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Esto… ¿tanta falta hace repetirlo? Los personajes de InuYasha no me pertenecen y bla, bla, bla…xD. Sólo escribo por mero placer nOn.
"Inocencia"
“Alternate Universe fanfiction”
AVISO: Este fic contendrá algunas escenas de acción con pinceladas de violencia (no muy fuerte, pero las tendrá). Y, más adelante, lemon (ya que, ante todo, es una historia de romance) Por lo que será un fic algo más “fuertecillo” de cómo suelo hacerlos. De hecho, en este mismo capítulo hay alguna escena que puede ser un poco fuerte…¡Así que estáis avisados:p
Pd:¡Ah! Y por si todavía no os habéis dado cuenta, esto es un Universo alterno ;)
PRÓLOGO:
Recuerdo aquella noche a la perfección…la recuerdo cómo si fuese ayer .No sé exactamente qué día ni qué hora eran cuando sucedió. Lo único que consigo vislumbrar con claridad entre mi enfuscada mente es, que en ese momento, el cielo estaba completamente invadido por una siniestra oscuridad que parecía querer avisarme de lo que estaba a punto de ocurrirme, y que llovía. Llovía muchísimo, y también hacía bastante frío.
Me acuerdo que llegué a la librería Higurashi, nuestro negocio familiar, con un abrigo de cuero que me cubría de pies a cabeza y totalmente empapada. Por suerte, el cuero es un material resistente, lo que consiguió que el agua no penetrara del todo en mi delicada piel. Mi madre se enfadó al verme de esta manera, y me gritó que cómo se me ocurría salir afuera sin coger el paraguas, que si seguía así iba a coger un resfriado.
No le presté ninguna atención. Me limité a dirigirme, sin detenerme y sin siquiera quitarme la chaqueta, hacia el cuarto del fondo. Una zona en la que sólo los dueños de la tienda, es decir mi familia, podíamos acceder. No recuerdo por qué. No consigo encontrar la razón por la cual entré allí, pero supongo que debería ser algo sin demasiada importancia.
Cuando salí, y me disponía a marcharme de vuelta a casa, seguía lloviendo, y puede que hasta con más intensidad. Mi madre me alertó de ello, e insistió en que me quedara un rato más, que estaba a punto de cerrar la tienda y así podríamos volver juntas en coche. Me dijo que era peligroso ir sola por la calle a esas horas, y encima mojada y sin paraguas.
Le respondí que no, firmemente. Y sin más, agarré el pomo de la puerta y puse un pie en el exterior ante la mirada fulminante de mi madre. Me alejé de allí a toda velocidad. La verdad es que pensé que mi madre iba a detenerme, pero no lo hizo.
Maldita sea… ¿Por qué¡Por qué no le hice caso¡Por qué justo ese día no salió a pararme los pies como habitualmente hacía?Si entonces hubiese sabido lo que el destino me tenía preparado, posiblemente nada de esto habría sucedido…pero la cuestión, es que seguí andando sin darme cuenta de que me desviaba de rumbo.
Al cabo de un rato, me sentí tremendamente mareada. Quizás a causa de la humedad, que ya impregnaba la totalidad de mis ropas, provocando que se me pegaran al cuerpo como un guante, haciéndose mucho más pesadas y dificultándome el andar. El abrigo de cuero ya no era suficiente para protegerme de los gélidos temblores que se estaban apoderando de mi cuerpo. Me dolía la cabeza…
Y entonces, al concienciarme de que llevaba cerca de una hora dando vueltas, no tuve más remedio que aceptarlo: me había perdido. No sabía dónde me encontraba. Las calles y los edificios que se encontraban a mí alrededor me resultaban completamente desconocidos. ¿Cómo fui a parar allí? Era un lugar casi desierto, y la poca gente que pasaba por allí no me inspiraban la suficiente confianza cómo para preguntarles mi ubicación.
Sentí miedo, estaba completamente sola. Las gotas de agua seguían impactando con fuerza sobre mí, chorreando por todas partes. Y un temerario pensamiento cruzó mi mente, que casi consiguió hacerme llorar: Iba a morir de frío y de cansancio.
Pero supe tranquilizarme. “Kagome, ya tienes 17 años, sabes valerte perfectamente por ti misma” pensé.
Todavía sigo sin saber cómo lo hice exactamente, pero cerré los ojos, respiré profundamente durante unos segundos, y automáticamente mis nervios se disiparon totalmente. Increíble.
Inspeccioné la zona rápidamente y vislumbré, a la entrada de un callejón que hacia esquina, una cabina telefónica. ¡Mi salvación!
Me apresuré para llegar hasta ella, y entré. Con una mano cogí el mellado auricular mientras que con la otra palpaba en mi bolsillo para encontrar alguna moneda. En total sólo tenía unos 50 yenes más o menos, apenas me daba para hablar durante un minuto y medio. Pero no me desanimé. Llamaría a mi madre, le daría mis disculpas y le pediría que me viniera a buscar. Marqué el número de su móvil con agilidad, a pesar de que me temblaba el pulso, y a la vez que empezaban a sonar los primeros pitidos, me puse a mirar a través de los cristales de la cabina, que dejaban ver una estrecha calle apenas iluminada por un par de farolas. Un gato solitario de hermosos ojos verdes husmeaba tranquilamente entre un cubo de basura que había sido derramado. El animal se protegía de la lluvia gracias a que se encontraba justo encima de una cornisa que impedía el paso del agua, pero sus lastimeros maullidos daban a entender que estaba pasando frío. De repente, el gato agudizó las orejas, saltó y echó a correr. Su comportamiento me llamó la atención, por lo que volví a fijar mi vista al frente y comprobé, que habían aparecido dos sombras entre la penumbra y de ellas empezaron a manar grandes gritos, y se movían alzando los puños: era cómo si dos personas se estuvieran peleando al fondo del oscuro callejón.
- ¿Diga?- preguntó una voz al otro lado del teléfono- ¿Con quien hablo?-
Del susto pegué un brinco, y reaccioné inmediatamente. ¡Me había olvidado de que estaba llamando a mi madre!
- ¿M…mamá? S…soy yo, Kagome. Verás…-
- ¿Hija¿Todavía no estás en casa¡Se puede saber desde dónde llamas?- al parecer, todavía iba en el coche
- Es que…he tenido un pequeño problem...- dejé la frase a medias. Pues acababa de escuchar un leve sonido que procedía del exterior; sonaba cómo una especie de salpicadura, como si algo hubiese impactado contra la cabina. Me giré para comprobar de qué se trataba, y…
No pude seguir hablando. Mis ojos se abrieron llenos de terror, mi cuerpo entero se estremeció y me llevé ambas manos al rostro para cubrirme, desando olvidar la escena que acababa de presenciar. El impacto me provocó tal conmoción que mi mente se quedó en blanco, y el auricular se me resbaló y cayó prendido del cable, dejando a mi madre gritando desde el otro lado desesperadamente.
- ¿Kagome¿Estás ahí¡Kagome, responde!-
Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, y empecé a gritar con todas mis fuerzas a la vez que sollozaba, y el aire se me atragantaba en medio de la garganta. Me atreví a mirar otra vez, separando los dedos que tapaban mis ojos y juntándolos de nuevo rápidamente al comprobar que “eso” seguía allí. No…no había desparecido, no me lo había imaginado: La parte frontal del cristal, estaba salpicada de sangre, algunos sesos resbalaban por él junto al espeso líquido granate, arrastrados por el agua. A alguien le acababan de reventar la cabeza.
Entonces intenté escapar de allí por cualquiera de los modos, aunque mis músculos se encontraran inmóviles ante tan espantosa escena. Era inútil, me encontraba totalmente indefensa.
Entendí que lo que había visto antes, se trataba en efecto de una pelea, una discusión que había llegado demasiado lejos.
Me agaché lentamente sin apartar la mirada, y me acurruqué escondiendo la cabeza entre las rodillas, al mismo tiempo que me sentaba en la sucia y mojada plataforma que hacía de suelo. Un sudor frió me invadió las extremidades, más lágrimas rodaban por mis mejillas; estaba titiritando. El horror y el temor eran los únicos sentimientos que se percibían en mí.
-Ayudad…me…p...p...porfav…- tartamudeé, una y otra vez, tan bajito que ni siquiera yo misma alcanzaba a oírme.
Como si eso no hubiese sido ya bastante, una esbelta silueta se acercó a mí. No pude verle bien la cara, aunque creo que se trataba de una mujer. Supongo que sería el asesino, o quien sabe…Pero me extrañó que no abriera la cabina donde yo me encontraba presa del miedo. Al contrario; se quedó de pie, en frente y mirándome con una sonrisa despiadada. Sus manos estaban manchadas de sangre, que ni siquiera la lluvia que le cubría conseguía borrar, y para mi desesperación, me apuntó con una pistola. El arma que sostenía era de suficiente potencia cómo para atravesar el cristal y conseguir que la bala impactara en mi corazón. Detrás del misterioso sujeto, en medio de un charco de sangre, yacía sin vida el cuerpo del mal afortunado que acababan de asesinar; y no hacía falta reflexionar mucho para llegar a la conclusión de que yo iba a ser la siguiente víctima, con el único fin de hacerme callar…¡ Pero yo no tenía la culpa de haber sido testigo de un homicidio!. ¡Era inocente!
No me atrevía a alcanzar el teléfono que había dejado prendido, y aún más cuando me percaté de que la voz de mi madre había dejado de hablar desde el otro extremo. Cerré los ojos fuertemente, y de mi boca salieron llantos y chillidos desesperados. En cuestión de segundos, pensé que todo eso era injusto, que iba a morir a manos de un completo desconocido (o desconocida), sólo por haber estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. Todavía era joven, y tenía mucho por delante…
-…Señorita Higurashi, abra los ojos por favor-
Obedeció. ¿Cómo iba a negarse a la dulce voz susurrante de su psicóloga? Al principio le costó, pues le cegaban los resplandecientes rayos de sol que se filtraban por la ventana entreabierta de la pequeña sala, pero finalmente, consiguió dejar ver de nuevo sus sorprendentes ojos almendrados.
-…Muy bien Higurashi…- dijo Sango, la psicóloga, y dándole la mano a su paciente en señal de apoyo-… ¿ves como poco a poco se va logrando? Hoy has conseguido concentrarte a la perfección-
- Pues…yo creo que me duele bastante la cabeza- respondió Kagome, algo desconcertada-…pero, en fin…me parece que ya lo voy superando…- agachó lentamente la cabeza y en su rostro se dibujó una triste sonrisa.
Sango se la devolvió, pero con una expresión mucho más alegre
- No te preocupes, Higurashi. El tiempo, la calma y la paciencia lo son todo en este tipo de casos…y tú eres una persona fuerte. Es normal que todavía no estés del todo recuperada, pero piensa que no ocurrió hace mucho. Además, hoy por fin has conseguido recordar sin ponerte nerviosa, y eso es todo un logro.-
- Eso espero- contestó Kagome, sin apartar la vista del suelo- Pero todavía…todavía tengo pesadillas…a-algunas noches- se le quebraba la voz. No podía evitarlo, le pasaba siempre que mencionaba el tema.
- Pero eso es normal- insistió la dulce psicóloga- ¿Cuándo sucedió¿hace ocho meses¿seis?-
- Cuatro- corrigió
- Y tan solo hace dos que comenzaste la terapia, y has mejorado mucho. Créeme –
Kagome suspiró levemente, se agarró en el apoya manos de su asiento y se dio el impulso necesario para ponerse en pie.
-Tengo que irme, me quedan muchas cosas por hacer. Gracias por todo doctora Otonachi-
- Está bien, de todas formas iba a dar la sesión por concluida- se levantó al mismo tiempo que su paciente y le pasó una mano por la espalda- Pero mañana a la misma hora, que no se te olvide-
- Claro, aquí estaré- sonrió, aunque más que nada por compromiso, y se dirigió hasta la puerta; la abrió, y lo primero que vio al salir fue una extensa sala de espera llena de gente, con ganas de ser atendida-… Hasta mañana- y cerró sin hacer el menor ruido
-…Absurdo…- dijo como única explicación, y acto seguido aspiró una profunda calada de su humeante cigarrillo, como si fuera la última. Saboreó el amargo olor del tabaco, y lo expulsó suavemente entre sus finos labios, desvaneciéndose en el aire.
- Lo quieras o no es tu trabajo, y tendrás que aceptarlo-
Unos impactantes ojos ambarinos lo miraron con recelo, rechazando la respuesta. Dicha mirada pertenecía al hombre que fumaba tranquilamente en un rincón del prácticamente minúsculo despacho.
-Sabes de sobra que “cumplir con obligaciones” no es mi manera de hacer las cosas, Kouga-
- ¿Y a mí que me cuentas?- espetó el joven que acababa de ser mencionado-…Son órdenes del comisario. A mi también me dan trabajos que no me interesan y me aguanto…-
-Entonces hazlo tú- dijo el otro, mientras observaba distraídamente el cigarro que aún sujetaba entre sus dedos
- ¡InuYasha, maldita sea!- gritó Kouga, perdiendo la paciencia- ¡Es sólo un momento¡La chica lleva media hora esperándote en la otra sala, y cómo se canse y se largue nos caerá una buena¡Haz el favor de tomarle declaración, aunque sea sólo eso!-
El chico se quedó en absoluto silencio por unos segundos, después, dejando escapar un sonoro gruñido, se levantó con expresión cansina y se aproximó a la salida:
- Menuda pérdida de tiempo…y que te quede claro: no pienso ocuparme de los problemas de la chica- murmuró, y lanzó lo que quedaba del cigarrillo al suelo, con un gesto despreocupado-
- Segunda puerta a la izquierda…- le comunicó su compañero, para recordarle dónde se encontraba la sala de interrogatorios-…y ya eres mayorcito para saber que existe algo llamado “cenicero”, mi querido perro aullador- señaló la colilla, y sonrió en tono sarcástico.
-…cierra el pico, Kouga- dijo a modo de despedida, antes de cerrar la puerta
Salió sigilosamente, sin ninguna prisa y se encaminó en la dirección que debía tomar.
Perro aullador…je, ese capullo de Kouga… Sin querer, profanó una melancólica sonrisa fruto de sus pensamientos, y de los recuerdos que aquello le traía. Un apodo por el que se le conocía en casi toda la comisaría; y él francamente lo odiaba. Cuando le preguntaban que por qué, nunca contestaba, se encendía un cigarrillo e ignoraba totalmente a la persona en cuestión que le había formulado la pregunta. Muchos sabían que el nombre venía por un caso que InuYasha resolvió en sus primeros días como detective, es decir, hacia mucho tiempo. Un caso difícil en el que, verdaderamente, InuYasha demostró una impecable astucia y una sangre fría, propias de un gran héroe. Pero sólo unos cuantos (entre ellos, Kouga) tenían la constancia de que en realidad InuYasha no se sentía en absoluto orgulloso de ello. Pues dicho caso, hacía que le vinieran a la mente ciertos hechos acontecidos que para él, lo mejor era que permaneciesen siempre ocultos. Porque dolían, y mucho.
Sus pies se detuvieron antes de entrar. No sabía por qué, pero un escalofrío intrigante le recorría el cuerpo. Al lado de la puerta que estaba por abrir, había una pequeña ventana que daba al interior de la habitación. Él no era de la clase de personas que fisgoneaban y examinaban a alguien antes de conocerle, pero por primera vez sintió curiosidad. Apartó con disimulo la persiana que cubría la ventana y miró: una muchacha, a juzgar por su aspecto, muy joven, esperaba sentada y de brazos cruzados. Pero fue, al fijarse en su rostro, que se sobresaltó: Unas facciones delicadas, envueltas en un manto de piel blanca y pura, que parecía herirse con tan solo rozarla. Una abundante cabellera negra, que se dejaba caer por los hombros de la chica y que le daba a su cara el contraste perfecto. Realmente…se parecía mucho a ella…
InuYasha tragó saliva. Otra vez esa inquietud que le carcomía por dentro; una vez más, se veía totalmente incapaz de librarse de los fantasmas del pasado que ni una noche le dejaban dormir con tranquilidad, manifestándose en forma de pesadillas, persiguiéndole como si fueran su propia sombra. ¿Por qué¿Por qué no podía quitarse la imagen de ella de la cabeza?
Hizo un movimiento brusco con la cabeza, como si quisiera expulsar todos aquellos recuerdos que le estaban martilleando el cerebro, aunque dudó de si eso iba a dar algún resultado.
Tanto tiempo compartiendo el despacho con Kouga…se me está pegando su estupidez. Pensó, alucinando de su propio comportamiento.
Sin más preámbulos, decidió entrar.
Notó la mirada de la chica clavándose en él nada más asomar por la puerta. Y él, cuanto más la observaba, más nervioso se ponía por dentro. El parecido era asombroso… Aún así, no perdió su compostura de tipo duro. InuYasha era de aquellos que odiaban hacerse intimidar.
- Perdón por la espera- dijo el chico, con un tono decidido. Desplazó levemente la silla que se encontraba ante la muchacha y se sentó, quedando cara a cara.
Su interlocutora tardó unos segundos en contestar:
- No importa- parecía realmente agotada. De hecho, al tenerla más de cerca, InuYasha pudo observar que unas horribles ojeras se cernían bajo los ojos de la chica, aunque esta había intentado disimularlas con maquillaje. Igualmente, la joven no perdía ni una gota de su embriagadora belleza.- Pero...Usted no es el inspector Numabuchi ¿verdad?- preguntó al darse cuenta de que el hombre que se encontraba ante ella no era el mismo que habitualmente le tomaba la declaración.
- Muy atenta es usted, señorita…-
- Kagome, Kagome Higurashi- completó ella
- Bien…Higurashi…- en su voz había un ligero aire de impertinencia que Kagome intuyó en seguida. Daba la sensación que el chico se esforzaba por parecer arrogante-…resulta que el inspector Numabuchi se ha tenido que ausentar por un largo periodo te tiempo, ya sabe, cuestiones de trabajo. Así que me han pedido que sea yo quien le tome la declaración. Sólo hoy-
Kagome entendió rápidamente lo que el detective quería decir
- ¿Eso significa que usted no se encargará del caso?
- Exactamente-
- ¿Y entonces quien lo hará? El inspector Numabuchi y sus hombres ya estaban a punto de emprender la investigación…-
InuYasha se encogió de hombros, y en su cara se dibujó una expresión que parecía querer indicar que esa conversación estaba siendo la menos interesante de toda su vida
- Ni lo se ni me interesa. Eso ya se lo dirán en su momento ¿Qué le parece si comenzamos ya? Dispongo de poco tiempo y menos ganas-
Kagome se quedó con la boca abierta y el ceño fruncido. ¿Pero qué se creía ese tío¿Acaso era modo de hablarle a una persona a la que acabas de conocer? Si algo le ponía de los nervios, sin duda era la gente desagradable.
Mal comenzamos tú y yo…pensó la chica, conteniendo las enormes ganas de propinarle un puñetazo al impresentable que tenía delante; de mientras, observaba atónita cómo el chico se tomaba toda la tranquilidad del mundo para abrir la carpeta que se encontraba encima de la mesa y que contenía los datos personales de Kagome más la información ya recopilada de su caso.
- ¿Tienes sólo 17 años?- preguntó él, de repente, tras consultar la ficha de la muchacha, y llamándola de tú. Por su aspecto ya se adivinaba que era joven, pero no se esperaba que lo fuera tanto.
Kagome arrugó la nariz
- ¿Algún problema?-
- Eres menor de edad. ¿Y tus padres?-
- Mi madre está en otra sala esperando. No la dejan entrar aquí-
InuYasha no dijo nada, y volvió a contemplar los archivos que sujetaba entre manos. De vez en cuando, pasaba de hoja rápidamente, y otras veces se las quedaba leyendo detenidamente en completo silencio. Kagome también estaba muy callada; se entretenía jugando distraídamente con los pulgares de sus manos o, simplemente, observando a InuYasha. Tenía el pelo negro y largo hasta los hombros o poco más, pero desde luego le favorecía. Se sonrojó: aunque mal educado, era bastante atractivo. Algo que no poseía el anterior, el inspector Numabuchi.
Más aún se sorprendió cuando el chico alzó la vista y se cruzó con sus dorados ojos, un color que nunca antes había visto en la mirada de un hombre, y que la hacían mucho más penetrante e interesante.
- ¿Fuiste…testigo de un asesinato?- preguntó InuYasha con la voz algo quebrada y la expresión cambiada; se había quedado de piedra al acabar de leer el informe. A Kagome le desconcertó tal cambio de actitud.
- Heu…si…-
- Vaya…- volvió a ponerse serio-…debió de ser muy duro ¿Por eso estás aquí?-
-Si.-
- Aquí dice…- puso la hoja encima de la mesa y señaló el párrafo en cuestión- …que el incidente tuvo lugar hace cuatro meses ¿Entonces por qué la fecha de la declaración data desde hace mes y medio?-
Kagome se quedó inmóvil. Tenía la respuesta a la pregunta, pero se le secaba la boca al intentar contestar. Ladeó levemente la cabeza, para desviar la mirada; tragó saliva y añadió:
- Después de lo ocurrido…tuve una especie de shok post-traumático o algo así…- los ojos le empezaron a brillar. Odiaba hablar de ello, no porque sintiera vergüenza, si no por el esfuerzo que le conllevaba volver a recordar- …y me daban continuos ataques de ansiedad. No quería ver a nadie ni hablar con nadie. No fue hasta dos meses después que mi madre me obligó a aceptar ayuda psicológica, y comencé a recuperarme. Fue entonces cuando me atreví a hablar del caso con la policía-
- Sí, eso ya lo he leído ¿Sigues yendo al psicólogo?- InuYasha no podía dejar de mirar a su interlocutora. Había comenzado a sudar y todo el cuerpo le temblaba. Parecía un animalillo asustado.
Kagome asintió sin dejar de mirar al suelo.
- Oye, si no te encuentras bien no tienes más que decirlo, chica. Podemos dejarlo para otro día- bufó. Ver sufrir a Kagome le estaba poniendo nervioso. Sabía que la muchacha lo estaba pasando mal, pero él tampoco sabía cómo calmarla. Ser un galán no era precisamente su especialidad.
- Continua…- susurró Kagome, respirando profundamente y apretando los puños. Era hora de poner en práctica las tres horas semanales de sesión con su psicóloga.
- ¿Seguro?- volvió a bufar-…lo digo en serio, no tengo ningún problema en…-
Kagome negó firmemente con la cabeza. Estaba dispuesta ha hablar de suceso, a tener que soportar de nuevo aquellas espantosas imágenes que le atravesaban la mente y la hacían enloquecer. Tenía que intentarlo, aunque fuera por orgullo.
InuYasha, por su parte, sentía algo nuevo hirviendo en su interior, una sensación como de… ¿Lástima? Imposible. Hacía mucho tiempo que se había jurado así mismo que no volvería a preocuparse por nadie; no quería saber nada de nadie al igual que tampoco deseaba que los demás se preocuparan por él. La verdad era que tampoco lo necesitaba. Él solo confiaba en sí mismo. La otra gente le traía sin cuidado.
Pero esa chica…esa chica era diferente. Nada más verla supo que le iba a traer problemas. Acababa de leer su informe y ya sentía unas incesantes ganas de ayudarla. Y al verla en esa situación, tan desesperada….
¡Fhe¿Se puede saber que me pasa¡Diablos…es sólo porque se parece a ella, nada más! Insistió. ¿Pero tan seguro estaba de que esa era la razón? No del todo, la verdad. Aún así, él no pensaba doblegarse ni dejarse guiar por sus, o mejor dicho por “los”, ridículos sentimientos. También hacía tiempo que había dejado de tenerlos.
- Bueno, entonces seguimos ¿no?- espetó InuYasha, con la intención de mantener su cabeza ocupada entras cosas-…Veamos ¿Has acudido ya a testificar a juicio?-
- No- dijo Kagome, firme y mirando directamente a InuYaha, aunque todavía parecían durarle los temblores-...No estoy muy al corriente de ello pero creo…creo que nada más suceder unos policías investigaron la zona. Al parecer no encontraron ninguna pista sugerente ni arma del crimen.- tuvo que hacer una pausa para tomar aire y siguió-…la investigación cesó al cabo de un mes por falta de pruebas y ningún sospechoso…Así que no se ha celebrado ningún juicio todavía.-
- Y lo que necesitaban era consultar al único testigo, es decir, tú. Pero te negabas ha hablar ¿No es así?- concluyó InuYasha.
Kagome movió la cabeza en señal de afirmación-…Al cabo de tres meses y medio, cuando ya me sentía con valor para enfrentarme al caso, accedí a testificar con el inspector Numabuchi y la policía volvió a retomar el caso. Aunque…- su rostro reflejó una ondeante tristeza-…me parece que me equivoqué. No soy lo suficientemente fuerte…te…tengo miedo-
Otro intenso silencio interrumpió la conversación, esta vez mucho más incómodo. El joven detective de los ojos dorados, suspiró resignado. Al final le iba a ganar la batalla una cría, que le era totalmente desconocida, y ocho años menor que él.
- Mira que llegas a ser tonta…- InuYasha la estaba mirando fijamente, al tiempo que se levantaba. Estando de pie, extrajo un paquete de tabaco algo arrugado del bolsillo de su camisa, tomó uno de los tres cigarrillos restantes y lo sujetó entre sus labios, sin encenderlo-… ¿Se puede saber de que tienes miedo¿De que el culpable intente matarte o algo así?-
Kagome agachó la cabeza, abrió la boca para decir algo pero fue interrumpida por InuYasha.
- Escúchame atentamente, chica…- a continuación, con la ayuda de un mechero, prendió fuego al cigarro, y el tenue humo comenzó a deambular cual neblina por el estrecho cuarto, mezclándose con la delicada fragancia que Kagome desprendía-…Sé perfectamente cuan desagradable puede ser la experiencia de tener que presenciar un crimen con tus propios ojos, y el temor que puede causar. Pero créeme, nunca lograrás superar tus miedos, por mucha ayuda psicológica que recibas, si no te enfrentas a ellos…- mientras hablaba, Kagome lo miraba y lo escuchaba sin dar crédito a sus oídos. ¿Realmente esas palabras estaban saliendo del mismo hombre que anteriormente la había tratado como si fuera poco más que la brasa que se desprendía de su cigarro?-…Eres la clave para solucionar este caso, y si decides colaborar, no sólo serás de gran ayuda a la policía, también se convertirá en una especie de terapia para ti ¿O acaso piensas dejar libre, para el resto de su vida, a la persona que ha hecho de la tuya un infierno? Además, no te pasará nada, no mientras…- hizo una pausa, para meditar segundos antes las palabras que estaba por decir. Sabía perfectamente que se iba a arrepentir de ellas después, pero ya no había marcha atrás-…no mientras yo esté contigo-
A Kagome se le atragantó el aire, y abrió los mucho los ojos, incrédula.
-U-u-u-un…un momento…- balbuceó- ¿me está queriendo decir q-que…?-
InuYasha se giró, dándole la espalda a la chica. Puso la mano izquierda en el bolsillo del pantalón y con la otra agarró el pomo de la puerta dispuesto a salir de aquella habitación. No quería oír ninguna palabra de agradecimiento. Ya estaba lo suficientemente irritado.
- ¡Tsk! Que conste…- gruñó, con el ceño fruncido-…que si me voy a ocupar de tu caso no es por hacerte ningún favor, sino porque me subirán el sueldo…-
A la joven le importaban un rábano las excusas mal disimuladas. Lo que le importaba era que, al fin, no sólo había encontrado a alguien dispuesto a emprender la investigación. También había encontrado a alguien, que gracias a sus palabras, le había concedido un rayo de esperanza.
Se levantó, emocionada y juntó las manos. Los ojos le brillaban de alegría.
- ¡Cuánto se lo agradezco¡Muchísimas gracias señor…- se calló. Ahora que lo pensaba ni siquiera sabía su nombre, en cambio él ya se había tomado hasta las confianzas- Oye, todavía no sé cómo te llamas…- su tono de voz sonó esperanzador, como si esperara que el chico compartiera su entusiasmo.
- Lo dejamos por hoy…- añadió él, sin ninguna efusividad, y preguntándose por qué había echo algo así ¡Hacía siglos que no aceptaba ningún caso!-…Sé que todavía no es la hora, pero hazme caso cuando te digo que necesitas un descanso. Tienes mala cara-
Viendo que no tenía ninguna intención de contestar a su pregunta, ni de seguir con la declaración, Kagome accedió a intentar aclarar su última duda:
- ¿Y…y cuando volveremos a vernos?-
- El miércoles que viene. – sin esperar una respuesta por parte de ella, dio un paso hacia delante, saliendo de la habitación. Y sujetando todavía el pomo de la puerta, tiró de él para cerrarla. Pero cuando ya quedaban apenas unos centímetros para que eso sucediera, entre el hueco de la puerta, se le oyó decir:- Ah, por cierto…puedes llamarme InuYasha-
La puerta se cerró tras un leve sonido, dejando a Kagome más que desconcertada en el interior. Esas últimas palabras parecieron vagar en el aire durante un par de segundos, transportadas por la última nube de humo gris que había quedado con vida. Luego, todo se desvaneció.
Continuará…
Notas de Autora: (sí, sí, mías )
Bueeeeeeeno… la pregunta del millón¿Os a gustado? xD
La verdad es que no sabía si publicarlo. Es mi primer AU, y la trama de la historia vino a posarse en mi alocada cabecita de repente, repitiéndome una y otra vez: “Escríbemeeeee, escríbemeeee -voz de ultratumba- escríbemeeee…”
En fin, que tuve que ponerme manos a la obra porque si no, no me dejaba en paz . Sé que el argumento es algo arriesgado, con esto del asesinato… (Y además que yo no tengo mucha idea de cómo funciona el proceso policial, y en Japón menos xD, pero en fin…). ¡Ah! Eso si, no quiero que penséis que la historia se basa únicamente en el misterio este, porque es un fanfiction de romance . Y por si os lo estáis preguntando: Sip, habrá bastante lemon n0n.
Creo que no tengo nada más que decir, bueno si, una cosa MUY importante¡Revieeeews onegaaaaai! TToTT Si no recibo lo suficiente me desanimaré, pensaré que la historia os ha desagradado y no me veré con ganas de continuar…¡Con los reviews me hacéis feliz! Por favor, que cuesta muy poco mandarlos, aunque sea una frasecita de nada n.n . Sólo para saber su opinión. También se aceptan críticas constructivas.
Nada más¡hasta la próxima!
:JKRanIV:
¡Dedicado a mi Chbi! (Chiisana Minako) A la que hace mucho que no sé nada de ella U.U No sé si lo estará leyendo, pero…¡Muchos ánimos guapa! ;)