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Disclaimer: no son míos ni los exijo. Lo que podáis reconocer pertenece a J. .
Sé que he tardado muchísimo. En realidad, cuando había terminado el capítulo quince, ya tenía tres páginas escritas del siguiente pero empecé con cosas nuevas y, no es que se me olvidase el fic, sino que pensé que todavía tenía tiempo a escribir.
La cosa es que he estado leyendo los rr que me mandasteis en el chapi anterior y me animó a escribir el siguiente. Espero que la espera os haya merecido la pena, perdón por tardar tanto.
Capítulo 16: El día después.
La mañana que siguió al baile de Halloween fue poco más que extraña en la habitación de las gryffindors de sexto curso. Eran las ocho y media de la mañana y Vittoria Fabrizzi, normalmente la más lenta en despertar, ya estaba frente al espejo peinando largos mechones de pelo que luego rizaba ligeramente con la ayuda de su varita.
.- Buenos días, chicas.-las saludó cuando salió del baño perfectamente arreglada.- ¿No hace un día precioso?
No tenía resaca. No tenía la voz pastosa ni dormida característica de las mañanas siguientes a haber salido. No tenía ese odio a la luz del sol y no parecía querer encerrarse en su cama con los doseles corridos durante todo el día como solía pasar.
Parecía liviana, sonreía, como ida. Sus pasos se arrastraban, atontados. No parecía importarle que ninguna de sus amigas hubiera respondido a su pregunta, ni que en realidad no hiciera un día precioso en absoluto puesto que las nubes amenazaban con romperse justo encima de Hogwarts para inundarlo todo.
.- ¿Estás bien?-preguntó Lily, mientras se calzaba las zapatillas al salir de la cama.
.- De maravilla.-contestó ella con una sonrisa enorme, que le ocupaba toda la cara y con la que enseñaba todos los dientes.
De nuevo la sorpresa fue todo lo que se reflejó en las caras de sus amigas. ¿De maravilla? Este tipo de expresiones no eran las que usualmente Vittoria utilizaría. Si no estuviese demasiado dormida, Lily pensaría que se parecía sospechosamente a una de las amigas de su madre que dicen cosas como "Querida, este té es divino" o cogían la taza con el dedo meñique apuntando hacia arriba.
Poco después, la italiana ya había salido de la habitación sin que ninguna de sus amigas hubieran reaccionado.
.- ¿Qué le pasa a Vittoria?-preguntó Lily en cuanto los pasos de su amiga se habían extinguido en el corredor.
.- Ni idea.-contestó Audrey, bajo un lío de sábanas.
.- Voy a ducharme.-anunció Lily, aparentemente ya dentro del baño.- Duerme un poco más, si quieres, ayer llegaste muy tarde…-dejó caer, para luego cerrar la puerta.
La sonrisa de la morena que se protegía del sol bajo las sábanas creció al oír el comentario de su amiga. Sí, había llegado muy tarde el día anterior y no estaba muy segura de lo que eso iba a significar en su futuro. ¿Y si Remus pensaba que se trataba de un pronto de una noche? Después de todo, ellos se odiaban no hacía demasiado tiempo y si su relación había mejorado fue porque se vieron obligados a estar juntos todo el día. Desde luego, no habían empezado de forma demasiado ortodoxa pero… bueno, las cosas habían cambiado mucho los últimos días.
En ese momento, dar media vuelta en la cama fue lo que mejor le pareció…Ya tendría tiempo de darle más vueltas a la cabeza.
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La falda se balanceaba peligrosamente y hubo un par de cuellos dislocados esa mañana por seguir el contoneo de las piernas de su dueña. Pero ella no se daba cuenta de nada. Caminaba por los pasillos del castillo con una idea fija en la mente y con una nube espesa que nublaba sus acciones, como en un sueño. Recibía saludos de los chicos con los que había bailado la noche anterior pero de su boca sólo salían suspiros. Una y otra y otra vez.
Al fin pareció encontrar su objetivo. Desayunando en la mesa Slytherin. El suspiro que salió de su boca al verle casi podría haberse calificado como un gemido. Zabini se levantó precipitadamente de la mesa y se dirigió hacia ella con la mirada más provocativa de su repertorio, casi saboreando el triunfo.
La invitó a un paseo por las mazmorras. Ella aceptó sin tan siquiera pensarlo un segundo. No había ninguno de sus amigos en Gryffindor a los que les pudiera alertar ese comportamiento. Tan sólo Peter Petigrew, con sus ojos ratoniles, percibió el movimiento de Vittoria. Pero, obviamente, a él le importaba mucho más su bollo relleno de chocolate que lo que le pudiera pasar a esa italiana.
Las mazmorras un domingo por la mañana solían estar poco transitadas. Se conformaban por un montón de intrincados pasillos que daban infinidad de recodos en los que uno podía esconderse.
En el preciso momento en el que se hacían invisibles para cualquiera que estuviera en el Gran Comedor o que caminase por el hall del colegio, Zabini puso una mano en la cintura de ella, atrayéndola hacia sí.
Fue entonces, en ese instante, en el que las defensas de Vittoria se vieron mermadas del todo. Porque, en cuanto vio la mirada profunda de Zabini clavándose en ella, no pudo resistir la tentación.
En dos segundos, sus bocas ya estaban enredadas y inundadas de saliva ajena. Las manos de Vittoria se aferraban al cuello moreno del chico mientras que las de él, apretaban el cuerpo de la chica contra el suyo al tiempo que se deslizaban de la cintura hacia abajo.
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En la habitación de los alumnos de sexto de Gryffindor, sólo una de las camas estaba desocupada. Las otras tres, permanecían desechas y con sus dueños aún durmiendo dentro. La del primero de todos parecía la más ordenada dentro de aquél desorden. El chico que la habitaba abrió los ojos con esfuerzo y estiró sus miembros al tiempo en que soltaba un maullido de satisfacción.
Puso los pies en el suelo, sin importarle el desagradable cambio de temperatura, y cogió su toalla que tenía colgada de uno de los doseles camino del baño. La sonrisa en su cara no se había desvanecido en ningún momento y ni siquiera el agua fría impactando sobre sus hombros pareció molestarle.
Era feliz. Por primera vez en su vida des de hacía mucho tiempo, era feliz. Tenía miedo, sí, miedo de que sólo hubiera sido producto de demasiado ponche y del calor del momento. Temía que, con la luz del día, todo se volviese raro y grotesco. Temía que Audrey descubriese lo que él era. Pero era feliz y eso no podía quitárselo el miedo. Eso no.
Silbando y con buen humor, salió de la ducha y se encontró de frente con Sirius que, con un aspecto bastante menos saludable, acababa de entrar en el baño.
.- ¿A qué se debe tanto jaleo?-inquirió, con una mano en la frente y el ceño fruncido.
.- Perdona, ¿te he despertado?-preguntó él a su vez, sin poder ocultar una sonrisa.
.- No, estoy despierto des de que Peter ha salido pegando un portazo de la habitación. Un día de estos la encantaré para que se quede pegada a su mano y se pille los dedos.-murmuró, rencoroso.
.- Siempre hace lo mismo, Sirius, deberías estar acostumbrado- canturreó el licántropo, a pesar de que Peter también le había despertado a él.
.- Ya.-gruñó el animago como respuesta.- ¿Y tú por qué estás tan contento?-inquirió, enfocando su mal humor contra él.
.- ¿Yo?-preguntó él, escupiendo la pasta de dientes en el lavamanos.- Por nada.-se apresuró a contestar, mientras iba a por su ropa.
.- A mí no me engañas.-insistió Sirius, persiguiéndole.- Ayer te pasó algo…-indagó.-… con alguna chica, ¿quizás?-siguió, sin rendirse.
.- Ya te he dicho que nada, Sirius, no hay nada que contar.-respondió el licántropo, aparentemente tranquilo.
.- ¡Monny!-se quejó, sin dejar de perseguirle por toda la habitación mientras el otro se vestía.- ¿Qué hiciste? Ligaste, ¿no?-preguntó, sin dejar de acosarle, como quién olisquea a una presa.
.- Déjalo, Sirius, no te lo va a contar.-intervino James, asomando su cabeza despeinada de entre sus sábanas cuando el licántropo negó por tercera vez que le hubiese pasado algo.
.- ¡Es que no hay nada que contar!-se quejó el chico una vez más, sin abandonar la sonrisa ni un segundo.
Sin embargo, en cuanto Sirius quiso volver a la carga, la puerta ya se había cerrado suavemente tras su interlocutor.
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Por mucho que Audrey trató de volver a dormirse en cuanto Lily hubo salido de la habitación, la cosa fue imposible. Su cuerpo, demasiado acostumbrado a levantarse tan pronto, no le dejó seguir durmiendo.
Enfadada consigo misma por ser incapaz de descansar cuando quería, Audrey bajó hacia el gran comedor para desayunar un poco. Fue entonces, al ver que Remus hablaba animadamente con Lily, cuando se dio cuenta de que las cosas iban a cambiar mucho.
Para empezar, Remus, la viva imagen de la serenidad, se atragantó con su chocolate caliente en cuanto vio que ella se acercaba. Ella misma fue incapaz de saludar normalmente y cuando Lily enarcó una ceja ante su comportamiento, se sonrojó furiosamente.
Estaba claro que debían hablar sobre eso. Tenían que hablarlo, decidir qué hacer, marcar unas pautas. Ambos lo necesitaban, eran demasiado ordenados como para eso.
No fue hasta que Remus se despidió de las chicas, al acabar con su desayuno, que Lily preguntó sin rodeos qué estaba pasando.
.- Nada, nada, te lo juro, no pasa nada.-negó Audrey, tan categóricamente que no dejaba dudas a que era totalmente falso.
.- Claro.-espetó ella, irónicamente.- Por eso eres incapaz de dar los buenos días de forma natural y te tiemblan tanto las manos que has vertido medio café con leche encima de la mesa, ¿no?
.- Eso no es verdad.-protestó débilmente, al ver los charquitos de color caramelo que cubrían gran parte de la mesa.
.- Venga, Audrey, está clarísimo que algo te pasa con Remus y debe de ser gordo si eres tan mala disimulándolo.-dijo, sin poder aguantar una sonrisilla de astucia.
.- Shhh, no grites tanto Lily.-la reprendió ésta, mirando compulsivamente a su alrededor para comprobar que nadie lo había oído.
.- Así que es eso.-murmuró Lily, triunfante.
.- Cállate.-le espetó ella, incapaz de controlarse y haciendo que su amiga estallara en carcajadas.
.- Por Merlín, Audrey, ¡cuéntamelo ya!-suplicó.
.- Aquí no.-dijo ésta, levantándose al tiempo que James y Sirius entraban por la puerta del gran comedor.- ¿Dónde está Vittoria?-preguntó, mirando hacia la mesa de Slytherins.
.- No lo sé, estará volando.-contestó la pelirroja, siguiendo la mirada de su amiga.- Zabini tampoco está.-constató, viendo que la mayoría de Slytherins estaban desayunando a la vez excepto él.
.- ¿Crees que deberíamos preocuparnos?-murmuró, escrutando todo el gran comedor, en busca de su amiga.
.- No lo sé.-contestó la pelirroja, insegura.- Puede que esté con Aby.-aventuró, al no encontrar a la chica tampoco.
.- Si, puede ser.-aceptó la morena.- Tampoco tenemos porqué ponernos en lo peor, ¿no?-dijo, algo más tranquila.
.- Exacto.-dijo Lily, cogiéndola del brazo.- Venga, damos una vuelta por el lago y me lo cuentas todo, ¿eh?
.- Qué remedio…-murmuró ésta, encogiéndose de hombros.
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Mientras tanto, Vittoria y Zabini seguían besándose salvajemente en un corredor apartado de la muchedumbre. Pronto, éste notó que su deseo iba incrementando y que no podía saciarlo sólo con caricias.
Además, temía que la chica se echara atrás puesto que no confiaba en que la poción que Snape había preparado fuese suficiente cómo para obligarla a dar un paso tan grande. Porque él quería aprovechar esa oportunidad al máximo y quería gozar del cuerpo de la morena hasta el fondo. Lo quería todo y no se conformaría con menos.
Envuelta en una nube de sensaciones, Vittoria no atinaba a comprender lo que estaba a punto de pasar. Sin embargo, alguna alarma dentro de sí misma la avisó de que no estaba preparada para eso. Que necesitaba un poco más de tiempo antes de pasar a ese nivel.
Por eso, en cuanto notó la rigidez del chico contra su muslo, separó sus labios de los de él y pidió que parase. Sin embargo, Zabini estaba demasiado excitado cómo para hacer caso de sus ruegos y lo único que consiguió fue que la chica saliera corriendo.
Cabreado consigo mismo, pateó con fuerza la pared en la que instantes antes había estado apoyada la chica y se dio cuenta de que la había cagado. La poción que Snape le había dado sólo servía para hacer que ella se enamorase de él (o por lo menos creyera estar enamorada) pero no mermaba su capacidad de decidir.
Tenía que convencerla de que todavía podía confiar en él. De que había cometido un error y de que pretendía esperar a que ella estuviera lista.
Una risa despectiva salió de sus labios mientras se encaminaba hacia su sala común, pensando cuál sería la forma más efectiva de lograr que esa italiana acabase en su cama. Ahora que había probado un poquito de ella, no pararía hasta tenerlo todo.
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.- ¿Te has enrollado con él?-gritó Lily, haciendo que una bandada de pájaros saliese volando de la orilla del lago dónde ellas hablaban.
.- Creo que en la torre norte no te han oído…¿te importaría decirlo más alto?-espetó Audrey irónicamente, apretando los dientes.
Por suerte, a esas horas el lago estaba desierto y nadie oyó la noticia. Audrey acababa de contarle a su amiga cómo terminaron la noche ella y Remus pero empezaba a arrepentirse de ello. La mirada sorprendida de Lily junto con sus comentarios la estaban haciendo sentir incómoda.
.- Lo siento.-se disculpó la pelirroja, consciente de que había gritado mucho.- ¿Cómo pasó?-preguntó, haciendo que la incomodidad de Audrey aumentara.
.- No lo sé, Lily, surgió…-contestó ella, mintiendo sólo a medias. Si ya había muerto de vergüenza cuando dio el primer paso con Remus, no quería siquiera imaginar la vergüenza que iba a pasar contándoselo a sus amigas.
.- Yo creía que ibas a decirme que sentías algo por él pero… chica, ¡es que vas de un extremo a otro!-exclamó con una sonrisa contagiosa.
.- Tampoco ha sido tan precipitado…-confesó la morena, sonrojándose levemente.- Creo que me gusta.
.- Y tú le gustas a él.-afirmó Lily, ampliando su sonrisa.- Estáis hechos el uno para el otro, Audrey.-añadió al ver la mirada de desconfianza de su amiga.
.- No lo sé, Lils, ya has visto lo raro que ha sido todo en el desayuno.-murmuró, cabizbaja.
.- Eso es normal.-constató ella.- Es demasiado reciente, tendréis que hablar, supongo.-aventuró, leyendo los pensamientos de su amiga.
.- Supongo.-aceptó ella, encogiéndose de hombros.
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Remus, mientras tanto, trataba de leer un libro sentado en uno de los butacones de la sala común. Su mente, sin embargo, le jugaba malas pasadas haciendo que rememorase el fino tacto de la piel de Audrey y la sensación del satén de su vestido resbalando entre sus dedos. Llevaba más de media hora estancado en la misma línea cuando Sirius se plantó a su lado, poniendo las botas sobre la mesilla y clavando su mirada gris en él.
El licántropo ignoró a su amigo, consciente de que se iba a repetir el interrogatorio que había sufrido nada más levantarse pero Sirius carraspeó, llamando su atención. Cuando el carraspeo del animago se hizo tan insoportable que ya le impedía siquiera vagar por los recuerdos de la noche anterior, cerró el libro de golpe, fijando los ojos en él.
.- Qué.-espetó, ligeramente crispado.
.- Uy, parece que ya no estás tan contento como antes, ¿eh?-canturreó el moreno, con una media sonrisa.
.- ¿Quieres algo, Sirius?-preguntó, volviendo al sereno tono de siempre.
.- Quiero saberlo todo, Remus, to-do.-soltó, sediento de información.
.- No hay nada, Sirius, na-da.-le imitó él, haciendo que Sirius entrecerrase los ojos.
.- Venga ya, Moony, jamás te había visto tan contento por la mañana.- soltó.- ¿Mojaste anoche o qué?-inquirió, haciendo que el licántropo se sonrojase.
.- Te recuerdo que aquí el que se levanta de mal humor eres tú, Sirius.- dijo, ignorando deliberadamente la última pregunta del animago.
.- Hey, chicos, ¿qué hacéis?-preguntó Peter que, con un bollo en la mano, se hundió en el sillón más cercano a ambos.
.- Aquí nuestro amigo Remus que no quiere contarnos con quién se enrolló anoche.-soltó Sirius, con cansancio.
.- ¿En serio?-preguntó éste, excitado.- ¿Ligaste, Remus?
.- No es verdad, Peter, no pasó nada anoche.-negó de nuevo, pacientemente.
.- A ver, Peter, pensemos.-dijo Sirius.- ¿Con qué chicas podría haberse enrollado Remus?-preguntó, con una sonrisa.
.- Ya os he dicho que no hubo nada anoche.-repitió el licántropo, ligeramente incómodo por el rumbo que estaba tomando la conversación.
.- Pensemos, Peter, pensemos…-repitió el animago, viendo que Remus empezaba a estar nervioso.
.- Fue al baile con Cassaday.-soltó él, haciendo que Sirius abriese los ojos con sorpresa.
.- Dime que no fue con ella.-dijo, todavía con los ojos exageradamente abiertos.- dime que no le pusiste las zarpas encima, lobito feroz.-murmuró, señalándole con el dedo.
Por fortuna, James llegó para salvar a Remus de tener que mentirle a Sirius. Porque estaba claro que tendría que mentirle si no quería que se pusiese hecho un basilisco y con ello acabase su amistad. Además, quería hablar antes con Audrey, antes de que Sirius se enterase.
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Cuando por fin Audrey, Lily y Vittoria se encontraron, la segunda estaba tan emocionada con la noticia que Audrey acababa de darle que ambas olvidaron preguntarle a Vittoria dónde había estado.
La italiana recibió la noticia con una sonrisa igual de amplia que la de Lily y felicitó a Audrey, alegando que había escogido un buen chico.
.- Te lo mereces, Audrey.-dijo Vittoria, sonriendo.- Estoy segura de que os irá muy bien.-dijo, emocionada.
.- ¿Y qué pasa con eso de odiar a los hombres?-preguntó Audrey, sorprendida.
.- Bueno, tampoco son tan malos si sabes manejarlos.- contestó ella, encogiéndose de hombros.
.- Bueno, ya te vi anoche bailando con unos cuantos.-intervino Lily.- ¿Te lo pasaste bien, eh?-dijo, sonriendo pícaramente.
.- Eh, que yo sólo bailé, no como otras.-siguió ella, haciendo que Audrey se sonrojase.
Las tres estallaron en carcajadas y Audrey, un poco más recuperada, le preguntó a Lily por su noche.
.- Bueno, Mel es un sol.- comentó, entrando por el retrato de la sala común.- Estuvimos bailando casi toda la noche y me confesó un par de cosillas-dijo, con aire misterioso.
.- ¿Qué te dijo?-le preguntó Vittoria.- ¿Le gustas?
.- No, no, precisamente me dijo algo que deja bastante claro que no le gusto.- dijo ella, con una sonrisa.- Me confesó que llevaba un tiempo enamorado de Nadine, la chica que trajo de pareja Black al baile.-dijo, sonriendo.
.- ¿Nadine Bouffé?-inquirió Audrey.- La francesa que vino de intercambio, ¿no?
.- Exacto. Se ve que coinciden en algunas clases y le gusta mucho.-explicó Lily, al tiempo que tomaban asiento en los sillones más cercanos al fuego.
.- La verdad es que la chica no habla mucho pero tampoco parecía demasiada concentrada en Sirius.-comentó Audrey, rememorando la hora en que estuvieron cenando.
.- ¿Y porqué no le pidió que fuese con él al baile?-preguntó Vittoria.
.- Se ve que se le adelantaron.-dijo Lily, señalando con la cabeza a Sirius que parecía estar maquinando algo junto a James, Peter y Remus.- No se atrevía y cuando al fin iba a pedírselo, Sirius ya lo había hecho.
.- Por cierto, Audrey.-empezó Vittoria, enarcando una ceja.-¿No preferirías ir a sentarte un poquito más cerca?-dijo, señalando discretamente la zona donde Remus estaba.
.- No.-negó ella, sin mirar ni un momento hacia allí.
.- ¿Por qué no?-preguntó Lily, sin entenderlo.
.-Que no, Lily, tú has visto cómo ha sido todo en el desayuno… sería incómodo y forzado.-constató Audrey, azorada.
.- Venga, Audrey, no te estamos diciendo que te sientes en sus rodillas y le des un beso, simplemente que habléis.- argumentó Vittoria.- Así podréis romper el hielo.
.- Además,-añadió Lily, mirándola suspicazmente.- No para de mirarte.
.- Anda ya, Remus no es así.-negó ella, pensando en la discreción y la serenidad del chico.
.- Te aseguro que es verdad Audrey-murmuró Vittoria.- Compruébalo si no te lo crees.
Todavía sin creérselo, Audrey se pasó una mano por el cuello y, disimuladamente, giró la cabeza lo suficientemente cómo para ver que Remus desviaba la mirada rápidamente de ella hacia el libro que tenía abierto sobre las rodillas.
Sonrojada, volvió a girar la cabeza y, cuando al levantar la mirada se encontró con las caras de "te lo dijimos" de sus amigas, tomó la decisión de hablar con el chico antes de que la situación se volviera insostenible.
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Después de comer, Audrey recordó que todavía no le había mandado la foto del vestido a su madre. Al final habían ido a cenar los siete, los merodeadores y ellas, ya que Sirius se había acercado a ellas en la sala común y decidieron ir juntos a comer.
La situación había mejorado notablemente con respecto al desayuno pero ahora tanto Lily como Vittoria sabían lo que había pasado y tampoco eran capaces de comportarse de forma natural.
Audrey estuvo tentada más de una vez a darles alguna que otra patada bajo la mesa puesto que las miradas que se dirigían la una a la otra cuando Remus y Audrey hablaban o se miraban eran lo suficientemente explícitas cómo para que hasta Peter lo entendiera. Tanto él como ella habían aprendido a controlar sus sonrojos y ya podían hablar con naturalidad pero ambos sentían un gusanillo en el estómago que les impidió comer demasiado.
Por eso, cuando Audrey se acordó de que no le había mandado la foto a su madre, vio la oportunidad perfecta para escabullirse de las miradas de Vittoria y Lily y también de la sensación de inestabilidad que sentía cada vez que tenía que hablar con Remus.
Fue primero hacia su habitación para escribirle una pequeña carta de agradecimiento. Todavía no estaba preparada para contarle nada sobre el baile a su madre porque pensó que, estando todo tan reciente, no habría sabido disimularlo ni siquiera por carta.
Así pues, escribió la carta con tranquilidad y se encaminó hacia la lechucería con intención de coger una de las lechuzas del colegio para mandar la carta. Sin saber qué hacer y demasiado concentrada en otras cosas, se quedó mirando al pájaro hasta que le perdió de vista y por eso no oyó que alguien más entraba en la estancia.
.- Audrey.-dijo Remus, haciendo que la chica se girara sobresaltada.
.- Remus.-murmuró ella, casi sin aliento.
.- ¿Cómo… cómo estás?-preguntó, inseguro.
.- Bien, muy bien, gracias.- respondió ella.- ¿Y tú?
.- También bien, gracias.- contestó él, sonriendo forzadamente.
.- Me alegro.-murmuró ella, sin saber qué hacer.
.- Sí.-añadió él, en la misma situación.
Ambos callaron e, incómodos por el silencio que los rodeó de repente, se pusieron a admirar la lechucería. Audrey soltó un bufido.
.- Esto es ridículo.-bufó, contrariada. No pensó que les resultaría tan difícil.
.- Totalmente de acuerdo.-afirmó Remus, riendo levemente y haciendo que Audrey se riera también.
La chica le tendió una mano y él la cogió, con confianza. De repente, se puso serio y, mientras le acariciaba la mano con el pulgar, dijo lo que ambos estaban pensando.
.- ¿Te arrepientes?-preguntó tragando saliva, incómodo.
.- No.-negó ella, con seguridad.- ¿Y tú?-preguntó a su vez.
.- Tampoco.-dijo, sonriendo.
.- Está siendo todo tan raro.-murmuró ella, acariciándole la mejilla con la otra mano.
.- Lo sé.-contestó Remus.- Lily y Vittoria lo saben, ¿verdad?-preguntó, recordando los cruces de miradas a la hora de comer.
.- He tenido que contárselo-murmuró, como disculpándose.
.- No importa…-dijo, negando con la cabeza.- Yo no he tenido tanto valor cómo para decírselo a Sirius.-soltó, riendo.
.- Te entiendo.-dijo ella, poniendo los ojos en blanco.- ¿Qué vamos a hacer?
.- De momento, esto.-murmuró él, tomándola por la barbilla y besándola.
.- Me parece bien.-contestó ella, entre beso y beso.
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FIN
Lo sé, este capítulo ha sido más corto (unas cuatro páginas aproximadamente) pero es que ya no sabía qué más añadir.
Coments, por favor!
AnnaTB