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Lo de humor ya está descartado, pero por lo menos no es tan aburrido ni angsty n.n
Accidentes
Si el Nara hubiera tenido voz en el asunto, de seguro no hubiera querido ser llevado a su casa para ser cuidado allí. El recibimiento que le esperaba no era exactamente una acogida afectuosa y efusiva, como pensaba Tsunade-sama. Definitivamente no era una madre triste, desolada y afligida la que lo recibió en casa.
Ino golpeó la puerta suavemente un par de veces. No tardó ni dos segundos en abrirse y mostrar la delgada figura de la señora Nara. La sonrisa con que los saludó no era más que una fachada, la calma antes de la tormenta.
“Ino-chan, Chouji-kun, gracias por traerlo”
Y entonces, desvió su atención hacia el ser parcialmente consciente que colgaba del hombro del Akimichi.
“Shikamaru!! Cómo es que te llegó a pasar esto?!” Sus manos estaban apoyadas sobre las caderas y la mirada en sus ojos era de fiera preocupación maternal “Apuesto que estabas flojeando y no pusiste atención a donde pisabas! Nunca pones atención a nada!”
Entre reprimendas y gemidos incoherentes del lesionado, la mujer los hizo pasar. Ino subió primero, luego Chouji, con Shikamaru apoyado en su hombro, y Kiba pegado a sus talones. La rubia abrió la puerta de la habitación del chico. Desde el piso inferior una dulce voz se hizo oír con fuerza mientras ellos entraban en el pequeño cuarto.
“Ino-chan! Tengo que ir por las medicinas que recetó Godaime-sama. Te dejo a cargo por un rato!”
Y luego la puerta de la casa fue golpeada. Kiba ya no tuvo que contener las carcajadas explosivas que intentaban escapar de su garganta.
“Tu madre es bipolar”
Ino frunció el cejo y su mirada hizo que la boca del chico-perro se secara inmediatamente.
La sorpresa fue aún más grande cuando descubrió junto a la ventana, al otro lado de la pieza, a nada menos que Inuzuka Kiba. Abrió los ojos y arqueó las cejas, incluso perdiendo un poco el equilibrio. La presencia de Ino y Chouji en su casa era casi normal, las borracheras de sus padres y reuniones ‘familiares’ a gran escala eran comunes¿Pero qué pintaba Kiba ahí? Ni siquiera eran grandes amigos como para que se paseara por su casa...
Antes de que empezara a preguntar, Ino se incorporó habiendo terminado y sonrió hacia ellos.
“Ya puedes dejarlo, Chouji”
Shikamaru arqueó una ceja.
“¿Dejarme? Suena como si fuera un saco de papas... ¿Qué están haciendo aquí de todas formas¿Y porqué me tratan como si estuviera...?”
El Akimichi se inclinó para soltarlo sobre la cama con suma delicadeza, pero al más leve movimiento de su golpeada cabeza los dolores en las sienes regresaron a martillarle el cerebro. Soltó un quejido y cerró los ojos con fuerza, sintiéndose mareado y con náuseas. Sintió como la cama se materializaba bajo su trasero y se dejó reclinar por su amigo, lenta y cuidadosamente, sobre la almohada. La voz de Ino, dolorosa en su cabeza y a la vez reconfortante, lo hizo abrir tímidamente los ojos.
“No sé si sea necesario explicárselo de nuevo. Lo hemos hecho unas cinco veces desde que salimos del hospital”
“Pero va a querer saberlo...”
“Todas las veces va a querer saberlo! Podríamos hacerle un video!”
La rubia miró a Kiba con enfado y él soltó un par de risas tontas antes de disculparse en silencio. Soltó un suspiro de resignación, dejó caer los hombros en señal de cansancio y esbozó una sonrisa clavando su dulce mirada celeste en él mientras se sentaba a los pies de la cama. Shikamaru frunció las cejas molesto -o al menos trató, porque a cada movimiento facial muy brusco le seguía una taladrada infernal en su cráneo- a pesar de estar un poco más conforme de que dejaran de tratarlo como un objeto inanimado y comenzaran a hablarle nuevamente como un ser humano más.
“Mira Shikamaru, tuviste un accidente y te golpeaste la cabeza...” Comenzó recitando una vez más, pronunciando las mismas palabras que había repetido durante todo el día, que ya empezaban perder el sentido “Ahora...”
Se detuvo, Shikamaru ya no seguía su explicación.
Cerró los ojos y todo se volvió negro. Entonces, algo chasqueó en su cerebro y parpadeó rápidamente un par de veces. La rubia y el Akimichi intercambiaron miradas cansadas, ella se levantó de la cama y dio algunos pasos hacia Chouji. Apoyó su cabeza en el hombro del robusto chico, esperando el siguiente lapsus de Shikamaru. Kiba les lanzó una mirada aguzada y arqueó una ceja.
“¿Eh?” El Nara se giró con expresión inocente hacia ellos. “Qué están haciendo en mi habitación?”
La boca de Kiba no pudo contenerse cerrada por mucho tiempo más, a pesar de las miles de amenazas que le había hecho Ino antes de acceder y dejarlo acompañarlos a entregar ‘el paquete’.
“Otra vez?!” Levantó las manos en el aire y las dejó caer pesadamente, mientras dejaba morir el poco autocontrol que le quedaba “Perdiste la memoria! Punto!”
El destello de alarma en los ojos abiertos de par en par de Shikamaru y las preguntas desesperadas e infinitamente molestas que le sucedieron lo hicieron darse cuenta de que había metido la pata. Chouji se agachó junto al consternado Chunnin, que ahora tenía las manos en la cabeza y se cubría las sienes.
Los ojos de Ino saltaron rápidamente del convaleciente al Inuzuka y la mirada cargada lo hizo retroceder un paso con las manos frente a él.
“KIBA!”
“Lo siento, no pude evitarlo...”
Pero la sonrisa afilada que adornaba sus labios no acompañaba sus palabras. La paciencia de Ino comenzaba a acabarse y Kiba no hacía nada por cooperar. Lo tomó de un brazo, sacándolo a la fuerza de la habitación y bajó las escaleras arrastrando al Inuzuka tras ella, ambos quejándose a gritos; Ino profiriendo maldiciones por el comportamiento del chico y la situación en general, y Kiba soltando lastimosos gruñidos al sentir su brazo entumecerse por el frenético agarre de la rubia.
“Tsunade-sama dijo que no había que alterarlo¿Que parte no entendiste de eso?!”
“Agh, ya te dije que...”
“¿Si no vas a ayudar en nada entonces para qué insististe en venir con nosotros!?”
“Oye! Por si no lo recuerdas fui yo el que encontró al idiota casi muerto en el bosque!”
“Ya te dimos las gracias!”
“Y también lo traje de vuelta!”
“Esperas un premio?!”
El moreno gruñó y se soltó con rudeza de la mano de Ino, irritado y a la vez animado por su carácter irascible. Sin quererlo sonrió para sus adentros al encenderse una pequeña chispa en su interior. No muchas veces se encontraba con alguien que se enardeciera tanto en una discusión como él. Y le gustaba.
Llegado el momento de explotar y comenzar a blasfemar contra el mundo no obtenía respuesta alguna del medio que lo rodeaba. Hinata se retorcía tímidamente. Shino lo dejaba hablando sólo. Kurenai-sensei lo ignoraba hasta que se calmara. Sólo Naruto le gritaba de vuelta y contestaba a sus provocaciones. Pero había algo en Ino que hacía aún más atractiva la idea de una pelea.
Rompió el contacto visual y recorrió con sus ojos negros la figura de la rubia de la cabeza a los pies, deteniéndose divertido en las zonas más sinuosas de su cuerpo mientras ella resoplaba y se cruzaba de brazos.
Ino era una chica. Una chica muy linda.
Dejó flotando en la densa atmósfera del recibidor la última pregunta de Ino. La respuesta que le hubiera querido dar seguramente no le hubiera agradado mucho. Pero tenía tantas ganas de decirle que si...
“Podrías darme uno”
...que una fuerza invisible lo había forzado a hablar.
Habiendo dicho lo que en realidad deseaba, y aprovechando los segundos que le estaba tomando a la kunoichi procesar y efectuar una respuesta enfurecida a su atrevimiento, dio un par de pasos cerrando la escasa distancia que separaba a Ino, y su rostro encendido y caliente, de él, y se inclinó lo suficiente para alcanzar la boca entreabierta de la rubia. Ella alcanzó a reaccionar frente al rápido movimiento del Inuzuka, y antes de que pudiera besarla descargó la plenitud de su palma abierta sobre la mejilla tatuada de Kiba, que retiró su rostro inmediatamente con un aullido quejumbroso, la sensación abrasadora y electrizante de un latigazo ardiendo en su pómulo izquierdo.
Sin retroceder un paso, con las cejas furiosamente fruncidas sobre sus ojos chispeantes, la boca apretada en una línea recta y las manos ahora posicionadas a ambos lados de su cadera, Ino pareció enrojecer aun más ante los ojos del chico.
“Cómo...?!”
Pero los golpes en la puerta de calle la hicieron detenerse y girarse con una mirada asesina hacia la entrada, descuartizando con sus ojos al que osaba interrumpirla. Gruñó y devolvió el rostro hacia Kiba, que se había alejado un paso, pero los toques en la puerta se hicieron más fuertes y constantes.
“Ya voy!”
Se movió pisando con fuerza el suelo y agitando tras ella su largo cabello rubio, lanzándole una mirada de advertencia silenciosa al Inuzuka. “No te atrevas a hacerlo otra vez. Esto no que se queda así”
Abrió la puerta mientras Kiba soltaba un suspiro de alivio y retornaba la sonrisa afilada a sus labios, sobándose la mejilla aún adolorida. A pesar de todo, había disfrutado de cada segundo. Podían llamarlo masoquista, pero Ino se veía realmente hermosa cuando estaba enojada.
Se giró al no escuchar ningún saludo y ver que nadie había entrado. La rubia sólo sostenía la manilla de la puerta y se había quedado clavada en el lugar, con los ojos entornados y las mejillas abandonadas del cálido rubor que las había llenado hasta hace pocos segundos. Avanzó hasta la puerta, encontrándose con dos rubias frente a frente.
“Temari-san”
La kunoichi de la Arena plantó el gigantesco abanico en la tierra a sus pies con un golpe sordo, una de sus finas cejas arqueadas y su ácida mirada tornasol escrutando sin vergüenza a la ninja de la Hoja.
“Yamanaka”
Ino parpadeó un par de veces, su rostro contraído. No parecía dispuesta a moverse de donde estaba parada, sus ojos con un brillo desafiante fijos en la figura de la extranjera.
Los negros y escurridizos ojos de Kiba saltando de una a otra, casi preparándose para morir de asfixia bajo la sofocante presión que se sentía en el ambiente, aún sin comprender que era lo que estaba sucediendo, ni porqué las dos parecían a punto de lanzarse a la yugular de la otra, como dos gatas dispuestas a pelear con garras y colmillos.
Finalmente la hermana del Kazekage carraspeó un poco y habló, rompiendo el misterioso hechizo.
“Vengo a ver cómo está Shikamaru”
La Yamanaka se hizo a un lado, no sin antes dudar un par de segundos largos y agónicos, presionando con fuerza sobrehumana la perilla de la puerta, y dejó el camino libre para que Temari entrara. Cerró la puerta tras ella y soltó con los labios apretados:
“Sígueme”
Y Kiba estuvo seguro, nada bueno iba a ocurrir.