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¡Nuevo capítulo! Veréis que es un poco más corto que el anterior porque a última hora decidí partirlo en dos y dejar la excursión de Draco, Hermione y familia a las discotecas para el próximo capítulo XD. Espero que este no os decepcione...;)
-Bueno, vamos a ver¿quién quiere pechuga?.-preguntó el señor Granger, intentando hacerse oír por encima del ronroneo del cuchillo eléctrico con el que estaba trinchando el pavo y la algarabía reinante en la mesa.- Draken, tú primero, que eres nuestro invitado este año. ¿Pechuga o muslo?
Draco arqueó una ceja, indeciso.
-Pues…supongo que me es indiferente.
El primo Dick soltó una carcajada y le palmoteó la espalda por decimoquinta vez en lo que llevaban de noche.
-Tú como yo, tío. No le haces ascos a un buen culo pero tampoco a un buen par de…
-¡Dick!.-le regañó la madre de Hermione, lanzándole una mirada de circunstancias.
Draco se mordió el labio inferior para no reírse y miró al señor Granger.
-Creo que muslo, por favor.-respondió.
El señor Granger sonrió y le pasó un plato blanco y verde -la vajilla de las "grandes ocasiones"- con un muslo de pavo humeante rodeado de patatas doradas. Acto seguido, miró interrogante a su hija.
-¿Pechuga como siempre, palomita?.-le preguntó.
Hermione suspiró. ¿Conseguiría algún día que su padre no la llamara así delante de extraños? Por más que Malfoy llevara ya cinco días con ellos, seguía siendo un extraño, y ciertamente no tenía ganas de que a la vuelta de vacaciones todo Hogwarts supiera quien era "la palomita".
-Pechuga como siempre.- respondió, cogiendo el plato que le ofrecía.
-¡Pero si es la parte más sosa del pavo, nena!-le reprochó su prima Gabrielle, que para terror de Draco había conseguido sentarse a su lado, dejando a Hermione en la silla de en frente- Tendrías que probar el muslo; no hay nada como chupar la carne. Draco sí que sabe¿eh?.-se rió, pellizcándole coquetamente el brazo al Slytherin.
A juzgar por el súbito interés con que Draco observaba las patatas de su plato, Hermione supo que prefería no saber nada de nada.
-Tienes que venirte un día a mi casa. Conozco una receta de pavo a la canela que te volvería loco.-continuaba Gabrielle, haciendo caso omiso a la expresión espeluznada del rubio.-La canela es un afrodisíaco¿sabes?.-concluyó con una risita.
Draco se movió en su silla. Por él, la canela del pavo de Gabrielle podría haber sido cianuro. Le lanzó una sombría mirada a Hermione, que intentaba ocultar la risa tras la servilleta de tela.
-Bueno¿está servido todo el mundo?.-preguntó el señor Granger, oteando los platos llenos.- ¿Sí? Pues bueno¡mariquita el último!
-¡George!
-Er, quiero decir…¡Buen provecho y Feliz Navidad!-corrigió, dejando el cuchillo eléctrico y sentándose para atacar su plato.
-¡FELIZ NAVIDAD!.-respondieron todos al unísono, menos Draco, que hizo playback. Con la ninfómana sentada a su lado y el primo Dickie al otro, no se sentía de humor para sobrevivir a aquella cena. Y encima la maldita de Granger parecía estar disfrutando cada minuto de su suplicio sentada cómodamente frente a él, flanqueada por sus dos espantosos primos, que le miraban con suspicacia. Sobre todo el mayor, Albert, el que le había preguntado dónde estaba Hogwarts. Ése era el peor.
Me mira como si se creyera superior, se maravilló Draco, manteniéndole con ferocidad la mirada. En el mundo mágico aquello hubiera sido un hecho inaudito. Todo el mundo conocía a los Malfoy y veneraba su posición. Por desgracia, en el mundo muggle no sabían ni quiénes eran.
De momento, sonrió internamente Draco, y dejó que la sonrisa aflorara a su rostro. Si un día se hacía justicia y se aplastaba a los muggle, se aseguraría de que el primito de Granger fuera de los primeros en saberlo.
Más satisfecho, bajó la vista a su plato. El pavo tenía buena pinta, y aunque le costara admitirlo, estaba hambriento, pero no tenía más que un tenedor al lado. Ni rastro de cuchillo. Alzó la vista y vio que todo el mundo se lo estaba comiendo con las manos.
Ni hablar, se juró para sus adentros. Bastante se le estaba pegando ya de aquella casa. Comer como ellos ya era lo último.
Miró a la señora Granger y ya estaba a punto de pedirle cubiertos cuando Albert se le adelantó.
-¿Tía, te importaría traerme unos cubiertos? Odio comer con las manos, me pongo perdido.
Draco apretó la mandíbula con fastidio. Si ahora los pedía él también, parecería que le estuviera imitando.
Eso nunca.
-¿Puedo yo también?.-se sumó Dickie, el hijo del primo Dick.-Es que a mi tampoco me gusta mancharme las manos.
Su padre lo miró horrorizado.
-Pero hijo, no seas mariquita. Mancharse es de hombres. Tú quieres ser un hombre como papá¿no?.-le preguntó, con la barbilla chorreante de salsa.
Dickie optó por no responder.
-Ahora os los traigo, no hay problema.-sonrió la señora Granger, levantándose.- ¿Draco, tú también quieres cubiertos para el pavo?
Sí, pero eso fue antes de que este" quiero-y- no- puedo" los pidiera, pensó, frustrado.
-No, gracias. Yo no me pongo perdido aunque coma con las manos.-replicó, con una perfecta sonrisa.-Y además, está permitido comer el pavo y el pollo sin cubiertos.
Etiqueta elemental, se dijo para sus adentros, mirando a Albert con satisfacción. Supera eso, trozo de mierda.
Hermione miró de reojo a su primo y vio que este palidecía y aferraba la servilleta como si fuera el cuello de Draco. Aceptó los cubiertos que le ofreció la señora Granger y empezó a comer en silencio.
Que se fastidie, pensó ella. Malfoy era un engreído insoportable, pero su primo Albert no se quedaba atrás. Que ambos se conocieran sería como una terapia de shock, o como un escorpión que se clava su propio aguijón. A Albert al menos le vendría estupendamente.
Oh Dios.
Se sintió palidecer.
¿Me estoy poniendo de parte de Malfoy?
-Hermione, cariño, no estás comiendo nada.-le dijo su madre.-A este paso el pavo será un fósil ya.
-Voy, voy.-musitó, por toda respuesta. Pinchó con el tenedor un trozo de pavo y masticó lentamente, intrigada por aquel fenómeno misterioso.
Parecía imposible, pero ¡durante un momento había tomado partido por Malfoy¿Acaso llevaba setas alucinógenas el pavo¿Se había intoxicado con el anís de las galletas? Porque definitivamente estaba perdiendo el contacto con la realidad. Antes, en el vestíbulo, cuando se había acercado a él para comparar alturas, juraría haber notado algo…extraño. No sabía decir muy bien de qué se trataba, pero la atmósfera entre ellos era diferente. Casi…normal.
¿Hola¿Me recuerdas¡Soy tu sentido común¿Qué haces pensando estas estupideces? , se reprochó. No te hagas ilusiones. Una tregua es una tregua. Mañana Malfoy volverá a ser el monstruo de siempre. No te confundas.
Y era verdad. Imaginaciones o no, aquella paz tenía fecha de caducidad. Al día siguiente volvería a abrirse el fuego.
Pero aquella noche aún no.
Hermione levantó la vista y miró a Draco. Éste estaba concentrado en su plato, oyendo con indolencia las tonterías que le decían Gabrielle y Dick. Se había desabrochado las mangas de la camisa y se la había arremangado un poco para no mancharse, mientras se llevaba diestramente el muslo a la boca.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Hermione. Observó cómo sus dientes blancos asomaban entre los labios y se clavaban en la carne tierna del pavo, desgarrándola con deleite.
-Exquisito.-oyó que le respondía cortésmente a su madre. Le vio dejar el hueso en el plato y llevarse el pulgar derecho a la boca, para chupar los restos de salsa. Repitió la operación con el pulgar izquierdo, y luego con los índices.
Hermione no sabría decir qué interés tenía aquello, pero algo sí sabía: era incapaz de apartar la mirada de aquellos labios que se fruncían en torno al dedo y lo devolvían limpio e impoluto. Estaba como hipnotizada. En aquel momento, sus ojos grises encontraron los suyos, y aquella mirada intensa, junto con una fugaz visión de su lengua lamiendo brevemente su índice, bastaron para que se pusiera roja.
-Hermione, acábate al menos el trozo pequeño.-le llegó la voz de su madre como desde otra galaxia. O más bien, desde el otro extremo de la mesa.
-¿Te encuentras bien?.-le preguntó su tía Amelia, mirándola con curiosidad.
Hermione se movió en su asiento, incómoda. Sentía la mirada de Malfoy fija en ella.
-Perfectamente. Es que no tengo hambre.- dijo. Las mejillas le ardían, y la verdad es que se sentía algo mareada de pronto.-Me…me reservo para el postre.-mintió.
-¡Ahh, golosa!.-sonrió Amelia, agitando su pelo planchado.- Dot, tu hija dice que se reserva para el postre. Esta juventud…mi Andrew igual; no come más que porquerías.
-Hermione, tu madre me ha dicho que dentro de unos días esperas además a otro amigo de Rumanía¿no?.-le preguntó su tío Robert.
-Bulgaria.-tosió Hermione, bebiendo agua rápidamente de la copa. No sabía por qué, pero le ponía nerviosa hablar de Krum delante de Malfoy.
-¡Bulgaria¡Qué interesante!.-exclamó Amelia.-¿Cómo os conocisteis?
-Pues él..ehm…vino de intercambio al colegio y…nos hicimos amigos.-respondió Hermione. Miró furtivamente a Draco y se dio cuenta de que la estaba mirando con extraña atención, como si estuviera calibrando cada palabra que decía.
-¿Y como es que viene a verte?.-insistió Amelia, para quien la palabra "cotilla" no significaba nada.
-Porque no conoce Londres.-respondió rápidamente Hermione, felicitándose a sí misma por haber dado con una salida tan poco comprometedora.
-¡Qué bien!.-exclamó su tía.-¿Y dónde se quedará¿Aquí¿Draco, tú le conoces?-preguntó súbitamente, mirando al Slytherin.
-Sí.-respondió éste, con un matiz en la voz que a Hermione no le gustó nada.-Cuando vino de …intercambio, se alojó con nosotros.
-Fantástico¡todos amigos, como debe ser!.-se congratuló Amelia.
-Víktor estuvo mucho tiempo enamorado de Hermione.-explicó entonces la señora Granger, haciendo que su hija quisiera que se la tragara la tierra.-Te escribía cada semana¿verdad?. De esto hace ya años, pero aún la escribe.
-Oh¡el primer amor de juventud¡Sencillamente adorable!.-suspiró la tía Amelia, llevándose una mano al corazón con gesto arrobado- Aún me acuerdo de cuando eras gordita como una bolita y llevabas aquellas gafas rosas. Yo te preguntaba si te gustaba algún niño del colegio y tú me decías: "Son todos tontos". Ay, como pasa el tiempo…
-¿Y cúanto tiempo se quedará?-preguntó Bridget.
Callaos todos, suplicó internamente Hermione, apurando de un tirón la copa de agua como si fuera whisky. Por si no era ya suficientemente malo que su vida personal fuera el centro de atención, allí estaba Malfoy para empeorarlo. Éste se había recostado ligeramente en la silla y permanecía serio, con la mirada incómodamente fija en ella.
-Sólo vendrá un día o dos, y será después de Navidad.-dijo ella finalmente, esperando que eso aplacara la curiosidad familiar.-Y no se quedará aquí, porque ya está Ma…Draco.
-Eso, Hermione, nada de acaparar.-Gabrielle soltó una risita meliflua y sacudió ligeramente a Draco por el brazo.-¡De uno en uno!
Socorro, suplicó Hermione para sus adentros. Sintió que el rubor ya le llegaba a la raíz del pelo, y encima no le quedaba más agua en la copa. Lanzó una mirada de auxilio a su padre, y por una vez en la vida, éste captó la indirecta.
-Bueno¿quién quiere más pavo?-preguntó, poniéndose en pie.
Cuando los platos se levantaron, la cuestión de Víktor pareció caer en el olvido y Hermione pudo volver a preocuparse únicamente por su plato…de momento.
Draco no podía creérselo. No es que fuera muy difícil advertir que aquel animal de Durmstrang no tenía muchas luces. Pocas luces y un gusto vomitivo si se había atrevido a llevar a Granger como pareja al baile de Yule, pero…¿enamorarse de ella?¿Escribirle cartitas de amor durante años?
Y lo que más le desconcertaba era el hecho de que Granger no sólo se las había contestado, sino que además parecía haber tenido algún tipo de relación seria con él. Granger, la pluscuamperfecta, para quien nadie era suficientemente elevado...se escribía cartitas de amor con aquella bestia prehistórica de Krum. Merlín, lo sorprendente es que supiera escribir. ¿Qué demonios le contaría en las cartas?
"He decorado mi cueva con nuevas pinturas?"
"He descubierto cómo hacer fuego con un palo?"
Granger debía estar muy desesperada si había llegado a esos extremos. Sólo de pensarlo le venían arcadas.
Actúa como si nadie fuera suficientemente bueno para ella, pero en realidad está tan desesperada que se va con cualquiera.
Alzó la vista para mirarla y allí estaba ella, escuchando las estupideces que le decía su tía mientras se metía un trozo de pan en la boca. La viva imagen de la inocencia. Qué engañaditos debía tener a Potty y a Weasel con sus rutinas de biblioteca y deberes.
Zorra hipócrita, pensó, malhumorado. No sabía por qué le molestaba tanto aquello, pero lo cierto es que le quemaba la sangre. Tantas veces se había atrevido ella a juzgarle que ahora le daban ganas de echarle en cara que ella se había conformado con alguien con el cerebro de una ameba.
O quizá no es el cerebro lo que le interesaba de Krum. Draco sintió que el estómago se le revolvía.
-¿Qué es ese ceño tan fruncido?-la voz de Gabrielle lo sobresaltó. Antes de que tuviera tiempo de inventarse un pretexto, vio cómo sus labios rojo chillón se acercaban a él para susurrarle- Tranquilo, cariño. Ya sé que esto es aburrido, pero ahora saldremos y te llevaré al mejor sitio de la ciudad. Nos lo pasaremos muy bien.
-¿Ah si?-tragó saliva como un condenado a muerte.
-¡¿He oído la palabra salir?- saltó entonces Dick, clavando sus brillantes ojillos en Draco.
-Mm…es posible.-Gabrielle frunció el ceño con recelo. Era evidente que no tenía ninguna gana de que se añadiera nadie a su fiesta privada con Draco.- Es sólo una idea, de momento.
-¡Pues es una gran idea, prima!-exclamó Dick, dando una palmada de entusiasmo en la mesa.-¡Aquí tenéis al rey de la fiesta! Podemos ir al O'Malley. El camarero me conoce y seguro que bebemos gratis.
Si Dick hubiera sido más perspicaz, habría leído en la expresión de Gabrielle que tenía tantas ganas de ir al O'Malley con él como de depilarse con alquitrán, pero, por desgracia, la perspicacia no era su fuerte.
-Íbamos a ir a un club que yo conozco.-dijo Gabrielle con retintín.
La sonrisa de Dick se ensanchó.
-¡Cojonudo! Hermione, lo has oído? La prima Gabrielle nos lleva de fiestorra. Ya sabía yo que tenía que venir a cenar aquí esta noche.
Hermione contuvo la risa al ver cómo Gabrielle tensaba la boca, irritada. Si las miradas matasen, Dick ya estaría muerto.
-No es un pub grasiento, Dick. Es un sitio fino. No te gustaría.- intentó disuadirle la rubia, en tono impertinente, y Draco no pudo evitar preguntarse qué podía entender por "fino" alguien que se ponía un top dorado.
-¿Por?-Dick la miró, desconcertado.-¿No hay tías?-su mirada se ensombreció-No serán lesbis¿no?
-¡Dick!.-exclamó la señora Granger.-¡Que hay niños delante!
-¿Qué es "lesbi" mamá?.-le preguntó candorosamente el pequeño Andrew a Amelia.
-Unas mujeres malas que no te dejan jugar.-le explicó Dick.-Aunque a veces mirar es divertido.
-DICK!.-repitió Amelia, tapándole los oídos a su hijo-¡Por Dios¡No te da vergüenza hablar así delante de tu propio hijo?
-Ya estoy acostumbrado.-replicó Dickie, encogiéndose de hombros.
Amelia sacudió la cabeza con disgusto.
-Tantos padres que no se merecen a sus hijos…Un día llamaré a los servicios sociales para que te quiten a Dickie, Dick.-amenazó-¡Lo digo en serio!
-No intervienen a menos que me pegue, que muera, o que no me alimente.-intervino el niño, clavando aquella mirada franca en Amelia.
Se hizo silencio en la mesa.
-¿Y eso como lo sabes, cariño?-le preguntó la señora Granger tras aquel segundo de estupor general, pero se lo pensó mejor.-No, mejor no respondas. Cielos, qué conversación más desconcertante.
-Pasemos a los regalos.-sugirió Bridget.
-¡Bien!.-exclamó el primo Andrew con expresión repelente.-¡Ya era hora! Estoy deseando abrir los míos.
Todos se pusieron en pie con un ruidoso arrastrar de sillas y se dirigieron hacia el árbol, cuya base estaba cubierta por una montaña de regalos de todos los tamaños. Draco, Hermione y Dickie fueron los últimos en ponerse en pie. El señor Granger corrió hacia el tocadiscos y puso los villancicos de Frank Sinatra mientras el resto se abalanzaba sobre los regalos, revolviendo en busca de los que llevaran sus nombres.
Have yourself a merry little Christmas…
-STOP!-gritó la madre de Hermione, para hacerse oír. Todos se detuvieron y la miraron, expectantes.- Vamos a ir en orden. Los daremos de uno en uno, vale? No quiero que vuelva a suceder lo del año pasado-advirtió.
-¿Por¿Qué pasó el año pasado?.-inquirió Dick.
-Que los regalos se abrieron sin ton ni son y a mí me tocó un estupendo sujetador-respondió Robert con una carcajada.- Y a Gabrielle le tocó una maquinilla de afeitar.
-¡Já!-exclamó Dick-Pues aún le sería útil!-y se echó a reír.
Draco tuvo que morderse el labio para no reírse al ver la mirada homicida que le disparó Gabrielle a Dick.
-¡Bueno, a ver!-la señora Granger cogió al azar un paquete dorado y leyó el nombre en la etiqueta- ¡Draco!
Todos rompieron a aplaudir y a vitorear:
-QUE LO ABRA, QUE LO ABRA!
Draco carraspeó, abrumado por aquel nivel de expectación. No es que no le gustara ser el centro de atención -vivía para ello, de hecho- pero le chocaba que la familia Hermione considerara tan emocionante ver cómo alguien abría sus regalos. Al menos, Draco siempre había creído que lo divertido es abrir los tuyos, no ver a los demás abrir los suyos.
Incomprensible, se dijo.
-Toma, cariño. Feliz Navidad- le sonrió la señora Granger, dándole el paquete-Espero que te guste.
-Gra…gracias.- respondió, algo cohibido.
-¡ÁBRELO COMO ABRIRÍAS OTRAS COSAS, DRAKI!-lo animó Dick.
-¡Shh¡Dejad que lo abra tranquilo!
Draco rasgó nerviosamente el papel con dedos ágiles, para dejar al descubierto un libro considerablemnete grueso. A su alrededor, las cabezas se habían arracimado en un círculo crepitante de expectación.
-¡Oooh¡El señor de los anillos!-exclamó alborozado el tío Robert, al leer el título-¿Lo has leído?
Draco negó con la cabeza.
-Te encantará.-le aseguró efusivamente Robert- Yo lo leí con quince años y desde entonces lo he releído como mil veces. Es fantástico. Te hace descubrir el mundo de la magia.
-¿De veras?.-respondió Draco, con un punto de sorna que sólo captó Hermione.
-"Jinetes de Rohan, os ata un juramento. Dadle ahora cumplimiento"-recitó Robert por toda respuesta, con la vista perdida en el techo como si fuera un mártir en pleno éxtasis-Me pone la piel de gallina.
-Luego habláis del libro, Robert. -le interrumpió la señora Granger- ¡Draco tiene que abrir antes el regalo de Hermione!-dijo, blandiendo en el aire un pequeño paquete azul.
Otro Ooooohh general recorrió la habitación.
-¡Vaya, vaya!-exclamó Millicent, guiñándole un ojo a Hermione.-¿No le habrás comprado unos calzoncillos sexies, no?
-¡Un libro de poesía, para que se lo recite des del balcón!
Hermione se echó a reír …antes de quedarse completamente helada.
¿Regalo?
¿Qué regalo?
¡Pero si no le había comprado nada!
Apartó de un empujón a su primo Albert para ver el paquete que tenía Draco en las manos…y palideció.
OH, NO.
NO.
¡EL REGALO DE VIKTOR!
Cuando aquella tarde le había dicho a su madre que los regalos estaban en su armario, no se le había ocurrido que la señora Granger asumiría que el paquete azul sin nombre era para Draco y no para Viktor.
Mierda¿cómo había podido cometer ese error?
Espera a que Draco vea lo que hay dentro…gimió para sus adentros, mirando cómo los dedos de Draco comenzar a hacer trizas el envoltorio del regalo. El mundo entero parecía haber relentizado su ritmo de golpe y todo sucedía demasiado despacio: los trozos de papel cayendo en círculos hacia el suelo, la caja abriéndose lentamente, las cejas de Draco arqueándose al ver el contenido…
Y su silencio de estupor.
Hermione cerró los ojos con fuerza durante una milésima de segundo.
Se oyó a Draco carraspear.
-¿Pero qué es¿qué es?- estalló finalmente todo el mundo, intrigado por el silencio de Draco. La tía Amelia, incapaz de resistir más la tensión, se abalanzó para mirar sobre el hombro de Draco.
-¡Una bufanda! –proclamó, triunfal.- ¡Roja y dorada, qué bonita, Hermione¡Es muy Navideña!
-Muchísimas gracias, Hermione- dijo entonces Draco, con una sonrisa chirriante.-¿Cómo has adivinado que una bufanda de Gryffindor era justamente lo que quería?
Hermione sintió que se ponía roja.
-Bbueno, yo…
-¡Pero póntela, Draco!- exclamó entonces Amelia, y todos aplaudieron en muestra de su aprobación:
-¡Sí, que se la pruebe!
-¡A ver cómo te queda!
-¡Voy corriendo a por la cámara!-dijo el señor Granger, antes de salir disparado hacia su dormitorio en busca de su Minolta nueva.
Hermione se mordió el labio, nerviosa. La expresión de Draco era tan desesperada, a pesar de la falsa sonrisa, que le despertó lástima. Sorteando a sus dos primos, se acercó a él y lo agarró del brazo para llevarle junto a la puerta del salón.
-Lo siento-le susurró rápidamente.-Mi madre se ha equivocado y…
Draco no la miró.
-Ah¿me ha dado la bufanda en vez de la foto de Dumbledore dedicada?- se limitó a replicar entre dientes, sin perder la sonrisa.
-No. Este no era tu regalo.-intentó explicarle ella, con una nota de desesperación en la voz- Era para Víktor. Mi madre….
La sonrisa se esfumó del rostro de Draco. Clavó sus ojos en los de Hermione.
-¿Para Krum?-preguntó, pero antes de que Hermione tuviera la oportunidad de contestar, llegó el señor Krum con la temida cámara de fotos.
-¡Vamos a inmortalizar este momento!-se situó frente a ellos y le quitó la tapa al visor de la cámara- Un poquito más a la derecha, por favor. Palomita¿por qué no le pones la bufanda?
Hermione intentó protestar, pero al ver el corro de caras sonrientes, no le quedó más remedio que obedecer. Sacó la bufanda de la caja y se acercó a él con timidez. Los ojos de Draco le devolvieron una mirada acerada y fría.
Eso es, ponme la jodida bufanda Gryffindor de Krum para que tu padre pueda grabar este momento para la posteridad, parecían decir sus ojos.
Hermione suspiró para sus adentros mientras se ponía de puntillas para deslizarle la bufanda por el cuello.
-Palomita, cualquier diría que lo llevas al patíbulo- intervino el señor Granger, mirando la escena a través del visor azulado- Sonríe un poco. Drakor, tú también…
Hermione esbozó una sonrisa desganada, y la cámara hizo clic.
Dios, peor ya no puede ser…
-OHHHH!-gritó de pronto Amelia, con tanta fuerza que su impecable pelo planchado se despeinó.
Todo el mundo la miró, sobresaltado.
-¡ESTÁN BAJO EL MUÉRDAGO!- proclamó eufórica, señalando hacia la puerta.
Draco y Hermione se miraron, presas del pánico, y luego miraron hacia arriba. Y efectivamente, allí estaba la inocente ramita de muérdago, pendiendo plácidamente de un lazo rojo sobre ellos.
-¡Bajo el muérdago!- exclamó Millicent- ¡Como en la mejor tradición centroeuropea!
-QUE SE BESEN! QUE SE BESEN!- hostigó la tía Amelia, que comenzó a dar palmas y pronto todos la siguieron…todos menos Gabrielle, claro, que aseguraba que ella había estado antes allí debajo con Draco y "nadie había dicho nada".
Hermione miró a Draco con expresión atrapada. Sintió que los dedos de él se crispaban en torno a su brazo.
-Venga, chicos, un besito por Navidad!.-animó el señor Granger, y para horror de los dos, se volvió hacia su mujer y dijo- Dorothy,¡la cámara, corre!
-¡Me encantan estas cosas!-dijo la tía Amelia, llevándose una mano al pecho.
Draco miró a la Gryffindor.
-¿Y ahora qué?.-siseó, irritado.
-¡UN BESITO POR NAVIDAD!
Hermione inspiró hondo.
-Bésame.-susurró.
Draco la miró como si se hubiera vuelto loca.
-¡¿Qué!
-¡VENGA, NO SEÁIS TÍMIDOS!
-En la mejilla.-puntualizó ella rápidamente.
-¡Ni-hablar!
-¡No tenemos opción, imbécil!-siseó ella.-¡Acabemos con esto ya!
Draco ahogó un gemido. La habitación parecía girar a su alrededor.
-BESO, BESO, BESO, BESO!-clamaban todos.
-¡VAMOS DRACO!
Profundamente contrariado, el Slytherin se inclinó hacia Hermione y plantó un beso- si es que se puede llamar beso a apretar la cara contra la mejilla del otro- tan fugaz que el señor Granger no tuvo ni tiempo de hacer la foto, pero bastó para que Hermione se pusiera roja como una amapola.
Una oleada de protesta recorrió la concurrencia.
-¡Qué soso, Draco!- se quejó Amelia.-¡Un poco más de gracia, por Dios!
-VAYA BESO MÁS MIERDA- gritó Dick.-DEMUESTRA QUE TIENES LO QUE HAY QUE TENER, TÍO!
Draco abrió la boca, atónito. Lo último que le faltaba: que cuestionaran su hombría. A su lado, Hermione se movió, incómoda.
-¿Podríais repetirlo? Y puedes darle un besito en los labios, hijo.-le dijo el señor Granger a Draco, guiñándole un ojo- ¡Debajo del muérdago está permitido!
-¡Lo que pasa es que no se siente motivado con Hermione!-protestó Gabrielle con voz chillona-¡Draco lo que necesita es una mujer que le enseñe¿Verdad que sí?
Un escalofrío de pavor recorrió el espinazo de Draco.
Ni-hablar.
Se volvió hacia Hermione y, sin darle tiempo a reaccionar, cogió su rostro con ambas manos y la besó fuertemente en los labios.
Un profundo silencio de estupor se apoderó de la sala.
Gabrielle palideció.
El carrete que el señor Granger estaba tratando de cambiar se le cayó de las manos y tintineó contra el suelo:
Tic…tic…tic
Hermione no podía creer lo que estaba sucediendo. El corazón se le disparó de la sorpresa, de la vergüenza, y del calor de los labios de Draco, firmemente presionados contra los suyos. La sangre comenzó a bombear hacia sus mejillas, encendiéndolas como amapolas, allí donde las manos de él las cubrían. Las rodillas le temblaron y, temiendo trastabillar, se aferró a su camisa instintivamente.
Sólo duró tres segundos, pero cuando Draco se apartó, a Hermione le pareció que habían transcurrido tres horas. Todos seguían con los ojos clavados en ellos, con idéntica expresión de perplejidad.
Dick fue el primero en reaccionar.
-¡JODER¡SÍ SEÑOR, NADA DE MARICONADAS!- aplaudió, y contra todo pronóstico, nadie le regañó por decir palabrotas. Aún estaban demasiado anonadados.
Hermione clavó la mirada en el suelo. El corazón aún le latía frenéticamente dentro del pecho y sentía su respiración agitada. Pero lo peor era la profunda sensación de extrañeza que se había adueñado de ella. Extrañeza no sólo por lo que había hecho Draco, sino por cómo había reaccionado su propio cuerpo. Por lo débil e insignificante que se había sentido.
Las manos le temblaban ligeramente. Se dio cuenta cuando trató de alisarse el vestido, y se asustó aún más. Sus ojos encontraron los de Draco, que la estaba mirando. Las pupilas, muy dilatadas, le conferían un aire anómalamente salvaje y Hermione, por primera vez, no pudo aguantar su mirada y desvió la vista. Le oía hablar con su madre y responder a las bromas de Dick, pero sentía sus ojos aún en ella, bajando por su cuello y constatando, allí donde los pezones se habían erguido contra la tela, la señal inequívoca, irrefutable, de su recién descubierto poder sobre ella.
Incapaz de seguir allí clavada, Hermione le murmuró una excusa a su tía y salió atropelladamente hacia el baño. Sólo cuando cerró la puerta tras de sí y corrió el cerrojo se sintió a salvo. Apoyó ambas manos en el lavabo y contempló largamente su imagen en el espejo, como si pudiera adivinar las claves de aquel misterio en su propio rostro.
Suspiró.
Lo primero: calmarse, se dijo. Abrió el grifo para echarse agua en la cara, pero entonces recordó que iba pintada y se lo pensó mejor. No quería aparecer con los ojos emborronados.
Respira. Eso es. Tampoco tienes por qué estar así de alterada. Te ha tomado por sorpresa, eso es todo. Tampoco tenías muchas opciones, es algo desagradable, pero ya ha pasado.
Tenía sentido, sí.
Lástima que no se lo creyera.
En lo más profundo de su ser, Hermione sentía que había cruzado una línea, que había sobrepasado un punto de no retorno, pero no sabía de qué, ni por qué, y eso hacía aumentar su desazón. De algún modo, las reglas de juego con Malfoy siempre habían estado muy claras, pero aquel beso las había fulminado. Había reestructurado la partida, y Hermione ya no estaba segura de saber cómo jugar.
Y para una persona como ella, habituada a controlar la situación, esto era especialmente desconcertante.
De pronto, alguien llamó quedamente a la puerta del baño. Hermione se dio cuenta de que hacía más de cinco minutos que estaba allí recluida. Se aclaró la garganta antes de responder.
-¿Si?
-Sé que tenías muchas ganas de contarle al water lo emocionante que ha sido mi beso, Granger, pero tu madre empieza a preguntarse si te has ahorcado ahí dentro con la cadena de la cisterna.-respondió la voz de Draco al otro lado.
Al oírle, Hermione sintió que se sonrojaba furiosamente, muy a su pesar. Abrió un grifo y lo cerró, para fingir que estaba haciendo algo.
-Ya salgo.-replicó, con toda la frialdad que pudo componer.
Cuando abrió la puerta, él estaba apoyado en la pared de en frente, con los brazos cruzados y su mejor sonrisa de suficiencia.
-Oh, pero si estás viva.-constató, con voz meliflua.- ¿Qué ha ocurrido, Granger? No te habrán subido los calores¿verdad?
Durante una milésima de segundo, Hermione sintió pánico. Se limitó a lanzarle una mirada gélida.
-Lo único que me sube contigo es el vómito, Malfoy-le espetó, tan seria que casi se creyó que había logrado recuperar la compostura. Le sonrió con cinismo- Siento decepcionarte.
Draco ladeó la cabeza.
-Vaya. Creía que la gente cuando vomitaba se ponía verde, no roja. ¿Qué es, un arrebato patriótico hacia Gryffindor? No olvides contárselo a McGonagall cuando vuelvas. Esto merece por lo menos 100.000 puntos para Gryffindor-se burló.
Hermione puso los ojos en blanco. Gracias a Dios, las cosas volvían a la normalidad.
-Probablemente, vale más puntos vomitar en rojo y dorado que matarte, Malfoy. Por eso no lo he hecho aún.-le replicó.
Draco abrió mucho los ojos y chasqueó la lengua con reprobación.
-Muy mal, Granger. ¿Qué es esta hostilidad en Navidad?-arqueó las cejas -¿Es porque no ha habido lengua en el beso?-Hermione le miró, atónita- Porque si se trata de eso, se puede arreglar, pero antes tendría que emborracharme.
La Gryffindor soltó un resuello de indignación.
-Si creees que…tú…-farfulló.-¡Olvídalo¡Antes preferiría besar a un dementor!
-O aún peor, a Krum.-terció Draco, en tono desagradable.
Hermione le miró, con la boca abierta.
-¡Eres despreciable!-gritó cuando volvió en sí- ¡Cómo te atreves a hablar así de alguien que te supera en todos los sentidos¡Víktor es cien mil veces mejor de lo que tú serás nunca! Y¿sabes qué¡Me alegro de que él me besara, porque si no lo hubiera hecho, tú habrías sido el primero y eso sí habría sido lo peor!
-¡¿Cien mil veces?-Draco soltó una carcajada histriónica- Krum no sabe ni contar hasta esa cifra, Granger. ¿Qué tal si nos ponemos realistas?
Hermione le sonrió con dulzura.
-Muy bien. Seamos realistas. Si tanto te importa Krum y lo que yo haya tenido con él, será porque a) eres gay, lo cual no me sorprendería nada a juzgar por tu fijación con Harry; o b) estás celoso, lo cual tampoco me sorprendería nada porque debe ser duro ser como tú cuando hay gente tan superior a ti en todos los aspectos.
En la sien de Draco, una vena palpitó.
- Para tu información, a): Si yo fuera gay los hombres estarían de suerte, y b): ¡ Tienes razón, ser analfabeto puede tener sus ventajas¡Estoy celosísimo¡A mi también me habría gustado que me usara un ex mortífago como parte de una conspiración para derrocar Hogwarts!
Hermione puso los ojos en blanco, exasperada.
- c)¡Cállate!
Draco resopló.
-d)¡ Cállate tú!-se detuvo un segundo, como sorprendido, y miró a Hermione triunfal- ¡Hemos llegado a la d¿Qué te apuestas a que Krum no habría pasado de b?
Hermione se cubrió la cara con ambas manos y durante tres segundos no dijo. Cuando las retiró, le echó una mirada cansada.
-Tú necesitas encontrar un hobby, Malfoy. En serio.
Draco abrió la boca para contestar, pero en ese momento, la señora Granger asomó la cabeza por el pasillo y los miró.
-Cariño¿estás bien?-le preguntó a su hija.
Hermione se peinó nerviosamente con los dedos y sonrió.
-Sí, no ha sido nada. Estaba aquí hablando con Draco, para ver qué haremos luego.-respondió, y se felicitó por lo convincente que había sonado.
La señora Granger asintió.
-Es que como nos ha parecido oír gritos…
Draco y Hermione se miraron.
-En absoluto.-salió al paso Draco- Yo sólo le decía a Hermione lo mucho que me entusiasma salir ahora. Nada serio.
La señora Granger arqueó una ceja, pero sonrió. Puede que pensara que Draco estaba loco, pero definitivamente ése no era el momento de plantear el tema.
-Venid, vamos a acabar de abrir los regalos, que si no, a este paso, no os marcharéis nunca.-dijo, y la cabeza desapareció del pasillo.
Hermione miró a Draco.
-¿Lo mucho que te entusiasma salir?-preguntó, con una nota de humor en la voz.
-"Estaba aquí hablando con Draco" tampoco ha sido el alarde de ingenio del siglo, Granger.-respondió el Slytherin en tono socarrón.- ¿Qué otra cosa podíamos estar haciendo?
Sin saber por qué, el beso de antes volvió a su mente. Hermione sintió que se ponía nerviosa.
-Vamos al comedor de una maldita vez.-murmuró.-Nos están esperando.
Draco la siguió, no sin miedo ante lo que la noche les reservaba aún.
¡Los acontecimientos están cambiando las tornas! Nuestra querida Gryffindor está viendo tambalearse el mundo bajo sus pies, y Draco está descubriendo que la cosa quizá no es solo un calentón adolescente. Y Krum llegará a Londres en un par de días! El enredo está servido.
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