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Chicadeletras
Author of 4 Stories

Rated: K - Spanish - Humor/Romance - Harry P. - Reviews: 97 - Updated: 03-11-06 - Published: 10-01-05 - id:2600839

Cap. 12 La chica americana

El día quince de Diciembre, Nueva York despertó bajo casi medio metro de nieve y todavía a media mañana era difícil avanzar por la ciudad. Mía y Letty llegaron al piso muertas de la risa por que un Santa Claus muggle que estaba recogiendo dinero para la caridad les había echado los tejos.

- Dios mío, qué cosa tan ridícula- exclamó Mía mientras se quitaban la chaqueta, todavía riendo- ¿Y como movía la campanita para llamar nuestra atención?

- ¡Ho, ho, ho!- exclamó Letty imitándole con voz grave. Las hermanas se dirigieron a la cocina a dejar las compras, pero pararon al encontrarse con que Álex y Harry impedían la entrada. Estaban besándose y no parecía que se dieran cuenta de nada. Letty y Mía se miraron.

- Mmm... chicos, que no podemos pasar- intentó llamarles la atención Mía.

- Eso no vale, yo antes ya lo he intentado- dijo la voz de Kansas aburrida desde de dentro de la cocina.

- ¿Kansas? ¿Estás ahí?

- ¡Y Mónica también!- gritó esta. Letty se echó a reír, incrédula.

- Pero, ¿qué les pasa a estos dos?- dijo Mía. La cabeza de Kansas apareció a un lado de los otros dos y las saludó.

- Nada, que se han encontrado hace una media hora bajo el muérdago y desde entonces siguen ahí, dale que te pego- les explicó.

- ¿Y por qué no les decimos nada?

- Es que me sabe mal... Mira que monos están.

- La leche...-dijo Mía- ¡Eh!- Mía dio un par de palmadas en pedio de ambos y los dos se separaron de un salto.

- ¿Qué pasa?- preguntó Álex como si despertara de un sueño.

- Nada, qué podríais evitar estas escenitas, que hay niños delante- dijo Letty señalando a Mía, que a su vez le dio un bolsazo.

- ¡Esa maldita manía de considerarte la mayor!

- ¡Nací cuatro minutos antes que tu!

- Eso no está comprobado, ¿no has pensado que cuando éramos pequeñas más de una vez nos pueden haber intercambiado?... ¡Mierda!¡Ya se han puesto otra vez!- exclamó Mía enfadada. Harry y Álex habían retomado la marcha de nuevo.

- Es que hay que estar al tanto- canturrearon a coro y riendo Mónica y Kansas, que si habían conseguido pasar durante los segundos de incertidumbre, se habían echado ambas sobre el sofá y ahora las miraban burlonas. Mía les sacó la lengua.

Las dos hermanas se miraron.

- Bueno, habrá que intentarlo- dijo Mía- Yo creo que si nos ponemos de cluquillas y metemos tripa...

- Perdona- dijo Letty moviendo la cabeza exageradamente- Lo de meter tripa dilo por ti, guapa, que yo estoy hecha una sílfide, que incluso Santa Claus trata de cortejarme...- Kansas y Mónica se echaron a reír.

Mía la miró rencorosamente. Se puso en cluquillas de lado y aguantó la respiración.

- Espera, que esto va a ser bueno- dijo Letty burlona- Mía, corazón, que pareces un duende- añadió sonriendo pero con cierta preocupación.

- ¡Qué torta se va a dar!-exclamó Kansas y Mónica asintió fervorosamente

- Mía, no te aclaras ni con tus pies, ¿qué haces haciendo malabarismos?- dijo Letty ya bastante inquieta.

Pero, para sorpresa de las tres, Mía se deslizó sin ningún problema al otro lado de la puerta. Justo iba a lanzar un grito de júbilo, cuando se tropezó con una silla y cayó de morros, desparramando el contenido de las bolsas por tierra.

- Oh, Mía...- murmuró Letty tapándose la cara con las manos. Harry y Álex, que al oír el batacazo se habían sobresaltado, miraban a Mía sorprendidos.

- Mía, si querías pasar sólo tenías que decirlo- dijo Álex incrédula. Desde fuera se oyeron los ruidos de las demás intentando no reír. Mía la miró dolorida y luego levantó una ceja, clara señal de cabreo.

Harry miró a Álex.

- ¿Te hace una vueltecita?- le preguntó. Esta asintió, pero primero ayudaron a Mia a levantarse.

Decidieron ir a dar una vuelta por Liberty Island. No habían vuelto desde el segundo día de Harry en Nueva York, cuando Álex, Kansas y Letty le habían dado una vuelta por la ciudad. Y esta vez no estaba Letty para marearse por la altura, así que pudieron estar un buen rato paseándose por la corona de la Estatua de la Libertad, recordando la primera vez que habían ido juntos.

- Yo estaba tan morena- refunfuñó Álex mirando sus manos. Su piel aún tenían un bonito tono dorado, pero había empalidecido- Y ahora parezco un simple norteña que puede pagarse pociones bronceadoras.

- Mira la parte positiva, sigues más morena que yo- dijo Harry.

- Harry, Kansas es más morena que tu. No me vale.

- Pues cómprate una poción bronceadora.

- No, que son muy caras.

Ambos se miraron a los ojos y estallaron en risas. Harry hizo que la chica se colocara apoyada en la barandilla y le hizo una foto.

- Aunque sigues igual de guapa- le dijo. Sonó tan tierno que Álex se abstuvo de decir “eso está claro”. Se acercó a Harry y se amarró fuerte a su brazo. Disfrutaron un poco más del bonito paisaje y decidieron que ya era hora de coger de nuevo el barco que los llevaría de vuelta a la Gran Manzana.

Los dos jóvenes le dieron el ticket al revisor y se subieron al barco. Álex llevaba una sonrisa de oreja a oreja y Harry no terminaba de comprender por qué.

- ¿Se puede saber qué te pasa?- le preguntó mientras se sentaban en los asiento al lado del borde del barco. Álex sonrió aún más y le dio un beso en la frente.

- Estoy contenta-dijo simplemente, apoyando su cabeza en el hombro del chico- Es Navidad, todo está muy pero que muy bonito y yo tengo al chico más maravilloso del mundo- le volvió a besar- ¿Qué más puedo pedir?

- ¿Estar más bronceada?- dijo Harry con voz socarrona. Álex le dio un cachete al brazo, algo mosca- Venga, no te enfades, peque, que era broma. Yo también me alegro de estar contigo- añadió Harry con voz melosa. Álex volvió a reír y se abrazaron. Hacía mucho frío.

- ¿Qué vas a hacer por vacaciones?- le preguntó Álex al separarse- ¿Vas a Inglaterra o te quedas aquí?- los ojos le brillaron al pronunciar esas últimas palabras. Harry se encogió de hombros.

- Pues... lo más probable es que vaya a Inglaterra- dijo mientras se fregaba las manos para darse calor. Álex se quedó parada.

-Ah...- dijo algo contrariada. Harry no parecía demasiado afectado por la idea de que fueran a estar sin verse casi dos semanas- Pues que bien, ¿no?- añadió intentando sonar alegre. Harry la miró con una abierta sonrisa y se sacó algo del bolsillo.

- Sí, y estará más bien todavía si te vienes conmigo- le dijo pasándole lo que se había sacado del bolsillo. Álex lo cogió y lo miró curiosa. Eran dos pasajes para el Mar-Mágico que salía hacia Inglaterra el día veintitrés de diciembre. Álex levantó la vista.

- ¿Quieres que te acompañe a Inglaterra? ¿En serio?

- No, en broma- dijo Harry irónicamente- Claro, quiero que mi familia te conozca y que tu los conozcas a ellos, a todos: a Ron, a Hermione, a Sirius, a Bell...- ahora a quién le brillaban los ojos era a él- Te encantará nuestra casa. Vivimos en un pueblo de Gales cercano al mar y huele a sal todo el día. Y también podemos ir a Londres, algún día a Escocia, ¡a dónde tu quieras, ¡tengo amigos por todos sitios!

- Vale, vale, no hace falta que me hagas una lista- dijo Álex parándolo- Con que estés tí me sobra- dijo pellizcándole suavemente la mejilla- Pero... Ay!- el barco había atrancado en el puerto con algo de dificultad y había llenado la cubierta de agua. Álex se levantó con un grito- la madre que... ¡Ya no se puede ni ir en barco tranquila!-dijo enfadada.

- Sí, ¿qué será de la humanidad?- dijo Harry melodramáticamente. Álex le dirigió una mirada de reprobación y los dos se pusieron en cola para bajar- Pero, ¿qué?

- ¿Cómo?

- Sí, has dicho “pero...” y te has parado cuando el barco ha hecho su entrada triunfal- le explicó Harry- Pero, ¿qué?

Álex meneó la cabeza, incómoda. Ya habían bajado del barco y ahora paseaban por el puerto cogidos de la mano.

- Mmm... verás, es que no me hace gracia no ir a ver a tía Grace a Hawai- le confesó. Se encogió de hombros- Pero bueno, ¿qué le vamos a hacer?

- Podemos ir a verla por fin de año- dijo Harry- ¿No te parece?

- No es mala idea- dijo Álex mirándolo- No es para nada mala idea. Mitad y mitad. Así nos conocemos todos.

- Y al año que viene quedamos todos juntos- añadió Harry resueltamente.

- Pues claro que sí, mi amor- rió Álex- Y bueno, ¿cómo es tu familia?

- Ya te he hablado muchas veces de ella.

- Ya, pero quiero decir... cómo es de verdad, cómo van a reaccionar al conocer a la novia de su querido niño prodigio.

- Niño prodigio, vaya- rió Harry- Pues, verás... a los chicos les vas a encantar. Ron, Sirius, Remus... todos se van a enamorar de ti nada más verte.

- ¿Ah sí?- sonrió Álex- ¿Por qué?- dijo Álex mientras se sentaban en un banco.

- Por que eres simpática, inteligente, dulce y guapa- respondió Harry y la chica se ruborizó de orgullo- Ahora, eso sí, con las chicas lo vas a tener algo más difícil...

- ¿Por qué?- preguntó Álex extrañada.

- Por que eres simpática, inteligente, dulce y muy, pero que muy guapa- dijo Harry agachándole la visera del gorro, dejándola sin poder ver nada.

- ¡Oye!- se quejó la chica- No me toques el gorro- dijo y Harry se echó a reír- ¿Lo qué me acabas de decir es verdad?

Harry suspiró.

- Tanto como que estoy loco por ti- le dijo mientras le pasaba el brazo por los hombros. Álex levantó las cejas.

- Pues vaya, ¡qué bien!

El día veintitrés por la mañana, todo eran maletas y nervios. Álex y Harry no eran los únicos que se iban de viaje: Kansas se marchaba con sus hermanos y su madre a Los Ángeles a ver a familia que tenían allí, Mía y Letty se iban a Tejas con los suyos, Mónica se iba con su madre de viaje a Paris a ver a sus abuelos y Helena con Jack a Iowa a ver a sus padres y hermanas.

Harry fue el primero en terminar de preparar su maleta (y eso que era el que más lejos se iba), así que lo tuvieron de paloma mensajera buena parte de la mañana: Kansas, Helena dice si sabes algo de sus pociones anti-mareos Sí, que se le terminaron hace dos días y la muy vaga no ha hecho más Letty, dice Mía que si sabes algo de su capa de punto Mía, dice Letty que si no sabes cuidar tu ropa no es problema suyo Letty, que dice Mía que no le habrás dicho eso por que la quieres tú, ¿verdad? Mía, dice que para qué iba a querer ella una capa tan fea Letty, dice Mía que tu tía sí que es fea Mía, Letty dice que las dos tenéis la misma tía y te comunica que ha utilizado tu capa como lienzo para su último cuadro .

- ¡¿Qué has hecho qué!- gritó Mía horrorizada, en dirección al cuarto de su hermana- ¡Leticia, como sea verdad te mato!

Harry rió. Pensó en esconderse en su cuarto antes de que lo pillaran de heraldo otra vez, pero entonces oyó un grito dentro del cuarto de Kansas.

- ¡Aaaha!- era Álex- ¡Apágala, apágala!

- ¡Joder, es que no se como diablos se apaga!- esta era Kansas- ¡¡¡Ay, qué me cogeeeee! ¡Socorro!

- ¿Qué pasa?- preguntó Harry alarmado entrando en la habitación. La escena que vio le dejó perplejo. Una maquinilla de depilar perseguía a las dos chicas que gritaban como unas locas huyendo de ella.

- ¡Harry!- gritó Álex lanzándole peluches a la maquinilla- ¡Sálvanos, sálvanos!

- ¡Cuidado que viene!- chilló Kansas empujando a Álex encima de la cama. La maquinilla hizo: “ñiiiaaaauuuuuuu” al pasar por el sitio donde estaban los pies de Álex un segundo antes de que Kansas la apartara.

Harry, con una sonrisa incrédula en los labios, dijo con solemnidad:

- Y pensar que me encuentro ante dos futuras aurores como la copa de un pino.

- ¡Calla y para ese trastooooooo...!- dijo Álex, algo picada.

- ¡A tú órdenes, mi capitán!- dijo Harry haciendo el saludo militar. Se agachó, cogió el cable de la maquinilla y la desenchufó. La maquinilla asesina cayó fulminada.

- Vaya, jamás se me hubiese ocurrido- dijo Kansas respirando agitadamente.

- ¿Se puede saber qué hacéis con una maquinilla de depilar muggle?- preguntó Harry de lo más extrañado mientras la recogía del suelo.

- La hemos encontrado en un cajón que nunca se me había ocurrido abrir- le explicó Kansas señalándole el armario- Sería de la gente que vivía aquí antes de que Madame Lorens comprara el piso. También hay que papeles y palos de piruleta...

- Son lápices- la corrigió Harry- Son lo que usan los muggles para escribir.

- ¡Dej, qué asco! ¿Escriben con eso todo chupado?

- ¡Que no son palos de piruleta! Pero de todas formas, en el ambiente de esta casa no hay tanta magia como para que este trato se haya vuelto tan loco- Harry vio que las chicas intercambiaban una mirada de complicidad- ¿Qué habéis hecho?

- Bah, le hemos dado un... empujoncito- dijo Kansas y antes de que Harry dijera nada, se apresuró a continuar- ¡Creíamos que era un coche de esos de carreras! Y para ser un coche de carreras, iba muy lento. Vamos, que ni se movía.

- Claro, que no se movía, a parte de estar cogida por un cable...¡esto es para arrancar pelos!

- ¡Au!- dijo Álex con un gesto de dolor- ¿Se depilan con eso? ¡Qué tontos están estos muggles!

- Bueno, ese no es el caso- dijo Harry seriamente- No embrujéis aparatos muggles, es muy peligroso.

- Sí, pa-pá- dijo Kansas con voz infantil e hizo un pucherito. Álex estalló en risas. Pero de pronto, Kansas se puso seria- ¡Ay, mierda! ¡Ayer le eché un conjuro refrigerante a la nevera! ¡Eh, se estaban descongelando los polos de lima-limón!- añadió bajo la mirada reprobatoria de Harry.

- ¡Ah!- se escuchó desde abajo. Era Helena- ¡Socorro! ¡La nevera me ha tirado un cubito a la cabeza!

Álex y Kansas se miraron con malicia y ambas estallaron en risas. Harry puso los ojos en blanco y salió de la habitación, cruzándose en la puerta con Mía.

- Chicos, ya he terminado de lavar y secar la ropa, ¿venís a por ella?- les dijo.

- Enseguida- dijeron los tres a la vez. Las chicas se levantaron de la cama y los tres siguieron a Mía hasta la habitación de Helena, la más grande, y la que se había convertido en el centro oficial de preparar las maletas.

- Tiemblo sólo de pensar en como reaccionará mi padre al ver a Jack- comentaba justo en aquel momento Helena, en tono preocupado, a Mónica y Letty- Probablemente saque la varita nada más verle.

- ¿Crees que Jack se dirige hacia una muerte segura y no dices nada?- preguntó Mónica divertida y Letty se puso a reír. Helena suspiró.

- No creo que mi padre llegue a matarle, pero no me extrañaría que volviera con un ojo de menos o algo así...

- Bueno, mejor que le saque un ojo y no le corte nada- dijo Letty pícara- Mmm... hola Harry- dijo enrojeciendo ligeramente.

Harry, que había entrado justo después de Álex en la habitación, sonrió al ver a su amiga ponerse colorada.

- Hola, Mónica- dijo él- No te preocupes, sólo cojo mis camisas y me voy para que sigáis hablando de temas oscuros...- Letty le dio un sopapo al brazo y las demás se echaron a reír- Álex, esta camisa es tuya...

- Ah sí, gracias, cariño- le dijo Álex mientras cogía la camisa y las metía en la maleta- ¿Qué pasa?- añadió al ver la cara con la que la miraba Harry.

- Álex, nos vamos para once días, no para once años- dijo Harry. Álex ya iba por la segunda maleta. Esta se encogió de hombros.

- Puede pasar cualquier cosa-le dijo Álex- Hay que ir preparada.

- Claro, como en Gales las personas van arrancándose la ropa los unos a los otros...- comentó Harry como quien no quiere la cosa.

- Está bien, mister sarcasmo-dijo Álex- Mensaje captado. Ya me compraré algo allí- Harry suspiró y se marchó de la habitación mientras las chicas reían.

- ¡Harry!- lo llamó la voz de Álex. Él se giró hacia ella con gesto interrogante. Álex lo besó corta pero apasionadamente y luego le susurró a la oreja- Cuando termines, baja al salón, que vamos a hacer el “amigo invisible”.

- Me confundes, ¿es ese juego en que nos repartimos papeles con nuestros nombres y luego nos hacemos un regalo y mientras tanto todo el mundo se entera de quién tiene a quién cuando en teoría no tendría que saberlo nadie o... es una nueva postura que quieres que practiquemos?- añadió acerándose coquetamente a su novia, cogiéndola por la cintura.

- El juego- dijo Álex maliciosa colocándole la mano en la frente a Harry para pararlo- Me refiero al juego- Harry hizo una meca de disgusto(más que colocar la mano en su frente, Álex lo que había hecho era chocarla) y la chica entró riendo a su habitación.

- ¡Atención!- dijo Kansas media hora después, en el comedor, cuando todo el mundo había terminado ya de hacerse la maleta y estaban a punto de irse, agitando una pequeña cesta donde había siete papelitos- bueno, supongo que ya os sabéis las normas: nadie puede decirle a nadie a quien tiene ni el regalo que va a comprarle... Aunque, obviamente, las reglas nos las pasamos por el forro...

- Obviamente- dijo Álex riendo- Venga, coged cada uno un papel- hubo un momento de silencio cómplice mientras todos cogían un papel y lo leían. Un segundo después, el encanto del momento se rompió:

- Hay que volver a hacerlo, me he tocado a mi misma- dijo Letty y hubo un: “¡Oooh!” general, donde destacó el “¡menos mal!” de Mia. Todos la miraron y ella puso cara de circunstancias.

- ¿A quien tenías?- le preguntó Harry. Mia se movió, incómoda.

- A ti- dijo. Harry la miró sorprendido.

- ¡Oye!- exclamó fingiendo más ofensa de la que realmente sentía.

- ¡No! ¡No te lo tomes a mal! Es que... ¿Qué le compro a un chico? A esta con unos guantes o algo así se quedan contentas...

- ¿Nos estás llamando simples?- dijo Kansas.

- ¡Ay, Jesús, María y José!- dijo Mia moviéndose con desesperación- ¡No eso! Leches, ¡lo volvemos a hacer y ya está!

- Vale, vale, relájate dulzura- dijo Kansas- Venga, dejad los papeles y coged otro- de nuevo, se repitió el proceso. Cuando todos leyeron a quien les había tocado, instintivamente, todo el mundo se giró hacia Letty.

Esta suspiró e hizo que no con la cabeza.

- No, no me he vuelto a tocar a mi misma- dijo- Creo que sería el colmo.

- Si, yo también- dijo Kansas- Bueno, chicos, yo me marcho ya.

- Oh- dijo Álex abrazándola- Será las primeras Navidades en varios años que no estamos juntas.

- Bah, ni pienses en eso- le dijo Kansas- ¡Te vas a Gales con tu novio! ¡Aramis nunca te sacó ni del pueblo!

- Sí, es cierto- repuso Álex más animada- Cuídate, ¿sí?- dijo volviendo a abrazarla- No veremos pronto.

- Claro que si- dijo Kansas- La parte más positiva de esto es que al estar separados, nadie sabrá quien tiene a quien y por fin haremos bien el amigo invisible.

- Je, je... ya- dijo Mia y todos rieron- Venga, Kansas, ¡ese abrazo!

Las despedidas duraron una media hora. Nadie dijo nada, pero todos sentían ese vacío que se abre paso en el corazón cuando te despides de alguien a quien quieres, aunque sea por poco tiempo. Harry dio gracias a Dios por que Álex se fuera con él. Se le hizo un nudo en la garganta tan sólo de pensar en lo duro que hubiera sido separarse de ella, aunque hubieran sido solamente un par de semanas.

Fueron los últimos en marcharse. Antes de echar los polvos flu en la chimenea para ir a la estación, se besaron largamente, contentos de tenerse el uno al otro.

Subir al MarMágico era una experiencia bonita y una de las cosas que la hacían merecedora de esa cualidad, era que era corta (lo bueno, si es breve, dos veces mejor). Tan sólo una hora de viaje a toda velocidad sobre el océano Atlántico.

Los días anteriores, Álex no había dejado de parlotear entusiasmada sobre las ganas que tenía de subirse al tren volador. Pero en aquel momento, ya no le hacía ninguna ilusión. No era que le hubiese entrado miedo por si el tren cambiaba de ruta y se zambullía en el mar. Lo que le daba algo de miedo era el destino. Iba a conocer a la familia de Harry, su novio. Iba a conocer a sus padres (o padrastros), sus suegros. A sus mejores amigos, algo así como sus cuñados. Y ella era la nuera, el peligro emergente, que amenazaba con quedarse a Harry, el niño de la casa, el hijo, el hermano, el amigo de todos ellos. ¡Puaj!¡Vaya asco de posición que le había tocado en el árbol genealógico!

- Bueno, ya estamos aquí- dijo moviéndose inquieta una vez se tomaron sus asientos en el tren. Harry le dio un beso en la mejilla, le cogió la mano y se la apretó fuertemente.

- ¿Estás nerviosa?

- pf...

- Pues tendrás que aguantarte por que yo también estoy nervioso.

- Gracias por tu espléndido apoyo moral, mi amor.

- Para eso estoy, dulzura.

Ambos chicos rieron y sus risas fueron apagándose poco a poco hasta quedar en nada. Se miraron y se dejaron de mirar. El tren se puso en marcha. Harry decidió que leer una revista podía relajarles un poco, así que sacó un par de su mochila y al girarse hacia Álex para darle su mochila, se quedó parado.

- Esto... peque, ¿qué haces?

La chica estaba murmurando cosas mirando al techo con aire pensativo. Al ver como Harry la miraba, sonrió sonrojada.

- Mmm... estoy tratando de que... bueno, estoy tratando de sonar... menos americana- Harry la miró con las cejas levantadas.

- ¿Por?- Álex hizo un gesto de exasperación.

- Harry, nos vamos a Inglaterra, bueno, a Gales... bueno, a Gran Bretaña, a tu país- dijo la chica nerviosa- Y ahora, digamos, el péndulo cambia al otro extremo...- explicó mientras representaba con sus manos el movimiento del péndulo. Harry miró a Álex con el cejo fruncido.

- Álex, pero, ¿qué péndulo, qué dices?

- ¡Harry, pues que ahora la extranjera, la extraña, la del acento raro voy a ser yo!- exclamó Álex afligida. Harry cambió la expresión ceñuda por una fresca risa, seguida de un cachete de Álex al brazo- No tiene gracia.

- No podrías estar más equivocada, tiene mucha gracia- dijo Harry todavía riendo- Pero no te preocupes, que no creo que nadie se meta contigo. George y Fred quizá hagan un par de bromas, pero bien...

- ¿Bromas de qué tipo?

- Álex, yo qué sé, bromas. Venga, tranquilízate. Respira hondo y tranquilízate.

Álex respiró hondo y trató de tranquilizarse, pero no lo consiguió. De pronto, se echó a reír casi con histeria.

- Es que...- dijo entre risas- ¡Tenéis una forma de hablar los ingleses!- y siguió riendo a carcajada limpia. Harry miró a su novia con la sonrisa congelada.

- Ehem... Perdona, Álex, pero lo que habláis raro sois vosotros que sois los que empezasteis a hablar el inglés después... Si no os lo copiasteis bien es culpa vuestra.

- ¡Claro que no nos lo copiamos bien! ¡Si parecéis patos hablando!

- ¡Y vosotros no arrastráis más las sílabas por qué no se puede! ¡Decís “ven aquí”y ya he llegado antes de que terminéis la frase!

- ¡Eso es mentira!

- ¡No, no lo es!

- Mmm... chicos- les llamó la atención una señora que tenían sentada enfrente- Estáis discutiendo por vuestro acento, ¿sabéis?- dijo como si aquello fuese la tontería más grande del mundo. Y, en cierto modo, lo era.

- Mmm... gracias- dijo Álex. Harry y ella se serenaron y se sonrieron- Tiene razón. No debemos discutir por tonterías. Vamos a conocer a nuestras familias políticas y debemos apoyarnos... ¿no es así?

- Es así- dijo Harry y la colocó un rizó detrás de la oreja.

- ¡Venga, bésala!- dijo ahora con entusiasmo un señor que estaba dos filas más atrás. Harry y Álex se giraron sorprendido y entonces se dieron cuenta que el vagón estaba en absoluto silencio. Un absoluto silencio expectante.

- ¿Está escuchándonos todo el vagón o qué?- preguntó Álex, más para si misma que nada. Por eso quedó muy sorprendida cuando, en respuesta, hubo un “¡Siiii!” general. Harry estalló en risas y Álex se tapó la boca, muy colorada.

- Álex... eh, peque, ¡Despierta!- Álex abrió los ojos y se encontró con los verdes de Harry, sonriéndole- Ya hemos llegado- Álex miró a su alrededor, confusa. El tren ya había parado y sólo quedaban unas pocas personas por salir.

-¿Me he quedado dormida?- exclamó sorprendida.

- No, creo que has llegado a perder las conciencia, en serio- comentó Harry divertido mientras bajaba sus maletas del portaequipajes- venga, somos los últimos. Sirius nos estará esperando.

- Vale- dijo Álex levantándose. Entonces cogió a Harry del brazo- Harry, prométeme que aunque rompa el jarrón favorito de Arabella, o alguna tubería o incendie la casa... seguirás queriéndome.

Harry rió y la beso dulcemente.

- Te lo prometo- le dijo divertido- Pero evita quemar nada. Arabella y todos sus hermanos nacieron en esa casa y el fuego se propaga fácilmente.

Álex empezó automáticamente a repasar todos los hechizos antiincendios que conocía. Ambos bajaron del tren cogidos de una mano y con la maleta en la otra. La estación del Callejón Diagon en aquellos momentos estaba bastante llena de gente y era bastante difícil distinguir a nadie entre la multitud. Álex se fijó en la sonrisa que llevaba Harry dibujada en los labios. Y el caso era que el joven estaba radiante: el aire estaba frío y húmedo, la gente que lo rodeaba tenían sus misma forma de hablar (cosa de la que Álex también se dio cuenta, aunque no con tanta alegría)... ¡estaba en casa!

- ¡Harry! ¡HARRY!- Harry se giro rápidamente hacia la conocidísima voz. El corazón le latía muy fuerte. ¡Padfoot!

- ¡Sirius!- gritó soltándose de la mano de Álex y corriendo hacia su padrino. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Harry saltó encima se Sirius y ambos cayeron al suelo,

- ¡Dios mío!¡Me ha caído un neoyorquino encima!- exclamó Sirius riendo mientras ambos rodaban por el suelo, contentos como nunca- ¡Harry!

- ¡Sirius, como me alegro de verte!- exclamó el joven mientras ayudaba a su padrino a levantarse y volvían a abrazarse- ¡Estás genial!

Era cierto. Sirius estaba más apuesto que nunca. Estaba claro que la vida junto a Arabella tenía efectos muy beneficiosos en su salud. Tenía un color de cara estupendo y Harry no lo había visto nunca sonreír de aquella forma, aunque estaba claro que la razón principal de aquella espléndida sonrisa era la vuelta de su ahijado a casa.

- Tu también estás muy guapo- dijo Sirius animado y lo repasó de arriba a bajo- Pero más delgado, Arabella va a matarte- comentó afectuosamente- Pero esos ojos de enamorado no te los quita nadie. ¿Dónde está tu chica, bribón?

Harry se giró y vio que Álex se acercaba con una sonrisa tímida, colocándose bien la mochila en el hombro con nerviosismo. Fue hacia ella y la cogió de la mano.

- Sirius, te presento a Álexandra West- dijo Harry muy orgulloso de poder presentarle por fin su novia su padrino. Álex se veía muy bonita e inteligente, con el pelo recogido y las gafas de una montura fina y plateada enmarcándole sus preciosos ojos dorados.

- Vaya- dijo Sirius agradablemente sorprendido mientras chocaba de manos con Álex- No mentías en tus cartas, Harry, es muy guapa- Álex se sonrojó- Me alegro mucho de conocerte, Alexandra.

- Igualmente, puede llamarme Álex, señor Black- dijo ella más serena.

- Y tu llámame Sirius, haz el favor- rió Sirius jovialmente- No quiero acordarme de lo mayor que soy. No todavía.

Los dos jóvenes rieron. Después de dos o tres abrazos más, Sirius les dijo que si les apetecía, podían dejar sus maletas a unas lechuzas para que estas las llevaran a casa y ellos podían ir al Caldero Chorreante a tomar algo.

- ¿No vamos todavía a ver a Arabella y a todo el mundo?- preguntó Harry algo confuso e impaciente. Se había encontrado con Sirius después de mucho tiempo y ahora quería ver a todo el mundo. Era como cuando se come un pedacito de chocolate y luego apetece comerse el resto de la barra.

- ¡Claro!- dijo Sirius mientras dejaban las maletas en el servicio de correo con lechuzas- Pero tendrás que esperarte un poquito, por que Arabella y la señora Weasley os están preparando una súper-bienvenida -Sirius pronunció esta última palabra con acento de niño de papá, cosa que hizo reír a Álex- y me han pedido que te entretenga un rato. ¿Te parece bien, chaval?- le dijo colocándole la mano en el hombro.

- Claro- dijo Harry encogiéndose de hombros- Si no queda más remedio...- añadió mirando a Álex. Ésta asintió con la cabeza. La verdad era que se alegraba de no encontrarse a toda la tropa de sopetón. Sirius debió notárselo en la cara, porque rió mirándola con simpatía y le dio unas palmaditas en la espalda.

- Venga, vamos a tomarnos un vinito- propuso jovialmente, cogiendo a Harry por la espalda. Los tres se dirigieron al Caldero Chorreante, que de fuera parecía extrañamente tranquilo. Pero al abrir la puerta...

-¡SORPRESAAAAA!

Harry y Álex dieron un salto y antes de recuperarse de la sorpresa (más bien del susto), Álex había sido involuntariamente apartada de la masa que rodeaba a su novio y Harry tenía a Ron encima.

- ¡Ron!- exclamó feliz mientras se abrazaban.

- ¿Qué tal, colega?- dijo este revolviéndole el pelo- ¡Estás genial! ¡Mucho menos americano de lo que esperaba!

- Bueno, llevo aquí un minuto- dijo Harry y ambos rieron, pero Harry paró y abrazó con fuerza a la chica sonriente de cabellos castaños que estaba al lado de Ron- Hermione, estás preciosa.

- Y tú estás más delgado, Arabella te va a matar- dijo Hermione riendo mientras se separaban y Remus Lupin le daba la mano a Harry.

En el otro extremo, Álex observaba entre atónita y algo asustada que las más de cuarenta persona que había mentidas allí hacían cola para abrazar y besar a Harry. Madre mía, que extrajera se sentía en aquel momento...

- ¡Ay, mi niño, por fin!- dijo Arabella mientras Harry la abrazaba y le daba una vuelta en el aire- Si lo llego a saber, voy yo a por ti en lugar de enviar a Sirius. Lo que me ha costado darte un beso- dijo riendo y lo miró atentamente- Harry Potter, ¿por qué esos pantalones te cuelgan?

Hubo un estallido de risas general, aunque Arabella no reía para nada.

- Bell, es que salgo mucho a correr y en Nueva York es fácil perderse- dijo Harry riendo- Por que te aseguro que como igual de bien que aquí, Álex es muy buena cocinera- añadió mirando a su novia con una sonrisa tierna.

Un montón de cabezas se giraron hacia Álex, que observaba la escena desde un segundo plano y se vio sorprendida por todos aquellos ojos que la observaban con interés. La pobre muchacha se puso más roja que un tomate. Por primera vez des de que habían empezado a salir juntos, sintió algo de rencor hacia Harry. Levantó la mano a la altura de su cabeza y saludó con los dedos.

- ¡Hola, familia!- dijo tontamente. Harry luchó por no estallar en risas, aunque Álex ya podía oír las carcajadas de Kansas cuando se lo contara.

- ¡Hola, Álex!- respondieron a coro todos los demás.

Para enorme alivio de Álex, todas aquellas personas no eran tan estrechamente amigos de Harry como imaginaba y no iban a pasar las Navidades con todos ellos. Según le contó este después, la mayoría de los que habían ido a recibirle eran compañeros y amigos de la escuela y de la Academia de Aurores de Londres, con lo que tenían una buena relación, pero no tan buena como la que mantenía con Ron y con Hermione, sus amigos del alma.

Así que, cuando Harry terminó de saludar a todo el mundo y la gente empezó a marcharse, la cosa se redujo a la mitad, en decir, los Weasley, sus hijos y sus novias, Sirius, Arabella y Remus Lupin. “Mucha menos gente que me verá haciendo el ridículo” pensó Álex abatida.

- Me encanta tu optimismo- le dijo Harry. Álex lo miró estupefacta.

- ¿Lo he dicho en voz alta?- preguntó aterrada.

Harry se echó a reír. Sentía que Álex estuviera tan nerviosa, por que él se lo estaba pasando genial.

Fueron a Gales con un trasladador. La ciudad donde vivían Sirius y Bell (y Harry, cuando estaba allí) se llamaba Newport. Estaba situada en el bonito valle de Usk, cercano al río Wye, que hacía frontera natural con Inglaterra. Era una ciudad preciosa, como poco después Álex descubriría. Allí hacía menos frío que en Nueva York. Cuando llegaron llovía y Álex vio que a Harry los ojos le brillaban con melancolía. En Nueva York nevaba, pero llovía más bien poco.

La casa estaba a las afueras del pueblo. Era enorme y bellísima. Estaba hecha de yeso blanco y con las tejas pintadas de rojo, como si fuera una casa de cuento. Además, habían decorado los bordes de los balcones con acebo y lazos dorados. Álex comprobó que Harry no mentía: aquel lugar realmente maravilloso. La casa por el sur, daba al mar y por el norte, daba a extensos campos de viñas y el aroma salado del mar y húmedo de la tierra mojada por la lluvia impregnaba el ambiente.

- ¿Qué te parece?- le preguntó Harry a Álex mientras paseaban por el corredor de la casa que daba al mar. Mientras los demás terminaban de preparar la comida, Harry le habían enseñado la casa a Álex. Esta lo miró sonriendo.

- Me encanta- le respondió. Harry le dio un beso en el cuello.

- Venga, vamos a comer- Álex lo miró con cierta aprensión, pero asintió. De momento, las cosas no habían ido tan mal.

Todos habían sido muy simpáticos con ella. Arabella y Sirius eran encantadores de verdad, todos los Weasley eran muy simpáticos y se topó con que Ron y Hermione eran exactamente como Harry los había descrito: polos opuestos que se atraían de forma irremediable. En cierto modo, Hermione le recordaba algo a Kansas, por su inteligencia y esa seguridad en si misma que irradiaba, aunque Hermione era mucho más educada y tranquila, todo hay que decirlo.

- ¡Eh, chicos!-Hablando del Rey de Roma. Hermione se dirigía a ellos con una sonrisa- La comida ya está lista.

- Ahora mismo íbamos- dijo Harry y cuando su amiga llegó a su altura la abrazó- ¡Ay, Hermione, como te echado de menos!

- Y yo a ti, Harry- respondió esta sonriendo. Cogió a Álex del brazo y le dijo en tono confidencial- Menuda pieza te ha tocado, niña, no podrías haber escogido mejor.

- Gracias, siempre me han dicho que tengo muy buen ojo- dijo Álex muy cómoda con la actitud familiar de Hermione. Esta rió y cogió a Harry también del brazo. Los tres empezaron a bajar las amplias escaleras que conducían al patio, donde habían montado allí la mesa donde comerían. La habían rodeado de pequeñas llamas de color azul que daban calidez al ambiente.

Al verles bajar, los demás sonrieron.

- Bueno, ¿a quién le apetece pastel de carne?- preguntó Arabella.

- Bell, llevo todo el trimestre soñando con tu pastel de carne- dijo Harry y Sirius se echó a reír, palmeando la espalda de su ahijado.

- Y bien, Harry- dijo Ron sentándose al lado de su amigo- Empieza a largar. El trimestre, punto por punto.

- ¡Ah, no!- se quejó Harry.

- ¡Ah, sí!- dijeron todos los demás a la vez.

- Pero, os he enviado una carta casi por semana, ¿no las habéis leído o qué?

- Harry, ¿me vas a comparar una carta con la transmisión oral?- preguntó Fred Weasley en tono ofendido- Empieza a desembuchar, yanqui.

- Además, hay trozos que te has saltado- dijo Hermione maliciosa mientras se sentaba sobre las rodillas de Ron- No nos contaste ni como empezaste a salir con Álex ni nada de nada.

- Es que eso es personal- dijo Harry y Álex rió, sonrojada.

- ¡Venga, ya! –protestó Sirius- Álex- la llamó- ¿Sabes lo qué se explayó tu novio para decirnos que estaba saliendo contigo? ¡Dos párrafos!

- ¡Harry!- dijo Álex en tono de regaño- ¿Dos párrafos?

- ¿Ves? Hasta tu novia nos apoya.

- Traidora- le espetó Harry y ella rió- ¿En serio que quereís saberlo?

- ¡Sí!

- ¿De verdad, de verdad?

- ¡Sí!

- Bueno, está bien... Pues... todo empezó, supongo... el día en que nos conocimos. Yo acababa de entrar en el portal cuando entró miss Simpatía y empezó a darle al ascensor con todas sus fuerzas.

- Oye, sé justo- lo interrumpió Álex- Había tenido un día horrible, ¡unos críos me habían tirado dentro de una fuente y se me habían roto mis vaqueros favoritos!

- Ya, bueno- dijo Harry socarrón y Álex le sacó la lengua- El caso es que la vi tan alterada que le dije...

- Con un tono de creído genial...

- Oye, la historia la cuento yo...

- Ya, y yo hago la banda sonora...

- Le dije que con una vez que apretara el botón el ascensor ya bajaba. Y ella se puso como una fiera, me dijo no se qué muy indignada y se fue por las escaleras.

- ¡Y qué sorpresa nos llevamos al ver que íbamos al mismo piso!- exclamó Álex teatralmente- Pero a partir de allí, nuestra relación mejoró bastante hasta que...

- Mia y Letty se empeñaron en hacer que saliera con una amiga suya, Marie, y Álex se puso celosona...

- ¡No me puse celosona!

- ¡Buff! Ya... Entonces, ¿me puedes explicar por qué que me quedara con Marie jugando un partido de quidditch en lugar de irme contigo hizo que estuviéramos una semana sin hablarnos?

- ¡Me llamaste entrometida!

- ¡Y tu me llamaste maleducado!

- No es verdad... solo lo insinué. ¡Me habías dejado plantada!

- ¡Me habías dicho que te dolía la cabeza y que querías irte a casa, mentirosa!

- Bueno, tenía que hacerme la dura. Además, bien que te diste prisa en quedar con Marie... ¿Cuánto tardaste, tres días?

- Bueno, cuando me cruzaba con la chica que realmente me gustaba esta me miraba como si fuero un bicho asqueroso que quisiera aplastar... Marie era mucho más simpática conmigo en aquella época...

- Claro, ¡como qué iba detrás de ti!

- Mmm... si, es lo que suele hacer la gente cuando se pretende seducir a alguien, ser amable, cariñoso, coqueto...

- El caso es que Don Juan, aquí presente, quedó con Marie y descubrió que no podía querer a otra chica que no fuese yo...

-¡Qué modestia la tuya, mi amor! Pero es cierto. Así que dejé de intentarlo con Marie y Álex y yo nos hicimos amigos de nuevo. Ahora viene lo bueno.

- Oh, Dios...

- Y llegó Halloween. Íbamos a montar una fiesta de disfraces en casa y de hecho, lo hicimos. Pero Álex no podía ir por que tenía que acompañar a recoger caramelitos a un primito suyo, Jamie y yo me ofrecí a acompañarla.

- No está tonto, el niño...

- Y cuando volvíamos a casa después de acompañar a Jamie, pasamos por una fiesta y la señorita West se me perdió. Cuando la encontré estaba borracha...

- En mi defensa he de alegar que el alcohol se me sube a la cabeza muy rápido.

- De acuerdo, señoría, el jurado tendrá en cuenta su opinión.

- Lerdo...

- ¡Oye! Bueno, el caso es que la llevé a casa y mientras la obligaba a beber algo de café, la señora me besó, ¿no es así?

- No tengo recuerdos claros de aquel día...

- No me extraña, no te acordabas de nada al día siguiente, cosa que me destrozó el corazón, la verdad.

- Oh, Harry... ¡Fuiste tu el que no me lo dijiste!

- ¡Ya te lo dije! ¡Estabas borracha, no me gustó que nuestro primer beso fuera así! Pero bueno, el caso es que todo continuó calmado durante un tiempo...

- Excepto una tormenta que nos atrapó en la terraza un par de horas una noche que íbamos a salir...

- Sí, y justo cuando yo iba a contarle lo que había sucedido en Halloween, llegaron Mia y Mónica en plan “Los rescatadores” y me cortaron el rollo...

- ¡Pobrecito!

- Pues sí, hubiera sido muy romántico. Estabas guapísima mojada...

- Ay, ¡qué rico! El caso es que, al parecer, este y yo elegíamos días clave para dar “pasitos en nuestra relación”. En Halloween le besé...

- Y yo se lo dije el Día de Acción de Gracias. Ella se puso como una fiera y me dijo, atención a la frase “Resulta que al final no lo pasaste tan mal en Halloween, ¿eh?”

- ¿Todavía te acuerdas?

- Álex, me hiciste más daño con aquello que con un cruciatus cualquiera...

- Bueno, vale, es cierto, me pasé. Estaba muy enfadada. Me di cuenta que ya podría llevar liada contigo casi de un mes y me dio rabia. La pagaste tu, lo siento...

- Cómo el día del ascensor...

- Perdona.

- Estás perdonada, peque, ya lo sabes. Tus frases siguientes fueron mucho mejores incluso que las mías...

- Pues sí, por que todavía no me creo que no se te ocurriera otra cosa que cogerte un tren y volver a Inglaterra, como un fugitivo... El idiota deja una nota en plan “nunca volveré” y yo casi me quedo en el sitio del susto...

- Je, je, seguro que aquello fue divertido.

-¡Divertidísimo! Petardo...

- ¡Oye!

- Total, gracias a Mia y a Kansas, me fui corriendo tras él y llegó unos minutos antes de que cogiera el tren para irse...

- Y por supuesto, no me dejó...

- Ya sabes, soy una chica ambiciosa. Después de unos minutos de discusión en que nos tiramos las verdades a la cara, Harry me dijo que le dijera algo para que me quedara...

- Y ella me dijo “Quédate” y yo me quedé... besándola... –dijo Harry, sonriendo con nostalgia y dulzura.

- Y eso es en resumen nuestra vida desde que nos conocimos- concluyó Álex, también sonriendo. Ambos suspiraron y miraron a los demás.

Un silencio sepulcral había invadido la mesa. Todos los miraban, las chicas con ojos húmedos y los chicos con una sonrisa tierna.

- ¡Vaya!- dijo Bell con voz temblorosa- ¡Qué bonito!- y estalló en lágrimas. Álex la miró alarmada. Empezar haciendo llorar a la suegra no era una buena señal.



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