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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Naruto » A Distancia

Kashou No Tsuki
Author of 44 Stories

Rated: K+ - Spanish - Romance/General - Ino Y. & Shikamaru N. - Reviews: 99 - Updated: 07-07-07 - Published: 10-28-05 - id:2637575

Naruto no es mio… Todo el mundo lo sabe ¬¬
Nuevo fic -.- A falta de un título mejor, el que se ve…
Beta: Dark Ayame Asakawa, Gracias!!

A Distancia

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El tibio y cálido aliento del desierto chocaba contra su pesado cuerpo mientras saltaba sobre las dunas de oro, ya habiendo penetrado en los dominios del País del Viento. Desde hace un buen rato los árboles, los arbustos y las verdes extensiones de pasto fresco y rozagante habían desaparecido de su vista, dando paso a las plantas rodadoras y el horizonte lejano, donde sólo se divisaba un inmenso e interminable mar dorado en todas direcciones.

Sin clemencia alguna el sol sobre su cabeza comenzaba a golpear con la fuerza del medio día en plenitud y las gotas de sudor caliente recorrían su rostro sucio y polvoroso. A su izquierda la joven rubia que lo acompañaba se pasó un brazo por la frente e hizo una mueca de asco al enjugar la transpiración con mano, señal de que ella estaba sintiendo el mismo calor abrasador. Un poco más atrás, a su derecha, observó que Chouji repetía el gesto con un poco menos de asco.

Suspiró con el cansancio acumulado pesando sobre sus hombros e hizo los cálculos pertinentes. Sunagakure debía aparecer delante de ellos tras un par de kilómetros. Habían abandonado Konoha hacía casi tres días cargando gigantescos pergaminos enviados por Tsunade-sama, conteniendo jutsus médicos secretos destinados directamente al cuerpo de medic nins de la Arena como parte de la reforjada alianza de paz entre ambas villas de shinobis. No habían tenido contratiempo alguno, pero el ánimo de sus compañeros de toda la vida comenzaba a menguar como el aire fresco en la estepa.

"Shikamaru... ¿Falta mucho?"

Percibió con facilidad el dejo de aburrimiento y fatiga que Ino no se preocupaba de ocultar, y tras unos segundos contestó en el mismo tono, algo inseguro de su respuesta.

"No. Ya falta poco”

Soltó un nuevo suspiro de pasiva intranquilidad. Tenía la leve sensación de estar traicionando a su propio equipo, de estarse traicionando a sí mismo, con el solo pensamiento, pero no podía negarlo, la presencia de Chouji y la rubia lo incomodaba ligeramente. La de Ino más que nada, por razones que prefería no sacar a relucir y que era mejor dejar en el cómodo olvido. Sus anteriores viajes a la Aldea los había realizado completamente en solitario, por no ser más que misiones de entrega o de representación de su propio hogar en el extranjero, y esta no hubiera sido la excepción, de no haber cambiado bruscamente de opinión en último momento la Hokage, plenamente convencida de que los pergaminos serían objeto de interés de otras Aldeas y de que podría llegar a ser peligroso que viajara sólo una persona.

No le molestaba realmente, pero la presencia de sus amigos podría llegar a ser problemática a la hora de reencontrarse con Temari.

Ya era bastante complicado que se dieran las ocasiones de estar juntos, de no ser por las intervenciones favorables y malintencionadas de Tsunade-sama, debido al asunto de la distancia. Las raras oportunidades en que se veían en su Aldea, las miradas sobre protectoras de ambos hermanos constantemente mantenían blanco fijo en su nuca, la del marionetero principalmente. Era como si sobre ellos, sobre él, alguien hubiera instaurado una vigilancia las veinticuatro horas del día. No lo dudaba, Kankurou podía llegar a ser bastante raro.

Existía una solución. Una solución simple y decidida que podría dar por terminados sus problemas. Pero aún no era momento de tomarla. Era un paso demasiado grande y arriesgado, no podía apostar todo en una sola jugada.

Porque, a pesar de todo, vivir a una gran distancia no era tan malo. Tenía la confiada certeza tranquilizadora de que, quizás, si se vieran todos los días, si se tuvieran el uno al otro todos los días, terminarían odiándose y sin poder soportar ni dos segundos en la presencia del otro. Shikamaru lo sabía, aunque Temari no fuera tan chillona y caprichosa como el resto del universo femenino que lo rodeaba, seguía siendo una mujer. Y sin discusión, todas las mujeres son problemáticas.

Giró nuevamente la cabeza hacia su izquierda y dejó escapar otro cansino respiro.

Por otra parte, la compañía de Ino y Chouji era en cierto grado agradable y lograba producirle una sensación placentera de confianza que hacía mucho no llegaba a sentir. Con todo el asunto de las misiones cada vez más abundantes y el ascenso a nivel Chuunin de ellos dos, el tiempo que pasaban juntos se había reducido drásticamente a las meras visitas familiares y los encuentros casuales en la calle. Estar los tres reunidos nuevamente, como un equipo, era un hogareño y nostálgico viaje al pasado. Al pasado donde los tres arrastraban a sus padres ebrios fuera de la taberna, donde entre Chouji y Shikamaru tenían que separar a Ino y Sakura envueltas en sus insignificantes e infantiles peleas de mujeres, donde Asuma-sensei aún sonriente los llevaba a comer barbacoas.

Una sonrisa triste cruzó sus labios secos y partidos y la sensación de vacío lo llevó a refugiar la mirada en Chouji y luego en la rubia para sentirse de nuevo en casa.

Al sentir el peso de una mirada sobre su cabeza, Ino levantó sus ojos del horizonte alejado en el que reposaban, encontrándose de lleno con los oscuros ojos de Shikamaru fijos en ella, completamente abstraído en sus pensamientos, pareciendo no verla a ella, sino más allá. Él reaccionó con lentitud y solo sonrió con un dejo nostálgico antes de devolver su cabeza hacia delante, ignorando la mirada inquisitiva de su compañera.

Shikamaru.

Sus ojos turquesa recorrieron el perfil moreno del chico, deslizándose por sus cabellos oscuros atados en esa característica cola Nara, bajando por su cuello y terminando en su espalda, cubierta por la chaqueta verde de Chuunin. Sin despegar su mirada aceptó para sí misma, con un poco de reticencia que aún le parecía atractivo, algo que jamás habría pensado hacía un par de años. Hacía un par de años cuando el único espécimen del sexo masculino que entraba en sus parámetros era Sasuke-kun, cuando comparaba con el Uchiha a cualquier otro chico que se le acercara, cuando, por supuesto, ninguno de ellos alcanzaba el alto estándar que este imponía.

Contuvo la respiración un par de segundos, y luego soltó todo el aire suavemente.

Y cuando se había dado cuenta de que Sasuke era un caso perdido y de que Shikamaru había estado perdidamente interesado en ella, por fin lo vio de otra forma. Pero se había fijado en su compañero demasiado tarde; era completamente culpable de haber dejado pasar a un chico tan bueno como el Nara, que ahora, por lo que sabía, había entablado una relación con la kunoichi de la Arena. Con Temari, la hermana del temible Kazekage. La chica que menos le agradaba en todo el mundo.

Un escalofrío recorrió su espalda.

Lástima. Lo único que le quedaba ahora era resignarse. Aunque siendo Yamanaka Ino, eso era más difícil que aceptar que Sasuke era gay, que le gustaba Naruto, y que sufría de una obsesión extremadamente enfermiza y anormal por su hermano mayor. Aunque todo eso fuera verdad.

Ino desvió la mirada hacia un lado, con un leve bufido de resignación, se acomodó el enorme pergamino que llevaba en la espalda e intentó no pensar más en cosas que ya no tenían vuelta y que la ponían de un humor terrible. Shikamaru era su amigo de todas formas, y eso era mucho más que una potencial pareja, o al menos de eso se trataba de convencer.

El Akimichi oyó a su compañera y sonrió alegremente al ver la cara de enfado que, aparentemente sin motivo, ponía la rubia. De súbito, cambió la expresión y se llevó una mano al vientre, creyendo sentir como se retorcían de hambre sus tripas. Las frituras se le habían acabado hace un par de horas y sólo quedaba agua. No podía esperar más para llegar y degustar algo de comida tradicional de la zona. La boca se le hacía agua.

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Las escalinatas de piedra dorada que hacían de puertas de la Aldea Oculta de la Arena se alzaron imponentes frente a ellos manifestando un poco de la opulencia que alguna vez había ostentado la antigua villa, antes de las Guerras Ninjas, antes del Shukaku.

Tras los últimos metros que los separaban de la entrada angosta y alta, divisaron con alivio la figura de su guía y comité de bienvenida. Kankurô permanecía apoyado de brazos cruzados contra la gigantesca escalinata, con los ojos vagando sin gran interés sobre ellos. Al llegar junto a él, el ánimo de Shikamaru se desinfló discretamente.

“Los esperaba”

Sonrió de lado mientras se incorporaba e indicaba que lo siguieran, y como si fuera una conversación rutinaria, de cada día, se dirigió casi sin simpatía al Nara, que parecía esperar la pregunta.

“¿Que tal el viaje?”

Los tres ninjas de la Hoja echaron a andar tras el marionetero. Chouji e Ino observaban absortos la aldea que poco a poco aparecía delante de ellos, abriéndose en abanico como abrazando a sus visitantes. Las edificaciones de formas ovaladas y la gente del desierto, todo era distinto a la familiar Konoha que veían todos los días. A pesar del panorama que clamaba por su atención, Ino no pudo evitar notar la antipatía tensa que existía entre su compañero y su cuñado, la leve hostilidad que se percibía fluyendo desde el marionetero hacia el Nara, que respondió a la pregunta soltada al aire con desgana.

“Como siempre...”

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Tras una pulida puerta de madera oscura se encontraba el despacho de Gaara, casi frente a ellos. Discrepando con la idea que se había hecho de Sunagakure antes de partir, le sorprendió el buen gusto y la sutileza, dentro de la austeridad característica de los organismos políticos, con que estaba decorado el edificio. Las plantas y pocas flores repartidas por la antesala –apuntó inmediatamente la rubia- ciertamente le daban vida al lugar.

La joven secretaria sentada en el recibidor se inclinó sobre el escritorio y se dirigió en voz baja y deferente al encargado de llevarlos a su destino.

“Kankurô-dono, ya pueden ver a Kazekage-sama”

Los tres Chuunins se adentraron en la estancia siguiendo la dirección indicada por Kankurô, pero éste no los acompañó.

“Hasta aquí los dejo, me voy a comer algo… Estuve toda la mañana esperándolos”

Dicho esto se dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria, no sin antes lanzar una sugestiva mirada de reojo que fue captada inmediatamente por la joven del mesón, tornándose sus mejillas inmediatamente rojas. Chouji no perdió tiempo y comenzó a descolgarse el pergamino, dejándolo en manos de un resignado y ya no sorprendido Shikamaru.

“Me muero de hambre…”

Rogó con la mirada y con el asentimiento molesto de la rubia, corrió para alcanzar al marionetista. El Nara e Ino se miraron y entraron al despacho.

Ya desde la puerta, los ojos de ambos se fijaron inmediatamente en el vibrante color rojizo de la cabellera del joven ninja, que sentado en un gran sillón tras el escritorio y ostentando el título de Kage, los observaba con atención. Los ojos celestes de Ino se abrieron en asombro ante la imagen frente a ella. Se inclinó en una pequeña pero clara reverencia mientras analizaba lo que la sorprendía. Constató que era la mirada, la ropa y el lugar, que hacían parecer a Gaara mucho mayor de lo que en realidad era, como si hubiese crecido por lo menos cinco años de golpe. No le extrañó tanto cuando lo pensó un segundo; la última vez que realmente lo había visto, había sido muy brevemente durante el segundo examen de paso a Chuunin que había realizado, y que satisfactoriamente Chouji, Sakura y ella habían logrado pasar.

De pie permanecía Temari a su izquierda, con el mohín de una risita bailando a hurtadillas en sus labios, sonriéndole con los ojos al moreno, que respondía a sus miradas con sencillas y discretas sonrisas de satisfacción y anhelo. Sin poder contenerse, Ino quiso vomitar.

Un breve diálogo estrictamente formal, y luego los dos se quitaron los enormes pergaminos de la espalda, dejándolos en manos de la Jounin, junto con el del ausente Chouji. Como capitán del equipo, el moreno habló mientras ponía el rollo entre los dedos de la rubia, intercambiando con ella una cómplice mirada en una fracción de segundo.

“Los envía directamente Hokage-sama. Estaba muy atareada con una plaga menor que azota Konoha”

“Lo sé” Espetó el pelirrojo “Gracias”

Su penetrante mirada pasó de Shikamaru a Ino, y entonces esbozó una levísima sonrisa en señal de agradecimiento.

La Yamanaka sabía que aquel momento llegaría. Y tendría que enfrentar sus demonios. Ahí estaban, Shikamaru y Temari, lanzándose lujuriosas miradas frente a sus narices. Sentía como dentro de ella la pequeña llama de celos crecía a cada segundo, a cada mirada de reojo que intercambiaban los susodichos.

“No, Ino… No, Ino…”

Un resoplido de irritación y luego quitó sus ojos de ellos dos, encontrándose de lleno con la mirada verde agua del Kazekage. No pudo evitar sonrojarse al ver que en sus labios había lo más cercano a una sonrisa que se habría podido imaginar en Gaara.

La chica de las cuatro coletas notó el pequeño roce y no perdió la oportunidad. Inquirió con un tono de insinuación tan palpitante que Ino se giró hacia ellos con pánico e indignación reflejados en sus ojos celestes.

“Voy a buscar un pergamino en limpio para enviar el agradecimiento… Me acompañas, llorón?”

“Tsk… Si no hay más remedio…”

Ambos desaparecieron tras la puerta del despacho, dejando atrás, en el escritorio del Kazekage, suficientes pergaminos limpios…

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N/A:REEDITADO. Porque estaba demasiado rasca y me gusta la calidad en mis escritos u.u Enjoy!

Kashou No Tsuki



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