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Author of 89 Stories |
Advertencia: Angst.
Dedicado a Eli por unas pláticas maravillosas, a Andrea por unos instantes divinos y por salvar este proyecto (sí, soy horriblemente temática y fregada), a Laura por momentos de delirios compartidos, a Barby por alentarlos e incentivarlos, a Ire por una tarde de risa inigualable.
Y a pesar de lo feliz que me han hecho en un fin de semana, liberándome del horrible estrés, esto es angts. De paso advirtiendo, luego no se me quejen. Y es largo, muy largo.
Para el siguiente proyecto, buscar en mi LJ el link respecto a esta canción. Agradeciendo de paso a Andrea por salvar mis neuronas.
31 de octubre de 1997
Y yo te voy a esperar, y no me voy a pintar
Ya sé que te gusto mucho cuando me ves natural
A diferencia de años anteriores, el salón de Hogwarts relucía brillante por los cristales que colgaban del salón, desprendiendo destellos brillantes, semejándose a estrellas capturadas en su viaje por el inmenso espacio sideral.
O era la magia que habitaba en su corazón, mucho más allá de varitas mágicas y de complicados conjuros, que ella bien es bastante diestra en ellos.
Y ella estaba ansiosa por encontrarse con el causante de la magia que la llenaba.
Con nerviosismo Hermione se arregla una arruga inexistente de su traje, aprovechando de paso para pasearse por uno de los espejos colocados en el amplio salón y observar su rostro impecable, mordiéndose el labio inferior en el proceso, rogando que sus rizos se mantengan así de manejables por el resto de la noche.
La noche de ella y él.
La noche de ambos.
Con miedo a que el corazón se le escapara del pecho, Hermione se lleva una mano al corazón, y por un extraño impulso acarició el pequeño diamante que caía delicadamente en el escote de su vestido.
Hermione suspiró profundamente, intentando que los nervios no le atormentaran, que la tembladera de su piel cesara y deseando con todas sus fuerzas que Harry apareciera por la puerta principal.
Las parejas lentamente se formaban en el salón, unas chicas emocionadas se agrupaban brevemente con sus amigas e intercambiaban chismes de último momento, para luego volver dóciles y graciosas a su acompañante del baile. Hermione no pudo evitar sentirse fuera de lugar.
Por unos instantes Hermione cerró los ojos y se dejó llevar por su gran imaginación, visualizando en su mente dos siluetas bailando al compás de una suave canción. El corazón le dio un brinco al, imaginariamente, también sentir el pisotón de Harry y sus nerviosas disculpas.
Pero eso no le importaría. Si Harry se disculpa como lo hizo el día anterior, puede pisotearla todo lo que desee.
Inconscientemente Hermione se llevó unos dedos a sus labios, sintiendo que sus mejillas se teñían de rosa por cómo le quemaban. Ojalá que Harry no crea que ella incumplió con su palabra. Ella se pasó las manos por las mejillas, tratando de bajarse el color.
No, el incumplimiento no existía entre los dos.
Con un suspiro que no disolvió sus temores ni ordenó sus emociones, Hermione seguía mirando la entrada al salón, ignorando las murmuraciones al ser la única sin compañía.
Y llegaré tan puntual, no quiero perder más tiempo
Cada segundo que tardas es un beso que te resto.
Si no fuese por la cantidad de personas que llenaban cada vez más el sitio, Hermione hubiese pensado que ella se equivocó de día. Miró su reloj unos instantes y mentalmente retrocedió en el día anterior por si acaso se le escapaba el detalle de que se encontrarían en la Sala Común y no en el Salón del Baile.
Sin prestarle importancia al qué dirán, Hermione caminó aceleradamente hacia la entrada y esquivó a muchas personas al querer regresar al lado del castillo correspondiente a Gryffindor.
Se maldijo unos instantes por no haberse demorado más en alistarse, aunque era lógico que ella estuviese lista antes de tiempo, no sólo por su personalidad disciplinada, sino que no se había molestado en echarse siquiera un brillo labial. Después de todo, por él, era capaz de renunciar a cualquier vanidad femenina y superficial.
Con pasos vacilantes al llegar a su destino, Hermione miraba constantemente entre el salón y el camino por recorrer. No sea que se crucen sin desearlo y estén toda la noche en una constante persecución, dando vueltas al castillo sin cesar.
Se quedó parada unos instantes al pie de la escaleras, por un lado queriendo reír al percatarse que era ella quien estaba esperando a su galán, en vez de ser todo lo contrario, que sería lo normal.
Aunque luego de 7 años, no existe definición de normalidad en la vida de Harry Potter. Sacudió la cabeza, aún estando en ansias por anular la ausencia de Harry.
Y una de las formas de llenar ese vacío, era con sus recuerdos.
Deslizándose entre sus brazos, sintiendo que el corazón se sincronizaba conforme se olvidaban de lo demás. Harry le había hecho una pregunta sin aparente interés, y ella le respondió con la verdad.
Pero el simple 'nadie' de ella, fue lo que provocó el pisotón en la pequeña e improvisada clase de baile.
Luego la unión de sus labios en forma de disculpa, enlazándose con la promesa de un baile al día siguiente, y el tácito juramento del inicio de un romance.
Me pondré el vestido azul que sé que te gusta más
Dejaré mi pelo suelto para que baile en el viento.
Nunca más Hermione podría poner algo en sus labios sin pensar en la suavidad de los de Harry, acariciando, entregando y recibiendo al mismo tiempo.
Luego de lo que parecieron horas, tuvieron que regresar a sus respectivas habitaciones, no sin antes de la petición de Harry de que se pusiera aquel traje de gala de hace 3 años atrás.
Y Harry Potter sin aparecer aún. Por lo visto dispuesto a destrozar los nervios de Hermione.
Hermione se acercó al rincón favorito, frente a la chimenea de la Sala Común, y deslizó unos dedos por el asiento que horas atrás había ocupado Harry, mientras se echaban miradas de complicidad, sabiéndose conocedores de un secreto en común que no estaban dispuesto a revelar.
Y en nuestra esquina de siempre el aire se ha perfumado
Porque en todas las ventanas el amor se está asomando.
Aún con el riesgo de parecer paranoica, Hermione se acercó más al lugar que siempre Harry ocupaba, y sin explicación alguna, supo que él había estado ahí instantes anteriores. Quizá influya el descubrir esto el hecho de que Crookshanks aún ronroneaba encantado.
Con una sonrisa de autosuficiencia, Hermione tomó a su mascota y se la colocó entre las piernas para sentarse por primera vez en aquel sillón, dispuesta a sonreírle traviesamente a Harry cuando él volviera al sitio en su afán de encontrarla. Después de todo, si él la hizo sufrir con la espera, es justo que tenga el mismo pago.
Y media hora después... era como para preocuparse.
Suspirando desganadamente e intentando contener las lágrimas, porque ya mismo aparecía, no le dio mucha importancia a que Crookshanks estuviese bien estirado encima de su traje de gala.
No era posible que él le hubiese hecho esto. No esta noche, no con sus sentimientos.
Hermione dejó caer los hombros, y ocultó el rostro entre sus manos, haciendo brincar a su mascota por la ausencia de caricias toscas de las que había sido receptor.
Pero no vino nunca, no llegó
y mi vestido azul se me arrugó
Y esta esquina no es mi esquina
y este amor ya no es mi amor.
Quizá lo malinterpretó todo, quizá la pregunta sobre si iba con alguien era para él asegurarse de que le concedería una pieza y ningún chico ofendido se quejaría.
Probablemente el pedirle que se pusiera su traje de gala de color añil no fue un signo de que la veía diferente a una amiga, tal vez sea que así simplemente estaba más presentable.
Y ella estaba haciendo el ridículo más grande de toda su existencia al estar sentada en el puesto que él generalmente ocupaba.
Hermione se levantó bruscamente provocando que Crookshanks chillara al caer contra la alfombra. Por un instante se sintió tentada en correr a su habitación y encerrarse en la misma hasta el final del año escolar, pero sus pasos se dirigieron en dirección contraria en búsqueda de un lugar cualquiera, en donde no la encontraran al menos por el resto de la noche.
Pero no vino nunca, no llegó
y yo jamás sabré lo que pasó
me fui llorando despacio
me fui dejando el corazón
El eco de los tacones de sus zapatos se perdía a lo largo de los pasillos que apenas estaban iluminados por antorchas de llamas mágicas. El sonido de sus acelerados pasos se mezclaba con los sollozos ahogados para cubrir la pena de su amor propio mortalmente lastimado.
Hermione se abrazó más a sí misma, creyendo que el frío de la noche le congelaría hasta los huesos. Nunca antes se sintió tan desprotegida y vencida. En ningún tiempo creyó que el sombrío colegio le serviría de escenario perfecto para envolver en esas penumbras sus sentimientos.
Porque se habrá equivocado al interpretar las acciones y pensamientos de Harry, pero ello no implicaba que deba enterarse. Al día siguiente actuaría como si nada hubiese ocurrido, sólo era cuestión de ignorar que se había dejado llevar por utopías, y volver a la dura realidad.
Secándose una gruesa lágrima, Hermione agradeció el saber que no tendría rimel embarrado por todo el rostro. Luego intentó concentrarse para averiguar en donde estaba, y retrocedió un par de pasillos al darse cuenta que sin desearlo se había dirigido al salón de clases de Aritmancia.
A Hermione comenzaban a dolerle los pies, no estando del todo acostumbrada a los altos tacos que se había puesto, para estar más a la altura de quien ella creía su compañero de baile.
Mentalmente volvió a repasar el día anterior, para averiguar en qué punto comenzó a malinterpretar todo.
Una continuidad de llamas apagándose le dificultó la visión del camino. Exasperada, Hermione buscó entre su túnica, la varita mágica para reavivar las llamas una a una, queriendo por unos instantes maldecir en voz alta al percatarse de que no tenía lugar al cual llegar.
Y me robaste la esquina
y me quede tan perdida
a dónde vuelan mis sueños
a un callejón sin salida.
A la luz de las nuevas llamas Hermione reparó en su atuendo, magullado y con pelos castaños como clara muestra de donde su mascota estuvo echada. Y sin tener ánimos de regresarse a su cuarto a cambiarse, Hermione hizo lo que mejor sabía realizar.
Transfiguró su traje en una cómoda blusa abrigada, largos calentadores, y los altos zapatos de gala se volvieron en deportivos.
Por unos instantes se sintió como Cenicienta luego de la media noche, sólo que sin haberse encontrado con su príncipe azul.
Y me quité mi vestido
que tanto te gustaba
total me siento desnuda
total ya no tengo nada.
Con desgano Hermione se arrimó a la fría pared que le bloqueaba el paso, preguntándose por unos instantes en dónde se hallaría Harry. Luego sonrió irónica de sí misma por el rumbo que siempre tomaban sus pensamientos cuando no lo tenía presente.
La joven clavó sus ojos en la semipenumbra del pasadizo, siendo consciente de por primera vez desde que salió corriendo de la sala común, que la sensación de impaciencia no la abandonaba, aunque ahora tenía una mayor precisión de las causas.
Ella no estaba sola en aquel largo pasillo.
Pero no vino nunca, no llegó
y mi vestido azul se me arrugó
Y esta esquina no es mi esquina,
y este amor ya no es mi amor
Por unos instantes Hermione creyó estar errada por segunda vez en aquella noche, de que la mente, tan agitada por múltiples emociones, le estaba jugando una mala pasada.
Y si así era, ahora más que nunca ella estaba consciente de lo poderosa que era su imaginación, porque los pasos que trataban de ser sigilosos no cumplían su cometido.
Identificando mejor a la horrible sensación que la había estado agobiando, Hermione se volvió bruscamente, con la varita en alto, parpadeando algunas veces para no temblar descontroladamente y sólo entonces comprendiendo el origen de esa pared.
Pero no vino nunca, no llegó
y yo jamás sabré lo que pasó
me fui llorando despacio
me fui dejando el corazón.
Hermione visualizó el verde y cerró los ojos, porque fue todo lo que pudo hacer en la milésima de segundos antes de sentir cómo chocaba bruscamente contra la pared que antes le había impedido seguir avanzando.
Verse reflejada en los orbes esmeraldas fue el deleite que en su mente se permitió brindar. El placer que ella sabía que nadie se enteraría.
Y fue lo último que sintió.
Pero no vino nunca, no llegó
y mi vestido azul se me arrugó
Y esta esquina no es mi esquina
Y este amor ya no es mi amor.
La blanca camisa de Hermione se empapó de inmediato de un líquido rojizo que no brotaba de su cuerpo, sino que se adhería al caer sobre ella como espesas gotas de una lluvia amarga.
Y como clara muestra de que la magia ya no se desprendía de ella, sus ropas anteriormente transfiguradas regresaban a su anterior estado, el rojo líquido fundiéndose ahora en la profundidad de la tela añil.
Los dedos se entrelazaron en un diamante que caía en el escote del traje, la mente del joven deseando que, como sea, ella no hubiese siquiera sufrido la mitad de lo que él había pasado. La mano le recorrió el cuello sin calor y subió hasta quedarse en los labios fríos, delineándolos lentamente.
Pero no vino nunca, no llegó
y yo jamás sabré lo que pasó
me fui llorando despacio
me fui dejando el corazón.
Aferrando el cuerpo de la joven a sí mismo, comenzó a susurrarle algunas cosas. Se detuvo unos instantes al sentir el sabor acre de su propia sangre al escaparse de su cuerpo y trató de no mancharla más de lo que ya había hecho antes.
Tembloroso se secó el rostro con lo que quedaba de la destrozada manga de su traje verde y concentró su mente no en las molestias físicas que lo atacaban, sino en los finos labios que había anhelado probar durante todo el día.
Y que ahora necesitaba más que nunca.
Y él no vino nunca...
Sintiendo que las fuerzas le fallaban más a cada segundo, Harry la arrulló más en su último baile que le entregaba al mundo terrenal. Cerró los ojos, visualizando claramente el cabello ondulado de Hermione deslizándose a través del viento, e incluso sintiendo cómo ella le rodearía entonces el cuello con sus brazos.
Harry odiaba haberle fallado en esa ocasión, y odiaba más el resultado de la que se supone, era la mejor noche de su existencia. Al menos deseaba que la herida que le provocó al infeliz, que le quitó la vida a Hermione, haya sido mortal.
Arrimó su frente en la de ella, inhalando por última vez y observándola detalladamente antes de posar sus labios sobre ella, dejando sobre los mismos, lo último que le restaba de vida.
No llegó.
Fin del proyecto
Reto de LPDF: Harry-Hermione, baile, él la deja plantada, un baile juntos y un beso.
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