Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Movies » X-Men: The Movie » Quizá, quizá, quizá

SpAnIsH-lItTlE-gIrL
Author of 53 Stories

Rated: T - Spanish - General - Cyclops - Reviews: 29 - Updated: 01-27-06 - Published: 10-24-05 - Complete - id:2631953

Este es el último capítulo del fic. Lo siento si os parece que queda un poco en el aire, pero no me gusta darles finales "redondos" a mis historias. Prefiero algo que deje espacio para imaginar qué va a suceder después, en lo que no está escrito. El poema es el segundo del libro "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", de Pablo Neruda.

Gracias por haberme leído.


31.

Halloween ha llegado al hogar de los mutantes. Por un año, no estoy deseando celebrarlo. Me alegro por la fiesta y por los chicos, sé que les gustarán los juegos que les hemos organizado. Pero yo tengo otras cosas en las que pensar.

Maeve está fatal desde hace una semana. Adso se mudó al cuarto de Ororo y yo aproveché para pedirle a Maeve que viniese conmigo. Me tomé su falta de respuesta como un sí en lugar de lo que era: una falta de respuesta. Desde que Adso decidió cambiarse de cuarto, no habla con nadie. Solamente sale de nuestro cuarto para dar sus clases y comer como un pajarito. Está blindada telepáticamente, así que no se puede saber qué piensa.

Debería vestirse de princesa para la fiesta. Al menos ese es el traje que entre Ororo y Jean le hicieron. Maeve estaba de pie como un maniquí, dejando que le tomasen medidas. Mientras tanto, hacía lo único que ha hecho estos días fuera de clase: mirar a la nada con los ojos vacíos, como de autista.

Ahora mismo está sentada sobre la cama, en pijama. Hoy no había clases, así que ni siquiera se ha tomado la molestia de bajar a desayunar ni a comer. Solamente se ha dado una ducha rápida. He tenido que llevarla al baño y enjabonarla yo mismo, ni de eso tenía ganas. Supongo que dejaré mi disfraz de vampiro para mejor ocasión y me quedaré con ella.

Me siento a su lado y le acaricio la espalda. Como desde hace una semana, no responde. Se queda completamente quieta, respirando lentamente. En la cama huye de mí cuando todavía no está dormida. Se despierta mucho antes que yo y permanece tumbada mirando el techo.

—Maeve, deberías vestirte para la fiesta- no hace ningún signo que indique que me está prestando atención-. ¿Me oyes? Tenemos que ir con los demás.

Agarro su brazo y tiro de ella como he hecho esta mañana. En esta ocasión no me funciona. No se deja llevar como un pelele. Se resiste, hace fuerza para que no consiga arrastrarla. No quiero hacerle daño, así que la suelto. Me siento a su lado y le doy un beso en la mejilla.

—¿Por qué eres así?- me quejo en voz alta- ¿Por qué tienes que montar todo este circo solamente porque Adso tiene novia? Te quiere más que a nadie en el mundo, seguís estando unidos y siempre lo estaréis. Pero tienes que entender que no eres lo único que le importa. Se ha enamorado y quiere probar a estar con una chica. ¿Qué tiene de malo estar con alguien? Tú estuviste con Hank y ahora estás conmigo.

Sé que no es cierto, pero he soltado eso a ver qué pasaba. No ocurre nada. Maeve no se mueve ni dice nada verbal o telepáticamente. No, no estamos juntos. Nos limitamos a compartir cama. A ratos deja que le haga mimos y otras veces no me lo permite. Ahora parece que no es un mal momento en ese aspecto.

—¿Cómo va eso, chicos?

La jovial voz de Adso suena en la salita de estar. Habrá entrado sin llamar. Pasa al dormitorio con su disfraz de pirata y nos observa. Lo está pasando mal viendo así a Maeve, pero ya hemos hablado del tema. Como me propusieron a mí Jean y Warren, Ororo y él querían dejarlo “por el bien de todos”. Mi “ni se os ocurra” con explicación les hizo cambiar de idea. Maeve será estupenda en muchos campos, pero para los sentimientos es un auténtico desastre. Y se está equivocando con todo esto.

—No vamos a bajar. Maeve prefiere quedarse.

—Entiendo. Sigue igual, por lo que veo.

—Sí, sin cambios.

Adso se acerca a ella y le pasa una mano por los hombros. Pone cara de concentración y la mira a los ojos. Parece que intenta hablar con Maeve, pero su hermana no se deja. A juzgar por el semblante de Adso, le ha pasado lo mismo que todos estos días de atrás: ella no le permitía entrar en su mente, él ha insistido y ella le ha terminado echando de mala manera.

—No te deja hablar hoy tampoco¿no?- Adso sacude la cabeza- ¿Mantenéis el vínculo o lo ha roto?

—Ha tratado de romperlo, pero es imposible. Lo sé porque yo también lo intenté cuando estaba en el manicomio. Más que mi dolor, no soportaba el suyo. Cada golpe que me daban, Maeve lo sentía. Quería que dejase de sufrir y traté de cortar el cable de acero. No pude. Permanecerá activo mientras vivamos.

—Entonces, sabes cómo se siente¿no?

—Sí, se lo jodida que está y ella sabe lo mucho que me está jodiendo a mí. Y por si no quedaba lo bastante claro, hoy se ha empleado con más dureza que de costumbre. Antes me echaba de su mente a empujones. Ahora directamente me ha dado un par de hostias. Voy a tener dolor de cabeza durante toda la noche gracias a ella- resopla y le da un beso en la frente-. Ya que no me dejas decírtelo sin voz, te lo diré así: te quiero igualmente aunque a ratos te comportes como una niña pequeña. Eres lo mejor de mi vida y lo sabes. Hemos pasado los cinco peores años que podíamos imaginar sin separarnos y ahora seguiremos unidos. ¿Qué más quieres? Ororo y yo estamos juntos, bajo el mismo techo que tú. Scott está enamorado de ti. Tienes un buen trabajo y la vida resuelta. Si buscabas tenerme en exclusiva y que nos aislásemos del mundo, lo siento. Puede que a ti no te guste la gente, pero a mí sí. El único aislamiento que puedo darte son mis ilusiones y siempre las tendrás para ti. A cambio solo quiero que dejes de ser tan egoísta.

Sin novedad en el frente. Adso maldice por lo bajo y suelta a Maeve. Insiste para que baje con él a la fiesta, pero prefiero quedarme. No estoy para celebraciones. No puedo ir a pasarlo bien y reírme con todos sabiendo que ella va a estar aquí sola y deprimida. Y tampoco quiero ser un aguafiestas. Mientras Maeve tolere mi presencia, me quedaré a su lado.

Me acerco a la neverita y voy a por un par de refrescos. Maeve no ha tomado nada hoy y al menos debería beber un poco. Pongo la lata en su mano, pero no se mueve. Parece que hoy está especialmente mal. Tendremos que pasar al plan b.

La tumbo sobre el colchón y le coloco una almohada en la cabeza. Abro la lata y su boca. Con cuidado, pongo el envase en contacto con sus labios. Lo inclino suavemente y permito que un poco de la bebida entre en su boca. Se ve obligada a tragarla, así que continúo. Un par de veces tengo que frenar porque se atraganta, pero no dice nada. Le seco la boca y le doy un beso.

—Nos lo estás poniendo muy difícil a todos. Lo sabes¿verdad? No tienes derecho a tratarnos así, a despreciarnos de este modo por una rabieta tonta. Adso está sufriendo muchísimo y lo sabes. Tiene derecho a ser feliz, no intentes quitárselo. Y tú también lo tienes, pero a ratos me parece que te gusta sufrir y ser infeliz.

De vez en cuando hago cosas así. Hablo con ella, gruño y me desfogo en voz alta. No sé si me estará oyendo, si se habrá blindado hasta el punto de ser una completa autista. El Profesor dice que tiene la capacidad de hacerlo y que si así fuera, sería difícil sacarla de ese estado. Pero no creo que esté tan metida dentro de sí misma. Tengo que encontrar el modo de hacer que salga de su caparazón, eso es todo.

—Hace poco me dijiste que no te dejabas querer porque temías que te hiciera daño o hacérmelo tú a mí. Mírate ahora. Estoy aquí, a tu lado, dejando que me ignores mientras me pierdo la fiesta. Y todo por ti. No soy más que un cero a la izquierda para ti y me estás haciendo daño.

Es inútil. Parece que abrirle mi corazón tampoco funciona. Y eso que le he dicho toda la verdad. No aguanto esta situación. Solo han transcurrido siete días, pero han sido infernales. Intento pasar casi todo el tiempo con ella y no logro nada aparte de silencio e indiferencia.

Abro mi refresco y le doy un par de tragos mientras la miro. Necesitaría hacer algo. En la mesilla hay un libro de poemas que estaba leyendo antes de aislarse. Lo hojeo y busco el marcapáginas que está usando: una fina lámina de madera con dibujos geométricos que yo mismo le fabriqué. Escribo Maeve en su centro y comienzo a leer el poema en voz alta.

En su llama mortal la luz te envuelve.
Absorta, pálida doliente, así situada
contra las viejas hélices del crepúsculo
que en torno a ti da vueltas.

Muda, mi amiga,
sola en lo solitario de esta hora de muertes
y llena de las vidas del fuego,
pura heredera del día destruido.

Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche las grandes raíces
crecen de súbito desde tu alma,
y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,
de modo que un pueblo pálido y azul
de ti recién nacido se alimenta.

Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava
del círculo que en negro y dorado sucede:
erguida, trata y logra una creación tan viva
que sucumben sus flores,…

—…y llena eres de tristeza.

Maeve ha terminado el poema por mí. Cierro el libro de golpe y la observo. Parece que no se hubiera movido, que siguiera autista, pero ha hablado. Yo no he pronunciado esas palabras, estoy seguro. Iba a hacerlo, pero se me ha adelantado.

—Es verdad, llena eres de tristeza. ¿Por qué no me dices qué quieres de mí para que pueda dártelo? Adso tiene razón, me he enamorado de ti. Ni siquiera sé por qué, pero es así¿vale? Y si no haces algo pronto, me voy a desquiciar.

La madre que me parió. Parece que Maeve ha decidido pasar a la acción por todo lo alto. Se ha colado en mi mente y me ha bloqueado por completo. Si puede arrancar sentimientos, también puede hacer lo mismo con las sensaciones. Me ha encerrado en mi mente, no siento nada. No tengo vista, ni oído, ni gusto, ni olfato, ni tacto. Me ha privado de mis sentidos. Ha sido como un apagón repentino. Me muevo, sé que lo hago, pero no sé adónde. Solamente sé que encuentro impedimentos porque no logro moverme. No, ahora ni eso. Me ha paralizado.

“¿Qué estás haciendo?”, pienso, porque no soy capaz de otra cosa, “Maeve, me estás asustando. Por favor, libérame”.

“No tengas miedo, Scott. Solamente quería traerte a mi mundo. Así me siento a veces. No soy nadie, soy tan solo un pobre fantasma atado a un cuerpo.”

“Pero necesitamos el cuerpo para vivir.”

“Sí, por desgracia. Pero no estoy hablando de eso. ¿Confías en mí?”

“Sí.”

“¿Estás seguro? Porque si no confías en mí, te liberaré ahora mismo y me iré de tu habitación para no volver.”

“Confío en ti”, o eso intento, vaya. No es fácil sabiendo que no puedo hacer nada con mi cuerpo. Noto que Maeve sonríe con su mente y le devuelvo la sonrisa. “¿Qué me vas a hacer?”

“Es un secreto.”

En mi mente surge una imagen. Soy yo. Estoy tumbado sobre la cama, tengo los ojos abiertos. La mano de Maeve me los cierra. Es como si mi mente hubiera abandonado mi cuerpo y estuviera metida dentro del de Maeve. Intento comprobar si es así. Pruebo a moverle un dedo. No lo consigo, pero hago que suelte una carcajada.

Se inclina sobre mí y besa mi cuello. Maeve jamás me había besado. Besa mis párpados, mis pómulos… mis labios. Es una lástima no sentir nada, al menos no en mi cuerpo. La mente de Maeve está abierta para mí, por lo menos lo suficiente para que pueda hacerme una idea de cómo se siente. Está nerviosa y contenta. Le gusta mostrarme todo esto.

“Hay más”, me dice.

“Cuando tú quieras. Solo una cosa¿mi cuerpo está bien? No sé, como me has sacado de él, se me ocurre que quizá…”

“¿Que quizá te mueras?”

“Sí.”

“No, tranquilo. Digamos que he arrancado tu parte consciente de tu cuerpo, pero todo sigue funcionando. No te he sacado los sesos. Tu corazón late, estás respirando, el sistema digestivo continúa trabajando, tu temperatura corporal se mantiene, los riñones filtran… todo en orden.”

“Vale. Perdona que sea tan suspicaz, pero todo esto…”

“¿Suspicaz¿Estás de coña o qué? Te acabo de quitar el cuerpo y todavía me pides disculpas. Pensé que te morirías de miedo, lo extraño es que no estés acojonado llorándome para que te lleve de vuelta.”

“Tengo miedo.”

“Lo sé, pero la curiosidad te puede. Te gusta probar cosas nuevas.”

“Sí, bueno. Lamento fastidiarte el momento didáctico, pero me gustaría aprovechar para hablar en serio contigo. Me parece muy mal lo que has hecho, cómo nos has tratado estos días”, Maeve asiente y sigue acariciándome. Me desabrocha la camisa y descubre mi pecho. “No desvíes mi atención.”

“No lo hago. Sigue hablando, te escucho. O te siento, más bien.”

“Bien, como iba diciendo, me parece fatal. Todo porque Adso se haya ido al cuarto de Ororo. No tienes derecho a encerrarte con una pataleta de cría. Eres una mujer y tienes la madurez suficiente para…”

“¿Adso¿Quién ha hablado de Adso? No te enteras de nada, Scott. No es por Adso.”

“¿Entonces?”

“Es por mí. No es cierto que quiera ser infeliz, como has dicho antes. Es que estoy dolida. A veces pienso que yo nunca podré tener todo lo que él tiene. Todo el mundo le adora y a mí nadie me quiere.”

“Te equivocas. No estás sola, Maeve.”

“No, al menos puedo compartirle.”

“También estoy yo, o lo que queda de mí.” Se ríe mentalmente y me besa el pecho. Acaricia mis pectorales con la nariz y lame mi piel. Y yo sin enterarme. “Te quiero.”

“¿Cuánto¿Me quieres lo suficiente para estar conmigo?”

“Llevo bastante tiempo persiguiéndote para que me dejes estar contigo. He renunciado a la fiesta de Halloween para quedarme con una catatónica¿a ti qué te parece?”

“Vale, supongo que tienes razón. Ahora quien se disculpa soy yo. He sido una auténtica cabrona con todos vosotros, en especial contigo. Para recompensarte, te propongo algo deliciosamente perverso y retorcido¿te apuntas?”

“¿Tengo otra opción?”

“Negarte, pero así nunca sabrás lo que has rechazado.”

“Entonces acepto.”

Abro los ojos. Por fin siento mi cuerpo. Miro a mi alrededor. Vamos a ver¿no estaba yo tumbado? Sí, pero… Ay, mi madre. Alzo la cabeza y me miro en el espejo. Me quedo boquiabierto. ¡Soy Maeve! Me ha dado el cambiazo. Yo estoy en su cuerpo y ella en el mío. Me mira con una sonrisa burlona y no consigue reprimir una carcajada.

—¿Te gusta?- pregunta valiéndose de mi aparato fonador. Me rasco la cabeza y miro mi cuerpo con ojos como platos.

—No sé… es muy raro.

—Por eso te lo he enseñado. Ven, bésame. Y dime dónde guardas la protección, no quiero dejarme embarazada a mí misma.

Así que esto es lo que se siente al ser mujer. Ha sido algo increíble. Estaba metido en su cuerpo y ha sido un amante excelente. Muy cuidadoso, la verdad. Ha esperado a tenerme bien lubricada y ha conseguido que tuviera tres orgasmos del tirón. Creo que voy a probar esto más a menudo si me lo permite. Incluso he gemido. Ha sido… no tengo palabras.

Ahora acaricio mi cuerpo, el cuerpo de Scott. La Maeve que hay dentro me sonríe con satisfacción y me besa en los labios una vez más. “Deliciosamente perverso y retorcido”, así lo había definido antes. Sí, lo ha sido. Y también ha sido maravilloso.

—Te quiero, Scott- suelto una risilla al oír mi propia voz diciéndome eso.

—Yo también te quiero, Maeve.

—¿Quieres que te devuelva tu cuerpo ya o prefieres quedarte un poco con el mío?

—No sé…- me da un par de pellizcos en los pezones y sonríe- Si no te importa, me gustaría ir a la fiesta un poco.

—Claro. Entonces, te devolveré tu cuerpo.

—¿Y si nos quedamos como estamos y vamos así?- sacude la cabeza y arruga la nariz, un gesto que yo jamás habría hecho.

—Sería muy raro. Mejor te devuelvo este cascarón, pero todavía no. Primero quiero verte vestido de princesa.



Return to Top