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Ayudame a volver a vivir
Author: Aiko Hiwatari PM
No quiero vivir, no después de esto, quiero morir pero... no te quiero dejar ir... ayudame, ya no sé que hacer. Reviews, está un tanto rara, pero se me ocurrió de pronto
Rated: Fiction M - Spanish - Romance - Reviews: 8 - Updated: 05-10-11 - Published: 11-09-05
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Aclaración de puntos:

1. -Las acotaciones son estas

"Lo que el personaje piensa"

Hablando el personaje

(Cuando yo interfiero)

- Comentario -

_ Cambio de escenario _

2. – Ningún personaje de Beyblade ni la idea original es mío, todo es de su creador Takao Aoki

3.- Este va a ser un fic clasificación R, ya que a mi me gusta escribir lemon (además de que no me sale ningún fanfic sin lemon), además no me gustaría alguna demanda por alguien que no aguantó, así que si lo leen es bajo su propio riesgo, y no me manden reporte, se siente bien feo que te eliminen tu fic. Además de esto será un poquito depresivo.

4.- Aquí hay yaoi, sobre advertencia no hay engaño

5. – Las parejas las iré descubriendo más adelante, no se sorprendan por lo que pueda poner en el fic porque, a pesar de que debería, si dejo aclarado en la clasificación de lo que se trata, pues entonces el fic ya no tendría sentido

PERMÍTEME AYUDARTE

Había dicho aquellas palabras sin siquiera pensarlo, simplemente dejó que fluyeran de su boca, cerró detrás de sí la puerta y, apenas habiendo hecho esto, se recargó en ella completamente, se sentía extraño, como si el peso del mundo hubiera caído sobre sus hombros; posó ambas manos sobre su rostro y lo ocultó tras de ellas, era la primera vez que se sentía así: impotente.

Sin ser plenamente consciente de lo que hacía se dejó caer hasta que quedó sentado en el suelo, pensó que era una ventaja que sus demás compañeros no se encontraran en esos momentos o si no una ráfaga de preguntas del porqué se encontraba tan decaído y aún más porqué lo estaba demostrando, comenzarían a surgir, además del dónde estaba el chico proveniente de China.

Quería golpear a alguien, mejor dicho, quería matar a alguien, quien quiera que se hubiera atrevido a ponerle una mano al neko-jin. Aún no comprendía el por qué se empeñaba en no revelarle el nombre de quién le había hecho tal atrocidad, estaba furioso con él por esa razón, pero más furioso estaba consigo mismo por haber permitido que alguien dañara a una persona que estimaba. Él mismo se sentía morir con sólo verle en ese estado, no se había dado cuenta hasta ahora que, quien le transmitía ese sentimiento de querer vivir día a día, era ni más ni menos que el dueño de Drigger.

De pronto, abrió los ojos de par en par, algo hizo "clic" en su cabeza, si el chino no quería decirle quién había sido, entonces era porque le conocía, muy probablemente él ya conocía a esa persona, y tal vez la estimara, esa podría ser la razón de la renuencia del ojiámbar a decirle quién era el culpable. Apretó fuertemente los dientes y los hizo rechinar, sus ojos despedían furia y fuego, sus manos se cerraron en un fuerte puño al grado de que los nudillos comenzaban a ponérsele blancos, cuando le dijo al pelinegro que tomaría medidas para dar con el culpable no mintió.

Volviendo a su temple de siempre se levantó de dónde había estado sentado y caminó hasta la sala del que temporalmente era su hogar, tomó el teléfono por el cual había visto hablar a su compañero hacía apenas un día – se le antojó muy lejano el recuerdo – y marcó pasivamente los números, escuchó el pitido alrededor de dos veces y, después, el cómo le respondían al otro lado.


En su cabeza resonaban aquellas palabras dichas pro el bicolor que sonaban como una clara amenaza, llenas de odio y frialdad, una que nunca había empleado para con él antes, su cuerpo tembló inconscientemente al oírlas, aunque no supo descifrar muy bien si fue por miedo o por algo más, realmente no le importaba mucho, en esos momentos solamente se le antojaba dormir por la eternidad.

Se volvió a recostar sobre la mullida cama, en una posición semi fetal, pensó que para ese momento debería tener hambre, pero no tenía, también pensó que debería sentirse cansado, pero no lo notaba, pensó que debería tener sueño, pero se encontró con que no se le antojaba dormir, pensó que debería haber muerto, fue la única idea con la cual se pudo identificar.

Miraba a un punto vacío en la habitación, de hecho todo lo sentía vacío, hasta su propio cuerpo, era como si nada más fuera el cascarón, un simple contenedor que ahora no tenía nada dentro; un suspiro se escapó de sus labios sin que fuera consciente de él. Su cabeza le daba vueltas, los recuerdos no le otorgaban ninguna tregua, iban y venían constantemente torturándole a cada momento.

Con mirada ausente se levantó de dónde estaba, comenzó a esculcar entre sus cajones, revolviéndolos y dejándolos en completo desorden, sabía lo que buscaba, sabía que no debería estarlo buscando, sin embargo en esos momentos su razón estaba relegada al rincón más vacío de su ser por todos sus demás sentimientos, era como un niño que nadie prestaba atención.

Después de unos minutos, o segundos, no lo sabía, no le interesaba, encontró lo que quería, aún estaba empaquetado, como nuevo, lo había comprado hacía ya unas dos semanas pero al final no se ocupó así que prefirió guardarlo ya que nunca se podía saber cuándo se necesitarían ese tipo de cosas, sonrió internamente al pensar que era bueno haberlo guardado.

Tomó el pequeño objeto, lo estrechó entre sus manos y pareció que lo abrazaba, sintió como si eso fuera su barca salvavidas, algo a lo que asirse cuando todo lo demás se haya hundido; igual de lento que se paró, igual se volvió a colocar en la mullida cama, colocó el objeto bajo el colchón, no quería que nadie lo viera ni tampoco que se lo quitaran, era suyo. Se volvió a acostar en el tálamo, queriendo dormir, y a la vez no, qué contradictorio.

Se quedó viendo un punto al vacío por no supo cuánto tiempo, últimamente le daba igual si eran segundos, minutos, horas o tal vez días, simplemente dejaba su mente en blanco, dejaba su cuerpo descansar aunque su alma estuviera hecha añicos. De pronto el pestillo de la puerta se escuchó haciéndole notar que alguien iba a entrar, seguramente sería el bicolor, puesto que suponía que los demás chicos no estaban ahí, era demasiado el silencio.

Ahora sí, a diferencia de antes, logró escuchar los sigilosos pasos, notó cómo éstos se detenían a su espalda – ya que estaba recostado de tal forma que la puerta estaba tras de él – y ahí se quedaban, no hizo intento de preguntarle, ni tampoco de saber el por qué había vuelto o por qué se detenía ahí, simplemente le dejó ser, así como él mismo le había dejado ser tantas veces.

No hablaban, nunca había sido necesario el entablar alguna charla para sentirse cómodos entre ellos, la simple compañía era lo que les permitía sentirse así, a gusto, relajados, completos….si, porque el otro siempre les permitía sentirse llenos, era como si por separados algo dentro de ellos les dijera que faltaba una pieza del rompecabezas que eran, pero juntos, estaban perfectos, seguramente se debía a su amistad.

Volvió a escuchar el sonido de los pasos del ojirubí que comenzó a avanzar de nueva cuenta hacia él, pudo notar que estaba ya muy cerca cuando el colchó de la cama se hundió un poco ante el peso del bicolor, seguramente se había sentado en la orilla con el propósito de no asustarlo nuevamente con sus actos de repentina cercanía que, si debía ser sincero, le desconcertaban un poco, pero no lo suficiente como para ponerse a pensar en ello, no, en esos momentos no quería pensar en nada.

- Les dije habías regresado muy noche y estabas durmiendo – contestó a una pregunta no hecha – Después de eso dijeron algo de salir a ver cómo era por aquí – soltó un bufido que pareció algo como una risa carente de alegría – No comprendo su estúpida necedad de ver algo tan frío y carente de vida como lo es Rusia – hizo otra pausa – Tan frío, tan desolado…- dijo esto último como un susurro – No sé cuánto tiempo estén fuera, sin embargo no pasará mucho tiempo antes de que pregunten por ti de nuevo – admitió chasqueando la lengua en señal de disgusto

El silencio se hizo presente entre ellos de nueva cuenta, era un poco extraño que el callado ahora fuera el neko-jin quien siempre tenía algún tema de conversación y era el que evitaba que aquella habitación callera en las sombras y penumbra y, el bicolor quien era siempre el que escuchaba atentamente todo – pese a que pareciera lo contrario – fuera el que intentara mantener el lugar con algún sonido.

Era prácticamente imposible para él mantener una charla, es decir, nunca lo hacía y, ahora que era necesario, no sabía exactamente cómo hacerlo, de hecho debía admitir que lo que le había dicho no era siquiera una plática, le estaba informando algo para que estuviera al tanto de su propia situación, se maldijo internamente por ser tan inútil eh inexperto en ese ambiente.

Pasó un tiempo sin que ninguno dijera nada, a pesar de que el ruso-japonés le gustaba siempre estar en silencio el hecho de que el ojiámbar no le proporcionara ningún sonido le empezaba a crispar los nervios. De pronto se escuchó un ligero ruido algo lejano, volteó a ver a su compañero silencioso y notó, para su desgracia, que a él no le importó en absoluto aquello, simplemente dejó que todo siguiera su curso, gruñó por lo bajo presa del disgusto y volvió a salir de aquella habitación que, ahora, se le hacía tétrica, se preguntó cuánto tiempo había pasado como para que los chicos ya hubieran vuelto pero ¿Realmente importaba?

Logró dejar aquél cuarto justo antes de que sus compañeros de equipo se percataran de que salía de una habitación que no era la suya, volvió a tomar su temple de siempre y caminó hasta dónde estaban ellos, apretó inconscientemente sus puños y gruñó de nueva cuenta, no supo porqué pero detestó en aquellos momentos más que nunca al nipón, al rubio y al pequeño que era Kenny.

- Esa plaza estuvo genial – admitió el americano lleno de alegría

- Debo admitir que la cultura de aquí es muy distinta a Japón, a pesar de haber investigado sobre ella es mucho más asombroso vivirlo en carne propia – expresó con asombro el chico de gafas

- Pero de qué hablan – interrumpió el peliazul – La comida – dijo con alegría – La comida es simplemente maravillosa

- Tu nunca cambias Tyson – rió el rubio

- Pero Maxie – reclamó - ¿Cómo puedes decirme eso? ¿Cuándo volveremos a tener la oportunidad de probar algo como esto otra vez?

- Pues en el siguiente torneo que vengamos, supongo – contestó como si nada

- Para eso tendría que pasar un año – se quejó – Mi estomago no lo soportaría

- Realmente eso no es cierto – le habló el pelinaranja – Tú serías quien no lo soprtaría, tu estómago te aseguro que ni quejas te pondría – sonó como si se burlara

- ¡Kenny! – dijo en un tono de lamentación ocasionando que los otros dos se rieran

- A todo esto – Dijo el ojiazul una vez que se hubieran calmado - ¿Ya habrá despertado Ray? Ah dormido mucho

- Seguramente estará aún dormido – respondió como si nada el peliazul

- Pero Ray no es un flojo como tú Tyson – le indicó el pelinaranja

- ¡Oye! – Volvió a reclamar por el ataque constante a su persona – Bueno, no averiguaremos nada si nos quedamos aquí, mejor vayamos a su habitación a verlo – se dio media vuelta para ir a su destino

- No – resonaron unas frías palabras por todo el lugar haciendo que los chicos voltearan a ver de dónde provenían

- ¿Qué? – Preguntó un poco confundido el nipón - ¿Quién te crees que eres para decirnos eso? Si queremos vamos a ver a nuestro amigo, no eres nadie para impedírnoslo

- Está enfermo – respondió haciendo acoplo de todo su autocontrol y rogando porque alguien creyera aquella absurda mentira, que no era mentira del todo

- ¿Se encontrará bien? – Preguntó preocupado el americano al dueño de Dragoon

- No sé – le respondió el peliazul apoyándose con un ademán subiendo sus hombros - ¿Por qué no le preguntas al rey del hielo? – Dijo mientras señalaba con la cabeza al ruso-japonés que para ese momento ya se encontraba en la cocina sirviéndose un vaso con agua – Hey, Kai – le llamó para captar su atención – Al menos dinos, ¿Ray sigue vivo?

El dueño de Dragoon no fue consciente de la mirada llena de odio, desprecio y coraje que el bicolor estaba mostrando, ya que le estaba dando la espalda, el haberle dicho aquellas palabras hizo que su sangre hirviera de nueva cuenta al recordar el cómo se encontraba su amigo chino, pero claro, ellos no tenían ni la más remota idea, y él no se los iba a informar bajo ningún motivo.

- Hey Kai – volvió a llamarle al no obtener respuesta – Tan amable como siempre – se quejó – Pues bien, si no me vas a responder mejor iré a verlo yo mismo

- ¡Ni se te ocurra ir a verlo Tyson! – su autocontrol no era mucho y, volteándose a verlo y encarándole, le respondió de forma ácida y furiosa, sin olvidar que alzó un poco más de la cuenta su voz

- ¿O si no qué? No eres nadie para prohibirnos o no ver a nuestro amigo, porque a diferencia tuya, para nosotros Ray si es un amigo, no que tú, que nada más te preocupas por ti mismo. Tú eres un antisocial carente de sentimientos y corazón, pero los demás si estamos vivos, somos capaces de sentir, tú ni siquiera puedes sentir amistad o cariño ante nadie, obviamente eres incapaz de amar, si dejamos a Ray contigo seguramente moriría a causa de tu indiferencia además….

- Basta ya Tyson – le paró el americano – seguramente lo que Kai quiso decir es que Ray en estos momentos está durmiendo ¿cierto Kai? – No esperó respuesta - Mejor mañana pasaremos a su cuarto a verle

- Pero Max… - intentó alegar el nipón

- Nada, nada, mejor vayamos a nuestro cuarto, recuerda que prometiste que verías conmigo esa película que pasarían en la televisión – comenzó a empujarlo a dónde ellos dormían

- ¿Cuándo prometí eso? – se quejó

- Anoche, durante la cena

- No quiero verla, está subtitulada, me da pereza leer los subtítulos

- Entonces no leas los subtítulos

- No le voy a entender

- Qué quejumbroso eres Tyson

El bicolor ya no supo más lo que decían, ya que la puerta de la habitación de ellos había sido cerrada justo detrás del de lentes, no era que le interesase ni mucho menos, de hecho estaba muy agradecido de que al fin se hubieran ido; volteó a ver la mano con la cual sostenía aún el vaso con un poco de agua y lo notó estrellado, en realidad no se había dado cuenta de cuánta fuerza imprimió al pobre objeto ante los alegatos del nipón.

El ojirubí gruñó un poco de molestia y procedió a tirarlo en el bote de basura, así como lo había dejado no serviría ni siquiera para lapicero. Se recargó pesadamente en una pared y recordó lo dicho por el alocado del peliazul, si bien todas las palabras que le dijo eran ciertas y lo sabía de antemano, no supo porqué escucharlas de su boca le resultaron tan incómodo.

Sabía muy bien que él no tenía ni la más mínima noción de cómo ayudar al pelinegro, mucho menos de cómo confortarlo y peor aún el intentar hacerle sentir vivo de nuevo, si ni siquiera él mismo se sentía vivo….golpeó con un puño la pared. A pesar de que el nipón era un completo imbécil, había ocasiones que decía cosas inteligentes; sin más decidió regresar a dónde se encontraba el ojiámbar.

Antes de ingresar se quedó ahí parado, viendo la puerta simplemente, preguntándose qué debía hacer, cómo debía actuar, que debería decirle, muchas preguntas tenía y no había nadie para darle la respuesta; algo resignado decidió entrar de nueva cuenta en la habitación, por primera vez en su vida sintió miedo, miedo de saber qué le esperaba detrás de aquél muro cada vez que ingresaba.


No se sentía con ánimos de hablar, ni de escuchar, ni de respirar, ni de vivir…simplemente no tenía ánimos de nada, sin embargo, hizo un esfuerzo sobrehumano para entender lo que el ojirubí le estaba diciendo, algo de que ya los chicos habían preguntado por él y que les había dicho que estaba descansando, o algo por el estilo, realmente eso carecía de alguna importancia.

De un momento al otro el bicolor calló y se sumieron en aquél silencio que comenzaba a serle tan conocido y, extrañamente, cómodo, si estaban en silencio podía ponerse a pensar y reflexionar en lo que empezaba a considerar su castigo divino a causa de sus pecados terrenales, empezando por aquél que era haber despreciado a su amiga de la infancia, su casi hermana.

También debía estar pagando por todas las incomodidades que causó a la familia de su amigo Lee en su aldea al estar dependiendo de ellos cuando vivían en China, también del daño que les hizo a sus amigos por haberlos abandonado, ahora que lo veía todo en retrospectiva, en realidad era una horrible persona, siempre causando dolor y sufrimiento a los demás….sí se tenía merecido aquello. Se abrazó a sí mismo bajo las sábanas.

De pronto, un sonido le sacó de dónde quiera que había estado su mente, ya que él mismo se perdió en ella, unas voces alegres comenzaron a oírse por el lugar, se descubrió añorando sentirse alegre por escuchar aquella algarabía, sin embargo lo único que logró sentir fue una nada infinita dentro de su cuerpo, de un momento a otro pudo notar cómo el peso extra desaparecía de la cama.

Escuchó los pasos firmes y constantes del ruso-japonés pero, para su gusto, también había algo distinto en ellos, intentó concentrarse un poco más en ellos tratando de saber qué era, por alguna razón le hacían sentir distinto, sin embargo, antes de poder descifrarlo, el bicolor ya había salido de la habitación dejándole nuevamente solo con sus pensamientos.

Aprovechando su reciente falta de vigilancia volvió a incorporarse de su cama, ahora para dirigirse a un pequeño tocador que había en su habitación, cada paso lo sentía como si tuviera zapatos de concreto, su corazón se sentía pesado, como si la sangre fuera sumamente espesa, la respiración era lenta y acompasada pero daba la impresión de que debía obligarse a hacerlo.

Cuando llegó se sentó dándole la espalda al espejo, tenía miedo de ver lo que iba a encontrar al verse reflejado en el cristal, tal vez estaba deformado, tal vez tenía cicatrices, tal vez estaba lleno de moretones, tal vez ni siquiera era ya él mismo, realmente podía recordar los hechos, pero por alguna no sabía bien dónde había ocurrido cada cosa, le asustaba descubrir que el daño fuera más grave de lo que pensaba.

Inhaló y exhaló profundamente un par de veces aunque esto de nada le sirvió porque su estado seguía siendo igual de anémico, cerró sus ojos y, lentamente, comenzó a darse vuelta con el fin de quedar frente a frente con su reflejo; cuando sintió que estaba en la posición adecuada se quedó ahí por algunos segundos, volvió a inhalar y exhalar profundamente y, lentamente, comenzó a abrir sus orbes ambarinas para que le revelaran la realidad.

Al verse no pudo hacer otra cosa más que asombrarse, su cara era la misma de siempre, no había nada fuera de lo normal, no había rastros de algún golpe, rasguño, corte, simplemente era la misma cara que veía día tras día en el espejo excepto, por una simple cosa: sus ojos. Aquellos ojos que antes rebozaban de vida y hacían competencia con el astro rey, ahora parecían un foco apagado.

Era como si su cuerpo fuera ya nada más un simple contenedor, dentro de sí no había absolutamente nada, ¿Quién era a quien veía en el reflejo? Ése no era él, no podía ser ese chico, se veía muerto, él no era así, él siempre estaba lleno de vida. De pronto pudo notar cómo por las mejillas de aquél chico resbalaban gruesas gotas cristalinas que, dentro de su mente, tradujo que eran lágrimas.

Estaba llorando, el chico que veía estaba llorando, pero ¿por qué? ¿Qué había que lo pusiera tan triste? Por alguna extraña razón le hacía enfurecer las lágrimas de él, se decía ¿por qué está llorando? No hay algún motivo, se le ve bien. Aun viendo al reflejo del muchacho tomó su cabello y lo estiró, quería que dejara de llorar, quería que dejara de verse tan triste y apático, quería que desapareciera aquella imagen.

Cerró fuertemente sus ojos, estiró su cabello lo más que pudo y comenzó a golpearse a sí mismo lo más fuerte que podía lo odiaba, odiaba a aquél reflejo, odiaba a ese chico, quería que desapareciera, quería que muriera, que no dejara rastro en la faz de la tierra, mientras más pensaba en él, más fuerte intentaba golpearse pero no le era posible, su propio cuerpo le traicionaba al detener los duros golpes y rebajarlos.

Pasado un minuto dejó de hacerlo, obviamente sabía que era imposible que él mismo se hiciera esa clase de daño, estúpido cuerpo, estúpida mente, se dijo. Ahora más tranquilo y evitando ver a ese chico extraño, decidió que era tiempo de volver a la cama, al menos ahí no tendría que verle, no tendría que verse así que, sin más y con total apatía se introdujo dentro de las sábanas. Apenas se había acomodado alcanzó a oír la voz de su compañero bicolor.

- ¡Ni se te ocurra ir a verlo Tyson! – escuchó la voz tan fría y amenazadora, un escalofrío recorrió su espalda al notar cómo su voz podía parecerse tanto a la de su agresor si se lo proponía

- ¿O si no qué? – Escuchó el tono desafiante y tuvo miedo - No eres nadie para prohibirnos o no ver a nuestro amigo, porque a diferencia tuya, para nosotros Ray si es un amigo, no que tú, que nada más te preocupas por ti mismo. – La palabra "amigo" resonó en su cabeza, se equivocaban, él no era digno de ser su amigo - Tú eres un antisocial carente de sentimientos y corazón, pero los demás si estamos vivos, somos capaces de sentir, tú ni siquiera puedes sentir amistad o cariño ante nadie, obviamente eres incapaz de amar, si dejamos a Ray contigo seguramente moriría a causa de tu indiferencia además….

- Basta ya Tyson – escuchó ahora la voz de su amigo americano y luego…nada, habían disminuido el tono de voz

Esperó un poco deseando poder escuchar algo más por parte de los chicos y, al mismo tiempo, deseando no hacerlo. Pudo notar un "Pero Max" del moreno y ya nada más, todo había vuelto a estar en silencio. La incertidumbre lo carcomía, ¿en qué estado se encontraba su compañero después de aquellas palabras dichas por el dueño de Dragoon? El imaginarlo triste le hizo sentir una opresión en el pecho, del cual no se percató, sin saber bien en qué momento, se quedó dormido.


Entró en la habitación aún bastante enojado, sin embargo, al notar el silencio en el lugar – que si bien ya era más que común – y notar al pelinegro acostado en la cama, hizo que su coraje disminuyera un poco, sin darse cuenta comenzó a acercarse hasta dónde el neko-jin estaba olvidando todo su alrededor y solamente concentrándose en él, por un instante, todo lo demás desapareció al verle ahí, tan pacífico, tan tranquilo, al fin dormido.

Se acercó hasta estar junto a él en la cama y, lentamente, se sentó a su lado mientras soltaba un suspiro que al parecer había estado conteniendo durante un rato. Le miró detenidamente, el suave movimiento de su cuerpo mientras subía y bajaba al compás de su respiración, todo, todo en él le hacía sentir últimamente extraño, aunque no se explicaba por completo por qué le pasa eso en las últimas fechas, lo único que realmente podía comprender era el hecho de que aquél chico proveniente de china era importante para él, ¿sería que lo consideraba un amigo?

Por unos momentos estuvo así, solamente viéndole, sin embargo, su cuerpo decidió actuar por cuenta propia lentamente, haciéndole levantar la mano de forma lenta y acercándola de forma cautelosa al rostro ajeno, logró rozarlo, fue apenas con las yemas de los dedos pero, al sentirlo así, de forma muy suave, pudo notar cómo una descarga eléctrica le recorrió todo el cuerpo, desde la punta de sus dedos hasta la punta de los pies.

Lejos de disgustarle la sensación, se descubrió a sí mismo queriendo más, deseaba, anhelaba poder sentir más aquella suave y acanelada piel, sintió sus labios resecos y, en su cabeza, se comenzó a formar la idea de que tal vez pudiera aplacarla besando el delicado cuello pero, no podía darse ese lujo, no en esos momentos. Cuando al fin notó hacia dónde iban sus pensamientos retiró de forma rápida su mano mientras agradecía que el chino no se hubiera enterado de nada.

Aquello iba a ser difícil, descubrió – como muchas cosas desde que el pelinegro se encontraba en ese estado – que extrañaba a sobremanera la forma de ser del chino, su alegría, sus expresiones, sus ganas por vivir…su compañía quieta y muda que, si bien parecía que no se decían nada y solamente se toleraban, realmente era como una plática sin palabras. Inclusive aunque él mismo le hubiera enviado a otra habitación debido a todos esos pensamientos que se formaban en su mente cuando estaban juntos, sabía que ahí estaba el ojiámbar pero, en esos momentos no existía. Se maldijo a sí mismo.

El bicolor soltó un suspiro y, no queriendo saber nada por unos instantes, optó por darse una ducha, probablemente una fría, a fin de cuentas estaba acostumbrado a ellas y siempre le ayudaban a pensar con claridad. Se levantó de dónde estaba para dirigirse de forma pasiva a su guarda ropa, dónde tomó una muda y una toalla y, acto seguido, se encaminó hacia su objetivo, sin percatarse de que un par de ojos lo observaban en silencio.

Una vez que la puerta se hubo cerrado tras el ruso-japonés se permitió respirar con un poco más de normalidad, porque sí, el estar haciéndose el dormido le obligaba a hacer respiraciones más profundas y pausadas y para ello necesitaba estar tranquilo, cosa que era muy complicado teniendo al ojirubí tocándole su rostro tomando en cuenta lo vivido hacía tan poco.

Inconscientemente pasó con sus propios dedos por los lugares dónde su compañero había pasado los suyos y se preguntó ¿por qué no lo había rechazado nuevamente? Tal vez se debía a que el dueño de Dranzer le había demostrado que era digno de confianza y que él no le dañaría. Deseaba con tanto ahínco poder volver a ser quien era pero, a la misma vez, deseaba desaparecer de la faz de la tierra, nunca pudiendo olvidar lo horrible que era y que, todo aquello, era su castigo.

Se sentó en la cama y miró un largo rato por la puerta que había desaparecido el bicolor, esperando que regresara y a la vez deseando que no lo hiciera. Sentía que necesitaba estar solo pero, el simple hecho de estarlo le asustaba porque un montón de ideas comenzaban a aglomerarse en su cabeza y, realmente, ninguna era agradable, más que nada porque todas ellas le hacían sentirse mal consigo mismo.

Quería dejar de sentir, quería poder convertir su corazón en piedra, quería ser un cascarón como Kai pensaba que era en esos momentos – porque sabía que eso pensaba el bicolor – quería alejarse de ahí lo más que pudiera, dejar aquellos sentimientos, su mente, simplemente dejar todo atrás y no volver ¿se podría lograr eso? En verdad deseaba de corazón que sí.

Pudo escuchar cómo el picaporte de la puerta comenzó a moverse, denotando que el bicolor volvía a la habitación y, aún reacio a tratarlo, se hecho de vuelta en la cama para fingir que dormía, otra vez. Podía ver la luz filtrarse por algún lugar, le daba en la cara y, curiosamente, aquél débil brillo del sol le estaba dando el calor que no podía sentir por sí mismo, sin siquiera darse cuenta se comenzó a quedar dormido.

Por su parte, el bicolor no pudo evitar quedar deslumbrado ante la vista que estaba teniendo, ahí, acostado de forma tranquila, estaba simplemente descansando. Aquél rayo de luz le proporcionaba una vista angelical y pacífica como nunca antes le había visto – y eso que había visto dormir muchas veces al neko-jin.

Cuan felino, fue acercándose sigilosamente, hasta parecía el mismo pelinegro con tales habilidades, de a poco fue acercándose al lecho, hasta que quedó justo a un lado de éste, de forma aún más cuidadosa, se subió a la cama y, gateando, se fue acercando hasta el cuerpo del chino quien estaba profundamente dormido, esto se podía notar al ver la respiración pausada y acompasada.

Como en un estado de hipnosis, pasó su brazo y pierna derecho a través del cuerpo del ojiámbar para quedar en cuatro sobre de él, si cualquiera entraba en esos momentos era claro lo que iban a pensar pero ¿qué importaba? Además, nadie entraba nunca a su habitación sin antes haber tocado la puerta.

Lo tenía tan cerca, estaba completamente a su merced, su rostro se iba acercando muy lentamente a aquella mejilla que ya había tenido el privilegio de acariciar, parecía estar hipnotizado, su mente se había ido a algún rincón de la tierra y no sabía exactamente a dónde pero ¿acaso importaba?

De un segundo a otro, recobró el poder de su propio cuerpo y se alejó de ahí hasta sentarse en la orilla del mullido colchón ¿Qué había estado a punto de hacer? Comprendía que el neko-jin se veía tan frágil e indefenso y que él había sido quien le había ayudado en esos momentos de dolor que apenas estaban comenzando pero ¿acaso algo como eso le daba el derecho de sentir al chino de su propiedad? La respuesta era sencilla: No.

Comenzaba a aceptar que el ojiámbar despertaba en él ciertos sentimientos de querer protegerlo, cuidarlo, consolarlo cuando se sintiera triste y vengarse de quien quiera que le haya lastimado pero, no por eso iba a hacer lo mismo que aquél mal nacido que le había…violado. Le costaba pensar en esa palabra, no se imaginaba siquiera diciéndola. Se agarró con ambas manos la cabeza intentando quitar la frustración que sentía.

En medio de sus pensamientos, alguien tocó levemente en su puerta, casi como si tuviera miedo de hacerlo. Una última mirada hacia el chico dormido en su cama, más que nada para corroborar que no se hubiera despertado, y acudió al débil llamado, sin muchos ánimos cabe decir.

Esperó encontrarse con cualquiera, Kenny pidiéndole su beyblade para analizar a Dranzer y hacer nuevas gráficas, Tyson para seguir con la pelea de hace rato reclamándole más estupideces, el señor Dickenson para preguntarle algo más sobre la abadía o el paradero de su abuelo el cual no sabía dónde estaba y, si debía admitir, no le interesaba pero, el que realmente no pensó encontrar ahí, era al pequeño rubio de ojos azules, a Max.

- Hola, Kai – saludó tímidamente, sin obtener una respuesta a cambio, claro está - ¿Podemos hablar? – la pregunta iba impregnada con un ligero tinte de que era más bien una orden aunque, tratándose de él, era casi imposible que impusiera algo

- ¿Sobre qué? – Dijo algo molesto por la simple idea de dejar solo al pelinegro

- Creo que sabes la respuesta – Había un tono de diversión y picardía en su voz

- No estoy para bromas Max

- Ni yo Kai – ahora la expresión del chico era completamente seria

- De acuerdo – La simple expresión del rubio hizo que el bicolor recapacitara sobre lo pedido

- Pero no aquí – Sonrió otra vez alegremente – Vayamos a la cocina – notó la duda ante la petición en el otro – Considero que lo que vamos a hablar no debería ser oído por cualquiera y, si te preocupa Tyson, él está dormido y Kenny está analizando otra vez a Dragoon y a Draciel así que, por ellos no hay problema

El ojirubí quedó asombrado por la capacidad analítica del pequeño rubio, siempre lo vio como el más infantil, inocente y despreocupado de todos, quien nunca se enteraba de nada porque su mundo era prácticamente perfecto pero, qué mal lo había juzgado, siempre estuvo completamente atento de su alrededor y, sobre todo de sus amigos.

- De acuerdo, entonces ¿Dónde?

- En la cocina

El ojiazul se dio media vuelta de forma alegre y emprendió su camino tarareando una canción, obviamente atento a que el bicolor fuera detrás de él. No tardaron mucho en llegar al lugar, a fin de cuentas dónde se estaban quedando era un lugar de tamaño normal, no que la mansión del ojirubí. Una vez ahí, Max se tomó el tiempo para servirse un vaso con agua y tomarlo tranquilamente, obviamente esto exasperó al otro pero, en vista de la seriedad del asunto y la plática, pues tuvo que aguantarse las ganas de reclamarle.

- Bueno, no sé cómo decirlo – comenzó el rubio al parecer nervioso – Bien, no sé qué le pasó a Ray pero, estoy seguro de que él no está no está enfermo de la forma que nos quieres hacer creer y, también estoy seguro de que tú lo estás cuidando lo mejor que puedes. Sé que no eres la persona más abierta ni sociable, pero así eres tú y no tengo nada en contra de ello, solamente se me dificulta un poco comprenderte, Tyson tampoco es la persona más paciente ni comprensiva así que, como cualquiera se puede imaginar, que ustedes entablen una conversación es prácticamente imposible. Pero, el hecho de que te hubiera hablado así significa que está muy preocupado por Ray, justo como yo lo estoy, la diferencia es que yo sé que contigo, está en muy buenas manos sólo… - ahí se trabó un poco para poner en orden sus ideas y dar a entender lo que quería decir sin verse mal interpretado – Sólo te pido que no nos alejes de Ray. Si Ray no quiere decir qué le pasa y, por lo mismo tu tampoco puedes decirnos, no hay problema – su rostro reflejó angustia – Pero, si hay algo en que pueda ayudarte, dímelo, Ray es mi amigo y lo quiero por lo mismo, me preocupo por él como lo haría por ti, Tyson y Kenny, si no puedo ver a Ray, si él mismo no quiere ser visto, no hay problema, sólo… sólo déjame ayudarte en algo, lo que sea yo…- sin poderlo evitar, un par de lágrimas se asomaron en sus ojos – Yo no soporto la idea de perder a algún amigo así que, por favor, déjame ayudarte, inclusive… inclusive se lo ocultaré a Tyson si es necesario

El bicolor analizó todo lo que había dicho el americano, en definitiva debía aprender a no dejarse engañar por la apariencia "dulce y tierna" – palabras dichas por el pelinegro – del ojiazul, realmente él había analizado todo a su alrededor, inclusive su propia actitud y forma de ser. Lo pensó un poco, realmente iba a necesitar ayuda para sacar al chino de su estado, sobre todo por el hecho de que el ojiámbar necesitaba comer, él no era muy bueno cocinando y, por si fuera poco, el que guisaba mejor era al chico que tenía en esos momentos recostado en su tálamo.

Realmente lo analizó, no quería echar nada a perder, al contrario, debía ganarse la confianza del chino para poder ayudarlo a salir de ese estado tan…triste, que tenía. Algo dentro de sí – que sabía qué era pero aún le costaba aceptar – le decía que debía hacer todo lo que estuviera al alcance de sus manos para ayudarle. Que era necesario el tenerlo de vuelta, que él NECESITABA tenerlo a su lado.

- De acuerdo – aceptó finalmente el ruso-japonés después de todo su monólogo interno y tener en la duda al rubio – No podré decirte en ningún momento qué es lo que tiene Ray – vio al pequeño sonreír – sin embargo, te diré si va mejor. – Comenzó a retirarse de ahí

- Gracias Kai

- No, Max – dio media vuelta para encarar al rubio – Gracias a ti, realmente eres un buen chico – le sonrió, débilmente pero lo hizo.

- Es lo que hacen los amigos – le sonrió tiernamente

Ninguno de ellos dos se percató que, en el preciso momento en que ese último y "tierno" diálogo ocurría, una persona los veía atentamente y que, en esa mirada, se denotaba tristeza y dolor y, por si fuera poco, un tanto ida. Y, antes de que cualquiera de ellos se diera cuenta, volvió a desaparecer regresando por dónde había venido. La escena le había dejado en shock ya que el bicolor no sonreía a nadie y, para su mente, aquella sonrisa sólo podía significar algo obvio, que Kai, quería a Max.

NOTAS DE LA AUTORA

¿Alguna vez les dije lo difícil que es para mí escribir ésta historia? ¿No? Pues lo es. Pero no me quejo (ajá y qué es lo que acabo de hacer) Realmente no me quejo, tenía mucho que no escribía, de hecho lo he escrito a pedazos porque no encontraba las palabras para plasmar lo que quería y, tampoco quería que fuera muy corto el tiempo entre lo que pensé y el inicio, por eso decidí meter a Max en medio de todo el asunto.

Espero no haberme salido mucho de la personalidad de los personajes, ya que no quiero hacer un OOC, para eso tengo otro fic (que tampoco he continuado pero bueno xD) Díganme qué tal les ha parecido el capítulo y, también díganme si tiene inconsistencias =S no me creerían las veces que tuve que releer todo porque no me acordaba si lo había puesto de una y otra forma antes y un largo etc.

En fin, gracias por leer el capítulo, espero no tardar otro siglo para escribir el siguiente (que realmente no creo porque éste es el siguiente fic que pienso terminar y no creo extenderme tanto como en mis anteriores fics) y se agradecen los reviews para las poquitas personas que me siguen T_T que sé que son fieles seguidores xDDD (espero pronto recuperar mi reputación)

Por cierto, no se imaginan lo que batallé para subir el capítulo :( no me dejaba para nada :S pero al fin lo hice :D

Ahora sí, matta ne.

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