
Todos queremos crecer. Estamos tan impacientes por ello, por aferrarnos a todas las oportunidades posibles de vivir, que no nos damos cuenta del hecho de que ahí fuera hace mucho frío, madurar a veces significa dejar gente atrás y cuando damos nuestro primer paso hacia la vida adulta, ya estamos estamos solos. FIN.
Rated: Fiction T - Spanish - Drama/Romance - Chapters: 17 - Words: 297,832 - Reviews: 149 - Favs: 20 - Follows: 9 - Updated: 01-13-13 - Published: 10-18-05 - Status: Complete - id: 2623862
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YELLOW
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PEACE AND HATE.
(The Submarines)
La mañana del lunes diez y seis de agosto no fue una mañana común; no por lo menos en cada Bachillerato donde iniciaban clases ése mismo día en todo el Japón. Y una de ésas escuelas era el renombrado colegio particular 'Yoshiro'; nombre que había sido otorgado en honor mismo por el ególatra fundador y director del instituto; que en esos momentos se preparaba para comenzar un nuevo ciclo escolar en dónde seguiría al pie de la letra sus políticas, sus pensamientos, sus ideales y sus a veces, retorcidas atrocidades que durante muchísimo tiempo había hecho.
Noboru Yoshiro, amaba su profesión, amaba su escuela, amaba el control, el trabajo duro, el poder… pero sobre todo se amaba a sí mismo; por lo que cada mañana de inicio de clases, él increíblemente dedicado; se vestía con el mejor traje de su nuevo guardarropa; un conjunto de saco y pantalón de vestir algo holgado, no bastante, color negro, de tela lisa, suave, finísima; gustaba de adornarse con una delicada pañoleta blanca en el bolso del saco, elegantemente doblada y planchada; le encantaba caminar con sus nuevos zapatos italianos, escuchar sus suaves golpeteos, respirar el aire a unos minutos antes de su acostumbrado discurso de bienvenida; y sentirse el dueño de su escuela… porque no había duda de que en verdad, el instituto Yoshiro le pertenecía.
El lugar en sí, era un rectángulo de poco menos de mil metros cuadrados, con un conjunto de cinco edificios de cinco pisos, cuatro de los cuales, estaban colocados cerca de cada esquina del terreno y el otro último, en mero centro de éste; dicho edificio era llamado 'la central'; por ser una clase de 'minirectoría' universitaria, con oficinas, consulados para cada materia, salas de juntas, salas de maestros, dos enfermerías un auditorio y la dirección… y algunas otras cosas que pocos conocían… o muchos, depende de quiénes. Los demás edificios estaban destinados a los alumnos según el nivel de educación que ellos poseyeran; primero, segundo y tercero. Al último edificio le correspondían labores varias. El primer piso lo componía la cafetería, el segundo era destinado para uno de los dos gimnasios, el de ese edificio era conocido como "Gimnasio interior"; el segundo se encontraba detrás de Central y frente a las canchas deportivas: el tercero y el cuarto piso de éste último edificio, eran destinados a la biblioteca y el último, una especie de bodega para los artículos de limpieza y del gimnasio mismo… y algunas otras cosas más.
Frente a la central, se extendía una enorme plaza de concreto en la que se efectuaba la ceremonia de inicio de cursos y otras varias y estaba rodeada de pequeños lugares dónde descansar, comer, hacer tareas o simplemente platicar. Más allá, se extendían árboles y pasto que eran interrumpidos por caminos asfaltados que conectaban a un lugar con otro. Ése era el palacio de Yoshiro, su lugar, su escuela… la misma que ahora él miraba desde lo alto de un atrio, mientras se llenaba más y más de alumnos.
De pronto, el metálico sonido de la chicharra indicó las siete de la mañana. Él suspiró, observó al cielo; los otros profesores, sus colegas, las secretarias, las enfermeras, algunos representantes del PTA y los psicólogos se colocaron en fila horizontal a sus espaldas. Él tomó el micrófono en sus manos y al ver que ya pocos, muy escasos alumnos se acercaban, comenzó a hablar.
- Muy buenos días tengan todos ustedes… compañeros maestros, alumnos y en general a todo el personal docente o no docente que labore en ésta escuela…
"Pero quería estar en un jodido instituto" Pensó con fastidio uno, de los muchos, muchísimos muchachos debajo del atrio, aglomerados, alegres, inconformes, con sueño o tranquilamente oyendo; él era distinto, muy distinto a muchos de los que allí se encontraban; principalmente porque era producto de muchas miradas furtivas de bastantes chicas y chicos que, al verlo pasar, no podían hacer nada más que entreabrir la boca… porque su aspecto era inusual, particular, asombroso ¡Increíble!… sus ojos color rojos intenso, su cabello color azulado, su fuerte cuerpo fornido cubierto de esa blanca y tersísima piel que lo cubría; y sobretodo su mirar déspota y petulante hacían una combinación explosiva. Muchos, muchos de ellos lo conocían, lo habían visto en televisión al lado de su abuelo en diversas partes del mundo, con diversas personas que también conocían… pero ahora él estaba ahí y la reacción que debes tomar ante alguien famoso es indescriptible… tanto puedes amarlo, como odiarlo.
Él vestía, al igual que todos, su uniforme de pantalón y saco, ambos de color negro; con una camisa blanca debajo y una corbata del mismo color; que pocos traían bien anudada; excepto él… claro, él estaba ¡Tan acostumbrado a la elegancia! El saco era exquisito, sin más ni más, era una de las razones, sino la principal, por la que Kai Hiwattari había decidido estar en ése instituto: el uniforme se le veía espectacular; con el pantalón holgado lo suficiente para poder caminar y correr con naturalidad tal libremente como lo deseara, pero amoldado a la perfección a su cuerpo y torneado deliciosamente en sus muslos y sobre todo en ésos impresionantes apretados, suaves, abundantes y deseables glúteos que levantaban las más bajas pasiones y los más altos deseos. Sobre todo le gustaba el saco, era negro; y a él le gustaba ése color y tenía una pequeña insignia blanca, el símbolo del instituto, similar al de la medicina, colocado en la parte izquierda del pecho; además de unas muy pertinentes líneas blancas bordadas en las bolsas y al final del cuello. Era increíble, y a él le encantaba cómo se le veía… y sobre todo, le encantaba que en silencio, todos, con su admiración y su envidia, le demostraban que se le veía genial.
Suspiró; de pronto se sintió aburrido del parloteo incesante del director de la escuela, por lo que dio media vuelta y comenzó a abrirse paso entre la multitud. Varios de los ahí reunidos se volvían a observarle por detrás y logró escuchar que algunos silbaban a su paso. Sonrió y tras fijar la vista en un punto, logró ver un casi desierto masetero debajo de un árbol; apresuró el paso y al llegar lanzó un bufido y se sentó dándole la espalda a la cosa que estaba del otro lado. La cosa se volvió unos segundos y apartó la mirada. Resultó que la cosa era un chico, uno con el cabello muy largo que le daba la espalda y que al parecer leía algo. Al ver que de nuevo se estaba aburriendo decidió sacarle algo de plática a la cosa que resultó ser chico.
- ¿Es así todos los años en éste lugar? –Preguntó, refiriéndose al discurso interminable del director. El chico no respondió. Kai lanzó un suspiro, se levantó y se dirigió a un lado del otro. –Te hablo a ti. –Dijo y lo miró. En verdad que era un chico raro, de ojos grandes que parecía que se los había robado a un gato después de que éste fuera perseguido por una jauría de perros; y de tez morena… que se le antojó tenerla él para presumirla en la playa.
- ¿Disculpa? –Le preguntó él por su parte de forma cortante. - ¿Qué quieres?
-Te pregunté algo… -Masculló Kai.
- ah… ¿fue a mí?... ¡Pensé que había sido a otra persona!
- ¡Somos los únicos aquí, por si estás ciego!
- No… no sé, soy de nuevo ingreso y no me interesa lo que ése –Dijo apuntando al director –diga…
- Eres agresivo… Eso me agrada.
- No dije nada para que te agradara… sólo la verdad –Le contestó el chico de cabello negro. Kai sonrió con sorpresa.
- ¿Todo mundo es así en Japón? –Inquirió burlesco.
-No soy de Japón… -Masculló el chico.
- ¡Ah! ¿Vienes de un país donde está prohibido ser feliz y tratar amablemente a la gente?
- ¡¿Y tú vienes de un país donde está permitido fastidiar a desconocidos? –Le dijo. Kai se puso de pie de inmediato… eso lo había molestado y mucho.
- ¡¿Tienes idea de con quién estás hablando? –el chico de la cola de caballo, que era como peinaba su cabello, por primera vez se volvió a él y guardó unos segundos para salir de la impresión. Tragó saliva.
- ¡Ah! ¡Contigo!... sí, sé quién eres… -dijo indiferente.
- ¿Con… 'contigo'? –Repitió Kai absorto. El otro asintió. - ¡Hablas de mí como si viviéramos en la misma casa y fuéramos iguales! ¡¿Qué demonios te pasa?
- ¡Déjame en paz metrosexual petulante!
- ¡Vete al diablo aborto de la explosión demográfica!… Ojalá te devuelvan a la fábrica de la que te escapaste… -Le dijo y se río despectiva y cruelmente. Rei, como era el nombre del chico, guardó silencio y agachó la mirada. "No debo desquitar mi enojo con extraños" Pensó apenado; volvió a alzar la vista, pero el Kai famoso de la televisión ya se alejaba; lo único que pudo ver de él fue su espalda y… sus increíbles y marcaditos glúteos moverse al compás de sus pasos bajo el pantalón. Suspiró y agachó la vista de nuevo.
-Te mataré Sasuke… enserio. –Mintió con coraje.
Lejos de la escuela, del bullicio y de la emoción del primer día de clases, en una suficientemente alejada y descuidada casa de los suburbios de Japón estaba una de los pocos alumnos faltantes del instituto Yoshiro. Corriendo desesperada por cada rincón, jalando levemente sus rosados cabellos, con los ojos llenos de lágrimas y mascullando con coraje, pidiendo a cada ser celestial que háyase sido creado por el ser humano que por lo que más quisieran, que a cambio de su alma se la devolvieran… que no le hicieran eso… ¡Asegurándose cada vez más que la necesitaba como nunca en su vida!...
- ¡¿Dónde puede estar mi maldita mochila nueva? –Gritó y apretó los puños ante las sonoras carcajadas de sus tres primos, Kikuchi, Deni y Kenji… su martirio, sus Némesis y sus tres jinetes apocalípticos particulares; ésos tipos de personas que te odian por el simple hecho de haber ganado en la gran carrera de la creación al llegar primero al óvulo.
Se volvió rudamente hacia ellos; desayunaban y se reían, mostrándole la masa de comida en su boca y aventándole de vez en cuando, pequeños trozos de ella.
- ¿Dónde… la dejaron? –Masculló furiosa. Ellos soltaron una carcajada y se encogieron de hombros al mismo tiempo. - En serio, mi tía debe acostumbrarse a bajar la palanca del retrete cuando vaya al baño, no vaya a ser que se le vuelvan a escapar otros engendros como ustedes… -Dijo y los retó con la mirada. - ¿Dónde la dejaron?...
- En el lugar donde nunca debió salir –Contestó Kikuchi, el mayor, un año mayor que ella quien en ése momento dejó de ser Mao Chang y se transformó en la horripilante mezcla de la mente de tres perversos seres que habían hecho de su vida un verdadero infierno. Cerró los ojos y de pronto, lo supo… ahí estaba… justo ahí. Abrió de nuevo los párpados, los miró y se dirigió al cubo de basura. Caminó leves pasos y sin estar impresionada se fijó dentro de éste; su flamante mochila nueva, por la que había trabajado todo el verano, la que le había costado bastante contando todo lo que llevaba dentro… estaba allí… con cáscaras de huevo, de plátano, envoltorios, comida podrida del refrigerador y, seguramente a propósito, orines de tres adolescentes encima de todo. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Los miró y ellos lanzaron la más sonora carcajada que nunca antes habían lanzado… por lo menos en mucho tiempo.
-M-me… me iré sin ella… -dijo jadeando. –Conseguiré una nueva libreta en el camino… y anotaré horarios… ¡Es el primer día!… y… yo… yo… me iré sin ella… -Susurró temblorosamente.
- ¡Pero por supuesto!... Te irás sin ella… una vez que lleves a la abuela al hospital –Dijo Deni sonriendo. Un escalofrío la recorrió de inmediato. – Porque tiene muriéndose más de media hora… y… pues… no le vaya a pasar algo malo, ¿no?... –Las piernas de Mao se aflojaron tanto que apenas pudo sostenerse. Sus tres primos se pusieron de pie y seriamente sin reírse ni mucho menos, se alejaron hacia la puerta. Tomaron sus respectivas mochilas y sus sacos de uniforme iguales, excepto el de Kenji, el menor, que asistía todavía a secundaria; y entonces la observaron con un retorcido y demoníaco placer.
- ¿No… no… no le dieron… la medicina? –Susurró con la voz entrecortada. Ellos fingieron sorpresa.
- ¡Sabía que algo se me olvidaba! –Fingió Kenji afligido y se encogieron de hombros para luego salir. Mao lanzó un alarido desesperado, dio media vuelta y corriendo histérica se lanzó a través de las escaleras. Subió y entró a la habitación de su abuela… su pobrecita abuela. Estaba pálida, fría, respiraba con dificultad. Al verla no pudo más y se soltó a llorar destrozada, desesperada. Tomó el teléfono y marcó a emergencias. Sus manos no podían dejar de temblar… y pensó en el hecho… de que ya nada le sorprendía de ellos…
El faltar el primer día de clases de una nueva escuela, era frustrante… Él no podía evitar sentirse fuera de lugar, molesto, confundido; le parecía que por un solo día se había perdido de medio año y que todas las amistades bien podrían haberse ido y lamentablemente él no había llegado a la repartición de ellas… Se sentía distante, fuera del mundo escolar y de su propio mundo; Se sentía tan perdido como alguien sano en la sala de espera de un hospital… Eso último era lo que había definido su vida entera; porque él pasaba la mayor parte de sus días ahí, esperando, cerca de la sala de urgencias, oyendo, viendo gente extraña, viendo sufrimiento, viendo dolor ajeno… y tragándose el suyo y el de su familia.
-¡Hola Max ¿qué hay? –Le saludó un joven enfermero amistosamente al pasar frente a él.
- Nada… aquí volándome el primer día, al parecer. –dijo. El muchacho sonrió y siguió su camino. Max observó su uniforme y suspiró. "Pensé que lo usaría" Se dijo y se encogió de hombros. El chillido de una camilla llegó a sus oídos y se volvió a su derecha; en efecto, una camilla se acercaba con una muy pálida anciana quejándose levemente y una muy frustrada joven caminando a su lado, con el mismo uniforme, en versión de falda que él. Ambos se miraron y sonrieron contrariados. "No soy sólo yo" Pensaron con alivio. Ella tomó asiento en una banca de distancia de él y agachó la mirada. Luego, incómoda por la soledad, muy lentamente se puso en pie y se acercó al jovenzuelo rubio.
- ¿Puedo? –Susurró. Max la miró y sonrió.
-Claro…-Contestó el rubio y sonrió levemente. Suspiraron y guardaron silencio. Max la observó y decidió tratar de platicar. –Ehm…. ¿Primer curso?
- Eh… sí… -Dijo asintiendo levemente. –Se supone que éste era mi primer día… y… ¡Pues ya ves! –Max asintió. – y… ¿tú?
-Lo mismo… se suponía que sería mi primer día… -Agacharon la mirada, nerviosos. "Por lo menos no soy sólo yo" Pensaron al mismo tiempo y se observaron.
-Ehm… este… soy… Mao Chang… ¡Mucho gusto! –Le extendió la mano. Max la tomó y sonrió.
-Max Mizuhara….
- Estoy absolutamente segura que no eres de aquí… ni de oriente…. –Max negó.
-No… soy de… 'América' –Dijo con un tono chistoso entre conformidad y algo que sonó similar al asco - El padrastro de mi padre es japonés, con el que se volvió a casar mi abuela cuando mi papá era un niño de brazos… por lo que tengo el apellido de mi abuelo… Mi mamá y mi abuela son… de occidente… ¡Y mi padre, en cierta forma no mucho!... ¡En fin!
- Vaya… yo soy de China… Mmmh… vivo con mi abuela que supongo que emigró o la corrieron… ¡No sé mucho! Y bueno… -Una enfermera interrumpió la poco inusual charla al saludar a ambos con mucha cordialidad.
- ¡Buenos días, Saeki! –Contestaron al unísono. Se observaron y rieron casi a carcajadas; "¡Que bueno que no soy sólo yo!" volvieron a pensar.
- Este… lamento lo de tu abuelita… -Comentó Max varios minutos después del silencio. Mao agachó la mirada y sonrió con tristeza; ¡Hacía tanto tiempo que nadie la trataba con amabilidad que no supo cómo reaccionar!
- G-gracias… -Susurró. –Y yo lo de… ehm… -Guardó silencio; Max sonrió. –… ¿Por… por qué estás aquí?
- ¿Eh?... ¡Ah! Yo sólo… espero a que saquen mi cadáver de la morgue para seguirlo e ir a mi sepelio. –Dijo. Mao quedó sin habla.
- ¿Perdón? –Susurró. Max lanzó una carcajada.
- ¡Lo siento, lo siento!... es que… creí que una broma era buena en éstos casos… -Mao no rió. Max agachó la vista apenado y guardó un rotundo silencio.
-A decir verdad… -Comentó ella, solemne. –Creo que es hora de irnos… -Max se volvió a ella. – El ángel de la muerte, tu servidora, ha venido a guiarte pequeño descarriado. –Dijo y guiñó un ojo; una sonrisa involuntaria escapó de los labios de Max y ambos, por segunda vez, se carcajearon en la sala de urgencias del hospital. - ¿Por qué estás aquí? –Le dijo reteniendo el aliento para dejar de reír.
- ¿Eh? ¡Ah! Es por mi hermano menor… está muy enfermo del corazón… y… de pronto se pone mal y muy grave… ¡Digamos que tengo membresía dorada en la sala de los dulces! –Bromeó. Mao sonrió.
- Espero que todo salga bien. –Le dijo. Max la observó y recordó que nadie le había dicho algo como eso en mucho tiempo.
- Gracias… yo también… -susurró y una leve y amena plática surgió entre ellos; sin darse cuenta, se habían agradado como muy pocas veces suele suceder con alguien.
Las faltas, las inconformidades, el sueño, el enojo, los encuentros, los reencuentros, el descubrimiento de nuevas personas, la adrenalina y la emoción; forman parte del primer día de clases… pero también los retardos… y precisamente ese día había dos personas que comenzaban el curso con ésta singular característica; ahí iba ella, con sus furiosos ojos ocultos detrás de sus gafas que resplandecían ante los brillos del sol matutino; con la mochila a cuestas y un flamante maletín bien apretado entre sus manos. Sus enmarañados cabellos castaños y su rostro serio e impaciente eran una de sus varias características singulares. Emily Wittman odiaba el inicio de clases, odiaba por muchas razones la escuela… odiaba salir de su casa y también estar en ella… y lo odiaba a él; al propietario del maletín que había robado. Caminaba por acera de la calle que daba al río, hacia la izquierda; se detuvo, se volvió hacia las aguas y sonrió con maldad; ¡Era ahora o nunca! Levantó el objeto con su derecha y suspiró determinadamente.
- ¡Hey, Emily! –Gritó alguien a la distancia. Ella se volvió inocentemente y entre la luz matinal reconoció la silueta de su al parecer, único amigo. Venía apresurado y para su sorpresa en pocos segundos la alcanzó; se detuvo jadeando y la miró. –Es tarde ¡tenemos que apurarnos!… ¿Qué haces? –Le preguntó al ver el maletín que ella seguía sosteniendo en lo alto.
- Tiraré basura al río… -dijo levemente. Takao, con su cabello negro y el rubor de sus mejillas por el esfuerzo quedó sin habla.
- ¿No es… ése el maletín de tu papá?... Con… ¿Con sus 'cosas importantes'? –Emily caminó dos pasos y una sombra llenó su rostro.
-Por eso… -Susurró. Resbaló la agarradera del maletín hacia la punta de sus dedos y con un leve 'Upss, papá se me resbaló' Dejó caer el maletín hacia las tranquilas aguas del río asfaltado, por lo que, para su beneplácito, el carísimo e importantísimo maletín de piel, perdió toda la piel y se ahogó en las aguas. Takao la miró y suspiró.
- ¿Otra vez? ¡Pensé que te había castigado y no sé qué más por la última!
- ¡Ah sí! ¡Me prohibió terminantemente incendiarlo de nuevo!… ¡Pero que conste que no dijo nada de ahogarlo! –sonrió con fingida inocencia. Takao la miró y se encogió de hombros; volvieron a caminar en silencio.
- ¿Por qué no aceleramos el paso? –Propuso el chico; ella negó con la cabeza y encogió los hombros.
- ¿No me digas que quieres escuchar el maldito discurso del director ése?
- No… pero por la hora que es, supongo que ya se terminó… Oye, por cierto; ¿En qué aula te tocó?
- Eh… en el 1-C… ¿Y a ti, Taka?
-En el 1-B –Dijo con pesadez.
- ¿Por qué ése tono?
- ¿Eh?... ¡No, no por nada! –Dijo y sonrió.
- Taka… ¡Tenemos treinta y cinco años de conocernos… por lo que tienes terminantemente prohibido y difícil ocultarme algo! ¿Por qué ése tono? –Takao agachó la mirada.
-Ehm… bueno… es que… se me hace raro… ¡Después de treinta y cinco años de estar juntos como mejores amigos, vecinos y alumnos en los mismos grupos… separarnos!
-Sí tienes razón… ¡Pero no te preocupes! ¡Te fastidiaré el doble en la casa! –guiñó un ojo y brusca e inesperadamente le restregó la mano en la nuca.
- Sí… te creo… -Dijo él seriamente y luego sonrió. Al ver hacia el horizonte se encontraron con la instalación de la escuela; avanzaron hacia ella y suspiraron. Antes de entrar, ella se detuvo y lo detuvo a él también.
-Taka… -Le dijo. Él la miró. – Todo estará bien… éste será un gran año. –Le susurró sonriendo, por unos segundos el recuerdo de aquella antigua Emily que no se vestía siempre de negro, no ofendía cada diez segundos y solía ser amable con los demás seres vivos le vino a la mente y él también le sonrió... Ella, por su parte, se quitó una de sus múltiples pulseras de estoperoles y salientes puntiagudas y se la extendió. - Que conste que ni la universidad nos va a separar… -Le dijo. Takao se colocó la pulsera en la muñeca derecha y la miró.
- Que conste. –Se volvieron hacia la escuela y tras un suspiro más entraron; sin decir nada más que un 'espérame en el receso' se despidieron y se internaron en sus respectivas aulas.
Sin lugar a dudas los inicios de clases son similares en la mayoría de los casos, mas no idénticos… porque cada uno representaba el comienzo de nuevas experiencias e historias que sólo pueden ser comprendidas por aquellos que las viven o que las vivieron… historias que a veces han sido olvidadas u abandonadas en el rincón de los recuerdos sin usar pero, que sin duda alguna, permiten aprender. Ésas historias suelen ser diferentes, únicas de cada persona… o únicas, de cada grupo de personas… Son experiencias que los unen y los enlazan para el futuro… que los hacen conocer el cariño de la amistad sincera y real… o el odio de las enemistades… o el miedo, que cada persona en distintos momentos de la vida ha sentido al detener su camino y ver hacia el futuro… al sentir ése miedo que invade y carcome el interior al preguntar con inseguridad… ¿Y ahora qué?
Las clases, o lo poco que los maestros después de la presentación oficial de la materia dieron de ellas, transcurrió amena; la escuela se llenó de vida una vez más y oficialmente todo comenzó… nadie se imaginaba que ése año y tal vez los venideros serían distintos… por lo menos para aquellos que quisieran internarse en el diferente mundo de cada persona… de seis personas.
Fue gracioso lo espontáneo con lo que terminó el primer día, después de tanta preparación y nervios y de tanta emoción contenida… así, de pronto, el día acabó y todos eran libres de nuevo para comenzar a adaptarse a la especie de vida de un Bachillerato.
Rei Kon, aún impresionado por las instalaciones decidió deambular un poco por el lugar antes de abandonarlo. Caminó tranquilo y evitó a toda costa posible la hasta ése momento, indeseable presencia de Aoi Sasuke… su coraje por dejarlo plantado para llegar juntos al instituto no había desaparecido aún. Al pasar por uno de los jardines le causó curiosidad un enorme bulto de gritonas uniformadas aglomeradas alrededor de un círculo con una terrible invasión de gestos extraños en su rostro y sonrojos; pero más gracia le causó que de entre medio saliera brincando una silueta tratando de deshacerse de una muy inquieta manita que había tenido la osadía de posarse inocentemente en sus glúteos… y masajearlos.
- ¡Oye, oye, oye! ¡No soy de cera! –Gritó él y como si fueran un solo y espeluznante ser, compuesto de gritonas uniformadas, el círculo de mujeres se acercó uniformemente al acosado ruso.
¡Danos tu autógrafo! ¡Un beso, un beso! ¡Vuelta, vuelta! ¡¿Cómo es tu casa? ¡¿Tienes correo? ¡¿Eres virgen? ¡¿Quieres salir conmigo?
- Oigan chicas… tengo que irme… enserio… yo… -Susurró Kai y de pronto se volvió hacia Rei. 'Ayuda' le dijo con puro movimiento de labios. Rei soltó una carcajada y se encogió de hombros. –Enserio tengo que irme… porque… ¡Mi primo, me está esperando! –dijo señalando al sorprendido Rei. El círculo de gritonas se volvió a él y lo miró, al indefenso Rei le pareció que debía huir antes de que la jauría lo destazara miembro por miembro, pero fue demasiado tarde. Kai adelantó el paso hacia él y para más sorpresa todavía le colocó su fina y blanca mano en su hombro, lo giró hacia la salida y apresuró el paso de ambos empujándolo. –Sácame de esto y te lo agradeceré de por vida… por favor… -Le dijo con los ojos brillantes y el rostro más pálido aún.
- Eh… bien… yo… ¡ah! ¡Ya! ¡Ya sé! –Apresurado se volvió hacia el círculo de resplandecientes ojos que los seguían vorazmente y suspiró. Después se volvió al ruso –Eh… ¡El baño de chicos! Seguro que ahí no te siguen.
- ¡Pero por supuesto! –Exclamó Kai y apresuraron aún más el paso. Se internaron en el edificio de los primeros grados y con el círculo siguiéndole los talones, subieron las escaleras del primer piso y giraron a la derecha hasta entrar al bendito palacio de la testosterona.
El círculo se detuvo justo afuera; ellos guardaron silencio espiando por una pequeña abertura de la puerta. Respiraban agitados, ellas observaban, ellos se estremecían, entonces ellas se acercaban cada vez más y de pronto, como si un cazador hubiese dejado un disparo al viento, el círculo de acosadoras se dispersó y no volvió a unirse… al menos no ése día.
- ¡Ah! ¡Al fin! –Suspiró Kai aliviado y se volvió al sonriente Rei.
-Lamento informarte que… estás en un país donde la vida y privacidad de los chicos como tú… le pertenecen al dominio público. –Bromeó él. Kai sonrió. –Mucho gusto, Kai Hiwattari…
- ¡Je! ¡Me ahorras saliva! –Comentó. –Mucho gusto… ¿Vas en mi salón, verdad? –Rei asintió. - ¡Bien! ¡Alguien conocido!
- Aún no nos conocemos…
- Bueno… me salvaste de una jauría de depravadas… ¡Eso te une de por vida a mí! ¡Alégrate! ¡No muchos tienen el honor!
- ¿Y se supone que debo estar feliz por eso? –Dijo Rei sarcástico. –Tienes un ego del tamaño del edificio.
- ¡Y tú una lengua del tamaño de vaticano! –Le dijo el otro ofendido y ahora fue Rei el que no lo soportó.
- ¿Qué diablos te pasa? ¿Eres tan cerrado que no soportas un simple comentario gracioso? ¡Que delicado! ¡Hubiera dejado que te violara la jauría! –Exclamó y se alejó a la puerta.
- ¿Acaso es envidia por que a ti ni las moscas te siguen?… -susurró Kai petulante. Rei se volvió a él furioso.
- ¡Púdrete!
- Soy demasiado guapo para hacerlo… eso se lo dejo a segundones como... tú…
-No… ¡¿Que digo? ¡Si podrido ya estás! –Dijo y salió azotando la puerta. Kai se quedó en silencio unos segundos, al igual Rei mientras se alejaba por el pasillo… cuando ambos consideraron que había suficiente distancia entre ambos, comenzaron a mofarse satisfechos. Después de todo… el primer día había sido un buen día.
La mañana del martes comenzó tranquila. Hacía suficiente calor debido a que el agua de lluvia de la noche anterior comenzaba a evaporarse; por lo que, todo el pueblo estudiantil había optado por llevar el saco del uniforme en su brazo derecho u hombros; de igual manera Mao, quien, con la cara estirada por la pésima noche en el hospital, caminaba lenta y robotizadamente mientras largos y extraños bostezos se escapaban de su boca acompañados de sonidos guturales similares al rugir de los leones. Sabia que era mucho pedir, pero esperaba que a los… asquerosos, horrendos y desgraciados engendros del mal (su tía Hikari) que tenía por primos se les ocurriera intentar matar a la abuela un día que no tuviera que asistir a la escuela a la mañana siguiente.
- ¡Mao! –Escuchó de pronto que una muy conocida y detestada voz le hablaba. Se volvió torpe e ingenuamente hacia atrás y abrió los ojos al ver la descarada sonrisa de dos primos con la mirada fija en ella y después, una esfera negra que sin percatarse si quiera de cómo, ya la tenía sobre la nariz, luego sobre toda la cara. - ¡Ah! –Gritó al sentir el contacto de la mezcla pastosa y pegajosa que le comenzaba a escurrir por todo el rostro y para colmo, comenzaba a caer sobre su blanca camisa del uniforme y su vieja mochila.
La pelota giró un poco más y cayó al suelo dando rebotes, Mao cegada por la impresión… y el lodo, caminó hacia atrás y lógicamente sin darse cuenta, pisó el mismo lodo que había escapado de la bola y calló, plantando su trasero en el suelo en un charco de la lluvia que la dejó más que húmeda. Las risotadas y burlas no se hicieron esperar y ella, como buena víctima fuerte, se quedó unos segundos sentada, canalizando la situación y pensando en mil maneras de suicidarse dentro de pocos minutos más… o de conjurar algo para que la tierra la tragara… o destruir el mundo, lo que viniera primero. De entre el escándalo de la multitud, levemente pudo distinguir una aguda voz de reclamo y enojo que poco a poco fue calmando los aires de burla; a excepción de la risa de los dos primos que, trataban de articular palabra, pero su propio impulso descabellado de burlarse no los dejaba.
Alguien se acercó a ella y la miró desde arriba. Mao no quiso mirar y agachó la vista.
- ¡Ay! Pobrecita de Mao… ¿Te manchaste? –Le preguntó la quinta voz que ella menos quería escuchar ése día. 'Haruka' pensó y se estremeció a punto de estallar. – No cabe duda que tienes una suerte… ¡Mírate te manchaste toda! ¡Qué lástima! Yo te ayudo a limpiarte… -Susurró esto último con tanta maldad que Mao se volvió a ella justo en el momento en que un enorme chorro de agua helada le caía encima. - ¡No cabe duda que me iré al cielo! –Dijo ella y estallaron las carcajadas de nuevo. Mao se incorporó y se volvió al sentir que alguien más se acercaba… alguien a quien no conocía, de hecho, jamás había visto pero que agradecería lo que estaba a punto de hacer.
Dicha chica de corto cabello castaño, un caminar decidido y una gigantesca furia en su rostro avanzó directo hacia la morena Haruka y la retó con la mirada.
- ¿No me digas… tú eres el hada madrina de la cenicienta?
- ¡No! –Dijo ella en el mismo y estúpido tono que emplean aquellos que creen saber lo que es un sarcasmo y cómo se utiliza - ¡Soy la bruja devoradora de Perritas Escolares! –Haruka retrocedió dos pasos, pero fue tarde, la extraña llevaba su zapato en mano con un muy oloroso regalo de perro en la suela; mismo que no se detuvo hasta que se acomodó delicadamente sobre la tersa mejilla de la mal afortunada Haruka; quien comenzó a gritar aterrada.
- ¡¿Pero qué haces estúpida? –Gritó entre lágrimas. La extraña la miró y entonces utilizó ése sarcasmo real, sutil, delicioso y embriagante que sólo pueden usar aquellos que de verdad lo conocen.
- Creo que ya se me quitó el hambre… -Dijo y se volvió hacia la impresionada Mao, quien, apretaba los dientes para no estallar en risa. Los dos cobardones de sus primos, la miraron y se les figuró que una llama, más gigantesca que la olímpica, brillaba detrás de las gafas de la castaña quien sonrió lasciva y se relamió los labios con el zapato aún en la mano. Haruka aterrada huyó llorando junto con la mitad de la gente que se deleitó con el espectáculo.
Dos segundos después, Kikuchi y Deni habían desaparecido horrorizados entre la multitud que se reía sin parar con temor hacia la poderosa extraña con la mierda de perro en el zapato.
-Cobardes… ¡Huyan mientras puedan que luego voy a averiguar dónde viven! –Gritó haciendo una casi perfecta similitud con las locas de los hospitales psiquiátricos. Después se volvió hacia Mao y le sonrió. – No te preocupes por ellos… ¡Luego les incendio la casa, ya verás! –Le dijo, 'tranquilizándola'… Mao se quedó sin habla.
-Eh… ¿P-por qué tanta violencia? –Le dijo nerviosa. –C-con…con la… mier…excremento de perro es suficiente…
- ¡Ah pero ésos cobardes se merecen vagar por las calles y venderse a la pornografía para amanecer un día en una tina con hielo en Tailandia sin un riñón! –Exclamó llena de vigor. Mao volvió a reír nerviosa.
- Sí pero creo que… yo no… así que… ¡No nos quemes nuestra casa! –Le dijo casi en súplica. La extraña, para Mao, claro está, se quedó sin habla. La multitud se dispersó.
- ¿Vives… con… ésas cosas? –Le preguntó mientras la pelirrosa comenzaba a limpiar el lodo de su cara. Luego asintió.
- Sí… son mis primos. –La chica de gafas dejó escapar un silbido.
- Ya me encargaré de buscarles un muy mal representante para una película 'gore'… ¡Ajá! ¡Imagino la toma con sus tripitas al aire y todo! –susurró. Mao sonrió.
-Soy… Mao… Chang. –Le dijo. La otra se volvió a ella y sonrió.
-Emily -Le dijo a su vez.
-Ehm… y… gracias… por… ¡Todo!
- ¡Ah! ¡No hay por qué! Es que… ¡Enserio me enferman los seres imbéciles, asquerosos, descarados que se aprovechan de nosotras las mujeres y no obtienen el merecido castigo! ¡Hay que ponerles un alto! –Exclamó. –Gracias a dios existe el gore para deshacerse de muchos de ésos y que te paguen… -Mao retrocedió dos pasos y Emily también pero hacia la misma dirección que ella. - ¿Y en qué clase estás? –Le preguntó.
-Eh… en… el… 1-C –Dijo no muy convencida. Emily exclamó feliz.
- ¡El mismo grupo que yo! –Dijo y por muchas razones a Mao también le emocionó. "¡Tengo un guardaespaldas psicópata!" Pensó encantada.
En la central, el inicio de las clases era distinto… había mucha más presión y tensiones que en ningún otro lugar; porque, el papeleo, los chequeos, los pagos, los depósitos del banco, los horarios, el surtir la cafetería, crear presupuestos, horarios estudiantiles y de más ponían a todos en ataque de nervios… Sobre todo porque había veces, en que el faltante de capital para sostener la escuela, era tal, que se había tenido que vender el interior de aulas enteras por el mercado negro para poder salir de la crisis… aunque, eso hacía bastante tiempo que no ocurría; no desde que la nueva y extraña política de Yoshiro entro en acción; la política del disfraz: disfrazar precios, maquillar, vestir ¡Crear ilusiones de la nada con poco presupuesto! Así pues, a la comida se le había quitado lo bueno y se había comprado mayor variedad de muy baja calidad para hacer platillos muy variados por lo que, se aumentó la colegiatura; a los salones los acondicionaron con las mismas cosas que ellos habían vendido hace un tiempo en el mercado negro al precio de un tercio de todo lo que habían ganado por la venta; casualmente desaparecieron varias becas del gobierno y se manipularon muchas boletas de calificaciones para que algunos desafortunados ganadores nunca supieran su desgracia de haber perdido una jugosa recompensa por su esfuerzo… Ése era, a grandes rasgos, el instituto Yoshiro… de Noboru Yoshiro, quien, ahora, no se preocupaba más por el dinero, porque, de hacía un tiempo para acá, las más nuevas y descabelladas políticas nacidas de su extravagante mentalidad habían dado buen resultado, con sus inconvenientes… mismos que por supuesto disfrazaría como lo más beneficioso que a la escuela pudiese haberle sucedido.
A mitad de mañana, cuando se dio el anuncio del receso, las acostumbradas marejadas de hambrientos estudiantes no se hicieron esperar. Mao, emocionada por haber conseguido una fuerte aliada en la guerra contra sus primos en el primero día, caminaba tranquila después claro, de haberse preocupado por desvanecer casi totalmente los restos de lodo que la habían invadido… lo que, por cierto, le había traído beneficios a su piel como no tenía idea; lo que claro, aprovechó para echarles en cara a Kikuchi y Deni. Emily resultó ser muy impulsiva y ridículamente divertida; se había reído todo lo que el verano no pudo hacerlo en solo medio día de clases y sentía que ¡Por fin! algo bueno le había pasado. Al salir al descanso, se encontraron con un amigo de Emily, Takao, quien también le resultó agradable, sobre todo por la relación extraña y co-dependiente de ambos. Y ahora, los tres caminaban mientras conversaban de las clases y tonterías varias, hasta que de entre la gente, la pelirrosa pudo distinguir la silueta de un poco conocido rubio que caminaba algo extraviado entre la multitud.
- ¡Max! –Exclamó haciéndole gestos con su mano derecha. El rubio al verla sonrió y se acercó a ella.
- Hola… Mao… -Dijo y lanzó una cordial mirada a los desconocidos.
- ¡Hola! ¿Cómo sigue tu hermano?
- ¡Está bien! ¡Hoy me trató de robar el desayuno de nuevo… ya no hay peligro! Y… ¿tu abuelita?
-Ehm… la dieron de alta a las tres de la mañana… y… me quedé cuidándola… ahora antes de venirme ya se sentía mucho mejor, por eso vine.
- ¿Tú abuela está en el hospital? –Preguntó Takao.
-Eh… sí, estuvo… ¡De hecho ahí nos conocimos ayer ¿verdad, Max? –El rubio asintió.
- Oh… lo siento –Comentó Takao. Max y Mao sonrieron.
- No te preocupes… -comentó ella. –Eh… mira, él es Takao Kinomiya y ella es Emily Wittman… ¡Alias, la ama del excremento canino!
- ¡Mucho gusto! ¡Ama del…! ¿Excremento canino?
- ¡Oh sí! ¡Digamos que fue suerte! –Comentó la castaña despreocupada - ¿En qué grupo estás? –Le preguntó después.
- 1-C –Contestó Max. Mao y Emily sonrieron.
-El mismo que nosotras. –Comentó la segunda. –Pero… no te vimos en el salón…
- ¿Eh? ¡Ah no! Es que… me mandaron llamar de la dirección porque… varios maestros querían hablar conmigo…
- ¡¿Tan pronto? –Gritaron los tres al mismo tiempo.
- ¡Ajaja! ¡Creo que me caerás bien! –Dijo Emily, después le golpeó el hombro.
- ¡No, no es por eso! Es que… me preguntaron… algo del examen de admisión… y… eso…
-Ah… que raro. –comentó Takao. Max sonrió nervioso. - ¡Bueno! Íbamos a la cafetería ¿Quieres venir? –Invitó. Max los miró y con una leve sonrisa asintió.
- Claro, gracias… -Dijo y juntos ahora los cuatro comenzaron a caminar.
Ya con su alimento y con la necesidad de estar solo… o acompañado de una sola persona, Rei Kon decidió sentarse a comer debajo de un árbol en donde, viendo hacia el frente, se topaba con el círculo de gritonas atacando de nuevo a la misma víctima. Sonrió pensativamente recordando el día anterior.
- ¿De qué te ríes? –Le preguntó una muy conocida voz. Se volvió hacia su derecha y se topó con Sasuke; con su rostro afilado, su cabello castaño brillante y ésos ojos profundos mirándolo; con su almuerzo en mano y una leve sonrisa. Se sentó a su lado, sobre el pasto y Rei le sonrió no muy convencido. - ¡Ya te pedí disculpas ayer! ¡Y te dije que ahora no pasaría por ti!... ¡Quita ésa cara!
- ¿Cuál cara? –Preguntó Rei fingiendo indignación.
-Ése gesto de bebé mimado que tienes… -Rei sonrió. – Te ves más lindo sonriendo… ¡Y que conste que lo digo yo!
- ¡Mmmh… quién soy yo para resistirme sin haber comido! –Comentó dándose por satisfecho. - ¿Cómo estás?
- Bien… las clases apestan, la comida también y tengo sueño… ¿y tú?... ¡Muy sonriente por lo que vi hace un rato! ¿En qué pensabas, eh?
- En… nada… -Le dijo, volviéndose al círculo de acosadoras. Sasuke lo imitó.
- ¿Habías conocido a alguien más ridículo qué ése tipejo? –Le preguntó. Rei lo miró y contuvo una risa irónica.
- Se cree el ombligo del universo, y no sabe ni siquiera quién es… ¡Ése es su problema! –Sasuke comenzó a desenvolver su comida. –Pero… ¡Es terriblemente guapo!
- ¿Perdón? –Dijo él sacando el bocado que estaba a punto de arrebatarle al Sándwich de su de su boca. Rei lo miró nervioso.
-Bueno… ¡Sí lo es!... ¡No lo niegues!
- ¡Es una mierda que te quede bien claro eso!... ¡Y que tú tienes prohibidísimo el decirle guapo a cualquiera que no sea yo!... ¿entendido?
- ¡Sí!... guapo… -susurró secamente y comenzó a comer.
- Oye… yo soy tu novio… ¿Qué no? –Le dijo pero ahora en un tono cariñoso. Rei asintió. – Además, el tipo ése te apuesto que no tiene más de dos neuronas ¡No se merece ni un halago!… ¡Dos neuronas! una para comer y otra para caminar, te lo apuesto… ¡Tipos como ése son mierda! ¿Comprendes? ¡Gente como él jamás debió nacer!... todos son iguales con sus pensamientos de 'Uy sí, mírame… no me odies por se guapo, ódiame por ser guapo y rico'… enferman…
- Sí… enferman… -Volvió a susurrar Rei. Sasuke lo miró y luego a su reloj.
-Bueno… ya me voy, te hablo en la tarde… ¿va a estar tu tía? –Rei negó con la cabeza al momento que se tragaba sus palabras con jugo. - ¡Perfecto! Lo más seguro es que vaya a visitarte… si no me sale algo más importante que hacer… Bueno, adiós.
Se alejó y lo dejó solo… pensando. Se volvió hacia el frente de nuevo y observó que, al parecer ¡Por obra divina! El círculo de arpías se dispersaba y dejaba a un desvalido ruso mirando hacia el frente. La mirada de ambos se cruzó y Kai levantó su mano en forma de saludo. Rei sonrió y le devolvió el gesto; de pronto se le ocurrió que debía pelearse de nuevo con él… y que en verdad se le antojaba hacerlo; tomó su almuerzo y el de Sasuke y los vació en un cubo de basura. Suspiró profundo y comenzó a caminar lentamente hacia Kai, quien en ése mismo instante, aprovechando la lejanía de las arpías, decidió huir.
Lo siguió bastante rato observándole la espalda, su mochila y el cabello; caminaba de una manera casi artística, como todo un modelo profesional, lo cual, lo hacía verse más engreído aunque, creyó Rei, era inconsciente… Cuando la lejanía de la multitud escolar fue suficiente, Kai se detuvo y tomó asiento bajo un árbol. Rei guardó su distancia a espaldas de Kai quien de la mochila sacó un caramelo y un muy voluminoso libro; Rei fijó su vista y alcanzó a leer el título: Grandes Clásicos de la literatura Universal: La divina comedia.
Una leve sonrisa le cruzó el rostro y sin darse cuenta, se quedó observándolo quizá más tiempo del que después sospecharía.
La mañana del miércoles llegó tan tranquila como la brisa del verano. El sol brillaba fuerte y los jóvenes ánimos por los primeros días de escuela aún no desaparecían del todo; pero comenzaban a hacerlo. Era extraño ver al pasado y recordar lo que había dejado, lo que había perdido y lo que había cambiado en él… Como es normal, muchos de los estudiantes del instituto Yoshiro no habían tenido una vida fácil… otros aún no la tenían… y algunos más… no la tendrían nunca… tal caso se aplicaba a él… A Takao Kinomiya; quien, en ése momento terminaba de vestirse para ir a la escuela. Se sentó sobre el colchón de su cama, mismo que lanzó un chillido de cansancio y vejez y posó también sobre él su pié derecho para colocarse la calceta… una calceta blanca y marcada por agujeros en tres lugares distintos; el talón, el medio del pié y el final, de donde salían al desnudo sus dedos más pequeños. Suspiró y colocó la otra, que, en diferencia, sólo tenía dos agujeros. Se colocó sus viejos zapatos derruidos y con manchas de polvo imposibles de quitar y dio los últimos toques a su cabello al posarse sobre el tercer y único mueble de su habitación… que se componía de la cama, un guardarropa y una pequeña mesa con un trozo de espejo encima.
Salió de su habitación y descendió pocos escalones cuando la angustiada voz de su madre lo detuvo para escuchar sin ser visto… como siempre.
- Tendremos que vender la lavadora…
- Pero hija… -Susurró la ronca voz de su abuelo; igualmente angustiada. – Tú la necesitas…
- Puedo lavar con mis manos, papá…
- ¿En dónde? ¿Mientras haces tu trabajo en la oficina? –No lo vio, pero conocía muy bien el gesto que su madre hacía cuando veía la verdad; bajaba su cabeza hasta recargarla sobre la mesa y su negro cabello caía sobre su piel gastada por el sol, el trabajo y las preocupaciones, mientras entrelazaba sus dedos.
- No puedo cambiarlo de escuela… ¡Quiero lo mejor para mí hijo!... Además allí va Emily… ¡Tú sabes lo mucho que se quieren, papá!
- Lo sé… Anko… lo sé… pero… Takao debe de aprender que hay que sacrificarnos de vez en cuando para poder seguir adelante… -El nombrado bajó la mirada… "hay que sacrificarnos" repitió en su mente.
- Quiero lo mejor para mi hijo, papá… ¡No tienes idea de lo culpable que me siento por no hacer nada por ustedes!... ¡¿Qué diablos pasó conmigo? ¡ ¿Qué hice mal? –Las lágrimas descendieron lentas desde el rostro de Takao y su madre.
- Voy a conseguir yo un empleo… -susurró el anciano. Su hija levantó la cabeza y denegó.
-Papá… con tu salud no es buena idea… ¡No quiero que nada malo te pase!
- Anko… hay que sacrificarnos ¿No?... ¡Takao es mi nieto y no voy a dejar de luchar hasta sacarlo de ésta miseria!... vamos a trabajar los dos… él es un buen muchacho… nos ayudará en lo que pueda… ¡Lo has criado muy bien, hija, no te sientas mal! –Susurró amorosamente. De pronto guardaron silencio y Takao logró escuchar como los pasos de ambos se alejaban y salían de la casa. Él bajó las escaleras y caminó hacia una repisa donde una botella de sake esperaba; Apretó los puños unos segundos, después tomó un vaso y se sirvió tres veces en él. Luego, en silencio; avanzó hacia la puerta y asegurándose de dejarla bien cerrada, salió y se marchó a la escuela… a ser bueno y no defraudar a las dos personas más importantes en su vida.
El primer cambio en el curso del año, fue la muy precipitada decisión de Yoshiro de anular un grupo de primer grado… el grupo 1-C; La noticia se dio temprano, una hora antes de la hora del almuerzo. Los alumnos del grupo, quienes apenas comenzaban a acoplarse, tendrían que adaptarse de nuevo… porque a pesar de las negativas del alumnado y de varios maestros… la decisión estaba tomada. Dicho anuncio, no fue tomado de forma tan desagradable por varios, al enterarse que el grupo 1-B. Donde Takao y dos desconocidos, hasta ése momento, tomaban clases… por lo que, Emily, Max y Mao fueron los primeros en llegar al aula, claro, cada uno cargando con su pupitre… porque el presupuesto de la escuela no era muy extenso para tener de más en cada aula. Y así, cada uno, asemejando a los tiempos de Moisés, iba caminando en línea recta hacia el piso superior.
Max, cargando con su mochila que a diferencia de la de los demás era extremadamente pesada, dos libros extras, el pupitre y su alma, se movía lento y tambaleándose de un lado a otro irregularmente chocando con uno y otro y recibiendo golpes, en cambio, de aquéllos que podían hacerlo. Los cuarenta y cinco escalones que separaban un piso de otro terminaron al fin, y descansando un poco del acto de ir hacia arriba comenzaron a acelerar al paso. Excepto el rubio, quien, seguía tambaleándose con dificultad… por lo que, por lógica, fue el último en entrar al aula. Cansado de las miradas burlonas y los comentarios sarcásticos, trató en falso de levantar el pupitre al entrar al aula para así, llevarlo sin necesidad de arrastrarlo a un campo vacío entre las filas; pero, él no era tan fuerte, coordinado y equilibrado como varios de los que se rieron, cuando al levantarlo, el peso del pupitre le ganó a su fuerza y se fue hacia delante con un estrepitoso grito que levantó cientos de risas; el pupitre se soltó de sus manos y se abalanzó hacia el que creyó Max, era un pobre indefenso, hasta que se puso en pie y detuvo el pupitre en el aire con una mano. Era alto, era blanco, era musculoso y era uno de los muy pocos que no se reían del rubio.
- ¡Cuidado! –Le dijo y le sonrió. Max lo miró con los ojos bien abiertos y suspiró aliviado.
- Mi primer día en ésta aula y ya casi mato a alguien. –susurró. Kai lo escuchó y le sonrió; después hizo un lugar en la fila en la que él se encontraba, delante del ruso y dejó ahí el pupitre.
- Siéntate… -Le dijo amablemente; tanto así que, Rei Kon se volvió de inmediato al descubrir la falta de frialdad y petulancia en su tono "Déjame adivinar… hoy vino su gemelo bueno a clases" Pensó y ahogó una risita. Max obedeció y el aula volvió a ser casi la misma de antes… sólo que más llena y con una gran mezcla se sentimientos dentro… porque, para mala suerte de varios, Haruka y Deni se habían unido en una misma clase, en una misma fila… y con un mismo fin… No sólo Mao lo tendría muy difícil… de eso, podían estar seguros.
Cuando las clases del miércoles terminaron, después de que Max le agradeciera cerca de veinticuatro veces a Kai su ayuda, decidió ir a su casa… estaba cansado; avanzó por la explanada que daba hacia la puerta principal y cubrió su rostro del sol de verano; allá, a lo lejos, disipó una silueta que, al parecer, observaba al cielo.
"¿Qué loco mira al cielo con éste sol?" pensó y al acercarse descubrió qué loco miraba al cielo con el sol de verano.
-Emily… hola –susurró. Ella se volvió a él; tenía las mejillas rojas y una sonrisa más similar a una mueca que a un gesto amable. - ¿Qué haces?
- Eh… me han dicho que el trasplante de córneas es muy caro… por lo que, quería que el sol me las terminara de quemar para que mi familia tuviera que pagar la operación y termináramos en la calle, mi padre de vagabundo padrote y nosotras de sus prostitutas. – Max lanzó una carcajada.
- ¡Amor familiar, eh! –Ella asintió.
- ¿Vives cerca? –Le preguntó y casi al instante comenzaron a caminar.
-Sí… algo… pero trato de irme lo más lento que puedo.
- ¡Oh sí! Uno nunca sabe cuándo podrían raptarte y venderte a la pornografía. –dijo con su sarcasmo perfeccionado. Max sonrió.
-No es por eso… es… porque me es difícil llegar a mi casa… -No se arrepintió de decirlo; había callado tantos años que, mas que un gusto, el que alguien lo escuchara era una necesidad.
- Te entiendo… a mi también se me dificulta algo… a decir verdad, repugno el hecho de que mi padre se haya acostado con mi madre y no hubieran usado condón… ¡Diablos, yo no tuve la culpa de que estuvieran tan ebrios que no se pudieran poner un gorrito! –Dijo ella rompiendo la solemnidad del inicio.
- ¿Y… qué haces para soportarlo? –Le preguntó Max sonriendo.
- ¡Ah! ¡Es algo fácil! Cierro los ojos, me concentro… y me imagino que he muerto y reencarné en la hija deseada de mis padres, a la que amarán más que a nada en el mundo… y yo por mi parte los haré sufrir por todo lo que le hicieron a mi hermana… o sea, a mí…
Max volvió a reír como loco. La observó y ambos se sonrieron.
- Maldición… te asustaré y no volverás a dirigirme la palabra ¿Cierto? –El rubio negó lentamente con la cabeza.
- Al contrario –Le dijo mientras se giraba para ir a su casa. – Me gustaría más que nada ser como tú…
Con una señal de mano se despidió y ella siguió caminando. "Ser como yo" pensó y agachó la mirada. "Si supiera siquiera cómo diablos es ser como yo…" se dijo y suspiró. Siguió caminando cabizbaja, tratando de no pensar con una canción en su mente; paso tras paso se acercaba a su casa… su casa…
El denso ambiente, la tensión y el nervio le indicó que ya había llegado. Dio dos pasos hacia la entrada y suspiró; los gritos de adentro llegaron a sus oídos y una mueca se dibujó en su rostro. Sacó la llave y entró; lo primero que miró fue un plato estrellarse contra la pared y a su padre levantarse furioso, arrojando la silla del comedor hacia atrás y correr hacia su madre para tomarla del cuello y gritarle: 'PERRA, DÉJAME COMER EN PAZ' Emily lanzó un cansado suspiro y avanzó por el pasillo, sintió como cada vello de su cuerpo se erizaba al pasar a un lado de ésos dos, pero no se detuvo ni se sintió a salvo hasta que llegó a la puerta de su habitación; sacó otra llave y entró azotándola. Arrojó la mochila a la pared, avanzó luego a la cama y se sentó. Sus manos de pronto comenzaron a temblar y al dejarse caer hacia atrás, varias lágrimas se derramaron de sus ojos y se estrellaron con el cristal de sus lentes.
- ¿Quién diablos querría ser como yo? –Susurró.
El jueves llegó. El cansancio comenzaba a notarse entre todos y la emoción de un próximo viernes era mayor… Por lo que constaba, Kai estaba listo para llegar a la escuela, se había esmerado demasiado en su aspecto, como era normal… pero había algo que lo tenía con un extraño presentimiento. Le pareció que la cosa de cola de caballo, como le llamaba a Rei Kon, desde hacía dos días que lo comenzaba a mirar distinto… ¿Será que por fin le comenzó a agradar?... Para Kai, ése tipo era de lo más raro, tan explosivo y a la vez tan… diferente a muchas personas que había conocido… era extraño, sí… pero a Kai Hiwattari siempre le había llamado la atención lo raro y fuera de lo normal y la cosa de cola de caballo no era la excepción. El coche se deslizaba suavemente por las calles japonesas, mientras que el ruso observaba distraído y sin mucho animo por la ventana, el sol pintaba su piel con los colores de la mañana y se reflejaba casi mágicamente en sus ojos; bostezó, estaba aburrido de la rutina… de ser como un muñequito que se mueve por la voluntad de otros… Quería a su abuelo, por supuesto que sí, era su única familia y la forma más paternal y cariñosa que había tenido en su vida… pero también, no podía negar, que añoraba su libertad… ésa que casi nunca había tenido… Voltaire era un padre para él… pero para su desgracia, un padre muy sobreprotector… que no entendía, o no quería entender que Kai ya no era un niñito… aunque, siendo sincero consigo mismo, le agradaba mucho que lo trataran como tal… No tenía remedio, era un Junior consentido de pies a cabeza. Pasó su mirada de nuevo hacia la calle y se topó con algo que lo hizo reaccionar de inmediato; allí, caminando solitario, iba la cosa con cola de caballo.
- ¡Detente! –Ordenó al chofer, quien sorprendido se dignó a obedecer solamente. - ¡Kon! –Gritó desde la ventanilla y el sorprendido Rei se volvió a él. El fulgor del sol destellaba en sus ojos y se veía aún más impresionante con el brillo de su cabello negro y su tez color canela. - ¡Sube! ¡Ven!
- Este… yo… ¡Estoy bien, gracias! –Le gritó el otro muchacho algo tímido. Kai sonrió.
- ¡Te juro que no muerdo! ¡Tengo dientes sensibles! –Le volvió a gritar invitándolo con un gesto. Rei sonrió y se acercó a la puerta trasera del lujoso mercedes.
- ¿Seguro? –inquirió Rei.
- ¡Claro! –Exclamó el ruso y abrió la puerta. El chino entró y le lanzó una, aún más, tímida sonrisa. - ¿Qué te pasa?
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Este… pues hace dos días querías matarme a tiros y ahora ¡Hasta te quedas serio! –Le dijo Kai. Rei agachó la mirada.
- ¡Ah sí!... este… es que… yo…
- ¿Sí? –Inquirió el ruso, para luego chasquear sus dedos; el auto se puso en marcha de inmediato.
-Este… quería disculparme… por mi actitud… de hace unos días… yo… ¡Estoy loco! ¿Sabes? No controlo mis impulsos… y… ¡Lo siento mucho! –Kai rió.
-Perdóname tú a mi también… pero… es que… ¡Si eres bastante amargado, eh! –Le dijo a broma. Rei lo miró y sonrió.
- sí… me dicen 'limón' de cariño –Comentó Rei.
- ¡Bueno, Limón! ¡Soy Kai Hiwattari! ¡Mucho gusto!... en verdad… espero que seamos amigos… ¡Porque hasta ahora no tengo ninguno!… y… ¡Bueno, aquél que me salva de ser violado por una jauría de mujeres locas merece mi eterna gratitud!... aparte, que tú… eres… ¡te ves!... muy… ¡Agradable!
- ¡Ehm! Pues… eh... ¡Fue un placer! ¡A la otra ya sabes! ¡Rei Kon contra las arpías acosadoras! –Comentó, sonriendo levemente, con un raro y agradable cosquilleo en las entrañas.
- ¡Eres un héroe! –Le dijo Kai. Rei se apenó aún más - ¡Wow! ¡Tengo un amigo héroe! ¡Nunca me había pasado! –Exclamó; "Wow…tengo un amigo" Pensó al ver al tímido chino y una pequeña y agradable descarga eléctrica le recorrió el estómago haciéndola cosquillas con las que quería reírse todo el día… y todo el tiempo que pudiera.
A media mañana de ése caluroso y resplandeciente Jueves, después de evitar todas las burlescas miradas de sus compañeros y de esquivar a varios maestros que deseaban hablar con él; Max Mizuhara encontró refugio bajo un frondoso árbol, donde se dispuso a deglutir su comida barata de la cafetería… Emily, Takao y Mao lo alcanzarían dentro de un poco… y él necesitaba estar un poco solo para regañarse una vez más por la torpeza… cualquiera de todas las que ése día había hecho, como caerse, ser atacado por un fugaz chorro de agua en los bebederos, tirar un cubo de basura en el suelo y casi romperle dos dedos del pie a un profesor al tirarle por error los libros que le había encomendado sostener… sin duda, ése día era uno de esos muchos días en los que… no es tu día… y no lo imaginaba, pero, ése día, no seguiría siendo bueno. Esperó varios minutos hasta que la comida le asqueó y decidió ir en busca de sus compañeros; se incorporó y al observar hacia ambos lados decidió ir hacia la izquierda.
Avanzó despacio, protegiéndose del sol bajo la sombra de los árboles, hasta que, sin darse cuenta, llegó a las canchas donde un al parecer, emocionante partido de soccer se llevaba a cabo… a él el deporte no le interesaba, pero, al parecer, el destino quería que participara en sus pequeñas jugarretas, por lo que, por obra mágica, digámoslo así, el balón tras una muy fuerte patada fue a dar hasta sus pies. Se detuvo y observó la blanca esfera que esperaba paciente a ser maltratada por alguien; varios de los jugadores… no, todos los jugadores, al unísono como un nada glorioso coro de pájaros carroñeros comenzaron a 'animarle' a que lanzara la bola. Max los miró… a él no le gustaba el soccer… no le gustaba tratar de hacer algo que pusiera en tela de juicio sus debilidades… pero, ellos esperaban… Suspiró, tomó fuerza en su derecha, miró el balón y arremetió contra él con una asombrosa fuerza, según pensando que la dirección era la correcta… pero el destino aún tenía tantas jugarretas guardadas ése día para él, por lo que, despistadamente, una cálida ráfaga de viento desvió la esfera unos cuantos centímetros, los exactamente justos para que éste chocara contra un árbol y saliera desviado hacia la izquierda, en lugar de las canchas de enfrente, y girando fugaz como un meteoro blanco, o como si Dios jugara al soccer con la luna, y siguió su trayecto sin detenerse, la bola avanzó directamente hacia el moreno rostro de un desconcertado chico de cola de caballo…
Rei lanzó un alarido de impresión y dolor; la bola chocó exacta e impresionantemente contra su nariz y hasta dio unos cuántos giros en ella, para luego salir despedida como cohete hacia arriba y caer cerca de la jodida cancha. Una risotada casi universal resonó en el patio, excepto entre el agresor y el agredido, a quien por cierto, un enorme chorro de sangre le brotaba de la enrojecida nariz. Max retrocedió espasmódico varios pasos; las risas no cesaban y el viento soplaba levantando una columna de polvo entre ambos. Suspiró y nervioso se acercó a Rei y su ruso acompañante.
- ¿E-estás… bien? –Le preguntó. El chino se volvió hacia el ruso primero, al notar la ahogada risa de éste tratando inútilmente de contenerla… luego, como un león que matará desquiciadamente a su presa se volvió hacia Max.
- ¡Sabía que tenías que ser tú! –Le gritó, cubriendo la hemorragia con su mano, la cual se ensangrentaba de inmediato. Kai cesó de reír. Max agachó la mirada. - ¡¿Cómo maldita sea crees que estoy bien? ¡Mira lo que hiciste, imbécil!
- Lo… lo siento… yo… de verdad… -No pudo decir nada más. Rei lo miró y pasó de largo. Kai le mandó una extraña sonrisa y posó su mano sobre el hombro del rubio.
- La nariz duele mucho… pero se le pasará… -Max asintió apenado. – No te preocupes… nos vemos en clase… dile al profesor que a lo mejor llegamos un poco tarde por esto, ¿si? Supongo que vamos a la enfermería.
- C-claro –Kai asintió y le siguió el paso a Rei… quien no lamentaba más en la vida que la jodidamente maldita escuela fuera tan grande.
Al llegar a la enfermería, Sue, la enfermera lo atendió rápido… y para su agrado, no había sido algo grave el golpe… le acomodó un poco el tabique, le dio analgésicos y le colocó una especie de cinta para que nada se desviara… y una vez atendido, ahora sólo quedaba la furia. Bajaron del edificio y salieron a la explanada central. Rei seguía sin hablar y Kai simplemente lo miraba. Caminaron en silencio hasta que el ruso se atrevió a iniciar una conversación.
- ¿Estás mejor? –Le preguntó. Rei lo miró y asintió. – fue un accidente…
- Eso no lo niego… ése idiota es… ¡La maldita mala suerte, estupidez y desorientación encarnada!... ¡Diablos! ¡¿Qué sus padres se drogaban antes de engendrarlo o qué?
- ¿Por qué lo dices? –Le preguntó Kai quien en ése instante desvió la mirada hacia el grupo de Max y sus compañeros a quienes, al parecer, les contaba la fatal historia de la nariz de 'Limón'.
- ¡Es estúpido! –Exclamó Rei con tanta furia que Kai se asombró. - ¡Y no puedes negarlo, porque justo ayer estuvo a punto de matarte con el pupitre! ¿Te acuerdas? –El ruso se encogió de hombros.
-A mi no me parece… -Susurró. Rei lo miró confundido. – Me parece que es muy inteligente…
- ¡¿Ah sí, por qué? –Preguntó el chino a su vez, como ofendido, casi diciendo '¿Cómo se te ocurre pensar tal idiotez? ¡Si hasta los científicos lo piensan!'
- Mmmm… pues… ¡Porque te golpeó la nariz y te hizo tener ése gesto raro que haces con los labios y el entrecejo!
- ¡¿Cuál gesto? –Inquirió con ése guiño extraño y gracioso que, en efecto, Rei solía hacer en situaciones como ésa… razón por la que Kai reía, no por su golpe… sino por el gesto.
- ¡Ya limón, tranquilo! –Exclamó Kai. Rei lo miró y comprendió lo que quería hacer. El gesto se marcó a un más en su cara. - ¡Haz una limonada o algo para que se te quite lo amargo! ¡Dios, eres peor que una toronja!
- Algo… ¿cómo sonreír? –Le preguntó éste, y entonces, el gesto raro y jocoso se transformó en una sincera y bonita sonrisa. Kai lo miró fijamente a los ojos, con serenidad y gusto.
- Eso exactamente… -le dijo y el cosquilleo se repitió de nuevo… en ambos… al mismo tiempo. –Oye, ¿quieres que te lleve a tu casa al salir?... Bueno, ya que llegaste conmigo… sería bueno irte conmigo… -Le dijo. Rei lo miró y guardó silencio unos segundos sonriendo con ése gesto que hacemos al ver algo distinto a lo que nos quieren mostrar… o decir.
- Ehm… ¡Claro! ¡Sí!
Las clases comenzaron de nuevo y no se detuvieron hasta que terminó la última: matemáticas. Era lógico que el cansancio y el aturdimiento del final de clases se hicieran presentes… y así fue. Kai Hiwattari estaba más que hastiado de las clases, del salón y de ésa pesadez que los había embriagado al escuchar al horrible profesor hablarles de Pitágoras. Cuando el timbre de salida resonó; todos, sin excepción se levantaron de inmediato y salieron, algunos más rápido que otros… de entre ellos, el mencionado ruso y Max, quien, aterrado de su infortunio decidió huir lo más rápido que podía para ocultarse debajo de su cama todo el día… tanta era la prisa de ambos y la mala suerte de Max, que, al tratar de bajar los escalones del edificio, sin darse cuenta, le plantó tremendo pisotón al ruso y por poco, él mismo cae de casi cuarenta escalones, si no es que, por segunda ocasión el ruso lo impide… pero ahora no deteniendo el pupitre… sino a Max mismo.
- Cuidado… -Repitió. Max se prendió de su mano y lanzó un largo suspiro de terror.
- ¡Gracias! –Exclamó y comenzaron a descender. –Siento lo de tu pie… perdón… ¿N-no está sangrando, verdad?
- ¡No, claro que no! –Le dijo el ruso riendo. Max volvió a suspirar, pero ahora aliviado.
- ¿Eres, Max Mizu… algo, no?
- Mizuhara, sí… Max infortunio para ser exacto… -Bromeó. Kai lo miró y guardaron un incómodo silencio. – Y… tu, tu… amigo… ¿Cómo está?
- ¡Ah!... este… ¡Se pondrá bien después de la operación reconstructiva! –Los azules ojos del rubio se abrieron a más no poder. Kai se río con ganas. - ¡Fue broma!
- ¡Te juro que con mi maldita suerte no lo dudé ni un segundo! ¿Si está bien? –Investigó Max.
-Está bien… algo furioso, pero se le pasará… no te preocupes por eso…
-Gracias… Je, creo que ahora me debo preocupar… pero por llegar a mi casa. –comentó en un susurro. Kai lo miró y le sonrió amable.
- Creo que definitivamente sería peligroso que andes por ahí causando el terror y el caos… ¿Eres un jinete del Apocalipsis y no lo sabes, o qué?
- ¡Oh yo creo!... sólo que no tengo caballo… ¡Trataré de conseguir uno! –Ambos rieron y cuando menos pensaron llegaron a la puerta principal. El lujoso Mercedes del año esperaba por Kai. Max lo miró y sin nada más que decir y con un gesto conforme y nervioso se encogió de hombros. –Bueno… nos vemos…
- ¿Te llevo? –Le preguntó el ruso.
- ¿Quieres morir horriblemente en un accidente de auto? –Le contestó retóricamente el rubio. En la lejanía Rei se encontró con Kai y el golpeador conversando y trató de acercarse, pero la multitud se lo impedía un poco.
- Mmmmh… A lo mejor vale la pena arriesgarse… ¡Me he salvado de que me mates dos veces!... ¡Eso debe valer algo! –Max sonrió y volvió a encogerse de hombros. Rei se acercó un poco más.
- Bien, sube… y… persígnate –Le dijo Kai. Ambos rieron y subieron al auto. Rei se acercó lo más rápido que pudo, pero, para cuando llegó a la salida; el auto comenzaba a alejarse. Se quedó varios segundos observando la lejanía; después, se marcho solo a su casa.
¡Finalmente llegó el viernes! La mañana seguía tan calurosa como las anteriores y el día lo sería aún más, climática y emocionalmente… comenzando por el pequeño tropiezo de los dos nuevos rivales que se consolidarían ése mismo día. Max Mizuhara caminaba tranquilamente, había llegado a salvo a su casa, al parecer, Kai, el alumno súper modelo, era una especie de amuleto… por lo que había considerado seriamente juntarse más con él… lo cual no resultaba una muy mala idea después de todo.
Al cruzar la calle hacia la izquierda, para tomar el camino más rápido hacia el instituto se encontró con Rei, quien, distraído y algo somnoliento avanzaba a escasos diez metros o menos de él. "Debo disculparme" Pensó y aceleró el paso hasta acercarse a medio metro de distancia de él… decidió no acercarse más hasta ver que no estaba armado.
-Buenos días. –susurró.
-Buenos días –Contestó el chino sin volverse. Luego, reaccionando un poco del trance de sueño, se volvió hacia atrás para saber quién le hablaba. - ¡Ah!... eres tú. –Dijo con desagrado y aceleró un poco el paso.
- Eh… Quisiera disculparme contigo por lo de ayer –Le dijo Max subiendo la velocidad de su caminar.
- Ah…
- Lo siento mucho… en verdad… fue un accidente… ¡Yo por eso odio el soccer!... es que no soy muy coordinado que digamos y pues…
- ¡¿Ah enserio? ¡No me digas, no me había fijado! –Dijo éste sarcásticamente. Max agachó la mirada.
- Perdón… -Volvió a decir. Rei se volvió a él exasperado. Se detuvieron.
- ¡¿Quieres dejar de hablarme de una buena vez? –Le dijo fuerte y cortante. Max lo miró con sorpresa y algo de coraje.
- Tu… ¿nariz ya está mejor? –Le preguntó tímidamente.
- ¡No te importa!... ¡Oh! ¡Espera! ¡Fuiste tú el que me causó esto! Supongo que debe importarte…
- Este… por algo te pedí disculpas…
- Las disculpas no quitan el dolor. -Le dijo Rei fríamente. Max levantó la mirada y se enfrentó con la del chino.
- ¿Qué diablos traes conmigo, eh? –Le preguntó molesto. Rei rió indiferente.
- Que no me agradas…
- ¿Por el accidente de la nariz? –Inquirió el rubio, pero no esperó respuesta, bufó burlón - ¡Bah! ¡Qué marica! –Dijo. Rei lo miró sorprendido. – Yo traté de disculparme… traté de arreglar algo… ¡Pero cómo imbéciles ego centristas antipáticos como tú me dan asco, me arrepiento de cualquier disculpa y al contrario! Ojala a la próxima sea un hueso… -Masculló Max. Rei guardó silencio. Trató de hablar, pero el rubio se alejó caminando a demasiada velocidad.
- ¡Muérete! –Le gritó. Max se volvió a él con fastidio.
- ¡Antes que tú, señor 'maldad' nunca! –Le gritó sarcástico y se alejó rumbo a la escuela. Rei frunció el seño furioso y el gesto se repitió de nuevo.
- ¡Idiota! –Dijo y siguió caminando.
El enfado de Max, al tener que soportar la presencia de Rei en el salón de clases no disminuyó sino hasta el receso, en el que, aprovechando la ausencia de Emily y Mao, Takao se acercó a hablar con él; por que, lo poco que conocía del rubio, le hacía suponer que no era de esos que le cuentan su cosas a el ochenta por ciento del mundo y luego lo hacen una mala novela refrito de refritos.
- Hola. –Le susurró. Max se hallaba sentado sobre el respaldo de una banca de mármol con el seño fruncido. Se volvió a Takao y le sonrió. - ¿Y a quién quieres matar?
- ¿Cómo sabes? –Le preguntó éste. Takao se encogió de hombros y tomó asiento a su lado.
- Mmmh… pues… viendo como eres y luego ahora con ésa expresión… uno hace suposiciones… ¿A quién?
- Al mal hecho producto de china…
- ¿Kon? ¿Por qué, no te conformaste con la nariz? –Max lo miró aún más furioso.
- ¡Takao! ¡Corre antes de que te corte el cuello! –Le gritó.
- ¡Ya lo siento, perdón!... Te afecta juntarte con Emily… -Ambos sonrieron.
- ¡Ella es increíble! –Comentó Max. Taka asintió. –Me gustaría ser tan… ¡así, como ella!
- Ella a veces parece un teflón de forma humana…
- ¿A veces? ¡Todo el tiempo querrás decir!
- No… a veces… tú no la conoces como yo desde hace treinta años… sé lo que te digo… ¡Es tan negra por dentro que las manchas que se le pegan no se notan!
- Pero sin duda están ahí –Susurró Max. Takao asintió.
-Como en todos…
- ¿A ti quién no te agrada del grupo? –Le preguntó el rubio. Taka tomó una bocanada de aire pensativamente.
- Mmmmh… el engendro de súper modelo ése…
- ¿Kai? ¿Por qué?
- ¡Ah! ¡Porque es la cosa más presumida y petulante sobre la faz de la tierra! ¡Dios, odio a la gente así!
- No es tan malo… te lo aseguro. – El moreno se encogió de hombros.
- Pues quién sabe… -Le dijo.
Lejos de ellos, los susodichos dolores de cabeza de Max y Takao conversaban por su parte…
- Perdón… lo olvidé… estaba cansando… ¡La escuela estuvo fatal ayer! –Le dijo Kai a Rei, quien evitaba su mirada.
- No tienes palabra Hiwattari… -Le dijo. Kai torció los ojos.
- ¡Te llevaré ahora!
- ¡No gracias! –Dijo el otro secamente.
- ¿Qué diablos te pasa? –Le preguntó.
- Me pasa que… -Iba a decirle que el hecho de que llevara a Max en su lugar lo hizo derramar litros de bilis pero se contuvo al notar la situación; Sasuke le vino a la mente y guardó silencio. El timbre de entrada a clases sonó levemente; Kai no lo percató y Rei lo confundió con otra cosa.
- ¡¿Limón? –Susurró el ruso al ver el ausentismo del chino.
- ¿Eh? ¿Qué? –Preguntó sobresaltado saliendo de su trance.
- ¿Me perdonas? – Rei lo miró y una presión le vino encima… ¿Qué diablos le estaba pasando?... al parecer no se daban cuenta ninguno de los dos… o… es que, ¿no querían hacerlo?
- ¡Sí! ¡Claro! Tú… haz lo que quieras… ¡Yo qué!... ¿Tengo mi propia vida, sabes?...
- Ah… ¡Si está bien! –Le dijo Kai confundido. – Eres muy raro, Limón…
- ¡Tranquilo normalidad que viaja a Irlanda sólo para comprar café!
- ¡Para mí eso es muy normal!
- ¡Pues en el mundo real, fuera de la burbujita de millones de dólares que te rodea, eso es ridículo! –le dijo Rei.
- ¡Y causa envidia! –Soltó el ruso mordaz. Rei lo miró.
- No me interesa Irlanda… -Le dijo. Kai sonrió con un poco de maldad.
- ¡Ah! ¡Qué lástima, porque me estaban dando ganas de ir a comprar café!... y necesitaba platicar con alguien… digo, para pasar el rato.
- ¡Consíguete un videojuego! –Le dijo Kon. Kai sonrió.
- Tú eres más divertido que un videojuego… ¡Hacerte enojar es un arte suculento!
- ¡Púdrete!
- ¡Ya te dije que!...
-¡No puedes porque sería un desperdicio mundial! –Terminó la frase Rei. –No tienes remedio… enserio…
- Claro que sí… ¡sólo que todavía no hay alguien que me arregle! –Le musitó el ruso y las cosquillas dentro del estómago nacieron de nuevo. Suspiraron.
-Tal vez algún día… llegue…
- Sí… eso espero.
La clase de historia de Japón, iba casi a la mitad cuando el profesor anunció el primer trabajo en grupo para la clase: Una investigación de los primeros imperios de la era Meji. Con la libertad de unirse por afinidad a los compañeros y crear el equipo. Rápidamente, Takao, Max, Mao y Emily se unieron en un pequeño equipo, donde, el líder sería Max.
Faltaban cerca de quince minutos para terminar la clase, cuando Kai y Rei, se dignaron a llegar, convencidos del merecido castigo que les impondría… pero no fue así, (por parte del profesor) ya que, sin tardanza les informó del trabajo y los unió con el equipo menos voluminoso de todo el grupo… el comandado por Max… ahí fue, donde comenzó el castigo.
- Ay no, no puede ser cierto… -Susurró Rei al tomar asiento en el círculo de pupitres que componían al equipo. Max agachó la mirada y comenzó a trazar círculos en la libreta guardando un rotundo silencio.
- Hola… -Dijo Kai.
- Hola. –Contestaron todos menos Rei y al momento, un incómodo silencio se apoderó de todos.
- Es para el lunes ¿verdad? –Preguntó el ruso. Todos asintieron. Max los miró y decidió hablar.
- Les propongo que, tratemos de hacer lo más posible ahora, en cuanto termine la clase… y… así nos repartimos lo que quede y es mucho menos trabajo… -Todos asintieron de nuevo. El profesor dio las últimas instrucciones y la clase terminó. Poco a poco el aula se fue vaciando, hasta quedar en ellas sólo seis personas, casi extraños que se miraban los unos a los otros sin mucho que decir. Con la puerta cerrada, las persianas de las ventanas sin dejar entrar la luz natural y ellos nada más, pronto comenzó a darles frío por la ventilación. –Eh… voy por unos libros a la biblioteca… Ya… ya vengo. –Terminó Max y se puso de pie; un extraño sonido de fuera del salón lo detuvo. Los demás se incorporaron y lo miraron preocupados.
- ¿Qué? –Preguntó Emily.
- Escuché algo… ¡Será mejor que vea! –Dijo Max y avanzó hacia la puerta. Jaló de ella y sólo quedó sosteniéndola.
- Te esperamos. –Dijo Rei. Max se volvió a ellos con una risa nerviosa.
- ¡Ay no! –Exclamó Mao. - ¡Está cerrada! –Max asintió. Kai se acercó al rubio y trató en vano, de abrirla. Un par de risas retumbó fuera del aula. Mao lanzó un exasperado suspiro.
- ¡No necesito adivinar quiénes fueron! –Dijo. Todos la observaron, sólo Emily comprendió.
- ¿Qué hacemos? –Preguntó Max.
- ¡Pues salir de aquí, inteligente! ¿Pues qué creías? –Le contestó Rei.
- Te acepto ése comentario si a tu cerebrito se le ocurre despertar de no sé cuántos años dormido y que nos de una buena idea de cómo salir… -Le dijo el rubio. El silencio incómodo se hizo de nuevo.
- ¿Las ventanas están selladas, verdad? –Inquirió Emily. Todos asintieron.
- ¡Mierda! –Exclamó Kai. - ¿Qué hacemos?
- ¿Por qué nos preguntas, qué no te sirve a ti tampoco el cerebro? –Masculló Takao. Kai lo miró.
- ¿Eso es ofensa? –Le retó. - ¡Bien, sigue así y tal vez muera de risa antes de salir de aquí!
- ¡Ah, claro! Se necesita tener dignidad para ofenderse… ¿Cómo te pido que te ofendas tú? ¡No pues sí que es imposible!
- ¿Qué les pasa a ustedes? – Preguntó Mao exaltada.
- ¡Son hombres! ¡Eso les pasa! – Contestó Emily.
- ¡Tú no te metas feminista de mierda! –Le dijo Kai.
- ¡Vuélveme a decir 'mierda' y de eso vas a tener repleta la boca, idiota! –Gritó ésta acercándose al ruso.
- ¡Uhh! ¡Qué miedo! –Susurró Rei. Ella se volvió al chino.
- Haré que te comas la mierda de Kai, si te sigues entrometiendo, Kon.
- ¡Hey, ya basta! –Les dijo Mao. – Escogen la situación para querer matarse… ¡Estamos encerrados en el salón, las ventanas están selladas por lo que no nos van a escuchar por más que gritemos y tampoco podemos romper los cristales! ¡Pónganse a pensar en eso!
- ¡¿A ti quién diablos te dijo que podías mandarnos? –Le gritaron todos excepto Max. Mao lanzó un bufido y se sentó en una esquina del aula. Los demás la imitaron cada uno alejado del otro. Guardaron silencio.
- Propongo que sea a Mao a la que nos comamos primero… ya que sus primos nos metieron en esto… -Comentó Emily después de casi media hora de no hablar nadie. Todos rieron, excepto la pelirrosa.
- ¡¿A mí por qué? ¡Cómanse a mis primos y déjenme en paz!
- Fue broma, Mao. –Le dijo Takao riendo. Ella los miró y guardó silencio. Ahora nadie volvió hablar por una hora y media más; hasta que, los sonidos del hambre se hicieron presentes.
- Creo que eso de que era broma comerse a Mao ya no me parece tan absurdo. –comentó Rei. Todos asintieron, incluso ella.
- ¡Pido mi brazo! –Dijo.
- ¡Tenemos que salir de aquí! –Exclamó Rei.
- ¡¿Pero cómo?... –Musitó Kai mientras se acomodaba en un pupitre. - ¡Mierda si no estuviera haciendo tanto frío!
- ¡Maldito aire acondicionado! –Espetó Takao. Max y Kai se volvieron a él de inmediato.
- ¡El aire acondicionado! –Exclamaron al unísono y se pusieron en pie.
- Hay un sistema que conecta a todo el edificio para aclimatarlo… ¡por lógica debe haber un conducto grande del aire que llegue a donde podamos salir! –Dijo Max. Todos se volvieron al techo. Allá, en la esquina, disfrazadamente, se veía una pequeña portezuela. La mirada se iluminó a todos y avanzaron hacia ella. Kai, por ser el más alto, fue el que la quitó y una ráfaga más fuerte de viento helado llegó a ellos. Se encogieron por el frío.
- ¿Sí cabemos? –Le preguntó Mao. Kai se fijó y se volvió a ellos.
- Es bastante grande… -Comentó. –Será difícil, pero sí cabemos.
- El único lugar que debe estar abierto o por el que podemos salir es el baño –Dijo Emily.
- ¡Genial, nos guiaremos por el olor! Será muy fácil –Exclamó Rei. Todos sonrieron.
- Max tú vas primero, para que guíes a las chicas, luego tú, Taka, después Rei y yo al final. –Dijo Kai. Todos asintieron y el mismo ruso los ayudó a subir.
El frío dentro del conducto descendió a los siete grados.
- Maldición voy a morir… virgen y congelada –Exclamó Emily arrancándoles carcajadas a todos.
Avanzaron despacio, hasta llegar a una parte donde el conducto se bifurcaba. Se detuvieron.
- ¿Por dónde huele más, Max? –Le preguntó Mao. El rubio se puso a inhalar el aire por la nariz, el frío le afectaba, pero se concentró y entre las ráfagas de aire helado detectó el aroma de la lavanda que usaban para disfrazar la suciedad del baño.
- ¡La izquierda! –Dijo y comenzaron a avanzar. A unos cuantos metros más, logró divisar una luz y despacio, con las manos lilas y temblorosas, quitó la tapa del conducto y llegaron al bastante más cálido baño. El espacio era suficiente para, a duras penas, poder sentarse, colgar las piernas y, aunque doliera, pegar un salto. Los demás retrocedieron un poco y lo imitaron. Kai tuvo bastante dificultad al hacerlo, pero, sin darse cuenta cómo, lo logró.
-Eres flexible. –Le comentó Mao.
- Sí, todo un estuche de monerías. –Dijo éste engreídamente.
- ¡Bueno, larguémonos de aquí antes de que en verdad le pegue una mordida a Mao! –Dijo Emily y avanzaron hacia la puerta. Max la jaló y para alivio de todos, ésta no opuso resistencia.
- Me alegro de tener primos tan estúpidos. –Dijo Mao y salieron.
Caminando en silencio giraron hacia la derecha y se toparon con las escaleras, Emily se adelantó, pero, de pronto, se frenó y retrocedió.
- Alguien viene. –Dijo.
- ¿Y? –Glosó Kai sarcástico. La castaña se volvió a ellos, estaba pálida.
- Traen armas… -Les susurró. Ahora ya estaban fuera del conducto de aire frío, pero, la sangre se les heló aún más. Los pasos se acercaban, y todos, por instinto natural retrocedieron varios pasos para ocultarse de la mirada de los extraños.
Sin duda, eran los pasos de tres hombres que avanzaban calmadamente y, al parecer, discutían de forma acalorada. Los seis chicos se acercaron a la pared del aula contigua a las escaleras y cerraron los ojos. El alma se les hizo polvo, cuando, de pronto, los tres sujetos se detuvieron en el descanso, a un lado de ellos, antes de subir al próximo piso.
- No podemos permitir fallos…
- Lo sé. –Susurró uno de los desconocidos. –En todo caso de que se revele… ¡Siempre hay formas de desaparecer a la gente!
- ¡Violencia, violencia, violencia! ¿Qué no puedes arreglar las cosas de otro modo?
- Como usted diga, señor. –Le contestó el otro sujeto.
- La bodega parece estar estable… y creo que podemos usar un aula del próximo piso para el nuevo cargamento… -Dijo una nueva voz. Todos retuvieron la respiración, absortos.
-Sí… estaría bien… -Contestó la primera.
- Pero… ¿no corre peligro con todos éstos entrometidos aquí?
- Lo dudo… éste lugar está hecho para soportar muchas cosas… incluso a miles de adolescentes entrometidos… -Dijo la segunda.
-Cierto… Noboru no nos ha fallado hasta ahora… dudo que lo haga. –Los pasos de los tres hombres comenzaron a alejarse. En cuanto desapareció todo sonido. Los seis pálidos chicos bajaron las escaleras a toda prisa, aprovechando las hileras de árboles para ocultarse y salieron de la escuela sin problemas, debido a la falta de guardián en la puerta.
Detuvieron sus temerosos pasos, todos temblaban. De pronto, la mirada de cada uno se topó con la de todos los demás.
- ¿Estás segura que… traían… armas? –Le preguntó Takao a Emily quien aún pálida asintió.
- ¿Qué fue eso? ¿De qué estaban hablando? –Preguntó Kai. Todos se encogieron de hombros.
-De algo que nosotros no debimos escuchar… eso es seguro. –Dijo Max. El silencio los gobernó de nuevo.
- ¿Debemos decirle a alguien? –Preguntó Rei. Kai denegó.
- No… no hasta que estemos seguros de qué fue eso… mientras… no lo comentemos con nadie… sería mejor que no nos viéramos hasta el lunes, pero… con la tarea…
- ¡La tarea! ¡Ah, no se preocupen por eso! –Prorrumpió Max. Todos lo observaron. –Tenemos que exponerla… miren, yo preparo todo… hago toda la investigación y el lunes, ¿entramos una hora después no? –Todos asintieron. – Pues, yo les doy lo que les toque exponer, lo estudian… y ¡listo!
- ¿Seguro? –Inquirió Mao. Max asintió con la cabeza.
- Es lo mejor… ¡Igual que irnos de aquí, porque siento que me voy a orinar del miedo! –Aclaró él. Todos sonrieron nerviosos.
-Bien… Nos vemos el lunes… -Expresó Kai, al ver que el Mercedes esperaba por él a lo lejos.
Todos asintieron y precavidamente se alejaron de la escuela, cada uno tomando su propio camino… uno que desde ése momento y a causa de varios secretos que ellos ni siquiera imaginaban se uniría para siempre… para darles un sentido completamente distinto a sus vidas…
"Yell and shout and kick me out
Then forget what we fought about
But don't give up
These storms are passing".
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