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TíTuLo¿Chocolate o vainilla?
AuToRa: Serena Minamino
DiScLaImEr: Los personajes de esta historia no me pertenecen, pertenecen todos al Diós Inoue-Kami-Sama, creador de todas las cosas hermosas de Slam Dunk.
Las compañeras de Hanamichi, Serena y Ran, son personas sacadas de la vida real, a ver si adivinais quienes son ;p
AtEnCiÓn: Este fic es COMPLETAMENTE yaoi, es decir, relaciones de pareja chico/chico. Contiene lemon, sexo explícito. Si no te gusta, eres homofóbico o vas en camino, eres de mente cerrada o simplemente no quieres leerlo NO ENTRES. Si lo haces es bajo tu responsabilidad y no voy a tolerar ninguna queja o insulto hacia el género o hacia mi historia por este motivo.
NoTa: Este fic es un regalo de cumpleaños para mi mejor amiga Ran, me insipiré ha hacerlo en una conversación que tuvimos y es un regalo para ella: Te lo dedico, Chibi! FELICIDADES!
En una habitación oscura, una figura se recortaba a la luz de una lámpara. Se podía ver a esta persona inclinada sobre un escritorio, trabajando en lo que, al parecer, era algo de suma importancia. De repente, tomó el papel en el que había estado concentrando su atención y con un brusco movimiento lo arrugó, lanzándolo hacia la papelera que había a su lado (la cual, por cierto, estaba llena de una veintena de papeles como esos) y encestando sin problemas.
-¡Kuso¡Maldito kitsune! –gritó frustrado, dejando caer su cabeza contra el escritorio.
Con desgana levantó la cabeza y miró al reloj de su mesilla: las 7:30. Si no se apuraba llegaría tarde a clase, pero al muchacho no parecía importarle mucho, la verdad. Se levantó del escritorio, se desperezó y fue a abrir las cortinas, dejando así que la luz de la mañana le iluminara por completo. Se trataba de un muchacho alto, de ojos color avellana y cabello rojo fuego. Tomó la ropa del armario y se dirigió al baño. Una vez allí, se metió en la tina y abrió el grifo, dejando que el agua recorriera su cuerpo. Con pausados movimientos, se enjabonó el cabello, dándose un masaje en las sienes.
-Bueno… los Tensais también podemos estar cansados –pensó para sí el pelirrojo.-Maldito kitsune, no se que le voy a regalar por su cumpleaños… lo peor de todo es que estoy sin un duro, no se que voy a hacer. No tendría que haberme gastado mi paga en esas Air Jordan último modelo. Si es que a veces (solo a veces) puedo llegar a ser un do'aho. Ahora estoy, además de sin ideas, sin dinero. Y todas esas postales hechas a mano me parecen muy cutres.
Entre divagaciones y planes frustrados, el pelirrojo acabó de ducharse, se vistió y, cuando estaba bajando las escaleras de su casa, oyó una voz que le gritaba:
-¡Hanamichi Sakuragi¡Si vuelves a llegar tarde a clase te mato, a si que corre!
-¡Sí, señor Fujikata! –contestó Hanamichi, y echó a correr. –Que pesado que es el señor Fujikata –pensó Sakuragi con cansancio –aunque gracias a él me puedo quedar en Kanagawa, debo estarle agradecido. –El señor Fujikata era su vecino, un hombre de unos cincuenta años que vivía con su mujer y su hijo de diez años, Shûichi. Cuando su padre murió dejándole solo, los tíos de Hanamichi quisieron llevárselo con él a Osaka, pero el señor Fujikata intervino, pidiéndole que dejaran que se quedara, que el se haría cargo del chaval. Y para sorpresa de Hanamichi, accedieron. Realmente le estaba agradecido, nunca quiso marcharse de Kanagawa. Gracias a él, conoció lo que era el basketball, una de sus pasiones: se había convertido en un jugador excelente y ahora, en su segundo año, era el sub-capitán del equipo, y el próximo capitán el año que viene. Pero lo mejor de todo: le conoció a él. La persona que más amaba en el mundo, el chico que le había cambiado la vida (porque sí, era un chico): Rukawa Kaede. Y eso era lo que más gracia tenía de todo¡se había enamorado de Rukawa¡Su rival! Al principio fue muy duro, pero un día que se habían quedado solos en la cancha, se armó de valor y le besó. Al principio Rukawa no respondió, a si que él ser fue apartando, pero al sentirlo fue Rukawa quien le besó esta vez. Después de confesarse el un al otro, Rukawa le tomó allí mismo, en la duela. Desde ese día, en el que se hicieron pareja, habían pasado seis meses y, dentro de dos días, sería el cumpleaños de su koi, el primero que pasarían juntos. Y ahí tenia el problema: no sabía que regalarle. Era tan complicad…
-¡Ouch! –un tremendo golpe lo sacó de sus cavilaciones. El batacazo contra el suelo le provocó un leve dolor en la espalda, recién recuperada de su lesión, pero eso no le importó a Hanamichi: con decisión levantó la cabeza para apalizar al desgraciado que se había atrevido a atropellar al Tensai a la puerta de la preparatoria. –Un momento…- pensó Hanamichi- ¿atropellar?
-Hnn….
-¡Rukawa! Teme kitsune¿cómo te atreves a atropellar a este Tensai? –preguntó poniéndose rápidamente de pie; sin embargo, al levantarse sus manos rozaron "accidentalmente" las de Rukawa, y una fugaz sonrisa pasó por el rostro de ambos.
-Do'aho –murmuró Rukawa, y sin más se marchó hacia su salón.
-¡Teme Kitsuneeeeeee! –gritó Hanamichi, y con aire de enfadado se dirigió él también se dirigió a su aula.
Una vez allí, se sentó en su pupitre y se recostó en él, mirando hacia la ventana y sin hacer ningún caso de las miradas enojadas que el profesor de matemáticas le mandaba de vez en cuando. Entonces, cuando estaba por quedarse dormido, escuchó la conversación que tenían unas compañeras detrás suyo:
-¿Y tu que crees que le gustará más¿El chocolate o la vainilla? –susurró una, "Ran" recordó Hanamichi.
-No se, podríamos preguntárselo. A mi personalmente me gusta más el chocolate –le contestó, también susurrando, su amiga.
-Lo sé, Serena, pero tú eres una choco-adicta; yo prefiero la vainilla –dijo Ran.
-Muy bien, entonces será mejor que se lo preguntemos a él directamente.
En ese punto Hanamichi dejó de oír la conversación. Una idea había llegado hasta su mente, y, en parte, debía agradecérselo a aquellas dos muchachas.
-Nota mental: invitarlas a un helado cuando acabe todo esto. –pensó Hanamichi; y sonrió perversamente al comenzar a idear como sería el regalo de su Kaede: definitivamente, algo que, con dinero, no se podía comprar.
- 2 DÍAS DESPUES-
Había llegado el día. Lo tenía todo preparado, solo le faltaba llegar a casa y esperar. Ya había citado a Kaede previamente allí, pero el no sospechaba que podría ser.
Al acabar las prácticas, se marchó corriendo, dejando muy confundidos a sus compañeros.
-CAMBIO DE ESCENA-
-Menudo día –pensó Kaede, y suspirando se dejó caer en el sofá. Y la verdad es, que para el morocho, este había sido un día de locos: primero el do'aho, con aquella nota tan extraña que le había dejado en la taquilla, citándolo en su casa dos horas después de acabar el entrenamiento, "por cierto, ni me ha felicitado; espero que no se le halla olvidado" pensó Rukawa; segundo, todas aquellas fans locas, que se habían pasado el día persiguiéndole y dándole regalos; y tercero, aquellas dos chicas tan raras que se habían pasado el día mirándole y susurrando, con cara de cómplices. Aunque esas dos chicas eran el menor de sus problemas, las había visto en clase de su Hana y siempre estaban así cuando él y Hana se encontraban juntos; es como si sospecharan de su relación. Eso le inquietaba un poco, pero se las veía buena gente y sabía que no se lo contarían a nadie, si es que sabían algo.
Tras divagar un arto más dirigió sus paso a la cocina a por algo de comer, abrió la nevera y…
-¿Pero qué es esto? –exclamó. ¡La nevera estaba vacía! En ella solo pudo encontrar dos pasteles, uno de vainilla y uno de chocolate y a su lado una nota que decía: "Cómete uno, no los dos. ¿Cuál elegirás, vainilla o chocolate?"
El kitsune se quedó perplejo. No tenía ni idea sobre qué iba todo eso, pero aun así hizo caso de la nota y, tras dudar unos instantes, agarró el de vainilla y se lo comió. Miró el reloj. Con tantas cavilaciones tenía el tiempo justo para arreglarse. Subió al piso de arriba y fue directo al baño, a darse una ducha rápida. Minutos más tarde fue al armario a por su ropa, pero al abrirlo lo encontró igual que la nevera. ¡Vacío! A excepción, claro está de un conjunto de ropa y una nota.
Extendió el traje sobre la cama y se quedó con la boca abierta: estaba formado por un pantalón de cuero y una camisa blanca. Había sido un regalo de Hanamichi cuando hicieron seis meses, pero se lo había puesto pocas veces porque se sentía incómodo con el cuero. Miró la nota y leyó: "Para que aprendas a valorar tus regalos, amor." A estas alturas ya no le quedaban dudas sobre el autor de esos "robos". Con temor volvió al armario, a ver si, como mínimo, le había dejado un bóxer. Pero se equivocó, en el cajón solo había una nota que decía: "Con esos pantalones, te ves divino sin los bóxers".
-Maldito do'aho –gruñó, y comenzó a vestirse. Al poco tiempo salió de casa, con las llaves en la mano puesto que no le entraban en los bolsillos.
Diez minutos después estaba en la puerta de su koi, llamando al timbre varias veces, pero nadie salió a abrir. Suspirando, sacó la llave que tenía él y abrió.
Al entrar, un hermoso aroma a rosas le inundó los sentidos. Miró hacia dentro esperando encontrarse a Hanamichi, pero lo que vio le dejó mudo: en el suelo, formando un camino, había un reguero de pétalos de rosas blancas y, a los lados, miles de velitas iluminaban la escena. Aun impresionado, Kaede entró en casa, se quitó los zapatos y comenzó a andar, sintiendo el tacto de las flores en sus pies descalzos (por supuesto, Hana no le había dejado ni calcetines). Avanzó con lentitud hasta la bifurcación que daba a la sala. Esta estaba igual de preciosa que la entrada, recubierta de pétalos de rosa y de velas. En un mueble, a su lado, encontró otra nota: "¿Y bien¿Qué comiste? Si fue chocolate ven a mí por el camino más corto. Si fue vainilla, por el largo."
Haciendo caso de la nota, atravesó la sala hasta llegar al pasillo que conducía a la cocina. Avanzó por el y se detuvo ante la puerta cerrada, donde, detrás de ella, esperaba encontrar a Hanamichi. Y así fue. Cuando abrió la puerta se lo encontró tumbado en la mesa, vestido con lo que parecía ser un yukata de seda y recubierto de rosas. Con lentitud se levantó, mirándole siempre a los ojos, y avanzó hasta él. Sin mediar una palabra, posó sus labios en los de su koi, saboreándole. Al separarse, dijo:
-Mmm… es verdad, sabes a vainilla.
-Hana… ¿qué es todo esto? –preguntó Kaede, algo ido.
-¿No lo ves? Tu regalo de cumpleaños. Felicidades, Kae-chan –murmuró Hanamichi en su oído, lamiéndolo al tiempo.
-Mmm –gimió Rukawa – yo no veo… ningún regalo –suspiró. Su koi estaba haciéndole muy difícil resistirse, sin saber cómo estaba ya sin camisa.
-Ven…
Hanamichi llevo a Kaede hasta la mesa, cogió algo de la nevera y se sentó encima del mueble. Puso a Kaede entre sus piernas (Rukawa pudo comprobar que, efectivamente, sólo llevaba el yukata) y le entregó el bol que acababa de sacar. Kaede lo miró extrañado. Un momento¡era vainilla! Sorprendido levantó la mirada hacia Hanamichi, y lo que vio le hizo sonrojarse inevitablemente: Hanamichi, con una parsimonia asombrosa, se estaba retirando el yukata, que deslizó de sus hombros dejando su atractivo físico al descubierto.
-Ahora… usa la imaginación –ronroneó el pelirrojo, quitándole los pantalones a su koi y recostándose en la mesa, poniéndole a él encima.
Una sonrisa lasciva pasó por el rostro de Rukawa, quien sin decir nada más metió la manó en el bol de la vainilla y la esparció sobre el cuerpo de su amado. Con deseo fue chupando cada zona, saboreándola y llenándola de besos. Subió hasta el cuello y le mordió, dejándole una marca. Mientras tanto, Hanamichi gemía incontrolablemente. Posó sus labios sobre los suyos, y así comenzó una lucha por el dominio de la boca. Al rato se separaron, y sin perder el tiempo, Ru bajó hasta el ombligo, echándole por encima más vainilla y lamiendo cada parte con la intención de saborear hasta la última gota.
-Por favor, Kaede… -gimió Hanamichi; su miembro, erecto completamente, necesitaba algo de atención.
Rukawa rió con maldad, pero obedeció al instante. Se untó los dedos con vainilla y los pasó alrededor del pene erecto de su koi, dejándolo recubierto. Comenzó dándole pequeños lametones, pero a medida que los gemidos de Hana subían de nivel, acabó metiéndose todo su miembro en la boca, lamiéndolo en toda su extensión hasta que su amante se vino en su boca, mezclando así el sabor dulce de la vainilla con aquel líquido preciado. Seguidamente subió hasta sus labios, besándole y dándole a probar su propio sabor.
Dentro del beso, Hanamichi sonrió. Y, tomando por sorpresa a Kaede se dio la vuelta, cambiando las tornas. Kaede lo miró sorprendido, y más cuando Hanamichi sacó del cajón dos pañuelos de seda. ¿Qué iba a hacerle? –vio con incredulidad como se inclinaba hacia él, poniéndole las manos a la altura de las patas de la mesa y… ¿atándole?
-Ahora empieza el juego –susurró Hanamichi.
Se levantó y se acercó de nuevo a la nevera, cogiendo un nuevo bol. Se acercó de nuevo y se sentó a horcajadas sobre él, haciéndo que sus erecciones se frotasen, endureciéndose más.
-¿Sabes? –susurró, introduciendo una mano en el bol –yo prefiero el chocolate.
Y Kaede vio asombrado como su koi le llenaba el cuerpo de chocolate, y se dedicaba a lamerlo con devoción. El mismo juego en el que antes él había sido el que mandaba, ahora iba del revés. Solo que él llevaba las manos atadas y no se podía mover.
Aquello era una tortura, una deliciosa tortura, una tortura con sabor a vainilla y chocolate.
Jadeó al sentir una humedad en su miembro, y levantó la cabeza para ver como Hanamichi se lo introducía en la boca con desesperación.
Kaede gemía con más pasión, estaba a punto de venirse y, de repente, Hanamichi paró. Subió hasta su boca y le besó para acallar la protesta, y después le susurró:
-Quiero que te vengas conmigo.
Rukawa lo entendió. Hanamichi pensaba tomarle en ese momento.
-Hazlo ya… -gimió Kaede.
Hanamichi llevo dos de sus dedos a la boca de su amado, y él los chupó con adoración: sabían a chocolate.
Entonces Hana los retiró y, poco a poco, fue agrandando con ellos su entrada. Cuando estuvo preparado los sacó, y con cuidado de no dañarle, le penetró.
Las envestidas fueron salvajes y llenas de pasión, pero nunca dolorosas. Finalmente, acabaron por venirse los dos al mismo tiempo, entre declaraciones y promesas de amor.
Hanamichi salió de su pareja y se recostó sobre ella, ambos jadeaban. Al de un rato le quitó las vendas a Kaede, y este bajó los brazos para abrazarlo.
-Y entonces… ¿dónde está mi regalo? –preguntó con picardía el morocho.
-¿Crees poder aguantar más? –susurró Hana, sin sentirse ofendido por el comentario.
-¿Puedes tú?
Sin decir nada más, Hanamichi se levantó, le tomó de la mano y se lo llevó escaleras arriba, hacia su habitación.
Para continuar con la sesión de regalos.
Owari
Y¿Qué les ha parecido? Sean compasivos, es mi primer fic de esta serie ó.o
A mi no me convence, sobre todo la parte del lemon uu
Por favor, dejen sus comentarios 0 No saben como, con unas simples palabras, son capaces de alegrarme el día.
Cualquier cosa que tengan que decir, dudas, quejas, tomatazos, que las compañeras sobraban… lo que sea, dejen un review o mándenme un e-mail, todo es bien recibido!
Chao