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Nadius
Author of 7 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Drama - Reviews: 39 - Updated: 03-04-07 - Published: 09-04-05 - id:2565703

Hellsing no Uta

Capítulo 14: Sin miedo

–Bueno…depende. No recuerdo mi verdadero nombre (tampoco importa tanto)… pero el Doc me llama… Schödinger

Ann miró fijamente al chico. Delgado, casi esquelético, pero con una sonrisa que helaba la sangre. Al parecer, sus habilidades debían de ser similares o iguales a las de ella, lo cual era tanto una ventaja como un problema. Sin embargo, había algo en él que le resultaba vagamente familiar. Hubiera querido estudiarlo más, pero un sonido captó su atención por completo.

En efecto, atrás de ella los pocos vidrios que aún quedaban en pie crujían al romperse. Apenas se dio vuelta, cuando sintió que una mano sujetaba fuertemente su muñeca y tironeaba de ella.

– ¡Jugemos, fraülein!–dijo el chico, mientras ella instintivamente cubría con su brazo su rostro. Fue consciente de como algunas esquirlas rozaban su piel, ignorando si la lastimaban o no. Después de lo que le pareció una eternidad, se dio cuenta de que la presión había desaparecido, y abrió los ojos.

No pudo creer lo que estaba viendo.

No estaba fuera de la mansión, como había previsto que obviamente sucedería, sino en un ambiente completamente inesperado. Sí, inesperado, pero igualmente familiar.

¿La tienda departamental?– murmuró. Era imposible olvidar ese lugar, después de lo vivido ahí. Por un segundo dejó completamente lo que estaba haciendo ahí, y se quedó observando el tétrico escenario. El patio de comidas estaba tal como lo recordaba: esparcido de cadáveres de humanos inocentes, tanto niños como adultos… y sangre, mucha sangre. La nostalgia se apoderó de ella, y dio innumerables vueltas, prestando atención a cada rincón, sorprendiéndose con detalles que habían formado parte de una etapa no tan lejana. Inconscientemente sus pies la llevaron hacia una puerta que conocía muy bien: la salida de emergencia. Sin embargo, cuando llegó a rozar la manija con los dedos cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo.

Es tarde. Ellos están muertos y no volverán.

–Me estoy aburriendo… ¡quiero jugar!– se escuchó decir a Schödinger a lo lejos. Ann identificó de dónde provenía la voz, y se dispuso a buscarlo, pero cuando quiso hacerlo sintió como algo sujetaba su pie y la hacía caer. Al voltearse, un escalofrío recorrió toda su columna.

Lentamente, los cuerpos de algunos fallecidos se habían puesto de pie. Andar torpe, ojos rojizos y vacíos, gruñidos de ultratumba: ghouls. Mejor dicho, ghouls freaks, porque hasta los niños estaban en ese estado. El que estaba agarrado a su tobillo tenía las manos heladas como hielo, y parecía particularmente reacio a liberar a su presa. Durante los últimos seis años, el recuerdo de esa fatídica noche había sido la más horrenda de todas sus pesadillas, y ahora regresaban como la peor de las realidades. De esta forma, el pasado y el presente se conjugaron en un pánico que paralizó a Ann de pies a cabeza. Contra todo pronóstico, había perdido el aplomo y la seguridad que le eran características y ahora trataba inútilmente de huir, agarrándose de lo primero que tuviera enfrente. Su captor tiró aún más fuerte que antes y ella lloró desesperada, con una mente bloqueada por el miedo y que solo repetía la película de aquella tragedia.


Ann rebosaba de felicidad. Papá Scott le había prometido que la llevaría de compras si se esforzaba en el colegio y ella, decidida a no decepcionarlo, había estudiado con más tenacidad de lo común. En consecuencia, cuando vio sus calificaciones él acordó que irían los tres el próximo día libre. Luego de varias horas, las manos de la niña sostenían dos bolsas llenas de libros de ciencia para niños, egiptología, literatura fantástica, e incluso un tomo enorme lleno de fotos de paisajes nórdicos.

Querido¿no te parece que Ann está creciendo? –dijo en un momento Eugenia, la madre.

¿En serio?–Scott la miró a su hija, a lo que ella respondió con una amplia sonrisa. Contagiado, el hombre aseguró – ¡Si señor¡Ann está más alta¡Serás más alta que papá!

Yo quiero ser más alta que yo– reflexionó la niña, con rostro pensativo.

Los tres se dirigían, entre comentarios y risas, al patio de comidas. Sin embargo, cuando estaban por entrar, algo llamó la atención de los padres.

¿No hueles algo?–preguntó Eugenia.

Es… ¡es humo!–dijo Scott.

¿Un incendio?

No lo sé…

De repente, un grito rasgó el aire. Inmediatamente ellos se dieron vuelta.

Un ghoul había aparecido de la nada, y su mano estaba aferrada al pie de Ann. Ella lloraba del susto, incapaz de ofrecer resistencia al demoníaco ser. Su madre corrió donde se encontraba su hija lo más rápido que pudo, e intentó liberarla, pero era imposible.

¡ATRÁS!–Gritó el padre. Sacó del interior de su traje una pequeña pero práctica pistola, y de un certero balazo a la cabeza eliminó a la criatura. Ann, llorando, se hundió en el abrazo de su madre.

Vamos, Annie, levántate por favor.

La salida de emergencia del patio de comidas está más cerca del auto –murmuró Scott, mordiéndose un labio de los nervios.

¿Y si probamos por el ascensor? –propuso la madre. –Será más rápido.

No creo–respondió el hombre, mirando por el espacio que había entre las escaleras mecánicas –. Mira.

En efecto, había un centenar de ghouls que se acercaban a las escaleras por los pasillos de los pisos inferiores.

¿Y ahora que hacemos?

Hay una salida que tiene una alarma. –Recordó el padre de Ann. –Si la activamos mandará una señal a la central de policía. Con suerte, en diez minutos o menos le avisarán a Integral.

De acuerdo. –Dijo ella, y se volvió a su hija. – Ann, prepárate para correr.

Scott se apresuró a correr a la puerta indicada, y la abrió de una patada. De inmediato empezó a sonar una alarma, tan fuerte que era realmente molesta. Cuando regresó con su mujer e hija, ella le habló nerviosa.

¡Scott, mira!– él miró hacia donde le señalaba Eugenia, y vio algo que le heló la sangre: un ghoul atravesado por una bayoneta.

¡Son ellos…

¿Cómo llegaron aquí?

Pensémoslo después. Vámonos AHORA.

Eugenia tomó la mano de su hija y se dirigió junto a su marido al patio de comidas. A medida que lo cruzaban, Ann lo miró de reojo: desierto. Sin embargo, cuando ya habían llegado a la puerta de emergencia, los ghouls estaban copando el lugar. Scott Boyle no dudó en dispararles, aunque sólo para ganar tiempo. Las balas, si bien eran de plata bendecida, no alcanzaban para la gran cantidad de no-muertos.

Mientras andaban por los corredores a toda velocidad, se encontraron con más enemigos.


Las escenas pasaban rápidas por su mente, haciéndola llorar. ¡Cuánto dolor, cuánto sufrimiento que le causaban esos recuerdos! Las lágrimas caían como una catarata de sus mejillas, mientras su cuerpo lentamente abandonaba la lucha. La heredera del Shinigami estaba casi al borde de la derrota.

Pero entonces…

Algo pasó a su costado con gran velocidad, cortando el aire. Inmediatamente, sintió como la fuerza que tiraba de su pie había desaparecido, y respiró aliviada.

– ¡Lenta!–le reprocharon. Aún en el suelo, levantó la cabeza para ver quién le había hablado. Grande fue su sorpresa cuando vio que frente a ella estaba…

–… ¡Prisma!– cuando se incorporó, la muñeca le dio una bofetada que la dejó nuevamente en el suelo.

–Tonta¿de que te sirven tus doce años de entrenamiento, si te rindes a la primera dificultad¡Sécate esas lágrimas y camina!

–Tienes razón. –Se puso de pie, y le preguntó –Por cierto¿qué haces aquí?

–Te dije que no te dejaría sola¿recuerdas?

Los ghouls cerraban cada vez más el círculo. Ann se ajustó los guantes y desenvainó su espada, lista para pelear. Prisma flotaba, ingrávida y con cara de aburrimiento.

–Son pocos – indicó.

No tomó demasiado tiempo, pero el hecho de que la superasen holgadamente en número fue un favor que le jugó en contra. Cuando desapareció el último no-muerto, necesitó unos segundos más para reponer energías. Antes de seguir su camino, se volteó y le habló a su compañera.

– Gracias. Ey¿no vienes?

–Es tu lucha, no la mía. No tiene gracia si yo peleo¿no? Demuéstrame que el entrenamiento valió la pena.

–Bueno, ya entendí. Nos vemos.

Cuando cruzó el portal que comunicaba el patio de comidas con el resto de la tienda tuvo que parpadear varias veces para estar segura de que no estaba soñando.

Una vez más, había cambiado de sitio. Ahora estaba parada sobre una plataforma, mirando directamente a su oponente, aunque los separaba una gran distancia. Cuando miró por debajo de sus pies, tuvo que contener la respiración: donde debía estar el suelo se encontraba un gran río de lava volcánica. Era tal el calor que desprendía que de sólo mirarlo ella sintió como empezaba a sudar.

–Tardaste bastante, fraülein. –dijo Schödinger, quien estaba cómodamente apoyado en la pared del otro lado.

Mientras lo miraba con el ceño fruncido, se percató de que había un par de trapecios, cada uno en los extremos del nuevo escenario y al alcance de ellos dos; mientras que en el centro se hallaba una gran estructura cónica que sostenía y mantenía tensada una larga cuerda.

–Juguemos ahí–dijo él, señalando el dispositivo. Ann lo miró más detenidamente, le parecía algo familiar.

–Primero elongaré. –Advirtió ella. El niño-gato soltó una risotada antes de contestarle.

– ¡Elonga todo lo que quieras! Tengo todo el tiempo del mundo para divertirme. ¡El Mayor hará que esta noche sea eterna!

Luego de preparar sus músculos, Ann se quitó el blazer y dejó en el suelo su espada. A continuación, sacó una banda elástica y se recogió el pelo. Pero cuando miró para abajo…

– ¿Buscabas esto?–le preguntó él, mientras sonreía desagradablemente, jugueteando con su espada.

– ¡Suéltala!– le gritó su dueña, mas la criatura le hizo caso omiso.

–Bonito ejemplar –murmuró examinándola. Cuidadosamente pasó un dedo por el filo de la hoja, y grande fue su sorpresa al ver la herida que le había hecho. –Es perfecta.

– ¡Quítale tus sucias manos de encima!–la chica no podía controlarse; el ver como estaba manipulando algo que era tan preciado para ella era un sufrimiento insoportable.

–No lo haré…–respondió canturreando Schödinger, saboreando cada palabra que pronunciaba. – ¿Creíste que te la haría tan fácil? –Rió muy fuerte. – ¡CLARO QUE NO!

–Tú…–se dijo ella para sus adentros. Se calzó la vaina de su arma al hombro, agarró el trapecio y, con un fuerte impulso, comenzó a balancearse.

Tal como lo había supuesto, el calor no le estaba ayudando demasiado. El aire abrasador estaba donde ella, y las altas temperaturas hacían que sus manos sudaran más de lo normal. Tenía que alcanzar el punto justo para soltar la barra y desplazándose en el aire, llegar a la estructura cónica del medio. Con cada segundo su balanceo la llevaba más alto, más cerca de un giro de 360 grados. Y entonces, cuando estaba a punto de dar una vuelta completa…

¡Ahora!

Sus manos se separaron de la barra del trapecio y su cuerpo empezó a elevarse por los aires, describiendo círculos, disminuyendo progresivamente su velocidad a medida que llegaba más alto. Cuando llegó a la altura máxima, extendió sus brazos y comenzó a descender lentamente, ligera como una pluma, hasta que aterrizó en otra plataforma del dispositivo. En el otro extremo, su oponente estaba haciendo exactamente lo mismo que había hecho ella para llegar allí. Mientras tanto, observó más detenidamente la estructura sobre la que estaba ahora.

Aquello era lo más surrealista que jamás había podido imaginar. Además de la cuerda principal, otros dos juegos superpuestos en forma de cruz estaban dispuestos en la parte más baja, en una especie de red poco eficiente.

Cuando volvió a mirar su oponente ya estaba allí, espada en mano.

–Por fin jugaré con alguien…–Los ojos del integrante de Milenio brillaron extasiados.

–…tan fuerte como yo. –Los labios de Ann se curvaron en una sonrisa.


Ya dentro del zeppelín principal, Ceres e Integral caminaban por sus pasillos. En su recorrido se habían encontrado con muchos soldados, los cuales inevitablemente habían muerto a manos de ellas. Luego de eliminar al trigésimo pelotón que se les cruzaba, Victoria suspiró.

–Este lugar es enorme…–murmuró, cansada. Al parecer, sin bien la sangre de Bernadotte había sido de gran ayuda, su energía era limitada.

–Tenemos que encontrar el puente de mando cuanto antes. –Dijo Integral, acomodando una vez más las cintas que sostenían sus variadas armas.

– ¿Nos perdimos?–preguntó ella, más para sí misma que para quien estaba a su lado. La mujer esta a punto de responder, cuando alguien efectuó un disparo.

La primera bala las rozó ligeramente, para luego dejar paso a unas cuantas más. Inmediatamente Ceres extendió la oscuridad que rodeaba a su brazo, formando un domo que las protegía a ambas. Y de repente, la balacera terminó sin previo aviso.

– ¿Que fue eso?– Victoria miraba para todos lados. Para su sorpresa, no sólo los vampiros habían sido eliminados, también sus cuerpos.

–Nunca bajen la guardia –les dijo alguien. Integral automáticamente sacó una pistola. – ¿Me dispararás, Integral? –preguntó la voz.

–Lo haré si no te veo. –Le amenazó.

La joven vampiro emitió una ligera exclamación. Frente a ellas había aparecido una hermosa muñeca de estilo inglés, pelirroja, que usaba un vestido rosa y blanco.

– ¿Qué ya no me recuerdas?

El parecido de la muñeca con su dueña era asombroso, y aún así era imposible que esto estuviera sucediendo. No había ninguna duda: la profecía se estaba cumpliendo.


Ah! Por fin he regresado! Sé que lo estaban pidiendo, y desde ya les agradezco por seguir leyendo... (Nadius se acomoda sobre la silla imitando a L/Ryuuzaki) Al paso que va el manga, mi plan todavía puede vivir.

Gente, ya me quedan sólo 3 semanas de vacaciones. Mi intención por ahora es publicar los dos últimos capítulos en ese tiempo, siempre y cuando no tenga imprevistos (como pasó con este cap, que se retrasó porq papá necesitó la pc para terminar un trabajo). Así que no se preocupen tanto. Lo único malo es q tendré que sacrificar la lectura de Death Note y postergar la de SaiKano. En fin, todo sea por terminar esta historia.

Y recuerden, toda sugerencia es bienvenida. Sólo dejen un review.

Hasta el próximo capítulo!



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