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Crysania M
Author of 12 Stories

Rated: K+ - Spanish - Tragedy/Drama - Hermione G. - Reviews: 180 - Updated: 02-24-07 - Published: 09-03-05 - Complete - id:2564364

Querido diario:

He pedido un cuaderno y una pluma y alguna persona amable me lo ha traído, aunque lo cierto es que no sé que día es hoy. Tampoco cuánto tiempo llevo aquí, aunque calculo que aproximadamente un mes.

No me atrevo a preguntar la fecha.

Aquí pasan las horas como si fueran días, los días como si fueran semanas. No hay nada que hacer. Sólo permanecer postrada en la cama.

Ya puedo mover un poco el brazo, y regularmente vienen a hacerme alguna cura.

El tiempo no pasa en el Hospital San Mungo...

-.-.-.-

23 de Junio

Querido diario:

Hoy le han traído a alguien el Profeta y en un descuido lo ha dejado olvidado junto a mí. Así es como he visto la fecha. No he mirado nada más. No quiero mirar nada más. No quiero saber lo que está ocurriendo ahí fuera. Nadie ha venido a verme, así que ya sé todo lo que me importa.

-.-.-.-

26 de Junio

Querido diario:

Mi brazo está mejor. La mujer que me cambia los vendajes me ha dicho que seguramente pronto pueda irme. Se ha quedado esperando a que la sonriera o me alegrase, supongo.

Se ha quedado esperando.

Tarde o temprano tendré que leer un periódico. Pero aún no.

-.-.-.-

27 de Junio

Querido diario:

El curso en Hogwarts estará a punto de terminar.

Creo que Dumbledore ha dimitido. Al menos eso he oído comentar por aquí. Ha sido un escándalo. Parece que el consejo escolar se ha disuelto y que nadie sabe a ciencia cierta lo que ha ocurrido. Nadie excepto yo, y ni una sola palabra saldrá de mis labios.

Aún así, tampoco yo sé lo que pasó después...

Estoy más que harta de tener la mirada fija en la pared. Blanca, inmaculada. Algunos pacientes se quejan con frecuencia. Otros lamentan su soledad o llaman a gritos a alguien para que venga a ocuparse de ellos. Debo ser la única que está permanentemente en silencio. Escribiendo. Mirando a la pared. Mirando al techo. Escribiendo. Mirando a la pared. Mirando al techo. Escribiendo. Mirando a la pared. Mirando al techo...

-.-.-.-

28 de Junio

Querido diario:

Este hospital no difiere tanto de cualquier otro hospital muggle, a no ser, claro, por la clase de dolencias que aquí se tratan.

No hay cura para mi mal.

Me han dicho que mañana podré irme, pero mi brazo nunca volverá a ser el de antes.

Tampoco yo.

-.-.-.-

Hermione terminó de vestirse y cogió una pequeña maleta que de repente había aparecido allí al poco de su ingreso y en la que ahora guardaba sus escasas pertenencias. Había algo de ropa que ella no recordaba haber tenido nunca y un par de libros que no había abierto.

Salió de la deprimente habitación sin mirar atrás o despedirse de sus compañeros de convalecencia. No había motivo alguno para hacerlo. No quería guardar un solo recuerdo de aquel lugar.

Bajó hasta la última planta y se dirigió a la recepción. Tras el mostrador, un chico joven la miró con interés y le dedicó una amplia sonrisa.

.- ¿Vas a firmar un alta? ¿Me das tu nombre?

.- Granger. Hermione Granger.

Su sonrisa se congeló y fue súbitamente reemplazada por una expresión nerviosa que trató de ocultar con otra de profesional atención. Carraspeó y le alargó unos cuantos formularios y una pluma.

.- Eh... tienes que firmar aquí, aquí y también aquí.

Hermione firmó y se dio la vuelta, dispuesta a marcharse lo más rápido posible.

.- ¡Espera! Olvidas algo. Un chico vino a visitarte cada día hasta que despertaste, dejó esto, para que te lo diéramos cuando te marcharas – sacó de debajo del mostrador un sobre lacrado, se lo dio y ella lo guardó con indiferencia en el bolsillo de su chaqueta. – Un momento, también debes llevarte esto.

De repente algo se removió en su estómago.

.- ¿Por qué nadie me dijo que ese chico vino a visitarme mientras estuve inconsciente? ¿Cómo era?

.- Él nos pidió que no lo hiciéramos, al menos hasta que se fuera usted de aquí... era un chico pelirrojo.

.- ¿Seguro que no vino nadie más?

.- Sí, señorita, seguro.

.- Bien, está bien.

El chico se dio la vuelta, incómodo. Tras él había un armario con múltiples y pequeños cajones. Miró en el formulario lo que parecía ser algún tipo de código, y repitiéndolo en voz baja lo buscó en uno de los cajones. Cuando por fin lo encontró, extrajo de él algo que alargó a Hermione.

.- Nos las quedamos hasta que nuestros pacientes abandonan el hospital. Así evitamos accidentes o extravíos.

Hermione sostuvo su varita entre los dedos. La acarició y la admiró como la primera vez en Ollivander’s cuando era una cría de once años. Enérgicamente y sin vacilar, la sostuvo por los extremos y la partió en dos. La dejó en la recepción del hospital San Mungo y, bajo la perpleja mirada del chico que tantas veces había leído su nombre en el Profeta durante las últimas semanas, salió sin volver la vista.

-.-.-.-

-.-.-.-

Su tren iba a salir.

Se sentó junto a una ventanilla y observó a los pasajeros mientras se despedían de los seres queridos que agitaban la mano en el andén.

No había mucho que hacer mientras esperaba, así que se limitó a mirar al vacío.

Por fin el tren partió. Su monótono traqueteo la mecía de un modo casi sedante, así que cayó en un sueño inquieto y nervioso lleno de imágenes inconexas que se sucedían a gran velocidad. Se vio a sí misma partiendo la varita, recibiendo una puñalada en el hombro, pegando a Parvati Patil, recibiendo un empujón en la puerta del Gran Comedor y mirando unos ojos grises... riendo entre unas sábanas de gran suavidad, recorriendo un tortuoso pasadizo, leyendo las hojas de un libro ajado y polvoriento, besando a Ron, llorando en la cama, escribiendo en su diario, sintiendo unas manos tranquilas que le curaban un corte en el labio... saliendo a hurtadillas para reunirse con alguien, hablando con Dumbledore en su despacho, tambaleándose mareada en medio de la biblioteca, explicando a Ginny sus deberes de Pociones... amaneciendo feliz junto a alguien que la abrazaba.

Despertó agradecida. No le gustaba el sueño. Se arrebujó en su asiento. Tenía frío, a pesar de que pronto llegaría julio. Se metió las manos en los bolsillos buscando calor, y tocó el sobre que el chico del hospital le había dado. Quedaban casi dos horas para llegar al aeropuerto, así que más por aburrimiento que por verdadera curiosidad rasgó el lacre y se dispuso a leerla.

Desplegó ante ella la hoja de pergamino. Reconoció la letra de Ron y estuvo tentada de romperla en mil pedazos y fingir que nunca había llegado hasta ella. Sin embargo volvió a guardarla en el bolsillo y pensó que quizás más tarde decidiría qué hacer con la carta.

Sin poder controlarse sus pensamientos empezaron a volar...

Supo que él había sido dueño de ellos como una sombra, omnipresente. Ella había tratado de echarle pero su imagen lo llenaba todo. Las noches, los días, los sueños... las pesadillas. Todas las lágrimas que aún no había llorado. No se había permitido derramar ni una sola. Simplemente despertó en San Mungo y supo que él no había ido a visitarla. Desde entonces los días habían pasado como difuminados, mezclados en un cuadro pintado de negros y grises. No era capaz de coordinar sus ideas y le daba miedo intentar hacerlo, pues sabía que si ordenaba sus pensamientos, el dolor sería tal que no podría afrontarlo.

Alguien abrió una ventana del tren y entró un aire tibio. Hermione creyó sentir su olor. Creyó que aún llevaba ese aroma adherido a ella y que jamás lograría quitárselo. A veces le parecía que su voz y su risa sonaban en su cabeza tan claras como si estuviese allí mismo. Entonces se convencía de que acabaría volviéndose loca y le daba miedo recordar su nombre, no se atrevía siquiera a insinuarlo en un susurro, porque sonaba tan hermoso y a la vez resultaba una tortura tan inmensa que sentía como en su interior algo se rompía, se partía en dos como su varita.

Una lechuza se acercaba a su ventana. Por un momento le pareció reconocerla. Errol. Pero no. La lechuza de Ron no tenía nada que hacer allí, y si lo era tampoco quería saberlo. Pensó que seguramente era su imaginación y cerró la cortina, entregándose de nuevo a un incómodo sopor.

El tren se detuvo. Había llegado, pero las piernas le pesaban casi tanto como el aire al respirar, y con esfuerzo tomó su pequeña bolsa de viaje y salió al exterior. La brisa le hizo recordar que era el mundo real a lo que se enfrentaba ahora, y que el aeropuerto estaba cerca. Alguien le había hecho el favor de sacar por ella un billete desde San Mungo, y su avión saldría dentro de poco.

No había nada en Londres que pudiera retenerla. Ni familia, ni amigos, ni la comunidad mágica... nadie por quién pudiera o quisiera quedarse. Tampoco en Francia había nadie esperando, pero allí tenía una casa donde solía veranear con sus padres, donde no sería una bruja nunca más, donde empezaría de nuevo... ¿empezar a qué? Eso no podía saberlo. Sólo estaba segura de que si estaba decidida a no acabar con su vida, aunque éste fuera en realidad su deseo, era únicamente porque él la había salvado, y sentía que si no vivía le estaría traicionando.

-.-.-.-.-

-.-.-.-.-

La pequeña casa de Francia era tal y como ella la recordaba, tal vez algo más vieja y mucho más sucia. Tendría que ponerse a limpiar a fondo. Ahora no podía ayudarse de la magia. Estaría varias semanas ocupada en ponerla a punto. Bien. Menos tiempo para pensar. Además estaba a varios kilómetros de París, en el campo. Lejos de todo y de todos. Seguramente por la noche aquello fuera como vivir en un mundo a parte...

Miró a su alrededor, comprobando con tristeza que no eran sus ojos si no una mirada gris la que lo contemplaba todo. Sin apenas darse cuenta, pensaba en como le gustaría a él el suelo, en qué habitación hubiera preferido que durmieran o incluso de qué color le hubiera gustado pintar las paredes. Le parecía poder oír los comentarios sarcásticos que seguramente habría hecho sobre el polvo del suelo o las telarañas de las paredes (“ Menos mal que es una casa de muggles, las doxys podrían devorarnos... ”).

Derrotada, se dejó caer sobre el sucio suelo y liberó el dolor acumulado. Las lágrimas contenidas brotaron sin control, y de repente Hermione se sintió como una niña perdida en el bosque en medio de la noche. No sabía que hacer ni a dónde ir. No podía pedir ayuda. No quedaba nadie...

Se vio como al principio, cuando estaba sola y él había aparecido. Al final, nada había cambiado. Los últimos meses habían sido una ilusión...

Le odió por haberla salvado de caer.

Se forzó a odiarlo porque sintió que se lo había dado todo y en una noche se lo había vuelto a quitar. Le odió porque sin él no quería ni sabía seguir. Le odió por quererle...

El nombre de Draco acudió a sus labios y cobró un nuevo sentido. Se atrevió a pronunciarlo mientras cerraba los ojos y le pareció que desde algún lugar él escuchaba. Que desde algún lugar, en realidad no tan lejano, él también seguía sintiendo su piel y la de Hermione como una sola.

-.-.-.-

-.-.-.-

1 de Julio

Querido diario:

La casa está un poco mejor.

No hago más que limpiar. Ni siquiera leo. Supongo que los dos libros que encontré en mi maleta los llevó Ron a San Mungo. No he mirado el título. En realidad no sé dónde están. Tampoco la ropa que me llevó. Ayer fui a una tienda de París a comprarme algo. La verdad es que ni miré lo que me llevaba, y la dependienta me miró como si estuviera loca o enferma. A lo mejor lo estoy. Me gustaría estar loca. Me gustaría estar enferma. Me gustaría estar enferma y morir sin ser culpable de quitarme la vida.

Se ha ido y me ha dejado sola.

Otra vez sola.

-.-.-.-

2 de Julio

Querido diario:

Esta mañana ha estado en mi casa una chica del servicio postal. Parece que alguien me está buscando desesperadamente desde que me instalé aquí, puede que desde antes. Pero la casa está a nombre de mi madre, con su apellido de soltera, así que es poco probable que dé con la dirección...

.- El chico vino a la oficina de Correos de París preguntando por usted, dijo algo de un hospital de Londres, que allí le dijeron que ahora vive en Francia.

Aunque Hermione casi sabía la respuesta, se aventuró a preguntar.

.- ¿Cómo era ese chico?

.- Un joven pelirrojo, delgado...

.- Bajo ningún concepto le digan que vivo aquí, no quiero que me encuentre, ¿está claro?

.- Por supuesto, se hará como quiera, el domicilio de los ciudadanos es confidencial, pero verá, he venido a decírselo porque el chico parecía realmente desesperado y...

.- No me importa.

.- Escuche, dijo que había cosas que usted debía saber con extrema urgencia, ¡lloraba sin control, decía que era cuestión de vida o muerte...

.- Le aseguro que nada de lo que dijo es cierto, no se preocupe, olvídelo sin más y no le haga caso si vuelve.

.- Está bien.

.- Gracias, adiós.

Ron me está buscando. Supongo que quiere hablar conmigo, ahora que sabe que en realidad Harry asesinó a su hermana. Pedirme disculpas o algo por el estilo. Las palabras se van con el aire a algún lugar en el que ya no tienen ningún valor. Él y sus palabras no pueden ya tener ningún valor para mí. No pueden consolarme ni ayudarme. No pueden cambiar las cosas ni dar marcha atrás. No me pueden devolver a Draco.

-.-.-.-

A mediados de julio la casa estaba ya arreglada casi totalmente. Había pocos muebles, aunque eran pocos los que Hermione necesitaba. Había pintado las paredes y tapado las gritas. Sus gruesos muros la aislaban del calor, y seguramente serían un buen aislante en los meses de invierno.

Por las noches solían caer rendida en la cama, aunque rara vez conciliaba el sueño o dormía más de tres o cuatro horas. En realidad ya se había acostumbrado a ello y no necesitaba dormir más. Los ruidos le resultaban ya familiares, no sabía si por las semanas que llevaba allí o por el vago recuerdo que guardaba de las vacaciones pasadas allí en su infancia. A veces los postigos de las ventanas golpeaban los muros o la madera gastada del suelo crujía al paso de la brisa.

Esa noche también había ruidos, y sacaron a Hermione de su duermevela. Abrió los ojos, totalmente despierta. Sería algún postigo. Se prometió arreglarlo. La semana que viene, tal vez.

Los golpes se sucedían en intervalos cada vez más cortos y aumentaban su intensidad. No podía ser una ventana. De hecho ni siquiera sonaba en la ventana. Alguien aporreaba la puerta de madera con insistencia, creyendo que tal vez lograría tirar abajo 15 centímetros de grosor de madera de roble.

Hermione se incorporó y salió de la cama, tanteando en busca de su varita. Entonces recordó que ya no la tenía y se maldijo en silencio. Sin pensar ni siquiera en calzarse, bajó corriendo a la cocina con su camisón verde ondeando tras ella y cogió el cuchillo más grande que encontró.

Recorrió el breve pasillo hasta la puerta. Sin duda alguien se ensañaba a puñetazos y patadas con la puerta. Hermione temblaba de nervios, pero pensó que en realidad no sentía miedo. Morir no le asustaba, sólo la forma en que podrían darle muerte.

.- ¡Hermione, Hermione abre, por favor, te lo ruego!

Ronald.

Hermione tiró el cuchillo a un lado y resopló. Ron. No tenía miedo de Ron, pero tampoco iba a entrar en su casa.

.- Vete, Ron.

.- ¡Hermione, déjame entrar, por favor, llevo mucho tiempo tratando de encontrarte!

.- Les dije que no te dieran mi dirección...

Al otro lado de la puerta Ron empezó a llorar y su desesperación se hizo patente.

.- Yo... soborné a un empleado esta tarde pero... déjame entrar por favor... le van a matar y necesito que me ayudes. Ayúdame a hacer algo para evitarlo.

.- No entiendo nada de lo que dices, no sé de que hablas y me da igual. Sólo quiero que te vayas... por favor Ron, yo ya no pertenezco a este mundo.

.- ¡No te puedo creer! ¡En tres días él morirá y no te importa! Intenté impedir que cogieras el avión pero la lechuza no te alcanzó...

.- Esto es absurdo...

Hermione abrió la puerta. Un Ronald Weasley consumido y ojeroso se abalanzó sobre ella y empezó a zarandearla.

.- Tienes un minuto exacto para explicarte. Después te irás y nunca volveremos a vernos.

.- Hermione, ¿por qué has venido a Francia? Después de lo que ocurrió en Hogwarts... aquella noche... sabes que Dumbledore dimitió, no puede hacer nada... lo siento, lo siento tanto... después de todo había sido Harry, él mató a Ginny y a los demás, pero ahora tienes que venir conmigo a Londres, pues en Azkaban los Dementores pondrán fin dentro de tres días a la última posibilidad de dejar un poco de cordura en todo esto.

.- ¿Qué?

.- Finalmente murió aquella noche en Hogwarts...

Algo en el interior de Hermione se removió al escuchar aquella afirmación de otros labios.

.- ... y ahora creen que él debe pagar por ello, por utilizar una maldición imperdonable, no saben el resto. Desde entonces está en Azkaban. Dentro de tres días le darán el beso del Dementor. Le absorberán el alma. Morirá.

.- Quieres que yo vaya contigo a Azkaban e intente hacer algo por Harry.

.- ¿Cómo?

.- Harry ha matado a Draco, y tú me pides que yo interceda por él en Azkaban...

.- Hermione, no...

.- No puedo creerlo, y no te entiendo...

.- Hermione, no... no lo sabes...

Hermione, ciega de rabia, trataba de empujar a Ron hacia la puerta.

.- ¡Vete, vete!

.- ¡Hermione, fue Harry!

.- ¡Vete de aquí!

.- ¡Hermione, fue Harry quien murió! ¡Hermione, para, fue Harry, Harry murió, Draco está en Azkaban!

Hermione se quedó paralizada. Miró a Ron como si le viera por primera vez. Incapaz de reaccionar de otra forma, se le doblaron las rodillas y cayó al suelo, con la mirada fija en la pared y la mente en blanco.

.- ¿Hermione?

El chico se arrodilló junto a ella y cogió su mano, que colgaba inerte sobre el suelo.

.- ¿Hermione? Pero... tú lo sabías, tú estabas allí, lo viste...

.- Yo no vi nada. Me desmayé. Desperté semanas después en San Mungo. Supe que Draco no había venido, así que di por hecho que había muerto.

.- ¿No preguntaste? ¿No leíste el Profeta? Nadie habla de otra cosa, el mundo mágico está en guerra, Hermione. Malfoy ha matado al Elegido, la última esperanza de vencer a Quién tú sabes, y ahora todos exigen su cabeza. Quieren verle muerto. Él ha puesto una alfombra roja al regreso de Quién tu sabes.

.- ¡No es verdad! ¡No lo hizo por Voldemort! Era la vida de Harry o la mía, la vida de Harry o la de Draco. Él no quería una guerra, pero sabía que ocurriría. No había otra opción.

.- Hermione, Malfoy está en Azkaban desde aquella noche. Él solo, en una celda. Nadie ha ido a verle. Los aurores han matado a sus padres, y dentro de tres días él también morirá. Un miembro de la Orden estuvo allí y se lo dijo... también le dijo que habías muerto...

.- No...

.- Tenemos que ir y hacer algo, lo que sea. Tenemos tres días para llegar a Londres sin magia, entrar en Azkaban y... no sé, sacar a Malfoy de ahí.

Hermione se puso en pie, temblando.

.- Vamos, vamos, vamos...

.- Ponte al menos un pantalón y unos zapatos.

-.-.-.-.-

-.-.-.-.-

En menos de una hora llegarían a Londres. Por suerte el vuelo tuvo pocas escalas y sus mentes bullían en tanta actividad que el aburrimiento quedaba totalmente descartado.

.- ¿Por qué no podíamos viajar con magia?

Ron se acercó a ella y miró con desconfianza a su alrededor antes de susurrar.

.- Toda la red flu está muy controlada, además, tu casa no estaba conectada. El tráfico aéreo es casi intransitable, está plagado de controles y además de los mortífagos, sólo los aurores y unos pocos magos más se mueven con relativa libertad por Inglaterra. Tampoco el avión es seguro. Esta es una guerra abierta y todo el mundo está en peligro, Hermione. El transporte por carretera está limitado para casi todos los pueblos y ciudades y los aeropuertos muggles no son una excepción; los mortífagos lo controlan todo. La decisión de exterminar a cualquier muggle o sangre sucia parece firme. Los nuestros no tienen medios, al menos no los que tienen los partidarios de Quién tu sabes. Ciudades mágicas pequeñas como Haven tiene verdaderos problemas por falta de alimentos, y sus comunicaciones se ven frecuentemente cortadas.

.- Pero Ron, no hace aún dos meses que comenzó la guerra...

.- Entonces podrás hacerte una idea de cómo están las cosas. Si la guerra se prolonga seis meses o un año, ya no habrá un mundo para disputarse. Los mortífagos vencerán, pero no tendrán nada. Sólo muerte y cenizas.

Ambos quedaron en silencio unos instantes. Hermione trataba de asumir lo que oía cuando Ron volvió a hablar.

.- Los nuestros...

.- Ronald, por favor, deja de llamarles así. Puede que sean los tuyos, pero te aseguro que esa gente no es nada mío.

.- ¡Pero Hermione! la Orden...

.- La Orden me traicionó, Ron. Ellos le dijeron a Harry que debía matarme. Casi le obligaron. Le dijeron que no había elección, que de lo contrario, el mundo estaría perdido.

.- No puede ser... dijeron que Harry intentó matarte en la biblioteca porque sospechaba que te habías aliado con los mortífagos, y que aquella noche en Hogwarts quiso mataros a los dos por el mismo motivo.

.- Es mentira. Y Dumbledore lo sabe. Pero ignora qué ha pasado en realidad. Hay una profecía. Dice que Harry debía matar a Draco para evitar el regreso de Voldemort. Por eso intentó matarme, para evitar que, como decía la profecía, yo le diera fuerza a Draco para vencer. La Orden le obligó.

.- La Orden...

.- Tranquilo Ron. Tus padres estaban al margen.

.- Entonces mi hermana...

.- Ella no debía morir. Le descubrieron en la biblioteca y por eso hizo lo que hizo. En otro momento puede que te lo cuente con detalle. Ahora no me apetece.

.- Hermione... sé que ya no significa nada, pero te juro que lo siento muchísimo. No fui capaz de creer otra cosa que lo que todos creyeron. Ahora no sé cómo pude creer eso de ti... pero lo hice y no puedo cambiarlo. Sólo quiero que sepas que haré todo lo que esté en mi mano para sacar a Malfoy de Azkaban.

.- Ron... quiero perdonarte, y lo voy a intentar. Voy a intentar que el tiempo me deje hacerlo.

Apoyó la cabeza en el hombro del pelirrojo y cerró los ojos, sintiéndose de nuevo una niña de trece años que se dirigía con su amigo Ron a una aventura desconocida, como si el tiempo entre ellos no hubiera pasado.

.- Voy a hacer lo que sea, Herm, lo que sea.

-.-.-.-

-.-.-.-

-.-.-.-

Los muros de la prisión mágica se alzaban ante ellos oscuros y majestuosos. La vieja piedra no perdonaba el paso de los siglos, y hacía intuir incluso al ojo ignorante el horror que dormía tras ella.

No era exactamente una puerta, y no invitaba a entrar.

Aún así, Ron y Hermione se dejaron tragar por la gran boca ahondada en la piedra mientras le envolvía la semioscuridad de lo que pretendía ser una recepción escasamente acogedora. Un hombre ricamente vestido, que destacaba de forma macabra con el entorno, les miró de arriba abajo.

.- ¿Sí?

.- Venimos a hacer una visita.

.- ¿Nombre?

.- Malfoy. Draco Malfoy.

.- Ya. No me hace falta ni consultar los pergaminos de ingreso. Está en la torre, lleva aquí varias semanas, desde que empezó la guerra... Malfoy... –escupió en el suelo y siguió hablando- por su culpa estamos como estamos. Pero en un par de horas tendrá lo que se merece, ¿sabéis que la ejecución será pública? Lo único que le permiten todos los días es afeitarse para que todos puedan reconocerle... puaj. Subid al primer piso. Allí irán a buscaros.

Ron y Hermione doblaron una esquina y subieran una escalera de caracol hasta el primer piso. Podían escuchar lamentos y gritos de multitud de presos que les taladraban los oídos. La espera se hizo eterna, hasta que apareció un hombre con una máscara.

.- Contra la pared.

.- ¿Qué?

.- La pared, joder.

Ambos se pegaron al muro mientras el hombre registraba sus bolsillos y hurgaba entre sus cabellos.

.- Bien. Seguidme.

Subieron dos o tres pisos más y se quedaron parados.

.- Esperad aquí.

Otro hombre apareció y repitió la operación. Cada dos o tres pisos les hacían parar, aparecía un vigilante distinto y les registraba. Hermione comenzaba a impacientarse.

.- No se puede negar que se preocupan por la seguridad...

.- No creas –dijo Ron.

Por fin llegaron al piso más alto, la torre. Otro hombre, esta vez sin máscara y con el rostro realmente sucio, apareció ante ellos.

.- ¿A quién decíais qué buscabais?

.- Malfoy

.- Es esta celda. Chica, no le quedan más de un par de horas, más vale que le des su último beso... bueno, el penúltimo... –abrió la cerradura de la celda y desapareció escaleras abajo, riendo su propio chiste – ¡tenéis quince minutos!

Con paso lento, temeroso, ambos penetraron en la oscura y sucia celda. El hedor era insoportable y la pequeña ventana que se veía al fondo estaba tapiada casi totalmente. Hermione apreció que las posibilidades de fuga eran nulas y no pudo evitar echarse a llorar.

.- Hermione, ahora no, que él no te vea así.

Avanzaron hasta el centro de la estancia hasta entrever en un rincón un bulto apoyado en la pared.

.- ¿Draco?

No obtuvo respuesta. Hermione creyó entonces que había sido engañada. Que tal vez esa no era su celda, que ya le habían ejecutado o incluso que Ron se había burlado de ella y en realidad había muerto esa noche en Hogwarts, como ella pensaba. Se desesperó y le llamó casi gritando.

.- ¿Draco?

Le pareció que levantaba la cabeza y miraba hacia ellos.

.- Draco, soy yo.

Se acercó a él despacio, pues pensó que seguramente estaría asustado. El chico entornó los ojos, acostumbrados ya a la oscuridad, y fijó en ella su mirada. Acto seguido la apartó, como si estuviera desechando la posibilidad de que pudiera ser ella.

Rechazando las sutilezas, Hermione se abalanzó sobre Draco sin hacer nada por contener el llanto.

.- Draco... soy yo, estoy aquí...

El chico pareció reaccionar, y con esfuerzo levantó un brazo en torno a la cintura de la chica.

.- Hermione... me dijeron que...

.- Te mintieron, da igual, no importa, estoy aquí, estamos juntos...

.- Hermione...

Sus lágrimas se mezclaron y por un momento lo olvidaron todo y volvieron a ser uno.

.- Hermione... me van a matar.

El momento se rompió y la realidad les golpeó como un puñetazo.

.- Tenemos que hacer algo... Draco, hay que hacer algo.

.- Hermione, me van a matar. Vete, olvídalo. Todo está bien. Lo he conseguido. Te he salvado, es lo que importa. Da igual si el mundo se va a la mierda, tú estás bien.

.- No, no, no...

Ron carraspeó y se acercó a ellos. Puso la mano en la cabeza de Draco y dio un tirón. El rubio estaba dolorido por todo su cuerpo. Múltiples heridas y cicatrices le marcaban y su cara estaba hinchada y amoratada. Cuando sintió el tirón en su pelo miró al pelirrojo con sorpresa y aún un poco aturdido.

.- ¿Qué... coño haces?

.- Vamos Malfoy, te sacaremos de aquí.

.- ¿Qué haces?

.- No hay tiempo.

.- ¿Qué está haciendo?

.- ¡No lo sé!

Ron sacó dos frascos pequeños de algo que parecía poción de sus calcetines. Destapó uno de ellos y echó el cabello que acababa de arrancarle a Draco. Hermione reconoció al instante el olor.

.- Ron, no, no lo hagas.

.- ¿Qué, que va a hacer? –Draco trató de ponerse en pie pero las piernas no le respondían. Llevaba demasiado tiempo en el suelo.

.- Hermione, te dije que haría lo que fuera.

.- No, Ron.

.- No hay tiempo, Herm. Es su última esperanza. Vuestra última esperanza. –Abrió el otro frasco y, arrancándose un mechón de su cabello, se lo acercó a Draco. – Bébelo.

.- ¿Qué es eso?

.- Es poción multijugos. Tú serás yo y yo seré tú. Tengo más. Permaneceré así unas horas. Al menos... hasta la ejecución. Yo me quedaré y vosotros podréis salir de aquí. Es la única opción.

.- ¿Qué? ¿De dónde has sacado esa idea?

.- De Barty Crouch hijo. Recordé lo que hizo para salir de aquí, hace ya muchos años, acudí a Snape y él me dio la poción encantado, claro... ¡no importa, hazlo!

.- No, no pienso beberme eso, Weasley. No voy a dejar que te cambies por mí.

.- Malfoy, por favor. Se lo debo a Hermione. De esta forma obtendré su perdón. Vosotros tenéis mucho por lo que vivir... yo... apenas una familia destrozada, unos ideales en los que ya no creo, un mundo en guerra que se destruye y nadie esperando mi regreso. Quiero hacerlo. En realidad también lo hago por mí. Así expiaré mis errores.

Hermione le cogió la cara entre sus manos.

.- Ron, no, tiene que haber otra posibilidad.

Antes de darles opción a reaccionar, Ron se bebió de un trago toda la poción sin que pudieran evitarlo.

.- ¡Joder, Weasley!

.- No la hay, Herm, y aunque la hubiera, no tenemos tiempo de buscarla. Bébete eso ya. De lo contrario cuando vuelva el carcelero encontrará aquí dos Malfoys, y tendremos un gran problema.

Hermione y Draco se miraron brevemente. El chico se llevó el frasco a los labios y apuró su contenido. Hermione volvió la vista mientras se producía la transformación. Cuando volvió a mirarles, estaban cambiando sus atuendos.

Los pasos escaleras arriba indicaron que el carcelero regresaba.

Ron, ahora con la imagen de Draco, les conminaba a irse.

.- Marchaos ya.

Hermione le abrazó. No quería pensar que se irían y él se quedaría allí. Que se había cambiado por Draco.

.- Ron...

.- Déjalo, Herm, ahora estamos en paz. No le cuentes esto a nadie. Que piensen que he muerto en la guerra. Sólo... me gustaría que me dijeras que me perdonas.

.- Ron...

No pudo responder. Deshizo el abrazo y salió de la celda. Draco le dio la mano a Ron.

.- Yo... –puso la mano en su hombro y le estrechó en un abrazo- gracias... Ron.

.- Será mejor que te vayas. Este sitio es un asco.

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DAILY PROPHET

En la tarde de ayer fue ejecutado el preso 24601 de Azkaban

El preso 24601, Draco Malfoy, fue ejecutado en la tarde de ayer en Londres en una sentencia pública. El reo había sido hallado culpable por el tribunal del Wizengamot del asesinato de Harry Potter. Draco Malfoy, hijo de Lucius Malfoy y Narcissa Black, es responsable directo del estallido de la guerra y el regreso de Aquél Que No Debe Ser Nombrado.

El acusado estudiaba séptimo curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y era colaborador del círculo de allegados de Aquél Que No Debe Ser Nombrado, al igual que su difunto padre, que participó activamente en el asesinato de aurores y muggles durante la primera guerra, acaecida en...

Ω Ω Ω Ω Ω 2 años después Ω Ω Ω Ω Ω Ω

22 de Octubre

Querido diario:

Vivir sin magia no es fácil, aunque te acabas acostumbrando. Yo soy muggle, al fin y al cabo, pero a Draco aún le cuesta. Partió su varita y le dolió como si se partiera un hueso.

Noruega es un buen país para vivir. Es un lugar tranquilo. Además Draco decía que le gustaba el frío... decía, antes de pasar el primer invierno aquí.

La comunidad mágica de aquí es bastante pequeña. Nuestro único nexo con el mundo de la magia es Dumbledore. A veces nos escribe, nos cuenta cómo le van las cosas a él y a las pocas personas cuyas vidas nos interesan, que cada vez son menos. Nos pregunta cómo estamos y trata de convencernos para volver a Londres. Siempre le decimos que es muy poco probable. A mí me gustaría volver alguna vez, aunque fuera de visita. Pero Draco no quiere volver a pisar Inglaterra. Demasiados recuerdos.

La guerra terminó hace pocos meses. Muchos muertos. Muchas pérdidas. Muy pocas ganancias. Ningún ganador. En teoría “los nuestros”, pero al fin y al cabo, todo el mundo sabe que Voldemort volverá. Dentro de un año, de cinco, de cincuenta... da igual. Siempre vuelve. Siempre le queda gente leal.

A veces le pido a Dumbledore que me envíe el Profeta, sólo por curiosidad. Draco nunca lo lee. Casi siempre aparecían los nombres de varios compañeros de Slytherin que habían muerto en la guerra. Se enfadaba y gritaba, hacía pedazos el periódico o rompía algo, y no salía de casa en varios días. Luego parecía olvidarlo hasta que llegaba otro periódico, y la situación se repetía. Así hasta que le prohibí leer más ejemplares y él mismo rehusó hacerlo. Lo que más le dolía era el convencimiento de que a Voldemort, en realidad, no le importaban esas muertes. Tampoco a la Orden le importaban las muertes de su bando. Estoy segura. Todas las guerras son así. No importan los funerales o las veces que el Profeta mencionara a Neville, Parvati, Justin, Luna, Percy, Hannah... o Ron. Da igual. Sólo son nombres que tarde o temprano caerán en el olvido salvo para los que les conocieron y les quisieron. Draco y yo estamos juntos y vivos casi de milagro, y nuestro milagro fue Ron. Yo pienso en él muy a menudo, pero aunque no me lo diga, sé que Draco le recuerda todos los días. Sabe que le debe estar vivo. Al principio le costó digerirlo, pues es un Malfoy. Pero ahora ha aprendido a convivir con la idea. No es malo tener cosas que agradecer. No es malo deber cosas, aunque debas la vida. Yo le debo mi vida a él. Ahora vivimos apartados de la magia y hemos experimentado lo que es estar separados por lo que creíamos que era la muerte. Sólo me entristece ver que Draco no es el mismo. El tiempo que pasó en Azkaban hizo mella en él. Espero que con el tiempo y con mi ayuda, vuelva a ser el que era. Confío en ello. Mientras, me obligo a pensar en Ron y en Harry sin llorar. Es necesario porque no puedo desterrarles de mi vida ni de mi recuerdo. Con Harry no puedo hacerlo. Con Ron no quiero.

Al final todo ha terminado y Draco se empeña en leer mi diario. Si no se lo dejo me lo quitará de cualquier forma...

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Hermione entró en la habitación y se quedó parada en el quicio de la puerta. Había una maleta abierta sobre la cama y Draco metía en ella ropa y otros enseres.

.- ¿Draco, qué haces?

.- Una maleta.

.- Ya lo veo, pero ¿a dónde vas?

.- A dónde vamos...

.- ¿Vamos?

.- No sé si te acuerdas, pero te lo prometí.

.- No, no me acuerdo...

.- Hermione... nos vamos a Hogsmeade.

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N/A: Se acabó el fic! (sniff sniff) Gracias a todos los que habéis leído y apoyado esta historia. Espero que nos leamos por aquí y formemos parte de un cada vez más amplio y limpio fandom… (desvaríos a parte). Besos!!

Crysania



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