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Anime/Manga » Naruto » Negra sombra
Aokimari
Author of 32 Stories
Rated: T - Spanish - Drama/Romance - Shikamaru N. & Temari - Reviews: 258 - Updated: 05-14-08 - Published: 07-05-05 - Complete - id:2470301

Epílogo

El sonido de sus tacones llegó amortiguado hasta el banco donde una mujer de vestido violeta leía distraida un libro. Los gritos y las risas de los niños ocultaron el rumor de los pasos hasta que la sombra femenina cubrió parcialmente la luz que la iluminaba.

La mujer del vestido violeta alzó una mirada aguamarina y la clavó en la sonriente kunoichi.

-Buenas tardes, embajadora – saludó amablemente, a lo que la mujer contestó con una solemne inclinación de cabeza mientras se apartaba con el libro cerrado sobre su regazo.

La Hokage se sentó a su lado, ambas mujeres con la vista perdida en los niños que corrían de un lado a otro, inmersos en sus juegos.

Las jóvenes manos apretaban el libro clavando las uñas en su lomo los labios apretadas en una triste sonrisa del todo recuperada.

-Me alegra de que hayas llegado. Espero que no tuvieras problema alguno durante el viaje.

-No. De camino me encontré con Shino y con Lee, justo a la entrada del país. Viajé con ellos el resto del camino.

-Me alegro. ¿Qué tal estás? – preguntó tras una pausa.

Antes de que la mujer del vestido violeta contestase un niño de unos seis años se acercó corriendo al banco donde, tras dudar un momento y mirarlas a ambas indeciso, dejó una flor sobre el regazo de la Hokage antes de volver a salir corriendo.

Tsunade miró sorprendida la flor que descansaba sobre sus piernas.

-¡Ey, chaval! ¡Pequeñajo! – el niño se volvió ante la insistente llamada de la mujer. En su rostro se leían las ansias de jugar pero, ante el además femenino ordenandole que se acercase, se aproximó resignado - ¿Y esto? – preguntó cogiendo la flor con delicadeza.

El niño se encogió y murmuró unas quedas palabras que tanto pudieron significar un "no sé" como una maldición infantil, mientras lanzaba insistentes miradas a sus amigos.

-¿Pero de donde la has sacado? – al ver que la mujer contraatacaría hasta satisfacer su curiosidad, decidió contar lo que sabía lo más rápido que pudiera.

-Un hombre me dio medio ryo a cambio de traerle esta flor a una mujer rubia sentada en el parque.

-¿No te dijo nada más? – el niño negó varias veces -. Anda vete.

Antes de la Hokage hubiese terminado la frase, el niño se había vuelto y había echado a correr hacia sus amigos. Tsunade lo observó marcharse. Tendría alrededor de 6 años, el cabello negro y unos ojos verdes que llamaban la atención a kilómetros de distancia. Rebosaba vida y energía por cada poro de su piel.

Desvió luego la atención hacia la mujer del vestido violeta que no perdía atención del ir del pequeño, sus labios aún más apretados y los nudillos nevados.

-Iba a ser un niño, algo me lo decía – murmuró ante la mirada de la Gondaime. Lo hizo muy quedamente más para si misma que para nadie en particular.

Aún en esos momentos, seis años después se veía forzada a seguir repitiéndoselo en los momentos en los que el tiempo se congelaba y una niebla cubría su conciencia. Pero es que, de vez en cuando, todavía sentía aquel dolor en el vientre que le había perforado el alma en completa soledad.

La Hokage se llevó la flor hasta la nariz y aspiró el aroma, disfrutándolo.

-Toma – dijo finalmente mientras tendía la flor hacia la joven – creo que esto es para ti. Yo no tengo a nadie que me regale flores.

Sorprendida la mujer del vestido violeta atinó a coger la flor con dos dedos, temiendo apretarla demasiado fuerte y romperla, o que fuera una ilusión que se marchitaría ante sus ojos. Significaba tanto y a la vez tan poco...

Llegaba un mes tarde, llegaba sin su aroma, sin su tacto y sin sus besos. Pero, al fin, la sujetaba entre sus dedos, sentía su peso en la mano, notaba la elegancia de sus pétalos quemándole las retinas.

Se llevó la flor a la boca y besó los petalos, saboreando su significado. Aspiró el aroma de la flor antes de levantarse y abandonar el parque. Incluso con los ojos cerrados reconocería el olor de un lirio.

Con cada paso que daba se sentía un poco más en casa. Todavía estaba algo lejos, pero las puertas ya se alzaban ante sus ojos. Igual de imponentes, igual de familiares.

Mientras caminaba hacia la ciudad, parecían flotar en el aire los olores, se oían ya las risas y, si se esforzaba, casi podía degustar los sabores que la marcaban.

Incluso se cruzó con algún nervioso grupo de genins histericos camino de su primera misión.

Aceleró el paso y, cuando abandonó el bosque, un alboroto le llamó la atención.

Se volvió intrigada y vió, sin creerselo, a un Naruto hecho ya a un hombre tirando de un brazo que se perdía entre los arboles.

Fijo la vista en la figura de su ex-compañero de equipo, observándolo con la diversión propia del ojeador ajeno.

Le había crecido el pelo e incluso parecía que había ganado centimentros. Pero seguía teniendo la misma expresión inocente y, sus gritos, confirmaban que su carácter no había madurado.

Finalmente, consiguió arrancar a la otra persona de su escondite.

Sus piernas flojearon y su boca se secó cuando reconoció el negro cabello del Uchiha.

-¡Sasuke-kun! – ambos chicos se volvieron en dirección a la voz, echando a correr instintivamente hacia ella. Naruto la levantó en volandas y le dio varias vueltas antes de acceder a bajarla -. ¿Qué hace él aquí? – preguntó perpleja.

-Me lo encontré y lo obligue a venir No tenía a donde ir – explicó ante su mirada confundida.

Desde su puesto, Sasuke murmuró algo como "Esto no ha sido buena idea" si dar visos de acercarse voluntariamente. Fueron hasta él.

-Pero...¿Qué hay de Itachi?

-Muerto.

-¿Y Kabuto?

-Muerto, creo. La verdad es que no lo sé.

-¿Y Orochimaru?

-Muerto.

-¿Muer... Muerto? – él asintió, sin que ella pudiese disimular su incredulidad - ¿Cómo?

-Se atragantó con el hueso de una aceituna – Sakura lo miró fijamente, desvió la mirada hacia Naruto esperando una confirmación o una negación, pero simplemente se encogió de hombros.

-Eso es una estupidez... – concluyó bloqueada.

Dio un paso más, controlando que su pie derecho quedará firmemente fijado enfrente de su pie izquierdo, que en el movimiento, sus caderas se inclinasen en el ángulo exacto.

Se detuvo y se arregló la camiseta. Se estiró y dejó escapar un leve gemido parecido al de un gato que, sabía que el dueño de aquella mirada que la perseguía, oiría, resonando perfectamente audible a su alrededor.

Lo había sentido sobre si hacía más de diez kilómetros, y la sensación de saberse observada no se había despegado de si desde entonces.

Bajo la pequeña ladera y se acercó hasta la pequeña laguna. La frondosa vegetación colmaba la vista y el frescor del agua aliviaba el calor del ambiente.

Se arrodilló en la orilla y se quitó la camiseta, se soltó el cabello, lo atuso con fuerza, introduciendo los dedos entre los mechones.

Colocó el pincho frente a sus rodillas y se inclinó hasta que sus reflejos le devolvió la mirada. Rellenó sus manos con el agua y se lavó el rostro con fuerzas. El agua fría la despejaba y algunos mechones húmedos se pegaron a su cara. Frotó su nuca varias veces mientras se estiraba.

Abrió los ojos y, en la temblante superficie de la laguna, lo vio medio ocultó entre las ramas de los árboles.

Sonrió para sí, satisfecha. Sujetó entre los dedos el pincho del pelo y lo lanzo en su dirección lo más rápido de lo que fue capaz. Su movimiento lo tomó por sorpresa haciéndole perder el equilibrio y caer del árbol.

Se puso la camiseta y se incorporó para acercarse al hombre que intentaba ponerse en pie. Cruzó los brazos sobre el pecho y alzo la cabeza, sonreía con orgullo, sabiendo que cuando alzara la cabeza lo primero que vería serían sus piernas. Y sabría que estaba a sus pies.

-Y yo que pensaba que en tu clan se primaban los buenos modales por encima de todo... – él alzó la vista hasta clavarla en sus ojos, con aquella mirada de leche que la ponía tan nerviosa y que no conseguía descifrar -. No es de buena educación espiar a una chica, Hyuuga.

-Tampoco es que este muy bien visto que una chica se desnude cuando sabe que la están observando.

-Tal vez. Pero consiguió su objetivo, ¿no?

Neji terminó de ponerse en pie, mirándola sin pestañear. Se miraban en silencio, sin saber como comportarse o que decir.

-Me alegro de volver a verte – cedió ella, rodeándole el cuello con los brazos y abrazándole con fuerza. Aspiró su aroma, recordando todos los buenos momentos y dejo que él enterrase el rostro entre su pelo, agarrando su cintura. Pero, sus manos, en vez de mantenerse fija, descendían por su cuerpo. Se separó bruscamente y lo encaró - ¿Qué te hace pensar que aún estoy disponible?

-Que cada vez que nos encontrásemos durante estos seis años acabases en mi cama.

-Pues vete olvidando de eso, guapo. Porque eso se acabó.

-Claro – aceptó él separando las manos del cuerpo de ella -, hasta la próxima noche, entonces.

Ella quiso contestarle pero lo único que brotó de su garganta fue una carcajada divertida. Peinó sus cabellos un momento entre los dedos y comenzó a seguirle camino a Konoha.

Caminaba a paso rápido, sin a penas darse cuenta de que jadeaba por el cansancio. Quería llegar cuanto antes. Necesitaba llegar cuanto antes.

Tenía la boca seca. Sentía una sed atroz. Pero no podía detenerse a descansar, no podía ni siquiera beber. Perdería demasiado tiempo.

Pero tenía miedo a llegar, a verle, a su reacción.

La voz le fallaba. Su rostro ardía y su voz no existía. Sentada sobre sus tobillos respirando entrecortadamente.

Sobre si estaba su mirada fija y fría. No se atrevía a encararlo, no se atrevería a hablar.

-¿Y bien? ¿Qué queríais decirme? – su voz fría y su tono autoritario se clavó en sus oídos.

Movió los labios, incapaz de articular sonido. Sus ojos ardientes por las lágrimas, no se despegaban de sus manos. Inspiró hondo, el corazón saliéndosele del pecho.

-Yo... yo... – el padre se removió inquieto en su sitio -. Nosotros... nos-nos vamos – bajo el tono hasta que su padre tuvo que acercarse para oírla.

Desvió la vista hacia Neji buscando una explicación. Su sobrino permanecía sentado al lado de su prima, con su habitual mueca de seriedad.

-Hemos decidido irnos – decidido, el moreno acudió en auxilio de su prima -. Creemos que nos vendrá bien tener que valernos por nosotros.

Se formó un pesado silencio en la sala que pesaba sobre sus hombros. Neji sostenía su mirada y Hinata no podía pegar más la frente al suelo.

Hiashi reflexionó un momento mirando a sus dos herederos. Cuando habló, lo hizo tranquilo y con voz grave.

-Si alguno de los dos pone un pie fuera de esta casa, que se olvide de volver.

Hinata cerró los ojos para contener las lágrimas. Apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieran blancos. Respiró hondo y actuó. No tenía voz para justificarse.

Se levantó y abandonó a ciegas la habitación dejando con cada paso un enorme gasto de energía. No llegó a ver la sonrisa de satisfacción que adornaba los labios de su primo.

Se detuvo frente a las puertas abiertas de la aldea. Los grandes portalones tan imponentes como siempre.

Dio un paso, imponiéndose a las ganas de salir corriendo. Dio otro más, ignorando el temblor de sus piernas.

Y de ese modo, cuando se dio cuenta, había traspasado la entrada a la aldea.

Saludó distraídamente a los guardias con un descuidado gesto.

El barrio de entrada a la aldea no había cambiado en a penas nada durante estos seis años. Genma y Aoba cumplían soñolientos su turno de guardias, Koyeta seguía intentando vender sus productos a los que por allí pasaban. Y, al fondo del paisaje, los viejos rostros de los Hokages.

-Habéis regresado.

Se volteó asustada mediante un salto. El corazón se detuvo en su pecho. Quiso apartar la vista, pero se forzó a mirarlo.

-Buenos días, oyabe-san – él no contesto. Solo la miraba. Quiso correr a esconderse, pero lo único que se concedió hacer fue apretar la tela de su vestido entre sus manos.

Hiashi se acercó hasta quedar a la altura de su hija. La observó atentamente. Al igual que la villa, apenas había cambiado. Sin embargo, era innegable el paso del tiempo. Nadie podría negarlo.

Hinata ahogó el grito que exigía nacer en su garganta cuando su padre la abrazó.

-Bienvenida a casa, Hinata.

Andaba lo más rápido que podía, sin llegar a correr. No quería parecer una posesa.

Pero es que faltaba tan poco... que era difícil resistirse a la impaciencia.

Se detuvo con las manos en la cadera frente al portalón abierto. Sonrío a Aoba y a Genma que reían desde su puesto.

Quería subir al sitio más alto de la aldea para vislumbrar todo y saber que nada había cambiado.

Riendo ella sola, comenzó a caminar de nuevo pero, asustada, tuvo que apartarse a un lado de un salto para esquivarle.

El causante, se detuvo bajo el arco de entrada y se volvió hacia ella. Parecía que hubiera pasado los últimos años perdido por las montañas. El cabello, por los hombros, caía completamente desgreñado. La ropa manchada de tierra. Todo su aspecto contrastando con las mejillas limpias de niño en las que parecía, nunca podría brotar la barba de un hombre. Sus ojos, brillantes encima de sus tatuajes, lucían igual de emocionados que los de un niño pequeño.

-Ki... ¿Kiba? – preguntó asombrada mientras bajaba la vista al enorme canido que montaba. Bajo el barro, se apreciaba lo que parecía un pelaje blanco - ¿Akamaru?

-¡INO! – gritó el aludido bajándose del lomo del perro y corriendo a abrazarla. Ignoró la mueca de asombro de la rubia.

-¿Eso es Akamaru?

-Sí, ¿por qué? – preguntó inocentemente. Ella negó con la cabeza varias veces, intentado imaginar como aquel cachorro adorable había alcanzado tales proporciones.

Sin salir de entre os brazos de aquel hombre con cara de niño, se apartó lo suficiente para mirarle muy seria a los ojos.

-Kiba... ¿hace cuanto que no te duchas?

Llegó casi corriendo a la puerta. Jadeaba cansada. Calculó que habría pasado una media hora.

Respiró hondo, con los ojos cerrados. Escuchaba latir su corazón en sus oídos, provocándole dolor de cabeza. En un acto reflejo, que comenzó como un tonto coqueteo y acabo convirtiéndose en un tic, se atusó las coletas. Estiró un par de veces el vestido.

Volvió a caminar, con calma. Se forzó a controlar su respiración para que él no notase su nerviosismo. Alzó la cabeza con dignidad y cuidó que cada paso llevara el movimiento de cadera correcto.

Se detuvo, cuando tras haber abandona la calle y haber quedado al descubierto, sintió su mirada fijamente clavada en su nuca. Mordió el labio para reprimir el escalofrío que subía por su espalda.

Apretó el lirio entre sus manos hasta que la savia le manchó la piel. Se volteó lentamente, para devolverle la mirada más calmada de la que fue capaz.

Estaba apoyado en la pared, hablando con Chouji como en los viejos tiempos. Ambos estaban más delgados, pero en general no habían cambiado. Sencillamente, las facciones aniñadas que ambos tenían habían dejado de serlo para volverse algo más duras.

Chouji la miró un momento con la enorme y bonachona sonrisa en su rostro y la saludó con un movimiento de cabeza. Ella le contestó el gesto, sin atreverse a mirar a su compañero.

-Ino, Kiba y Hinata están allí. Voy a saludarles. Seguro que los demás no tardarán.

Con un gesto de la mano, se despidió de las dos y se alejó dejándolos solos, sumidos en un silencio de años que ninguno de los dos sabía como romper.

Shikamaru la miró, observándola de los pies a la cabeza sin pestañear. El verse sometida a su examen hizo que le temblaran las piernas. A pesar de que se mostrase calmado y frío, su mirada quemaba allá donde se posaba.

-¿Te has ido a cambiar de ropa? – preguntó divertido mientras sonreía con aquella mueca de medio lado que tanto la irritaba. Se acercó con las manos en los bolsillos. Orgullosa, ella levantó la cabeza, estirando todo lo que pudo al cuello, rezando que el rubor de sus mejillas no se notase -. ¿Y te has maquillado? - preguntó incredulo.

Se había detenido cerca de ella, demasiado cerca para los años transcurridos.

-¿Acaso he hecho mal? Soy una mujer. Las mujeres acostumbran a maquillarse – ofendida y con los brazos en jarras, lo encaró muy seria -. Además, nunca te he oído burlarte de Kankuro.

-No me estoy burlando. Al contrario, estás preciosa.

La franca respuesta la descolocó por completo, provocando que su rostro enrojeciera. La sonrisa masculina se hizo más grande ante su desconcierto.

Respiró hondo para controlarse. Sentía demasiados deseos de llorar de huir y de abofetearle. Y no sabía por que lado estallaría.

-Te he echado de menos – admitió él al cabo de un rato de silencio.

Sus ojos, su mirada, se habían vuelto menos inocentes, menos pura. Había dejado de ser la de un niño para convertirse en la de un hombre adulto. Ahora, le quemaba el fondo de la retina, le quemaba devastador el alma. Entraba por su pupila, ascendía hasta su cerebro fundiéndolo, llegando hasta su espíritu y abrasándolo.

Y ella, criada en el desierto, jamás había experimentado tanto calor.

Se abalanzó sobre él, abrazándola. Rodeó su cuello con sus brazos, apretándose contra él hasta que se hicieron daño. Las manos masculinas, abrasadoras atraían sus caderas. Su nariz, en su cuello le hizo cosquillas cuando aspiró su piel para captar su aroma.

-Creí que no enviarías nunca la flor.

Cuando vi la vela, pensé que debía traerla en persona.

Se apretó aún más contra él, sin querer soltarlo nunca. Le costaba retener las lágrimas de espera que había fijado en sus ojos, ahora que esta había terminado.

Todos los miedos, las preocupaciones y las angustias habían perdido su significado. Ni siquiera parecían que fueran de esta vida.

Se resistió cuando el se separó para poder apoyar su frente contra la suya, tocar su nariz con la propia. No soportaba que el aire formado por millones de partículas que le recordaban a otros tantos kilómetros, se introdujese entre ellos. Quería sentir su calor, saber cuanto había cambiado sin que ni siquiera el vacío se interpusiese entre sus cuerpos.

Se besaron un par de ocasiones, pequeños roces mirándose a los ojos, que no hacían si no acrecentar las ansías de estar juntos, de reconocerse, de reencontrarse. Concentraban en cortas caricias el deseo de refrescar los aromas y los sabores ajenos en sus mentes.

Poco a poco, el beso fue haciéndose más y más profundo, más y más intimo. Sus lenguas se reconocieron, descubriendo sabores nuevos. El mundo desaparecía a su alrededor, fundido en la saliva de la boca ajena.

Pero el beso se rompió cuando Shikamaru recibió una fuerte patada en la espinilla.

-Quítale las manos de encima a mi mama – pronunció una niña en tono de reproche.

Aturdido, Shikamaru la miró fijamente sin quitar las manos de la cadera de Temari.

La niña, que rondaría los cinco o seis años, tenía el pelo negro suelto y la cara afilada. Unos ojos verdes, demasiado grandes para ser naturales de la hoja, brillaban a todas luces orgullosos e iracundos. Shikamaru se fijo en las mejillas manchadas de tierra, los codos raspados y las rodillas desgastadas.

Giró la vista ansioso hacia Temari, esperando una confirmación. Seguro que algo aparecía y lo despertaba del sueño, de la ilusión que vivía.

Llevaba casi seis años preparándose para ello. Sin poder quitársela de la cabeza. La espera de los últimos días había sido insoportables. Y, ahora que la tenía frente a sus ojos, tenía miedo. Un miedo irracional e ilógico que lo carcomía.

Ella asintió sonriendo dulcemente y el sintió como una estúpida mueca de alegría se le formaba en la cara.

-Me... Me cruce con Kankuro y él me había dicho que habías abortado...

-Iban a ser gemelos, pero uno de los murió antes de nacer... ni siquiera pude llegar a pensar un nombre. Ella sobrevivió – habló monótonamente con la voz de alguien que está cansado de repetir la misma historia una y otra vez.

La sonrisa se había borrado del rostro masculino cuando las palabras cayeron sobre sus hombros como un jarro de agua fría.

-Yo... Lo siento... – bajo la vista, incapaz de mirarla -. Debería haber estado allí...

-No podrías haber hecho nada.

-Puede... pero aún así, debería haber estado contigo – susurró y lanzó una mirada opaca empapada de arrepentimiento.

La triste sonrisa femenina se volvió más grande, más dulce, más maternal. Lo abrazó, apretándole contra su pecho. Enterró su cara en su cuello, apretó con fuerza su cuerpo. No había nada que perdonar.

Una nueva patada, más fuerte que la anterior, los hizo separarse.

-Te he dicho que te alejes de mi mamá – repitió enfadada la niña.

-¡Yuri! – con un gesto, Shikamaru le indicó que no pasaba nada.

Se arrodillo frente a ella, quedando a su altura y dejó que la sonrisa más grande floreciese en su cara.

-¿Así que te llamas Yuri? – ella le miró desconfiada -. Es un nombre muy bonito.

-Lo eligió mi tío.

-Pues es muy bonito. Yo me llamó Shikamaru – se presentó y le tendió la mano. La niña, desconfiada corrió hasta su madre, escudándose detrás de sus piernas.

-Te pareces al hombre de las fotos – susurró ella al cabo de un rato. Él la miró sin entender -. Las que están en casa de la abuela...

Por respuesta, Shikamaru sonrió todo lo que pudo, riéndose ante la mirada de recelo de la niña.

Se incorporó y sus ojos se encontraron con Temari. Quería besarla, abrazarla y celebrarlo pero no lo hizo por temor a una tercera patada.

Le sonrió de nuevo, feliz de estar de nuevo en casa, y a punto estuvo de repetirle que la quería, pero un estruendo lo distrajo.

Se volvieron en la dirección y vieron al mismo grupo que abandonó Konoha, aplaudiendo y riendo divertidos.

Cuando se acercaron, tuvieron que concentrarse en saludar y ser saludados, en responder a los abrazos recibidos y un aguantar la risa ante la sonrisa complacidad que la niña ponía ante todas las atenciones que recibía.

Shikamaru fue avanzando, hasta que se encontró cara a cara con Ino. Por la mente de ambos pasaron los sucesos ocurridos hacia seis años. Ella, con el cuerpo más asentado, ya no daba el aspecto de una niña que quiere parecer mayor. Con su melena rubia igual de cuidada de que siempre, daba la impresión de ser una mujer totalmente diferente.

Se saludaron con un abrazo.

-Me alegro de verte, rubia – por respuesta – ella lo apretó un poco mas fuerte durante un momento.

-Y yo a ti, Shikamaru – cuando se separaron su vista se dirigió inmediatamente a la niña – preciosa. Tienes suerte de que salga a su madre.

-Gracias... Oye – hablo tras una pesada pausa -, yo...

-No te preocupes. Está todo olvidado – se despidió con la mano antes de saltar con un grito sobre la espalda de Chouji.

Los saludos continuaron un rato más pero se acabaron cuando, con un grito, la niña salió corriendo hacia la mujer que se acercaba sonriendo. La Hokage la levanto en brazos, sin dejar de caminar. Reparo un momento en la mano de Shikamaru en la cintura de Temari.

-Vaya, y yo que os venía a presentar a la embajadora de la arena. Ya me fastidiasteis la sorpresa.

Todos se volvieron hacia Temari quien, orgullosa, levantó la cabeza.

-Sí, lo soy. Al menos durante los dos próximos años.

-¿Y eso? No te pega un puesto tan tranquilo.

-Que volviera, después de tres meses, embarazada de un proscrito no hizo mucho chiste. Gaara creyó mejor sacarme de ahí cuanto antes.

La Hokage aplaudió un par de veces para retomar su atención.

-Chicos... Chicos... – miró fijamente a cada uno de los trece hombres y mujeres que, de pie frente a ella, formaban un sólido grupo a casa.

-Ey... ¡vieja! ¿Y qué paso con Danzou y Motorami?

-Sobre eso... tengo buenas y malas noticias – comenzó perdiendo la sonrisa y dejando a la niña en el suelo que, con un par de palabras a su madre, salió corriendo detrás de otros niños -. La mala es que Danzou, como líder de los AMBUs tiene muchos apoyos tanto dentro como fuera de Konoha, y la única prueba contra él es el testimonio de un jounin no neutral. No he podido si quiera expulsarlo del consejo – levantó las manos acallando las protestas -. Las buenas noticias es que he prohibido las misiones tipo CK y que Motorami fue detenido y condenado por traición.

-¿A muerte? – preguntó Shikamaru provocando que todos lo miraran sorprendido - ¿Qué? Intentó que me mataran.

-¡Tú intentaste suicidarte, anormal!

-No... No fue condenado a muerte si no a prisión - interrumpió de nuevo la Hokage -. Y ahora, todos a casa. Os quiero pasado mañana en mi despacho para recuperar el tiempo perdido. ¡Vamos!

Con risas y saludos, comenzaron a irse por cuentagotas, sintiendo de nuevo la seguridad del hogar perdido.

La Hokage, como una profesora al comienzo de curso, los observaba uno a uno, evaluándolos orgullosa, hasta que su vista se topó con un moreno que intentaba pasar inadvertido.

-Excepto tú - interrumpió señalándole -, tú a mi despacho. Ya.


Pues hasta aquí llegamos. Una cosita, el nombre de Yuri no tiene nada que ver con el yaoi (aunque las historias de chicas se llamen así). Es un nombre femenino (bastante obvio xxD) que significa "Lirio"

Os pido disculpas por esta espera, no contaba con retrasarme tanto.

Y algo que debí hacer pero que nunca me acuerdo:

Disclamier:"Ningún personaje de los aparecidos en este fic (excepto algún secundario) son creación mía."

Que decir que no haya dicho ya. Este es el último capitulo (y la respuesta es sí. Hasta yo soy consciente de que la aparición de Sasuke es estúpida xxD). Ya no hay más y, sinceramente, creo que tampoco es necesario. No me creo que haya terminado esta historia...

La empecé en marzo del 2005 y la terminó hoy: en mayo del 2008. Tres años después. Creo que con esto se me cierra una etapa xxD

A lo largo de estos 43 capítulos, el mérito de que siguieran publicándose los capítulos es todo vuestro (ignoremos el paroncito aquel de la mitad). Eternamente gracias.

En primer lugar, me gustaría disculparme a todos los que leísteis este fic desde su publicación y sufristeis el parón eterno que sufrió y que, a pesar de ello, seguisteis hasta el final. Con vosotros no me terminaré de disculpar nunca.

En segundo lugar, también debo disculparme por no haber establecido el pairing desde un comienzo ya que muchas fans del shikaxino entraron aquí buscando lo que no encontraron.

En tercero, muchísimas gracias a todos. A los que habéis ido leyendo esto día a día, a los que me habéis reñido xxxD y sobre todo a los que me habéis destacado los fallos para poder corregirlos.

En especial, muchísimas gracias por vuestro apoyo a:

Alessil-chan, Amy-Black-Nara, Asharia-Hatake, Arhen, Calixpto, Chibi-Mela-Black, Sheep, Crushia, Deafasura, Deray, ei, Flor440, GoraT, Grayse, Guety, H23, Hyuuga Temari, Ino Nara, Jaide112, Kaminari-dono, Kamy, Kashou No Tsuki, Kurayami1sama, Kusanagi-Hikaru, Laura chan, Liv Slujiter, Lola, Mago de Oz, Marion-askura, Minako, Mizuru Temari, Nade-san, Naleeh, Neil-sempai, Nel-chan, Nikki-vampirella, Omtatelo, Orenji Nabiki, Queen Daenerys, RyomaSyusuke, S-sasuke, Sabaku-no-Misaki, Sabaku no Temari, Saita, Sauron-dmx, Shadowmew, Sherrice Adjani, Shiga San, Shikashi Irvin-chan, Suna-girl, T.w.7, Tatis, Tayuya-senpai (Yoyoy), Temari-chan, Temari-Shikamaru, Tere-chan, Yurira, Catyal

Creo que no me he olvidado de nadie. Si lo he hecho, ¡mil perdones! Decídmelo y lo corregiré inmediatamente.

Que otra cosa... Supongo que ahora que he terminado esto. Estaré una temporadita sin publicar. Necesito descansar xxD Aunque no aguantaré demasiado sin escribir (si os digo la verdad, ya estoy escribiendo otro v.v). En cuanto la tenga más o menos acabada, supongo que la publicaré.

Aún no tiene titulo, pero será más corta que esta (espero xxD). Será ShikaTema y será (me parece que sí) algo más pastelosa a, aunque me esforzaré en que no quede demasiado shojo xxD La verdad es que no sé en que acabará xxxD

Sin embargo, algo me dice que no tardareis en verme por aquí de vuelta.

Aprovecharé este descanso para ponerme al día con los fics, para leer mucho (que bien me viene), para estudiar y para decidir si me cambio o no de carrera, que ya me va siendo hora... xxD

Muchísimas gracias por leer. Muchísimas gracias por estar ahí.

¡Bikiñossssss!

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