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Author of 9 Stories |
Este fic no tiene bases sólidas ni de historia ni del presunto título ofrecido ya que solo oí un pequeño comentario acerca del libro, y se me ocurrió esta idea. Así como ideas tomadas de aquí y de allá, entre ellas del libro Eragon, El sótano de las flores, y uno que otro más por ahí.
Esta se podría decir que es otra era paralela a la nuestra.
Disclamer: Beyblade no me pertenece, no se pretende obtener lucros con esta historia. Hecha de fans para fans.
Warnings: Yaoi, Angst, Rape
Parings: Principal Kai/Rei . Secondary: Tala/Bryan Takao/Max
Confusions: Rei/Bryan/Tala Tala/Kai /Bryan
Genere: AU (Alterne Universe)
Maldición me choca el inglés y aún así escribo en ese idioma -- u.
El Abismo de las Flores.
---Capítulo I---
Frío, siempre estaba así esa tierra, árida, las enormes montañas se confundían con el blanco cielo. Todo cubierto de nieve, albo, no parecía tener fin ese extenso horizonte.
Daban miedo, uno podría pararse al pie de esas mounstrosas montañas y no darse cuenta de que se les está escalando. Claro uno no se daría cuenta, si no fuera porque esa larga cadena montañosa estaba maldita, todos y cada uno de los desdichados que pisaban ahí volvían sin sueños, sin risa, sin recuerdos, solo queriendo olvidar. Claro, eso si volvían.
¿Podemos llamarle la columna del demonio, si ese era el nombre que algunos le pusieron, había un enorme reino que descansaba a su sombra, siempre temeroso de que podría pasar, si de repente ese coloso se vendría encima sobre ellos o los devoraría lenta y silenciosamente.
Se dice que tras esas vértebras viven los verdaderos demonios, nadie sabe como son, sin embargo algunos supersticiosos aseguran de que ya están con ellos, escondidos y por supuesto de incógnitos. Esperando¿para qué, no se sabe.
Pero no había de qué preocuparse ¿cierto, ese mounstro tenía de alto lo que treinta galeones imperiales, colocados uno tras el otro, de punta a punta. Cada galeón albergaba una elite de soldados, con todo y sus caballos, armadura y provisiones. No había manera de que los demonios traspasaran ese lugar maldito. No había manera de que los tocaran. No había manera alguna de distinguir el cielo de la tierra en ese lugar.
Sin embargo eso no era lo que importaba en el palacio, no hace falta describirlo, pueden imaginarse cualquier logar acogedor, enorme, miles de habitaciones, una corte. Ustedes pueden crear el escenario perfecto.
Una joven corre por los pasillos, temiendo ser encontrada, trae unos harapos cubriendo todo su cuerpo, y varias telas roídas sobre su cabeza. Tratando de pasar desapercibida.
Por su mente solo están algunas imágenes vividas solo unas horas antes.
--Bien sabes que no te dejaré hacer eso hija mía—decía un soberano de porte regio y vivaz mientras una bella jovencita le tomaba la mano para besarla mientras unas desconsoladas lágrimas salen de sus ojos granate.
--Por favor padre, sabes lo que siento por él, déjame estar a su lado—continuaba suplicando la chica mientras volteaba su rostro hacia su madre quién la miraba afligida, casi sintiendo el dolor de su hija.
--Askold, mi pequeña, entiende por favor. No conocemos a este misterioso enamorado tuyo, no se ha dignado siquiera a vernos de frente. Ni tu madre ni yo podemos confiar en una persona a la cuál no le conocemos el rostro—insistió el monarca.
La chica se paró y los miró con súplica. Sus cabellos casi blancos, al igual que su piel, caían libremente por su rostro el cuál estaba demacrado de tanto llorar.
--Madre, Padre, saben que si no lo hago con su bendición, lo haré sin ella, y esa será mi última palabra.—
--Askold, hija—trató de decir la reina mientras la muchacha salía de la corte dirigiéndose hacia sus habitaciones.
--Déjala Olga, verás no hará nada, se dirige a su cuarto—la tranquilizó el rey con una tierna mirada.—
--No Voltaire, estoy segura de que nos arrepentiremos si no la dejamos libre—
--Es una niña un tanto malcriada, pero es lo único que tenemos. Nosotros no haríamos algo que la lastimara.—
--Esta vez no sé si nuestro amor es lo suficientemente grande como para compararse con el de ese muchacho. No se puede comparar el amor de un padre y una madre. Con el de un esposo.
Fin del Flash Back
Estas últimas palabras no las alcanzó a escuchar la muchacha pero si hubiera escuchado, no hubiese cambiado en nada su forma de pensar.
Ahora lo que le preocupaba era salir de ese palacio, sabía que el hombre que amaba estaba fuera, esperándola. Con un paso más decidido burló a unas chicas que estaban en la cocina, con esos harapos no se podría distinguir de una criada o una princesa. No traía nada más que los ropajes y su fe.
El viento azotó el rostro frágil de la muchacha, golpeándola duramente y haciendo que tuviera que agachar la cara para que ese inclemente aire no siguiera lastimándola. Cuando menos acordó ya estaba vagando por las calles de esa helada ciudad, aparentemente sin rumbo, pero algo le decía que iba por el camino correcto. Jamás pensó que las personas que vivían ahí fueran tan ¿vacías, se notaba felicidad en el ambiente sí, pero, pareciera temporal, viene y se va. Que parecidos eran la gente del palacio y el pueblo.
Estaba sumida en sus pensamientos cuando, chocó con una persona, intentó disculparse al sentir el roce, pero cuando alzó su vista lo vio. La misma mirada que le hacía sentir un calor dentro de ella olvidándose del frío. Se sonrieron, y ese hombre de cabello largo y gris le descubrió el rostro y le besó sus delicadas manos.
Por diez años, eso fue todo lo que se volvió a saber de la princesa Askold.
El reino le tomó un poco de rencor hacia su princesa cuando la reina murió, fue un resfriado, pero eso no mata a las personas ¿verdad?. Murió de tristeza, y su rey poco a poco se fue haciendo mas duro, y estricto. Gruñón hasta cierto punto. Pero jamás dejó de amar a su hija, ni la culpó de nada, como su esposa tampoco lo hizo.
Todo pareció calmarse, acostumbrándose a la situación tan gris, y deprimente del reino, sin embargo la vida no parecía querer darle descanso a sus corazones.
Un día, de repente su princesa regresó con su padre, con la misma belleza helada con la que la recordaban, Kold había regresado a ellos. Suplicando con lágrimas el perdón, su corazón, sin duda estaba destrozado. Pero el rey calló y no preguntó nada más. Aceptó a su hija.
Sin embargo, Askold ya no sonreía como antes, y comenzó a perder la noción del tiempo, cada vez su mirada se perdía más.
Y lo que era más extraño. Había veces en las que no se la encontraban en ningún lado. Solo regresaba con una fría expresión, más de lo usual. Y no daba ninguna explicación.
A Voltaire no parecía importarle lo que pasara, ni demostraba el mismo cariño que antes a su hija. Prácticamente no se hablaban. Askold rechazó cualquier oferta de matrimonio. Con un simple: “No hay de qué preocuparse”.
Así fue durante tres años más.
Había pasado bastante tiempo encerrado en ese lugar. Un día, sin previo aviso entró en ese enorme palacio, sin explicación alguna. Quedó encerrado en ese enorme lugar, era bastante oscuro de noche, sin embargo, en el día podía elegir entre cerrar las cortinas, que, cabe decirlo, eran improvisadas. O, podía dejar entrar la blanca luz, dejando ver la inmensidad de ese cuarto, repleto de libros, cientos de ellos, manuscritos en otros idiomas, y algunos bastante viejos. Había cómodos colchones de plumas de aves, telas, seda, como cierto material de reserva, o, deshecho como se le quiera llamar. Se reservaba a mirar por los enormes ventanales circulares que estaban en cada lado de la habitación. Era impresionante ver el ir y venir de la ciudad. Donde antes vivía.
Al principio, le encantaba jugar en el cuarto, disfrazarse, cantar, todo, todo lo quería hacer. Sin embargo, poco a poco se sintió más débil y sin ánimos de jugar regularmente. Se dedicó a leer, más de lo que ya hacía.
Lo que más le gustaba eran las leyendas. Algunas relataban las hazañas de valientes que llegaron del extremo norte de la ciudad, porque cabe decirlo. Esa fría ciudad no era todo lo que existía en ese mundo. Bien lo sabia él, había más pueblos, unos más helados que ese, otros con un clima perfecto para descansar. Y si había otros lugares, de seguro había miles de personas nuevas, a las cuales podría conocer.
Si tan solo lo dejaran libre, podría conocer más allá de ese enorme cuarto. Continuó con su lectura, estaba leyendo una especie de guía natural. Se describían animales, bestias enormes. A algunas se les atribuían poderes extraordinarios. Otras eran casi “normales”. A él no le quedaba muy claro si esto era verdad o fantasía. Pero poco le importaba ya que tal vez nunca podría verlas de verdad. La que más le gustaba era el majestuoso fénix.
Una magnífica bestia de plumaje rojo, un fuego la cubría totalmente, sin embargo nadie había conseguido tocarla, los que habían tenido la oportunidad se acobardaron al intentarlo, temiendo quemarse. Se decía que esta ave renacía siempre, de sus propias cenizas, y por lo tanto no se sabía cuanto tiempo vivían. Eran casi inmortales.
Ojala el pudiera morir y renacer en una persona libre, al igual que aquella ave. Quería ser una de ellas.
Dio un suspiro cansado y terminó de leer, ahora se dedicaba a admirar el hermoso grabado del pájaro. Sonrió ante la idea de verlo algún día.
Oyó unos pasos que se dirigían hacia donde estaba y de inmediato apagó la vela y se escondió, esperando a ver quien había subido.
Una mujer cubierta por un grueso velo subió por las escaleras llegando al cuarto y cerrando la puertecilla por la que había entrado. Avivó la mecha de la lámpara que traía, iluminando casi por completo el inmenso sótano.
--Hijo- fue todo lo que alcanzó a decir tratando de divisarlo entre todas las cosas que estaban ahí.
Un chico de unos trece años salió de entre las ropas que estaban amontonadas. Su piel era igual o más blanca que la de su madre. Ojos rojo sangre intensamente oscuros y más a la luz de tan solo una lámpara de aceite. Todo cuadraba exactamente que su madre, y en belleza, era sumamente apuesto. Solo que había algo diferente, su cabello, la mayor parte de este era color claro, gris claro y la otra parte era oscura, azul o gris, no se alcanzaba a distinguir bien.
A pesar de su corta edad, su cuerpo era un tanto robusto y los músculos un tanto inexistentes comenzaban a hacerse presentes. Ni él mismo se lo explicaba su actividad física era nula, ya que en ese lugar estaba prohibido hacer ruido, por el temor de que alguien de “abajo” llegase a enterarse de que alguien habitaba la parte de arriba, eso era en parte, la otra mitad de las respuestas, se encontraba en su delicado estado de salud, ya que poco a poco comenzó a debilitarse de sobremanera.
--Madre- contestó el chico acercándose a la mujer que se quitaba el velo para dejar ver una nívea cara, ojerosa y con una cansada sonrisa.- Que bueno que eres tú.-
--¿A quién esperabas hijo?-
--Pensé que era alguien más-
--No tienes de qué preocuparte, ten, traje tu comida-
Su madre le extendió una bandeja de plata con fruta, sopa, pan y vino. Como todas las noches, hacía lo mismo durante la mañana, solo que era casi de madrugada, le llevaba la porción del desayuno y la de la tarde, para no ser descubierta por la tarde, así sus desapariciones no serían tan regulares y no levantaría sospechas.
--¿Qué has aprendido hoy?-
--¡Mucho madre! Por fin pude descifrar lo que significaban aquellos papiros- dijo animadamente mientras partía el pan y lo remojaba en su sopa, señalando unos manuscritos al fondo de una repisa.-
--Me alegra. ¿Te comiste todo lo que te dejé en la mañana?-
--Si, … Este, mamá desde hace unas semanas me comenzó a doler el estómago, pensé que se me pasaría pero no es así.- le dijo el chico un tanto preocupado y no queriendo asustar a su madre.-
--No te asustes hijo, te traeré unas infusiones por la mañana y ya verás como se te pasará- sonrió la mujer mientras se disponía a ponerse de nuevo el velo para marcharse.-
--Claro madre- bajó el rostro el casi niño mientras entre sus cabellos alcanzaba a ver como su madre abandonaba la habitación, tan repentinamente como llegó-
--Buenas noches Kai.-
--Que duermas bien madre-
El chico reprimió una lágrima que amenazaba con escaparse de sus ojos. Su madre ya no era la misma, su sonrisa ya no era la que conocía, ya ni siquiera lo acariciaba. No lo miraba con la ternura de antaño. Como si su madre ya hubiera muerto.
Trató de dormir pero no pudo, constantes punzadas en su vientre le molestaban, a veces llegaba la fiebre haciendo más difícil la tarea de dormir.
No pudiendo conciliar el sueño encendió una velita y con ella buscó algún libro al azar, encontrando uno que le llamó la atención. Lo sacó y se dejó caer en el mismo lugar en el que estaba, abrió el libro y lo acomodó entre sus piernas abriéndola en cualquier página.
Adormilado, se restregó los ojos y comenzó a leer el libro que estaba en otro idioma, pero, estaba de más decir que ese chico era impresionantemente inteligente, y podía descifrar con facilidad lo que para cualquiera en ese palacio era imposible.
--Mmmja, mmmja, ..sénico, peligrmmm…- no tenía siquiera ganas de leer en voz alta así que no ponía mucha atención, hasta que algo le llamó la atención—En grandes dosis causa la muerte casi instantánea, es conocido como remedio para algunas enfermedades como la sífilis, sin embargo también es muy peligroso el usarlo. Se debe ser muy cuidadoso en su uso. También es utilizado como veneno, inducido en pequeñísimas cantidades puede ser diluido en los alimentos o en la comida, siendo aún más peligroso, ya que es conocido como la muerte lenta. Pasados aproximadamente cuatro meses desde la primera ingestión, comienza con pequeños dolores estomacales, vómito y empeora cuando se escupe sangre, también acarrea fiebre y debilitamiento, la víctima puede morir en menos de una año, dependiendo de su fuerza física….-
El muchacho ya no pudo leer más, se llevó una mano a la boca tratando de reprimir un pequeño grito que quiso salir de sus labios. Sus pupilas estaban dilatadas y unas lagrimitas salían de su rostro mientras su respiración se agitaba, se desmayó después de leer aquél pequeño párrafo, dejando la vela caer en el piso.
Después de sentir un inmenso sudor frío, mezclado con un intenso calor a su alrededor, no supo de si.
Un momento ¿sábanas¿una cama?.
Se levantó de repente en ese cuarto, recostado en una enorme cama con sábanas suaves y finas color rojo al igual que casi toda la habitación, que tenía adornos dorados y enormes grabados a su alrededor. Las ventanas estaban dispuestas en un lado del cuarto, eran enormes y dejaban pasar la luz del sol tenuemente, se levantó de la cama y abrió las cortinas de par en par, la luz le lastimó por unos minutos pero después se maravilló ante el hermoso recuadro que se pintó frente a él.
La ciudad que siempre veía desde una plano más alto ahora estaba un poco menos distante bañada por las estelas solares y clara, blanca. Era hermosa.
--Buenos días, hijo.-
Una voz grave lo distrajo e hizo que volteara para enfrentar al hombre que ahora se dirigía hacia él.
Su mano se dirigió al rostro del muchacho, y éste, por inercia cerró los ojos esperando algún golpe.
El hombre hizo un gesto de comprensión y posó su mano en la cabeza del chico.
--Kai, por favor, abre los ojos—le dijo el hombre.
Kai abrió los ojos lentamente para ver al hombre frente a él, y observar como una sonrisa se formaba en su rostro. Sintió un abrazo al cuál no pudo corresponder debido a lo repentino de este.
--Kai, hijo mío, no sabes lo feliz que me siento ahora. Eres como tu madre—
El chico seguía sin hablar, el hombre que estaba frente a él lo intimidaba en cierto modo, pero se tranquilizaba al ver la ternura con la que lo miraba.
--Pero si pareces un muerto, o ¿a caso no sabes hablar?- preguntó jovialmente.
--Yo, yo… no sé, eee… Disculpe pero ¿quién es usted?-
--Valla, valla, directo al grano.- sonrió- Yo soy tu abuelo, Voltaire.-
En estos momentos su mente no parecía procesar bien las palabras de aquél que decía ser su abuelo.
--Pe, pero como… si yo no.—
--Te lo explicaré después muchacho, ahora debes descansar- le indicó la cama que estaba a un lado de él-
Kai subió al enorme tálamo y se medio recostó, algo pareció hacer clic en su cabeza y preguntó rápidamente.
--¡Mi madre¿En dónde está ella¿La castigarán, No era su intención, ella solo…- se apresuró a decir-
--Veo que no eres tartamudo- sonrió de nuevo pero esta vez tristemente—De ninguna manera pensaría castigar a Askold, no a mi dulce hija. Kai es mejor que duermas… -
--¡No¿en dónde está?-
--(suspiro) Estás muy delicado, no es conveniente que te lo diga ahora-
--Por favor, dígamelo.- Se le notaba el enojo en su mirada mezclado con algo de temor ante la respuesta de su abuelo.
--Anoche sucedieron muchas cosas Kai…-
--¡Corran¡Corran todos¡Se incendia el palacio!- fueron los gritos desesperados de una muchacha que corría desesperadamente por los corredores del castillo, despertando a todos los que dormían y alertando a los que no lo hacían.
Askold vagaba por los pasillos con la mirada ida e ignorando a la muchacha que ahora le decía varias cosas mientras la sostenía de los hombros, como si tratara de hacerla reaccionar, solo entre sus palabras alcanzaba a reconocer, incendio, sótano, huyan, peligro.
Poco a poco, su mirada cobró brillo dejando atrás su estado de letargo para correr hacia la fuente del incendio dejando atrás a una chica quién luchaba por detenerla.
-¡Princesa¡Princesa no se acerque¡Ayuda por favor!-
-¡Que sucede¡deberías largarte de aquí!-
-¡Mi señor Boris¡es la princesa, se dirige hacia el fuego!- señaló la chica sumamente asustada.
-¡Maldición¡Es una estúpida¡Llama a los guardias, traten de apagar el incendio! Yo me encargaré de ella.- dicho esto corrió tras la chica
La siguió hasta llegar al sótano del palacio el cuál ya estaba cubierto en llamas, la chica derribó la puerta desesperadamente y buscó en la habitación.
Cuál no fue su sorpresa al descubrir que es lo que ella buscaba.
Cerca de unos cuantos libros estaba un muchacho, tirado en el suelo, observó a Askold acercarse al chico tomarlo entre sus brazos para así sacarlo de ahí.
Pero antes de que pudiera hacer nada una viga cayó frente a ella haciendo que soltara el cuerpo de su hijo y lastimándola a ella.
Boris corrió hacia donde estaba ella, la princesa le susurraba palabras al chico y vio que se acercaba a este. Cuando llegó a ella esta le suplicó.
--Boris, por favor, llévalo con mi padre. Él, es mi hijo, su nombre es Kai… -
No supo que decir, ante tal situación, Solo atinó a asir el cuerpo del inconsciente y tratar de moverlo para sacarlo de ahí, le extendió la mano a la joven, pero esta no aceptó su ayuda.
--Solo dile a Kai, que me perdone por lo que traté de hacer, y que jamás olvide—
Cuando dijo esto, otra viga cayó entre Boris y ella, todo se volvía más inhóspito así que el hombre optó por salir corriendo de ese lugar con un Kai inconsciente entre sus brazos.
Fin del flash Back.
La habitación se sumió en un profundo silencio. Kai solo miraba a la nada con sus temblorosos ojos, solo cayó una lágrima.
Voltaire solo le había contado lo que sucedió en el momento de su rescate pero…
--¿Mi, mi madre no dijo nada?—se aventuró a decir Kai, después de casi salir de su aturdimiento –
--Boris, dijo que tu madre te dejó en sus brazos y que después de eso le dijo que se fuera, que no tenía nada que hacer contigo. - contestó su abuelo.
--Entonces, ella ya no… me quería.-
--¿De que hablas muchacho¡por supuesto que tu madre te amaba!-
--¡Mentira¡todo es una mentira¡ella me estaba envenenado, quería matarme¡porque simplemente soy una molestia!- gritó desesperadamente ante la atónita mirada de su abuelo
--¿Qué has dicho?-
--¡Justo lo que acaba de oír!-
--Kai¿Cómo dices eso de tu madre¡De mi hija!-
--No importa lo que pase conmigo, y si quiere no me crea, que yo ni siquiera lo conozco. No se preocupe, yo me iré lo más pronto posible- hizo una ademán de levantarse de la cama pero su abuelo no se lo permitió
--De ninguna manera. .. Por el momento debes descansar, no voy a dejar que la única familia que me queda desaparezca así como así… Kai, sé que este no es el momento, pero¿En dónde está tu padre?-
--Murió. —fue su seca respuesta
--¿Hace cuanto?-
--Cuatro años-
--Eso lo explica, todavía me queda una duda ¿estuviste ahí encerrado desde que Askold regresó a palacio?- preguntó incrédulo el hombre
--Desde hace tres años- se limitó a decir neutralmente.
--Kai, hijo, tal vez ya lo sepas, sin embargo te lo insistiré. Tú eres el heredero al trono, y de ahora en adelante serás educado como tal.-
--…- El ojirojo no respondió, sin embargo lo miró incrédulo, “claro”- se dijo a si mismo-“sería tonto pensar que tienen en una habitación tan lujosa al hijo de una criada, pensó.-
--Traeré algunos médicos para que te revisen y…-
--Así que mi madre era la famosa Kold- interrumpió el chico.- Claro, creo que después de todo los aldeanos no estaban tan equivocados- sonrió lacónicamente bajando la mirada.
--Ese es un apodo que le puso la gente del pueblo, pero te aseguro que tu madre…-
--¡No me hable de ella¡No quiero saber nada de¡Era una mujer fría¡Intentó asesinar a su hijo! Quiero, quiero… olvidar- fueron sus palabras que salieron como un susurro.
El hombre mayor lo miró dolido, era obvio que algo le pasaba, y no creía que el chico tuviera alguna razón para mentirle, si era cierto lo que decía entonces…
--Te veo más tarde Kai.—
El chico no respondió, solo se quedó en esa misma posición en la cuál lo encontraron los médicos.
Continuaron revisándolo durante un tiempo, el chico comenzó a escupir sangre lo cuál confirmó las sospechas de los doctores.
Le informaron al rey del estado de su nieto, de nuevo no dijo nada, se limitó a ordenarles que le dieran el mejor trato y que trataran de desintoxicarlo.
Sin embargo al nuevo príncipe no parecía importarle nada. Y ese estado no mejoraría durante los próximos años.
-¡Aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!-
Una ágil figura recorrió los diversos obstáculos, que se ponían en su camino, una tras otra iban cayendo las monumentales puntas de acero, clavándose en el piso dejando atrás una estela de humo y rasgando su ropaje, corría ágilmente mientras unos enormes péndulos se abatían tras de él, uno a uno iban enfrentándose queriendo probar la sangre del chico, sin éxito alguno. Con movimientos exactos se elevó de entre esas filosas navajas para encontrarse con la sorpresa de cientos de delgados hilos de acero rodeándolo.
Debido a la velocidad a la que iba se enredó con algunos de ellos sin embargo no era tan descuidado, evitó que tocaran su cuello o cualquier otra parte delgada de su cuerpo. Esos diminutos ciclos se encajaban más y más en su piel al momento en el que intentaba escapar, se retorció de dolor al sentirlos traspasar su piel.
La sangre se pegaba a su ropa y unas gotas se resbalaban por cada uno de los hilos llegando hasta la tierra bajo su cuerpo.
-Calla. Sabes que si te duele es por tu estupidez.-
-¡Jamás me dijiste que instalaste esta maldita trampa!- le reclamó el muchacho enseñando sus colmillos mientras su mirada se afilaba clavándose en la del hombre bajo sus pies.
-¿Y por qué te lo tuve que haber dicho¿he? Se supone que deberías estar preparado para todo. Y ya deja de moverte-
Le dijo el hombre al observar que el muchacho se seguía torciendo entre aquella red de hilos ahora rojos.
-¡Que clase de mente retorcida pone esto en una sala de entrenamiento!- se quejó de nuevo ignorando al adulto.
-Valla, valla tenemos un gatito enredado en sus propios hilos-sonrió el muchacho que ahora se acercaba al ver la posición de su compañero.
-Cierra la boca Ivanov- murmuró entre dientes el pelinegro.
-Rei, si no bajas no comerás.- replicó el pelirrojo sonriendo como niño, abrió los ojos cuando oyó un semirugido tras de él.
-Sigue con eso Tala y no respondo a lo que te haga mi “gatito”.- ahora sonrió el otro muchacho. De pronto sintió como se aflojaban los hilos a su alrededor y bajaba rápidamente, cayendo hincado.
-Sip, los gatos siempre caen en cuatro patas.-
-¿Se puede saber que pasa con esa mugre trampa?- preguntó molesto Rei mientras se sobaba las muñecas, que era el lugar en el que había recibido más dolor.
-No te moviste muchacho, no se necesita ser un genio para deducirlo.- sonrió el hombre.
-Si, si como digas, tengo que ir a curarme.-
-El gato va a lamer sus heridas, a no, esos son los perros. -El pelirrojo se acercó a él rodeándolo con un brazo.
-¡Cállate Tala!- respondió Rei tratando de zafarse, sin embargo no lo logró ya que el otro chico lo tomó con ambos brazos y lo cargó.- ¡Que haces, maldición, bájame!- se quejó de nuevo y obteniendo los mismos resultados.- ¡Garland auxiliooooooooo! – trató de nuevo estirando los brazos hacia el hombre que solo le decía adiós de una manera muy risueña mientras el enorme tigre blanco se posaba a un lado de él ronroneando casi suplicante.
-No te preocupes Drigger solo va a curar sus heridas- acarició el muchacho moreno al tigre quién no dejó de mirarlo con súplica. - Ve por los chicos, ya es hora de cenar-
Dicho esto el felino se giró corriendo hacia la dirección opuesta.
En lugar de eso, rodeaban aquel reino, aunque también era difícil hacerlo por ese método, ya que las personas de aquel lugar los habían catalogado como bandidos, gente de la que uno se debe cuidar. Una verdadera ironía¿por qué? Bueno, eso ya viene después.
Por ahora el agonizante sol bañaba la aldea con rojizos rayos, el campo de entrenamiento se encontraba totalmente destrozado, debido al huso tan intensivo que se le había dado aquel día.
El pequeño pueblo rebozaba de vida, había gente muy diferente en ese lugar, pero no había rechazo ni nada por el estilo. Al contrario, mientras más diferente eras de los demás, era mucho más fácil empalizar con las personas.
Era caluroso y las casas también eran “amigables” por así decirlo, estaban hechas de acuerdo al clima, la mayoría eran blancas con una simple puerta de delicadas ramas de madera perfectamente cortadas en partes iguales y entrelazadas formando una especie de persiana.
Los muchachos de la aldea, bueno los que querían, eran entrenados debido a la tradición guerrera de aquel poblado. Hace siglos que no había batallas en esas tierras, así que ahora más que nada era para conservar la tradición.
Pero no todos eran entrenados para simplemente mantener costumbres, no todo el dinero del pueblo era obtenido de los cultivos.
Lo hubiera logrado de no haber sido por que su rostro fue clavado a la tierra por una mano que se apresuró a detenerlo.
-¡Que te pasa!- se levantó enojado con manchas de tierra en su rostro.
-¿Querías comer algo no, pues come tierra - fue la respuesta del chico pelirrojo a un lado de él.
-¡Talaaaa!- el moreno trató de golpearlo pero un plato repleto de comida se pasó frente a su cara evitando así que estallara en cólera.
-Y Garland salva el día de nuevo.- fue dicho por el pelinegro quién ya se había sentado a comer, tenía múltiples heridas pequeñas y una que otra venda.
-¡A comer, gritó de nuevo el chico para empezar a devorar lo que le habían puesto enfrente.
La mesa era enorme y estaba cerca del suelo, en vez de sillas tradicionales los comensales se sentaban en cómodos cojines que quedaban perfectamente a la altura de la gran mesa.
-Obye Rbei ¿qbe tbe pasó?- preguntó, errr… Es decir, trató de preguntar el moreno al muchacho frente a él. –
-Nada importante Takao- le sonrió nerviosamente mientras observaba como el muchacho seguía comiendo sin darle importancia.
-Vamos Rei que no te de pena, lo que pasa es que Garland lo sorprendió con una nueva trampa- dijo el pelirrojo
-¿Nueva trampa?- preguntó asombrado Takao mientras miraba al de cabello largo.
-Si, bueno, fue algo que se me ocurrió mientras examinaba el cabello de Drigger.- dijo despreocupadamente Garland mientras mordía una manzana.
-Mmmm, si ya decía yo que andabas muy sospechoso-refunfuñó Rei
-Bueno, pero le di buen uso a su pelaje, y, estoy seguro de que nos servirá más adelante.-
-¿He?-
-No trates de entenderlo Takao, este hombre siempre habla en acertijos.- dijo Tala.
-Por cierto Rei, te llegó un mensaje.- dijo el chico mayor.
-De…-
-Sí.- se limitó a decir
-¿Quién lo trajo?-
-Falborg-
Ante la mención de este último, el chico pelirrojo se levantó de la mesa disculpándose y saliendo de aquella casa.
-¡Auch!- gritó Garland al sentir un golpe en la cabeza por parte de Takao.- ¿Qué!-
-No debiste mencionarlo- dijo Rei mientras comía.
-Ya debería olvidarlo, el que vive de lo que pasó solo se tortura a si mismo-
-No es tan fácil, además el problema no es que lo recuerde, sino que ya lo olvidó- replicó Rei
-Bien bien, como sea, ven tengo que darte la carta- se levantó de la mesa junto con Rei pero antes de irse se giró- y cuidado con que regrese y no encuentre comida Takao.
El moreno le sonrió nerviosamente mientras detenía su ataque despiadado hacia la indefensa mesa.
Salieron de la casa y se detuvieron en la entrada, ahora era de noche. El moreno le dio un rollo de papel con un listó negro. Rei lo tomó nervioso. La abrió y se apresuró a leerla, hizo esta acción unas veces más hasta quedar seguro de lo que había leído.
-¿Y bien?- preguntó Garland
-El abuelo murió- dijo Rei mientras miraba el sello bajo la carta.
-¿Te irás?-
-No, no hasta haber cometido mi objetivo- apretó el puño con todo y carta arrugándola.
-Pero¿qué no tienes que ir a cumplir?-
-De ninguna manera, Lee entenderá. Solo espero que Mao también lo haga-
-Si crees que una muchacha escandalosa como ella entienda entonces creo que estás perdido mi querido Rei.-
-Na, ella escuchará a Lee, y será paciente.-
-Como tú digas-
-Garland, llevo esperando mucho tiempo. Y quiero cumplir mi objetivo cuanto antes.-
-Mira, el burro hablando de orejas¿Qué me dijiste acerca de la paciencia?-
-Garland-
-Rei, tenemos que esperar órdenes, por más que eso nos moleste. Y también habrá que esperar a que seas tú quien realice el trabajo.
-¿Cómo que habrá que ver si soy yo¡¿no entiendes que si no, no podré cumplir mi promesa!-
-Eso es lo que menos importa Rei, siempre he dicho que tus convicciones son absurdas, aunque sin duda fuertes. Nadie debería soportar el entrenamiento que has recibido solo por "eso".-
-Cuida tu lengua Garlan, estás hablando de mis padres.-
-Precisamente¿crees que se quedaron muy contentos al escuchar semejantes palabras de un niño de nueve años?-
-No es tu asunto-
-Por supuesto que si lo es jovencito. Y creo que tus padres no estarían tan felices de tu decisión.-
-No estoy de acuerdo contigo.-
-Por supuesto que no lo estás.-
-¿Qué no entiendes que lo hago por ellos?-
-Lo haces por ti mismo, tienes un corazón bondadoso, sin embargo hay una parte de ti que no olvida.-
-Ya me cansé de esto, mejor vamos a descansar.-
-Claro, al niño le cansa la discusión y se quiere retirar, nunca dejarás de ser un niño mimado.-
-Hay- suspiró Rei cansado- ya deja eso tengo sueño.-
-Como diga su majestad- dijo haciendo una reverencia en clara señal de burla.-
De repente cayó directo al sueño mientras un moreno de cabello azul se colgaba de su espalda cayendo encima de él.
-Te lo mereces.- le sonrió el neko mientras entraba en la casa dejando a los otros dos que ya reñían.
Subió las escaleras hasta su habitación encontrándose con Tala quién estaba recargado en el marco de la ventana, observando el cielo nocturno.
-¿Ya se te paso?-
-¿Se me pasó que?- dijo sin mirarlo
-Tala, ustedes la gente del frío tienen la mala costumbre de olvidar.-
-Hm, mira quién lo dice. El que no quiere borrar de su memoria todos esos recuerdos, eres rencoroso Rei, ese es tu defecto.-
-¿Qué haces aquí Tala?-
-Solo venía a platicar, pero veo que no estás de humor.- lo miró desde su posición haciendo la seña de irse.
-No.. .espera. – le detuvo Rei sentándose en su cama mientras Tala se recargaba en la pared cerca de la cama.
-Me avisaron que el abuelo ha muerto-
-Lo siento-
-No tienes por qué sentirlo, ahora el abuelo está mejor que cuando estaba vivo.-
-¿Eso era todo?-
-Si, pero no pienso regresar, no ahora.-
-Me enteré de que los mercaderes vienen en camino-
-¡Como lo sabes!- le preguntó emocionado el chico
-Los ví, vienen por la vereda, de seguro llegan mañana por la tarde.-
-¿Y como, si se puede saber llegaste tan rápido, si se supone que los viste?-
-(sonrisa) Secreto. Ya es hora de dormir.-
Dijo aventándole una almohada en la cara al chico quién cayó de nuevo en su cama con varias plumas en el cabello mientras le sonreía a su amigo.
-Tala.- dijo mientras le invitaba a sentarse a su lado. El pelirrojo aceptó la invitación y se recargó en sus codos cerrando los ojos.
-Lo sé, lo sé. No debo preocuparme. Es solo que lo extraño, por eso me es más fácil no recordarlo.-
-Pero sabes que está bien.- sonrió
-Si-
-¡Ah¡Lo tengo!. Dijo emocionado el más chico. Tala lo miró de reojo esperando la respuesta a tan repentina exclamación.- ¡Utilizaste a Falborg!.- dijo sonriente Rei mientras sus colmillos se asomaban y señalaba con un dedo.- por eso llegaste tan rápido.
Tala le devolvió la sonrisa, un tanto cansada, a lo cuál Rei se dio cuenta. Interpretándolo como agotamiento y recargó su cabeza en el vientre del ojiazul haciendo que se recostaran en forma mas o menos de L y así quedaron dormidos.
El calor era sofocante así que no se preocuparon por cobijarse.
-No puedes venir-
-¡Por favor¡Te lo suplico!- gritó el niño agarrándose de sus ropajes, con lágrimas en los ojos.
-¡Entiende! Este ya no es tu problema-
-¡Si lo es!- se aferró más a él.
-No sabes lo que dices, ahora te necesitan aquí.-
-Me necesitarán más cuando regrese, cuando haya vengado a mis padres.- lo miró decididamente a los ojos mostrando firmeza en sus palabras.
-Eres un niño, no soportarás los entrenamientos-
-¡Si los niños de tu aldea lo soportan yo también lo haré!-
-Es diferente tu no… bueno esque tu eres (suspiro) ahhh¿Bueno me entiendes?-
-No, la verdad no te entiendo y no veo la razón por la cuál no puedas llevarme contigo-
-Tu abuelo me mataría si lo hago-
-Yo me encargo de mi abuelo, él, no me detendrá si yo se lo pido.- desvió sus ojos hacia la gran puerta que estaba a un lado de él.
-Eres imposible- se resignó a decir-
-Te tendrás que acostumbrar a mi- le sonrió el niño con rastros de lágrimas en los ojos, mientras eran limpiadas con el ropaje del muchacho más grande.
End Dream
-Abuelo- dijo mientras unas pequeñas lágrimas se resbalaban por sus ojos miel.
-¿Rei?- se levantó Tala dejando que la cabeza del neko descansara en su vientre mientras dejaba escapar unas silenciosas lágrimas. – Valla, ya me estaba preocupando por ti, pensé que tu corazón se estaba endureciendo.- lo miró tiernamente
-Hace años que no soñaba con eso. ¿Por qué precisamente ahora?-
-Acabas de recibir esa mala noticia¿no crees que tenga que ver con eso?-
-Si, debe serlo.-
-Aunque, también me preocupan tus lágrimas-
-Tala¿quién te entiende?- se levantó Rei mirando a Tala con una leve sonrisa
-Esas lágrimas no deberían existir ya en ti.- dijo limpiando delicadamente las gotas saladas.
-Lo sé, debo dejar de sentir tristeza, odio o alegría-
-Incluso… amor- agregó Tala levantándole el rostro para que lo mirara directamente- Créeme Rei, necesitas hacerte ese firme propósito si quieres cumplir.
-Si, ya no te preocupes¡a dormir!-
-Estas pero si bien zafado. Ya es hora de despertarnos-
-¡Todavía es de noche¡mira!- señaló la ventana y efectivamente el solo todavía no había salido.
-Rei Kon¿cuántos años llevas levantándote a estas horas?-
-Ese no es el punto, cuando me levanto todavía estoy dormido y todo lo hago por inercia- se defendió el chico
-Sin co-men-ta-rios anda, necesitamos preparar la sala. Takao ya debe estar ahí con los demás.-
-Vamos Rei, tu puedes hacer más- incitó el muchacho frente a Rei.-
-Oh, por supuesto que puedo hacer mucho más-
Los dos se movían mucho más rápido interrumpiendo la pelea de los demás mientras iban avanzando y manchando a los demás de lodo, porque cabe decirlo, las comodidades no eran muy indispensables. Con el rostro todo manchado se quejaban, aunque poco parecía importarles a los muchachos que los habían ensuciado.
-¡Mystel¡Cuidado!- gritó Rei mientras se agachaba.-
-¡Ja! No me engañas gato… que!- varias bolas de lodo chocaron en su cuerpo mientras Rei se cubría con el cuerpo de este usándolo como escudo.- ¡Suéltame!-
Cuando el ataque cesó, Mystel estaba cubierto de pies a cabeza con barro mientras sus compañeros disfrutaban de su venganza “a medias” recuerden que todavía les faltaba uno más.
-¡Alto¡Rei, Mystel¿¡que se supone que hacen!-
Los dos chicos ahora lo miraban nerviosos al ver todo el desastre que hicieron en aquella¿sala de entrenamiento? bueno, lo que solía ser una sala de entrenamiento.
-¡Limpien este chiquero¡Ahora!- dijo a l ver que ninguno de los dos se movía, para después de que hubo gritado los dos se ponían a recoger todos los instrumentos que había a su paso.
-¡Aquí, aquí¡Ya están aquí!- gritaba un muchacho moreno quién se dirigía a toda prisa montado en un tigre blanco.
Al oír esto los muchachos se dirigieron al pueblo, a recibir a sus ocasionales visitantes.
-A no, ustedes se quedan aquí- dijo Garland mientras ponía una mano frente a los dos que estaban presurosos por irse.
-Pero, pero..-
-Nada, ahora ustedes quiero que por lo menos las trampas estén bien arregladas, hasta ese momento, mientras tanto no podrán ir a la aldea.-
-Aaaaaa- se quejó Rei como niño pequeño al que no le habían cumplido un berrinche.-
-Pero...-
-Nada.-
-Esque...-
-Shhhh-
-Las cosas...-
-Callate-
-están pesadas y...-
-¿Que no entiendes cuando una persona quiere que te calles!- le gritó el mayor a Mystel quién estaba no más frustrado que Rei.-
-¡Hay ya, mientras más pronto empezemos más rápido terminamos- dijo Rei mientras de iba al primer lugar del siniestro.
Garland los miró frustrado y se dirigío hacia el lugar donde los otros chicos se habían ido.
Las mujeres se probaban telas y vestidos, joyas o utensilios para el hogar, también llevaban animales domésticos o ganaderos, o bestias pero esas no eran compradas en aldeas como la de ellos. Más bien eran exóticos y las llevaban a vender a otro lugar, donde las conservaban como mascotas o simplemente por capricho. Y ese lugar estaba a unos días de camino del pueblo.
Muchas personas también llegaban con objetos para vendérselos ya que si no los usaban era mejor conseguir algo de dinero para ellas.
También había malabaristas y payasos que eran los que diverían a muchaedumbre de gente que se reunía a verlos. Tragafuegos y trapecistas, había en particular unos chicos bastante buenos, sus movimientos eran exactamente iguales, cada una de las acrobacias que hacían eran perfectas, hasta su manera de agradecer al público era idéntica.
Cuando el público fue despedido por los chicos, estos se quitaron la acostumbrada máscara que solían usar los juglares para dejar ver el mismo rostro, un chico y una chica, idénticos. Gemelos, y bien, si podían hacer los mismos movimientos¿por qué no tener el mirmo rostro?.
-Espectacular- aplaudió el pelirrojo mientras los chicos lo volteaban a ver y le hicieron una reverenfcia en forma de agradecimiento.
-Estamos..-
-Para...-
-Servirles..- dijeron alternamente los muchachos, valla hasta en su vocabulario eran coordinados.
-Vengan, Garland ya los espera.
Dicho esto los chicos siguieron a Tala hasta la tienda de uno de las casas de campaña más grandes de todo el pueblo. Era púrpura con alfombra, y varios colguijes en todo el interior. Olía a incienso que era lo que acostumbraban a usar algunos gitanos para crear una aura mística en ella, ya que si no se daban ese lujo ahora, seguramente no lo harían en la otra vida.
Dentro de ella estaba un muchacho moreno hablando con otro rubio de ojos azules, quién reía animadamente ante algún comentario de su acompañante. Los chicos entraron tomando asiento en varios de los cogines que estaban dispuestos en el suelo alfombrado, había unas copas de vino así que se sirvieron bien de ellas.
-Disfrútenlo muchachos- dijo el rubio- lo traemos directamente desde los bacales, y créanme conseguirlo de esa gente tan pendenciosa no es nada fácil.- aseguró con una sonrisa en el rostro.
-Ya que están todos, dinos que pasa con el plazo.- preguntó Garland mas serio de lo que hace unos minutos estaba.
-Falta uno ¿no crees?-
-No, ahora comienza- lo miró decidido.
-Chicos, saben para qué están aquí- los tres asintieron.- Bien- posigió el rubio- ya es tiempo, he mandado aRaúl y aJulia para que lo investiguen, lo hicieron muy bien, nadie sospecharía de unos bufones como ellos, sin ofender- corrigió al ver las caras molestas de ellos- son escurridizos y nadie notó su prescencia.
-No te pregunté como le hiciste, pregunto que si ya es hora-
-Si- dijo sin más rodeos- Hace poco mandó una tropa para que "limpiara" las calles de la ciudad, los papeles ya estaban firmados por él, y lo confirmamos tres días después. Es una guerra sucia la que se ha formado en su torno, y el muy imbécil está como si nada, es una persona despreciable.- dijo entre dientes - No se conforma con arruinar a su país, sino que tambén a sus vecinos, es un milagro que no haya tocado esta aldea.
Se formó un silencio incómodo en la sala, para ser roto por Tala.
-En ese caso no sé por qué demonios esperamos seis años, debimos haberlo aniquilado en el momento en que supimos del reino de Han.- miró fríamente a Garland.
Este no se inmutó ante aquella helada mirada que tanto distinguía al ojiazul, le retuvo la mirada, un tanto decepcionado miró al suelo para cerrar los ojos y respirar profundamente antes de decir las últimas palabras.
-Hay que matarlo.- dijo con dolor en sus palabras que quisiera jamás haber pronunciado.
-Eso era todo lo que quería saber- se paró el rubio- Julia, Raulustedes irán, no llevarán escolta ni nada parecido, no queremos que el emperador sospeche, bien saben como será su entrada y cuando hayan acabado el trabajo se retirarán...-
-¡Por qué ellos!- gritó indignado Tala ante la completa indiferencia con que lo hacían a un lado.
-Ya está decidido- dijo firmemente Garland.-
-¡No es justo, nisiquiera hemos medido nuestras habilidades!-
-¡Tala, ya está decidido- gritó el moreno- Obedece.
El pelirrojo salió indignado de aquella carpa con mirada sumamente furiosa.
-Déjalo, ya lo entenderá-
-Tu también cierra el picoOzu yo tambien estoy igual de indignado que Tala- siseó Garland con cara de pocos amigos.-
-Raúl,Julia,fuera- al decir esto los gemelos abandonaron la sala para dejarlos solos, como al principio.
-No entiendo para qué rayos vienes si no es para solo decirnos que decidiste mandar a tus alumnos¡para eso hubieras mandado un mensajero, una carta, algo¡solo nos quitas tiempo!-
-Calma, calma- dijo sin darle mucha importancia- todavía no has escuchado mis razones.-
-Espero que sean buenas-
-Te lo diré si me dices por qué Rei no estuvo en esta habitación-
-Rei no está preparado aún, mejor dicho, jamás lo estará-
-Valla pero qué explicación tan desastroza.- se burlóOzu- En fin no dudo de las habilidades de Tala, tampoco quiero menospreciarlas, pensaba desde un principio poner a esos cuatro a prueba, y el que resultara el mejor iba a ser el elegido. Pero descartamos al pelirrojo en el momento en que encontramos a cierta personita en palacio imperial- al oir esto Garland pareció poner más atención a las palabras del rubio- Creo que de nada hubiera servido el entrenamiento que le diste, hubiera muerto en menos de un día.
-Me insultas Ozu
-Lo sé, lo sé, pero no hubiera sido tu culpa, ahora Bryan no es el que conocimos-
-¿Bryan¿están en palacio?-
-¡Bingo! mi estimado Garland.-
-Ya veo, pero¿como está?-
-Bien físicamente si es a lo que te refieres.-
-Me estás respondiendo a medias-
-Como ya dije ya no es el mismo, necesitas verlo por ti mismo para que puedas confirmar lo que te digo-
Garland se dirigió a la salida de la campaña pero lo detuvo la voz de Ozu
-¿Ya te vas¿no me vas a comprar nada?-
-No le digas nada a Tala-
Y con esto salió del lugar.
En fin, gracias por los reviews, no pienso escribir mucho ya que me canso --u, XD pa la próxima les contesto jajajajajaj, ¬¬ no me odien por eso. Que quieren que diga soy la flojera andando
Todo lo qu existe merece perecer