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Author of 8 Stories |
Aclaración de puntos:
1. -Las acotaciones son estas
"Lo que el personaje piensa"
Hablando el personaje
(Cuando yo interfiero)
_ Cambio de escenario _
2. – Ningún personaje de Beyblade ni la idea original es mío, todo es de su creador Takao Aoki solamente el personaje de Aiko es de mi invención (más o menos), al igual que la trama de este fic
3.- Este va a ser un fic clasificación R, no porque haya mucho lemon pero si un poquito, además no me gustaría alguna demanda por alguien que no aguantó, así que si lo leen es bajo su propio riesgo, y no me manden reporte, se siente bien feo que te eliminen tu fic
4.- Aquí hay yaoi así que los que son homo fóbicos ya están advertidos de antemano
5. – Aunque sea un poco de Kai/Ray, voy a tener una nueva pareja :D
EPÍLOGO
El sonido de grillos sonaba por el lugar, siendo lo único que rompía la paz y quietud, hacía un ligero viento de verano, el lugar estaba completamente rodeado de árboles, la luna estaba llena y radiante logrando que con eso el lugar se iluminara completamente, sin embargo, el que estuviera tan tupido de tanta vegetación hacía necesitar de una linterna para poder caminar por ahí.
El lugar era parecido a un bosque, frondoso, lleno de vida, animales nocturnos salían a conseguir su comida merodeando de forma sigilosa y rápida, mientras el resto de los animales dormían para recargar energías y, cuando el astro rey se asomara de nueva cuenta en la mañana, ellos se despertarían con él dispuestos a iniciar con sus actividades diarias y a disfrutar del nuevo día.
Pero en esos momentos ellos no estaban alertas, estaban quietos, sigilosos, en medio de la noche, era un lugar vacío, parecía que no había nada cerca de ahí, ni un alma, si te adentrabas a aquél bosque era seguro que jamás saldrías y morirías en medio de la nada, inclusive era más que probable que nunca encontraran tu cuerpo aún si un numeroso equipo de búsqueda intentaban encontrarte.
El ambiente era normal para cualquier bosque, silencioso, uno que otro ululeo por parte de los búhos, el sonido de las plantas al ser movidas por el viento, sin embargo, el sonido de una rama al romperse fue lo que interrumpió aquella quietud. Si se ponía un poco más de atención, se uno se podía percatar el sonido del crujir de algunas plantas y arbustos, como si alguien estuviera atravesando por aquél lugar.
A pesar de la negrura del bosque, se podían notar dos formas más oscuras, una más alta y fornida que la otra por lo que se podía notar, pero sin ser mucha la diferencia, apenas leve. Sus movimientos era cuidadosos y sigilosos y las sombras los rodeaban permitiéndoles confundirse con el medio; ni siquiera los animales se habían percatado de que un par de extraños irrumpían en su hogar, era como si fueran una extensión de ella, como fantasmas en medio de la noche.
No decían palabra alguna, era como si estuvieran conectados con el pensamiento, se movían al unísono. Caminaban como si conocieran aquél lugar, como si fueran dueños de ella, seguramente con un objetivo bastante claro en mente, pero, ¿Qué podrían estar buscando en medio de la nada? Movían las ramas con delicadeza como si temieran romperlas, o tal vez era para que nadie se diera cuenta de su presencia.
En medio de la oscuridad, un haz de luz comenzó a filtrarse, no era la luz de la luna que se mantenía en lo alto, ésta era una luz artificial que proveía de algún punto, esto alertó a aquellas personas, probablemente y con suerte sería lo que estaban buscando, sin más comenzaron a correr hasta dónde se emanaba aquella iluminación sin dejar de lado su sigilo tan antinatural.
Corrieron cerca de diez minutos, al parecer se encontraba más lejos de lo que creían, pero conforme se iban acercando era obvio que estaban próximos al objetivo de su búsqueda, sus respiraciones comenzaban a ser agitadas, pero no podían darse el lujo de amainar su carrera. De pronto, en medio de todo, justo en el corazón del bosque, al fin se pudo divisar: un enorme edificio rodeado de una cerca.
Al estar relativamente cerca, se escondieron entre la maleza, no por miedo, sino por precaución si es que querían tener éxito y contar con el elemento sorpresa, aguardaron y vigilaron, el área era demasiado grande, cada uno sacó unos binoculares y se dispusieron a observar más detalladamente la situación, no había más que dos guardas en la entrada principal del enrejado, seguramente no esperaban que nadie les encontrara en medio de la nada y los vigilantes eran un extra nada más.
El lugar estaba bastante iluminado pero en cuando uno se empezaba a alejar de ahí no había más que negrura, estaban muy bien ocultos, era de un solo piso, seguramente no requerían de más, el color negro de la pintura los ayudaba a difundirse entre el ambiente, simplemente no había dudas, era lo que habían buscado durante tanto tiempo, al fin habían localizado a su objetivo.
Localizaron las cámaras que estaban ahí, una en la entrada y una en cada esquina, haciendo el total de cinco, todas podían girar 360 grados, uno de ellos chasqueo la lengua, aunque no se podía saber si era por frustración o porque era un insulto a su persona. Se levantaron a la par y corrieron nuevamente con sigilo, siempre entre las sombras, pero sin hacer el menor ruido.
Cuando estuvieron a menos de diez metros se detuvieron en seco y se ocultaron cada uno tras el tronco de un enorme árbol, estaban justo dónde terminaba el bosque y daba paso al claro, levantaron sus chaquetillas y sacaron del cinturón un par de armas, las cargaron con rapidez y precisión, se miraron y asintieron al mismo tiempo, era hora de dar inicio al show.
El más bajo fue el primero en salir, era tan ágil y rápido como un chita, apenas si les dio tiempo a los guardias para saber que alguien se aproximaba, en su desesperación éstos dispararon sin fijar bien el objetivo, las balas iban cayendo a su izquierda y derecha por igual, dos le rozaron, una en la pierna y otra en su hombro, pero ni esto iba a hacer que parara su carrera.
Levantó sus manos hasta que tuvieron una posición horizontal y en paralelo entre ellas, entrecerró sus ojos y disparó, dos tiros certeros en la cabeza de cada uno, sonrió con satisfacción pero no paró su marcha, podía escuchar a su compañero atrás siguiéndole bastante cerca, pero sin llegar a igualarle, mientras él se encargaba de los guardias el otro disparó a las cámaras de enfrente logrando así que el sistema de seguridad no se activara, al menos por el momento.
Cuando llegaron hasta la entrada principal se detuvieron a recuperar un poco el aliento y acompasar sus respiraciones mientras analizaban el cómo entrar, era obvio que aquella reja estaba electrificada, se veía desde lejos, además de que si uno prestaba suficiente atención se notaba un ligero zumbido producto de la energía al pasar por el cable, se escuchó otro chasquear de la lengua.
El más alto se notaba que era muy impaciente y literalmente quería tirar la bendita puerta a patadas, aunque claro no era estúpido, si lo hacía era seguro que el daño solamente iba a ser hacia su persona y nada más; mientras él hacía muecas de disgusto el otro examinó un poco las cosas, debía haber alguna forma de ingresar, o de salir; de pronto lo vio, entre un arbusto había una pequeña caja que era el origen del ruido que comenzaba a ser molesto.
Mostrando una sonrisa un tanto macabra y llena de satisfacción, apuntó y disparó sin ningún signo de duda, la fase uno se había completado. El otro tomó una rama de por ahí, mientras opinaba silenciosamente que su acompañante se había excedido un poco en su diversión al dispararle a la fuente de poder, pero simplemente le dejó ser, lanzó la vara directamente para la reja comprobando que ya no representaba ningún inconveniente, así que sin más la abrió de par en par.
No hubo ruido alguno que los delataran, por el momento, pero era simplemente cuestión de tiempo para que se percataran de que algo extraño estaba pasando, al llegar a la puerta principal notaron que estaba cerrada por un sistema de lectura de tarjeta, muy poco eficiente pensaron al mismo tiempo, el más bajo sacó una tarjeta que había quitado precisamente momentos antes a una de sus víctimas.
Al deslizarla por la ranura correspondiente se produjo un sonido de un bip para después comenzar a abrirse lentamente, una ráfaga de viento fresco les recibió al igual que una gran luminosidad pero ningún guardia a la vista, eso les daba mala espina, estaba siendo muy fácil, demasiado; cada uno asió fuertemente sus armas en sus manos y emprendieron la carrera hacia su objetivo real.
En el camino se encontraron con varios guardias, al menos ya empezaba a ser algo más normal y divertido, disparaban a todos con gran certeza dejándolos muertos de un solo disparo, ni siquiera les daban tiempo para alertar al resto, puertas abrían puertas cerraban, no estaban seguros de dónde estaba lo que buscaban, pero tarde que temprano darían con él, y si no en último recurso volarían el lugar completo.
Puestas que no dirigían a ningún lado, otras que daban a habitaciones que parecía que no se habían usado en un buen tiempo, otras que daban la sorpresa que se encontraban con unos vigilantes distraídos, otros que daban a laboratorios bien iluminados pero sin nadie adentro o bien, con uno que otro científico haciendo algún tipo de investigación o experimento, todos iban cayendo ante sus disparos tan certeros.
Cada vez estaban más adentro, y cada vez los oponentes eran en mayor cantidad, seguramente se estarían acercando; entraron a una habitación dónde había cerca de veinte guardias todos armados vigilando una sola puerta, el instinto les dijo que ahí era, que ese era el lugar. Golpes y disparos se escucharon por el recinto, seguramente aquellas puertas debían ser a prueba de ruidos o ya alguien habría avisado de todo el alboroto.
Tardaron alrededor de cinco minutos que realmente se sintieron como una eternidad, una vez terminado se detuvieron unos segundos para calmar su respiración, soltaron los cartuchos vacíos y pusieron nuevos, miraron la dichosa puerta que aquellos protegían el más bajo tomó la tarjeta que traía eh intentó ingresar, pero fue inútil, no funcionó, tomo la de alguien muerto y repitió el proceso obteniendo el mismo resultado.
Chasqueó la lengua en señal de disgusto, iba a sugerir algo pero, antes de que algún sonido saliera de su boca, pudo notar el estruendo del arma de su acompañante, cuyo cañón estaba dirigido hacia el sistema de seguridad, ahora estropeado, rió socarronamente ante la falta de paciencia del otro eh inmediatamente volvió a su seriedad y, en un acuerdo silencioso, ingresaron los dos al mismo tiempo
La puerta se comenzó a abrir lentamente, se pusieron en pose de defensa/combate esperando el cálido recibimiento mientras un ligero vapor salía por dónde pensaban ingresar, sin embargo aquél evento nunca sucedió, simplemente no había ninguna vigilancia ahí dentro, seguramente no pensaban que alguien pudiera llegar hasta ese nivel, pagarían caro su confianza.
Apenas entraron se escondieron de nueva cuenta en las sombras, no es que alguien los fuera a ver y se arruinaran sus planes, aunque parecía que eso no iba a pasar ya que ahí dentro se encontraban alrededor de una docena de sujetos vestidos todos con batas blancas y la mayoría con lentes, algunos eran algo mayores de edad mientras que otros se veían inclusive más chicos que ellos; ninguno parecía prestar atención a su entorno, estaban inmersos en sus estúpidos experimentos.
Miraron el lugar para saber cómo era su ambiente, un computador enorme que ocupaba una pared entera en dónde se encontraban unos tres tipos haciendo cálculos al parecer, frente a la puerta de acceso había una serie de tubos y cilindros con algún líquido entre azul y verde, estaban acomodados en dos hileras en paralelo creando una especie de pasillo entre ellos, en total eran alrededor de diez.
La imagen de aquellas cosas hizo que el más chico se estremeciera ligeramente y de manera imperceptible, tanto que ni su acompañante lo notó. Debajo de cada cilindro, en su base, se emitía una luz amarillenta, dándole al lugar un toque algo tétrico, dos científicos veían un cilindro como corroborando su perfecto funcionamiento, otros dos estaban en una mesa más allá de ese pasillo mirando algo por un microscopio, mientras otro parecía que hacía mezclas químicas.
Lo que les llamó un poco la atención fue el último grupo de científicos que rodeaban un cilindro en particular, con aparente fascinación, desde dónde estaban no podían saber qué era, el ángulo no se los permitía, decidieron dejar esa preocupación de lado por el momento, en esos instantes había algo importante que tenían que hacer y no debían desviarse.
Al fondo de aquella enorme habitación se encontraba un enorme escritorio con una silla tras de él y, detrás de ésta, una pantalla sumamente grande que se combinaba con lo que parecía ser una computadora muy avanzada y un sistema de vigilancia que parecía que no era del todo eficiente, en vista de su reciente ingreso al lugar, deberían pensar en cambiar de sistema, cavilaron.
De un momento a otro unos pasos se comenzaron a escuchar a lo lejos ocasionando que todos esos fantasmas centraran su atención ante quien quiera que venían, no sabían exactamente de dónde provenía el sonido hasta que notaron cómo alguien comenzaba a aparecer de entre las sombras, junto a aquella pantalla grande, por un pasillo que estaba muy bien oculto.
La luz comenzó a iluminar al recién llegado comenzando por sus pies, mostrando unos zapatos negros bien lustrados, un pantalón del mismo tono y, prontamente, cuando la luz llegó a sus rodillas, se comenzó a ver una gabardina de un tono verde militar; se dieron cuenta de que comenzaban a sentirse ansiosos, pero debían permanecer serenos, debían corroborarlo primero.
Ahora podían ver el tórax, no les decía mucho, necesitaban ver mucho más y, como si pareciera que oyera sus deseos, al fin la luz le llegó al rostro; el corazón de los infiltrados dio un vuelco involuntario, ahí estaba, a su entera disposición, y él ni siquiera lo sabía, estaba más acabado eso era seguro, pero no cabía dudas, era él, cómo podría alguien olvidar aquella sonrisa maquiavélica, aquél aire de superioridad, aquella máscara que vestía y aquél cabello morado, al fin lo habían encontrado: Boris Balkov.
Sonrieron, era una sonrisa de satisfacción y emoción, notaron cómo todos los tipos comenzaron a rodearle, como si de un dios se tratase, de seguro eso sería para ellos, sin saber ellos sabían lo que en realidad era: un demonio; la algarabía se hizo, pareciera que lo esperaban desde hace rato, el más grande chasqueo la lengua, en señal de aburrimiento y de que sentía que aquella reacción era una completa estupidez.
Miró a su acompañante que sujetaba su arma con fuerza al grado que sus nudillos se volvieron blancos, emitió una pequeña sonrisa de mofa, la mirada de odio y desprecio le resultaba divertida y sexy, demasiado, movió la cabeza de un lado al otro intentando olvidarse de aquellas imágenes que comenzaron a aglomerase en su mente, ya al rato volvería a retomarlas.
Tocó el hombro del más bajo para llamar su atención ocasionando un leve salto por parte del aludido ante el hecho de haber sido sacado abruptamente de sus pensamientos, se miraron durante unos segundos a los ojos y después asintieron los dos, era el momento; voltearon ambos su vista hasta dónde estaban aquellos hombres vestidos con batas blancas notando cómo hablaban algo con el pelimorado y, al unísono, salieron al encuentro de ellos.
Corrían a lo más que sus piernas les daba, tomaron sus armas y las colocaron detrás del cinto, guardándola, al mismo tiempo que sacaban otra que ahí tenían, lo harían a la forma antigua; sacaron un pequeño objeto que estaba en un estuche negro colgado en sus cintos a un costado y lo empotraron en aquella arma tan particular – ya que si parecía de verdad la forma en cómo estaba la mira, tan amplia, hacía denotar que no lo era.
El más alto apuntó a su izquierda y el más chico a la derecha, se dirigieron hasta aquél puente hecho por los cilindros y, al tenerlos cada uno a su lado, dispararon, el sonido de cristal romperse no se hizo esperar, ocasionando que aquellos sujetos se alarmaran y voltearan a ver a dónde ellos estaban, ambos sonrieron con superioridad y malicia, en esta ocasión se divertirían un poco más.
Aquellos objetos que habían "disparado" iban y venían por todo el lugar, destruyendo todo cuanto sus dueños querían, el sonido era bastante peculiar, algo con lo que el pelimorado estaba sumamente familiarizado, era el sonido de beyblades surcando el aire; sonrió altivamente, sabía que aquello iba a suceder tarde que temprano y se sintió feliz al saber que no se había equivocado.
Los dos infiltrados llegaron hasta dónde estaban los hombres de blanco y, apenas estuvieron lo suficientemente cerca de ellos, comenzaron a golpear; al mismo tiempo se podía escuchar las órdenes de ellos "Falborg ataca", "Wolborg derríbalo" era lo que se podía distinguir de entre toda la algarabía. Sin siquiera notarlo el hombre con antifaz se fue caminando lentamente hasta colocarse detrás de su escritorio, disfrutando de aquello como si de un espectáculo se tratase.
Mientras, los otros dos derribaban a los tipos uno por uno, huesos de cuellos al romperse, gritos de dolor, cristales rotos, máquinas echando chispas al ser destruidos y aquellas sonrisas desquiciadas y divertidas ante lo que ocasionaban, todo un cuadro. El evento, a pesar de que se sintió como media hora, no tomó arriba de cinco minutos, al tiempo que ellos finalizaron con sus oponentes, los blades volvieron a sus manos y ellos los recibieron con satisfacción por sus resultados.
Quedaron dándole la espalda a su principal objetivo, no importaba realmente si no lo veían, se conocían lo suficientemente bien como para saber cómo actuarían, cualquiera de ellos; se escuchó la risa estridente del último oponente, parecía que disfrutaba de la situación, lentamente los dos intrusos fueron volteándose para encararle, sus miradas eran frías y carentes de sentimientos, tal como les había enseñado, se vieron mutuamente durante un tiempo.
Los infiltrados, al cabo de unos momentos, comenzaron a caminar lentamente hasta dónde se encontraba Balkov, sin quitarle la vista de encima, al tiempo que preparaban de nueva cuenta sus blades, sabían que era el momento, sabían que no había vuelta atrás, sabían que todo aquello terminaría ahora, de una vez por todas, lo sabían perfectamente bien, la sonrisa del pelimorado se ensanchó más.
- Vaya, vaya – al fin habló el hombre – Pero ¿qué tenemos aquí? – No recibió respuesta alguna – Oh, vamos – alentó – después de años de no vernos ¿no van a darme ni siquiera un saludo? – notó como ambos chicos apuntaron hacia él – Chicos – dijo a forma de calmarlos - No es posible que no quieran siquiera saludarme, a mí, que fui casi un padre para ustedes – se mofó
- Cierra el pico Balkov – habló con acidez el más alto
- No, no – chasqueó la lengua en señal de negación – Muy mal Bryan, no debes hablarle así a tu maestro
- Te hablo como se me dé la gana, ¿o es que no te acuerdas? – Sonrió con malicia – Tú mismo nos lo enseñaste, a no tener respeto ni piedad por nadie….maestro – arrastró la última palabra cargada con odio
- Al menos sé que mis enseñanzas sirvieron para algo – rió maléficamente – Pero lamentablemente ustedes no fueron el ser perfecto, fallé, debo admitirlo, pero verán, echando a perder se aprende – comenzó a caminar de un lado al otro ante la vista de los otros dos – Y yo aprendí mucho con ustedes, comprendí que no debía tomar a tomar niñatos huérfanos, sin nadie que los reclame ni nadie quien les hubiera enseñado el amor, no, aunque nunca nadie les hubiera brindado una mano o un abrazo de cariño, estaba en sus genes el desarrollar sentimientos, por eso siempre todo me salió mal ¿comprenden? – preguntó al aire – Tu estuviste muy cerca de ser un arma perfecta Ivanov, pero ¡no!, tuviste que desarrollar sentimientos por culpa de ese estúpido de Tyson Granger, él arruinó todo; aun así podía remediarlo, y estuve a punto de hacerlo, pero no sé qué salió mal – se detuvo un instante y puso su mano izquierda tocando su mentón mientras pensaba – Cuando los envié a aniquilar aquella familia algo hizo corto circuito en ti, como si algún cable se hubiera soltado, nunca supe qué fue lo que activó aquella falla, dime ¿qué fue? – volteó a ver al aludido sin embargo lo único que recibió por respuesta fue una mirada llena de odio y coraje, sin embargo el pelimorado fingió no haberlo notado – Oh, bueno, realmente no importa porque ¿saben? Después de lo que hicieron, después de que me arrestaran y me mandaran a la cárcel, fui pensando, sí, tuve mucho tiempo para pensar en cómo solucionar aquél defecto, hice varias conjeturas pero ninguna me era lo suficientemente elocuente, sin embargo un día la respuesta me vino, era perfecto, ahora el detalle era crearlo, no podía estando en la cárcel, así que haciendo uso de mi inteligencia logré escaparme, la verdad no fue muy difícil en vista de lo idiotas que eran los guardias, me hubiera gustado tener algún reto – rió por lo bajo – pero bueno. Cuando me escapé pensé dónde podría llevar a cabo mi invento y de pronto recordé éste viejo lugar, era parte de Viobolt también, por suerte nunca estuvo como parte del inventario de ellos, sino seguro que lo hubieran cerrado como todo lo demás, pero la suerte estuvo de mi lado. Cuando llegué todo estaba en perfecto orden, fue muy fácil reclutar algunos científicos, todos querían ser parte de éste experimento, el arma perfecta, algo por lo que cualquier país pagaría y en definitiva quería que fuera mía la gloria de haberlo logrado, y ¿qué creen? Después de un largo camino lo conseguí – se escucharon unos débiles pasos húmedos – supe que el error había sido que ustedes ya habían nacido para cuando inicié el proceso – lentamente se acercaban a los infiltrados – así que lo que hice fue que comencé desde mucho antes, cuando apenas estaban en el proceso de formación – los pasos se detuvieron a un metro de dónde estaban pero ellos no se movieron ni un milímetro – Y lo conseguí, al final lo conseguí, el arma perfecta, un chico sin sentimientos, solamente vive para matar y recibir órdenes, digan hola a su hermano, el experimento C1575, saluden a mi creación – soltó una risa estridente al tiempo que sus invitados se daban vuelta para encarar al recién llegado.
Frente a ellos se encontraba un chico con tez blanca, tal como la de ellos, su cabello era rojo como el fuego como la de Tala, sin embargo sus ojos eran de un color lavanda como las de Bryan, se veía de alrededor de catorce o quince años, más probablemente quince, justo como cuando ellos terminaron con su pesadilla, pero a diferencia de los Demolition Boys, éste chico no tenía en absoluto alma, se le notaba en los ojos, aunque ellos tampoco la tenían si debían admitirlo.
El chico estaba completamente desnudo, con un lanzador en su mano derecha y un blade en su izquierda, parecía que no tenía siquiera vergüenza, no había nada, era un recipiente vacío; los rusos le apuntaron con sus blades más que nada por precaución, acorde a lo que les había dicho el loco ese, él no atacaría a menos que se lo ordenase, y todavía no lo había hecho, la risa estridente del pelimorado resonaba por el lugar, el mayor gruñó un poco en señal de fastidio.
- Muy bien – calló su risa – entonces ¿qué les parece si comenzamos con éste hermoso encuentro familiar? – Sonrió maléficamente – experimento C1575…. Aniquílalos – la última palabra la arrastró como saboreándola
El aludido comenzó a correr rápidamente para atacar a los dos intrusos, ante esto el más grande se colocó frente al otro para protegerlo, recibiendo una certera patada en su antebrazo derecho con el cuál se cubrió, en un rápido movimiento disparó su blade y ordenó a Falborg atacarle ante lo cual el chico reaccionó empotrando su blade en su lanzador y procedía a dispararlo, ambos blades chocaron en el aire ocasionando un sonido sordo y metálico.
Por su parte el más chico seguía la pelea atentamente pero sin intervenir, por el momento dejaría que su compañero se divirtiera, mientras él iba por la presa gorda, lentamente se volteó hasta quedar de nueva cuenta frente a él, notando que se había vuelto a sentar en su silla, disfrutando de la pelea como si de un show se tratara, aquella imagen le causó asco, el tipo en definitivo era un retorcido.
Caminó lentamente hasta él sin quitarle la vista ni un momento, atrás escuchaba el choque de los blades y los golpes que se daban su acompañante y aquél niño, levantó su arma con el blade empotrado y apuntó, no dejaría que ese mal nacido se le fuera, al menos no vivo. Sus ojos azúl artico que lograban a congelar a cualquiera con tan solo mirarle ocasionaban una sonrisa de satisfacción en quien estaba frente a él, apretó más fuertemente el mango por el coraje al igual que sus dientes.
- Y dime Tala – le habló una vez que el taheño estuvo a su lado - ¿Cómo te ha ido?
- Cierra el pico Balkov
- Tan amable como siempre – rió - ¿Sabes? La verdad no estoy molesto contigo por haber sido un espécimen fallido, para nada, al contrario, creo que debo agradecerte por haberme permitido encontrar los errores en ti y así poder lograr el arma perfecta. Hiwatari fue un imbécil al haber desistido de sus intentos cuando lo atraparon, no era un visionario como yo, otro de mis errores debo admitir, haber creído que él tenía los mismos ideales y ambiciones que yo, él solamente estaba concentrado en tratar en dominar el mundo con los beyblades y las bestias bit, interesante, sí, pero no era la forma adecuada, no comprendía lo grande que sería un chico capaz de matar y morir si era necesario sin siquiera dudarlo. Nadie sabía que en realidad tras esa fachada de frialdad y coraje que decía tener, lo que más le importaba al final era tener a su estúpido nieto de regreso con él – gruñó ante la idea – completo imbécil con sentimientos, lo bueno es que ya se murió ese maldito – sonrió con satisfacción – en fin – se volteó y caminó de regreso. ¿Sabes? – le habló ahora desde su lugar mientras la pelea entre el pelilavanda y aquél chico continuaba – ese niño se podría decir que es como su hijo – rió estrepitosamente – Tú y Bryan fueron de mis mejores soldados, él tan carente de sentimientos, tú tan frío, tenía un poco del ADN de ambos así que lo uní, él es el resultado. No fue a la primera, no – negó con la cabeza – pero el que persevera alcanza, al menos es lo que dicen – notó cómo el ojiártico caminaba hacia él con cuidado – todavía podríamos hacer algo contigo, podríamos investigar el porqué es que fallaste, ¿no te interesa, ser el arma perfecta? No serías tan bueno como él, pero estarías bastante cerca – sonrió
- No me interesa nada de ti, Balkov…. – llegó hasta pararse frente a él, estando separados únicamente por ese escritorio – A excepción de tu muerte – su blade disparaba directamente en su frente, en medio de sus cejas, un blanco perfecto y sin margen de error
- Vamos, vamos, que si estás aquí es gracias a todo el entrenamiento que te di, sin él jamás hubieras sido capaz de entrar
- Cierto – sonrió el taheño – te agradezco eso Balkov, y ¿sabes qué? Tengo el perfecto agradecimiento para ti – mostró una sonrisa maniaca como cuando peleó con el dueño de Dragoon – y es que podrás ser asesinado por tu primer arma humana
Los dos se miraban fijamente, el taheño con una sonrisa que demostraba locura y el otro con satisfacción, sin ningún deje de piedad, el pelirrojo disparó al mayor y su tiro fue certero, viendo el cuerpo del otro caer hacia atrás como en cámara lenta, dentro de su cabeza se formó una frase de que se lo tenía merecido, tomó a su blade de vuelta, corrió hasta la computadora principal y tecleó con rapidez.
Sus ojos se movían de un lado a otro al tiempo que oprimía los botones, unas rápidas aquí y allá como si en realidad estuviera haciendo todo al tanteo pero en realidad era con absoluta certeza, dos minutos más de tecleo constante y, de pronto, unos números se mostraron en la enorme pantalla, una vez hecho se giró de forma rápida para al fin llamar la atención de su acompañante
- ¡Bryan! – gritó – ¡Deja de estar jugando, ya es hora de irnos!
- ¡No estés jodiendo Ivanov! – contestó de la misma forma - ¡Esto se está poniendo bueno! – reclamó
Sin embargo, tanto el pelilavanda como aquél chico desnudo se quedaron quietos unos instantes al notar cómo la iluminación cambiaba a un tono rojizo al tiempo que decía "Sistema de autodestrucción activado, el edificio se destruirá en cinco minutos, favor de salir del edificio lo antes posible" una y otra vez; aprovechando la ligera distracción del chico el ojilavanda aprovechó y le dio un certero golpe en la boca del estómago sacándole todo el aire, logrando con eso sacarlo de combate, lo interesante es que en su cara no hubo mueca ni de dolor….ni de nada.
- ¡Oye Ivanov! – gritó al que se encontraba todavía junto a la computadora - ¡Es hora de irnos!
- ¡¿Y me lo dices tú? ¡Hace sólo un segundo decías que no querías irte! – le recriminó al tiempo que corría a su encuentro
- Hace un segundo no sabía que habías activado el sistema de autodestrucción – le dijo ya en voz normal al verle junto a él - ¿Y el idiota?
- Ya no será un problema nunca más
- ¿Y éste? – dijo volteando a ver al chico inconsciente, más no recibió respuesta del taheño
Un par de ojos se abrieron lentamente, intentando enfocar, lo cual sucedió paulatinamente, cuando al fin lo hizo notó un tono rojizo por todo el lugar, junto con una insistente voz que decía que el sistema de autodestrucción se había activado; chasqueó la lengua en señal de fastidio y murmuró algo como "Malditos", enseguida se puso a reír como un completo desquiciado. No fueron ni siquiera diez segundos para cuando todo el lugar explotó, envolviendo todo en llamas
Un par de gemas comenzaron a mostrarse tras de un par de párpados tupidos por unas hermosas pestañas rebelando un color rubí oscuro muy hermoso, levantó su cabeza pesadamente mientras se rascaba un poco su cabeza en señal de fastidio, un ligero viento veraniego soplaba por una ventana ubicada a su espalda y dejando revolotear las delgadas cortinas blancas que le adornaban.
Éste mismo viento lograba que algunas hojas puestas sobre un escritorio amenazaran con salir volando y revolverse entre ellas, más un pequeño pisapapeles los mantenía en su sitio, sin embargo unas hojas de una libreta que estaba por ahí daban vuelta sin cesar una tras otra, probablemente hasta que se terminaran, dejó escavar un leve suspiro de sus labios en señal de cansancio y algo de somnolencia que le quedaba.
Chasqueó la lengua en señal de fastidio, detestaba esos momentos de debilidad de su cuerpo, una cosa que era inevitable debido a su trabajo y sus inmensas responsabilidades, a pesar de todo no le molestaba, era feliz justo como era su vida ahora, y no la cambiaría por nada en el mundo, absolutamente nada; una ligera sonrisa afloró en sus labios y otro suspiro salió de sus labios.
Volteó a ver por la ventana que jugaba con sus papeles importantes, aquello no le molestaba en absoluto, no en esa etapa de su vida; por fuera podía notar a una persona moverse de un lado al otro, y algo trajo a su mente un recuerdo en particular, aquél día donde después de haberse sentido completo después de mucho tiempo, su mundo se derrumbó en un santiamén.
- FLASH BACK -
Era un día ligeramente nublado que amenazaba en llover en cualquier momento, había estado entrenando durante algunas horas en su estadio de beyblade, había dejado a su neko-jin platicando con su "hermana" desde ese momento, aún no comprendía cómo es que su adorado gatito podía pasar tanto tiempo con ella sin fastidiarle, para él era simplemente insoportable, aunque menos que un par de chicos rusos que él conocía y que por suerte no estaban en Japón esos momentos.
Traía una toalla sobre su cuello para que las finas gotas que caían de su cabello después de un baño bien merecido no escurrieran sobre su ropa, traía su clásico traje de entrenamiento de pantalón y sudadera morada, su chaquetilla a tono y sus tenis rojos, debía admitir que esa combinación le gustaba; en su mano derecha traía una botella de agua fresca, tanto entrenamiento le había dado sed.
De pronto pudo escuchar un par de voces, inmediatamente pudo reconocer la de su amado esposo y, por supuesto, la de ella; parecía que tenían una especie de discusión, lo cual se le hizo sumamente extraño, no era común que ellos, con un poco de curiosidad poco común en él decidió colocarse detrás de una enorme puerta que conducía a la estancia principal para escuchar.
- Por favor no insistas Aiko – se escuchó un ruego por lo que parecía ser la enésima vez el ojiámbar
- Oh, vamos Ray – rogó la aludida – No es que lo hayas pedido tú, éstas cosas se dan por sí solas
- Sí, lo acepto, pero no a un mes después de tu boda – objetó el chico
- ¡Claro que sí! – Se escuchó la voz jovial de ella – Eh sabido de quienes incluso les pasa el mismo día de su boda – rió discretamente
- No es juego Aiko
- Yo sé que no Ray, solamente quiero que me comprendas
- Es lo mismo que yo pido de ti, comprensión, no puedo decirle a Kai, él está muy feliz ahora, no quiero arruinar su felicidad
- ¿Y vas a arruinar la tuya por la de él?
- No puedo hacer nada al respecto – sonó compungido
- ¡No es justo! – sonó la voz exaltada – Aún que él sea mi hermano (que en realidad más parece Bryan mi hermano que él pero ese es otro asunto) – rezó algo rápido – no implica que por él tengas que sacrificarte tú Ray, simplemente eso no me parece bien – De pronto el sonido de un bebé llorando alertó a todos – Oh, mi Dios – se escucharon unos ligeros pasos – Vamos, vamos Kairay, Talyan, no lloren, ¿Ray, puedes ayudarme?
- Seguro – contestó algo alegre su neko-jin – Vamos, Talyan, ya no llores – no podía ver su cara pero seguramente tendría una enorme sonrisa impresa en ella
- Por favor Ray – parecía que retomaba el tema dejado hacía unos instantes – ¿No puedo hacer nada para que cambies de opinión? – Supuso que la respuesta fue negativa, aunque no pudo saberlo puesto que ninguna palabra fue dicha – Ya qué – se escuchó un suspiro
- Ya tomé mi decisión
- Sí lo sé, pero también debes estar consciente de que no podrás ocultarlo por mucho tiempo
- Lo ocultaré cuanto sea posible, si lo descubre entonces pensaré en qué decirle
Por primera vez en su vida sintió miedo, supo lo que era, y concluyó que no le gustaba sentirlo, Ray, SU Ray le ocultaba algo de extrema importancia, no sabía exactamente qué era, pero al parecer era algo malo; recordó las palabras dichas por ellos "…estas cosas se dan por sí solas" "sí, pero no a un mes de su boda"¿Qué podría ser lo suficientemente malo como para que el neko-jin no se lo quisiera decir?
Una idea fugaz atravesó su mente ¿Es que acaso ya no le amaba? O algo peor ¿Había encontrado a alguien más? Eso era más factible a raíz de las palabras que había dicho el ojiámbar, sintió el corazón pesarle y cómo sus piernas le dejaban de responder, recargó su espalda en el muro y se dejó resbalar hasta el suelo, aquello le era demasiado, no quería creerlo.
De un momento a otro dejó de sentir ese miedo patético y lo transformó en coraje, en su menté se formó la frase de "Si Kon cree que puede dejarme, le demostraré que yo lo puedo dejar primero", apretó fuertemente sus puños hasta dejar sus nudillos en blanco, no permitiría que el pelinegro le hiciera daño, de ninguna manera; aunque antes de irse le haría pagar por aquél atrevimiento después de haber aceptado ser su esposo.
- De acuerdo – se escuchó de nueva cuenta la voz de la chica y no pudo evitar emitir un gruñido de coraje al pensar que todos los problemas de su vida se debían a ella – Veo que no te convenceré de decirle a Kai acerca de esto, así que mejor me voy, los niños no deben estar en el frío aún – se escucharon los pasos alejarse por otra puerta que daba hacia un corredor que conducía hacia la entrada principal.
A pesar de ir en contra de su naturaleza y forma de ser, los siguió con sigilo, como solamente alguien de la abadía sabría hacerlo, siempre entre las sombras, siempre prudente, como solamente un Hiwatari lo era. Cuando los vio en la puerta principal se escondió tras un pilar, con su pose característica, esperando a enfrentar a "ese gato" como lo llamaba desde hacía….desde ese momento.
- Pues bien Ray, me retiro, me dio mucho gusto verte, espero que vengas a nuestra casa más seguido, extraño mucho platicar y entrenar contigo, y estoy segura que los niños también extrañan tu voz, se acostumbraron a oírte ahí siempre
- Lo intentaré, pero no prometo nada
- Me saludas a Kai por favor y, si cambias de opinión, házmelo saber
- No creo que eso suceda, pero lo haré
- Sabes que puedes confiar en mi – sonrió
- Lo sé
Se miraron durante y par de segundos y luego la bicolor se giró y salió de ahí, después de eso el chino cerró la puerta a su espalda, giró y dejó que la suya se recargara sobre el portal recién sellado, dejó soltar un suspiro y se perdió en sus pensamientos. Por su parte el ojirubí trataba de idear la mejor forma para hacerle sufrir, ya tenía unas dos listas y estaba preparando la tercera cuando un destello le vino a la mente.
Recordó que por algo así ya lo había perdido una vez, por un estúpido malentendido había pasado mucho tiempo sin su compañía, y aquél sentimiento de soledad y dolor era mil veces peor que el que ahora sentía, se obligó a pensar con la cabeza fría y a no sacar conjeturas, soltó un suspiro para calmarse y aclarar lo que quedaba de su confundida mente y, al final salió a su encuentro.
Tan absorto estaba el neko-jin en sus pensamientos que no le vio llegar, ni a pesar de sus increíbles habilidades, así que al verle parado frente a sus ojos le sorprendió, logrando un sonrojo por parte del chino demasiado adorable para gusto el ruso-japonés. Rubí y ámbar se combinaron en una perfecta sincronía.
- Ho…hola Kai – saludó trastabillando un poco el ojiámbar, por respuesta obtuvo una delicada caricia en su mejilla derecha logrando que el calor se aglomerara aún más en ese punto – Kai que… - su pregunta murió en el olvido ya que un par de labios se posaron sobre los suyos – K…Kai – logró decir a duras penas
Por la mente del bicolor no existía ni el tiempo ni el espacio, solamente ellos dos, ni le importaba lo que tenía que decirle el chino y no quería, no le importaba si lo había dejado de amar o había encontrado a otro que ocupara su lugar, por esos momentos, solamente quería sentirse dueño de aquella deliciosa piel acanelada una vez más, lo ansiaba demasiado, le haría el amor como siempre lo había hecho.
Comenzó devorando aquellos labios que le volvían loco desde el primero momento que los probó, no, desde el primero momento en que se fijó en ellos sabía que no descansaría hasta probarlos aunque sea una sola vez, a pesar de no haberse saciado de ellos los dejó para ahora degustar su apetitoso cuello, dando pequeñas lamidas y mordidas y de paso dejando una que otra marca.
Una de sus manos inquietas comenzó a infiltrarse por debajo de su característica playera china logrando un gemido opacado por tener los labios fuertemente sellados, se sintió un poco frustrado porque quería oír aquella melodiosa voz que era su privilegio, pero decidió restarle importancia, si era paciente seguro recibiría su recompensa; no fue consciente del momento en que terminaron acostados en el piso.
Sus dedos alcanzaron su pezón y comenzaron a masajearlo bajo al fina tela, mientras la otra mano se perdía en sus nalgas y sus labios no dejaban de besar ese cuello, sabía que el neko-jin estaba haciendo lo imposible para contenerse, últimamente trataba de evitarlo, pero también estaba consciente de que aquello no lo soportaría durante mucho tiempo, estaba a su límite.
De pronto, su espera tuvo resultados, un sonoro gemido retumbó por el lugar, mentalmente se alegró de no tener sirvientes y haberle hecho caso al ojiámbar en esa cuestión ya que, encontrarles frente a la puerta teniendo sexo no es una imagen que un empleado doméstico esté dispuesto a aceptar sobre todo si no se estipulaba en alguna parte de su contrato, debía recordar agradecérselo más al rato.
Ese día no estaba muy paciente que digamos, así que en un ágil y rápido movimiento puso ambas manos sobre el pecho el pelinegro y, sin ninguna delicadeza, abrió la camisa de par en par logrando que los botones saltaran por doquier; la imagen era maravillosa a pesar de ya haberla visto innumerables ocasiones, no importaba cuántas veces se la mostraran, él jamás se aburriría.
Inconscientemente se lamió los labios como quien espera degustar un delicioso manjar, y es que eso era lo que le esperaba; su mano izquierda se dirigió inmediatamente a su pezón izquierdo, el mismo que había estado acariciando hacía unos instantes, y su boca se cerró sobre el derecho, la combinación ocasionó otro gemido aún más audible que el anterior al tiempo que la espalda se encorvaba hacia el frente.
Podía notar su anatomía ir creciendo poco a poco, con cada gemido y suspiro que soltaba su esposo, y también era consciente del cómo la de él crecía; succionaba, mordía, estiraba y soltaba, era un ciclo infinito, cuando sintió perder un poco el sabor de esa tetilla decidió cambiar ahora probando la izquierda y masajeando con su mano la derecha, en esta ocasión no duró tanto.
Se incorporó un poco para poder ver a los ojos a su chino, notando la mirada borrosa y como si estuviera un tanto drogada o alcoholizada, perdida, sus mejillas estaban sumamente rojas, como un par de manzanas y sus labios más sonrosados de lo común a causa de los besos, una imagen apetecible para cualquiera, pero exclusiva para él, y haría hasta lo imposible para que así fuera por siempre.
Tomó al ojiámbar de la cintura y lo levantó un poco, solamente lo justo para poder terminar de quitarle su camisa y dejar el torso al descubierto, rápidamente y sin darle oportunidad al otro a reaccionar se quitó su chaquetilla y camisa y las colocó bajo el pelinegro, para que su piel no tocara el suelo, haciendo la función de una colcha que no estaba dispuesto a ir a conseguir en esos instantes.
Continuó con su labor y fue dejando un pequeño sendero de besos, comenzando desde la clavícula y llegando hasta donde los pantalones se lo permitían, subió y volvió otras dos veces hasta que sintió el miembro de su amado completamente erguido, era el momento de continuar, con sus dientes comenzó a bajar aquella tela tan estorbosa que eran sus pantalones y de paso el bóxer, los quitó por completo al igual que sus zapatillas.
A su encuentro salió un pedazo de carne bastante duro, caliente y con cierto tono sonrosado, levantó un poco su vista para verle y notó que se veía como si fuera la primera vez, y es que en verdad no importaba cuántas veces lo hicieran, siempre era la primera vez ya que ninguna de sus actos de amor eran iguales, sopló un poco sobre aquél trozo y seguidamente lo engulló.
Había extrañado aquél sabor, no se había dado cuenta de cuánto, subía y bajaba a un ritmo lento para tortura del dueño de Drigger, pero es que quería escuchar aquellos gemidos, aquellos ruegos, aquellas súplicas de que lo hiciera más rápido, quería grabar todo eso en su memoria, tanto como fuera posible; el sabor del líquido pre seminal se dejó sentir en la punta de su lengua y, pese a su deseo, comenzó a ir más rápido.
Al mismo tiempo que él aumentó la velocidad los gemidos lo hicieron, éstos hacían coro por el lugar dando un efecto aún más erótico, vino a su memoria aquellas sesiones de amor que habían tenido en el hospital y pensó que el chino era justamente lo que estaba pensando, por eso de su cara tan roja; subía, bajaba y lamía, era un manjar todo aquello, de un momento a otro sintió el cuerpo de su amado tensarse, era el momento, a pesar de que el chino intentó quitarlo de ahí, él se negó, logrando así que aquella semilla se vertiera dentro de su boca, la tragó y sonrió sensualmente.
Volteó a ver a su neko-jin notando que intentaba cubrir su cara con ambos brazos, no comprendía porqué aquello le causaba aún cierta vergüenza pero pensó que se veía sumamente adorable…y delicioso. Mientras el chino se negaba a mostrarle la cara él aprovechó para desatarse su pantalón y quitárselo, al igual que su calzado, en un solo movimiento. Tomó los antebrazos del ojiámbar y, delicadamente, los retiró de su lugar.
Le jaló por uno de los brazos y le obligó a colocarse en cuatro patas, así de avergonzado como estaba, dispuesto a disfrutar más tomó los firmes glúteos de su esposo y los separó, notó una ligera tensión en el cuerpo del otro que se acrecentó al sentirle lamer su entrada; sabía que aquello no le gustaba al pelinegro, sabía que le hacía sentir vergüenza, sabía que siempre le decía que eso era sucio y él terminaba desistiendo de hacerlo, pero esta no sería la ocasión.
Lamió lentamente, dejando de vez en cuando que su lengua entrara un poco y, cada vez que lo hacía sentía las piernas del chico temblar y un gemido ahogado salía de la profundidad de su boca, tomó nota mental de aquello para no dejarse convencer nunca más de no hacer aquello; de un momento a otro combinó aquellos movimientos con la introducción de un dedo en su aquella entrada, cuando sentía que se acostumbraba introducía otro.
Podía notar su propio miembro palpitar ante la urgencia y supo que no aguantaría más, sacó sus tres dedos y dejó de lamer ese pequeño orificio logrando un gruñido de insatisfacción, rió por lo bajo ante lo irónico, primero no quería que lo hiciera y ahora no quería que lo dejara de hacer, dejó de lado el pensamiento, ya le diría más tarde al otro ese nuevo descubrimiento.
Se acomodó a la altura de la entrada del neko-jin y, de un solo movimiento, introdujo todo el largo de su miembro sacando un gutural gemido ambos al unísono, apenas lo metió y pudo notar la estrechez, el calor y la posibilidad de no aguantar mucho tiempo, no importaba cuanto lo hiciera, siempre era tan satisfactorio estar dentro y siempre era diferente.
Comenzó el movimiento de vaivén, entrando profundamente y saliendo hasta el punto de que parecía que sacaría su miembro, con cada estocada el chino dejaba salir un gemido de su garganta, ya se encontraba con la cara y manos pegadas al piso y su trasero era lo que seguía al aire, brindando una mayor libertad al otro para penetrarlo y también otorgándole una mejor profundidad.
Dentro, fuera, dentro, fuera, dentro, fuera, el sonido de las estocadas era "embarazoso" como solía decir el pelinegro, pero a la vez era lo excitante, entraba y salía, hacía un pequeño círculo, iba rápido y luego lento, todo para poder lograr aquellos sonidos tan deliciosos y, en una de esas, lo encontró, aquél punto que era tan difícil de alcanzar pero que una vez que lo lograba no lo dejaba ir, el punto exacto para hacerle gemir como desquiciado.
Volvió a repetir el movimiento una y otra vez, sentía cómo aquellas deliciosas piernas temblaban de placer y sabía que no resistiría mucho antes de volver a terminar; con su mano derecha tomó el miembro ajeno y comenzó a masturbarlo al ritmo de sus estocadas, le sintió palpitar, le sintió más caliente, pronto culminaría y pensaba hacerlo al mismo tiempo.
De un momento a otro lo sintió, pudo notar cómo el cuerpo del ojiámbar se tensaba para al fin liberar aquella semilla en su mano y, al hacerlo, su cavidad se cerró más logrando que él hiciera lo mismo pero dentro de aquella entrada; la respiración de ambos era pesada y pastosa, pero en sus miradas había satisfacción y amor, agotado el chino al fin dejó caer su peso quedando totalmente acostado en el suelo, con mucho esfuerzo logró darse la vuelta solamente para encontrarse con un bicolor lamiendo sus dedos mientras degustaba su semen, sintió los colores volver a subir a su rostro
El bicolor se incorporó una vez que dejó su mano bien limpia y, de un solo tirón, arrancó una cortina de una de las ventanas ahí cercanas, ya después se ocuparía de arreglarla, por el momento no le importaba. La extendió, tomó al neko-jin sobre sus brazos y lo colocó sobre la cortina, al ser gruesa el frío no traspasaba por la tela; después él se colocó a su lado y cubrió a ambos como si de una sábana se tratase, abrazó al chino por la cintura y le dejó descansar
- ¿Köt? – habló después de un rato y recibió por respuesta un leve "mmm" – Te amo
- Yo también te amo Kai – contestó algo adormilado
- Si hubiera algo malo me lo dirías ¿verdad? – esta vez el chino volteó a verle por lo extraño de la pregunta
- ¿Por qué lo preguntas Kai? – Contestó con un encogimiento de hombros – Por supuesto que sí, no lo dudes
- Köt – volvió a decir - ¿Hay algo que me quieras contar? – sintió el cuerpo del chino tensarse un poco
- ¿Por…porqué piensas eso Kai? – tartamudeó un poco
- ¿Qué tanto hablaban tú y esa? – le preguntó mirándolo directamente a los ojos y noto ¿temor?, sí, eso parecía
- Na…nada importante Kai, solamente cosas banales – confesó
- Los escuché – confesó al fin y pudo ver ahora terror en aquellos ojos color ámbar – Köt – volvió a insistir - ¿Hay algo que me quieras decir?
- Yo…. Yo… - cerró fuertemente los ojos y se acurrucó un poco más en aquél fornido pecho – Yo lo siento Kai, te juro que no tenía idea, es más si hubiera podido evitarlo lo habría hecho, te amo de eso no lo dudes, pero yo me enteré de esto justamente el día de nuestra boda, Lee me lo dijo ese día que era algo que solamente a algunos les pasaba, no pensé que me pasaría a mí, dentro de lo que cabe soy feliz porque no pasó antes y no es que no quisiera que hubiera pasado porque que haya pasado también me hace feliz, solamente me hubiera gustado que pasara un poco después, ya que hubiéramos disfrutado un poco de nuestro matrimonio, cuando Lee me lo dijo me hice los estudios, todavía estoy a tiempo si es que no lo quieres, yo si lo quiero pero si tú no soy capaz de dejarlo ir, sólo por ti, todavía estoy dentro del periodo, apenas van a ser dos meses, te juro que yo jamás tuve la intención de que fuera tan repentino, ni siquiera lo tenía planeado, por favor no te enojes Kai, no me dejes solo, no podría vivir otra vez si ti, no podríamos vivir sin ti… por favor…no…nos….dejes – las últimas palabras fueron casi un susurro
- Espera – eso había sido demasiado para él y muy rápido, comprendía dos cosas, que era algo que el neko-jin no tenía planeado y que todavía podía deshacerse de él, ¿qué el? - ¿Qué me estás queriendo decir? – preguntó bastante confundido
- Pues… de lo que oíste…de mi plática con Aiko – explicó, pero al notar aún la confusión en la cara del otro aclaró mejor – De mi….em..ba…ra…zo – terminó con la cara escondida en el pecho del ojirubí – pero si no lo quieres aún puedo abortar – dijo en la misma posición
Ante esto el ruso-japonés se quedó quieto y comenzó a recapitular, uno no estaba planeado, dos, era algo que esa sabía, tres aún podía abortar y cuarto…. ¿Ray estaba embarazado? Soltó a su neko-jin y se sentó, tomando su cabeza con una de sus manos, abortar había dicho, eso quería decir que sacarían al bebé y lo matarían, oh no, eso sí que no, sobre su cadáver, se levantó rápidamente y comenzó a caminar de un lado para el otro así como estaba.
Era más que obvio el por qué su gatito no quería decirle nada, es decir, siempre se vivía quejando del llanto de sus sobrinos pero ellos eran ellos y éste bebé sería su bebé, bueno de Ray y suyo, internamente se alegró ya que lo peor ya había pasado, ahora el punto era que su chino no sintiera que realmente no quería a esa pequeña criatura, algo en su cabeza hizo click… su gatito, su esposo, de pronto todo hizo sentido, había dejado acostado solo a su neko-jin mientras él tenía una cara de pánico, se apresuró a volver a su lado a su lado.
Sonrió ¿Eso era todo? ¿Ray creía que él no quería un bebé producto del amor entre ellos? Sonrió torcidamente, se volvió a recostar, abrazó de nueva cuenta al pelinegro y le otorgó un pequeño beso en la frente cerrando sus orbes color rubí, otro click hizo su cerebro, aquella noticia sí que le había dejado algo torpe, la última noticia encajó y abrió los ojos de par en par: Iba a ser padre, él y Ray iban a ser padres; no supo por qué pero algo cálido creció en su interior.
Sintió el pequeño cuerpo bajo él temblar un poco, algo normal después de haber visto su reacción, pensó, pero no debía temer, no ahora, nunca más, él se encargaría de brindar a su gatito y a ese pequeño o pequeña toda la felicidad que a él no le dieron, sonrió, se sintió el hombre más dichoso
- YA lyublyu tebya, Kotenok – le confesó al fin – A ti, y a éste pequeño – tocó su vientre aún plano – Por supuesto que lo quiero – Notó que dejó de temblar
Ante el acto el neko-jin sonrió y unas pequeñas lágrimas de felicidad brotaron de sus orbes, sabía que cuando su fénix decía esas palabras, todo iba a estar bien, ya que éstas contenían todo lo que no podía expresar fácilmente; el ojiámbar se acomodó aún más como el pequeño gatito que era y se dejó querer ahora con más tranquilidad, era feliz, Kai era feliz, y ese pequeño que iba creciendo en su interior también lo sería. Kai se felicitó por no permitir que las conjeturas afloraran en su cabeza, y se prometió que nunca más dejaría que la duda entrara en su corazón.
- END FLASH BACK -
Después de eso hubieron buenos momentos como cuando vio el primer ultrasonido, malos momentos como los constantes cambios de humor del pelinegro, feos momentos como cuando un tipo loco se enteró de aquella característica tan particular de los neko-jin eh intentó secuestrarlo para hacerle estudios (sobra aclarar que el hombre no resultó bien parado, tardó un año en recuperarse totalmente) y, por supuesto, momentos embarazosos.
Algunos eran fáciles como cuando el ojiámbar hacía pucheros y lloraba de la nada porque quería su completa atención y, en ocasiones eran un tanto desesperantes, ya que ocurrían en su propia persona, como los dichosos "antojos" que había escuchado sucedían a los que estaban en cinta y, en ocasiones especiales donde ambos padres eran muy unidos, el padre era quien los llegaba a sentir, ese fue su caso.
Siempre se jactó de ser una persona bastante controlada y centrada, aguantó cualquier capricho de su chino, pero nada le preparó para tener esa clase de antojos; empezó como algo pequeño, fresas con crema a media tarde, siendo que a él no le gustaban las cosas dulces pues fue un poco extraño, luego se transformó a pastel de chocolate a las diez de la noche, más extraño aún que las fresas.
No supo el momento exacto en que todo aquello terminó con un heredero Hiwatari con antojo de fresas frescas con chocolate derretido, crema batida, rodajas de plátano y manzana picada, ah sin olvidar una enorme bola de helado de napolitano a las tres de la mañana….en este punto sintió que se estaba volviendo loco; la primera semana en verdad estuvo a punto de sucederle debido a que no había lugar dónde encontrar lo que quería.
En una de esas noches en vela intentando encontrar la forma de saciar aquél antojo se topó con un pequeño puesto que parecía tenía lo que quería, desgraciadamente estaba cerrado, lleno de frustración golpeó el enrejado metálico ocasionando que una pequeña luz en el segundo nivel se encendiera y, rápidamente, una voz preguntando de quién se trataba se hiciera notar.
Se disculpó por el alboroto y comenzó el regreso a casa, no era muy común que alguien estuviera deambulando por las calles en plena madrugada y tampoco daba muy buena pinta, sin embargo aquella voz, que al parecer era de un hombre un tanto mayor y cansado, le pidió que esperar, escuchó los pasos retumbar hasta que llegaron al enrejado justo donde él estaba.
El hombre, como lo había supuesto, era mayor, su cara estaba un poco arrugada por el paso del tiempo, su cabello y bigote era blanco, su espalda algo encorvada y una sonrisa bonachona adornaba sus labios; el hombre le preguntó qué le pasaba y el bicolor, a modo de disculpa, le explicó a grandes rasgos, una vez concluida su explicación, se disculpó nuevamente y comenzó la retirada, más el sonido de la reja al correrse le llamó la atención.
El hombre mayor le dijo que pasara, que ahora mismo le prepararía lo que pedía, que él comprendía que eran aquellas cosas ya que había sido padre de tres hermosos niños y una niña y que también él era el que había padecido los antojos, los ojos del bicolor denotaron su estado de satisfacción y agradeció al señor pagándole una cantidad absurda de dinero por algo tan simple, como decía el viejo hombre, pero eso a él no le importaba, le había salvado la vida.
Después de aquello se volvió un cliente regular ya que cada noche durante la mayor parte del embarazo de su esposo regresó una y otra vez a ese lugar por la misma combinación, el bicolor no encontraba cómo agradecerle, así que la única y más razonable a forma a su ver fue ayudarle al viejo hombre a expandir su negocio hasta ser una de las cadenas principales de Japón, lo cual hizo al hombre muy feliz.
Recordar aquellas cosas después de tanto tiempo le hacía sonreír, a pesar de todos esos problemas y esos momentos embarazosos, estaba seguro que no cambiaría absolutamente nada de su pasado, porque gracias a él tenía éste presente y probablemente un aún maravilloso futuro. Soltó un suspiro y, con algo de resignación y, a pesar de su propia renitencia se obligó a volver a su trabajo, echó una última mirada para inspirarse y al fin comenzar con lo que había dejado pendiente, sin embargo lo que vio por ahí le hizo apretar fuertemente los puños, alguien le estaba apuntando a la cabeza a la sangre de su sangre, sin siquiera pensarlo se puso a la marcha a encararle y demostrarle que nadie se metía con un Hiwatari.
El cantar de los pájaros se podía escuchar fuertemente, era un día bastante agradable, una pequeña brisa de verano hacía que las hojas de los árboles se mecieran lentamente, el cielo mostraba un tono azul demasiado vivaz y aunado a esto, una jovial risa se podía escuchar un poco a la distancia en señal de estar divirtiéndose, en resumen, era lo que cualquiera podría llamar un día perfecto.
Unos pasos comenzaron a escucharse por el asfalto, firmes y decididos, al tiempo que una mano se paseaba por una gran reja que parecía que resguardaba un palacio que hasta daba la impresión de tener todo un bosque ahí dentro; muy probablemente Green Peace estaba muy complacido por el toque de preservación de áreas verdes que aquél lugar estaba otorgando.
Los pasos continuaron hasta que finalmente se encontraron con la entrada principal, ahí estaban un par de hombres de mediana edad, vestidos de forma militar, era más que obvio que, al tener un hogar de aquél tamaño, no se escatimara en seguridad, sin embargo los dueños no sabían qué clase de persona era; siguió caminando como si nada más curioseara el lugar, tratando de no llamar la atención, aunque fuera un poquito difícil por su forma de vestir y su propia persona.
Una vez que se perdió de la vista de aquellos guardias, que fue hasta después de doblar por una esquina, se encontró con su pareja, ambos sonrieron maléficamente, les encantaban los retos y ahí tenían uno al parecer divertido. Una mano estiró la chaquetilla del que había salido a reconocer la zona y le sonrió, no habría ningún problema no importando qué se les presentara.
Tomó al que le asía y pasó el toque al recién llegado, sacó algo de detrás de su chamarra, apuntó a la cámara y lanzó algo que la destruyó en cuestión de dos segundos; sonrieron satisfactoriamente a pesar de que no pasaría mucho tiempo antes de que se percataran del problema. Volvió a tomar aquél agarre y, con ayuda de su acompañante, le lanzaron por encima del enrejado, después hizo él lo mismo y, al final, ayudó al otro a cruzar.
Con sigilo se fueron introduciendo en aquellos terrenos, corriendo a toda prisa y ocultándose en momentos estratégicos y dónde podían, por alguna razón resultaba divertido lo que estaban haciendo; de pronto aquella pequeña risa infantil que anteriormente ya había sido notadas sonó cada vez más cerca y, cuando estuvieron a unos escasos metros de ella, se detuvieron.
Aprovecharon aquél frondoso "jardín" para ocultarse detrás de los árboles, les estaban dando todo en bandeja de plata y ni siquiera lo sabían, ahí había una pequeña niña corriendo y riendo alegremente de aquí para allá al tiempo que intentaba que otro niño un poco más grande se le uniera en lo que aparentaba otorgarle tanta diversión, sin conseguirlo aparentemente ya que éste seguía recostado bajo un árbol con actitud indiferente.
La pequeña aburrida de tratar que el otro se incorporara a su actividad optó por mejor seguir con lo suyo, así que sin más comenzó a correr hacia dónde ellos estaban, parecía que hoy era su día de suerte, y por supuesto que no lo desperdiciarían, en cuanto la criatura estuvo lo suficientemente cerca, uno de ellos salió a su encuentro, tomó su arma, atrapó a la niña por la cintura y le apuntó a su pequeña cabeza.
La pequeña apenas sintió que era alzada en vilo se quedó quieta, y más al sentir algo sobre su sien, el repentino silencio hizo que el otro volteara a ver el por qué habían parado todo su ajetreo, lo que vio le hizo apretar los puños fuertemente, nadie, absolutamente NADIE tenía derecho a tocar a su pequeña hermana y quien se atreviera a hacerlo, sufriría las consecuencias.
- Di tus plegarias…mocosa – habló el sujeto con gélida voz
- Mejor tu di las tuyas, ya que mi hermano se ve muy molesto – sonrió altivamente la pequeña
- Oye tú – habló el aludido con voz fría – suéltala – demandó
- O si no ¿Qué?
No hubo respuesta verbal, lo único que se vio fue como el chico sacó de su cinturón un pequeño lanzador, de un bolsillo que cargaba en el mismo sacó lo que parecía un pequeño trompo, lo empotró, tomó una vara dentada, lo introdujo y armó por completo en cuestión de segundos, apenas terminó soltó unas palabras muy conocidas.
- ¡Let it Rip! – gritó
El blade se dirigía directamente a la cara de aquél sujeto pero, cuando estuvo a escasos centímetros, otro objeto algo brillante interrumpió el trayecto y fallando en su golpe, el sonido provocado al chocar ambos fue muy familiar, no había duda alguna de que era otro blade, el chico chasqueó la lengua en señal de disgusto y, fijando su vista un poco más atrás de aquél que tenía a su hermana, notó la presencia de un tipo alto, con mirada altiva y fría y una sonrisa bastante petulante.
Ambos blades chocaron fuertemente, era bastante notorio el desprecio por parte del chico hacia su contrincante, sin embargo no por esto su concentración disminuía, era una regla esencial, nunca dejarse influenciar por el contrincante, se lo había enseñado su padre desde pequeño, menos si su contrincante era ESE sujeto en particular, su sola presencia le hacía hervir la sangre.
Mientras la pelea de ellos ocurría, la pequeña aprovechó una ligera y casi inexistente oportunidad de escapar mordiendo el antebrazo de su captor quien la soltó al instante, lejos de irse ella corriendo a toda velocidad como cualquier infante lo haría, ella simplemente se volteó para encararle mostrándole una mirada llena de coraje y valor, lo cual hizo le hizo sonreír.
- Debiste aprovechar para escapar pequeña
- Mi padre me enseñó a enfrentar mis problemas y dificultades y eso haré
- Te arrepentirás – dijo con una voz que era una mezcla entre coraje y diversión, dicho esto volvió a apuntarle con aquél objeto
- Te equivocas, tú serás el que se arrepentirá
Apenas dijo éstas palabras cuando la pequeña se movió ágilmente, con su mano logró apartar el arma de su cabeza, al mismo tiempo levantó su pierna derecha para evitar que la mano libre del infiltrado le capturara nuevamente, giró eh intentó dar un golpe con su codo a la boca del estómago, más el otro interpuso su mano para evitar el impacto, sorprendida no pudo evitar perder el equilibrio, más antes de caer hacia el frente, logró colocar ambos pies en el suelo y saltarle al tórax al sujeto.
- ¡Tala! – gritó alegremente cuando lo logró sujetar
- E…espera – el aludido se tambaleó un poco y cayó de sentón ya que esa reacción no la esperaba, esa niña siempre lograba despistarlo – Lin, te digo que te esperes – le reclamó
- ¡Tala, estoy tan feliz de verte!
- ¡Que me sueltes! – exigió el taheño intentando que se le despegara la pequeña – ¡Lin! – al cabo de unos momentos lo logró
La niña se sentó en el césped justo frente al invitado no planeado, el pelirrojo no pudo más que ver a aquella pequeña, sus grandes y hermosos ojos color entre dorado y rojizo, como un bello atardecer, su largo cabello de un tono azul muy oscuro que casi se podía confundir con negro atado en dos coletas y luego amarrado en trenzas, aquellos rasgos un tanto gatunos, aquella alegría y vitalidad, no pudo hacer más que sonreír de medio lado.
- Hace mucho que no vienes
- Tenía asuntos pendientes
- Ya – dijo a modo de haber entendido – Parece que se divierten, dijo al tiempo que ambos se paraban y volteaban a ver la beybatalla
- Está en los genes – contestó como si aquello fuera suficiente explicación
Ambos blades chocaban una y otra vez, ninguno parecía querer ceder, el chico miraba fijamente el suyo sin perder un solo movimiento, sabía que estaba en clara desventaja ya que su experiencia era mínima comparada con la de su contrincante, pero también sabía que no siempre la experiencia era de mucha utilidad, gruñó por lo bajo, en serio detestaba a ese sujeto.
No sabía por qué exactamente, solamente sabía que lo odiaba, detestaba aquella sonrisa cínica, detestaba aquellos ojos color lavanda cargados de superioridad y burla, se le hacía arrogante, era una escoria de la humanidad, en resumen detestaba toda su persona, odiaba con todo su ser a Bryan Kutnetzov.
- Vamos pequeño – habló el pelilavanda – Dame un poco de diversión – intentó avivar el coraje del chico
- Cierra el pico Kutnetzov
La respuesta hizo sonreír al ruso, era imposible que negara la cruz de su parroquia, aquellos ojos color escarlata, más claros que los de su padre, aquél inconfundible cabello de dos tonalidades algo alborotado y un poco más oscuro que el de su progenitor, esas marcas en las mejillas que, en lugar de ser dos en cada lado, eran una en una curiosa forma de uve, era como recordar viejos tiempos
- ¿Oh sino qué, Hiwatari?
- Oh sino yo te obligaré a hacerlo – Dijo una fría voz un poco a la distancia
Los cuatro voltearon a ver al dueño de esa voz, sabían de quién se trataba, más no esperaban verle ahí, no tan pronto; sin dudarlo la pequeña niña salió corriendo disparada hacia los brazos de aquél hombre que le dio la vida y, cuando lo tuvo cerca, se abrazó de su pierna, notó la sincera sonrisa de su progenitor y ella sonrió aún más, amaba a su padre con todo el corazón.
- Goh – habló al chico, pudo notar cómo éste se ponía algo tenso y ordenaba a su blade volver
- Sí, padre
Los dos niños se pusieron detrás de su padre y se quedaron quietos, como soldados, la pequeña detestaba estar así, no le gustaba estar quieta, pero tenía que hacerlo o si no de rato tendría una gran reprimenda, ella se quedó viendo detenidamente a los recién llegados al lugar turnando su vista entre uno y el otro, sabía lo que se avecinaba y no le gustaba, si tan sólo….
- Dónde está el Köt? - preguntó de pronto el pelilavanda
- No es de tu incumbencia
- Kai, no seas así con Bryan - habló de pronto una calmada voz
- ¡Köt! – La efusividad del pelirrojo no pudo ser ocultada, a través de los años las asperezas habían sido limadas y ahora todo iba bien entre ellos – Qué alegría, ¿cuánto tiempo sin vernos?
- Hola Tala, bastante diría yo
- ¡Papá! – la más pequeña no pudo evitar su alegría y espíritu libre y corrió hasta dónde estaba su progenitor - ¿Dónde estabas? ¿Acabas de llegar?
- Hola mi pequeña Lin – tomó a la pequeña en brazos - Goh – sonrió a su hijo mayor que había estado parado en la misma posición desde que lo vio a lo lejos
- Papá – saludó con una reverencia
- No seas así – caminó hasta colocarse a su lado y le acarició el cabello – No dejes que tu padre te intimide, sino, terminarás siendo un cascarrabias como él – le sonrió logrando que el pequeño hiciera lo mismo
- No…es….eso – se excusó el ojiescarlata tratando de ocultar un ligero rubor que se formó en sus mejillas
- Goh, vamos a jugar – le animó la pequeña
- Anda Goh – animó el neko-jin – juega con tu hermana
- Pero papá, es una escandalosa – se quejó – no deja de gritar y reír y correr de un lado al otro – enumeraba fastidiado
- ¡Oye! – Se quejó la pequeña – Yo no tengo la culpa de que seas un amargado y no sepas ver lo divertido de la vida
- Y yo no tengo la culpa de que seas una pequeña mocosa entrometida hiperactiva escandalosa
- ¡No lo soy! – contradijo
- ¡Que sí!
- ¡Que no!
- ¡Que sí!
- Me gusta que se lleven tan bien – sonrió el pelinegro
- ¡No lo hacemos! – Reclamaron los dos al unísono - ¡Deja de decir lo mismo que yo! – Volvieron a repetir enfrentándose - ¡Cállate! – otra vez - ¡No, tu cállate! – y otra vez - ¡Ya basta!
La pelea se prolongó más tiempo debido a que ninguno de los chicos quería darse por vencido, era algo muy común que se comportaran de esa forma tan "infantil" como solía decir su querido esposo, pero para él era tan regocijante el escucharlos discutir como lo que eran, un par de niños, al final de cuentas Lin tenía ya diez años y Goh trece, y cada día se parecía más a su padre.
- ¿A qué vinieron? - Preguntó con coraje el bicolor debido a los invitados no deseados, para nada porque sus niños estuvieran riñendo, a pesar de esa apariencia fría y dura, él también adoraba verles desbordar tanta alegría, más que nada a su pequeño Goh, que le recordaba tanto a sí mismo
- Tanto tiempo sin vernos Kai, nosotros también te extrañamos, tuvimos un viaje excelente, si, te trajimos un suvenir – comenzó a contestar el pelirrojo como si tuvieran una verdadera conversación, sin embargo lo único que consiguió fue un gruñido de desesperación e insatisfacción – Ya, comprendido – cayó por fin
- Tus conversaciones siempre son tan amenas – se burló el pelilavanda haciendo caso omiso de la advertencia silenciosa
- Hablen – exigió de nuevo
- Los rumores eran ciertos – dijo después de una ligera pausa dónde la risa de la niña comenzó a escucharse de nuevo aunada ahora a la del pequeño bicolor – El tipo estaba vivo – chasqueó la lengua en señal de mal humor – El muy imbécil estaba realizando experimentos tal y como los hizo en la abadía y lo que era aún peor es que había una docena de tipos ayudándole en sus estupideces, fue de lo más enfermo verlo
- Y entonces, ¿qué hicieron? – preguntó el pelinegro viendo a sus hijos divertirse y pelear como todos los hermanos lo hacen
- La verdad fue muy fácil entrar – dijo el pelilavanda – la seguridad es pésima, más mala que la de aquí – se mofó – aunque con muchísimos más guardias, los cuales derrotamos sin ningún problema – respondió con orgullo
- Eso no es de asombrarse Bryan, cualquiera sabe que ustedes son muy capaces – Le dio por su lado el pelinegro
- Imbéciles – espetó el bicolor ante la autosuficiencia de su compatriota
- Estúpido – le contestó el pelilavanda
- La verdad el infiltrarse fue un trabajo bastante sencillo – continuó el relato el ojiártico antes de que la pelea se iniciara al tiempo que veía a el ojiescarlata y a la peliazul comenzar una beybatalla – Batallamos mucho en dar con él, fueron años de búsqueda, jamás pensamos que estaría en aquél laboratorio porque era bien conocido que jamás fue ocupado, nunca estuvo en función, fue un error no pensar que ahí podría estar, pero al final lo encontramos – el sonido de los blades al chocar fue notorio – Fue como volver a ver la abadía ahí, aquellos cilindros, aquellas máquinas, todos esos sujetos vestidos con batas de laboratorio, repugnante – dijo la última palabra con odio y coraje – Dejamos noqueados a unos, a otros los matamos, pero lo más divertido – en sus labios se formó aquella sonrisa sádica tan característica suya – fue que el estúpido pensó que un blade tenía el poder suficiente para matarlo
- ¿Cómo? – preguntó el neko-jin
-FLASH BACK -
Sus ojos parecían dagas de hielo, algo que aquél tipo se había esforzado en crear un buen tiempo, en esos momentos no le importaba nada más que una cosa, sus ojos estaban fijamente en el objetivo que tenía en frente, un hombre con cabello morado y bata de doctor o químico, mientras su compañero peleaba algunos metros tras de él.
- No me interesa nada de ti, Balkov…. – Su voz salió cargada de odio y acidez al tiempo que se colocaba frente a él, estando separados únicamente por un escritorio – A excepción de tu muerte – su blade disparaba directamente en su frente, en medio de sus cejas, un blanco perfecto y sin margen de error
- Vamos, vamos, que si estás aquí es gracias a todo el entrenamiento que te di, sin él jamás hubieras sido capaz de entrar
- Cierto – sonrió el taheño – te agradezco eso Balkov, y ¿sabes qué? Tengo el perfecto agradecimiento para ti – mostró una sonrisa maniaca como cuando peleó con el dueño de Dragoon – y es que podrás ser asesinado por tu primer arma humana
La sonrisa del taheño era de absoluta locura, le miraba fijamente sin perderse ningún movimiento, aunque no estuviera haciendo ninguno, sabía que estaba mal, sabía que no debía hacerlo, sin embargo, algo dentro de sí le suplicaba por aquella satisfacción efímera; haciendo caso omiso a su razón y obedeciendo a sus deseos, el pelirrojo disparó al hombre frente a él, un tiro certero debido a la cercanía
De haber sido un arma real el ruido habría retumbado por el lugar, pero como no lo era, apenas un golpe seco se logró escuchar; todo pareció transcurrir como en cámara lenta, desde el momento en que su blade salió de su lanzador, hasta el momento en que lo golpeó entre las cejas ocasionando que cayera hacia atrás haciendo un casi imperceptible sonido al tocar el suelo.
Sonrió de lado, comenzó a caminar alrededor del hombre, se acuclilló a un lado de él y le miró fijamente, sus ojos estaban puestos en blanco, un hilo de saliva salía de la comisura de sus labios y una gran marca entre rojiza y morada estaba bastante acentuada en su frente, justo en medio, el ojiártico rió por lo bajo, ¿en verdad ese estúpido creyó que con un blade lo podría matar de un tiro? Se preguntó un tanto divertido, al parecer la respuesta era que sí.
Tomó su blade del piso y lo miró por unos escasos segundos, tenía mucho que agradecerle a Wolborg, pero ahora no era el momento propicio, tenía el tiempo en contra y parecía que eso no le importaba en lo más mínimo a su compatriota ruso, sin más, corrió hasta la computadora principal y tecleó con rapidez.
Sus ojos se movían de un lado a otro al tiempo que oprimía los botones, unas rápidas aquí y allá como si en realidad estuviera haciendo todo al tanteo pero en realidad era con absoluta certeza, dos minutos más de tecleo constante y, de pronto, unos números se mostraron en la enorme pantalla, una vez hecho se giró de forma rápida para al fin llamar la atención de su acompañante
- ¡Bryan! – Le gritó – ¡Deja de estar jugando, ya es hora de irnos!
- ¡No estés jodiendo Ivanov! – contestó de la misma forma - ¡Esto se está poniendo bueno! – reclamó
Sin embargo, tanto el pelilavanda como aquél chico desnudo se quedaron quietos unos instantes al notar cómo la iluminación cambiaba a un tono rojizo al tiempo que decía "Sistema de autodestrucción activado, el edificio se destruirá en cinco minutos, favor de salir del edificio lo antes posible" una y otra vez; aprovechando la ligera distracción del chico el ojilavanda aprovechó y le dio un certero golpe en la boca del estómago sacándole todo el aire, logrando con eso sacarlo de combate, lo interesante es que en su cara no hubo mueca ni de dolor….ni de nada.
- ¡Oye Ivanov! – gritó al que se encontraba todavía junto a la computadora - ¡Es hora de irnos!
- ¡¿Y me lo dices tú? ¡Hace sólo un segundo decías que no querías irte! – le recriminó al tiempo que corría a su encuentro
- Hace un segundo no sabía que habías activado el sistema de autodestrucción – le dijo ya en voz normal al verle junto a él - ¿Y el idiota?
- Ya no será un problema nunca más
- ¿Y éste? – dijo volteando a ver al chico inconsciente, más no recibió respuesta del taheño
El pelilavanda notó cómo su compatriota comenzó a colocarse al chico sobre su espalda, maldijo mentalmente ya que el pelirrojo no era muy bueno cargando un peso extra, así que sin siquiera consultarle se lo quitó y lo puso sobre su hombro como si de un costal se tratara, no había tiempo para discutir así que, para evitarlo, comenzó a correr a todo lo que sus ya cansadas piernas le daban, no tardó mucho en escuchar el sonido de los pasos del ojiártico tras él.
Obviamente el camino de la salida fue más sencillo, dentro de lo que cabe, ya que una voz diciéndote que si no salías rápido quedarías hecho escombros en cuestión de segundos; giraron por aquí y por allá, puertas se abrían y cerraban a su paso al tiempo que el lugar era teñido por un tono rojizo oscuro de una especie de sirena, al parecer no quedaba ni un alma más que ellos en esos momentos ya que si no ya habrían visto.
Cuando la voz anunció que quedaba medio minuto para la explosión llegaron a la puerta de salida, apenas pusieron un pie fuera el viento les recibió con una fresca caricia en la cara, siguieron corriendo un poco más hasta que se adentraron al extenso bosque, una vez que se protegieron tras unos árboles se voltearon para mirar por última vez el lugar que acababan de dejar y, en dos segundos, explotó, todo fue consumido por las llamas
- END FLASH BACK -
- La verdad no sé cómo ese idiota pensó que un simple blade puede matarte – reiteró
- Boris era alguien sumamente enfermo mentalmente – comentó el ojiámbar
- Mental, física, psicológica, parapsicológica y de cualquier ámbito – corrigió el pelilavanda – Mejor digamos que el tipo estaba desquiciado y ya
- Y ese – señaló el bicolor a un chico con ojos color lavanda, cabello pelirrojo y tez pálida como ellos, después de unos momentos de silencio que se había hecho. El chico estaba un poco entre escondido en los árboles
- Ese – volteó a ver al pelirrojo – es el último experimento de ese maniaco, tengo entendido que se llama experimento C1575, si ya sé que ese no es un nombre Köt – se le adelantó al conocer que diría algo por ese nombre – pero fue cómo le llamó Balkov
Los cuatro se quedaron viendo al chico, por su parte el pelinegro le asombraba la forma en que se parecía tanto a Tala como a Bryan, inclusive se atrevería a decir que notaba algo de Spencer en Ían, pero era mínimo, era más como si fuera el hijo de sus dos amigos, porque para él eran amigos a pesar de que éstos no le consideraran igual, no sabía qué equivocado estaba en ese pensamiento.
El ojiámbar comenzó a caminar hasta dónde estaba el pequeño ojilavanda, lo cual era casi hasta la entrada de aquél enorme jardín que tenían, no se inmutó en lo más mínimo, a su mente vino el recuerdo de Tala cuando pelearon hacía ya muchísimos años, era como si no hubiera nada algún sentimiento, algún deseo, algún anhelo, era como si realmente no existiera nada en él, ni siquiera un alma.
Se preguntó qué atrocidades estuvo haciendo con él Balkov, tal vez lo mismo que había hecho con los Demolitions boys para poder lograr aquella carencia de sentimientos, no sabía bien que era puesto que el bicolor no quiso decírselo nunca, pero imaginó que debió ser terrible. Tal vez le hizo lo mismo a aquél pequeño, de inmediato descartó aquél pensamiento, no, seguramente fue peor.
Cuando estuvo frente de él se bajó un poco hasta su altura y le sonrió amablemente, el aludido no pestañó siquiera, era como si su cuerpo estuviera ahí pero nada más, el chino soltó un suspiro en vista de la situación, era demasiado triste ver a alguien tan pequeño, de al parecer la edad de su hijo, no tener ni siquiera una pisca de alegría dentro de sí, era como ver la nada.
- No puede quedarse como C1575 para siempre – alegó el ojiámbar mientras se volvía a erguir
- No le veo problema, es fácil de recordar y parece que está acostumbrado – se burló un poco el pelilavanda
- Se parece mucho a ustedes dos – prefirió no prestar atención al comentario del ruso
- Balkov dijo que había encontrado la forma para crear el arma perfecta, que todo consistía en omitir los sentimientos desde el momento en que se comienza la formación del humano, así que había tomado unas muestras de nosotros y las había combinado, técnicamente él es un ser creado artificialmente
- Eso lo convierte casi en su hijo – sonrió el neko-jin alegremente mientras provocaba un ligero sonrojo en los dos rusos – Pues bien, hay que encontrarle un mejor nombre que C1575 ¿Que tal Brytan? ¿Te gusta? – cuestionó al pequeño más ninguna respuesta fue dicha
De pronto, el sonido de un blade surcando el cielo fue escuchado muy claramente, las palabas de "cuidado" dichas por la pequeña ruso-china-japonesa se escucharon fuertemente, más nada podía evitar que el objetivo fuera la cabeza de aquél pequeño pelirrojo, esperaron lo peor, no había tiempo de reaccionar, sin embargo, el ruido de dos blades chocando sacó a todos de su letargo.
En la mano del pequeño ruso había un disparador en el cual momentos antes seguramente había habido un blade preparado, ambos blades salieron disparados a extremos opuestos, logrando que el de la niña tuviera una trayectoria directa a su personita y con lo que parecía el doble de potencia con el que había sido lanzado, asustada y no pudiendo pensar en otra cosa, trató de cubrirse con sus brazos que seguramente de nada le servirían.
- ¡Dranzer! – sonaron dos voces a coro
El blade hizo caso a la orden implícita y sacó de curso el que iba directo a la pequeña con ojos de atardecer, se escuchó un suspiro de alivio general al notar cómo la pequeña estaba fuera de peligro; sin poder evitarlo, ambos bicolor comenzaron a mostrar su furia ante lo que el pequeño pelilavanda había "ocasionado" y avanzaron a paso lento pero decidido hasta dónde se encontraba.
- Vamos Kai – se interpuso el pelirrojo en el camino del aludido – No creerás que lo hizo con intensión ¿O sí?
- No me interesa, estuvo a punto de lastimar a mi pequeña – contestó sumamente enojado
- Tú – exclamó el pequeño bicolor una vez que hubo llegado hasta el chico - ¿Qué pretendías al hacer eso? – Ninguna respuesta fue dicha – Mira idiota – le sujetó por la solapa de su chaqueta – Más te vale que no vuelvas a intentar algo contra mi hermana
- Tranquilo Goh - le calmó su papá – Estoy seguro que nunca fue esa su intención, fue un accidente, además Lin también estuvo a punto de golpearlo
- Si, papá – a su pesar admitió la razón de su progenitor y dejó zanjada la situación
- A todo esto – comenzó a hablar el pelilavanda sacando a todos de tensión – ¿Dónde están esos engendros?
- ¡N….no los menciones! – exclamó asustada
No bien dijo esto se escuchó cómo atravesó el aire, no era un beyblade, el sonido era completamente distinto, segundos después se pudo notar un gran "spash" y luego a una peliazul empapada de pies a cabeza, sus manos se cerraron fuertemente hasta formar un puño mientras su seño se fruncía de tal forma que denotaba que dentro de sus venas había sangre "Hiwatari" sin duda alguna.
- ¡Talyan! – gritó a los cuatro vientos – ¡Ven aquí maldito engendro! - Una risa resonó por el lugar sin saber exactamente de dónde provenía - ¡Sal ya, cobarde!
Unas ramas se comenzaron a mover dejando ver a un joven de alrededor de unos catorce años con el cabello color café en dos tonos, uno más claro que el otro, y ojos de un tono rojizo oscuro, pero más claros que los del pequeño ojiescarlata; tenía una mirada altiva y una sonrisa traviesa, parecía que se divertía mucho con lo que hacía, detrás de él apareció una chica con los mismos rasgos que él.
- Oh, vamos primita – habló el recién llegado – No seas aguafiestas
- No soy aguafiestas – exclamó aún enojada – No es divertido mojarme con globos cada vez que se te antoje
- Para mí lo es – sonrió dispuesto a seguir con aquél comentario pero, al notar a un cierto pelilavanda por ahí, olvidó su discusión – ¡Bryan! – exclamó muy alegre
- Hey mocoso – habló a modo de saludo - ¿Cuándo llegaron? – hablaba mientras se acercaba dejando olvidados los globos con agua por ahí, y mientras una pequeña ojiroja le seguía
- No hace mucho – fue turno de contestar del taheño
- ¿Y ese? – preguntó al ver al pequeño pelilavanda - ¿Es su hijo? ¿Pues qué estuvieron haciendo? – Preguntó con picardía
- Le recordaré a tu madre que ya no te deje juntarte tanto con Bryan – dijo al aire el chino - ¿Qué hacen aquí? ¿Tus padres? ¿Tus guardaespaldas?
- Estábamos aburridos así que decidimos venir a jugar, nos escapamos de los guardaespaldas, son unos idiotas, y mi padre está en Belice cerrando un trato y mamá está en Rusia inaugurando un nuevo hospital, envían saludos. ¡Ey Goh! – llamó alegremente – Te reto a una beybatalla, ahora sí no podrás ganarme
- Sigue soñando Talyan – sonrió altivamente el ojiescarlata muy al estilo de un Hiwatari
- Niños – dijo el chino
- Vamos Reikai – jaló a la joven hermana del otro chico – vamos a ver a pelear a mi hermano y al tuyo
- Pe…pero yo….
- No te preocupes, si dicen algo mis tíos diré que todo fue culpa de él – sonrió
- Yo…- miró preocupada al chino y al ojirubí, al notar la aprobación de ellos, se dejó guiar por la pequeña – De acuerdo – comenzó a caminar pero le llamó la atención aquél joven silencioso – Lin, y él – cuestionó
- Pues… - volteó a ver a su papá y, al notar un leve asentimiento, corrió hasta dónde se encontraba el chico – Vamos – le jaló también ante lo cual el otro sólo se dejó llevar – Tu también Reikai – jaló a la chica con su mano libre y se dirigieron un poco más allá dónde estaba un enorme beyestadio, los mayores les seguían
- Parece que a Reikai le agrada Brytan – comentó el pelilavanda
- No creo que a su madre le haga mucha gracia – dijo el ojiámbar
- Ni siquiera a mí me hace gracia – respingó el taheño
- ¿Qué harán? – cuestionó el chino mientras tomaba la mano de su esposo
- ¿Qué más podemos hacer? – contestó el pelirrojo – No podemos dejarlo a su suerte, tú mismo lo dijiste, parece como nuestro hijo, y no habrá quién le pueda enseñar a cómo sentir sin volverse loco en el intento más que nosotros, que ya lo experimentamos.
- Eso es cierto – Pararon a un lado del beyestadio notando como los chicos se disponían prepararse, se dejó abrazar por su amado
- Qué remedio – bufó el pelilavanda
- Yo haré de réferi – dijo la ojirojiza algo tímida
- No vayas a darle a Goh por su lado hermana – rió su gemelo
- No…. No lo haré – contestó apenada
- Tres – dijo a voz algo baja pero audible, los mayores les miraban
- Dos – Ámbar y rubí se vieron tiernamente mientras sellaban su amor con un beso, igual de especial que si hubiera sido el primero
- Uno – Distraídamente el pelirrojo tomó la mano del ojilavanda y la agarró fuertemente, lo que hacían era una locura, no había duda, pero desde que había aceptado que en realidad amaba a ese bastardo, todo lo había sido, así que no había mucha diferencia
- Let it Rip – comenzó la batalla.
Ambos blades chocaron en el aire dando el característico sonido metálico, ambos hacían y deshacían, se escuchaban gritos de "Vamos Dranzer" y "Atácalo Kaizer" por doquier; de pronto y sin siquiera esperarlo un tercer blade apareció en batalla bajo el grito de "Adelante Drigger" lo cual hizo sonreír a ambos adolescentes, de un momento a otro un cuarto blade se introdujo en la batalla, sin saber de quién era porque nunca lo habían visto notaron al chico pelirrojo sin expresión en el rostro, pero que se hubiera aunado ya era ventaja.
El hecho de que el pequeño ojilavanda hubiera actuado por su propia cuenta sorprendió a los dos rusos eh hizo sonreír al chino, quizás no todo estaba perdido; la batalla era bastante reñida, pero no para alguien que tuviera la suficiente experiencia como ellos, sin siquiera pensárselo decidieron aunarse en el encuentro y dejaron que sus bestias bit hicieran uso de toda su galanura.
Falborg y Wolborg se unieron a aquellos golpes y choques, a pesar de lo que cualquiera creería los otros blades les estaban dando buena batalla, todos ellos se encontraban inmersos en la diversión, al final otros dos blades se unieron siendo los del bicolor y el ojiámbar haciendo que el beyestadio comenzara a parecer chico, pero poco o nada eso importó.
- ¡Vamos Drigger! – gritó el chino
- ¡Ataca Dranzer! – le siguió a su esposo
- ¡Kaizer!
- ¡Falborg!
- ¡Wolborg!
- ¡Drigger! – dijo la pequeña
- ¡Dranzer! – gritó el ojiescarlata
Cinco bestias bit aparecieron majestuosamente dejando ver todo su poderío, mientras aquellos que eran sus apoderados sonreían alegremente, el chino y el ojirubí veían a sus niños pelear, sus pequeños orgullos y, aunque esas palabras nunca salieran del bicolor, siempre se los hacía notar para evitar a toda costa que su pequeño Goh fuera una copia de lo que él era.
La ojiroja veía el combate de su gemelo y lo apoyaba animadamente a pesar de su carácter tímido. El pelirrojo y ojilavanda se entretenían a lo grande, eran nuevos en aquél trabajo, no sabían que tenían que hacer, pero no había problema, lo descubrirían en el proceso como todo, aquél chico era un reflejo claro de lo que pudieron haber sido, y ellos se encargarían de devolverle la vida arrebatada a aquél chico. Altibajos sucederían en las vidas de cualquiera de ellos, pero eso no importaba, se supone que así debía ser ¿o no? Y tras un "ataca" al unísono de todos los presentes, siguieron con su diversión
FIN
NOTAS DE LA AUTORA
Y al fin, puedo ponerle fin a este fanfic. Se siente raro la verdad, después de tenerlo conmigo tantos años y ahora se termina, pero así son las cosas. Se supone que iba a ser chiquito, no tenía una gran idea de él, pero de pronto que me vinieron escenas y escenas a mi mente y pues, parece que no quedó tan mal. Tenía que ser un epílogo pero me quedó como un capítulo más, aun así preferí dejarle el nombre de epílogo aunque no sea correcto, simplemente fue un como "años después"
Espero que les haya gustado el fic y que hayan disfrutado el leerlo tanto como a mí me gustó escribirlo, obviamente el lemmon lo puse porque no me quería ir sin uno XD. Ojalá haya cumplido las expectativas que tenían cuando empezaron a leer mi fanfic, puse todo mi esfuerzo y empeño para concluirlo y que sea de su agrado.
Lamento si me salió muy largo el último capítulo, espero no haber aburrido con el relato que es lo que menos quiero, pero quería plasmar absolutamente todo lo que tenía en mente para que así ya no hubiera probabilidades de que escribiera algo más sobre esta misma trama.
Agradezco a quienes le hayan seguido la pista por lo largo de los años, y también agradezco a los que en un futuro lo lean. Si les gustó y si gustan pueden dejarme un review que yo lo sabré atesorar y bien, con esto concluyo lo que viene siendo Problemas y Disculpas, y para completamente cerrar Secretos y Descubrimientos. Fue grato hacer el viaje con ustedes.
Do svidaniya i spasibo bolʹshoe
(Adiós, nos volveremos a ver y muchas gracias)
Aiko Hiwatari