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Disclaimer: todo pertenece a su autora, nada es mío, bueno Alex si!!
pero me cuesta, cuando otro adiós se ve tan cerca… (Alejandro Sanz)
Capítulo Veintitrés
-¡Ah!
Luna se despertó sobresaltada. Se quedó incorporada en su cama y se llevó la mano al corazón, que palpitaba de forma endemoniada. La habitación de sexto de ravenclaw estaba en penumbras y el resto de sus compañeras aún dormían. Miró el reloj de su mesilla y vio que apenas eran las seis de la mañana, no hacía ni cinco horas que había llegado de la Sala de los Leones, luego de su fiesta.
-Algo no va bien – susurró.
Se levantó de la cama silenciosamente, se vistió y salió de la habitación.
-Albus, esto no puede estar pasando – dijo un hombre moreno.
-Sirius, tarde o temprano, esto sucedería – un hombre lobo se recostó cansinamente contra la pared.
-Ante todo, necesitamos meditar la situación.
Albus Dumbledore echó una ojeada a su alrededor. Todo su profesorado, además de Sirius Black y Albert Potter, estaban ahí. Se había dado la alarma hace menos de una hora.
-La situación es grave – el director suspiró – todo el Callejón Diagon está siendo devastado
Algunos profesores dejaron escapar leves gritos.
-Pero, ¿por qué el Callejón? – preguntó Flitwick.
-Es el punto neurálgico de todo el mundo mágico – dijo Snape cruzándose de brazos – es la base de todo, ahí está la economía, la política y la sociedad del mundo mágico.
-Te veo bien informado!! – espetó Sirius.
-No es momento para esto, Sirius – dijo Remus.
-No se si lo sabías, pero mi cabeza tiene precio por algo – escupió el profesor de pociones.
-Y es por eso, que debemos meditar quien se queda y quien va – dijo el Director – solo tengo una cosa clara, y es que Hogwarts será el siguiente punto de ataque, ya que es aquí donde está el futuro.
-Albus, ¿qué pasará con los alumnos si llegan hasta aquí los mortífagos? – se preocupó Minerva.
-Las defensas del Castillo son impenetrables y mientras que halla alguien dentro que las mantenga, nadie podrá entrar. Mi problema es si debemos mandar a los alumnos fuera o resguardarlos dentro del Castillo.
Todos empezaron a diversas opiniones cuando apareció una lechuza. El Director agarró la nota y la leyó rápidamente.
-El Ministerio está siendo atacado. Hay numerosas bajas personales. Esto lo mandó Arthur, los Weasleys ya están allí.
-Pues unámonos a ellos – dijo Sirius.
El Director les dio la espalda a todos mientras estrujaba la nota entre sus dedos. Se volvió repentinamente. Todos se dieron cuenta de la determinación en su mirada azul.
-Flitwick, Sprout, vayan a las cuatro Salas Comunes y manden a todos los estudiantes al Gran Comedor. Severus, ve al exterior y refuerza las barreras, Minerva te ayudará. Luego, os quiero en el Gran Comedor – se pausó un momento – El resto de Profesores diringanse al Gran Comedor. Informaré a los alumnos de la situación y seguramente los mayores querrán cooperar…
-Pero, Profesor, son muy jóvenes – interrumpió Madame Pomfrey angustiada.
-No lo crea – dijo Remus apoyando una mano en el hombro de la mujer – algunos maduraron hace ya muchos años.
-Estoy con Remus – le apoyó al Director – así que los Profesores llegaran al Callejón con los alumnos mediante trasladores – Albus miró al único Potter de la habitación – Albert, es hora de que saques a tus amigos – sonrió – si no me equivocó, Voldemort llevará a todos sus dementores. Sirius y tú os encargareis del transporte.
En el momento en que el anciano Director terminó de hablar, cada uno fue hacia donde le indicaron.
Ya solo, Albus se sentó en su sillón. Fawkes se posó en su hombro. Lo acarició.
-Amigo, esto es el final.
***********
Hermione se levantó sobresaltada. Alex estaba llorando. Mucho ruido venía desde la Sala. Voces, pasos apresurados, jaleo de muebles,…
-Harry, despierta – azuzó al muchacho que dormía junto a ella – ¡despierta!
El chico se removió y se desperezó.
-¿Qué pasa? – se refregó los ojos.
-No lo sé, pero todo ese jaleo a las seis y media de la mañana no es normal – Hermione tomó a Alex en su brazos – tranquilo, mi niño!
-Mamá!, mamá! – el niño se abrazó fuerte a su madre.
Unos golpes sonaron en la puerta.
-¡Soy Ginny! ¡Abre!
Harry, presuroso, corrió a abrirle. Ginny no se sorprendió al verle y entró.
-Está aquí la Profa. Sprout, tenemos que ir todos al Gran Comedor – dijo la chica asustada.
-Ha empezado – Harry, serio, se llevó la mano a la cicatriz.
-¡Oh, Harry! – Hermione apretó más fuerte a Alex.
-Teneis que bajar – una agitada Ginny salió de la habitación.
Harry y Hermione se quitaron el pijama y se arreglaron rápidamente. La chica besó repetidamente a su hijo, pero éste aún estaba intranquilo.
-Todo saldrá bien, cariño, pronto mamá volverá y te volverá a leer un cuento – le dijo al niño muy despacio - ¡Winky! –llamó la elfina – no se cuando volveremos – le dijo cuando apareció – pero pase lo que pase no salgas del Castillo – se quitó una lágrima y sintió como Harry le apretaba la mano.
Y después tristemente, salieron los dos de la habitación. En la Sala, ante la insistencia de la Profa. Sprout, todos salían ordenadamente. Ellos dos se fueron junto a Ron y Ginny.
-¿Qué ha dicho Sprout? – preguntó Harry mientras caminaban rápidamente por el pasillo.
-Nada – informó Ron – solo que debemos ir al Gran Comedor.
Hermione vio como Ginny se retrasaba, susurraba algo al aire y luego, dejaba caer una lágrima.
-Ginny, ¿qué pasa? – las castaña se acercó a ella.
-Nada, nada – dijo totalmente pálida y quitándose unas lágrimas.
Pero de repente, hubo un movimiento rápido y Draco apareció de la nada.
-Tranquila – Draco abrazó a Ginny y dejó caer la capa de invisibilidad al suelo, que Hermione recogió.
-Pero Draco, sabes de sobra que significa est…
-¿Qué significa esto? – Ron estaba junto a ellos con los brazos en jarras.
-No es de tu incumbencia, Weasley – gruñó Draco.
-¿Qué haces tu aquí, en el pasillo de los Gryffindors? – gruñó a su vez Ron.
-Te repito que no es asunto tuyo.
-¡¿Cómo qué no e….?!
-¡Basta! – chilló Ginny, separándose de Draco – entiéndelo de una maldita vez, Ronald Weasley, porque parece que eres el único que no lo hace: ¡Amo a este hombre! Y tengo miedo de lo que hay fuera, de lo que nos va a deparar a todos!
Ron se había quedado paralizado en el sitio, pero cuando parecía que había recuperado la voz, una rubia llegó corriendo.
-¡Chicos, chicos!! – Luna se detuvo junto a ellos y respiró entrecortadamente – daros prisa, tenemos que estar en el Comedor.
-¿Estás bien, Luna? Tienes ojeras – dijo Hermione.
-No he dormido bien – agachó la mirada – vengo de hablar con el Director, he soñado con esto.
-¿Con qué? – increpó Harry acercándose a ella.
-Con esto, con el ataque – miró al moreno directamente los ojos – los mortífagos están arrasando el Callejón Diagon.
Todos los alumnos estaban en el Gran Comedor. Las mesas y sillas habían desaparecido, al igual que la mesa de los profesores. En el centro del estrado estaba Dumbledore, custodiado por la Profa. McGonnagall a la derecha y el Prof. Snape a la izquierda. El resto de profesores estaban alrededor de ellos.
-Queridos alumnos – el hombre hizo una pausa y miró todos los rostros consternados – el Callejón Diagon está siendo atacado en este mismo momento.
Una ola de suspiros y lamentos inundó la gran habitación. Dumbledore observó la cara de Harry, sus ojos brillaban con gran determinación.
-Silencio, por favor – los cuchicheos y lloros se fueron calmando – todos los alumnos permanecerán aquí junto con la Profa. McGonnagall y el Prof. Snape, el resto de los profesores irán al campo de batallas junto con todos los alumnos de sexto y séptimo que así lo deseen. Se irán formando grupos de partidas – miró a todos – pensadlo, el futuro están en juego.
Se hizo un gran silencio, pero de repente todos empezaron a hablar: amigos que se juntaban para partir juntos a la lucha, hermanos mayores que se despedían de hermanos pequeños, o simplemente grupos de amigos que hablaban atemorizados.
-¿Estamos preparados? – preguntó Ron.
-Por supuesto – asintió Luna y cogió su mano.
-Claro – dijo Draco y rodeó a Ginny con un brazo.
-Pero Draco, tu padre estará allí – dijo Ginny angustiada, e iba a responder Draco, pero alguien se le adelantó:
-Eso espero, porque os prometo que soñará con mi cara todos los días que esté encerrado en Azkaban – dijo Hermione y apretó los puños.
-Hermione – Harry tomó su cara con sus manos – nos puede cegarte con la venganza de esa forma y debes de quedarte aquí, no puedes dejar a Alex sin su madre.
Ron, Luna, Draco y Ginny permanecieron en silencio. Sabían que ese sería un tema peliagudo.
-¿y qué se quede sin su padre? – le reprochó mientras quitaba las manos del muchacho de su cara – no pienses que me quedará aquí mientras tu peleas, que permaneceré tranquila mientras a ti o a uno de mis amigos le atacan – chilló Hermione histérica - ¿para qué he aprendido a sanar? – sollozó.
-Hermione… - Harry la abrazó y ella ocultó su cara en el hueco de su cuello – haremos esto juntos, como siempre hemos estado.
-¡Oh, Harry!
Los otros les miraron, y sonrieron.
-Por favor, - la voz ampliada de Dumbledore se oyó en todo el Gran Comedor – todos aquellos que vayan a venir, sitúense en el centro. Empezaremos a partir.
Unos veinte o veinticinco alumnos se separaron, mientras el resto se apartó y se quedó en los laterales del Gran Comedor.
-Iremos saliendo en grupos de cuatro – explicó Dumbledore – con estos trasladores – sacó varios cacharros de sus bolsillos, que se iluminaron – llegaremos a la planta baja de Gringotts, allí está la resistencia y es a donde se están llevando a los heridos, ¿de acuerdo?
El Director fue organizando los grupos y a cada profesor responsable le daba un traslador. Salió un primer grupo encabezado por la Profa. Sinistra.
-¡Buena, Draco, ahora si que te vas directo al hoyo! – le gritó Pansy desde la pared, ésta estaba flanqueada por Crabbe y Goyle.
-¿Seguro, querida? Pues dime como es, pues tú ya estás en él – se la devolvió Draco – ¿Y sabes, Pansy? Me das pena – Draco le dio la espalda y se fue con Ginny, para partir los dos con el siguiente grupo.
Ya sólo quedaba Harry, Hermione, Ron, Luna y el Prof. Lupin, que saldría con ellos.
-Chicos, mantened la cabeza fría, no dejaros llevar por el odio – les aconsejó Remus – confió en ustedes – les dio unas palmaditas a los chicos.
-Sois los últimos – les dijo Dumbledore. Snape y McGonnagall estaban con él – yo volveré a revisar las protecciones y partiré detrás de ustedes. ¿Listos? – le dio el traslador a Remus.
-¡Señorita Hermione, espere!
Winky había aparecido en medio del Gran Comedor con Alex llorando. Todos quedaron en un sepulcral silencio. Lo único que se oía eran los berridos de Alex y sus movimientos agitados para escaparse de su niñera.
-¡Alex, no está tranquilo, no se que le pasa! Creo que está sintiendo lo que va a pasar – el niño pataleaba encima del regazo de la elfina.
-¡Mamá, mamá! – el niño se intentaba soltar para llegar hasta su madre, sus ricitos castaños se agitaban velozmente.
Y entonces todos los que estaban en el Comedor miraron detenidamente como Hermione Granger cogía al niño y lo balanceaba entre sus brazos mientras le susurraba algo.
-¿Mamá?
-¿Es hijo suyo? ¿cómo es eso posible?
-¡La Premio Anual tiene un niño! ¡Mira es igual que ella!
Numerosos comentarios se esparcieron por todo el Gran Comedor, los alumnos que allí quedaban miraban asombrados y cuchicheaban entre ellos. Unos se intentaban acercar a la escena, pero la Profa. McGonnagall dijo:
-¡Silencio todo el mundo! – su mirada severa escrutaba los rostros de los alumnos – Srta. Granger – se dirigió a su alumna - ¿se encuentra bien?
-Por supuesto, Profesora – Hermione dejó a su hijo en el suelo, ya que pesaba mucho, y se puso en cuclillas frente a él – Alex, mira a mamá – el niño estaba distraído con toda le gente, pero se agarró bien a su madre para no poder el equilibrio y con sus ojos grises la miró fijamente.
-Mamá, qué paha? – medió preguntó Alex mientras se frotaba sus ojitos.
-Cariño, mamá tiene que irse para ayudar, pero te promete que volverá pronto, ¿vale?
-Mamá… - el niño sorbió su nariz y dejó caer unas lágrimas, él no sabía que pasaba, pero notaba que algo preocupaba a su madre.
-Alex, escúchame – Harry también se inclinó junto a Hermione, el niño andó con dificultad y ahora se agarró a Harry – mamá volverá, ¿de acuerdo? Y cuando lo haga los tres jugaremos con la pequeña pelotita voladora, te bañaremos con tu patito preferido y te leeremos el cuento que tu quieras, por eso debes descansar para tener energía para todo eso.
El niño dejó de llorar y perdió el equilibrio cayéndose encima de Harry, pero éste lo abrazó fuerte y escuchó como el niño le decía en el oído: Papá…
Hermione, que también lo había escuchado, lloró y se abrazó a ellos dos, sonriendo.
-Bueno – carraspeó Ron – es hora de irse, chicos.
-Claro – Hermione se levantó y Harry levantó al niño del suelo, Ron no supo descifrar la cara de emoción del moreno – cariño, nos veremos luego – y la castaña besó la mejilla de su hijo.
-Adió, mamá. Adió, papá – e intentándole dar un beso a Harry, lo que hizo fue dejarle babeada la cara ante la risa de un pelirrojo.
Harry le dio el niño a la elfina, que lo cargó con cuidado. Alex se portó bien y se quedó tranquilo, ya que un hombre de larga barba le estaba enseñando un caramelo de limón, dándole a entender que sería para él en el momento que se fuera su madre, y más contento y agitando su manita, dijo:
-Adió, mamá, adió, papá, adió, On
Y se fue lo último que escuchó Hermione de su preciado niño antes de que un torbellino de colores les envolviera a los cuatros chicos y al profesor.
Jeje, bueno, otro más. El próximo ya es la batalla, quería empezar a describirla aquí, pero prefiero comprimirla toda en un capítulo, así que a lo sumo, a este fic le quedan dos capítulos y un epílogo.
Espero que os guste, porque esto me está costando de escribir más que cuando escribí a Harry declarándose, jeje. Deseo vuestros comentarios, ok?
Saludos a todos!!!!