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Vapor
¿Te dije alguna vez que te odio?
Sí, que te odio. Así, lisa y llanamente.
Porque no puedo permitir que nadie altere las leyes de la física. Y tú lo haces.
Mi cuerpo está conformado en un setenta por ciento por agua en estado líquido. Verdad biológica irrefutable.
El punto de ebullición del agua en condiciones normales de presión es de cien grados centígrados- o 373, 15 kelvin, si queremos ser exactos. Axioma físico- químico ineludible.
Mi temperatura corporal oscila normalmente entre los 35, 5 y los 37 grados centígrados- y nunca superará los 42 grados centígrados. Hecho clínico fácilmente comprobable.
Pero cuando te tengo cerca, cuando ríes, cuando te enfuruñas, cuando nos tocamos- queriendo o sin querer- ardo. En el sentido literal de la palabra. Algo en mi- o quizás yo por completo- entra en estado de ebullición y me vuelvo tan maleable- tan débil, tan efímera, tan transparente- como el vapor.
Por supuesto que hay también muchos otros motivos entremezclados en ese odio que me despiertas. Tu tórrido y libidinoso romance con aquella muchachita de maneras fáciles- Lavander para los amigos- es apenas un recuerdo mínimo e indistinto entre la avalancha de nuevos pecados que ahora manchan tu historial. Porque pocas cosas puede haber tan terribles como esa escapada de fantasía en plena noche y con gritos de película. Nunca me he desesperado tanto en mi vida- o tal vez sí: cuando Sirius te arrastró bajo el Sauce Boxeador en su forma de perro; cuando estabas siendo asfixiado por aquellos cerebros infernales. Ambas situaciones en las que tu vida corría riesgo de muerte y el alma se me escapaba de a poco entre exhalación y exhalación.
Lo que te redimiste llegando en el momento exacto para salvarle la vida a Harry fue insustancial- y eso que la vida de Harry es invalorable para mí. Porque… ¿quién me devolvería las lágrimas, las noches de dolor angustiante, los sollozos ahogados contra la almohada que se evaporaban lento hasta enturbiarme el pensamiento? ¿Quién me devolvería los años envejecidos con el sólo pensamiento de que algo malo podría haberte sucedido?
¿Te dije alguna vez que basta con sólo una sonrisa?
No, en serio, Deberías hacerlo analizar. Una sonrisa tiene- o debería tener- cierto limitado poder. Lo tuyo no es normal: rompe con cualquier clase de parámetro.
Pero, esta vez, no ha sido tu sonrisa la gota que derramó el vaso. Porque llevas meses sonriéndome, conteniéndome, apoyándome, queriéndome. Porque llevas meses- años- ganándome poco a poco, hasta que tuve que declararme en completa bancarrota: habías ganado cada milímetro disponible de mi mente.
Porque es sólo con esa frase que acabas de pronunciar que me doy verdadera cuenta de todo. Es quizás en este momento en el que has demostrado que te preocupas por mis ideales, en el que me doy cuenta de que es cierto que te quiero. Que te quiero más de lo que debería ser correcto y mucho más incluso de lo que estoy dispuesta a admitir. Porque ha llegado el punto en el que, pese a todo lo que puedo llegar a odiarte cuando eres terco, infantil, envidioso, inconsciente, al mismo tiempo, no puedo dejar de quererte. Y creo que es en este momento que sé que he entrado en un círculo vicioso- del cual ni siquiera sé si quiero salir- que no tiene retorno. Y eso, paradójicamente, me hace inmensamente feliz.
Quizás podrían encontrarse muchas explicaciones más o menos plausibles. Hasta podría abstenerme a la química pura y acotar que, simplemente, eres de fuego, y soy de agua. Que de manera natural me conviertes en vapor, y que el gaseoso es el estado más desordenado y más fácilmente excitable. También se podría justificar diciendo que voy hacia el fuego como la mariposa, y que no hay absolutamente nada de malo en ello. Porque no hay rima que rime con vivir. Y porque si, durante tanto tiempo quise ser agua, porque podía adorarte, pero no estaba lista para amarte, ahora no hay nada que desee más fervientemente.
Porque ahora, en este preciso momento, ya, hay algo que no puedo seguir negándome- negándote, negándonos-: decididamente, nuestros átomos se atraen. Es química pura, es electrostática, es maravillosa ciencia. ¿Puedo yo luchar contra eso? Decididamente, no. Entonces, ¿para qué voy a intentarlo?
¿Hay alguna clase de pecado encriptado en saltarte al cuello y comerte a besos a la mitad de una guerra?
Lo siento por Harry, pero es algo que nunca podrá comprender. No es que yo quiera besarte, Ron. Soy electrones atrapados en la irresistible marisma de amarte. Soy vapor que difunde- y como en casi cualquier sentido soy más liviana que tú, es más natural que yo llegue primero, que yo dé el primer paso. Porque el fuego es eterno, pero el vapor es efímero. Y si tú puedes soportarlo, yo no puedo.
Me he quemado durante años con tu cabello y tu corazón; necesitaba comprobar que también tus labios son puro fuego.
¿Y sabes una cosa? Hermione Granger nunca se equivoca.
Se esconde detrás de una piedra a esperar los insultos ¿Vale? ¿Y puedo salir? ¿Van a darme una tregua? Vamos, entonces, por partes.
No sé de dónde ha salido la inspiración para escribir esto, la verdad, porque ya estaba resignada a que jamás sería capaz de escribirlo. Por otra parte, no se parece en nada a las dos primeras partes. ¿Por qué? Porque han pasado casi tres años (¡tres años!) y eso ha afectado- para bien o para mal- mi manera de escribir, y mi manera de ver y sentir el mundo. Porque ha cambiado mi manera de entender y relacionarme con los personajes. Porque ha cambiado el destinatario de esta historia. Porque antes no hubiera podido- ni aunque hubiera podido- poner tantos detalles químicos que- creo que- a Hermione le hubiera encantado tener en cuenta.
Por otro lado, estoy inmensamente agradecida a todos aquellos que leyeron esta historia, y que siguen interesados en leer este capítulo final. Verdaderamente, sé que muchas veces no lo parece, pero no tengo palabras para expresar la felicidad que a veces pueden llegar a provocarme sus mensajes.
Y por último, dos informes: que este capítulo está totalmente dedicado a Biank Radcliffe por su cumpleaños- si ella quiere aceptarlo- y que, ahora si, colorín, colorado, esta historia se ha acabado.
Espero que, no sé si disfrutarla, pero que al menos hay sido tan intensa para ustedes como lo fue para mi.
Lean, escriban, sueñen, amen, bailen, sonrían
Estrella