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Nunca mía
Disclaimer: Nada es mío, nada me pertenece.
Chapter 15 – Única esperanza
So I lay my head back down
And I lift my hands
And pray to be only Yours
I pray to be only Yours
I know now You're my only hope
Sing to me of the song of the stars
Of Your galaxy dancing and laughing
and laughing again
When it feels like my dreams are so far
Sing to me of the plans that You have
for me over again
Only Hope by Switchfoot
Tomando aire de nuevo, Hermione comenzó a subir escaleras. Había vapor proveniente del baño, así que seguramente acababa de salir de la ducha.
Su habitación estaba parcialmente cerrada. Suspirando, reunió todo su coraje.
-Sirius, quería decirte que te qui... –comenzó a decir, abriendo la puerta de su habitación.
Sus palabras se ahogaron en su garganta conforme sus ojos se clavaron en Sirius. Estaba desnudo, apoyado contra la pared del baño. Alzaba su varita, y en sus brazos sostenía un cerdito rosa.
-¡Hermione! –dijo, con voz tensa. El cerdito pataleaba en sus manos.
-¿Tienes un cerdo? –preguntó Hermione. Sonaba estúpido preguntarlo, pero se había quedado sin palabras. Su rostro quemaba mientras sus ojos recorrían su figura desnuda. Sirius miró al cerdo en sus brazos.
-No es mío. Es... es un... animal extraviado. Debe de haber entrado por la puerta principal y ha llegado a mi habitación.
-Oh –dijo, y entonces se sonrojó aún más-. Estás desnudo.
-Estoy desnudo –admitió, sonrojándose él también-. ¿Qué decías cuando estabas entrando en la habitación?
Sirius sabía lo que había empezado a decir, pero el pánico se había apoderado de él tratando de librarse de Brenda. Su corazón se había parado cuando oyó a Hermione subiendo las escaleras, y le aterrorizaba que pudiera ver a Brenda.
-Oh... yo... ugh, ese cerdo acaba de utilizar tu mano como servicio –murmuró Hermione.
Sirius tiró a Brenda al suelo.
-¡Joder! –maldijo, pegándole una patada al cerdo, que salió volando por la habitación con un gruñido.
-¡Sirius, es un ser vivo! No pretendía usarte como cuarto de baño. ¡Está asustado! –gritó Hermione, yendo hacia el cerdito.
Sirius la alcanzó.
-No te preocupes por él. Voy a liberarle y a ducharme otra vez. Quédate aquí –dijo, cogiendo a Brenda-. Por favor, no te vayas.
Cogió unos pantalones y abandonó la habitación.
Sirius cerró la puerta principal, y rápidamente pronunció un hechizo silencioso. Dirigiéndose al cerdo, movió la varita.
-¡Cómo te atreves! –masculló Brenda-. Convertirme en un cerdo... ¡Lo lamentarás, Black!
Sirius agarró su hombro, agitándola con fuerza, junto a la pared de su casa.
-Escúchame... –la amenazó.
Ella, en cambio, le interrumpió con voz mimosa.
-¿Así que quieres jugar sucio, eh? –rió.
-No vuelvas a acercarte a mí –la advirtió Sirius-. Y no se te ocurra acercarte a Hermione nunca más. Te lo advierto.
-¿Quién te crees que eres? –dijo ella, el miedo comenzando a aparecer en sus ojos.
-Espero que nunca lo descubras –respondió, soltando su hombro-. Hablo en serio, aléjate de nosotros dos. Si te veo cerca de aquí, lo lamentarás.
-La quieres... ¿verdad? –masculló ella con desprecio-. ¿Qué es lo que tiene? No es nadie. ¿Qué veis los hombres en ella?... ¿qué hace, usar pociones y hechizos?
Sirius sacó su varita, apretándola contra el cuello de Brenda.
-Una sola palabra más y tendrás una cola rizada permanente.
-Lo que tú digas –murmuró ella, antes de desaparecer con un ‘pop’.
Sirius enredó sus manos en su cabello conforme entraba en casa. Se había salvado por los pelos. Se dirigió de nuevo escaleras arriba, ansioso por oír a Hermione admitir lo que sentía.
-Aún estás aquí –dijo con alivio, viéndola sentada en la cama.
-Y tú aún estás manchado del desastre de ese cerdo.
Sirius sintió su cara encenderse de un color rojo. Estaba tan impaciente por subir de nuevo, que había olvidado limpiarse.
-Voy... voy a... ducharme ahora... –titubeó. ¿Por qué hacía tantas estupideces cuando ella estaba cerca?
Hermione se mordió el labio mientras él salía de la habitación. Escuchó durante unos instantes hasta que oyó el agua caer. Un picoteo en la ventana atrajo su atención de aquellas imágenes que se estaban formando en su cabeza, con Sirius desnudo, y el agua cayendo por su espalda.
Vio a Pig al otro lado de la ventana. Mientras la abría, su estómago dio un vuelco. ¿Qué querría Ron ahora?
Desenrollando el pequeño pergamino, leyó la nota.
Hermione:
Tengo una cita con Fudge esta tarde. Nuestra nulidad sera sencilla. Te envío esto a cada de Black, pues sé que probablemente estarás allí. Espero que seas feliz.
Ron
No sabía si debía reír o llorar. Ron iba a pedir la nulidad. Debería estar feliz, pero en cambio sentía ganas de llorar como una magdalena. Si Ron la dejaba, no tendría a nadie. Podía ser que Sirius afirmara amarla, pero no la amaría para siempre.
-¿Qué es eso? –oyó una voz profunda desde la puerta.
Alzando la mirada, descubrió a Sirius con sus pantalones puestos. Su pecho desnudo aún estaba cubierto por gotas de agua, y su pelo caía por su rostro.
-Mira –dijo, tendiéndole la nota.
Sirius la miró con una sonrisa.
-Esto es lo mejor que podía pasarte –dijo-. Tú no eras feliz, Ron no era feliz. Serás libre para perseguir lo que quieras...
-No sé lo que quiero –dijo, suavemente. Y Sirius sintió su corazón hundirse.
-Hermione... ¿qué estabas diciendo cuando entrabas por la puerta? –preguntó de nuevo, caminando hacia ella despacio.
-No lo recuerdo –respondió, atropelladamente.
-Decías “Sirius, quiero que sepas que...” –la incitó.
-Que siento mucho tu pelea con Ron. Es todo cuando iba a decir –mintió. No podía permitirse amarle.
Sirius se detuvo frente a ella. Alzando una mano, acarició su rostro con suavidad.
-Eso no es lo que ibas a decir –susurró.
Hermione cerró sus ojos, apoyándose en la mano de Sirius.
-Es todo lo que iba a decir... –respondió susurrando, también.
-¿Qué es lo que quieres, Hermione? –le preguntó, recorriendo sus labios con sus dedos.
Hermione consiguió apartarse de él.
-Quiero la estrella más brillante del cielo para mí, para amarme –le respondió-. Pero no puedes esperar una estrella, están fuera de tu alcance.
Sirius fue a ella y la rodeó por la cintura, envolviéndola en su abrazo.
-No todas las estrellas están fuera de tu alcance, Hermione –dijo, cogiendo su mano y poniéndola sobre su corazón-. Tú ya tienes esta en la palma de tu mano.
Hermione alzó la mirada, sin saber qué decir.
-Sé que estás asustada, Hermione. Yo también estoy asustado. Tengo miedo de ser demasiado mayor para ti. Tengo miedo de estar demasiado destruido para ser amado. Pero sé que cuando estoy contigo, no hay otro lugar donde quiera estar –admitió-. Me has ayudado a sacar la oscuridad de mi vida.
-Yo... –titubeó.
-¿Qué? –murmuró, su aliento contra la piel de Hermione.
-Estoy asustada. Nunca creí en el amor. Tengo miedo de creer en él.
-Aún no tienes que hacerlo. Sólo cree en mí –susurró, inclinándose para besarla.
-¿Qué quieres? –masculló Brenda, abriendo la puerta-. ¿Ron?
-Quiero hablar –dijo, entrando a la salita.
-¿De qué? –preguntó, cruzándose de brazos.
-De lo que pasó. Siento haber huido, estaba preocupado por Hermione.
-Siempre es Hermione..¿no? –murmuró, encendiendo un cigarrillo.
-Voy a pedir la nulidad, hoy.
-Bien por ti –respondió, dejando escapar un anillo de humo.
-¿Qué hay de nosotros? –preguntó Ron, jugueteando con la costura de sus pantalones.
-No soy el segundo plato de nadie, Ronald. Y tú ya me hiciste ser la segunda.
-Tenía que cuidar de ella. Mi relación con mi familia y amigos estaban ligadas a ella, también. Tenía que hacer lo correcto –trató de explicarle.
-Sal de aquí.
-Háblame, por favor –le suplicó.
-Vete. Déjame pensar en ello, a lo major podemos hablar después –respondió Brenda, con voz más suave.
-¿Me lo prometes?
-Te lo prometo –respondió. Hablaría con Ron, y quién sabe lo que pudiera pasar. Pero Hermione tendría su merecido antes.
Sirius no abandonó los labios de Hermione cuando se inclinó para tomar sus piernas y alzarla en sus brazos. Tras recorrer la habitación con ella así, la dejó cuidadosamente en la cama.
Al fin dejando su boca, se sentó silenciosamente. Se agachó para sacar el anillo de boda de su dedo.
-Anoche te quité este anillo porque quería que fueras mía, no de Ron –dijo suavemente, echándolo al suelo. Ella le miró.
-No me hagas daño... –le rogó.
-Daría todo lo que tengo para estar contigo, Hermione –dijo, inclinándose y desabotonando su blusa-. Jamás te haría daño. Haré todo cuanto tú me pidas.
Hermione alzó las manos, tocando su nariz, sus labios, sus orejas... sintiéndole.
-Hazme el amor, Sirius.
Él no dijo nada más; simplemente, llevó sus labios a los suyos otra vez.
No es el final del fic, aunque lo parezca. Aún quedan varias cositas juju. El capítulo que viene es bastante suavecito, muy dulce... no sé, a mí me gusta mucho, ya veremos a vosotros. Gracias por los reviews. 19, esta vez. ¿Podemos llegar a 20? Jajajaja, ok ok, no presiono. Pero me gustaría.
Besos a todos
Dream-kat