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Disclaimer.- Ningún personaje de Inu Yasha me pertenece.
Warning.- Fic con contenido YAOI y también algunas situaciones clasificadas para mayores de 16.
Ironía
Capítulo VII
La partida
Sesshoumaru sonrió al encontrar a Isei justo en los jardines que tantos recuerdos le traían. Se acercó en silencio hasta él y le rodeó por detrás, escuchó el suspiro que el otro lanzó y frunció el ceño.
- ¿Por qué suspiras? – preguntó.
Isei rió burlonamente y posó sus manos sobre los brazos que le envolvían.
- Deberías preguntarte por quién suspiro, de hecho.
Sesshoumaru estuvo por romper el contacto, pero su Naraku no lo dejó. Al contrario, se giró sobre sus talones para quedar de frente a él y todo atisbo de burla estaba completamente fuera del mapa que reflejaban los rubíes del mayor.
- Te irás – afirmó el pelinegro sin dejar de mirarlo –. Cuando regreso, justamente tú te marchas nada menos que a una guerra…
- ¿Debería interpretar eso como que estás preocupado por mí?
- No seas tonto, Sesshoumaru, me preocupa el hecho de que tendré que ir contigo.
- Ni siquiera he pensado en pedírtelo.
- Y yo tampoco he pensado en preguntarte si me lo permitirías.
Isei sonrió traviesamente, se alzó en puntitas y besó la nariz del ojimiel.
- Te dije que había regresado para no dejarte, Sesshoumaru – aseveró.
- Soy el futuro emperador y no quiero que me acompañes.
- Lo haré y es todo lo que tienes que saber – se anticipó antes de que Sesshoumaru preguntase las razones.
Si lo hacía, tendría que mentirle y a la vez mezclaría la verdad con el engaño… cuando menos quería dejar algo en limpio hasta el último instante, aunque fuera tan sólo en palabras.
- Anochece con demasiada rapidez – comentó el ojimiel para romper el silencio.
- ¿Es eso una invitación?
- No.
Naraku alzó la ceja y le devolvió una mirada de intriga. Sesshoumaru contuvo las ganas de esbozar una sonrisa por la indignación que chispeaba en los ojos del que, todavía, tenía entre sus brazos.
- ¿Podríamos quedarnos un rato más aquí? – inquirió, olvidando todas sus reservas, la frialdad y el mismo orgullo, pero el tono grave nunca se suavizó.
- Creí que no quedaba mucho del niño que conocí, me alegra saber que aún hay algo de él en ti.
- ¿No te gusta la persona en la que me convertí por tu culpa?
- En primera, no fue mi culpa, tú te dejaste; y, en segunda, no te pienso decir nada de lo que pienso al respecto.
- Isei… – advirtió Sesshoumaru.
- Temo que tu cabeza se infle a causa de mi confesión.
Sesshoumaru negó suavemente, mientras una fina línea curveada se formaba con sus labios.
- Tomaré toda nuestra conversación como un sí – finalizó, empujando a Isei para hacerlo caer sobre el verde pasto. Se situó encima de él y buscó sus labios al tiempo que le lanzaba una mirada brillante, o al menos eso le pareció al pelinegro que sintió el aire acabándose en su mente.
Seguía siendo ese niño del que se enamoró…
-:-x-:-
Flashback
Aome sentía la brisa rozando su rostro. El sol se mostraba firme en su decisión de mantenerse brillante e imponente sobre el desierto de Arabia y el calor que corría se comparaba con el brillo de éste.
- Princesa – le llamó alguien desde la puerta.
- Adelante – indicó, cubriendo su rostro con la fina tela de seda blanca.
El joven bajó la mirada y se hincó frente a la chica.
- Su padre le espera en el salón, quiere saber porqué está tardando en bajar.
- Dile que estaré en un minuto con él, Tarek.
- Por supuesto, Princesa.
El joven se puso de pie e hizo una reverencia.
- Tarek…
- Dígame, su Alteza.
- Gracias por esto.
Aome tomó la rosa blanca que descansaba en un florero de vidrio soplado hecho a la forma de una mariposa. Por su parte, el joven de ojos pardos sonrió, algo apenado, y se atrevió a acercarse a la joven.
- ¿Sería una osadía preguntar cómo supo que fui yo?
La princesa se ruborizó y desvió la mirada.
- He visto tu letra antes – respondió.
- Entonces en verdad he sido un despistado – se dijo el joven –. Su Alteza, sabe que en mi puesto como General puedo hacer oficial mi deseo de tenerla como esposa, pero no lo haré hasta tener su consentimiento. No quiero engañarla, siempre he soñado con que usted esté a mi lado, mas quiero que sea porque usted también lo desee…
Tarek la atravesaba con la mirada y la sonrisa suave que parecía fluir en todo su jovial rostro, le relajaba por más extraño que pareciese. Sentía su corazón latir fuertemente y por una tercera vez sonrió con verdadera alegría, Tarek sólo podía imaginar la sonrisa de la princesa debido al velo que cubría aquella hermosa expresión.
- Convénceme – contestó Aome.
El General ensanchó su sonrisa y se acercó un par de pasos hasta la chica, tomó su mano y depositó un beso en ella.
- Lo haré – afirmó.
Después, salió de los aposentos de la dama, dejándola sola. Aome sintió que sus mejillas ardían, sin embargo, la sonrisa que se había posado en sus labios sencillamente se negaba a desaparecer.
Estaba feliz.
Fin flashback.
- ¿Aome? – la interrumpió la voz de Sango.
La princesa rápidamente se enjugó las lágrimas y se puso de espaldas a la puerta, no quería que su amiga la viera así.
- ¿Qué pasa, Sango? – preguntó, intentando que su voz no se rompiese entre las palabras.
- Te he estado buscando todo el día, pero no te encontré por ningún lado.
- Lo siento, estuve curioseando por el palacio.
- Desde hace un par de días que tengo que decirte algo – le urgió Sango, cerrando la puerta tras de sí. Luego, se sentó a su lado –. Verás, el senador Miroku me dio unas indicaciones que… Aome ¿por qué lloras?
Aome se maldijo internamente por no poder controlar sus lágrimas, volvió a limpiarlas y trató de sonreír tranquilizadoramente.
- No es nada, es que… recordaba…
Sango ablandó la mirada y abrazó a su amiga, acarició su cabello y dejó que la chica sollozara todo el dolor que seguía haciéndole daño. Aome se aferró al apoyo que su amiga le brindaba y recordó el rostro de aquel hombre que había aparecido de repente, imaginó la sonrisa de Sesshoumaru con él y odió más que nunca las palabras falsas que fueron declaradas días atrás. Repudió el sentimiento que se había instalado en su corazón y se refugió en ese rencor que parecía no serlo al fin y al cabo.
- Aome… - murmuró Sango, entristecida, mientras arropaba a su amiga que se había quedado dormida luego de tanto llorar.
Apagó las velas y salió en silencio de la habitación. Definitivamente había sido una buena idea aceptar la oferta del senador, a Aome le hacía falta volver con su gente y, sobre todo, con su padre.
Por otro lado, Inu Yasha contemplaba el Imperio desde su balcón. Estaba ligeramente apoyado sobre el barandal.
La guerra se aproximaba más y más. Nunca tuvo en mente que una situación así fuese tranquila ni mucho menos, pero había algo que no le dejaba tranquilo. Un presentimiento, las ansias tal vez, simplemente era algo que vagaba en su mente y no le permitía conciliar el sueño. La estrategia de batalla estaba más que bien planeada, incluso había planes alternos por si algo salía mal, mas sentía que algo se les estaba escapando de las manos.
- Inu Yasha, entra o pescarás un resfrío – fue la voz de su madre quien le sacó de su ensimismamiento.
El príncipe se giró sobre sus talones y se aproximó a su madre para besarla en las mejillas. Izayoi se sentó sobre la cama de su hijo e Inu Yasha se quedó de pie frente a ella.
- ¿Desde cuándo estás ahí, madre?
- Apenas unos segundos, regresé hace poco.
Inu Yasha frunció el ceño, no esperaba que de verdad su madre y Sesshoumaru pudieran estar juntos tanto tiempo.
- ¿Tu sonrisa debe ser interpretada como que todo salió bien?
- Mejor de lo que esperaba – declaró su madre.
- ¿Se puede saber por qué?
- Cosas que no puedo contarte, hijo. Pero dime¿qué hiciste el día de hoy?
- Estuve con padre y Jaken planeando algunas cosas para el viaje…
- En verdad todo está listo¿verdad?
- Sí, madre, partiremos en cinco días tal y como estaba previsto. Padre se quedará contigo para no despertar alarma en el pueblo y preparar los refuerzos por si fuera necesario.
- Inu Yasha¿por qué pediste el control de una escuadra?
- Madre, es parte de mi deber. No por ser el hijo del Emperador debo quedarme aquí, entre la seguridad de las paredes del palacio. Soy hijo del líder de este Imperio, tengo que ser el representante de mi padre…
- Y también hay algo más¿por qué no me lo dices?
- Ni en un millón de años podría engañarte¿cierto?
- Justamente, ahora dime qué es esa razón tan poderosa que te incitó a tomar esta decisión.
- ¿Acaso no es del todo obvio? Es por Kikyo…
- Hijo, ella ya no debe ser de tu incumbencia. ¿Cuándo entenderás eso?
- Es que no lo entiendes, madre, no puedo creer que esta guerra sea causada por su simple capricho de querer casarse con mi hermano. Ella no puede ser así y quiero que me dé una explicación.
- Ella no te dará nada bueno, Inu Yasha¡no te ha traído cosas buenas desde que la conoces!
- Todos decían lo mismo de ti y papá…
- Eso fue algo muy diferente, hijo.
Inu Yasha miró con enfado a su madre. Sus brazos temblaban ligeramente por la presión que ejercían sus manos ahora convertidas en puños, trataba de controlarse, pero la tarea se le complicaba con cada réplica que su madre le daba.
La dama notó esto y suspiró. No estaba llevando bien las cosas.
- Inu Yasha, a estas alturas sé que no puedo detenerte; sin embargo, pase lo que pase sabes que estaré ahí para ti. No quiero que sufras, hijo, y tal parece que ésa es la única forma que hay para que despiertes por fin. Por eso no tengo más remedio que aceptarlo y rezar a los Dioses por ti…
- Lo siento, madre – se disculpó el ojimiel, suavizando la mirada.
Izayoi sonrió y se levantó para abrazar a su hijo. Le besó en la frente y salió de la habitación.
Inu Yasha, por su parte, tuvo ganas de golpearse contra la pared. ¿Qué había estado a punto de hacer si no se hubiera calmado?
Alguien, tocando su puerta, volvió a sacarle de sus cavilaciones.
- Adelante – indicó.
- Por el tono agrio que tienes creo que no estás del todo bien¿verdad?
- ¿Qué quieres, Miroku?
- Hablarte de Aome y Sango.
- ¿Aome… Sango…?
Miroku rodó los ojos.
- Las hermosas odaliscas…
Inu Yasha recuperó la memoria en un instante. Se acostó pesadamente sobre su cama y miró desde ahí al senador.
- ¿Qué hay con ellas?
-:-x-:-
Sí, sí, lo sabía. Era un idiota, un cobarde, un cínico y hasta un asesino. No tenía porqué estar ahí, en el lecho del peliplateado, observándolo dormir. ¿Por qué no simplemente se había mantenido como muchos días atrás en que no le importaba nada ni nadie más que su yo? Mentira, las cosas no fueron de ese modo desde el principio.
Sólo buscaba un pretexto para desatar su perversión, todo ese deseo profundo de reflejarse en aquel par de espejos ambarinos. Su enfermedad se había desarrollado de mal en peor, y finalizó con lastimar al chico porque, según él, Sesshoumaru era el culpable de todo. Tenía la culpa por ese rostro infantil y la sonrisa adorable que le daba todo el mundo, era el responsable de que estuviera tantas noches sin dormir a causa de los celos¡cometió el error de darle su atención de ese modo tan…!
- ¡Agh! Encantador, sensible, tierno, eso eres – susurró con frustración sin salir de la cama.
Y¿a quién quería engañar? No podía decir que se arrepentía…
Se recostó suavemente sobre la cama de nuevo y sonrió al sentir que Sesshoumaru le abrazaba inconscientemente para luego dejar que su cabeza se acurrucara sobre su pecho.
Sí, Sesshoumaru seguía siendo ese niño a sus ojos. El sarcasmo y la frialdad que reinaba en su tono de voz, simplemente era una cruel broma a su cordura. Era una parte que el joven príncipe había descubierto de sí, pero no era la dominante aunque todo apuntase lo contrario y se había dado cuenta de ello con sólo ver sus ojos.
Ésa clase de cursilerías jamás cambiarían… No que lo desease, claro.
Sin embargo, escuchó algunos pasos apurados resonando por el pasillo. Sesshoumaru dormía plácidamente con él como almohada y parecía que no despertaría a menos que el palacio comenzase a derrumbarse. Sintió un agradable cosquilleo cuando Sesshoumaru suspiró en sueños y ese respiro tocaba su piel, pero esto no le alejó la atención de los pasos que todavía se escuchaban hasta que en un instante cesaron.
Frunció el ceño y, como pudo, deslizó la almohada entre el príncipe y él, y así poder salir a ver qué rayos sucedía. Se puso una bata del príncipe y abrió la puerta con la mayor delicadeza posible, volteó a darle un vistazo al peliplateado y vio que éste seguía durmiendo.
Salió sin cerrar del todo la puerta y trató de ver algo en medio de la penumbra, pero tal parecía que no había nadie.
No podía haber sido algún guardia, éstos estaban por el lado derecho del pasillo y había distinguido que el sonido de los pasos venía del lado contrario.
- Quien sea que esté ahí, salga…
Logró distinguir una sombra gracias a la luz de las antorchas dispuestas en lugares estratégicos. Estrechó ligeramente los ojos al notar de quién se trataba.
- ¿Qué haces tú aquí? – preguntó con enfado.
La persona reveló su figura del todo cuando se adelantó hacia Isei.
- Quería hablar con el príncipe, lamento la intromisión – se disculpó la chica.
- No deberías andar por estos pasillos de esa forma – le sugirió Naraku, opacando su carácter irascible con un tono menos agresivo –. Será mejor que vayas a dormir, mañana el príncipe te recibirá…
La joven asintió y se perdió en el pasillo en cuestión de segundos. Isei suspiró, era innegable que le guardaba resentimiento a esa chica y Júpiter sabía que trataba de controlarse para no armar un escándalo. Y es que no le daría tanta importancia si no fuera porque en verdad la tenía.
Devolvió sus pasos al interior de la alcoba del príncipe y vio, para su regocijo, que éste yacía despierto y sentado sobre la cama.
- ¿A dónde fuiste? – exigió saber.
- A tomar un poco de aire fresco, no es por nada, pero me estabas asfixiando en medio de tu afán por hacer de mí una almohada.
- Escuché que hablabas con alguien…
- Uno de los guardias.
Sesshoumaru le creyó una nada, pero no dijo más. Su pelinegro subió a la cama y se acomodó en ella, cerrando los ojos inmediatamente. El ojimiel le miró una fracción de segundo e imitó el movimiento del mayor, aunque esta vez se acurrucó en la clavícula de éste.
- No tienes que preocuparte de nada – murmuró Isei.
- Sé sincero¿por qué más regresaste?
- Hay un par de cosas además de ti que facilitaron mi decisión de volver a Roma, mas no te diré ninguna de ellas…
- Sólo… sigue correspondiéndome, es todo lo que quiero que hagas – susurró, mordiendo suavemente la piel del cuello expuesto ante sus ojos.
Su Naraku esbozó la sombra de una sonrisa y acarició inconscientemente el suave cabello plateado.
"Nunca lo acepté, pero fue porque tú dijiste sí que yo cambié mi forma de pensar…"
A la mañana siguiente, Sango se había despertado muy temprano para ordenar sus cosas. Ya tenía todo listo y solamente tenía que decirle a Aome todo lo que pasaba para que así pudieran emprender el camino de regreso a Arabia.
Al entrar al cuarto de ésta, la encontró todavía dormida. Extrañada, se acercó y entonces pudo ver los surcos de posibles lágrimas sobre sus mejillas. Se sentó y comenzó a moverla para despertarla.
- ¿Qué pasa? – preguntó la joven al abrir los ojos por fin.
- Aome, yo quería decirte anoche que el senador Miroku nos deja ir a Arabia completamente libres a cambio de convencer a tu padre de que deje que el ejército romano pase por sus territorios para que por fin termine con la rebelión de Siria y las naciones aliadas…
- ¿Eso quiere decir que mi padre no se ha unido a éstos territorios del todo?
- No lo sé, Aome, por eso es menester que marchemos cuanto antes. Tu padre no sabe lo que nosotras y sólo Alá sabe lo que decidirá en cuestión de horas…
- No llegaremos a tiempo.
- Sí lo haremos, ellos parten en 4 días y llegarán en una semana y media. Tenemos el tiempo justo.
- ¿Y crees que esté bien que persuadamos a mi padre de aceptar a Roma?
- No sé lo que pienses tú, pero todos los rumores de la agresividad de los romanos y todo eso a mí me ha parecido más un chisme muy mal intencionado. Hay muchas cosas que no están bien, Aome y eso puede poner en riesgo a nuestra nación misma.
- Sí, también a mí me lo ha parecido – admitió la princesa –. ¿Qué te ha dicho el senador en sí?
- Me ha dicho que Arabia es el atajo de la guerra. Su viaje será muy complicado, si nuestra nación se pusiese en su contra, ellos tendrían que rodear el territorio. Por eso necesitan que les abramos el paso…
- ¿Y quién nos asegura que no intentarán invadirnos?
- Aome, tú mejor que nadie conoces a Sesshoumaru. Su familia no difiere de sus principios y sería una bajeza que recurrieran a ese método. Por eso, no va a pasar.
La princesa mordió su labio inferior, dudosa, hasta que finalmente asintió.
- Regresemos a casa entonces, Sango, desde ahí podré investigar mejor algunas cosas que no concuerdan en todo este asunto…
- Tengo todo listo, sólo es cuestión de que tú estés lista.
- En ese caso, será mejor que le avises al senador. Yo te alcanzaré en las afueras del palacio…
- Bien.
Sango salió con el mismo andar suave, dejando sola a la princesa.
Aome suspiró de nueva cuenta: Había llegado el momento de enfrentar finalmente a Sesshoumaru. Sin embargo, fuera cual fuera la respuesta del príncipe, ella sabía lo que debía hacer y nada cambiaría su opinión al respecto…
- ¡¿Me presentarás ante la emperatriz y el emperador¡¿Acaso te has vuelto loco?
- No tienes porqué gritar – reprochó el príncipe, acomodándose la túnica frente al espejo –. Vas a estar a mi lado¿o no? Es momento de que sepan por qué, repentinamente, accederé a tener una mano derecha…
- Sí, pero no es necesario que hables de… nosotros específicamente…
- Lo es, al menos para mí y ya que decidiste tú solo el acompañarme, yo decido qué decir…
Naraku elevó una ceja soberbiamente y se cruzó de brazos.
- ¿Vas a jugar conmigo el juego de tira y afloja? – inquirió con la voz peligrosamente suave.
Sesshoumaru sólo se encogió de hombros.
- ¡Bien! – resolvió Naraku con impaciencia –. Haz lo que te plazca, pero si el emperador te deshereda y la emperatriz muere de un infarto, no digas que no te lo advertí.
Dicho esto, salió de los aposentos del príncipe para dirigirse a cualquier otro lugar donde pudiera calmarse. Sesshoumaru le desquiciaba, no porque le desesperase, sino porque era difícil calmar ese latir acelerado del corazón cuando el joven hacía semejantes actos como revelación de lo que existía entre ambos. Aunque, por supuesto, probablemente Sesshoumaru no sabía que ésa era la razón.
En tanto, el príncipe terminaba de acomodarse un broche sobre su vestimenta.
- Pase – dijo cuando el sonido se quebró por el toque sobre su puerta.
- Buenos días – saludó la voz femenina de la chica que no había visto de nuevo hasta ahora…
Aome estaba vestida con las prendas natales de su país y el cabello recogido en una coleta.
- Buenos días, Aome.
- Yo… vengo a despedirme.
Sesshoumaru quitó su vista del espejo y detuvo su mirada sobre su rostro, con los ojos destilando curiosidad. Aome sintió que su corazón se oprimía de forma dolorosa en su interior, eso era todo lo que representaba para el príncipe¿o no? Una simple diversión de momento…
- Regresaré a Arabia junto con mi amiga Sango, el senador nos ha encargado un favor que debemos comunicarle a su Majestad, el sultán…
- ¿Estás convencida de confiar en nosotros?
- Los romanos en realidad resultaron ser muy diferentes de todo lo que se habla en mis regiones. Por eso no veo motivo para no prestarles ayuda, además todo se inició por una necedad…
- ¿Apoyas que la guerra sea llevada a cabo por una causa tan tonta como ésa? – cuestionó el chico.
- Por supuesto que no – declaró Aome –, pero en el gobierno, los funcionarios tienen el deber de hacer lo necesario para mantener la armonía entre su gente. Siria cometió el error de velar por el capricho de la princesa y ahora ha ocasionado esto que no puede ser arreglado por la diplomacia…
- Entonces… ¿volveré a verte?
- No lo veo necesario, su Alteza – respondió agriamente la joven, aún con la mirada puesta sobre la de Sesshoumaru –. Le deseo suerte a usted y a todo su pueblo, con permiso.
¿Debía detenerla?
¿Qué era esa sensación de preocupación que le invadía? Como posesión, no, no era eso… algo parecido a la necesidad¿qué quería saber u oír?
- Aome – la detuvo con su nombre antes de que ella saliese.
La joven se giró lentamente para enfrentarle y él se sintió perdido. ¿Por qué de pronto se agobiaba tanto con pensar que no la vería de nuevo? Además, ese tono había sido escueto y resuelto… no le gustaba.
- Su Alteza – le interrumpió la chica antes de que éste hablase, tenía que decirlo ahora o nunca –, yo nunca pensé que mi vida podría atravesar las circunstancias por las que paso ahora y mucho menos creí que mi desprecio por ustedes y su país se convirtiera en esto. Yo… siempre pensé que los romanos eran unos cínicos sin respeto por nada y lo primero que conocí del futuro emperador de Roma fue su actitud arrogante – Sesshoumaru sonrió apenas perceptiblemente –, y de algún modo a pesar de todas nuestras discusiones o de las negativas, fui conociendo un poco más de ése personaje con la soberbia como corazón. Inevitablemente me enamoré…
El ojimiel ablandó la mirada al ver el cuadro que la chica presentaba con las mejillas totalmente coloreadas y los puños cerrados con fuerza, pero su mirada se mantenía enfrentando a la suya por más que la pena se arremolinase en el momento.
- Y sólo necesitaba confesar eso – finalizó la princesa, sonriendo con resignación.
No esperó una respuesta del peliplateado, ni tampoco quiso oír lo que el silencio le dictaba, sólo abrió la puerta y terminó por marcharse de una vez.
Qué ironía que lo hiciese sin querer de verdad, como no lo fue en un principio…
- ¿Estás bien? – le preguntó Sango al verla llegar.
- Sí, estoy bien…
- ¡Aome¡Sango! – gritó una voz infantil cuyo dueño corría con todas sus fuerzas hasta llegar a ellas –. ¿Es cierto que se van?
Aome y Sango intercambiaron miradas, Shippo las miraba con los ojitos llorosos. Sus manitas estaban aferradas a la ropa de la princesa y su semblante era implorante. ¿Qué debían decirle al chiquitín?
- Tenemos que hacerlo, Shippo – murmuró Sango.
- Pero ¿por qué?
- Tenemos que regresar a nuestras tierras – respondió Aome, inclinándose hasta quedar a su altura.
- ¡No quiero que se vayan!
- Shippo, nos vamos a volver a ver. Tenemos que irnos para que tu país pueda ganar la guerra y tú puedas continuar viviendo tranquilamente, además, en cuanto todo esto pase, mandaremos por ti para que visites nuestro país – explicó Sango.
Shippo negó y se abrazó a Aome, quien le correspondió.
- Confía en mí, Shippo – le pidió la princesa, sonriéndole con gentileza –. Vamos a volver a vernos.
El pequeño, moqueando, asintió y se soltó de la chica para abrazar como despedida a la otra.
- Es una promesa – aseveró, alzando su dedo meñique.
Sango y Aome respondieron al gesto y después subieron al carro que les llevaría por un buen trecho. Su escolta les esperaba y así, ante los ojos de quienes lo vieran, las chicas emprendieron su marcha hacia Arabia, despidiéndose de Roma.
- ¿Nunca te vio? – preguntó Aníbal a su hijo, mientras veían alejarse a las jóvenes.
- Sólo una de ellas, pero dudo que fuera de la corte porque no me reconoció ni yo a ella.
- ¿Y qué hay de la otra?
- Lo mismo.
- Bien, Isei, en cuatro días comenzaremos a echar a andar el siguiente paso…
- Sí, padre.
- Me marcho, debo ir a una junta con el Senado. Quieren hablarme de algo al parecer…
Naraku asintió y se quedó a solas luego de que Aníbal se marchase. Ahora que las jóvenes se habían ido, él tenía el camino libre para manipular el juego y ciertamente tenía que ser extremadamente minucioso en cada movimiento.
Su mente evocó el rostro muerto de la persona con la que se estrenó como asesino, y lo único que hizo fue sonreír con sarcasmo. Habiendo pasado tanto tiempo y todavía tenía pesadillas con eso…
- Isei, su Alteza, el Príncipe Sesshoumaru, solicita tu presencia en el comedor.
- ¿Sabes para qué, Jaken?
El antiguo senador negó y miró con escrutinio al pelinegro. Su regreso no le había sentado nada bien, había algo en el chico que siempre le daba escalofríos y nunca sabía explicarse exactamente por qué.
- ¿Es verdad que partirás con el joven amo, Isei?
- Así es¿él te lo ha dicho?
- Justamente.
- Hay algo de lo que quiero hablar contigo, pero tendrá que ser después. ¿Puedes ir al salón de recreación que está cerca de la plaza principal después de la comida?
Jaken no lo vio de muy buena forma, mas accedió de todas formas.
- Nos vemos entonces, Jaken.
Naraku se dirigió al comedor, nervioso aunque no lo quisiera admitir y dejó a un Jaken sumido en sus pensamientos. El plan de Isei empezaría con esa conversación que lo decidiría todo…
-:-x-:-
- Su Alteza, todo está listo – le informó Myoga al recibir el informe de las condiciones de los navíos.
- La infantería también está lista – agregó Jaken.
- En ese caso, es hora de convocar a la población – señaló el gobernante.
Roma estaba vestida de gritos de aliento para sus soldados. La población se erguía con el respeto eterno para los jóvenes príncipes que no tardarían en salir para partir a la guerra. Las mujeres trataban de mantenerse firmes y así no derramar lágrimas por sus hijos y esposos. Todos debían aguardar el regreso de ellos con el triunfo destilando en cada fibra de sus ojos, y las lágrimas serían entonces reservadas para la felicidad de ése júbilo.
La algarabía fue por demás alegre y esto lo agradecieron los príncipes tanto con los ademanes como con las sonrisas.
Isei le lanzó una mirada de soslayo a Jaken, quien asintió. Ambos esperaban al joven príncipe para ir después los tres juntos, tal como el protocolo lo exigía, hasta donde aguardaban los soldados del ejército que arribaría en Alejandría.
Inu Yasha iba a lado de su hermano, ambos a tres pasos de distancia de la emperatriz y el emperador. Metros atrás, venían algunos de los Senadores más importantes, quienes mantenían la mirada firme al frente.
- Roma – llamó Inu Taisho, obteniendo la atención de toda la población –, hoy vemos partir hombres con cualidades extraordinarias cada uno. Ellos irán a luchar por nuestra nación para derrocar el mal que intentó cernirse amenazante sobre nosotros. Mis hijos son quienes guiarán esta campaña y por eso, al igual que por la voluntad inquebrantable de nosotros, los romanos, regresarán con la victoria hasta entonces. ¡Júpiter sonríe ante el ímpetu de nuestros guerreros¡Salve Roma!
- ¡Salve Roma! – exclamó la población al unísono.
Los aplausos, los gritos diciendo "Sesshoumaru" e "Inu Yasha" resonaban en la ciudad al igual que el estridente sonido de los tambores.
- Cuídense – les pidió Izayoi, abrazándolos y besándolos con gentileza.
- Lo lograremos, padre – prometió Inu Yasha.
El Emperador lo abrazó y le sonrió afectuosamente, luego abrazó también a Sesshoumaru.
- Yo sé que lo harán.
Los dos príncipes siguieron su camino hacia el horizonte y separaron sus caminos para su respectivo deber. Las porras y los gritos de aliento aumentaron de intensidad, Inu Taisho veía de buen agrado el porte gallardo y valiente de sus hijos, mientras abrazaba a una Izayoi que mantenía la vista fija en el rostro de sus hijos a lo que no podría ver en algún tiempo.
Aníbal miraba penetrantemente a su hijo, quien le devolvió una sonrisa que no supo identificar muy bien. ¿Acaso había sido de burla?
- Es hora de partir – le indicó cada príncipe a sus respectivos capitanes.
- ¡Salve el príncipe Sesshoumaru¡Salve el Príncipe Inu Yasha! – repetía la población una y otra vez.
Roma estaba lista para dirigirse a la guerra.
CONTINUARÁ…
No tengo perdón, yo sé u.ú, ahora si me tardé en exceso… Pero creo que la espera valió la pena¿no creen? xDU Bien, Aome se fue a Arabia, le di una repasada a su pasado y Sesshoumaru parece estar feliz con Naraku, quien parece tener un conflicto de intereses. ¿Qué rayos planea mi querido pelinegro con ojos de rubí? La guerra está por empezar y mis niñas lindas juegan un papel importantísimo en todo esto; al mismo tiempo, ni hablar de lo que sucedió con la conversación de Jaken y Naraku. Las cosas se van complicando más al parecer o.o y yo, por supuesto, no diré qué sucederá xD
Como ya habrán notado, regresé al mundo del fandom desde el fin de semana pasado y bueno, pretendo terminar este año con todas mis historias. Así que no creo que vuelvan a tener que esperar seis meses para un nuevo capítulo.
Como sea, un review se agradece mucho para poder cumplir la meta 3
Por ahora le doy las gracias a Majo-216, Luna, Zg-13 y Naome09-SesshxKag, que son mis reviewers no logueados del capítulo seis n.n A mis otros estimados lectores, sus contestaciones a review les aguardan en el mail n.n
Gracias a quienes sigan todavía por ahí y nos veremos muy pronto.
Besos.
Naomi Eiri.