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Disclaimer.- Ninguno de los personajes de Yu-gi-oh! Me pertenecen, todos ellos corresponden a sus respectivos dueños.
Warning.- Fic de contenido YAOI
Cold
Capítulo III
Meet
A veces, Seto se convencía de la idea contra la que tanto había luchado por seis años. Solamente su hermano era la única cosa por la que valía la pena continuar en esa corriente que siempre había detestado.
- ¡Seto! – le saludó su hermanito, bajando rápidamente las escaleras para ir a su encuentro.
Esbozó una pequeña sonrisa ante la actitud de su hermano menor y le acarició los cabellos negros cuando éste llegó a su lado, abrazándose a sus piernas.
- Llegaste temprano, hermano.
- Hoy no tuve mucho trabajo, Moki, además, por la mañana me dijiste que tenías un proyecto qué hacer ¿o no?
Mokuba sonrió y, con los ojitos brillosos de ilusión, prácticamente arrastró a su hermano hasta el comedor.
- ¡Tienes que probar lo que hizo Sayaka hoy! – le dijo Mokuba, emocionado.
- Amo Kaiba – dijo con sorpresa una mujer con cincuenta años ligeramente evidenciados en el rostro –, no esperábamos verlo para comer.
Seto sólo se encogió de hombros.
La mujer de largo cabello negro recogido en una trenza, les indicó a las sirvientas que trajesen los platillos y los cubiertos y platos para poner los lugares en la mesa. Al mismo tiempo, veía de buen agrado lo sonriente que estaba el principito de la casa y se retiró sin hacer ruido, los momentos de calidez y confianza en esa mansión no se presentaban muy seguido…
- Entonces yo le dije a Sakuya que empezase con el boceto del robot y yo me encargaría de armar los circuitos.
- ¿Y Sakuya estuvo de acuerdo?
- Sí, es un chico muy amable. Dijo que tendría listos los bocetos para mañana.
- ¿Dónde se reunirán para hacer el trabajo?
- Pues… esperaba que me dieras permiso para traerlo a casa.
- Sí, me parece lo mejor. Y ¿qué clase de robot tienen pensado crear?
Mokuba elevó un dedo para posarlo sobre su mentón en un gesto pensativo.
- No lo habíamos pensado – confesó, con una mano detrás de su cabeza.
Seto sonrió.
- No está bien que no ideen bien las cosas desde un principio, ¿por qué no el dices que venga a casa mañana por la tarde y se ponen a delimitar bien lo que harán?
- Sí, tienes razón, hermano, eso haré.
Al poco tiempo, las muchachas del servicio colocaron los platillos enfrente de cada uno de los herederos Kaiba y se marcharon, con una sonrisa enternecida en el rostro. Mokuba y Seto Kaiba estaban pasando una de aquellas tardes que, difícilmente, se daban a menudo.
-:-.-:-
- Joey, deberías dejar esta absurda obsesión – le aconsejó una voz femenina.
La chica, de cabello pelirrojo y ojos castaños, encendió un cigarrillo y se dispuso a mirar a su amigo. Éste caminaba de un lado a otro, organizando las pocas pertenencias que había traído de su anterior departamento.
- Kat, si a todo lo que has venido es a sermonearme, ahórratelo y vete de vuelta a Nueva York.
Katherine du Lac, sonrió ampliamente y dejó escapar una bocanada de humo al tiempo que se ponía de pie y tomaba el portarretratos que se encontraba en una caja a su derecha. Ubicó el objeto sobre la mesa de centro del departamento y siguió ayudando al joven.
- Sólo pensé que podría disuadirte de tu cometido si lo decía ahora, pero ya vi que es imposible.
- Así es.
- Aunque eso no impedirá la siguiente noticia que te tengo – le dijo al muchacho rubio, mientras limpiaba una lámpara de diseño modernista –. El jefe me asignó a ser tu pareja para este caso.
- ¡¿Qué?!
Kat, habiéndose esperado el escenario, dejó de sonreír y se aproximó al rubio.
- Sabes que ningún caso de esta importancia es realizado por un policía solamente – aseveró –, no veo cuál es tu sorpresa. ¿O es que es más una molestia?
- Sabes que yo no soy cualquier policía, ante todo soy…
- Un detective – completó la joven –. Lo has repetido muchas veces y todos te respetamos eso, pero al elegir ser parte de la policía, más específicamente de la Interpol, aceptaste ser tratado como cada agente que tenemos por compañero. No hay excepciones para ningún caso, y eso incluye este por más que reniegues y pelees.
Joey suspiró, Katherine tenía razón, pero, como siempre, se le olvidaba que eso ya no era únicamente una venganza personal. Estaba eso y más de por medio.
- Aunque debo confesarte que esa regla es, en parte, mucha habladuría. Tienes diecisiete años y ya estás dentro como un agente que puede cubrir los casos en un país tan lejano como lo es Japón. No muchos han pasado por esta experiencia, Joey.
- Claro, porque soy de lo mejor que hay aquí y en cualquier lado del mundo – dijo, con una sonrisita presuntuosa.
La pelirroja rodó los ojos y le dio una pequeña palmadita en la nuca.
- Es una pena que sólo seas de lo mejor en cuanto a búsqueda policíaca, porque de lo demás todavía te falta mucho.
- ¡Oye!
Katherine dejó escapar una suave risa y continuó ayudando al rubio en su tarea de acomodarse en su nuevo “hogar”.
- ¿Cuándo entrarás al colegio? – le preguntó la chica.
- Mañana mismo, no puedo seguir perdiendo el tiempo.
- ¿Y exactamente cuál es tu plan?
- Pensé que las parejas trabajaban para consolidar juntos una idea…
- ¡¿Todavía no tienes un plan?! – preguntó, incrédulamente, la joven.
Joey se encogió en el sofá y jugueteó con sus dedos.
- Es que… pensaba concebirlo mañana que viera su comportamiento con el exterior, después de todo no sabemos gran cosa de él y…
- ¡Joey! – regañó la chica.
El chico ya no dijo más, en tanto, ella suspiraba apesadumbrada y continuaba fumando.
- Es que simplemente no puedes llegar y decirle, “Hola, soy nuevo, ¿quieres ser mi amigo?” – imitó, con una voz chillona –. Te sacará a patadas de su presencia y dudo que no sea literalmente hablando.
- Eso lo tengo más que presente…
- ¿Entonces? ¿Esperas que alguien como él cambiase de un momento a otro?
- Pues ha pasado el tiempo…
- ¡Joey! – volvió a regañar la chica, frotando sus dedos contra sus sienes –. ¿Es posible que seas tan ingenuo?
- ¡No soy ingenuo! – exclamó, enfadado.
- No vamos a discutir por esto, olvidemos lo de tu inocencia y mejor planeemos algo. Si pretendes ir desde mañana al colegio, necesitarás más que improvisación para que nuestro caso no se vaya por la borda.
- ¿Qué piensas que sería lo mejor? – inquirió el rubio, haciendo caso omiso a lo que se refería la chica cuando dijo “inocencia”.
- Han pasado cerca de dos semanas desde que se iniciaron las clases del nuevo semestre aquí, en Tokio. Así que causarás mucho alboroto tanto por eso como por tu cabello rubio y el hecho de que técnicamente eres extranjero.
- Soy mitad japonés – replicó.
- Tu aspecto no lo demuestra, así que serás popular en un abrir y cerrar de ojos. Por supuesto, estoy segura de que esto no le interesará en lo más mínimo, así que no podemos comenzar por ahí…
Ahora fue el turno de la chica de caminar, parsimoniosamente, de un lado a otro, pensativa y con el entrecejo levemente fruncido. Joey, por su parte, la observaba, estando todavía de pie junto a uno de los libreros del departamento.
- Necesitas o un golpe de suerte o ser demasiado interesante, como para captar su verdadera atención y no cosas triviales. En tu examen de coeficiente intelectual saliste muy bien, por eso te quedaste, y no andas tan mal en los conocimientos de las materias en general. Eres un cabeza dura para las matemáticas, las finanzas y la física, mas la tecnología, extrañamente, se te da…
- ¿El punto? – preguntó el rubio, ya mosqueado por los comentarios de la joven.
- Que tal vez podrías llegar por el lado de la tecnología.
- ¿Y cómo haré eso? Ni modo que llegue y le diga “¿Me recuerdas? Pues ¿qué crees? Soy un genio en la tecnología y quería ver si podíamos compartir opiniones, ¿qué dices?”
- ¡No me refería a eso, tonto! – regañó la chica –. Irás a pedir trabajo.
- Ya tengo uno – dijo con el tono de que las cosas era obvias.
- Pero él no lo sabe.
De Joey brotó un enorme “Oh” de comprensión y sonrió.
- Déjamelo a mí, podré con ello – aseguró, con el pecho alzado en pose orgullosa –. ¿Y qué se supone que tú harás?
- De momento, ver lo que haces.
- ¡Eso no es justo!
- Estoy más que segura que es lo justo y quizá hasta se pasa de la balanza, conociéndote, no pasará ni una semana antes de que te metas en líos.
- ¡Eres imposible! – le espetó el rubio, lanzándole un trapo de limpieza que la joven capturó en el aire sin mucha dificultad –, además de cruel y grosera.
Katherine se encogió de hombros.
- Parte de mi encanto natural, gracias.
Joey infló los cachetes y se giró, para seguir con la limpieza.
- Por cierto, tu departamento en Nueva York era un caos, ¿a qué debemos que estés ordenando este?
- Porque por más que seas un monstruo, sigues siendo la dama que vivirá conmigo.
Katherine sonrió suavemente y le siguió ayudando a acomodar las cosas, no sin antes darle un golpe en la cabeza.
- No me digas monstruo, se oye feo, mejor ocupa “Hija de Satán”.
Ambos se echaron a reír, entreteniéndose con algunos objetos con los que Joey se tomaba su tiempo para narrar la historia de ellos y también para acomodar los muebles. Katherine le aconsejaba tomando en cuenta el espacio y la luz, y Joey parecía inclinarse por lo que fuera más fácil.
- ¡No somos vampiros para andar viviendo en las sombras! – exclamó el rubio cuando cayó en la cuenta de que el bonito y bien iluminado departamento, había terminado oscurecido gracias a unos pesados cortinajes que impedían el paso absoluto de la luz.
- No somos vampiros, pero ciertamente nuestra piel no está exenta de ser demolida por esos malditos rayos UV. Así que cuando menos, podríamos cuidarnos estando en casa – fue la simple respuesta de la pelirroja, que doblaba las cortinas color arena que antes estaban en los ventanales.
- Creo que fue un error traerte a vivir conmigo – se dijo Joey, con la cabeza gacha.
A la mañana siguiente, Katherine ya se había despertado aproximadamente a las siete y se había preparado su desayuno, todo hubiera ido perfectamente en su día de no ser porque recordó dónde estaba y por qué. Salió volando hasta la recámara que correspondía a su amigo y entró, topándose con la imagen de un Joey desparramado y con las sábanas hechas un lío.
- ¡Joey! ¡Despierta! ¡Ya es tarde!
Y sus intentos fueron inútiles, porque el chico ni siquiera parecía notar que había alguien ahí gritándole y moviéndolo.
- Brillante detective resultas que no estás alerta cuando más vulnerable eres – dijo entre dientes la chica, yendo al baño para llenar un vaso con agua y regresar con el chico, echándoselo encima.
- ¡¿Qué rayos pasa?! – gritó al sentir el agua helada sobre su cara y parte de su pecho.
- Son siete y media…
- ¡¿Qué?! ¡¿Y por qué no me despertaste antes?!
- ¡Eso hacía! Pero tú duermes como una roca – intentó defenderse la chica.
Joey corrió al baño y poco le importó que no saliese agua caliente, tuvo que ducharse con agua fría y salir cinco minutos después para ponerse el uniforme y secar un poco su cabello. Katherine le seguía de cerca, con un vaso de jugo de naranja en la mano y una tostada en la otra. Joey se bebió de un solo trago el jugo y tomó la tostada con la boca, se puso los zapatos, tomó su mochila y salió de la casa.
- ¡Nos vemos más tarde! – se despidió, cerrando la puerta tras de sí.
Katherine se cruzó de brazos y con una mano arregló su cabello. Joey seguía siendo un niño adorable…
- Y ahora me toca arreglarme a mí, o si no también se me hará tarde…
En tanto, Joey corría sin parar hasta lograr divisar el autobús que le llevaría al colegio. La parada estaba dos cuadras más adelante y el hecho de que la señal de alto para los autos no se pusiese de una buena vez, empezaba a desesperar a Joey. ¡No podía comenzar las cosas con el pie izquierdo!
- ¡Al demonio! Tengo que llegar – se dijo, preparándose para dar la carrera de su vida…
Por otro lado, en su limosina, Seto Kaiba se encontraba leyendo el periódico del día. Todo parecía anunciar que el alza en la bolsa indicaba que las facilidades de la Corporación Kaiba aumentarían para abrirse paso sin ninguna clase de obstáculo en los mercados europeos.
Escuchó el sonido del claxon de los autos, mas no le dio importancia. En cambio, dejó el periódico a un lado y consultó la hora con su Rolex.
- Ed, vamos tarde, muévete…
- Señor, es que hay una especie de atascamiento más adelante. Creo que hubo un accidente o algo así.
Kaiba entrecerró los ojos con fastidio y apretó el botón para abrir la ventana del vehículo. En efecto, el verde se asomaba en el semáforo, pero nadie avanzaba. Sin embargo, lo que sí notó fue una cabellera rubia moviéndose, trató de enfocar mejor al dueño de ella sin saber exactamente por qué y algo dentro se removió de su lugar, le parecía haber visto a…
- No puede ser – se dijo, parpadeando, y al momento siguiente no vio a nadie.
- Tal parece que no fue nada, ya se están comenzando a mover – le dijo el chofer.
No obstante, Seto no lo escuchó del todo. Se sentía molesto, ¿por qué se le había ocurrido que podía ser él cuando tal cosa no pasó por su mente durante tres años? Aunque, muy en el fondo, su cabeza, con una vocecilla, alegaba diciendo “Mentira”.
- ¡Viví! – se dijo Joey con una sonrisa al notar que estaba completo y a salvo en la otra esquina de la calle.
Así, contento y entusiasmado, se apresuró a llegar a la siguiente cuadra para tomar el autobús.
Todo transcurriendo con verdadero éxito.
El repique anunciando la entrada a clases, sonó un minuto después de que cruzara las puertas de la institución. Se suponía que los alumnos de nuevo ingreso debían esperar en la puerta para que después el profesor de la hora le pudiese presentar ante el alumnado, así que Joey pudo tratar de normalizar su respiración por la carrera que había dado.
Los jóvenes ya estaban dentro de los salones de clase y de un momento a otro arribaría el titular de la primera hora, y no se equivocó cuando divisó una figura mucho más alta que él, con un portafolio colgando de su mano derecha y el andar autoritario que solía caracterizar a los mayores.
- ¿Eres Joseph Wheeler? – le preguntó el profesor.
- Así es, señor.
- Bien, andando – le dijo con una sonrisa.
Al menos el hombre parecía tener buen humor.
En un instante, la clase completa se quedó en silencio, aunque los murmullos no tardaron en comenzar al notar al jovencito rubio que entraba detrás del profesor Oishi.
- Buenos días, jóvenes – saludó a sus alumnos –. Les presento a Joseph Wheeler, su nuevo compañero de clases que acaba de llegar a esta ciudad, sean amables con él.
- Mucho gusto, soy Joey – dijo, adelantándose un paso al frente.
- Toma asiento junto a la señorita Tea – la aludida, alzó la mano para indicarle al rubio a dónde se refería el profesor.
En el acto, sus ojos buscaron una cara ligeramente afilada y con ojos azules, pero no la encontró y estaba por ir a sentarse cuando la puerta se abrió y por ella avanzó una persona de gran porte y el semblante serio. Joey sintió que su corazón daba un vuelco.
- Señor Kaiba, ¿a qué debemos su retardo? – preguntó el profesor.
- Había demasiado tráfico, además no es que ya han avanzado gran cosa, ¿cierto? – dijo el chico, sin detenerse a ver a nadie.
- Bueno, joven Kaiba, estoy seguro de que usted tiene muy en claro lo que significa la palabra “tiempo”, así que también doy por hecho de que estará conforme con cumplir su castigo de quedarse fuera de este salón hasta que mi clase termine. Que pase buen día, joven Kaiba – le despidió el hombre.
Seto frunció el ceño, pero no dijo nada y tampoco le devolvió una mirada venenosa al profesor. Solamente hizo lo que se le dijo, porque finalmente estaba de acuerdo en ese aspecto: No hay excepciones. Por eso, toleraba al hombre y perdonaba su atrevimiento. Se dio media vuelta, no reparando en la presencia de ninguno de sus “patéticos” compañeros, ni siquiera en el rubio.
- Pase a sentarse, joven Wheeler – le indicó el mayor.
Joey asintió y, de paso, tomó nota mental de que no debía llegar tarde, bajo ninguna circunstancia, a la clase del profesor.
- Hola, soy Tea Gardner – le saludó la muchacha en susurros, mientras todos sacaban sus libros de filosofía –. Eres extranjero, ¿verdad?
- Soy de nacionalidad norteamericana, pero también soy mitad japonés – respondió.
- Ya veo, es genial saberlo, ¿sabes? No siempre conocemos a gente de fuera.
- Me imagino, por cierto, ¿quién es el que está allá afuera ahora?
- Ah, su nombre es Seto Kaiba, es el hijo de uno de los empresarios más reconocidos de Japón. Es un joven muy guapo, sin embargo, tiene un pésimo carácter y es muy soberbio, para nuestro pesar, se sienta justo delante de ti.
- Ah… y si es empresario, ¿por qué estudia aquí?
- Necesita el certificado de bachillerato – contestó la chica, encogiéndose de hombros –. Parece que fue su padre quien escogió dónde debía estudiar la preparatoria…
- Con razón parece estar tan amargado, su padre debe controlarle todo.
- Eso parece, pero yo, honestamente, lo dudo. Con ése carácter me es difícil imaginar que se doblegue bajo las condiciones de alguien, incluso si se trata de su propio padre…
- Señorita Gardner, ¿puede explicarme qué entendió por el término nous?
- Yo… pues…
- ¿Señor Wheeler?
Joey tragó duro.
- Disculpen si interrumpí su amena conversación, así que ¿por qué no salen del salón a seguir con ella? Así no serán molestados, y de paso van a hacerle compañía al señor Kaiba.
- N-no, profesor, disculpe, yo le estaba preguntando algunas cosas a Tea. Ella no tuvo la culpa.
- En ese caso, salga usted, señor Wheeler. Y para mañana quiero una exposición completa sobre este tema, ¿de acuerdo?
Joey asintió, ruborizándose de la pena y se levantó de su asiento, saliendo poco después del salón siendo presa de algunas risitas que se dejaban oír entre los alumnos.
Suspiró pesadamente y se recargó contra la puerta. Efectivamente al profesor parecía no importarle ni la condición económica o si el alumno era de nuevo ingreso, y seguramente debía ser excelente en su área como para tener ese sentido de la ética: En definitiva era todo un maestro.
De pronto, recordó que Kaiba también se encontraba afuera y rápidamente miró a ambos lados del pasillo, pero no encontró a nadie.
¿Dónde se habría metido ése arrogante?
-:-.-:-
- Wa, wa, wa, se me hace tarde – se decía un chico de cabellos violáceos y unos mechones de cabello rubio, mientras llevaba una pecera en las manos con un par de pececillos gupi, al tiempo que corría lo más que pudiera sin regar el contenido de ésta.
- ¿Dónde demonios estará? – oyó una voz al girar la esquina.
Yugi vio a un jovencito rubio revisando las aulas del pasillo de terceros y también vio la silueta del profesor de Historia cerca. Tragó duro, seguramente el jovencito estaba fuera de clases sin permiso y con ése profesor cerca… No, no sería nada bueno.
Se apresuró a llegar junto con el otro chico y lo empujo dentro del aula cuya puerta estaba siendo apenas abierta, cerrándola al entrar después con el mayor sigilo posible.
- Hey, ¿qué te pasa? – reclamó el rubio al verlo.
- Shh – le silenció el otro chico –, lo siento, soy Yugi y te metí así porque el profesor de historia andaba cerca. Te hubiera dado un castigo enorme si te veía…
- De todas formas pudiste ser un poco más sutil – replicó en voz bajita el rubio al oír los pasos acercándose.
Ambos chicos se quedaron agachados y con el oído pegado a la puerta, mientras que la pecera descansaba en el piso. Suspiraron al notar que los pasos ya no se escuchaban más.
- Parece que ya se fue – dijo Yugi con una sonrisa.
- Eso creo, ¿en qué año vas?
- Voy en el segundo año del grupo A, ¿y tú?
- Tercero grupo A…
- ¡No se te nota! Juraría que eras mi compañero – le dijo con sorpresa el bajito.
- Bueno, tampoco es que a ti también se te note mucho que vas en preparatoria…
Yugi solamente atinó a ruborizarse, para diversión del mayor.
- Parece que sigues siendo tan malagradecido como siempre, Wheeler – dijo una voz proveniente del fondo.
Yugi se viró inmediatamente, abriendo los ojos de forma exagerada, mientras que Joey había dado un respingo y se resistía a darse la vuelta y enfrentar la, seguramente, arrogante mirada del CEO.
- Ka-Kaiba, ¿qué haces aquí? – preguntó Yugi, con una sonrisa nerviosa.
- Lo mismo debería estar preguntando yo – dijo, con una ceja arqueada y los brazos cruzados –. ¿No piensan responderme?
CONTINUARÁ…
Lo lamento, sé que estuvo muy mal dejar esta historia botada por más de un año. ¡De verdad lo siento! Pero desde hace dos semanas que trato de ponerme al día con todas mis historias y ahora fue el turno de ésta. Ojalá no se hayan olvidado de la historia y que este nuevo capítulo les haya gustado. Prometí que no la abandonaría y eso vengo a cumplir, no sólo con este, sino también con mis demás fics.
Le doy las gracias a: Kyo-chan, Alejamoto Diethel, Jouno Ana Wheeler, Aguila Fanel, Kida Luna y Rex, Rei Dark Angel, The next Mrs. Molko x3 y a Noriko-Leo. ¡Mil gracias por todo su apoyo!
¿Un review?
Besos,
Naomi Eiri.