Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Search
B s . A A A   full 3/4 1/2   E E   Light Dark
Games » Pokémon » En Tus Pupilas
Kassandra L. K
Author of 26 Stories
Rated: T - Spanish - Drama/Romance - Misty/Kasumi & Ash K./Satoshi - Reviews: 9 - Published: 09-03-05 - Complete - id:2565247

Pokémon © Nintendo, Game Freak, TV Tokyo, 4Kids Productions, y no sé cuántos otros más.

Advertencia: AAML, AAMRN, AAMLN, Twerpshipper, Sakashiper, como quieran llamarlo.

Resumen: Reminiscencia de Misty sobre épocas antiguas, con los años comenzando a pasar más rápido, y con cada vez más baja oportunidad de encontrar un amor real. O al menos, un amor que se asemejara a aquel primer enamoramiento.

Palabras en cursiva significa un énfasis. Párrafos continuos en cursiva y en tercera persona son Flashbacks. Entenderán lo que digo.


En Tus Pupilas
después de Ti, la Pared…

X

pudo ser, un amor de los grandes, pudo ser…
si no hubieras estado siempre, corrigiéndome–– desafiándome…
al final tuvo que ser así, tal parece que en el amor se estila a discutir…

La lluvia da la impresión de caer suavemente al escucharla, pero en realidad cae fuertemente, como castigando cualquier superficie en la que cae por algún pecado desconocido. Puede que este fuera el segundo o tercer temporal, pero ––por primera vez, no lo sé.

Mi nuevo 'amante' me agarra suavemente y, quitándome de la ventana, comienza a llevarme a la habitación. Ninguna duda de lo que planea hacer. Sé que no puedo retrasarlo más, se me han acabado las excusas, y podría bien ser plantada otra vez; además, han sido nueve meses, debería aceptarlo. Pero, sin darme cuenta, me veo a mi misma escapando su agarre y huyendo de su apartamento, mientras le escucho llamarme y gritarme porque vuelva. Pero continúo corriendo, y cuando miro atrás y veo el edificio de mi ahora-ex-novio unas cuantas cuadras atrás, me doy cuenta de que esto significa el fin de otra relación más, relación que podría haberme llevado al altar.

Odio lo que me he vuelto. Tan yo, y aún así tan vacía, desesperada pero tan calma, enumero para mi misma de pie bajo la lluvia, completamente expuesta con una simple blusa y pantalones. Por el momento, esto no importa, puesto que siendo la lunática acuática que soy, la lluvia es sólo otra faceta del agua. Puedo disfrutarla de la misma manera que disfrutaría el océano, lagos o algún similar, aunque no trae tantos buenos recuerdos como aquellos.

De hecho, creo que no disfruto los temporales tanto como antes. Eso es algo que por supuesto, sólo sé yo y ese chico. Es un tema algo delicado, lo acepto. Cómo podría disfrutar la lluvia, que casi me quitó todo lo que significaba un algo. Cómo seguir amando algo qué… ––lo reconozco, aún amo la lluvia, a pesar de los malos y dolorosos recuerdos que traiga, pero me es inevitable odiarla igualmente. Después de todo… ¿Cómo amar la lluvia, cuando casi me quitó todo lo que me importaba y me hacía yo; y por llevarse todo, casi me hizo perderme a mi misma?

Es algo gracioso. Odiar la lluvia, y al mismo tiempo amarla. No puedo evitarlo, supongo. El agua siempre fue mi elemento y lo único que encajaba tan bien en mi naturaleza.

Bueno… casi lo único.

Él me completaba. Aún lo hace, creo. No ha sido demasiado tiempo como para que hayamos cambiado tanto y ya no seamos un buen dúo.

Él siempre ha sido mi complemento, aun cuando él me encontró bajo circunstancias… inesperadas, pero se las arregló para atarme a él igualmente. Al principio fue solo un hecho material, pero al pasar del tiempo, ninguno se alejó del otro, algo que obviamente significaba algo. No lo notamos, pero es aceptable teniendo en cuenta que éramos solo unos niños, pensábamos más en que estaríamos mejor juntos que por nuestra cuenta. Además, él estaba sumergido en sus sueños, era aún demasiado infantil e inocente; y yo era demasiado orgullosa y terca como para aceptar que me agradaba su compañía y tener con quien viajar.

Creo que fue solo cuando cumplió los catorce que lo noté, realmente notarlo. A él como un chico, un miembro del sexo opuesto y no el niño que había arruinado mis planes y me había hecho seguirlo por todo el continente.

Primero, vino el físico. Repentinamente, años de entrenamiento y batallas habían valido la pena, y su cuerpo estaba realmente haciéndolo notar con creces. Era más rápido, caminando y corriendo, mucho más atlético, bastante ágil y de muy buenos reflejos. Pero esas cualidades se habían estado desarrollando siempre en un plano más abstracto, así que no podías notarlo al menos que le hubieras conocido desde el inicio de su viaje. Lo más relevante, era que sus brazos eran más fuertes que antes, cuando jamás en su vida había hecho pesas, había desarrollado músculos, y un buen abdomen. Un Buen abdomen. Ahora, a diferencia de cuando un niño, tenía un realmente bien torneado y cada día mejor formado físico. Físico que lograba ver cada día de nuestro viaje.

¿Por qué?. Fácil. Luego de que el grupo inicial se separara y yo le dejara; teníamos una buena relación, pero en el momento que yo volví para viajar con él, nuestra amistad llegó a un nivel más intimo y de gran confianza, hasta el punto en que habíamos superado nuestras manías contra el otro sexo completamente. Brock incluido, pero con él no era lo mismo, puesto que la diferencia de edad era algo más notoria y no viajaba siempre con nosotros, sino durante breves periodos.

Lo que quería decir, no más pijamas enteros en verano cuando dormíamos en estos infernalmente calientes sacos de dormir diseñados para el frío; y dormir juntos en invierno cuando hacían temperaturas demasiado bajas. Aquellas veces, sólo estábamos los dos eso sí, puesto que era embarazoso teniendo a un Brock de dieciocho años murmurando todo el día sobre mujeres, fiestas, protección y otras cosas del estilo, incluso cuando entre nosotros no había nada más que una amistad.

¿En que pensaba?. Ah, sí. El físico, invierno y verano.

Los veranos eran agradables, puesto que hacía calor casi insoportable a veces, por lo que él superando su incomodidad conmigo, decidió dejar la chaqueta de mezclilla o el sweater verde y usar solamente una camiseta sin mangas negra con los pantalones por el día, y durante la noche, en aquellos sacos infernales –para la temporada claro–, dormía solo con los boxers. Por supuesto, esto significó un cambio algo extraño, pero habiendo superado nuestras incomodidades típicas entre chico-chica adolescentes y habiendo viajado juntos día y noche durante cerca de tres años, nos adaptamos fácilmente a esta nueva intimidad en nuestra amistad.

Ahora, inviernos. Claro. Buenos. Generalmente nuestros viajes comenzaban con Brock a nuestro lado, pero al momento de irse, la segunda noche estando solos, siempre nos acurrucábamos juntos tratando de agarrar algo de calor que el otro poseía. La primera noche no, no sé porqué. Quizás era solo de tradición. Así que, por mi lado, el hecho de ser abrazada por él durante la noche y despertar en sus brazos en la mañana no me molestaba en lo mínimo. Tampoco el hecho de que estando así de cerca siempre me daba la oportunidad de sentir su abdomen o brazos, y para el momento "Woah". Se sentía realmente bien.

Sólo era curiosidad, él era mi mejor amigo, en quien yo más confiaba y nada más allá de eso, pero no puedo negar que luego de llevar meses con nuestro nuevo estilo de viaje, comencé a gustar de él.

Siempre he recordado la primera noche que dormimos juntos, y los sonrojos, también…

El agua caía duramente y las gotas se transformaban rápidamente en granizo fuera de la caverna. Arrojando un nuevo tronco a la hoguera, él se volvió a mirarla. La joven tiritaba levemente mientras fregaba sus manos y murmuraba maldiciones por lo bajo. "¿Tienes frío?" preguntó simplemente, hincado en una rodilla. La chica le miró fríamente, dándole una respuesta más gráfica que las palabras jamás serían. "De acuerdo, mi error. Cálmate"

"Esta endemoniadamente frío. ¿Cómo se supone que debo calmarme?" espetó ella. Sin tomarle mayor atención, él suspiró y decidió no argüir por el momento. "Ah, rayos. Me rompí una uña"

Volviendo su mirada a ella, él rió suavemente. "Estás quejándote en sobremanera hoy. Más de lo usual, me refiero––" viendo la furiosa y lista para disparar mirada que ella poseía, levantó una mano, silenciándola. "––Quejas que no me molestan para nada. Nunca lo han hecho, y no lo harán ahora. Además, tienes razón, está realmente frío"

Ella murmuró algunas incoherencias. "No me quejo tanto"

"Sí, sí lo haces" corrigió él. "Ahora… tengo una idea, sólo promete no golpearme y te diré" indicó rápidamente, levantándose de su sitio y tomando ambos sacos hacia un lugar cerca de la hoguera. Los pequeños acompañantes dormitaban plácidamente entre un saco especialmente grueso que Brock había diseñado.

Los ojos agua marina de la chica le miraron desatar los sacos, mientras un leve halo rosa cubría sus facciones masculinas. ¿Acaso se estaba enfermando, le sucedía algo?. "Bien, dispara"

"Podemos unir los dos sacos"

La propuesta era simple y fácil. Inofensiva. Entonces, porqué él se notaba tan defensivo o indeciso sobre el tema, ella realmente no entendía. "¿Y, qué?"

Él la miro, sorprendido. "¿Quieres decir que estás de acuerdo?. ¿No te molesta?" ella pestañeó, sin entenderle. Caminando en su dirección, se hincó frente a ella y tomó un mechón rojizo que caía sobre sus ojos, tirándolo suavemente de manera juguetona, mientras sonreía. "Si juntamos los sacos, hace solo uno. ¿Qué significa eso?"

"Un saco para dos. ¿Y, qué?"

Ahora, él pestañeó repetidas veces. Estaba seguro que ella no había entendido, pensar que no le había importado parecía algo extraño. "¿Estás totalmente de acuerdo con ello?. ¿Realmente me entiendes lo que digo?"

"Claro que sí, idiota. No soy estúpida" respondió ella, mirándole con molestia. "Dormiríamos juntos. ¿Y, qué?"

Pestañeando una vez más, él se sonrojó. "Yo, uh, sólo preguntaba por si estabas molesta… o––"

"Hemos viajado casi cuatro años juntos. ¿Recuerdas?" indicó ella, sonriéndole con burla. "Tú y Brock han superado su 'timidez' por mi y ahora hablan y actúan como si yo no existiera o fuera simplemente otro chico. Te he visto a ti y a Brock en poca elección de ropa también, más de una vez. ¿Por qué debería preocuparme?"

"Eres una chica"

"Acostumbrada a la manera de hablar, actuar, a los malos hábitos, manías y pensamientos tuyos y de Brock… también, quizás los de Tracey" corrigió ella. "Estoy acostumbrada a verte sin polera también, desde que este verano decidiste dejar el protocolo y de usar el pijama de algodón y usar solo los boxers para dormir. Estoy habituada a ti y a Brock. No me descoloca. Es algo habitual"

"Si es así.. ¿Cómo es que tú aun tanta ropa como cuando nos conocimos?" preguntó él, sentándose al lado de la chica y arrojando una madera a la hoguera.

"Ustedes, chicos, están acostumbrados a mi, y yo a ustedes cuando se trata del material de 'hombre'; pero aún sigo siendo una chica"

"¿Y?"

Ella frunció el ceño, cruzando su mirada con la de él. "No es lo mismo ver a un chico sin polera, que ver a una chica" viéndolo sonrojar, rodó los ojos. "Eres tan denso"

Él frotó la parte trasera de su cabeza, levantándose. "Sep. Bueno, creo que esto es todo para mi por hoy"

Ella le observó darle la espalda, abrir su mochila y, quitándose chaqueta y camisa, colocarse una descolorida camisa de algodón azul. Pestañeó, y gruñó por lo bajo. "Hey"

"Hmm"

"¿Qué hay de tu idea?""

Él tosió unas cuantas veces, tomado por sorpresa, y se volteó a verla, abotonando los últimos botones de su camisa de dormir. "Yo… uh, tú… ¿Quieres?" ella se encogió de hombros y asintió, tornándose a su mochila y sacó una polera roja de algodón, lo que inmediatamente hizo que él le diera la espalda para que se cambiara. "¿En serio estás de acuerdo?"

Sacando la cabeza desde la polera dos tallas más grandes que la suya, se volteó a mirarlo, sólo encontrándose con la espalda de él. "¿Por qué estas haciendo tanto lío con ello?"

Sonrojándose nuevamente, él tomó su saco de dormir y el de ella, sin voltearse a verla aún, sabiendo que aún se cambiaba. "No lo sé. Eres una chica, aun cuando este acostumbrado a ti"

"Pensé que habías superado la fase 'las-chicas-son-desagradables'" murmuró ella, quitándose las zapatillas.

"Lo hice" indicó él, cuando ella llegó a su lado. "Sólo es… raro¿sabes?"

"Hm-mm. Creo que estás entrando en la fase donde comienzas a ser controlado por las hormonas y etc." dijo ella sonriéndole, haciendo que un nuevo sonrojo acudiera a las mejillas del chico. "Y a la etapa de sonrojos, también"

Indignado, él dejo su tarea de unir ambos sacos y la miró fijamente. "¡No estoy siendo controlado por ningún tipo de hormonas!"

"Ah, ah. No te sonrojes– o avergüences, no es nada anormal para tu edad" explicó la chica, con gesto pensativo. "Te entiendo, yo estuve ahí una vez. Solo no te hagas extrañas ideas, no me gustas en esa manera"

Frunciendo el ceño, y habiendo terminado de unir los sacos, le indicó que se acostara. "No me gustas así, tampoco. Y sólo eres un año mayor, no actúes toda––"

"Tsk, tsk. Calla, quiero dormir" interrumpió ella, cerrando los ojos una vez recostada y tratando de encontrar la manera más cómoda de dormir, teniendo en cuenta el piso de roca.

Emitiendo un gesto de disconformidad, él se recostó a su lado con la suficiente distancia para no tocarla en ninguna manera, y gruñó por lo bajo en el momento que su espalda hizo contacto con una piedra afilada bajo el saco. Levantándose levemente, metió la mano bajo el saco y quitó la piedra, arrojándola al otro lado de la cueva. "Esto apesta"

"Ayer te dije que debíamos pasar la noche en el Centro cuando nos lo ofrecieron, y que dejáramos pasar el temporal primero" murmuró ella, tratando de relajarse. "Maldición, estoy aún condenadamente helada, y me entra aire frío desde tu lado"

Al no recibir respuesta, abrió los ojos y giró la cabeza para mirarlo. Él permanecía recostado en su espalda, con un brazo sobre sus ojos y el otro sobre el saco, a la intemperie; su respiración imperceptible y disminuyendo rápidamente. Demonios. Él era solo un chico que también era su mejor amigo, pero qué apuesto chico estaba volviéndose.

"Esto esta tan no funcionando" indicó molesta, extendiendo ambos brazos a su lado bajo el saco y cerrando los ojos; sintiendo una brisa helada rozar su rostro desde las aberturas de la cueva. El fuego comenzaba a extinguirse rápidamente al no tener a nadie que lo mantuviera encendido. "Tal vez deberíamos volver––"

Bruscamente, y haciéndola callar, él se recostó en su lado, apoyándose en su codo y la miró con ojos molestos. "Puedes dejar de quejarte, ahora. No está tan mal"

"¿Ah, no?. No me digas…" replicó ella, rodando los ojos.

"No en unos momentos" dijo él, llevando su brazo libre bajo el saco y al rozar el de ella, tomó su pequeña mano entre las de él. "Ven aquí"

Ella abrió los ojos al contacto y le miró, confundida y molesta al mismo tiempo. "¿Qué?"

"¿Ahora quién es el denso?. Ven aquí, acércate" indicó él con clara molestia. Viendo que la chica no hacía mayor esfuerzo ni pretendía moverse, sonrió. "¡Me tienes miedo!"

"No es cierto. ¿Cuál es el punto en––?"

"Aww, sólo acéptalo. Tienes miedo de siquiera acercarte un poco más a mi" interrumpió él, recibiendo una mirada furiosa de la chica.

"Por todos los cielos, no te tengo––"

"No mientas. No te atreves a estar cerca de mí en una manera que no hemos estado" interrumpió él nuevamente. Gruñendo por lo bajo, la chica se recostó de lado y se acercó a él, su rostro mirándole desde la almohada, visiblemente indignada, hacia arriba. Mirándola hacia abajo, él le sonrió. "No te enojes. Sé que hace más frío de lo normal, yo mismo he pasado tiritando el día entero, sólo pensé––"

"Ya cállate, quiero dormir. Hace mucho frío para pensar"

Él se sonrió y recostó la cabeza en la almohada junto a la de ella, pasando el brazo en que se apoyaba bajo el cuello femenino. "Buenas noches"

"Aja, a ti también" bostezó ella, abriendo sus ojos y mirándole de manera burlona. "No te hagas ideas, chico"

Por respuesta, las mejillas del chico se tornaron levemente rosa.

"Aww. Tan tierno"

Sonrojándose fuertemente, él maldijo mentalmente viéndose tan fácilmente avergonzado por la mínima de las cosas. "Oh, cállate– Err, tú… ¿acabas de decirme tierno?" viéndola sonrojar, una media sonrisa se hizo paso a sus labios. "Mira quien se sonroja ahora"

Ella respondió golpeándole en el pecho. "Idiota" susurró después, haciéndole reír suavemente. "Eres mi mejor amigo, casi el hermano que nunca tuve; pero eso no me ciega. De hecho, te estás volviendo bastante tierno y apuesto, sería estúpido de mi parte decir lo contrario, habiéndote visto crecer desde los diez"

"Mis pensamientos iguales" dijo él, sonriéndole con ojos amables.

Ella sonrió de vuelta de manera tranquila por primera vez en el día, y se recostó en él, bostezando largamente y haciendo que él la abrazara por mero instinto. "Entonces… ¿soy tierna?. ¿En serio?"

"Claro que sí. Debajo de toda la actitud hay una chica realmente bonita" susurró él después de una breve risa ante la voz infantil de ella, sintiendo el rostro de la chica reposar en su pecho. "Un día habrán montones de tipos invitándote a salir y estaré más que orgulloso de hacer las del mejor amigo sobre protector y despacharlos"

Ella rió junto a él. "¿Por qué?"

"Porque nadie será nunca lo suficientemente bueno para ti, o te merecerá"

Después de unos minutos de silencio tras haber hablado, el chico inmediatamente se arrepintió de sus palabras, temiendo haber dicho algo malo, pero ella levantó el rostro hacia el suyo y le besó en la mejilla rápidamente, antes de volver a acurrucarse a él. "Gracias" susurró.

"De nada" murmuró él de vuelta, acercándola a si mismo; sin saber si aquel abrazo era realmente sólo un abrazo amistoso salido por la necesidad de calor. "Misty…"

"¿Sí?"

"Me agrada ser tu mejor amigo"

Ella sonrió, pasando un brazo por su torso masculino. "A mi también. Agradezco que me hayas encontrado… o que yo te encontrara. Pero es hora de dormir"

"Sí, 'kaa-san"

Pinchándolo suavemente, ella cerró los ojos. "Lo digo en serio"

"Aja, dulces sueños" susurró él, reposando su mejilla entre los cabellos rojizos de la chica, recibiendo un asentimiento de ella, y que luego la chica frotara su mejilla en su pecho cariñosamente.

La mañana siguiente cuando ella despertó, se encontró con el rostro varonil relajadamente durmiendo, mientras el chico permanecía aun en la tierra de los sueños. Riéndose para si misma, alzó una mano hacia su rostro, haciéndole moverse ligeramente. Siguiendo una línea imaginaria, acarició ligeramente el contorno de su rostro, sorprendida de como se había vuelto tan apuesto… entre todas sus manías infantiles. Los ojos de él se cerraron en molestia innata y sus cejas se fruncieron bajo los dedos de ella ante el roce.

Sonriendo, la chica se sintió ser abrazada un poco más fuerte por él en el momento que el chico emitió un quejido, habiendo despertado. Sus dedos continuaron un camino imaginario y contorneó las sienes del chico, bajando por su mandíbula hacia su mentón.

"¿Qué haces?"

"Nada en realidad" murmuró ella, divertida por la voz tenue, algo irritada del chico.

"Hm. Bonita manera de despertar" indicó él fuera de la nada su voz perdiendo su irritación, pasando a tomar un tono de simple gusto, adormilado, y sin previo aviso, acogió a la chica firmemente entre sus brazos y escondió el rostro en el cuello de ella, suspirando, como si abrazara un peluche. "De ahora en adelante dormiré contigo siempre en invierno. No recuerdo haber pasado una noche tan buena en todos los años de viaje, ni haber despertado sin estar congelado completamente…"

"Err, de acuerdo…"

Sonrojándose, la chica cerró los ojos y se permitió dejarse llevar por el sueño nuevamente, no sin antes notar que él ya respiraba monótonamente, sus cabellos azabache rozando su cuello produciéndole un leve cosquilleo agradable.

Continuamos de esa manera durante todo el tiempo que estuvimos expuestos a la intemperie durante el invierno… mientras éramos solo nosotros dos. Después de esa mañana, todo continúo como siempre, siendo amigos cercanos, confiando el uno en el otro para todo, tratando de matarnos una o dos veces el día, también… Sí, lo típico, completamente normal. Creo que fue desde sus catorce años, hasta que cumplió los dieciséis y May con Tracey decidieron volver a viajar con nosotros, y simplemente no teníamos la misma confianza como para continuar con esa rutina mientras estuviéramos acompañados.

No era porque realmente pasara algo –porque seguíamos siendo simples mejores amigos–, sino que aunque confiábamos en ellos… y cuando al menos yo los quería y confiaba en ellos con todo mi corazón, no era lo mismo. Nunca lo ha sido, aún no lo es, y creo que nunca lo será.

Aunque finalmente agradecía viajar con otra chica en el grupo, estaba algo extrañada al tener que pasar frías noches en invierno, deseando dormir a su lado nuevamente ahora que teníamos que volver a nuestros respectivos sacos de dormir… y en algún punto deseé totalmente que volviéramos a ser sólo nosotros dos, incluso si así tuviera que lidiar con su torpeza y nuestras amenazas de muertes.

A veces, cuando uno de nosotros no podía dormir y despertaba al otro para hacernos compañía, creo haber visto en sus ojos el mismo deseo, y fueron muchas noches en que lo creí. Y si no estaba alucinando, creo que también muchas veces deseó decírmelo, pero siempre se arrepintió al último momento y yo estaba tan asustada sobre esto, que nunca dije nada tampoco. ¿Qué puedo decir?. Habíamos pasado demasiado tiempo –algo así como tres años––, explicando que no éramos amantes sino mejores amigos, que era difícil pensar que podría realmente sentir algo más fuerte que un cariño amistoso por él.

Supongo que él debió sentirse de alguna manera similar, pero nunca me dijo nada, ni insinúo nada, así que… tal vez es sólo lo que quiero creer y no la realidad.

Eso fue lo segundo que noté en su cambio, cuando ya casi tenía quince y yo había cumplido los quince unos meses atrás. Era más tranquilo, más impasible, y algo más sereno al pensar las cosas. Definitivamente aún le enloquecía un nuevo reto pero ya no se arrojaba sin pensar a ellos. Estaba… madurando. Y volviéndose un joven más acompasado y serio.

Debo decir, que no siempre estuve de buenas con este cambio.

Es decir, era extraño ver al chico que conocía desde los diez años que era egocéntrico, muy confiado, muy torpe y totalmente apresurado, convertirse en un joven tranquilo, de fácil habla e incluso algo reflexivo. No puedo decir que me adapté fácilmente. Seguía teniendo sus impredecibles accesos infantiles y esa postura confiada, pero en vez de ser egocéntrico, era la mera experiencia lo que le daba confianza en sí mismo, y esas manías infantiles... eran las de un corazón que simplemente no conocía el dolor que el mundo tenía por ofrecer aún.

Creo que comencé a entenderlo en algún momento que discutíamos a nuestros diecisiete y me sonreía serenamente mientras yo le regañaba nuevamente su torpeza y el habernos perdido en el medio de la nada, sin decirme nada en respuesta, sin negar los insultos que le lanzaba, más que darme una sonrisa cálida y sincera.

Lo odié, por eso.

Por cambiar y comenzar a convertirse en un buen hombre, mientras yo continuaba siendo la misma terca y algo imponente chica de diez años, siendo que estaba a punto de cumplir los dieciocho.

Cómo explicar… Cuando teníamos, él catorce y yo quince, entramos en un período de nueva confianza, lo que nos llevó a incluso compartir un lecho en los inviernos, siendo simples amigos. Eso continúo hasta que llegó su cumpleaños dieciséis y May con Tracey volvieron. Viajamos un año más, y yo comenzaba a notar estos cambios psicológicos en él, pero aún eran muy sutiles, y su torpeza cubría estos cambios la mayoría del tiempo.

Él llegó a los diecisiete, mientras yo aún no cumplía los dieciocho y seguía siendo la misma de siempre. Sus cambios eran ya muy notorios, todos los demás del grupo lo comentaban una vez nos topábamos con alguien y yo me resistía a este cambio en nuestras vidas, seguía omitiéndolos porque nuestras peleas seguían siendo normales en nuestras vidas, y la mayoría del tiempo mientras discutíamos, yo seguía viendo al niño de diez años que solía ser cuando le conocí.

Pero tuve que aceptarlo, en el momento que su gran meta se vio cumplida.

Él estaba a fines de su año diecinueve, y yo había recorrido la mitad de mis veinte. Hacía un tiempo que ya no viajábamos por todo el planeta y nos habíamos dedicado a entrenar en mi ciudad natal, o en la de él; Brock y yo haciendo turnos para entrenar con él. Llegó el día, y ganó. Dos horas antes de su cumpleaños.

Antes de que pudiera felicitarlo, fue abordado por reporteros que querían la exclusiva luego de que dejamos el Templo, y entre eso y las felicitaciones que vinieron después por todos aquellos que habían viajado alguna vez con nosotros y habían venido desde lejos a apoyarle, no pude verle sino hasta pasada la medianoche.

Feliz cumpleaños.

Estábamos en el balcón. Yo había salido una media hora atrás por el ruido que emanaba del salón de eventos debido a la celebración de su pronto nombramiento como nuevo Maestro, y meditaba sobre lo que ocurriría después. En eso, él salió casi a hurtadillas del edificio, mirando preocupado sobre su hombro, y se exaltó sobremanera cuando me vio ahí. Al parecer, la atención estaba –extrañamente– abrumándolo y necesitaba aire.

Me di cuenta de otro cambio. Ya no era un adolescente que demandaba atención por sus logros o cualidades, de hecho, continuamente la rehusaba.

Se detuvo a mi lado y observó el cielo, no realmente mirando las estrellas, mientras yo no podía hacer más que admirarlo, completamente dividida entre la alegría de verlo feliz y la tristeza de saber que nuestro viaje llegaba a un final definitivo.

Sus facciones se relajaron, y suspiró cerrando los ojos, finalmente en paz consigo mismo al ver completo su mayor deseo, supongo.

Esa noche, esa madrugada, en ese segundo, vi a un hombre nacer. Era cálido, amable, y se movía como si todo estuviera calculado ya, cómo si nada le asustara. Había logrado su mayor meta, su vida estaba entre los términos de agradable y realmente buena, entraría al trabajo que siempre había deseado, tenía excelentes amigos y excelentes enemigos ––que definitivamente, tenían el Síndrome de Estocolmo––, y su rostro denotaba que se sentía en el paraíso.

Su mano tocó la mía, sus ojos buscaron los míos y sus labios se posaron en los míos sutilmente.

En ese momento, me di cuenta de que no podía odiarlo por haberse convertido en un hombre no perfecto pero sí realmente bueno, mientras yo seguía siendo… yo. No haber cambiado había sido mi decisión, y él no tenía la culpa si yo continuaba siendo igual de insolente y molesta de siempre.

Ha sido la única vez que he derramado lágrimas frente a él, lágrimas por su causa. No diré llorar, porque no lloré, realmente, sólo sentí mi corazón encogerse, mis ojos se llenaron de un líquido tibio, y unas lágrimas escaparon en el momento que seguí su ejemplo y cerré también yo mis ojos.

La mano suya que no estaba en la mía subió a mi mejilla y secó mis lágrimas suavemente, mientras nuestros labios permanecían unidos en un roce que no se permitía llegar a nada más. En el momento de separarse de mí, sus dos manos acariciaron mis mejillas y sonrió, un simple 'gracias' escapando sus labios. Le sonreí débilmente, sabiendo que no había sido un beso con verdadera intención, más que ser el signo de un agradecimiento.

Su sonrisa se posó en la débil mía brevemente por segunda vez, permaneciendo en un roce sutil, y me abrazó fuertemente, posando su frente sobre la mía y mirándome fijamente. Me prometió que aunque nos separáramos siempre me iba a querer, que extrañaría no tenerme a su lado si acaso llegábamos a dividir caminos nuevamente y me agradeció al mirarme, sin pronunciar palabra, el que hubiese estado ahí casi todos sus años de Entrenador.

Quizás debí haber dicho algo en ese momento; quizás él no debió haberme sonreído alegremente mientras me soltaba y nos arrastraba hacia el Salón de Eventos, él meramente yendo por educación y yo sin gana alguna de entrar.

Quizás yo debía de haber cambiado tiempo atrás y debería haberme dado cuenta que nuestra relación era más que amistad y menos que una relación amorosa; quizás él debió haberme esclarecido el porque me besó tan tiernamente, como si cualquier mayor roce me hubiera hecho daño.

Quizás no debí soltar su brazo tan rápidamente en el momento que entramos al Salón; quizás él no debió haberme dejado ir tan fácilmente murmurando un suave 'adiós'.

Quizás no debí pensar que lo quería cuando le vi mezclarse con antiguos amigos y nuestras miradas se cruzaron; quizás él no debió dejarme ver en sus sinceros ojos oscuros el que así como yo, también sabía que nuestro viaje había tocado su fin.

Quizás debí darme cuenta que lo necesitaba.

Quizás él debió haber dicho que me necesitaba.

Quizás.

Pero no lo sabré.

La verdad es que ahora le desconozco, porque sólo hay un vacío en el sitio a mi lado, sitio que él solía ocupar; y mis palabras se secan cada vez que su nombre sale a flote en cualquier tipo de conversación. Eso ha sido todo. Logró mostrarme lo que realmente era llorar, aunque nunca se enteró de ello.

Ya nada está bien, aunque nada está totalmente mal; y yo… estoy destrozándome interiormente. Se me ha ido la esperanza, en pocas palabras. Me siento tan fría y avergonzada, como si estuviera desnuda en la mitad de la nada y todas mis ilusiones se han desvanecido, desaparecieron el momento que me di cuenta que jamás se harían realidad.

Parece un sueño, un simple mal sueño, pero estoy totalmente despierta, y a mi pesar, el cielo continúa estando nublado y gris.

Aunque él viniera ahora, llegaría demasiado tarde.

Supongo que la adivina que vimos una vez en nuestros viajes tenía razón. Debería haberme fijado en lo que estaba a mi alcance y no haber buscado lo que estaba en el horizonte. No debería haber buscado en el cielo de una nueva ciudad a ese hombre que se metería bajo mi piel y me haría feliz con sólo hablarme suavemente, cuando tenía exactamente lo que quería, a mi lado.

En cualquier caso, no sé si me importa tanto ahora. Ya no tengo suerte, nunca la he tenido ciertamente, y no creo que me moleste el no tenerla. Sucede que simplemente, hay tantas cosas fuera de mi alcance, que él se ha convertido en una más. Toda mi inspiración se fue cuando nuestra relación se desvaneció, y ya no importa, porque todo siguió su curso natural, aunque nada está bien.

La lluvia cesa por unos momentos, y abro los ojos.

La gente me pasa por delante, sin darse cuenta de mi existencia, sin reparar en que estoy completamente empapada por haber pasado la última hora de pie en medio de la lluvia y que tiemblo de frío.

¿Es esto en lo que me he vuelto?

¿Una mujer de veinticinco años buscando idiotamente un amor real, cuando el único que se acerco a esos términos, ha desaparecido de su vida, yéndose con una lluvia primaveral hace quién sabe cuantos años?

Supongo que sí. Y tal vez debería darme por vencida, tal vez debería seguir culpando a la lluvia por habernos alejado, debería seguir pensando que gracias a la lluvia él ha dejado de venir aquí…

Pero no puedo. Es agua, y amo el agua, aunque la lluvia amenazó con quitarlo de esta vida, y haciendo tal, amenazó con acabar con mi vida en consecuencia. Pero había sido mi culpa. Por enésima vez, fue mi culpa y nada más que mía.

Suspiro largamente, abrazándome a mi misma y comenzando a caminar en dirección a la estación de trenes para volver a casa. Atrás quedará esta ciudad, este nuevo-antiguo amante, este intento de establecerme, este sueño roto.

No importa si haya saboteado todos estos intentos de romance que he tenido con hombres.

Después de todo, cada uno de los hombres con los que estado, incluido mi nuevo ex-novio añadido a la lista, no eran aquel hombre que yo adoraba, no parecían saber nada de mí y no parecía que les importara para que sirva un corazón.

La verdad es que sí…

Supongo que en realidad sí lo extraño.

X


NA: ¡Ta-da!. Realmente, no sé que espero de este fic, ni tampoco sé que me posesionó por hacer uno de esta serie. Me agradó realmente, aunque varias veces quería simplemente borrarlo del computador, porque muchas veces perdía el hilo de la protagonista y sentía forzado cuando comenzaba a escribir nuevamente.

Ahí no termina, porque sigo teniendo el sentimiento de Kasumi muy en las manos, pero tampoco sé muy bien cómo continuaría, si lo hiciera en otro capítulo. Lo que quiero decir es que, si hubiera continuado escribiendo, la historia se hubiera desarrollado aún más, pero por alguna razón, pensé que la tercera línea contando desde el final, era la definitiva; y ahora no sé si continuar o no. Quizás lo haga, por mero entretenimiento propio puesto que me enamoré del hilo de esta historia y de la manera que Satoshi terminó por desarrollarse entre todo; se me hizo infinitamente más atractivo de como lo presentan en el anime.

En fin. Espero hayan disfrutado.

Review this Story
Share


Return to Top