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La luna era de sus pocas amigas. Quizás la única que merecía ese apelativo.
Pero una vez al mes, esa amiga tan querida, le manifestaba su poder, esplendida brillando en el cielo, obligándolo a subyugarse a su poder, dejando en libertad a una bestia poderosa, a pesar de ser solo un cachorro, lo obligaba a despertar la parte mas salvaje de su ser, que días antes se manifestaba, oscilante, con cada faz de su amiga.
Mas que una amiga, era la amante perfecta, que lo acariciaba, y le hacia explorar cada rincón de su ser, y lloraba a su lado. Por que con cada luna nueva, Remus sentía que ella le pedía disculpas, por la horrible maldición que a sus cortos años soportaba.
Una vez mas, las lagrimas rodaron por sus mejillas, al ver la foto del que había sido su padre, que le había salvado de un hombre lobo hambriento, a cambio de su propia vida, pero que, sin saberlo, le había condenado a una vida cargando con aquellas cadenas
La madre de Remus era una madre de cuento, de esas que so hermosas, cocinan delicioso y aman a sus hijos por obre todo. La madre de Remus era una mártir, que sufría con el cambio de animo de su hijo, que sufría por una viudez que no le sentaba bien, que sufría y maldecía a la luna, ignorando la complicidad que su hijo con ella tenia.
Remus la miro por el rabillo del ojo, mientras finja leer aquel libro de transformaciones básicas. Sabia que jamás asistiría a una escuela, que jamás seria aceptado en la sociedad, pero su madre no había renunciado, no permitiría que su hijo no tuviera armas para defenderse.
Le había educado desde los ocho años, pasando por alto que el resto de los magos lo hacían a los 10, al entrar a alguna escuela prestigiosa.
Por eso se sorprendió cundo una lechuza entro y se poso en el hombro de su madre. Arrugo su nariz, esperando que ella le contara de que se trataba, nunca habían tenido secretos, la madre le contaba lo que la gente pensaba de el, y Remus se había criado en perfecto conocimiento de la intolerancia del mundo mágico, y a la vez se había vuelto fuerte a al misma.
Por eso se sorprendió cundo su madre, con una estudiada calma, lo mando a dormir /a las 6 de la tarde/ asegurándole que ahora llegarían personas importantes y que el no debía estar presente.
Tomo sus libros, y partió sin protestar. No le gustaba contradecir a la mujer que había luchado por evitar que lo sacrificaran (es una bestia señora, le habían dicho, quiere que la mate como lo hicieron con su marido?), si subió acompañado de quellos libros, sus oros amigos, que le hacían volar lejos de ese cuerpo frágil, que encerraba en su interior a una bestia.
Sus ojos dorados vagaron por la habitación, decorada con sencillez. Su madre de origen mágico, y s padre un Muggle con muchísima capacidad de entender las maravillas del mundo se su mujer. Ella había rechazado todo lo sobrenatural, y se había acostumbrado a las maneras muggles, y había criado a su hijo en un perfecto mundo de equilibrio.
Los libros (los reyes del lugar) tentaron a Remus a perderse en sus entrañas, pero el sonido de pasos, abajo, en el primer piso e l que su madre continuaba, fueron mas fuerte. Eran pasos de un hombre, lo podía sentir (su oído era muy fino) y se agacho apoyando sus orejas en el suelo, tratando de escuchar por medio del piso de madera.
Sin embargo quien quiera que fuese el hombre, hablaba my despacio, ignoraba Remus si era para despistar, o simplemente era un hombre calmado.
Con esfuerzo trato de escuchar, hasta que el sueño le venció.
Se despertó con los pasos de su madre subiendo la escalera, rápidamente se sentó en el escritorio y abrió un libro al azar.
La mujer entro y miro a su hijo con una expresión indescifrable. No seria la primera vez que Remus no dormía en su cama por los libros, tampoco seria la primera vez que no dormía por los libros, pero esta vez, no tenia ganas de retarlo.
Se acercó y lo abrazo, con una fuerza que solo recordaba el día en que enterraron a su padre hace casi 4 años.
No podía creerlo. Desde que le habían mordido, jamás pensó ir al callejón Diagon a comprar textos escolares ni túnicas.
Jamás creyó en el milagro de asistir a una colegio, pero las puertas se habían abierto cuando Dumbledore había llegado a la rectoría. Su madre fugazmente le había explicado que el mago, había acondicionado un lugar para pasar las noches de maldición, que había sabido de su lucha en el ministerio por entregarle a Remus la educación básica de mago y que interesado, había aceptado el desafío de transformarlo en un mago común y corriente, co un derecho que nadie se atrevía a arrebatarle.
Llamo poderosamente su atención una chica de cabellos rojos como el fuego, que miraba todo completamente ensimismada. Supuso, era la hija de algún Muggle, pues parecía sorprenderse con las cosas mas comunes para los magos.
Se acerco a ella, con la intención de saludar, pero su mente le detuvo. Ya había sido mucha suerte que le permitieran estudiar… no se podía permitir además, tratar de tener amigos para que luego le repudiaran por su condición.
Hace aproximadamente tres años que no veía a su hijo mayor. Le temía y le odiaba. Al igual que su marido, no soportaban al muchacho. Y no es que fuera tonto, muy por el contrario, el joven poseía una inteligencia y habilidad superior, que en cualquier caso seria el orgullo de la familia Black. Pero en sus ojos, se leía casi con la claridad de un libro abierto, que no eran dueño de su alma, que su corazón tocaba melodías indescifrables, eran incapaces de domarlo, y le temían. Por ello lo habían enviado a la tierra de los magos del desierto, para que aprendiera las artes antiguas, esperando con ello, que su alma se cubriera por la sed de la magia oscura, como cualquier Black.
Regulus, enfadado se entero que aquella mañana llegaba su hermano, le odiaba. La verdad es que no tenia razones, pero el era un Black, y hacia todo lo que su familia hacia, hasta odiar a su misma sangre.
La recepción del mayor de los Black se alejaba de cualquier expresión de alegría. Todo demasiado enmarcado en una formalidad, que no se escapaba de los ojos del tutor, Merlín.
Era un hombre alto, de cabellos rubios y de piel tostada por el sol, que contrastaba con la piel blanca de su pupilo y sus cabellos negros como el petróleo. Tampoco escapo la tristeza de Sirius por volver al lugar que jamás fue su hogar.
Casi como para romper el hielo, entro una lechuza a la mansión, depositando una carta en las manos del joven, quien abrió levemente sus ojos azules. Hogwarts era el 4 colegio que le enviaba carta. Sonrió. Toda su familia había ido allí, y su sueño era estudiar allá.
Su padre, sin siquiera mirarlo, ordeno a un elfo q subiera mas maletas.
Espero que dejes en alto el nombre de la respetada casa de Slytherin en tu asistencia a la escuela.
Solo Merlín noto como el joven arrugaba la carta sutilmente. Oviamente no estaba de acuerdo con aquella afirmación
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Ojala les haya gustado
Rometo hacerme el tiempo para publicar y actualizar
Saludos a todos quienes leyeron hasta aca y acepto criticas y comentarios arios, solo dejen su r/r