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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Saint Seiya » All For You

Scarlet.D
Author of 65 Stories

Rated: M - Spanish - Drama/Romance - Mu & Saga - Reviews: 21 - Updated: 09-21-05 - Published: 09-12-05 - Complete - id:2576957

Al fin nOn mi primer fic con Saga y Mu como pareja. Esto es un regalito especial para la preciosa , será corto, unos tres o cuatro capis creo, espero que te guste n.n se que quieres Mu seme, y aunque al principio no será así, le tocará òvó paciencia XD

Besos a quien lea oxo

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All for you

Capítulo 1; You’re the blood I’m the seed..

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Los lechosos dedos pasaron a través de la redonda mejilla arrastrando consigo la cálida humedad que las bañaba.

Llorar no era algo que le molestara. No le hacía sentir débil, o inferior. Su fortaleza ya había sido más que demostrada durante su entrenamiento, y con la admirable obtención de la armadura de Aries. Pero no recordaba ninguna lección de su Maestro que le hubiera advertido sobre este tipo de dolor, ninguna técnica para olvidar. Y el llanto era en esos momentos su única manera de manejar la pérdida más significativa que había sufrido en toda su vida.

Escuchó al hombre en la cama toser, y giró sus ojos verdes hacia él. El joven convulsionaba por el esfuerzo de sus pulmones, pero en segundos se sosegaba de nuevo y volvía a su ensueño.

Llevaba días inconsciente. Y Mu había tomado voluntariamente el encargo de cuidarlo, de sanar sus heridas y esperar que abriera sus ojos.

Era la última persona en el mundo que tendría motivos para ayudar a Saga de Géminis. El propio lemuriano, muy en el fondo lo sabía así. Y por alguna inexplicable razón, todavía trataba de pensar en sinfín de pretextos que justificaran la presencia de un muy malherido Saga al lado del cadáver de su Maestro, hacía tan solo días atrás.

Visitar al Patriarca, a ese hombre anciano a quien consideraba su propio padre, era hábito inevitable de Mu. Pero lo que encontró aquella tarde sacudió su mundo por completo.

Dejando tales amargos recuerdos para después, se acercó al peliazul que continuaba postrado en la pequeña cama de una modesta cabaña oculta entre el abundante boscaje que rodeaba el Santuario. Sí, además de salvarle la vida, lo estaba protegiendo de la posibilidad de que no sólo el de cabellos lavanda hubiese sido semi testigo del terrible crimen cometido.

Porque por más que deseaba poder negárselo, Mu reconocía mejor que nadie el daño que los ataques de aquellos entrenados bajo el signo de Aries podían causar. Y en el lastimado cuerpo de Saga, yacían las pistas que revelaban un mortal enfrentamiento, en el que evidentemente el joven griego había terminado vencedor. Por muy poca ventaja.

De tan solo imaginarse el predeciblemente mortal castigo que Saga recibiría si alguien descubriera lo sucedido, le atacaban desagradables escalofríos que le obligaban a abrazarse a si mismo y frotar sus brazos ansiosamente.

Suspiró y se sentó al borde de la cama. Dedicó una mirada de pies a cabeza al hombre cuyo torso lucía desnudo, con la excepción de algunos vendajes que cubrían sus heridas más serias. Mu comenzó a ocuparse en la sencilla labor de cambiar la gasa que protegía una pequeña cortada de la frente de Saga, la cual, tal como Mu descubría con satisfacción, había finalmente dejado de sangrar.

Observó el gesto de dolor que continuaba permanentemente congelado en los agudos rasgos del geminiano, quien hacía más marcada esa expresión cuando los delicados dedos de Mu contactaban contra alguno de sus innumerables moretones.

Mu pensó que eso era algo bueno; al menos Saga ya mostraba consciencia de su alrededor, y también podía percibir a su mente avivándose perezosamente. Pronto despertaría.

Terminada su tarea, el joven ojiverde giró su cuerpo para darle la espalda a su convaleciente compañero de armas. Entrelazó las manos sobre su regazo y fijó sus grandes ojos en ellas. Sus párpados se entrecerraron, y con un suspiro profundo su espalda terminó encorvada y sus lágrimas volvieron a surgir.

Mu las dejó caer libremente. Ya había llegado a la conclusión de que ellas eran demasiado poderosas para ser vencidas.

Miró hacia una esquina del único cuarto con el que contaba la cabaña, hacia donde sabía que encontraría parte de la ropa ensangrentada de Saga descansando sobre una silla de madera.

Pensó en su Maestro; en su cuerpo inerte reposando en Star Hill, llevado ahí por él mismo. Y se sintió culpable, e indigno de conmemorar sus enseñanzas.

Se sintió condenado por saber perdonar.

Era alguien que creía en la bondad de las personas. Y sabía que no había sido Saga quien levantó canallescamente el puño contra Shion y acabó con su vida. Sus habilidades extrasensoriales le avisaban de una presencia distinta a la de Saga, dentro de éste mismo. Un mal que cegaba la verdadera naturaleza compasiva del aludido peliazul.

Y Mu lo estaba ayudando porque ahora también apreciaba a esa presencia disipada, sino era que totalmente ausente. Nada podía hacer para recuperar a su maestro, pero al menos tenía la oportunidad de salvar el alma de Saga.

-¡Ah!- visiblemente se sobresaltó y gritó de repente, sorprendiéndose hasta a si mismo con el ahogado sonido.

Dirigió su mirada a su muñeca, y la comprobó herméticamente asida por una pálida mano. Sus ojos entonces siguieron esa mano, el brazo adyacente, la raíz en el hombro, y la desviación de un cuello, hasta encontrar el rostro de Saga, que lo taladraba con sus abiertos y expresivos ojos, mientras fruncía el ceño, como si intentara reconocer al muchacho que tenía al lado.

-¿Aries?-La voz de Saga se escuchaba quebrada, su garganta se sentía reseca. Mu asintió inseguro. Saga soltó su muñeca, ya más calmado, y desvió su mirada. Se apoyó en sus codos para intentar levantarse, y lo logró hasta quedar sentado, aunque encontrando mucho padecimiento en el proceso.

Llevó ambas manos a su frente, sintiendo a su cabeza retumbar estridentemente, y cerró los ojos tratando de explicarse donde estaba, que hacía allí, porque se hallaba tan lastimado, y a qué se debía la presencia del lemuriano.

Se sentía adolorido, confundido, desconfiado, asustado…

-Te encontré inconsciente en la cámara del Patriarca. Adivino que te atacó la misma persona que asesinó a mi Maestro… Supongo que intentaste defenderlo, ¿no?...tuviste suerte de salir vivo…- Mu se apresuró a explicar antes de que Saga tuviera oportunidad de recordar. Al terminar se encogió de hombros y mandó la mirada al suelo.

Sus palabras configuraban una mentira desde cualquier ángulo de vista, pero el joven confiaba en que sus acciones traerían paulatinamente un bien mayor.

-¿Qué dices? ¿El Patriarca…?- Saga jaló con brusquedad el brazo de Mu para hacerle voltear y así mirarlo directamente a los ojos. La consternación era nítidamente legible en el rostro de Géminis.

-Busca su cosmos. No lo encontrarás.- Saga realmente no tenía que hacer tal cosa. Con el mar contenido de lágrimas en los ojos de Mu tenía suficiente confirmación de que éste decía la verdad.

Le soltó y se volvió a cubrir el rostro con las manos.

-Por Atena…!- susurró.

Mu guardó silencio. El mayor entonces también lo hizo.

El primero dejó al segundo ensimismarse por unos momentos; Saga necesitaba aclarar un poco su mente; deseaba desesperadamente lograr discernir entre la confusión de las borrosas escenas en su memoria, el rostro del infame criminal que había resultado más poderoso que él y el mismísimo Patriarca.

¿Habría sido Kanon?...No…el propio Saga lo había encerrado en Sunión cuando su gemelo siquiera se atrevió a hablar de traición.

Gruñó frustrado… se encontraba realmente impresionado e incrédulo por la noticia de la muerte de aquel respetado hombre, y ansiosamente preocupado por el incierto futuro de la Orden.

Mu percibió su alteración, y gentilmente colocó una mano en medio del pecho de Saga, empujándole hacia atrás y consiguiendo que se recostara.

-Todavía no estás bien. Descansa un poco más.- Saga no iba a poner objeción a eso, cuando con cada insignificante movimiento que realizaba, el dolor que despertaba en sus músculos causaba estragos en su abusado sistema nervioso.

Por lo tanto aceptó el consejo del joven a quien entonces dedicó una discreta sonrisa en agradecimiento a sus cuidados, la cual sin embargo, se esfumó velozmente cuando apreció renovadas lágrimas escurriendo de las verdes pozas que eran los ojos de Mu.

-Lo siento mucho.- Saga se condolió, estirando una mano hasta el rostro de Mu y acariciando consoladoramente su blanca mejilla. Como todos, él también era conocedor del inmenso cariño fraternal que Shion profesaba a su alumno preferido, y de la admiración entregada que el caballero de Aries sentía por aquel sabio señor.

Mu sufría, sin duda.

El aludido no pudo evitar ladear el rostro en busca de la regalada caricia, y cerrar los ojos mientras vacilantemente se inclinaba hasta recostarse parcialmente sobre Saga, apoyando la cabeza sobre los pectorales del mayor. Éste resintió inicialmente el peso sobre su apaleado cuerpo, pero se obligó a adecuarse a la ligera incomodidad y lo abrazó con la endeble fuerza que pudo conseguirse, para enseguida comenzar a acariciar tranquilizadoramente los cabellos lavanda que el chico usaba atípicamente sueltos en esa ocasión.

-Él estaba muy orgulloso de ti… siempre presumía de tus logros.-Comentó despacio, reflejando su fatiga, haciéndola más que evidente con el bostezo inmediato que siguió.

Sintió a Mu dar un respingo, y a partir de entonces Saga prefirió callar, suponiendo que sus palabras en vez de reconfortar, lo único que lograban era intensificar el dolor que consumía al muchacho. Éste pronto se permitió sollozar audiblemente entre la dudosa seguridad de los brazos de Saga, quien hizo el esfuerzo de acompañarlo despierto hasta que el joven se quedó dormido, para seguido él mismo cerrar sus ojos, y apaciblemente descansar a su lado.

Continuará…


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