó mucho en cambiar su semblante a uno triunfal al alcanzar a divisar una de sus tiendas favoritas. "Ya llegamos!"

Era una tienda especializada en artículos de artes plásticas, y Ash no podía cerrar su boca aunque su vida dependiera de ello, su asombro era demasiado genuino para poder esconderlo, tenían de todo! Sacapuntas, libretas, lápices, plumas, borradores, pinturas, colores, lienzos, diferentes tipos de hojas para dibujar, cuadernos, hasta mochilas!

"Dios, no sé por donde empezar!" Una gota de sudor cayo sobre la cabeza de Ash y Masato trató de ayudarlo a escoger algo que Bianca necesitara para la clase.

"Mmmm, qué tal un paquete de lápices?"

"No, pensará que soy un tacaño.."

"Está bien, qué tal un cuaderno?"

"Se nota que no tienes sentido de romanticismo."

"Bueno, soy un niño, qué esperas de mi?"

"Sí, pero, se nota que cuando crezcas, usarás más tu mente que tu corazón."

Fue el turno para Masato de rolar sus ojos. "Perdóname la vida, pero no todos podemos ser un Romeo como tú."

Ash rió, el encargado uniéndosele.

“Oye, mira!” Caminaron a un estante donde tenían acomodados varios estuches para lápices. Ash sonrió. Los estuches eran hermosos! Tenían diamantes de todos tamaños y colores forrándolos, unos formando el retrato de un Butterfree o de hasta un Latias, los las siluetas de los Pokémons resplandeciendo tanto a la luz del sol mañanero como el propio arco iris.

“Es el perfecto regalo, a las chicas les gustan las cosas que brillan!”

Ash miró a su amigo con curiosidad. “¿En serio? Quien te dijo eso?”

“Mi hermana!”

Oh, bueno, eso explicaba porque su madre había querido tanto una de esas figuras de cristal. “¿Tienes una hermana?”

“Sipi. Bueno, a decir verdad, es mi media hermana. Ahora anda viajando por Hoenn.. creo.” Masato respondió pensativo. Ash podía reconocer la nostalgia en su mirada. “Algún día te la presentaré, ya verás!”

Ash asintió con una sonrisa. “Sería un honor.”

Masato se sonrojó ante su vehemencia. “Bueno, no seas tan exagerado! Es sólo un niña.”

Ash guiñó su ojo. “Pero, recuerda que soy todo un Romeo!”

“Oye, pobre de ti que coquetees con ella!”

“No lo haré! Te lo prometo.”

“... Mmmm...”

“¿No me crees?” Ash preguntó con voz inocente. “En serio, como haré algo así ahora que tengo a Bianca?” Enseguida, Ash se sonrojó a sus propias palabras. De donde había salido eso? A donde se había ido su juramento de pensar antes de abrir su boca?

Masato sonrió enseguida. “¿Ah, sí?”

“... Cállate.”

Pero, Masato comenzó a cantar sin piedad alguna. “Ash y Bianca sentados en un árbol, B-E-S-A-N-D-O—”

“MASATO!”


Había llegado a una decisión, tras una larga noche con imágenes de aquel humano reviviéndose una otra vez por debajo de sus párpados, tentándola y tentándola... Latias voló en silencio, por la que sería su quinta vuelta alrededor del jardín, y no pudo evitar imaginar como se sentiría tener a Ash volando junto a ella. Estaba segura que podía con su peso y si se concentraba lo suficiente—

—¿Qué estaba pensando?

Era estúpido. Volar con Ash consistiría en confesar su verdadera identidad y eso equivaldría a otro furioso sermón de su hermano... Eso, si la perdonaba del todo.

Y cómo podía olvidar el detallito de que no sabia como Ash reaccionaria? Seguiría interesado en ella a pesar de ser un Pokémon?

Aunque, sí Ash lo deseaba, Latias podía permanecer con su disfraz de Bianca por toda la eternidad...

Demonios! Pero qué—Esto era grave!

Latias sintió sus mejillas pálidas sonrojarse al escucharse a sí misma, sorprendida por la maldición todavía haciendo eco en su mente. Todo era culpa de Ash.

La estaba volviendo loca.

Estaba volteando su mundo de arriba a abajo.

Y Latias se estaba haciendo adicta a tal efecto. Su ser vibrando con una nueva clase de adrenalina que la hacía anhelar por lo prohibido sin importarle las consecuencias. Bianca—la verdadera Bianca—tal vez le tendría respuestas a sus tantas preguntas sobre el tema pero...

"Latias, querida, dónde estas!" Lorenzo la llamó desde los columpios donde solía pasar su tiempo a solas y, resignada, Latias flotó cerca de el, expresando lo descontenta que estaba todavía con él por no ofrecerle ni una clase de apoyo en la gran discusión que había tenido con Latios la noche anterior.

Lorenzo la ignoró sin embargo, como Latias imaginaba que lo haría, y anunció que ya casi era hora de su clase de dibujo. Latias enseguida sintió sus ánimos elevare pero, los escondió muy dentro de ella. Había "jurado" no volverle a dirigir la palabra a Ash si deseaba continuar asistiendo a sus clases, pero Latias había mentido entre dientes profundamente. Tenía un plan bajo la manga, por así decirlo.

Estaba cansada de ser controlada a consecuencia de algo que no había sido su culpa.

Bianca hubiera deseado que Latias siguiera los llamados de su corazón, como su amiga lo había hecho, sin importar lo que pensaran los demás y lo último que Latias podía hacer para honrar su memoria era...

... buscar a Ash.


Decir que estaba nervioso era poco. Y Masato no lo estaba ayudando.

"No puedo creer que hayas hecho venir una hora antes de la clase! Estás loco? Apenas y alcancé a saborear mi sopa!"

"No te preocupes, te llevo a cenar a mi casa en agradecimiento. Mi mamá tienes ganar de conocerte." Sus dedos no dejaban de doblar la orilla de su cuaderno, mirando por alguna señal de la llegada de Bianca por el rabiño del ojo. Nada.

Ash suspiró. "¿Estás seguro que le gustará?"

Masato lo ignoró, cansado de responderle las primeras diez veces, a cambio concentrándose en abrir una bolsa de golosinas que guardaba en casos de emergencia. Tonto Ash, más le valía que su madre cocinara tan delicioso como la suya.

"Vaya, vaya, parece que alguien se cayó de la cama." La voz de su maestro les dio la bienvenida y Masato volteó a saludarlo cuando sintió algo atorado en su garganta.

Ash lo imitó y obtuvo casi la misma reacción. Casi.

"Profesor, qué le pasó a su cuello?" El fiel alumno se olvidó de Masato y el regalo posando en su mesa-banco, apresurándose a ayudar al hombre con su portafolio y otros carteles que parecían ser nuevo material para la clase. "... y a su ojo!"

"No te preocupes, Ketchum—"

"Pero, luce muy grave—"

"Fue un tonto accidente, en serio. Trataba de bajar unos documentos en mi oficina cuando perdí el equilibrio... y bueno, el resto es historia, chamaco."

"Pues que tan alto estaban esos documentos?"

"Ketchum, alguien te ha dicho que la curiosidad mató al Meowth?"

Ash no respondió, su atención fija en la mancha púrpura, casi azul, pintando el ojo derecho del Maestro conocido como James y el collarín que rodeaba tan frágil parte del cuerpo humano. No podía ser posible que una simple caída causara tanto daño, o sí?

Tenía que investigar con su madre, la mujer teniendo un título en medicina que desde hace mucho tiempo no ejercía.

"ASH!"

El chico en cuestión brincó al sonido de Masato, en su asiento y sonriendo de oreja a oreja, sus pupilas señalándole hacia la puerta del salón con cejas alzadas malévolamente.

"Oh, parece ser que alguien viene a visitarlo, Ketchum." James le guiñó su ojo sano pero, el chico no pareció escucharlo, hipnotizado con la silueta esperando en el umbral.

Ash tragó saliva, y parpadeó varias veces para asegurarse que no estaba alucinando. Y no, no lo estaba. Era completamente real la identidad de su visitante.

"Er.. Ejem.. Hola, Bianca."

Los ojos dorados se suavizaron, conectados con los suyos sin titubear, al contrario del día de ayer. Un hombro de la chica se recargaba sobre el marco de la puerta, su manos unidas por detrás de su espalda y una hermosa sonrisa le saludaba con aire de... casi sensualidad.

Ash no perdió más tiempo y corrió hacia Masato, quien le tenía preparado el regalo en sus manos alzadas. "Sí se puede, tigre." Le susurró el niño y Ash no pudo evitar reír ante su insolencia. Al acercarse a la puerta, Bianca parecía perder la paciencia y lo tomó de su muñeca para jalarlo hacia afuera rápidamente.

Los aplausos de Masato y el Prof. James se escucharon por todo el pasillo.


Latias solamente tenía una manera de comunicarse y tristemente no consistía en su voz, pero Ash parecía descifrar sus sentimientos con sus muecas faciales, lo cual era sorprendente halagador...

"No luzcas tan culpable, yo soy quien debería disculparme." Ash le sonrió, sus manos torturando la envoltura del regalo que sujetaba. Latias no deseó hacerse falsas esperanzas, pero para quien más podría ser el regalo sí lo había traído con ellos al salir? "Perdóname si fui muy atrevido ayer—Mira, te compré esto como ofrecimiento de paz y juro no volver a abrir mi boca a lo pen—"

La otra mitad de la frase murió con un súbito silencio, dicha boca, abierta a pesar de su juramento, pero ocupada en una tarea muy diferente...

Latias nunca había besado a nadie, obviamente, pero si había visto casi todas las películas románticas existentes en la faz de la tierra, en compañía de Bianca y todavía en su actual soledad y más o menos tenía una idea.

Ash, sin embargo, le demostró que tanta experiencia guardaba tras su fachada de niño bueno e inocente, y al darse cuenta de tal cosa, la decisión de Latias se hizo más firme. Con su labio inferior atrapado entre los suaves y aterciopelados de Ash, las manos de Latias sujetaron cabellos azabaches para saber con exactitud que más se escondía tras ese rostro bonito.

Lo primero con lo que su psique se conectó fue un infante de cabellos color fuego, ojos cerrados y acostado con aire de finalidad y paz. Levemente escuchó llantos y palabras de furia y Latias ajustó sus sentidos para alargar el escenario. Todo era borroso, con excepción de la silueta de un Ash mucho más joven, llorando en el pecho de la que parecía ser su madre. Casi sintiéndose parte del lugar, Latias volteó a su alrededor y se volvió a encontrar con el chico dormido, para su terror, descansando en un ataúd. No era el único, otros dos le hacían compañía pero antes de que Latias se pudiera enfocar mejor, otro plano del cerebro de Ash se presentó en forma de una grande y ruidosa explosión.

-"PIKACHU!"-

Después de eso, todo quedo en blanco, pero los sentidos de Latias absorbieron como esponja las sensaciones de soledad y de intensa tristeza. Depresión, furia, ansiedad. Una grande desesperación por regresar el tiempo, por salvar a su padre y a sus dos mejores amigos... Por remediar el error de haber confiado en las personas equivocadas. Había recuerdos de un Lugia—de un Lugia volando con Ash en su lomo justo como Latias lo anhelaba y sus celos fueron tan fuertes que la desconcentraron lo suficiente para darle la oportunidad a Ash de expulsarla de su mente.

"Latias."

Ojos oscuros, vacíos, la enfrentaron cara a cara y sin temor. Latias tuvo que parpadear para poder captar lo que había salido de la boca de su "víctima".

"¿Eres una Latias?"

Latias respiró profundo, asintiendo finalmente.

Su plan había resultado.

No solamente había ella invadido la privacidad de Ash, pero, le había dado la misma oportunidad a él de visitar sus recuerdos y los secretos que no podía contar con simples palabras.

Ash miró el suelo unos momentos y Latias se ocupó con apreciar la envoltura del regalo que había tomado de las manos de Ash mientras su beso había sido compartido. El silencio rápidamente se volvió incómodo y justo cuando Latias iba a dar paso al Plan B, por más doloroso que ese fuera, Ash levantó su mirada y acercó sus rostros por segunda vez en un brutal movimiento.

Su plan había resultado.


Continuará...



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