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Cap. 1 Helena, Kansas, Mia, Letty, Mónica y al final, Alex.
- Aquí estamos, ¿no?- dijo Sirius mirándolo apoyado en el marco de la puerta.
- Aquí estamos- dijo Harry riendo mientras metía las últimas cosas en su baúl.
- Tienes veinte años y te vas a estudiar solo al extranjero- dijo Sirius con un dejo de orgullo en su voz- ¿Cómo te sientes?
- Con ganas de correr y de saltar por la ventana- dijo Harry nervioso. Sirius le sonrió y le dijo:
- No te preocupes, te irás allí y volverás siendo el mejor auror de todos.
- Si tu lo dices es que tengo posibilidades- dijo Harry devolviéndole la sonrisa. Sirius le dio una palmadita en la espalda y dijo que le esperaba abajo.
Harry cerró el baúl, le echó un hechizo anti-gravedad para que no pesara y miró a su alrededor. Había estado viviendo tres años en aquella habitación y ahora le resultaba muy duro dejarla, pero él no era quién lo llevaba peor. No pudo evitar reír al ver tanto a Sirius como a Arabella con lágrimas en los ojos cuando bajó por las escaleras cargando su gran baúl.
- ¿Pero que pasa?- dijo con una sonrisa- ¿No habíamos hablado ya de esto?
- Cuando tengas hijos y se vayan de casa, veremos quién se ríe- dijo Arabella con la voz entrecortada empezando a llorar definitivamente a lágrima viva. Sirius hundió la cara en sus manos, mientras Harry hacia un gran esfuerzo por permanecer serio.
- Vamos, no seáis así- dijo mientras abrazaba a Arabella- No pasa nada, dentro de diez meses estaré de nuevo aquí y querréis echarme.
Arabella sollozó mientras le decía que no sabía lo que decía. En aquel momento, la chimenea se encendió con un fuego de color azul (señal de que alguien iba a entrar con polvos Flu) y Remus Lupin apareció cubierto de ceniza. Se puso a reír al ver a Sirius y a Bell con los ojos hinchados.
- ¿Tú de que te ríes?- dijo Sirius molesto.
- De vosotros- dijo Remus simplemente- Vamos, dentro de poco más de un cuarto de hora Harry estará camino de Nueva York y no volverá en diez meses, ¿estáis seguros que os vais a pasar todo ese rato llorando?
A Sirius le convenció un poco con aquellas palabras y empezó a secarse las lágrimas, pero Arabella se abrazó más fuerte a Harry, deshecha en lágrimas. Entonces, por la chimenea empezó a llegar más gente: Primero Ron y Hermione, luego los gemelos Weasley en compañía de Alicia Spinett y Kati Bell, los señores Weasley (la señora Weasley lloraba casi tanto como Arabella) Bill, Percy y Charlie con sus respectivas novias y por último Ginny Weasley.
- Bueno, Arabella, suelta ya al pobre Harry- dijo Hermione divertida- Déjale respirar un poco- Arabella lo soltó poco a poco y Harry le secó las lágrimas, cosa que no sirvió de mucho por que al acto se puso a llorar. Sirius le pasó el brazo por el hombro para consolarla, mientras los demás reían, aunque no muy animados.
- Bueno, ¿vamos a la estación?- preguntó Remus para salvar el momento.
- Si, será mejor- dijo Harry. Al acto, todos se desaparecieron de la casa y se aparecieron en la estación donde Harry cogería el MarMágico, un tren muy rápido que cruzaba de lado a lado el océano Atlántico volando sobre él. Justo en aquel momento, se oyó una voz ampliada con magia resonando en la estación que decía Pasajeros del MarMágico 31680, con destino a Nueva York, empiecen a subir al tren, por favor. Gracias y buen viaje .
Harry miró a los demás. Parecía que todos estaban conteniendo las lágrimas:
- Os voy a echar mucho de menos- dijo sonriendo y Sirius se le echó encima. Cuando le soltó, Harry fue hacia Ron y Hermione:
- Sed buenos y portaros mal (Irais, esto va por ti)- les dijo divertido.
- Lo mismo digo- dijo Hermione y luego lo abrazó- no te olvides de escribirnos.
- Eso, no te olvides de nosotros- dijo Ron.
- Eso sería imposible- dijo Harry y ambos se dieron un abrazo.
Cuando al fin se hubo despedido de todo el mundo (costó mucho que Arabella y la señora Weasley lo soltaran), Harry cogió su baúl y fue hacia el tren, intentando también no llorar. Antes de subir se giró, y a todos, absolutamente a todos, les pareció ver a aquel chiquillo tímido, bajito y enclenque que habían conocido hacía unos nueve años por primera vez en el andén 9 y¾. Pero Harry les hizo adiós con la mano y, como en un flash, todos volvieron a ver al chico alto, fuerte y atractivo en que se había convertido. Harry les dedicó una última sonrisa y subió al tren cargando su baúl.
Cuando Harry estaba terminando el séptimo curso en Hogwarts, una alianza de mortífagos atacó el castillo, con Voldemort a la cabeza. Gracias a la ayuda de todos sus compañeros, incluyendo a gente inesperada como Draco Malfoy quien, lamentablemente, pereció en ataque, Harry consiguió vencer a Voldemort y a todo su ejercito, recuperando la paz para el mundo mágico y Harry pudo ir a vivir con su padrino Sirius Black por fin y con la novia de este, Arabella Figg.
Harry y su gran amigo Ron Weasley se apuntaron tras cumplir los dieciocho años en la Academia de aurores, mientras que Hermione prefirió profundizar en el estudio de hechizos y magia antigua. Los tres se destacaron enseguida entre todos los alumnos, así que no fue de extrañar que el director de la academia de aurores, Alastor Moody (Ojo-loco Moody, para que nos entendamos) les ofreciera a Harry y a Ron una beca para terminar el año que les quedaba de carrera en la Academia de Aurores de Nueva York. Harry se entusiasmó con la idea de terminar sus estudios allí, pero a Ron no le hizo mucha gracia dejarse a Hermione diez meses en Inglaterra y dijo que no. Harry entonces no supo que hacer, pensó en decir que no él también, pero tanto Ron, como Hermione, como Sirius, Remus y un montón de gente más le dijeron que no fuera tonto y aunque fuera solo, que aprovechara aquella oportunidad.
Así que Harry se pasó los dos meses siguientes escuchando consejos de todo el mundo. Abundaban los “no te pelees por tonterías, los americanos no son iguales que los ingleses” y los “estudia mucho y no hagas gamberradas. Da un buen ejemplo de lo que somos los ingleses”. Pero lo que más le sorprendió, fue el día que Sirius entró en su habitación y le dijo:
- Harry, estás a punto de cumplir veinte años y bien- parecía incomodo- Ya no eres un niño. Tu... mmm... has tenido ya un par de novias, si te soy sincero, desde el principio supe que no ibais a ir lejos. La última de ellas, la chica aquella, Che...
- Cho- lo corrigió Harry divertido, preguntándose a donde quería llegar Sirius.
- Bueno, lo que sea, era muy guapa, pero no era la chica adecuada para ti- Sirius carraspeó- Lo que quiero decirte, Harry, es que tu vives rodeado de parejas muy jóvenes felices y maravillosas, quiero decir: Están Ron y Hermione, Ginny y Michael, todos los hermanos de Ron y sus novias, por que, digamos, aquí en Inglaterra, no digo que en todas partes, esto de vivir en pareja y formar familia y todo esto, está muy generalizado entre la gente joven. Pero allí, la gente de tu edad es mucho más liberal. La gente allí tarda más en sentar cabeza, en los jóvenes los noviazgos largos no abundan, las relaciones se basan más en... ligues de fin de semana o rolletes de una sola noche. Oye, no te rías- dijo Sirius comenzando a reír también. Y es que Harry, al oír la palabra “rolletes”, había estallado en risas- Vale, déjalo, estoy intentando ser serio- Harry trató de ahogar la risa y permanecer serio- A ver... por donde iba.., si, eso. Bueno, tu eres un chico también muy compulsivo y te dejas llevar fácilmente por tus emociones, así que es fácil que una ve allí te sientas arrastrado por esas, digamos, costumbres amorosas que tiene allí- Sirius paró y lo miró seriamente- Solo quiero que sepas que confío plenamente en ti, y que también confío en que seas responsable, hagas lo que hagas.
- ¿Hablamos de la posibilidad de que yo...
- Si, hablamos de la posibilidad de que tu llegues a tener relaciones... intimas- dijo Sirius asintiendo- Harry, eres un muchacho listo y responsable pero también eres otra cosa: libre. No tienes novia y resultas un muchacho interesante y atractivo a la vista de muchas chicas, ¿crees que no me he dado cuenta de cómo se te comen con los ojos Laura y Natalie?- Harry rió vergonzosamente. Sirius se refería a las hijas del vecino de al lado, de doce y quince años, ambas coladas por sus huesos- así que en América, entre que a ti te encanta dejarte y llevar y a ellos les encanta vivir la vida, puede que te encuentres en más de una situación donde tengas que recurrir al cerebro, más que a tu corazón, ¿entendido?
- Entendido- dijo Harry sonriendo abiertamente. Sirius lo miró contento y añadió por lo bajo:
- Para ser mi primera charla padre e hijo sobre estas cosas, no ha estado mal, ¿verdad?
Harry rió y negó con la cabeza. La charla con Sirius le liberó. Ciertamente, el también había pensado mucho en aquellos temas y ahora que sabía que Sirius consideraba que era responsable y maduro para vivir solo sin mayores consecuencias, se sentía adulto y libre.
Por otra parte, Arabella lo había tratado como si fuera un niño pequeño. Lo ayudó a hacerse la maleta, insistió en que tomara clases de conducir coches muggles, (“Nueva York no es como el pueblo- dijo- Hay mucha más gente y es más arriesgado hacer magia. ¿Y si un día te quedas tirado y te ves en la obligación de alquilar un coche o algo así?”). Le enseñó a cocinar, desde simples y jugosas tortias hasta complicados estofados, se lo llevó varias veces a comprar la comida para saber cuales eran los alimentos más buenos relación calidad precio (¬¬... cosa que ponía enfermo a Sirius) y lo metió tantos botes de pasta de dientes en la bolsa de aseo, que tuvo que comprase otra para poner el champú y todo lo demás.
A medida que la fecha se acercaba, todos iban regalándole guías sobre la historia de Nueva York, la gente de Nueva York e incluso el antiguo profesor de pociones de Harry, Severus Snape, con el que nunca terminó de llevarse del todo bien, le regaló una guía sobre la magia y pociones en Nueva York. Harry pensó que llegaría allí sabiendo más sobre Nueva York que los propios neoyorquinos.
Y tras esos rápidos dos meses, Harry se subió aquel 31 de agosto, un mes después de cumplir los veinte, a aquel tren que lo llevaría a un viaje más interesante y divertido de lo que él esperaba. Empezando, por sus compañeros de piso. Mejor dicho, compañeras.
Cuando Harry bajó del tren, una ola de calor se lo tragó entero, dándole la bienvenida a los Estados Unidos de América. ¡Dios, no estaba acostumbrado a aquello! En la fría y húmeda Inglaterra, lo máximo que hacia el sol era asomarse un par de veces al mes, pero allí hacia una calor asfixiante. Harry se quitó la cazadora y el jersey y se quedó con una camisa de manga corta, dándose cuenta que todo el mundo iba igual vestido. En la estación había muchos brujos, mayores y pequeños, por que se dio cuenta de que aquello también era una especie de callejón Diagon, pero Made in USA.
Le habían dicho que se esperara allí, por que alguien iría a buscarlo y, efectivamente, un hombre de unos sesenta años con aspecto amable lo esperaba con un cartel que decía: Señor Harry Potter . Harry notó que había una especie de aglomeración de gente que había visto el nombre del cartel y esperaban impacientes a que Harry Potter apareciera. Harry se acercó al hombre algo rojo y tratando que los nervios no se le notaran, pero no pudo evitar agachar la cabeza cuando oyó unos gritos de exaltación al acercarse al señor con el cartel.
- ¿Señor Potter?- dijo el señor con una sonrisa.
- Yo mismo- dijo Harry.
- Me alegro de que por fin le tengamos con nosotros, se le nota que es inglés, si señor, tiene el acento bien marcado- dijo el señor divertido pero con respeto en la voz- soy Charlie Matthius, el conserje de la Academia de Aurores.
- Mucho gusto- dijo Harry mientras sentía una agradable sorpresa. Siempre había pensado que todos los conserjes eran una calamidad, sobretodo después de las experiencias vividas con Filch, el conserje de Hogwarts. Pero el señor Matthius parecía muy buena persona. Además, a Harry también le resultaba divertido el acento americano.
- Por favor, llámeme Charlie, todos los alumnos lo hacen- le dijo el señor Charlie- ¿Quiere que lo ayude a cargar el baúl?
- No se preocupe, tiene un hechizo anti-gravedad- dijo Harry.
- Oh, bien pensado- dijo el señor Charlie- Bueno, señor Potter, la directora le espera en su despacho para explicarle todo lo referente a la Academia, aunque creo que no hay mucha diferencia con el sistema educativo inglés.
- ¿Cómo llegaremos allí?- preguntó Harry.
- La academia está situada a las afueras de la ciudad, desde las ventanas se puede ver el mar. Es muy bonito, le gustará. Iremos allí con polvos Flu, por supuesto. Sígame- le indicó Charlie.
Tal como Harry había pensado, aquello era el callejón Diagon a la americana. Había tiendas de quidditch, de libros, de ingredientes para pociones, pero aparte de que era más grande que el callejón Diagon, las tiendas de ropa eran más grandes, abundantes y modernas (“Túnicas vaqueras, la ultima moda, no te las pierdas!”). Abundaban restaurantes de comida rápida (“El perrito mágico: hot dogs y hamburguesas de primera calidad) y no solo había una tienda varitas, sino que Harry vio varias de ellas.
- ¿Cómo se llama este sitio, ¿Dónde está, ¿Cómo lo esconden?- preguntó Harry atropelladamente.
- De una en una joven, de una en una- dijo el señor Charlie divertido- Esto es la Ronda de Central Parck, por que como su nombre indica, la entrada está situada en Central Parck. En una de las partes del parque donde los arboles abundan más, hay una fuente pequeña que nunca funciona, si se salta por encima de ella, se entra aquí, aunque también se puede venir por polvos Flu. ¿Cómo lo esconden? Pues no lo sé, de la misma forma que esconden la Academia o la estación. Seguramente, Mrs. Lorens...
- ¿Quién?- preguntó Harry extrañado.
- La directora de la Academia- le explicó Charlie- Pronto la conocerá. Lo que le decía, seguramente Mrs. Lorens lo acompañará aquí para comprar su material, aquí se puede encontrar de todo. Mire, llegamos.
Harry levantó la vista, habían llegado a lo que parecía un gran almacén lleno de chimeneas, llamado “El viaje del tío Flu”(Harry no pudo evitar reír). Obviamente, aquel sitio era para viajar a cualquier lugar con polvos Flu. El señor Charlie y él llegaron a una de las chimeneas que no estaba siendo utilizada.
- Cuando esté dentro, debe gritar: “Academia de Aurores de Jonathan Lorens”- le dijo Charlie- y aparecerá usted en el despacho de Mrs. Lorens. ¿De acuerdo? Vaya usted primero, entonces.
Harry asintió y cogió un poco de polvos Flu, cogiendo bien su baúl, se metió dentro de las llamas y gritó: “Academia de Aurores de Jonathan Lorens” y al acto sintió esa familiar sensación de alboroto en su estomago, mientras daba vueltas y más vueltas, hasta que por fin, cayó de pie sobre una chimenea muy grande, cubierto de ceniza.
Se agachó para no darse contra la pared y salió de allí, entrando en un gran y precioso despacho, reluciente como una patena, donde una bruja vestida de rojo, tan alta que Harry tenía que mirar arriba, lo esperaba con una sonrisa brillante.
- Señor Potter, bienvenido, oh! que contenta estoy de verle- dijo- Permítame que me presente, soy Nora Lorens, directora de esta institución, ¿cuál ha sido su primera impresión de los Estados unidos?
- Bueno- dijo Harry sonriendo- No he visto mucho, pero hace mucho calor.
A Mrs. Lorens aquello le sonó a cumplido divino.
- Es cierto, hace un calor insoportable- dijo risueña- Pero aquí no se está tan mal y ya verá que una vez termine Septiembre, el frío lo invadirá a usted y a sus huesos como una gota de menta invade todo el caldero si se está haciendo una poción de insomnio- y se quedó tan ancha. Harry se preguntó si haría bien en aplaudir, pero optó por reír educadamente, justo en el momento en que Charlie aparecía por la chimenea.
- Oh, mi querido Charlie- dijo Mrs. Lorens mientras Charlie le besaba la mano- ¿qué tal se ha portado Harry?- dijo guiñándole el ojo a Harry.
- Estupendamente, el señor Moody hizo una buena elección- dijo Charlie inclinándose levemente- ahora, si me disculpa, tengo ciertos trabajos pendientes.
- Por supuesto- dijo Mrs. Lorens.
- Mrs. Lorens- dijo Charlie volviéndose a inclinar- Harry, espero que nos volvamos a ver pronto.
- Lo mismo digo- dijo Harry sonriendo y Charlie se marchó por la gran puerta de madera, dejando a Mrs. Loren y a Harry solos.
- Y bien Harry, (¿puedo llamarte Harry, verdad?)- dijo Mrs. Lorens indicándole que se sentara en una de las sillas que había enfrente de su escritorio- ¿Qué tal te ha ido el viaje?- y se sentó en su gran silla de cuero rojo mirándole fijamente con sus pálidos ojos y sonriendo de oreja a oreja.
- Ha estado bien, da mucha impresión volar sobre el mar- le explicó Harry- Todavía se me ha hecho corto.
- Entiendo- dijo Mrs. Lorens complacida- Verás, Harry, hoy estamos a 31 de Agosto y es sábado. El curso empieza el lunes día 2 de Septiembre. Si me haces el favor, te enseñaré las instalaciones. Puedes dejar aquí el baúl, luego lo recogerás...
Mrs. Lorens se levantó y cogió a Harry del brazo, llevándoselo fuera del despacho. Empezaron a caminar por amplios e iluminados corredores tan relucientes y limpios como el despacho de Mrs. Lorens, con el suelo y las paredes de parqué nuevecito y con las ventanas de vidrio azul claro. Como el curso todavía no había empezado, no había ningún alumno a la vista y Harry pudo apreciar con más gusto la belleza de la academia.
La Academia tenía una planta baja y tres pisos amplios y grandes, aunque desde fuera pareciera más pequeña. En la planta baja estudiaban los de primero, en el primer piso estudiaban los de segundo y en el segundo piso los de tercero. El tercer piso fue el que le gustó más a Harry. Las aulas y eso estaban bien, pero el tercer piso era todo acristalado y por las ventanas se veía una panorámica espectacular de Nueva York, con sus grandes edificios y con el mar al lado y la estatua de la libertad de fondo. Harry miró un buen rato alucinado la imagen.
Y es que aquel piso era la cafetería, había un montón de mesas y sillas de colores anaranjados y dorados y una gran barra (que en aquel momento no tenía ningún camarero detrás), donde los estudiantes iban a merendar o a almorzar, incluso Mrs. Lorens le dijo que si algún día quería quedarse a comer, no importaba, lo que hizo que Harry pensara una cosa:
- ¿Dónde voy a dormir y todo eso?- preguntó.
- Oh, de eso mismo iba hablarte ahora- dijo Mrs. Lorens- es la hora de la comida, ¿te apetece comer algo?- Harry, que no había comido nada desde la hora del desayuno, asintió entusiasmado.
Mrs. Lorens sacó una varita larga y con la punta redondeada y con un gesto un par de vasos y platos vacíos aparecieron sobre una de las mesas al lado de la ventana.
- ¿Qué te apetecería comer?- le preguntó a Harry. Harry vaciló. No sabía cual era el tipo de comida más común allí.
- Quizá un plato de pasta o algo así- dijo.
- Por supuesto- dijo Mrs. Loren- Siéntate, iré a la cocina a hablar con los elfos domésticos para que nos preparen la comida. Por cierto, te digo esto así ya lo sabes: los elfos domésticos pueden prepararte cualquier cosa de comer a la hora que quieras, incluso si algún día tu túnica favorita se te mancha de salsa de tomate y no consigues quitar la mancha, puedes recurrir a ellos. Pero los servicios de los elfos no son gratuitos. Como acabas de llegar, está claro que te invito yo, pero durante el curso tendrá que abonar los servicios a los elfos.
- ¿Los elfos cobran?- dijo Harry levantando las cejas imaginando la cara de ilusión que habría puesto Hermione con aquella noticia.
- No, querido- dijo Mrs. Loren- Los beneficios que se obtienen son para el mantenimiento de la escuela. Bueno, ahora vengo y continuaremos hablando de donde vivirás estos diez meses...- y desapareció refinadamente por una puerta que había detrás de la barra.
Harry se sentó y miró la ciudad que se desplegaba ante él. Era sencillamente impresionante, tenía unas ganas tremendas de conocerla a fondo. Cada rincón, cada monumento. Vio de nuevo de lejos la estatua de la libertad. Sonrió feliz, cuando llegó Mrs. Lorens por detrás anunciando que tendrían su comida en “breves instantes”. Harry sonrió. Mrs. Lorens era todo un ejemplo de lo que se dice “tener clase”.
- Mrs. Lorens, ¿cómo hacen para que los muggles no descubran la Academia?- preguntó interesado.
- Oh, sencillo- dijo Mrs. Loren moviendo con elegancia su larga trenza dorada- Si un muggle ve la escuela, cosa improbable por que está bien esconda entre bosques (por eso es mejor que vengas con polvos flu, irías a parar a la primera planta, si tratas de venir a pie, podrías perderte), en lugar de una Academia de Aurores, vería una planta eléctrica abandonada donde cuelga un cartel que dice. Prohibido pasar, alto voltaje. No se exactamente que significa, pero Charlie dijo que funcionaría y de momento no ha pasado nada- Mrs. Lorens parecía satisfecha.
En aquel momento, un elfo con una toga naranja y un sombrerito dorado, salió por la puerta donde Mrs. Lorens había entrado antes, con una gran jarra de zumo de calabaza cuatro platos: una lasaña que tenía una pinta de muerte para Harry, algo muy raro con pinta de caro para Mrs. Lorens y un par de natillas con galletas. El elfo hizo una reverencia y besó la mano de Mrs. Lorens:
- Gracias, Herbens- dijo ella mientras el elfo se retiraba.
Harry no sabía si los americanos hacían alguna especie de ritual antes de comer, pero como Mrs. Loren empezó a comer tan tranquila, el la imitó. Mrs. Lorens le echó un vistazo a la ciudad y empezó a hablar:
- Harry, esta institución tiene unos dos cientos años de historia, creo que la Academia de Aurores de Londres es mucho más antigua, ¿cierto?- Harry asintió. La Academia tenía más de cinco siglos cumplidos- Mi tatarabuelo fundó esta escuela, mi abuelo relevó su mandato, y luego pasó lo mismo con mi padre, hasta que murió ahora hace unos quince años y yo pasé a ser la directora.
La Academia de Aurores de Jonathan Lorens, es la más prestigiosa e importante de Estados Unidos, así que, aunque la mayoría de alumnos son neoyorquinos, también recibimos alumnos de todo el país. Así que les buscamos pisos donde viven unos cuantos de ellos juntos, pisos en medio de la ciudad muggle. Creo que les resulta muy divertido y ninguno se ha quejado, ¿a usted le parece bien?
- ¡Claro!- dijo Harry- ¿He de pagar algún alquiler?
- ¡Oh, no!- dijo Mrs. Lorens- La Academia se hace cargo de todos los gastos, excepto de la comida. De eso usted podrá hablar con sus nuevos compañeros de piso. Como comprenderá, no podemos arriesgarnos a que los muggles nos descubran, así que no encontrará en el mismo edificio dos pisos llenos de alumnos de esta escuela. Actualmente, tenemos alquilados tres pisos situados en edificios bastante alejados entre ellos. En dos de ellos ya hay nueve personas, así que le he destinado a un piso que con usted serán siete. Son gente muy agradable y el piso es muy grande, está situado en buen lugar, cerca de Central Park y hay suficiente espacio para todos. Lo he visto y entra mucha luz, lo elegí yo personalmente. Me encanta que las casas estén bien iluminadas por la luz del sol.
- Se nota- sonrió Harry mirando los grandes ventanales. Mrs. Loren rió guiñándole el ojo.
- He pensado- dijo reposadamente- Que podrías pedirle a los compañeros que van a vivir contigo que entre esta tarde y mañana te enseñen la ciudad, para que vayas aprendiendo a moverte tu solo. Ya te he dicho, son gente encantadora, creo que aceptarán sin dudar.
Volviendo al tema de la escuela, como te he dicho, las clases comienzan...
Estuvieron hablando todavía hora y media más. Mrs. Lorens le habló de la historia de la escuela, de su escudo (un sol dorado rodeado de chispas naranjas), de cómo serían las clases, los maestros... Al final, Mrs. Lorens lo volvió a llevar a su despacho y llamó a Charlie. Mientras esperaban, Harry preguntó:
- ¿Los alumnos llevamos algún tipo de uniforme o algo así?
- No, aquí cada uno viste como quiere- le explicó Mrs. Lorens- La mayoría de los alumnos van como vas tu ahora, es decir, pantalones y camisa y con la capa o una túnica encima. Luego, hay algunos alumnos que provienen de familias adineradas y van vestidos como príncipes, pero tu ven como quieras. Incluso hay gente que viene vestida de muggle, puedes hacer lo que te apetezca en este sentido. Oh, querido Charlie, ya estás aquí.
El señor Charlie hizo una reverencia y sonrió a Harry.
- Harry, querido- dijo Mrs. Lorens- Ha coincidido que el día que tu llegabas tengo una reunión con el resto del personal docente. Si no fuera así, te acompañaría yo misma a la Ronda de Central Park a comprar tu material, como suelo hacer con los alumnos que vienen del extranjero. Pero lamentablemente, no podré acompañarte. ¿Te importa mucho que vaya Charlie en mi lugar?
- ¡Claro que no!- dijo Harry- Ya ha hecho por mi mucho usted hoy.
- Oh, que muchacho tan encantador- exclamó Mrs. Lorens sonriendo- Creo que vamos a disfrutar mucho de tu estancia aquí. Pues bien, Charlie, ya sabe, lleve a Harry a la Ronda de Central Park, aquí tienes una lista con los materiales que te harán falta querido- dijo entregándole un pergamino- Y luego, Charlie mismo te llevará a tu nuevo piso, a conocer a tus nuevos compañeros, ¿de acuerdo, querido?
Harry besó la mano de Mrs. Lorens y se despidió de ella con una sonrisa, mientras cargaba de nuevo su baúl. Sin duda, era una de las personas más fantásticas que había conocido. Pero antes de que Harry se marchara, Mrs. Lorens le detuvo.
- Harry, lo olvidaba, aquí tienes las llaves de tu piso- y le entregó un par de llaves plateadas con un llavero con el escudo de la escuela.
Harry, cargado con una bolsa con sus nuevos libros, y el señor Charlie, a quién Harry le tenía cada vez más aprecio, caminaban por Central Park. El señor Charlie había pensado, que ya que el piso donde Harry viviría estaba cerca del parque, y la salida de la Ronda estaba allí, podrían dar un paseo hasta el piso, de forma que Harry conociera Central Park y sus maravillosos jardines.
Aquello era precioso. El parque estaba limpio, lleno de grandes arboles de colores oscuros que contrastaban con el césped de color verde claro, casi siempre húmedo por el agua que salpicaba de las fuentes. Ya era tarde, casi las ocho (recordad que allí cenan a las siete) y quedaba poca gente por allí. Se respiraba un ambiente de paz muy agradable. La mayoría eran parejas que paseaban lentamente por los caminos observando como las estrellas empezaban a aparecer. Los cafés ya estaban cerrados y habían varios hombres al lado de coches arrastrados por caballos, que hablaban animadamente sobre la gente que habían paseado aquel día por el parque.
Les costó lo suyo llegar a la salida del parque, aquello era muy grande, pero al llegar, Charlie le señaló un edificio y dijo sonriendo:
- Su casa, señor Potter- no es que su casa estuviera cerca del parque, es que estaba enfrente. La primera impresión da Harry fue muy buena.
El edificio tenía unos quince pisos. La fachada era antigua y estaba esculpida detalladamente, pero se notaba que estaba restaurada y recién pintada de color tostado, lo que le daba un aspecto post-moderno genial. Las ventanas, tal como le había dicho Mrs. Loren, eran grandes y de la mayoría en aquel momento salía luz. Harry suspiró satisfecho.
- ¿Cuál es mi piso?- le preguntó a Charlie.
- Usted vivirá en el ático- dijo este- Es un piso muy bonito, se lo aseguro. El más grande de todo el edificio- miró su reloj- Señor Potter, se me hace tarde, ¿podría ir usted solo hasta allí? Estoy seguro que lo recibirán bien.
- Claro- dijo Harry- ¿El último piso me ha dicho, no?
- Si, la puerta número treinta- le explicó Charlie- Sería preferible que en lugar de entrar al piso directamente con la llave, que llame primero, ¿no cree?
- Si, buena idea- dijo Harry y él y el señor Charlie chocaron de manos. Charlie empezó a caminar por donde habían ido y al pasar por detrás de un árbol, desapareció.
Harry cruzó la calle y entró en el edificio. El vestíbulo tenía el suelo de mármol y las paredes estaban pintadas de un color más claro que el de la fachada. No había nadie por allí, pero si había un ascensor y una escalera también de mármol que subía como un caracol hacía los pisos de arriba. Harry iba a presionar el botón del ascensor, cuando de pronto una chica el pelo castaño y con los vaqueros rotos entró como una exhalación cargada de bolsas y empezó a apretar el botón desesperadamente.
- ¡Odio este trasto!- dijo cuando vio que después de darle una patada, seguía sin bajar. Harry la miró divertido y ella se dio cuenta.
- ¿Puedo saber que miras?- dijo con la voz falsamente calmada.
- Creo que con una vez que aprietas el ascensor ya baja- dijo Harry sonriendo. La chica lo fulminó con la mirada y mientras se dirigía a las escaleras, exclamó:
- Vaya, ¡no se utilizar el ascensor, ¡que tragedia, ¡no os preocupéis que el chico de las gafas vendrá y nos rescatará a todos de las garras de la escalera!- parecía realmente enfadada, pero Harry intuyó que no era culpa suya, ya venía mosqueada, lo había visto nada más ver la forma en que trataba de abrir el ascensor.
Aún así, Harry también se indignó. Aquella chica no tenía por que cargar contra él su mal genio. El ascensor se abrió unos segundos después de que ella empezara a subir las escaleras despotricando, pero Harry no la llamó y dejó que subiera las escaleras a pie.
Lo que no imaginó fue que, cuando por fin llegó arriba y la puerta del ascensor se abrió, se encontró a la chica terminando de subir las escaleras. Ambos se miraron fija e indignadamente, pero se ignoraron y cada uno se dirigió a su piso que, curiosamente, era el mismo. La chica primero pensó que Harry la seguía o algo, porque lo miró de arriba abajo y exclamó con un tono extraño de voz:
- Oye, tío, he tenido una tarde espantosa: me he caído dentro de una fuente, se me han roto los pantalones y me han sacado un riñón para pagar todos estos libros. Y ahora he llegado con ganas de subir a casa y ducharme y el ascensor no iba y como llevo todo el día reprimiéndome, casi me como al primero que he pillado, en este caso tu. Y, ¿sabes qué? ¡Lo siento, no debería haberlo hecho! Pero creo que esa no es razón para que me sigas y no me dejes entrar en mi casa- dijo todo esto muy exaltada y de un tirón. Harry la miró sonriendo.
- Disculpas aceptadas- dijo- Pero yo no te estoy siguiendo y mucho menos te estoy impidiendo el paso a tu casa.
La chica lo miró extrañada.
- ¿A no?- dijo con voz temblorosa.
- No, soy tu nuevo compañero de piso, si es que tu eres una de las alumnas de la Academia de Aurores que vives aquí- dijo Harry. La chica se quedó boquiabierta y al final, sonrió ella también algo avergonzada.
Harry pensó que, de todas las cosas que había visto aquel día, aquella chica era la más bonita. Tenía el pelo castaño oscuro y ondulado, en aquel momento algo desaliñado, los ojos grandes y redondos, de color miel con destellos de oro, brillaban como dos estrellas y la piel oscura y dorada. No era ni muy alta, ni muy baja, pero era esbelta y realmente muy guapa de cara. Harry le devolvió la sonrisa.
En aquel momento se abrió la puerta, y una chica pelirroja con una sudadera que le iba de camisón, los miró a ambos. Primero a la chica y luego a Harry. A este último desconfiadamente.
- Cielo, hemos oído gritos, ¿este chico te molesta?- dijo con voz de estar dispuesta a repartir tortas a diestro y siniestro.
- No, Helena, no te preocupes- contestó la chica. La tal Helena sonrió ante las palabras de la chica.
- Entonces, haré otra pregunta ¿este chico tan guapo quién es?- dijo mirando coquetamente a Harry- ¿Tu nuevo ligue?
- No- dijo la chica- Es NUESTRO nuevo compañero de piso.- Helena lo miró boquiabierta y entonces se puso a dar salto entusiasmada:
- Esa- dijo resaltando las palabras- es la mejor noticia que hemos tenido en mucho tiempo- entonces cogió a Harry del brazo y lo estiró dentro del piso, hasta llevarlo a un salón con tres grandes sofás blancos con una gran ventana que daba a Central Park- Chicas, ¡ya está aquí nuestro nuevo compañero de piso!
Rápidamente, se oyó como una estampida y en el salón aparecieron cuatro chicas más sonriendo y mirando a Harry boquiabiertas.
- Así que tu eres el chico inglés, ¿eh?- dijo una de ellas simpáticamente- Que no te moleste, pero lo llevas escrito en la frente. Aunque no sabía que los ingleses fueran tan guapos- y todas se echaron a reír.
Harry estaba entre atónito y divertido. Mrs. Lorens no le había dicho en ningún momento que todos sus compañeros de piso fueran en realidad compañeras. Aunque no le molestaba (¿a que chico de su edad no le gustaría vivir con un montón de chicas?) y además, aquellas chicas parecían muy simpáticas.
- Yo soy Helena Smith- dijo la chica que lo habían entrado al piso presentándose mientras le daba la mano y un par de besos. Helena era muy, muy alta, pelirroja, llevaba el pelo corto y rizado y tenía la cara llena de pecas. Todas las demás fueron haciendo lo mismo que ella. Primero le chocaban la mano y luego le daban dos besos. Poco a poco, todas se presentaron:
Primero, Mónica, la que había hablado antes, era una chica de constitución atlética, con el pelo muy rubio y corto y los ojos grises en una cara pálida y amable.
Luego estaban Mia y Letty. Eran hermanas mellizas, pero, aunque ambas eran morenisimas de piel y con el pelo negro, largo y liso que ambas llevaban enganchados en dos trenzas, no se parecían demasiado en la cara, aunque tenían la misma forma de ser. Saladas y alegres y con un acento muy raro, por algo eran de Argentina.
Por último, llegó Kansas. Kansas era bajita y muy delgada, con el pelo entre castaño y rojo muy liso y largo y con los ojos muy azules enmarcados en unas gafas de pasta negras que le daban un aire intelectual y simpático, genial. Además, aunque Harry seguía pensando que la chica del vestíbulo (de la cual aún no sabía el nombre), era la chica más bonita que había visto nunca, tenía que reconocer que Kansas era guapisima.
- Tu nombre- dijo Harry- ¿No hay un estado aquí que se llama Kansas?
- Si- dijo Kansas algo resignada- Es que en mi familia es tradición llamar a los hijos con nombres de los Estados Unidos.
- Si, eso nos dio mucho de que hablar el curso pasado- dijo Mónica ofreciéndole a Harry un vaso de leche y unas galletas. Harry se lo agradeció. De la lasaña le parecía que habían pasado años- Kansas pretendía ponerle a sus hijos, si eran niños: Colorado y Miami y si eran niñas: Florida y Utah.
- Eran unos nombre jodidamente geniales- dijo Kansas en su defensa. Harry la miró sorprendido y todas lo notaron.
- Que no te engañe la cara de ángel de Kansas- dijo Helena maliciosamente- de cada doce palabras que dice, veinte son tacos.
- Mis madre es una zorra mal hablada- dijo Kansas- Es normal que se me pegue algo de ella. Aun así, mis nombre eran la leche.
- Se los hubieran comido en la escuela, Kansas- dijo Letty poniendo los ojos en blanco. Se giró hacia Harry- Gracias a Dios, la convencimos para que los llamara Detroit y Maine a los chicos y a las chicas Georgia y Texas- añadió más tranquila.
- Yo rezo por que Texas no llegue a nacer nunca- le susurró Mia a Harry a la oreja. Este rió divertido.
- Aún así- dijo dudoso- los nombres en tu familia se repetirán a menudo, ¿no?
- Claro, yo soy la octava Kansas y Texas será la duodécima con ese condenado nombre- exclamó Kansas muy orgullosa.
Harry se giró a la muchacha del vestíbulo, que no había dicho nada en todo el rato, simplemente se había quitado los zapatos, se había sentado el sofá y había estado mirando la conversación con una sonrisa.
- Ya que ya sé el nombre de los futuros hijos de Kansas, me podrías decir el tuyo también- le dijo y todas, incluyendo a ella, rieron.
- ¿Para que quieres saberlo?- dijo ella maliciosamente.
- Oh, para nada, ya sabes, está bien eso de saber el nombre de la gente con la que vas a vivir durante diez meses- dijo Harry con un suspiro melodramático. Las chicas volvieron a reír.
- Tu aún no nos has dicho como te llamas- contraatacó ella. Todas las demás dijeron: Uuuuuuhhh! Y aplaudieron. Letty se apoyó encima de los hombros de Harry y le dijo como si fueran amigos de toda la vida:
- Niño, nadie te ha advertido que esta chica es dura de pelar. Pero es verdad, ¿cómo te llamas?
- Si ella es dura de pelar, yo también puedo serlo- dijo Harry.
- Te ha salido un competidor, nena- dijo Letty. Harry dejó las galletas de lado y las miró a todas:
- Y bien, ¿cómo llegasteis todas a parar aquí?- preguntó.
- Verás- dijo Helena- Las primeras en llegar a la Academia fuimos yo, ella- dijo señalando a la chica de vestíbulo- y Kansas. Vivíamos con un par de muchachos de tercero, ¿os acordáis chicas?
- Jonhy y Nelson- dijo Kansas- Nelson era un capullo integral.
- Si, la verdad es que lo era- dijo la chica- Y las tres teníamos la ligera sospecha de que Jonhy era gay- dijo en tono algo irónico y las tres se echaron a reír.
- ¿Por qué?
- Por que un día entró un chico en la cocina que, guapisimo por cierto- dijo Kansas haciendo aspavientos con las manos- y, ni se había liado conmigo, ni se había liado con ninguna de ellas dos y tampoco con Nelson.
- Además- dijo la otra chica- Al día siguiente, el chico volvió a aparecer, esta vez cogido de la mano de Jonhy y se dieron un santo beso en la cocina, mientras preparaban huevos revueltos. ¡Fue tan romántico!
- ¿Cómo se llamaba el chaval?- preguntó Kansas- tenía un nombre más raro que el de mi abuela, y eso que se llama Kentucky.
- Yubino Helmins- dijeron Helena y la chica al mismo tiempo- Y el tío era de ahí de Canadá.
- ¿Y teníais miedo de que Kansas le pusiera Utah a su hija?- dijo Harry algo horrorizado. Kansas le estampó un beso en la mejilla.
- ¿Veis? Al fin y al cabo Utah no era tan malo- dijo super contenta y las chicas se miraron entre ellas, escépticas.
- Bueno, tan malo como Yumino, no- dijo la chica sin nombre, como Harry la había apodado ya mentalmente- ¿Os acordáis que Jonhy lo llamaba Yumi?- y todas y Harry rieron.
- Llevábamos una risa increíble- contó Helena- Yo soy de un pueblo de Iowa, Cedar Rapids (Ahí nació Elijah Wood! Guapo!) y allí nunca pasa nada interesante, así que, cuando se lo conté a mis amigos flipaban todos en colores.
- Pero, al terminar primero, ellos terminaron tercero y cuando volvimos al piso, llegaron tres alumnas de primero- continuó Kansas- Letty, Mia y Mónica. Y desde el años pasado somos las mejores amigas el mundo.
- Este será nuestro segundo año juntas- dijo Mia- Mi hermana, Mónica y yo vamos a segundo y ellas tres a tercero. ¿Y tu?
- A tercero también- dijo Harry.
- ¡Bien!- dijeron Kansas y Helena ilusionadas, mientras que las chicas de segundo lucían algo decepcionadas. Estaba claro que todas hubieran querido que Harry fuera a su clase.
- ¿Has visto ya a escuela?- cambió de tema de Mónica.
- Si, es una pasada- dijo Harry entusiasmado- Es muy bonita y está todo inmaculado.
- ¿Cómo es la de Londres?- preguntó Mónica curiosa.
- No está tan reluciente como aquí, pero a mi me gusta más- dijo Harry sintiendo una repentina añoranza de su antigua Academia- es más antigua, hay más cuadros, las paredes son de piedra tallada y no entra tanta luz, hay más velas y antorchas...
- Debe ser genial- dijo Mia- Pero aquí también te lo pasarás bien, hoy por que no había nadie, pero cuando los pasillos están llenos de gente, la luz de las ventanas de Mrs. Lorens no se nota tanto, te lo aseguro.
- Bueno, ahora te toca a ti- dijo Letty- Háblanos de ti.
- Pero si todavía no me habéis contado nada acerca de vosotras- protestó Harry.
- Ya sabes el nombre de los hijos de Kansas, ¿qué quieres saber más?- dijo Mia- anda, háblanos de ti. Nosotras ya nos sabemos de memoria. Y tu en un par de días lo mismo.
- Está bien, vosotras ganáis- dijo Harry y empezó hablar. Les habló de Ron, de Hermione (las chicas se rieron mucho cuando les habló sobre PEDDO), de la tienda de bromas de Fred y George, de Hogwarts... Harry iba parando poco a poco por si las aburría, pero ellas insistían. Por mucho que les contaba, ellas parecían seguir sin saber quién era, lo que le sorprendía y aliviaba a la vez. En una de esas, después de que Harry les resumiera la aventura que tuvo en primer año con el Troll de las Cavernas, la chica sin nombre preguntó divertida:
- ¿Y tus padres que dicen de todo esto? Si en la escuela eras así, no me quiero imaginar en casa.
- Mis padres murieron cuando yo tenía un año- dijo Harry algo resignado. Todas se quedaron de piedra.
- Oh, lo siento- dijo la chica- No quería...
- No pasa nada, vivo desde hace tres años con mi padrino y con la novia y para mi ellos son como mis padres.
- ¿Antes con quién vivías?- volvió a preguntar la chica.
- Con mis tíos, los Dursley- dijo Harry algo asqueado- De esos si preferiría no tener que hablar, si no te importa...
- Claro, lo siento otra vez...
- Es que Alex, siempre metes la pata- dijo Letty.
- Hablando de meter patas- dijo Harry con una sonrisa burlona- Así que te llamas Alex- todas dieron un pequeño salto. Ninguna de ellas se había dado cuenta de que Letty había dicho el nombre de Alex. Letty se puso algo roja y dijo: Ups, mientras Alex le daba un codazo medio enfadada.
- ¡Ya les has cortado el rollo, Letty!- dijo Kansas divertida.
- Fue divertido mientras duró- dijo Alex resignada- Bueno, ¿nos vas a decir tu nombre? Ahora ya sabes el de todas nosotras, llevas ventaja...
- Si, la llevo- dijo Harry- Chicas, necesito una ducha. ¿Me enseñáis el piso?
Antes de terminar la frase ya tenía a Mia y a Mónica enganchadas de su brazo mostrándole las habitaciones. Primero, lo llevaron a la cocina. Era muy espaciosa y moderna, con vitroceramica y todo, aunque las chicas le confesaron que nunca se aclaraban al utilizarla y siempre terminaban utilizando un fuego mágico. En el centro había una gran y bonita mesa de madera, con varias sillas alrededor, donde desayunaban todas las mañana. Al lado de la cocina, estaba los dos cuartos de baño, idénticos, pero uno pintado de verde y el otro de azul. Estas tres habitaciones daban al salón donde habían estado hablando.
En este, aparte de los tres sofás, había una estantería reluciente llena de libros y donde también había un par de cirios encendidos. Luego, lo llevaron a las habitaciones. Entre el salón y la puerta de entrada a la casa, había unas escaleras de no más de seis escalones, que llevaban como si fuera a una especie de altiplano, donde había un pasillo pintado de blanco y lleno de velas, con siete puertas que daban a siete espaciosas habitaciones.
Las chicas le enseñaron cada una la suya, armarios, fotos, pósters y todo y al final llegaron a la suya. La habitación de Harry era grande, pintada de morado, con un bonito armario empotrado a la pared y una confortable cama en medio. Al lado había un escritorio con una silla y varios cajones, también con una vela. Aunque todo en esa casa funcionaba con energía eléctrica muggle, Harry se dio cuenta que las chicas utilizaban velas y demás. Ellas le dijeron que, excepto Mónica que era hija de muggles, las otras solo se aclaraban con la nevera. Todo lo demás era un misterio.
¿Qué te parece tu nueva habitación?- le dijo Mia.
- Creo que solo le faltan unos cuantos pósters y un buen edredón- dijo Harry.
- Puedes ponerle lo que quieras, esta es tu casa- dijo Kansas- ¿Querías ducharte, cierto?- le dijo.
- Oh, si- dijo Harry- ¡Accio baúl!- y el baúl subió las escaleras hasta entrar por la puerta- Creo que solo voy a coger la toalla y el pijama, no tengo ganas ahora de deshacer la maleta.
- Claro, estarás cansado- dijo Alex- Nosotras estamos abajo en la cocina, ¿vale?
Las demás no parecían estar de acuerdo, pero Alex les hizo un gesto para que la siguieran y al cerrar la puerta le guiñó un ojo a Harry.
Harry suspiró y se sentó sobre su cama. Se sentía raro, por una parte estaba muy contento por estar allí con todas ellas y por otra, tenía ganas de cruzar el océano aunque fuera nadando y que Arabella lo rodeara con su brazos.
- Vamos, Harry- se dijo a si mismo- Ya no eres un niño, te ha costado mucho llegar hasta aquí, no lo estropees ahora.
Sacó del baúl el albornoz y el jabón y bajó las escaleras en dirección al cuarto de baño. Oyó a las chicas riendo en la cocina. Entró al baño de color azul y al meterse en la ducha, echó terriblemente de menos las almohadillas de Bell para los pies, que tanto le molestaban cuando estaba en Inglaterra.
Mientras, en la cocina, Letty preparaba capuchinos para todo el mundo, mientras las demás hablaban sentadas en las sillas de la mesa.
- ¿Qué os parece?- preguntó Mónica.
- Es un encanto de chico- dijo Kansas enseguida, mientras las demás asentían- Y, aparte, no está nada mal...
- ¿Cómo que no está nada mal?- dijo Letty algo indignada- ¡Está como un queso!- exclamó mientras todas las demás reían, aunque completamente de acuerdo.
- Tiene unos ojos muy bonitos- dijo Alex mientras daba un sorbo a su capuchino- Creo que nos vamos a divertir con él.
- Todavía no nos a dicho como se llama- dijo Mia- Espero que nos lo diga antes de acostarse.
- De todas formas, el lunes lo sabremos, Mrs. Lorens seguramente lo atrapará nada más lo vea y le preguntará delante de todo el mundo: “Pepito, ¿qué tal las locas de tus compañeras?”- dijo Alex y todas rieron.
En aquel momento, oyeron pasos y Harry entró en la cocina con el pijama puesto, el pelo mojado y oliendo a jabón.
- ¿Mejor?- dijo Letty- ¿Te apetece un capuchino?
- No, gracias- dijo Harry educadamente- creo que me voy a dormir.
- ¿Qué hora es ya? Oh, las once y media!- se escandalizó Mónica- Mañana tenemos que levantarnos temprano.
- ¿Por?- se extrañó Harry.
- Helena, Mia y yo vamos mañana a apuntarnos a clases de defensa personal para ir los domingos – dijo Mónica entusiasmada- ¿No es genial? Estas tres tontas no quieren venir- dijo refiriéndose a Alex, Letty y Kansas.
- ¿Para que quiero aprender a defenderme de un jodido delincuente muggle de tres al cuarto si con un condenado sortilegio lo puedo dejar KO?- dijo Kansas. Mónica y Mia se encogieron de hombros.
- Entonces, ¿vosotras tres no tenéis que nada que hacer mañana?- les preguntó Harry esperanzado a las otras.
- No, ¿por qué?- preguntó Alex.
- ¿Me enseñaríais un poco la ciudad?- una sonrisa se pintó en sus tres caras.
- Claro- dijo Letty- Después de desayunar te descubriremos los grandes secretos de esta ciudad llamada Nueva York- añadió con voz misteriosa.
- Genial- dijo Harry sonriendo- Bueno, me voy a dormir.
- Buenas noches- dijeron todas al unísono.
- Por cierto- dijo Harry antes de cerrar la puerta- Me llamo Harry, Harry Potter- y cerró la puerta. Subiendo las escaleras, oyó un ruido muy fuerte, como si seis tazones de capuchino hubieran caído al suelo a la vez.