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Notas de la autora: Weü.. hace años que no subía nada, todavía sigo trabajando en fics que tengo planeados desde hace meses y no termino, y la inche escuela sólo me deja tiempo para respirar y comer, haha. Así que, sólo por ociosidad y para no tener tan abandonada mi cuenta, empecé a escribir un fic que fuese mas o menos fácil de redactar y salió esto. No tiene mucho de mi estilo normal de escritura y no me tomé la molestia de releerlo 200 veces para corregir errores, así que en cuanto a calidad refiere ha de ser un asco, hehe, y tampoco es muy largo porque, como dije, quiero algo que pueda escribir rápido, en mis pocos minutos de tiempo libre y con mi precaria inspiración que es consumida como papel por la infernal escuela TT. Así que ahí les va.
Advertencias: Yaoi, Yuri, Rape, posiblemente lemon (una vaga y remota posibilidad pues soy un asco escribiendo lemon), abusos, drogas, pendejadas.
Disclaimer: Ningún personaje de Beyblade me pertenece. Empero, esta historia es mía, la idea y todo lo demás salieron de mi jodidoy enfermo cerebro y cualquier parecido con cualquier otra cosa que hayan visto por ahí es mera coincidencia. Y si alguien decide copiar mi idea pues ¡que se joda! ... pero probablemente nunca me enteraré.
Capítulo Uno
–Tu horario –dijo un hombre de mediana estatura, extendiendo un par de hojas a un muchacho rubio que estaba sentado frente a él, del otro lado de su escritorio–, el horario debe ser íntegramente cumplido, no te arriesgues a perturbar el orden de Anschluss porque podrías perder tu derecho a estar aquí.
El muchacho tomó las hojas tímidamente y les echó una rápida ojeada.
–Se te han asignado clases y actividades específicas. No debes faltar a ninguna de tus actividades o serás sancionado. El perturbar el orden de la academia o perjudicar a tus compañeros también conlleva un castigo severo. Y por ninguna razón, bajo ninguna circunstancia, debes olvidarte nunca de tomar tus cápsulas de descontaminación –extendió un sobre rojo al muchacho, quien de nuevo lo tomó con inseguridad–. Una cápsula te será entregada junto a cada comida del mediodía. Y queda terminantemente prohibido salir de los terrenos de Anschluss. En caso de que lo hagas, no se te volverá a permitir la entrada.
El hombre se puso de pie y el rubio frente a él hizo lo mismo. La luz matinal bañaba los rostros de ambos en un manto de calidez invisible.
–Y lo más importante de todo, Max. No olvides que la academia Anschluss existe por el bien de la humanidad.
El hombre inclinó levemente la cabeza y Max hizo una reverencia. Después se dio la vuelta y caminó silenciosamente hacia la puerta.
–Te llevarán a tu habitación. En la puerta de las habitaciones hay reglamentos, léelos cuidadosamente.
La puerta se cerró detrás del muchacho.
Afuera un pasillo largo, iluminado a través de las ventanas por luz blanquecina le recibió. Apoyado en la pared con los brazos cruzados estaba un muchacho alto, probablemente mayor que él, esperándole. Llevaba el cabello hasta debajo de los hombros amarrado en una coleta, de un color azul grisáceo. No pudo ver sus ojos pues los tenía escondidos detrás de unos lentes rojos.
–Buenos días, Mizuhara –saludó el muchacho, separándose de la pared-. Mi nombre es Hitoshi Kinomiya, encargado de los estudiantes nuevos. Puedes preguntarme todo lo que gustes camino a tu habitación.
El peliazul hizo una seña para que Max le siguiera y comenzó a avanzar.
–Como cultura general, la academia Anschluss fue fundada después de la tragedia nuclear del año 2023. Se encarga de encontrar a los sobrevivientes a la tragedia, descontaminarlos por lo menos en un 70 y traerlos aquí, donde se les enseña de nuevo las cosas básicas que necesitan saber para vivir en una sociedad. Como ya te explicaron, parte de las reacciones secundarias que tenemos al ser expuestos a la radiación es la pérdida de memoria, por eso es normal que no recuerdes quien eras ni como solía ser tu vida. Gracias a las identificaciones que se tenían que llevar obligatoriamente desde el 2017 es posible determinar tu nombre, edad, lugar de nacimiento y esas cosas –el muchacho se detuvo cuando llegaron frente a un alto edificio–. Este es el edificio C, tu habitación está en el cuarto piso –siguió hablando mientras entraban y se paraban enfrente de un par de puertas metálicas–. Esto es un elevador. Presionas este botón para que el elevador baje y esperas –explicó, mientras presionaba una tecla metálica junto a él. Después de unos segundos, las puertas se separaron y Hitoshi entró al ascensor, indicándole a Max que le siguiera–. Después escoges el botón del cuarto piso.
Las brillantes puertas de metal se cerraron y el ascensor se hundió en silencio. Posteriormente al casi imperceptible temblor característico del aparato, las puertas se abrieron de nuevo pisos arriba. El peliazul salió, seguido de Max, y se adentró en uno de los pasillos que aparecieron frente a ellos. Finalmente se detuvo junto a una puerta marrón y sacó una llave que traía colgado un pequeño "403" en su extremo. Metió la llave en la cerradura de la puerta y después de un "clic" la madera marrón se hizo a un lado para dejar vista a una espaciosa habitación.
–Esta es tu habitación, Mizuhara. La compartes con cuatro compañeros. Ya se te asignó una cama y un ropero, con tus uniformes y tu ropa para dormir. Ésta es tu llave –dijo mientras le daba la pieza metálica que había usado para abrir la puerta–. Si tienes alguna duda más, puedes buscarme o preguntarle a tus compañeros.
Hitoshi inclinó la cabeza y salió de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas. Max recorrió el cuarto con la vista, mirando las paredes y techo blancos y los muebles que estaban forrados de un azul oscuro. Había un par de hojas pintadas pegadas descuidadamente a la pared y una alfombra gris en el centro. También encontró una cajita negra con rendijas blancas sobre una mesa de madera, cuyo nombre y función ignoraba totalmente. Echó un último vistazo a la sala y se dirigió a una puerta que había del lado derecho. La empujó con suavidad al notar que ya estaba abierta y entró a otro cuarto. En éste había cinco camas, notó que cuatro de ellas estaban impecablemente ordenadas mientras que una última estaba revuelta y en desorden, con las sábanas cayendo a un lado y unos pantalones azules tirados encima. Sonrió levemente y se acercó a la cabecera de la cama, notando que había un nombre grabado en ella.
"Takao Kinomiya"El apellido le llamó la atención. Era el mismo que el del muchacho que le había traído a la habitación. Se acercó a las otras camas y también leyó los nombres.
"Brooklyn""Raúl Fernández"
"Kane"
"Maximilian Mizuhara"
Al reconocer su propio nombre, dejó caer su llave, su horario y el sobre rojo a un lado y se arrojó a la cama. Por alguna razón le hizo sentir bien el saber que esa cama era suya. Distinto al resto de la mañana, por fin sentía que podía pertenecer a aquel lugar.
–¡Yo sé que te gusta¡Eres la persona más obvia del mundo, casi tan obvio como Claude! –exclamó alegre un joven de cabellos azulados y piel morena. Sus profundos ojos recordaban el color del mar durante una tormenta, y repentinamente se posaron en Max, quien se sintió intimidado por la seguridad de aquella mirada.
–¿De verdad se nota tanto que... que él me gusta? –preguntó apenado su compañero, quien siguió la mirada del moreno para toparse también con Max–. Hola –saludó, con las mejillas sonrojadas.
–Tú eres Maximilian Mizuhara¿no es así? Mucho gusto, mi nombre es Takao Kinomiya.
Takao sonrió e hizo una reverencia. Max respondió al saludo.
–Sí, soy yo. Es un placer –Max miró al otro muchacho.
–Mi nombre es Raúl Fernández –también hizo una reverencia–. Es un placer conocerte Maximilian.
–Pueden llamarme sólo Max.
–De acuerdo, Max. Bienvenido a la mejor habitación de todo Anschluss. Contamos con decoración especial y sistema de entretenimiento –comentó Takao, señalando los dibujos adheridos a las paredes y la cajita negra con orgullo–. Ah, y... será mejor que te tomes eso –agregó, observando una cápsula negra que Max tenía en su mano derecha. El rubio rápidamente se metió la cápsula a la boca y tomó agua del vaso que había servido–. Nunca olvides las cápsulas de descontaminación, son muy importantes.
–Lo siento.
–No tienes porqué. Eres nuevo.
La puerta se abrió nuevamente, dejando entrar a otro par de estudiantes. Uno de ellos dejó caer sus libros sobre uno de los muebles y entró al otro cuarto sin decir una palabra. El otro, en cambio, se acercó a Max e inclinó suavemente la cabeza, con una serena sonrisa delineada en su rostro.
–Al fin puedo conocerte, Maximilian –dijo con voz melodiosa y tranquila, y después tomó la mano de Max y la acarició suavemente con los labios-. Yo soy Brooklyn, a tu servicio –soltó la mano del rubio y lo observó unos momentos.
–Mucho gusto, Brooklyn. Puedes llamarme Max –respondió quedamente el rubio, ruborizado por el cálido contacto.
–Mmm... que bellos ojos tienes, Max. Me recuerdan a los de una profesora que imparte en la academia, pero –hizo una mueca de disgusto–, definitivamente prefiero mirarte a ti que mirarla a ella.
–Gracias... creo –murmuró el rubio, mientras Brooklyn posaba una de sus manos en su anaranjada cabellera.
–Espero no haberte molestado con mi comentario, Max.
El ojiazul negó rápidamente.
–Bien, entonces creo que puedo decirte que te ves encantador cuando te sonrojas –agregó el pelirrojo y acarició amablemente los cabellos dorados del ojiazul, para luego darse la vuelta y entrar también al dormitorio. Max se sonrojó tanto que parecía que acababa de correr un maratón.
–Ese Brooklyn –musitó Takao, dando un suspiro–, no te preocupes, Max. Él siempre es así. Es la persona más rara que conozco.
–Uhm, Takao –llamó Raúl–. Lo he analizado y creo que no soy nada obvio, es decir... ¡nadie sabe que King me gusta! –exclamó victorioso. Takao se acercó a él y le tomó del hombro solemnemente.
–Y ésta, mi querido Max, es la persona menos inteligente que conozco.
Fin del primer capítulo
Notas de la autora: xD Seeh ¡Más notas!
Ese fue el para nada genial primer capítulo de mi para nada genial fic. Si suponen que es lo suficientemente decente como para tener una continuación, dejen un glorioso review y yo les traeré otro para nada genial capítulo xX duh, no sueno muy convincente...
Nephra
AneguriDrakuniev (arroba) hotmail com