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JKRanIV
Author of 18 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Angst - Kagome & Inuyasha - Reviews: 52 - Updated: 08-02-05 - Published: 07-02-05 - id:2465476

Esto… ¿tanta falta hace repetirlo? Los personajes de InuYasha no me pertenecen y bla, bla, bla…xD. Sólo escribo por mero placer nOn.

"Inocencia"

Alternate Universe fanfiction”

AVISO: Este fic contendrá algunas escenas de acción con pinceladas de violencia (no muy fuerte, pero las tendrá). Y, más adelante, lemon (ya que, ante todo, es una historia de romance) Por lo que será un fic algo más “fuertecillo” de cómo suelo hacerlos. ¡Así que estáis avisados:p


CAPÍTULO 1: El enemigo insospechado.

“…Estamos sufriendo uno de los inviernos más fríos que se han registrado desde hace cinco años. Las previsiones del tiempo indican que se aproximan fuertes nevadas, especialmente en las zonas de montaña. Por lo cual…”

La periodista que hablaba a través del televisor era guapa, con un gracioso peinado hacia atrás que dejaba ver a la perfección su jovial rostro. Hablaba con una voz muy dulce, femenina, relajante…A más de uno, escucharla le provocaba una inevitable somnolencia, para luego ser vencido por un profundo y agradable sueño mientras seguían oyendo los mágicos susurros de la chica, como si su voz fuese una agradable melodía que se aleja a cada segundo más rápido. Y para cuando se despertaban, su corazón ya había sido completamente embrujado por la muchacha. Esa fue la razón por la que muchos hombres cayeron rendidos a sus pies, y se preguntaban de dónde conseguía emanar tanto encanto una simple y corriente reportera que, por las noches, se dedicaba a presentar el telediario.

Uno de esos hombres, uno de aquellos que fueron víctimas de su poderoso hechizo de atracción, la observaba ahora con detenimiento. Con la mirada fija en el televisor, recorría su cuerpo con unos anhelantes ojos rebosantes de melancolía. Recordando que él fue el único entre mil que consiguió hacerla suya, el único que logró seducirla. Pero más que un afortunado, se sentía un completo desdichado.

Lo que estaba viendo no era una transmisión en directo, sino una grabación de hacia tres años que, por casualidad, había encontrado entre trastos viejos. Así pues, cuando sintió que su pecho iba a estallar debido a la inmensa opresión que sentía en él, levantó el mando a distancia y pulsó el botón adecuado para que el video dejara de visualizarse, y la mitad de la cinta salió del reproductor.

Silencio. Completo silencio.

Tan era así, que hasta se podía percibir la leve trayectoria que trazaba el humo del cigarrillo mientras se abría paso en la soledad del aire. Sujetado por unos finos labios que se curvaban en algo parecido a una sonrisa cargada de pena.

Miró el reloj casi por aburrimiento. Era muy tarde: las tres de la madrugada. Se sorprendió a sí mismo cuando calculó el tiempo que llevaba frente al televisor, sin desviar la atención del objetivo ni un segundo. Rebobinando la cinta una y otra vez, una y otra vez…Pero nunca se cansaba de mirarla. Nunca se cansaba de ella. Era su obsesión. Y por muchos años que pasaran, por mucho que él afirmara que la había olvidado, por mucho que jurara que todo estaba bien…Acababa de darse cuenta de la enorme mentira que había estado cargando a sus espaldas durante todos aquellos años.

Un largo y cansado suspiro interrumpió la tranquilidad del ambiente. El joven fumador apoyó su cigarrillo a un lado del cenicero lleno de colilla que se encontraba a su izquierda y se levantó del sofá. Necesitaba refrescarse las ideas, por lo que se dirigió directamente al único lavabo que contenía el pequeño apartamento en el que residía. Ahora vivía solo, pero no siempre había sido así.

Nada más entrar, se encontró de frente con el lavamanos y con un viejo espejo en el que odiaba verse reflejado, pues este le devolvía una imagen que no le gustaba de sí mismo, aunque fuese la más pura realidad.

Abrió el grifo con lentitud, dejando que el agua fresca recorriese sus manos; luego las puso una encima de la otra a modo de recipiente, intentando retener el líquido transparente que se le escapaba entre la línea de los dedos, y acto seguido se lavó la cara. Volvió a repetir el gesto unas cuantas veces, hasta que se vio lo suficientemente despejado. Con una toalla secó las miles de gotas que le empapaban el rostro y que se deslizaban entre sus varoniles, pero atractivas facciones.

Se miró de nuevo con desgana, pero con más detenimiento.

- Tsk, tendré que pensar en cortarme el pelo- murmuró al fijarse en los largos y revueltos cabellos azabaches que le caían sobre los hombros.

Y entonces recordó. A ella le gustaban así.

-¡Oh, Vamos Inu-chan, eso ni se te ocurra!- dijo ella, regañándolo cariñosamente-¡El pelo largo te queda mucho mejor, lo sabes!-

- Ya, pero…-

La joven calló sus labios con un beso poco duradero, pero muy dulce.

- Porfaaaaa- suplicó sonriendo- ¡Hazlo por mi!-

Sus dorados ojos se entrecerraron levemente, y su boca se curvó formando otra triste sonrisa, recordando todos aquellos momentos tan especiales que jamás volvería a tener la oportunidad de gozar. Pues ella ya no estaba en este mundo.

- Está bien…- suspiró-…como tú quieras, Kikyô-

Al salir, se dirigió de nuevo al salón, donde retomó el cigarrillo que anteriormente había dejado a medio terminar y del que ya sólo se podían aprovechar un par de últimas caladas. Se aproximó a la ventana central, la que cuando entraba el sol iluminaba prácticamente la totalidad del apartamento. Pero ahora era de noche, y por lo tanto, reinaba la más absoluta oscuridad. La luz de la luna, era lo único que proyectaba en el suelo del comedor la sombra de una abatida figura que reflexionaba apoyada en el marco de la ventana, mirando hacia el exterior. La brasa de su cigarro se fue consumiendo al mismo tiempo que la expresión de su rostro.

-Te echo de menos…- pronunció con voz queda

Y mientras tanto, a fuera, a causa de las nubes negras que cubrían el cielo y el helado viento de enero que resoplaba intranquilo por todos los rincones de la ciudad, empezó a nevar.


- ¿A qué sienta bien?-

- Si. La verdad es que con este tiempo, apetece- respondió la joven de los cabellos ondulados, mirando hacia la taza de chocolate caliente que tenía ante sí y sujetándola con ambas manos para que el calor que desprendía, se las templara.

- Te lo dije. En esta cafetería preparan el mejor chocolate desecho de la ciudad- sonrió la otra chica, Sango.

- Pero no comprendo por qué se ha tomado tanta molestia en…-

- ¡Tranquila, mujer! Yo invito. Y hasta dentro de una hora y media no abro la consulta, por lo que tengo tiempo de sobras-

Kagome suspiró. Aquella mañana había salido temprano de su casa para coger el metro e ir a visitar a su hermano pequeño, Sôta, que se encontraba hospitalizado por haberse fracturado un brazo. Cuando volvía, a medio camino tuvo la coincidencia de encontrarse con su propia psicóloga. Al pararse a saludar, a Kagome se le escapó decir de dónde venía y que, de momento, no tenía nada más que hacer. Al final, Sango le propuso tomar algo en un café muy bueno que ella conocía. Kagome se negó en un principio, pero luego se vio “obligada” a aceptar.

El sitio en cuestión, era un bar muy modesto con cinco mesas contadas que se ubicaban perfectamente repartidas por todo el lugar. El ambiente era muy cálido y acogedor, y se respiraba continuamente una suave y delicada esencia, que a Kagome le recordaba a los dulces que su madre solía preparar. En definitiva, era el sitio perfecto para combatir las bajas temperaturas de un frío invierno.

- Menuda nevada la de anoche…- resopló Sango, echando un vistazo tras la cristalera de la cafetería, que mostraba una ciudad prácticamente vestida de blanco- Nadie se la esperaba. Ahora todavía es pronto, pero de aquí a unas horas, la nieve se fundirá por completo. Lástima.-

Kagome asintió silenciosamente y bebió de su humeante taza, sintiendo un agradable calorcito que le recomponía el cuerpo.

- Si…pero todavía no sé por qué ha insistido tanto en que venga, doctora- comentó Kagome algo cortada. Lo cierto, era que se sentía algo intimidada cuando su psicóloga la trataba como si fueran amigas de toda la vida, y eso algo que últimamente le estaba pasando a menudo.

- Fuera del trabajo puedes llamarme Sango- le guiñó un ojo- Oye, sé lo que te estás preguntando. De verdad, siento si te ha molestado, pero…-

-¡No, no me molesta en absoluto!- se apresuró a decir la joven de los cabellos ondulados- Es sólo que…bueno, que una doctora y su paciente tengan una relación de amistad cuando sólo hace dos meses que se conocen, es un poco…em, raro…-

Sango sonrió dócilmente.

- Te entiendo. La verdad es que admito que he sido bastante directa estos últimos días, perdona. Pero te aseguro que no es por ninguna cuestión de interés ni nada…En realidad, hay algo que quería comentarte, algo muy importante. Y al encontrarte por la calle he aprovechado la ocasión, nada más-

- ¿Algo que comentarme¿A mí?-

- Si.- Sango se carraspeó la garganta, se acercó un poco más a Kagome y empezó a hablar casi en susurros- Pero aquí no. Hay mucha gente en este bar y necesito un sitio en el que estemos a solas tú y yo ¿Te parece bien que adelante la próxima sesión para mañana a primera hora? Si la teníamos a las seis y media de la tarde, pasaría a las ocho y media de la mañana. Mañana es miércoles ¿Qué me dices?-

Kagome frunció el ceño, pensando si a esa hora tenía ya algo que hacer.

- Creo…creo que puedo. Si a caso, ya la llamaré-

- ¡Perfecto!- Sango sonrió de oreja a oreja mientras husmeaba en su bolso y sacaba una agenda de color granate- …”miércoles a las ocho y media…” bien, gracias Kagome-

- ¡Miércoles!- exclamó la joven de repente- ¡Ahora que me acuerdo, tengo que ir a comisaría ese día! Ah…pero tranquila, tengo cita por la tarde- se apresuró a aclarar cuando vio la cara de sorpresa de su psicóloga

- Menos mal…Oye, es verdad ¿cómo te van las cosas con aquel caso?- preguntó al mismo tiempo que depositaba la agenda de nuevo en el interior de su bolso.

- Bien…supongo-

- ¿Supones?-

Kagome profirió un largo y sonoro suspiro, acordándose del cabezota y maleducado detective que le habían asignado.

- Es que…el que se va a encargar del asunto es un tipo detestable, terco y borde a más no poder. Además, aceptó el trabajo de mala gana. No sé cómo alguien así podrá ocuparse de todo esto…-

- Vaya, con la de cientos de policías que deben haber por ahí y justo te toca ese…Seguro que también es uno de esos viejos verdes, con barba de tres días y tripa cervecera- se rió de su propio chiste.

- Hum, pues…- Kagome bajó la mirada con un cierto tono rosado en sus mejillas-…me da rabia admitirlo, pero el chico no estaba nada mal. Y era joven, yo diría que tenía entre 24 o 26 años-

Sango volvió a reírse, más estruendosamente- ¿Entonces es guapo y con mal carácter? Caramba, como está el mundo…-

- Sí…- resoplando y con cara de malos humos, Kagome bebió el último sorbo de su chocolate caliente.

- Bha, tú ni caso. Tampoco tendrás que estar a todas horas del día con él. Sólo tendrás que aguantarlo cuando te tome la declaración. El resto, es esperar a que haga un buen trabajo y que atrape pronto al culpable…-

Kagome volvió a suspirar. Pensar en que tarde o temprano tendría que enfrentarse cara a cara al asesino que una vez estuvo a punto de matarla, le revolvía el estómago. De hecho, aún se le estremecía el cuerpo entero al recordar aquella fría y lluviosa noche de otoño, aquella espantosa imagen en la cabina… Lo único que deseaba, era que todo terminase cuanto antes.

Kami…si no, me volveré loca…

-...y si no, tienes derecho a reclamar que la declaración te la tome otra persona, creo yo. Por cierto¿Cómo se llama?-

Kagome pegó un brinco. Había estado tan inmersa en sus pensamientos, que no se había dado cuenta de que Sango había continuado con su explicación durante todo aquel rato.

- Ah…esto… ¿Qué? Perdone doctora, no…-

- Que cómo se llama el detective-

- InuYasha no-sé-qué…pero si me disculpa, preferiría cambiar de tema…- dijo Kagome casi suplicando. Necesitaba hablar de algo que no fueran sus problemas, o después del chocolate necesitaría un litro de café.-…por ejemplo, me gustaría sabe de qué quiere hablar con migo el miércoles ¿Qué es tan importante?-

Sango se quedó callada durante unas décimas de segundo, como si la pregunta hubiese sido inesperada y ahora tuviese que encontrar una buena respuesta a toda velocidad.

-…Sé que tienes derecho a saberlo, pero todavía no puedo explicártelo. Es algo importante, pero ya lo verás veras. Sólo intenta esperar hasta mañana…-

Kagome profanó una mueca de duda, como si no hubiese quedado muy convencida. Sango pareció notarlo, porque enseguida añadió:

- Mira, voy a darte algo. Pero ni se te ocurra perderlo ¿eh?- sonrió de forma picarona, y volvió a rebuscar en el interior de su bolso, pero en vez de una agenda lo que sacó fue algo totalmente diferente. Kagome observó con curiosidad lo que parecía un pedazo uniforme de algún tipo de piedra rosada, atravesada por una cadena de plata a modo de colgante.

- ¿Qué es eso?-

Sango le hizo un gesto con la mano para indicarle que se acercara, desabrochó la cadena y le colocó el colgante alrededor su cuello.

- Te queda como un guante- aprobó- Kagome, lo que llevas ahora mismo es ni más ni menos que una de las tres mitades en las que fue dividida la Sikkon no Tama-

- P…pero…-

- Pensaba entregártela de todas maneras- interrumpió, poniéndose algo más seria-…por eso he querido invitarte a algo, quería aprovechar la ocasión para dártela. Si no te hubiera encontrado, te hubiese llamado igualmente para que quedáramos, por eso la llevaba en el bolso.-

- ¿Pero…pero para qué me la da?-

Sango le guiñó un ojo- Tendrás la respuesta el miércoles. Pero sobretodo, guárdala bien y si alguien te pregunta no te la he dado yo. -

Kagome asintió en silencio. Tanto misterio por en medio le estaba dando qué pensar. Pero bueno, era su psicóloga y en ella podía confiar ¿no?

- De acuerdo doctor…¡Ah!- Kagome abrió los ojos de repente, fijándolos en la entrada.

- ¿Qué ocurre?- preguntó Sango girando el mentón y levantando una ceja. Vio a dos hombres jóvenes al lado de la puerta- ¿Los conoces?-

-Es él…el detective…-

Por una extraña razón, Sango pareció quedarse al borde de un ataque cardíaco. Su cara había empalidecido de repente y cuando habló, apenas podía pronunciar correctamente.

- ¿S-seguro que es él?-

Pero la chica de los cabellos azabaches no la escuchaba. Estaba rígida, y seguía con la mirada a los dos chicos recién entrados, los cuales cada vez iban acercándose más a ellas. InuYasha parecía no haberse dado cuenta de su presencia, y cuando pasó por su lado, Kagome intentó llamar su atención:

- Ho…hola…- dijo en un susurro- ¿Me reconoces?-

El joven posó sus ojos dorados en los de ella, dudó un momento y después, en seguida se mostró sorprendido.

- ¡Qué diablos haces tú aquí?-

- Eso mismo me pregunto - reprochó Kagome con una pizca de molestia- Yo estaba tomando algo con mi psic…con una amiga. T-te presento a Sango Otonachi-

- Mucho gusto- Sango, la cual no se había movido ni un centímetro, le alargó su mano al detective de largos cabellos negros. Todavía se podía notar en ella cierto nerviosismo, aunque ya estaba bastante recuperada del shok inicial.

InuYasha le estrechó la mano sin decir nada, salvo una especie de gruñido.

- Entonces os conocéis- dijo una voz masculina que pertenecía al acompañante del primer joven. Se trataba de un chico también bastante atractivo, con los ojos oscuros y el pelo recogido en una alta y larga coleta-…Nosotros hemos entrado sólo a comprar tabaco, porque cierto “individuo” necesitaba urgentemente un cigarrillo- dijo profiriendo una sarcástica sonrisa. Kagome entendió que se refería a InuYasha.

- No largues más de la cuenta, Kouga- le respondió con tono amenazador-…ella es Ka…Kaoru Higurane, creo…-

- ¡Me llamo Kagome Higurashi!- rectificó ella.

- ¡Me da igual! Por cierto¿Tú no deberías estar en clase a estas horas?-

Kagome apretó los puños con fuerza. Ese tío le sacaba de sus casillas ¿Por qué había tenido que encontrarse con él justo en el mismo bar? O mejor dicho¿Por qué había tenido que saludarle? Quizás creyó que hoy estaría de mejor humor, pero enseguida comprobó que estaba del todo equivocada.

- Veo que además, os lleváis de “maravilla”- bromeó el otro chico- …Bueno, yo me llama Kouga Kamiya, encantado de conocerlas señoritas- y acabó con una cordial reverencia. Al hacerlo, Kagome se fijo que el chico llevaba una pistola ceñida a la cintura. Entendió que, seguramente, se trataba de un compañero de trabajo.

De repente, una repetitiva melodía de móvil irrumpió en la conversación. Era el de Sango. La joven lo sacó del bolso con manos temblorosas, y cuando leyó el nombre de la llamada en la pantallita, sus ojos se llenaron de terror. Colgó sin contestar.

- Ka…Kagome tengo que irme. M-me ha llamado un paciente importante…Kubota, a saber qué problema tendrá esta vez…-soltó una risa nerviosa- …ya he pagado la cuenta. Acuérdate del cambio de hora en la próxima cita ¿eh?-

- ¿Se encuentra bien?- preguntó Kagome con preocupación.

- ¡Por supuesto!- mintió-…Gracias por todo Kagome. Y un placer conocerles- se dirigió hacia InuYasha y Kouga, que la miraban extrañados- ¡Hasta el miércoles!- se levantó apresuradamente y con una expresión forzada. Se dirigió a la salida y antes de abrir la puerta hizo un último saludo con la mano.

- Qué raro…- susurró Kagome, cuando la figura de Sango se hubo alejado por completo entre la bruma de la calle.-…ha empezado a actuar de forma extraña de repente.-

- Tsk, vaya amistades más raras que te haces, chica- masculló InuYasha, mientras se contaba el dinero que tenía en la mano-Yo de ti hubiera ido tras ella. En fin…ahora vuelvo Kouga, voy a comprar tabaco…-

- No tardes- le contestó él.

Kagome le observó alejarse sobre sus pasos con cierto abatimiento. Luego miró a Kouga, sintiendo que no sabía cómo romper el silencio que se había producido entre ambos. El joven, en cambio, no dudó en tomar la palabra. .

- No le haga caso señorita Higurashi- dijo- Allí dónde le ve, en el fondo es buen tipo ¿Puedo preguntarle dónde le conoció?-

- ¿No se lo ha explicado?- comentó Kagome sin extrañarse, a la vez que tomaba su abrigo y se lo colocaba-…Nos vimos por primera vez cuando se ofreció a sustituir al inspector Namabuchi. Yo soy…soy la testigo del caso- tragó saliva- Tengo que irme, si me disculp…-

- ¡Ah, tu eres aquella chica!- exclamó Kouga. Kagome se sobresaltó- ¡Claro, ya me acuerdo! Por supuesto que me ha hablado mucho de ti. Ya decía yo que me sonaba tú cara. Parece increíble, pero es que eres clavadita a…-

- ¿Es que nunca aprenderás a callarte?- la voz de InuYasha gruñó a sus espaldas. Ya se había encendido un cigarrillo-…Yo ya estoy. Venga, marchémonos-

- Hombre, mí querido perro aullador…- pronunció en tono burlón, consiguiendo que InuYasha frunciera el ceño- Estaba hablando con la chica- señaló a Kagome con un gesto de la cabeza- ¿Así que ella es la florecilla que te ha engatusado para que aceptes un caso tras tres años de haberlos rechazado todos?-

Kagome enrojeció sin poder evitarlo, y más aún cuando se dio cuenta de que InuYasha también se había ruborizado levemente.

- ¡He dicho que nos largamos! - gritó- ¡Y no me cambies de tema!-

- Está bien, está bien…- dijo el joven de la coleta- Pero ¿Y la chica¿Por qué no la acompañamos hasta donde tenga que ir? Tenemos el coche aparcado aquí cerca-

InuYasha se giró fulminándolo con la mirada. Kagome se había quedado sin saber que decir.

- Mira Kouga, no se si te habrás dado cuenta, pero tenemos que ir a trabajar. ¡Y dicho trabajo consiste en atender las órdenes que recibamos en comisaría, no en acompañar a la gente a su casa porque sí¡Mi coche no es un taxi!-

Pues como si lo fuera. De nada le sirvieron a InuYasha todas las excusas y condiciones que impuso, pues al final Kagome acabó en el asiento trasero de su coche, dando indicaciones para que la llevaran hasta la librería de su madre.

- Ahora tienes que girar a la derecha- comunicó

InuYsaha la miró de reojo, maldiciendo al tiempo que giraba el volante.

- ¿Ves cómo tampoco hay para tanto?- le dijo Kouga, desde el asiento del copiloto, y para romper un poco el hielo- Todavía nos queda un cuarto de hora. Tenemos tiempo justo de dejarla e ir luego a comisaría-

- Si llegamos tarde será tu culpa, que conste- gruñó

- Oye no hace falta que te pongas así…- suspiró Kagome desde atrás, mirando sin demasiada atención por la ventana-…parece mentira que seas policía-

- En primer lugar, y para tu información, soy detective , y en segundo lugar: yo no me dedico al servicio de los demás- aclaró visiblemente malhumorado- ¿Y que me dices de ti¡Nos mandas a que te enviemos con tu madre cuando a tu edad tendrías que estar en la escuela!-

La joven no contestó al instante. Contempló los edificios que dejaban atrás y que se alejaban cada vez más aprisa. El ruido del motor del coche fue cuanto acompañó al silencio de los tres pasajeros durante unos segundos.

- Dejé los estudios- dijo al fin-…desde el incidente en la cabina no he vuelto a pisar el instituto. No me encontraba en condiciones de acudir a clase. Ahora, después de cuatro meses, ya me siento algo mejor, pero…pero no he vuelto a retomarlos-

Cuando acabó, Kagome esperó oír a InuYasha criticarla por ello, pensó que empezaría a gritarle que era una estúpida, que estaba cometiendo un gran error, o algo así…pero en cambio, la respuesta fue muy diferente.

- Ya…bueno, supongo que te entiendo. Siempre nos cuesta volver a relacionarnos con el exterior cuando acabamos de sufrir un duro golpe. Pero en cuanto lo superes, hazme caso, no seas tonta y vuelve a la escuela. Los estudios son tu futuro y una oportunidad que difícilmente se volverá a repetir. Intenta hacer un esfuerzo aunque sea poco a poco. Pero inténtalo.-

Aunque lo dijo con algo de torpeza, Kagome se quedó realmente sorprendida. Parecía mentira que quien le acabara de decir aquello fuera el mismísimo InuYasha. Era cómo si lo hubiesen sustituido, sin que nadie se hubiese dado cuenta, por una persona totalmente diferente. Incluso le pareció ver que le sonreía.

- ¿Sabes? A veces parece que hables por experiencia propia- murmuró Kagome, arrepintiéndose después. No sabía por qué, pero se sentía incapaz de pronunciar un “Gracias por el consejo”.

Esta vez, fue InuYasha quien se sumió en el silencio.

- ¡Eh, eh¡Tío, que te pasas de largo!- gritó Kouga de repente. Indicándole que estaba tres casas por delante de la librería.

- Maldita sea…- murmuró InuYasha, frenando de repente e intentando dar marcha atrás- ¡Podrías haberme avisado antes, Kouga!-

- N-no pasa nada, yo ya me bajo aquí. Estoy a tres pasos de mi casa- afirmó Kagome.

InuYasha la miró y luego asintió. Después detuvo el coche en marcha para que Kagome pudiera bajar.

- Gracias por traerme- dijo la chica acercándose a la ventanilla. Se abrazaba a sí misma intentando vencer las fuertes sacudidas de aire helado que se filtraban por cada rincón de su cuerpo. La diferencia de temperatura, dentro y fuera del coche, era enorme.

- ¡Fhe, a mí no me mires!- bufó InuYasha- ¡Dáselas a él!-

Kouga movió la cabeza hacia adelante para poder ver bien a Kagome y le guiñó un ojo, divertido.

- Ha sido un placer señorita Higurashi. Espero que volvamos a vernos lo más pronto posible-

Kagome sonrió.

- Bueno, pues hasta el miércoles, espero. Y gracias por traerme, InuYasha-

El aludido, en vez de responder, se la quedó mirando con un extraño brillo en los ojos. Kagome notó que el corazón empezaba a latirle con más fuerza de lo normal… ¿Por qué?

-O…Oye, se pueda saber qué estas mirand…-

- ¿De dónde has sacado ese colgante?- preguntó él, bastante serio.

Kagome bajó la vista, y observó el resplandeciente fragmento de perla rosada que reposaba sobre su cuello y parte del pecho. Se le había olvidado por completo de que llevaba puesto el colgante que Sango le había entregado aquella mañana en el café, sin ninguna explicación y bajo actitud desconcertante. También recordó haberle prometido de no decir a nadie quién se lo había dado.

- Oh…e-es… ¡Es un regalo que me hizo mi abuelo!- improvisó- …me lo pongo muy de vez en cuando ¿Por qué querías saberlo?-

InuYasha se encogió de hombros sin dejar de clavar sus ojos en ella.

- Por curiosidad, y…es igual, déjalo. Nos vemos el miércoles, Kaoru-

Kagome abrió la boca para repetir por milésima vez que ése no era su nombre, pero su voz se perdió en el aire cuando el coche arrancó a toda velocidad y salpicando nieve. El vehículo pronto se perdió entre el tumulto de la ciudad, pero ella no se movió del sitio ni un ápice. Se había quedado con una sensación extraña en el cuerpo.


Sango caminaba sigilosa, pero sin detenerse. Su negra melena se movía al compás del resto de su cuerpo, erguido. Era difícil descifrar su mirada, una mezcla de temor y decisión. Anduvo en dirección recta durante unos minutos y después, torció la esquina de un estrecho callejón que desembocaba en una calle paralela. Allí, al fondo, un coche de color blanco y bastante discreto la esperaba. El conductor, un hombre que ocultaba la mirada tras unas gafas de sol, aguardaba apoyado en el maletero con las manos y pies cruzados.

- Vaya, por fin estás aquí. Ya empezaba yo a pensar que te habías escaqueado. ¿Por qué no contestaste cuando te llamé?- dijo el hombre.

- ¿Y que querías que hiciera?- contestó Sango poniéndose todo lo seria posible- Tenía a dos policías delante de mí. Podían sospechar, cosa que creo que ya han hecho.-

- Tsk, Naraku tenía razón. Tienes un sentido de la oportunidad que da asco-

Sango frunció el ceño, obviamente molesta.

- Pues si eso es lo que Naraku piensa de mí, no entiendo porque confía en que cumpla con el trabajo. Quizás porque sabe que yo no meto la pata, a diferencia de otros ¿eh Bankotsu?-

El hombre procedió a reírse de las palabras que la joven acababa de pronunciar Soltó una carcajada maliciosa, siniestra.

- Sólo te ha estado utilizando, se ha aprovechado de ti sabiendo que eras la psicóloga de la chica. En fin¿Ya te has asegurado de que esa tal Kagome o como se llame es la que busca Naraku?-

Sango asintió apretando los puños. La sangre le hervía por dentro.

- ¿Y le has dado la joya falsa?-

- Si. No ha hecho falta que le diera demasiadas explicaciones, ha aceptado sin más-

- ¿Pero antes te habrás asegurado bien de que era ella, no?- preguntó Bankotsu sonriendo. Le encantaba poner nerviosa a la gente, intimidarla- Piensa que la joya que le has dado contiene un detonador con una bomba y en cuento des la señal, estallará. Si luego resulta que te equivocaste de persona, a Naraku no le gustará ni un pelo-

- Estoy completamente segura- espetó ella levantando la cabeza, orgullosa- Kagome Higurashi es, sin lugar a dudas, la testigo que presenció cómo uno de los secuaces de Naraku le volaba la sesera a aquel informático. Y por cierto, quiero contactar con Naraku en cuanto sea posible. He descubierto cierta información que puede serle de interés. -

- Eh, eh, no te embales. Primero dame la verdadera joya- ordenó el hombre, tendiéndole la mano.

Sango se quedó inmóvil durante unos segundos. Acto seguido, y sin mostrar ninguna prisa, extrajo un estuche alargado de su bolso, y de él, la joya. El verdadero fragmento de la Shikkon no Tama, exuberante y reluciente.

Se lo lanzó al vuelo, sin preocuparse por si caía al suelo pese a su fragilidad.

- Buena chica- dijo él atrapándola con ágil movimiento de manos- ¿Pero por qué Naraku te permitió que te llevases el verdadero fragmento?-

- Lo necesitaba para poder hacer la copia. Bueno, ahora dame el número al que tengo que llamar.-

Bankotsu se sacó una tarjetita del bolsillo trasero de su pantalón.

- Este es el número- le indicó- en teoría, será Kanna la que te conteste. En cuanto se lo ordenes, ella activará la bomba y al cabo de diez segundos… ¡pum!- rió- la chica volará por los aires, y con ella se borrará toda pista que pueda delatarnos-

Sango asintió en silencio y se guardó la tarjeta en cuestión. Luego miró a Bankotsu fijamente.

- Recuerda, dile a Naraku que quiero ponerme en contacto con él, y dile también que yo ya he cumplido mi parte del trato. Ahora le toca a él.-

- ¿Te vas ya?- preguntó él, sin lamentarlo.

-Tengo a un montón de pacientes esperándome. Y voy con retraso-

Sin más, dio media vuelta mientras se sacaba el móvil. De espaldas a Bankotsu, el cual estaba empezando a poner el coche en marcha, la joven de largos cabellos no pudo contener por más tiempo la dolorosa tensión que le provocaba el peso de su alma, y una lágrima se deslizó solitaria por el contorno de su mejilla, preguntándose por qué le había tocado a ella hacer todo aquello. Pero ya era tarde para recapacitar y detenerse, comenzaba la cuenta atrás.


- No es mala chica¿No?- preguntó Kouga, al cabo de un rato.

Hacía ya un par de minutos que estaban parados en un semáforo en rojo, y durante todo ese tiempo nadie había dicho nada.

InuYasha se encogió de hombros.

- No te hagas el indiferente- dijo el joven de la coleta volviendo la cabeza hacia él- Sé que tú también lo has notado. Por eso te haces el borde delante de ella, porque se parece a Kikyo ¿Verdad?-

- ¡Quieres dejar este tema de una vez¡Ya sé que se parece a Kikyo, pero…!-

- Ajá¿ves? Todavía te duele hablar de ella- acertó Kouga, abandonando su habitual tono dicharachero y poniéndose serio.

- Fhe…- frunció el ceño y se concentró en el semáforo, que todavía seguía en rojo. O al menos sus ojos estaban clavados allí, porque su mente estaba ocupaba con otro pensamiento totalmente diferente.

- Mira, yo creo que deberías acep…-

- ¡No hace falta que me repitas por milésima vez que tengo que aceptar la realidad, que tengo que buscarme a otra chica y que bla, bla, bla….¡Estoy cansado de que todo el mundo me tenga que decir lo que tengo que hacer con mi vida y…!-

- ¡ Maldita sea, Kikyo está muerta InuYasha¡Kikyo no va a volver y la vida no espera, si no te espabilas a rehacerla te quedarás sólo y amargado para el resto de tu existencia¿Es que quieres pasarte todas las noches torturándote mientras la recuerdas¿Es eso lo que quieres?- los ojos de Kouga denotaban una preocupación que InuYasha nunca antes recordó haber visto en su compañero. Hablaba en serio.

- ¿Y que quieres que haga¿Qué me meta en la cama con Kaoru?- espetó.

- Se llama Kagome, InuYasha. Y no, no es eso lo que quiero decir. Lo que quiero decir es que a partir de ahora intentes abrirle más el corazón a la gente, y a Kagome también ¿Por qué no? Se nota que es una chica muy agradable, y además se parece a tu antigua pareja, alo mejor es una señal- se rió- No se, al menos que seáis buenos amigos. Vais a compartir juntos un caso¿no? Lo menos que podéis hacer es caeros bien. Ella lo intenta, pero tú no le dejas.-

InuYasha suspiró, sabía que Kouga no podía tener más razón.

- Lo sé, pero…-

- ¿Pero…?

No contestó. InuYasha se había quedado paralizado de repente, su rostro pareció experimentar la reacción del temor y la incertidumbre.

- ¿InuYasha?-

- El…el colgante…- susurró. Kouga le miraba como se mira a un extraño- ¡El colgante que llevaba Kagome! Me sonaba de algo y no sabía de qué, pero ahora me acuerdo. ¡Kikyo tenía un colgante exactamente igual!-

- Bu…bueno, seguro que es casualidad- dijo Kouga, sin comprender la importancia del asunto- a saber cuantos colgantes iguales hay en el mercado-

InuYsha negó con la cabeza- Ninguno. Es único, Kikyo me lo dijo-

Ni siquiera le dio tiempo a despegar los labios. Cuando Kouga quiso darse cuenta, InuYasha pisó fondo el acelerador e hizo girar el volante con un movimiento brusco; no tardó en darse cuenta de sus intenciones: quería pasarse al carril de la derecha (1) y volver hacia atrás, es decir, a la librería Higurashi. Y desde luego, lo consiguió.

- ¿Pero qué haces¡Te has vuelto loco o qué?- gritó desesperado.

Conducía violando por todo lo alto el límite de velocidad, el resto de vehículos les pitaban cuando pasaban por su lado.

- Tengo que volver allí, tengo que saberlo- murmuró InuYasha con los ojos detenidos meticulosamente en la carretera.

- ¡Imbécil, eres un completo imbécil!-

De poco le servirían las amenazas de su compañero. Él no pensaba parar hasta llegar de nuevo a la librería de Kagome. La chica le había mentido sobre la procedencia del colgante, pero eso no era lo más importante. Lo que sí importaba era que, antes de morir asesinada, Kikyo llevaba aquel mismo fragmento de piedra rosada sobre su cuello, pero para cuando encontraron su cuerpo el colgante había desaparecido sin dejar rastro, al igual que su asesino. Aquel día, un día clavado como un recuerdo oscuro e imborrable en la memoria de InuYasha, parecía tener alguna relación con la testigo de otro misterioso caso: Kagome. Y él estaba dispuesto a averiguarlo tan extraña conexión.

A kilómetros de allí, una muchacha de ondulados cabellos azabaches entraba en la librería Higurashi, justo en aquel instante. Sonriendo y con los ojos brillantes de felicidad, abrazaba a su madre mientras le contaba las incidencias del día, ajena a cualquier turbulencia. Poco imaginaba Kagome que su vida corría un grave peligro, y que los problemas no habían echo más que comenzar…

Continuará…

(1) Cuando digo que InuYasha cambia del carril de la izquierda al de la derecha, quiero recordaros que en Japón conducen por el lado contrario, por lo tanto conducen por la izquierda y vuelven por el de la derecha :p

NoTaS dE aUtOrA

¡Hoooooola a todos:p Bueno, he tardado un poco en actualizar… (¡Mil disculpas! UU) Pero aquí está el segundo capítulo¡Espero que os guste! Cada vez está más interesante¿no? Jijiji Ah, seguro que muchos me vais a matar por cómo he pintado a nuestra querida Sango, pero tiempo al tiempo please. Que os tengo reservada más de una sorpresa :p. Y en cuanto al lemon…paciencia, que todo llegará y lo prometido es deuda ;)

Bueno creo que nada más. Lamentablemente los de han prohibido que contestemos los reviews de los lectores (una norma muy absurda a mi parecer pero…ahem ¬ ¬)

Así que, a TODS los que me dejasteis un pequeño comentario, que sepias que os estoy muy muy muy agradecida nn ¡ARIGATOOO! Y por favor, dejad algún review, si no, no me veré con ánimo de continuar y tendré que abandonar el fic UU

¡Hasta el próximo cap!

:JKRanIV:



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