Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Search
B s . A A A   full 3/4 1/2   E E   Light Dark
Anime/Manga » Digimon » Cielo Nublado
Kassandra L. K
Author of 26 Stories
Rated: T - Spanish - Sora T. & Taichi Y./Tai K. - Reviews: 13 - Updated: 03-12-06 - Published: 07-12-05 - id:2481973

Cielo Nublado

Nunca volveré a bailar, pies culpables no tienen ritmo
aunque es fácil pretender, sé que no eres un tonto
Debería haber sabido mejor que engañar a un amigo
perdí oportunidades que me han dado, así que no volveré a bailar
de la manera que bailé contigo

X

Cómo había llegado a este lugar, Yamato desconocía la razón. El frío de Tokyo y sus calles nocturnas no se comparaban a aquel frío interior que se hacía paso a su interior de manera inminente y constante. ¿Por qué se sentía así?. La razón era casi obvia, pero la desechó rápidamente. No. Ishida Yamato no necesitaba recordarse tiempos pasados. Ishida Yamato era un hombre que orgullosamente pretendía de su prefiero-mi-soledad actitud. Quizás no tan orgullosamente, pero se pretendía de igual manera.

Abriendo la puerta del apartamento, arrojó las llaves y la chaqueta negra en el mesón del mini-bar, el olor a humedad y encerrado llenando el apartamento. Pensó en abrir las ventanas, pero se dio cuenta de la estupidez que sería, al ver el cielo nublado inminente en las afueras. Presionando el botón del contestador, una voz mecánica habló tediosamente. "Tiene 35 mensajes de voz. Para escuchar marque 1; para…". Presionó el mismo botón, y la voz cesó de hablar.

Lo que daría por tener a aquel perro-lobo-marino azul preparándole un café todas las tardes como antes.

Porque resultaba que Gabumon tiempo atrás se había ido. De tiempo en tiempo tenía noticias de él, pero siendo un antiguo elegido sin el poder de abrir la Puerta al Digimundo, y teniendo en cuenta su evidente distancia con los demás elegidos, la posibilidad de conseguir que alguno le abriera el Portal para ir en busca del perro azul eran fácilmente nulas.

Rió para si mismo, encendiendo la antigua cafetera, recordándose de las constantes miradas frustradas que Gabumon solía dirigirle cada vez que le llamaba "perro" o "lobo" azul. Seguramente si le volviera a ver, trataría de contenerse. Pero es que era tan agradable ver como el Digimon se debatía entre amonestar o corregir a su camarada humano, que simplemente no podía evitar llegar a casa, ver a Gabumon con un delantal rosa puesto de una extraña manera sobre su piel, esperándole con una taza de café caliente en las manos-garras, y llamarle "perro azul". O "lobo azul", dependía de cual apodo saliera más rápido.

Nunca había pretendido hacerle daño, la verdad es que no.

Pero un día, Gabumon le tomó de la mano, le obligó ir a la cocina, le enseñó como hacer el café, y se despidió, desapareciendo en la computadora de Yamato que debía haber encendido antes que el rubio llegara. Nada más. Sólo había dicho "nos vemos" y nunca más había vuelto. Un amigo más fiel que él, Yamato no había logrado encontrar, y nunca más saboreó un café como el de Gabo, aun cuando intentara hacerlo tal como le había enseñado el Digimon.

Gabo era el nombre que luego de muchos años Yamato había adoptado para nombrar a su Digimon, cuando no le llamaba "perro" o "lobo".

Gabo, Gabo, siempre Gabo.

Cómo le extrañaba.

En el momento que la luz roja de la cafetera se apagó, Yamato se sirvió el líquido humeante en una taza azul marino y dejó la cocina, dirigiéndose hacia la habitación principal… dónde pretendía pasar el resto de la tarde acostado, en pijamas, cambiando entre los 204 canales de cable, y sin encontrar nada interesante que ver. Gah. La vida era un resto rutinaria últimamente. Tan deprimente.

Pero, por mucho que se lamentara, no estaba seguro de desear cambiar algo. O de dar el primer paso para lograrlo, al menos. La verdad es que siempre había sido orgulloso cuando se trataba de aceptar cuando necesitaba algo. O a alguien.

Llevando la taza a sus labios, se predispuso a escuchar las últimas noticias que darían en cualquier momento en el canal de música, que debido a su extraña agenda de trabajo, años atrás había dejado de seguir. Pero antes de siquiera concentrarse en la televisión, un ruido comenzó a sonar a su alrededor, distrayéndolo fácilmente sin que lo notara. Le llevó unos momentos notar que el ruido constante que distraía su momento de ocio, era el teléfono. Emitiendo un suspiro, se levantó con desgano hacia el teléfono.

–Ishida.

Una risa al otro lado de la línea le recibió– Vaya… ¿interrumpo algo?. Suenas molesto.

Yamato agitó la cabeza en negación, antes de recordar que la otra persona no podía verle– Solías decir que siempre estaba molesto, Takeru.

Sí, bueno, supongo que ciertas cosas simplemente no cambian –dijo Takeru brevemente, con aún voz risueña– ¿Cuándo llegaste?

–Hace unos momentos –respondió Yamato con desinterés– ¿Qué necesitas?

Una nueva risa le vino desde el auricular, haciendo a Yamato alivianarse un poco, mientras se recostaba en la pared de la habitación– ¿Necesito un motivo para llamar a mi único hermano mayor?. ¿No podría sólo estar llamado para saber que es de ti?

–Takeru, tú y yo sabemos que no eres del tipo que llama sólo porque sí.

Esta vez, de Takeru sólo vino silencio.

–¿Estás ahí?

Es una pena que pienses así, hermano –dijo Takeru tras un suspiro que no consiguió disimular– Llamaría más seguido pero nunca contestas tu celular, y ni siquiera escuchas los mensajes que hay en el contestador. ¿Cuántos mensajes tenías cuando llegaste?

–Eso no es…–

¿Cuántos, hermano, cuántos fueron esta vez?

Yamato contuvo un gruñido de molestia– Treinta y cinco. Pero eso no…–

¿Eso no es importante, eso ibas a decir? –preguntó Takeru, pero sin esperar respuesta continúo– Que tu vida te sea… poco satisfactoria no es mi culpa, hermano. Sé que has estado evitándome—evitándonos, porque si a mí que soy tu hermano no puedes siquiera hablarme por teléfono, no sé que será de las demás personas que podrían interesarte por ti.

–¿Llamabas para esto?

Takeru suspiró con un deje de resignación, mientras Yamato hacía lo mismo. Ambos sabían lo que el otro pensaba y aunque ninguno lo aceptaba, nunca habían seguido con una discusión– No. Hikari y yo estábamos pensando en hacer algo para…–

–Olvídalo. Dile a ella que también lo haga, ambos saben muy bien que nadie llegará –interrumpió el rubio, sus ojos vagando por la habitación hasta llegar al estante sobre el que permanecían tres retratos. Uno con la imagen de él mismo y Takeru; la otra con la primera generación de elegidos y la última con los que habían sido los 'nuevos elegidos'.

Esta vez avisaremos con tiempo, Daisuke hablará con…–

–No, Takeru. Podrás contactarte con algunos pero nunca lograrás que lleguen todos, o los que quizás pretenden ustedes dos que lleguen –volvió a interrumpir Yamato, antes de comenzar a enumerarle con un deje de frustración– Joe no tiene tiempo ni para sí mismo, Koushiro no dejará su trabajo por nosotros, Mimi en los Estados Unidos con una carrera que sólo va en ascenso, Satoru con sus casos que sólo lo tienen a él para resolverse, Miyako con sus hijos… Yo no los cambiaré si me dan una misión y las fechas coinciden. Los demás, no lo sé, pero…–

Esta vez, fue su hermano menor el que interrumpió, con voz notoriamente impaciente– No hables tonterías. Sabes muy bien que ellos llegarían. Si lo que te preocupan son Taichi y Sora, Hikaru tratará…–

Fue en ese momento que la paciencia del hermano mayor se agotó, y colgó el teléfono sin mayores miramientos.

Yamato sabía que pronto se arrepentiría aunque no lo quisiera, pero simplemente, se sentía mejor sabiendo que había dejado a su hermano con la palabra en la boca, literalmente. Sería un placer efímero, pero Kami sabía cuanto le agradaba aquello.

Soltando un suspiro y evitando la ira que sentía vagamente, Yamato volvió a su posición en la cama, control en mano, la mirada perdida en la televisión que no mostraba nada que pudiera mantener su interés. En el momento que su mente comenzó a divagar, pensó inicialmente en fútbol, algo que no solía hacer, en las noticias que había leído sobre su equipo favorito, en la próxima misión que recibiría en su trabajo, en su hermano, y—maldición—en cuanto odiaba cuando la gente trataba de decirle que sentía.

Sobretodo cuando era Takeru quién lo hacía.

Yamato no estaba seguro de cual era la razón en esto, pero a pesar de cuánto intentara mantenerse frío e inexpresivo, continuaba siendo evidentemente transparente a la gente a su alrededor al parecer. Y simplemente odiaba cuando era tan visible a los demás en lo que respectaba a sus pensamientos. Toda su vida se había basado en mantenerse lejano, protegido en sí mismo, desconfiando, que el hecho de que su hermano aún a través de un teléfono y estando a kilómetros de distancia le pudiera leer sin esfuerzo alguno, le era inaceptable.

Pero la verdad es que esto no era del todo cierto. Yamato sabía que a pesar de que intentara esconder sus sentimientos, estos afloraban fácilmente debido a su carácter. Cualquier seña de emoción se transformaba en ira.

Takeru no había sido el único en adecuarse a la extraña forma que tenía para expresar emoción… pero sí había sido el único en quedarse a su lado para soportar al hombre envejecido desamparado en que Yamato se había convertido.

Y era esto, en realidad, lo único que verdaderamente le dolía—aunque nunca sería capaz de aceptarlo ante alguien que no fuera él mismo.


NA: No se si se habrá distinguido, y la verdad creo que no, pero estos tres capítulos han sido algo así como un prólogo extendido. El mismo día descrito por tres personas, con diferentes conceptos de sus vidas. Uno se hunde en el alcohol, Taichi en… su situación, y finalmente, Yamato se refugia en su indiferencia. "Mal de Muchos, Consuelo de Tontos", neh.

Me gusta mucho este fic, a pesar de que—como todos mis demás fics—va lento y sin apuro, más de lo que yo quisiera tal vez. Pero bueno, neh. Creo que este fue el primer capítulo en que se notó realmente lo que sucede con el personaje, lo que me extraño porque Yamato a pesar de que me gusta, no es mi personaje favorito y me gusta mucho más hablar desde la cabeza de Taichi. Teehee.

Gracias por sus rr's. Chiko lindo (aka Master, the Gambler), Chikage-SP, Wissell Mousy.

Ja ne.

Review this Chapter
Share


Return to Top