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Hola tanto tiempo. No buscaré excusas, solo diré que durante mucho tiempo, la libreta donde tenia TODOS mis apuntes de la Alianza estuvo perdida. Sumado a un bloqueo cretivo, atención a otras historias cono The Inners y una enajenación con Gudam Seed, Gundam Seed Destiny, Code Geass, Nasedico, Heroic Ages, Ouran Host Club, Full Metal Panic, Full Metal Alquemist, Robotech The Shadows Chronicles, La Menancolia de Haruhi Suzumiya, Dragon Quest, Tenjo Tenge, Death note, y mas... bueno he estado ocupado.
Pero ni modo. Econtre mis apuntas y no me queda mas que redimirme, escribiendo.
Disculpen si esta un tanto flojo y el estilo algo oxidado. Llevo mas de 3 meses sin escribir nada y mas de un año sin hacer algo de la Alianza.
Este Fic no esta patrocinado, sino dedicado.
"A mi Padre. Por enseñarme a continuar a pesar de todo. Descansa en paz viejo."
Empezamos.
LALALALALALALALALALALALALALA
Londres.
Hogar de uno de los Imperios más trascendentales que ha tenido la historia.
Una ciudad hermosa, bastante cara por cierto, pero llena de historia, lugares turísticos, y tantas cosas que la hacen un destino perfecto para una pareja de jóvenes.
Cafés en donde conversar; salas de conciertos donde disfrutar las óperas más importantes de la humanidad; parques en donde disfrutar una fresca tarde en esos cielos mayormente nublados.
En una palabra, era genial.
Y no se diga el Hotel.
The Zetter Hotel de Londres. Llocalizado en uno de los barrios mas de moda de Londres, Clerkenwell, donde también se encontraban soberbios restaurantes, excelentes pubs, discotecas-bares, y un gran numero de galerías de arte y teatros. Y lo mejor, situado a 10 minutos en taxi del West End.
5 pisos, estacionamiento.. En una palabra: Lujo.
Mas lujo de lo que un par de estudiantes de preparatoria que apenas llegaban a los 18 podían pagar.
Pero (siempre hay un pero) ahí es donde las ventajas de ser un Ryuzoku entraban. La cuenta Ryuzoku, repartida en numerosos bancos a un sin fin de nombres era bastante elevada. Y la destinada a "viajes" era lo suficientemente generosa para patrocinar a ese par de estudiantes a hospedarse en uno de los hoteles más lujosos de Londres. Situada entre las ciudades más caras de todo el mundo.
Quizás por eso, el gerente del hotel arqueó la ceja de incredulidad cuando vio entrar a una bajita joven de cabello largo y rojo, caminando al lado de un joven de expresión fría que mantenía su brazo sobre el hombro de la chica. Ambos cargaban unas maletas de tamaño impresionante, aunque, por lo visto, no les afectaba en nada el peso.
Con una gran sonrisa, Henry Thomas, recibió a los nuevos inquilinos.
"Sean bienvenidos al Hotel Zetter. Es un gran placer para nosotros tenerlos como huéspedes."Dijo en un pulcro ingles. Alisando su pulcro traje Armani. Inclinando su pulcra cabeza calva. Y extendiendo una pulcra mano, con unas pulcras uñas.
Sip. Todo en él era Pulcro.
"Gracias. Es un lugar muy bonito." Dijo la chica pelirroja mientras miraba a todos lados, sacando cuentas del valor en el mercado negro de aquella estatuya de mármol, o esos cuadros de marco dorado, o de perdido de ese tintero estilo Siglo XIX que estaba encima del mostrador.
"No se compara al Astoria, o al Grand Plaza de New York." Dijo el chico de expresión fría al comparar aquellos hoteles que su anterior Jefe solía usar.
"Ejem. Sí. Pero en ninguna parte podrían encontrar el confort que el Zetter puede proporcionarles." Dijo el Gerente casi obligadamente.
"Como sea. Reservaciones. Heero Yui..." Empezó el chico.
"... Y Reena Inverse, venimos de Chicago." Concluyo la chica. Ambos dejaron caer las maletas al suelo y se acercaron al mostrador sacando sus carteras provistas de un gran surtido de tarjetas de crédito.
"Déjenme revisar..." Dijo Henry haciendo una seña a un despistado Botones que pasaba por allí. Busco algo en la base de datos de la computadora y dio con los resultados. "Si aquí las tengo. Pero hay una dificultad."
Un par de cejas se levantaron, provenientes de un par de ojos que no se veían muy contentos.
"Recibimos instrucciones de Chicago para cancelar sus Habitaciones Regio, por una sola. La Suite Matrimonial Deluxe."
"¿QUÉ?" Gritaron ambos, palideciendo un poco.
"Miren, de hecho aquí esta un recado de alguien llamado Fujita."
Extendió un papel a Heero quien lo leyó en voz baja.
"Querido Heero
Me tome la libertad de modificar las reservaciones porque estoy preocupado por esa niña. Sabes bien que Dios 'Macho y hembra los creó' y que detesta que las mujeres se 'enciendan apasionadamente unas con otras', por eso pienso que, si eres una persona temerosa de Dios debes de cumplir tu deber como un buen Miburo, y demostrarle a esa niña las bendiciones y el placer que proporciona el hacer lo que Dios ha mandado. Por eso, los he puesto en la misma habitación para que aproveches y la ilumines llevándola por el sendero que Dios ha mandado.
Cuando regresen, me cuentas como te fue. Con todo detalle.
Atte. Reverendo Goro Fujita. Pastor de la Iglesia de Sta. Maddona de Chicago."
¿Saben? Hay cosas que pueden hacer enojar a cualquiera. Y un sentido del humor barato puede ser el detonante de una furia desmedida.
Reena había entrenado a Heero, le había enseñado a manipular su Ki, y más importante, le había dado de su sangre para que fuera capaz de hacer mas cosas de las que jamás hubiera imaginado. Había presenciado su entrenamiento, su crecimiento como guerrero poderoso y sabia las formas en las que su Ki trabajaba.
Y ahora.
Incluso El Pulcro señor Thomas retrocedió un par de pasos cuando el chico empezó a brillar con un aura azul que aparentemente chasqueaba. Reena murmuró un callado "O-oh." Cuando el mobiliario cercano empezó a temblar. Y entonces...
"Grrrrrrr. SAITO, MALDITO DESGRACIADO HIJO DE..."
LALALALALALALALALALALALALALA
En la Iglesia de Sta. Maddona en Chicago Illinois, El Reverendo Fujita estornudó.
Varias veces.
Al haberlo hecho frente al micrófono, logro hacer que la mayoría de los feligreses despertaran de su aletargado sueño, sintiéndose un poco incómodos ante la situación.
"Bendito sea Okita," murmuró el reverendo con ojos de lobo. "Alguien debe de estar hablando de mí."
'Pero parece que fue benéfico. No tuve que usar nada para despertarlos.' Pensó mientras repasaba los varios sonidos que tenia grabados con su respectivo botón en el atril. Cubrían un margen desde el claxon de un auto, hasta un avión.
"Bueno, me disculpo por esta interrupción." Dijo a todos mientras revolvía las paginas de su Biblia. "Creo que ya me perdí... bueno creo que empezaré de nuevo... 1 Crónicas Capitulo 1: "
"1 1 Adán, Set, Enós; 2 Quenán, Mahalalel, Iéred; 3 Henoc, Matusalén, Lamec; 4 Noé, Sem, Cam y Jafet.
5 Los descendientes de Jafet fueron Gómer, Magog, Madai, Iaván, Túbal, Mésec y Tirás.
6 Los descendientes de Gómer fueron Asquenaz, Rifat y Togarmá.
7 Los descendientes de Iaván fueron Elisá, Tarsis, Quitím y Rodaním.
8 Los descendientes de Cam fueron Cus, Misraim, Put y Canaán..."
Y mientras Fujita repetía su lectura, un gordo calvo de tez amarilla le dijo a su esposa de alto peinado azul.
"OH Marge, y dejamos Springfield para esto?" Se quejo mientras sus tres niños roncaban de nuevo.
Y ellos pensaban que el Reverendo Alegría era aburrido...
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'Esa fue la blasfemia-grosería-maldición más grande que he escuchado en mis vidas.' Pensó Reena mientras veía como un enfurecido Heero tomaba las maletas en una sola mano y se iba al elevador crujiendo los dientes y haciendo que todos a su alrededor se alejaran de él mas de 3 metros.
No era que ella no le hubiera molestado la cancelación, pero ¿qué habrá leído en esa carta para que lo pusiera de ese modo? Se encogió de hombros mientras dejaba su tarjeta dorada en el mostrador y estampaba su firma en el registro.
"Disculpe que se lo diga... pero su novio tiene mal carácter." Dijo Thomas pálido de la impresión y del miedo.
Reena titubeó por un breve instante. ¿Novio? Sonrió para sí misma.
"Sip. Tiene el carácter un tanto pesadito." Le dijo alegremente al Gerente, levemente sonrojada.
Los Ryuzokus tomaban Londres.
LALALALALALALALALALALA
La Alianza
Capitulo 18 "Reprimiendo Vidas"
"Aun en la risa, el corazón puede estar con dolor." (Proverbios 14:13)
LALALALALALALALALALALA
"Créeme que jamás creí que la vería de nuevo. Sobre todo después de la Segunda Kouma." Gaudy comentó a Filia mientras ambos observaban una arma antigua. "La creí perdida después de que se hundió el continente."
Ambos estaban en sus habitaciones privadas del edificio Ryuzoku. Sentados en un amplio y cómodo sofá en la penumbra del atardecer disfrutando un par de tazas de té tailandés. En una mesa frente a ellos una espada con una historia similar a la Gorn Nova.
"Todas las cosas están bajo el sol. ¿Porque no debemos encontrarlas constantemente?" Dijo Filia mientras se acurrucaba bajo el brazo de Gaudy. "Si atendemos las leyendas, Avalon era tan solo una pequeña península del continente. Al hundirse este, terminó como una pequeña isla que el movimiento tectónico arrastró hasta Bretaña, donde Arturo la encontró. Suena bastante lógico si me lo preguntas."
"No me refería a eso." Dijo Gaudy pensativo.
Era lógico estar sorprendido. La Blast Sword. Aquella que Lina (la primera) y él había encontrado siguiendo el mapa que Zeross alguna vez les dio. La espada que había logrado herir a Zellas en la batalla de Sailoon. La misma espada que Valtiera cuidó durante dos siglos antes de entregársela a Irons para que la re-forjara y dársela a Axia. Esa espada que partió en dos a Radik, el general demoníaco cuyo poder supero al de un Dark Lord. La misma espada que atravesó el Corazón de Shabranigudú desatando el poder del Caos que llevó a un continente a hundirse en el mar.
Una espada cuyo potencial, según decían, era capaz de competir con la Lanza de Caos. El Arma personal de L-sama.
Y estaba allí, frente a ellos una vez más.
[Flashback
Ethan Nombrad alisó un par de cabellos rubios que habían salido del agarre de su cola de caballo y suspiró. Le habría encantado viajar en un caballo, pero últimamente eran animales muy cotizados para los ejércitos. Tanto que los de particulares, los confiscaban para la armada. Incluso los ejemplares mas viejos y ñangos (que rara palabrita) eran asignados a escuderos y oficiales menores. Así que había tenido que hacer el viaje desde Ciudad Atlas a pie.
Bueno, al menos la compañía no era nada mal. Ellie Masters, sacerdotisa de Ventral City le había insistido en acompañarlo con el permiso de sus padres. Ella era una chica… bueno, una Gran Chica. Cabello largo y negro intenso y grandes ojos verdes mas otros atributos agradables a la vista. Sonrisa fácil y una gran devoción a lo que ella llamaba su Ethan-sama.
No es que le incomodara, pero a veces sus atenciones eran algo… bueno… excesivas. Mira que querer tallarle la espalda en el baño publico de esa posada.
"Ethan-sama, ¿cree que falte mucho?" Le preguntó ella, sosteniendo el Cetro de la Vida que había pertenecido a su familia desde mas de 200 años. Unas cuantas perlas de sudor en una cara ligeramente aterrada demostraba que no era muy afecta a viajar.
"Un poco más Ellie." Contestó Ethan mientras por enésima vez alisaba su cabello rubio. No es que él fuera vanidoso, sino que hacia mucho viento. "Según la carta de ese lagartón, ellos están en una cabañita detrás de esa colina."
"Ethan-sama! No debería expresarse así del Señor Valtiera. Si él lo oyera…"
"Si él me oyera, de seguro sacudiría la cabeza y me diría.." Dijo Ethan jovialmente recordando la eterna respuesta que ese peliverde le daba cada vez que le llamaba "Lagartón".
"Te he dicho una y mil veces que no soy un Lagartón." Dijo una voz sobre sus cabezas.
Volando, agitando un par de alas de plumas negras, Valtiera Ul Copt levitaba a un par de metros sobre sus cabezas. Sosteniendo en una mano La Lanza Dragón y en otra una pequeña caja de primeros auxilios.
"Señor Dragón." Dijo Ellie, arrodillándose e inclinando la cabeza de forma sumisa. Era lo que tanto le había dicho su padre. El último Dragón Antiguo. Encarnador de uno de los poderes arcanos más imponentes de la historia. Prácticamente era la razón de su viaje con Ethan-sama. Tener ante sí la oportunidad y el honor de conocer a aquellos que luchaban heroicamente contra las fuerzas de…
"Si no cambias nada Lagartón." Dijo de nuevo Ethan con una sonrisa de oreja a oreja, haciendo que Ellie sudara de pena ajena. Por si fuera poco, la ceja de Valtiera bailo un poco. "Pasa el tiempo y sigues siendo un chiquillo."
"Y tu no dejas de tener el cerebro apelmazado, patán. Ven aquí." Valtiera había descendido a tierra y extendió los brazos.
Ambos hombres, leyendas en vida, demostraron su amistad en un largo y sincero abrazo.
"Vine tan pronto recibí tu carta. ¿En serio piensas pelear así?"
"Ven aquí. Lo sabrás. Pero…" Valtiera palmeó su frente en pena. " … Que educación la mía. Discúlpeme Señorita. Soy Valtiera Ul Copt. No tengo el placer de conocerla."
Ellie, encontrándose repentinamente como el objetivo de las atenciones de ese legendario ser, no hizo otra cosa mas que sonrojarse y tartamudear por un par de minutos.
"Creo que lo que ella quiere decir, es que se siente honrada… aunque no sé porque."
"¡Ethan.-sama!" Grito ella sonrojándose más.
Valtiera rió un poco. Como siempre, era una sorpresa ver las formas en como obraba la reencarnación. ¿Quién diría que esa delicada sacerdotisa de Sariagg iba a terminar como Sacerdotisa de Ventral City? ¿Y como a pesar de tantos años, siguiera teniendo como amor platónico a ese espadachín rubio? O que tal él. Gourry definitivamente había mejorado. Mucho más astuto, pero con la misma técnica imbatible para la espada.
Ethan Nombrad, el Legendario Espadachín de Atlas. Aquel que por si solo, con sus habilidades supremas había derrotado a un comandante de Radik. Cuya fuerza y poder como un simple humano constituyo la defensa principal de esa ciudad tan importante, que a pesar de los esfuerzos de los ejércitos Mazoku, no lograron conquistarla.
Y pensar que no tenía la Gorn Nova consigo. Porque en cuanto la consiguiera...
Cruzaron a pie la cima de la loma en donde estaban, para llegar a un pequeño valle que había constituido el aula de entrenamiento del cuerpo de Defensa del Continente, como algunos llamaban al a Familia Ul Copt y a su alumno Gray Irons. Tanto él como Axia estaban con las espadas cruzadas, las frentes perladas de sudor por el esfuerzo de mantenerse en esa posición por largo tiempo, tan solo por no querer ceder ante el otro. La Blast Sword perfectamente controlada compitiendo contra la antigua espada familiar Irons que había pertenecido a Zelgadis Graywords
Ethan estudio la fuerza en los brazos de ambos jóvenes, muñecas firmes a pesar de la tensión a la que estaban sometida, los músculos del abdomen contraídos para ayudar al embate, el equilibrio en las puntas de los pies para una respuesta rápida sorpresiva. Ambos tenían talento, debía reconocerlo.
El chico aprovechó su peso y altura como ventaja, inclinándose mas hacia delante. La aparentemente frágil chica rompió a la derecha para dejar pasar a su contrincante, pero este lo esperaba. Recuperándose soltó una serie de sablazos rápidos que fueron bloqueados fácilmente por la pelirroja, distrayéndola de los pies del chico.
Una bota se estrelló contra la cara de la chica arrojándola hacia atrás, perdiendo el agarre de la Blast Sword haciendo que la espada girara un par de veces en el aire. Gray no se inmutó, y soltó una andada de sablazos que la chica a duras penas pudo esquivar, sufriendo un par de desgarrones en sus prendas negras.
Un ultimo golpe, un mandoble vertical hacia abajo que pudo partirla en dos, pero fue detenido hábilmente por sus palmas en un fugaz movimiento. Ethan tuvo que reconocer que eso fue casi milagroso. Más milagroso el hecho de empujar esa hoja haciendo que la empuñadura golpeara la cara de su dueño, y por no decir imposible, la patada que le propino después fue mas que difícil.
Había dado la vuelta a una derrota casi segura, gracias a su habilidad de lucha cuerpo a cuerpo y excelentes reflejos.
Clap, clap, clap. Aplaudió Ethan sonriendo y acercándose junto a Valtiera al par de contendientes. Tomó la Blast Sword del suelo y por un breve instante sintió como sus manos cosquilleaban familiarmente.
"Impresionante, pequeña." Dijo con sinceridad notando el leve temblor en la ceja de la pelirroja. "En verdad impresionante. Y tu también, Gray." Complementó cuando el joven moreno se acercó sobando su quijada.
"Esa espada es mía. No debe tocarla." Dijo Axia con el ceño fruncido, mirando peligrosamente las manos de Ethan.
"Si es tu espada... ¿Por qué la soltaste?" Preguntó sonriendo Ethan mientras sostenía casualmente la espada apuntándole. "Eso se puede interpretar que no la quieres."
Valtiera lo esperaba. Su hija despareció usando el Plano Astral y en un instante estaba encima del rubio. Un pié dirigido a su cabeza, lista para dejarlo inconsciente. Pero...
Esperando algo así, Ethan solo realizó un leve giro a la izquierda, dejando que la bota de la chica se encajara en el suelo y con una gracia y calma magistrales, giró la hoja de la espada apuntando directamente a su cuello.
"Su nombre es Ethan Nombrad, Caballero de Atlas, Héroe del Este, El Maestro Espadachín. Creo que conoces su nombre hija."
"Es un honor conocerlo Señor Nombrad." Gray practicó una reverencia haciendo caso omiso a la pequeña humillación que Axia había tenido.
"Si, bueno, como sea. Ellie, ¿crees que pudieras hacer algo con las heridas de estos jóvenes?"
"Por supuesto Ethan-sama."
"Y tu, pequeña niña," De nuevo la ceja de Axia tembló. Pero se detuvo un poco al ver el gesto de Ethan, quien le extendía la mano para ayudarla a ponerse de pié. "La espada debe de ser una parte de tu propio cuerpo, así como nunca soltarías un brazo o una pierna, jamás debes permitir que se separe de ti en ninguna circunstancia."
Axia aceptó la empuñadura una vez que se puso de pié. Ethan le sacaba mas de cabeza y media de estatura. Sonrisa sincera, cabello rubio e intensa mirada de ojos azules. Por alguna razón se sonrojó (que fue desagradablemente notado por Gray, dicho sea de paso.). 'Yo lo conoczco... sé que lo conozco.'
"Escuchen, los ejércitos de Radik han comenzado a moverse de nuevo, así que no tomará mucho tiempo antes de que tengamos que atacarlos de nuevo. Le he pedido a mi buen amigo Ethan que nos ayude en la batalla, pero más importante que los entrene."
"Permíteme, Lagartón." Cara de indignación en Ellie, enojo en Val y sorpresa en Axia y Gray. "Sus espadas contienen mas poder del que imaginan, en especial en la tuya Axia. Pero ese poder no es mas que basura si no saben unir su corazón al de su arma. Eso es lo que les enseñaré. Su Corazón debe ser tanto o más fuerte que su espada si quieren sacarles el mayor provecho posible."
"Papá..."
"No hay tiempo Axia. Radik... ha encontrado las Partes de Shabranigudú."
[Fin del Flashback
'Solo espero haberle enseñado bien esa vez.' Finalizó su pensamiento Gaudy.
Tomaba forma poco a poco. Pequeño, fibroso, el cabello creciendo abundantemente a la espera de recibir el claro color sangre que tanto anhelaba. Cephied podía verlo flotar en él liquido nutriente creciendo de un microscópico cigoto alterado, a convertirse en un hombre joven. Un muy atrayente joven. La espada yacía en un pedestal al lado del tanque de clonación, justo donde Shishio lo había dejado a la espera que el cuerpo la tomara y se llenara de esa esencia negra que Trieze capturo cuando apenas estaban en Kyoto.
No podía contener la impaciencia. Tocaba el cristal de la cápsula como si quisiera rozar su rostro, el cuello, el delgado cuerpo y sentir cada detalle de los músculos. El vientre plano y duro de atleta. Cephied lamió sus labios como si saboreara esa esencia que tanto había cautivado a Ruby Eye.
"¿Cómo estas lindo niño?" Dijo con su voz de tono infantil. "No falta mucho para que estés conmigo. Je, asi podremos jugar. Mucho, mucho."
Retrocedió un par de pasos cerrando los ojos y abrazándose a sí misma. El cuerpo, podía recordarlo, después de todo ya fue suyo en Kyoto. Pese al desagradable matiz de cariño con que fueron las cosas, el sexo en si fue bastante bueno. La posesión, aunque Shabranigudú la había reservado para sí, sabía que era tan excitante.
Rió de nuevo.
"Por favor apresúrate." Dijo de nuevo, abriendo los ojos rojos y sonrió mostrando los colmillos pronunciados. "Deseo que en esta ocasión seas mío."
Por ultimo se acercó a la cúpula y besó el cristal, a la altura de los labios del cuerpo.
"Dulces sueños, pelirrojo."
El cuerpo de repente abrió los ojos.
Brillantes como mares de oro fundido.
"De nuevo este paisaje." Pensó Kenshin mientras sus sandalias se adaptaban al inseguro suelo. "No es que me asuste, pero se torna desesperadamente aburrido."
A sus alrededor montañas de huesos blancos se aglomeraban. Cráneos perfectamente limpios se apilaban formando montículos circulares que le sonreían perpetuamente. El cielo en lo alto, gris con densos nubarrones se movía insistentemente sin dejar que los rayos de sol tocaran tierra.
A conciencia de Kenshin Himura seguía como siempre. Con un mudo recuerdo de lo que alguna vez fue.
Desde que Reena le ayudó a purgar a Battousai de su alma, el rojo sangre al que estaba habituado desapareció. Así también los reclamos de todos aquellos que habían perecido bajo la espada del Asesino. Sin embargo, Kenshin no podía negar lo que alguna vez fue, o mejo dicho, permitió ser.
Al otro lado de las montañas que frenaban las nubes, estaba ese jardín que había empezado con un pequeño brote de jazmín, el cual poco a poco había crecido con cada recuerdo precioso que empezaba a acumular, formando una nueva felicidad.
Pero de vez en cuando, su mente regresaba al gran valle de Muerte que se había fabricado. Solo para no olvidar.
Las cenizas de su anterior felicidad habían desaparecido. Los recuerdos de Tomoe y Yahiko su hijo se encontraban en otra parte, y aunque tenía conciencia de que allí estaban, no tenía el valor para visitarlos en esos momentos. No mientras su nuevo jardín aun estuviera creciendo.
Suspiró, mientras distraídamente posaba su mano en el sakabatou que Reena le obsequiara, con el cual derrotó a Battousai. "Vive. Al menos hasta que encuentres una razón para hacerlo". Habían sido sus palabras, y como le habían ayudado aquella vez.
En aquel momento la sensación que le dio fuerzas para hacer ese paso, ese ataque, fue tan pequeño como un aroma... un aroma a...
"¿Jazmines? Porque huelo a jazmines en este... ¿Kaoru? Kaoru, ¿qué haces aquí?"
A poca distancia podía ver la espalda y la coleta de ella, vestida en un kimono tradicional. Eso estaba absolutamente mal. Kaoru no pertenecía a ese lugar de su memoria. Ella debería estar bajo aquel olmo enorme que había plantando rodeado de flores de jazmines. Junto a los tenaces Yahiko y Yutaro.
No en medio de ese testamento a un asesino.
Corrió hacia ella, para llevarla de nuevo al nuevo jardín. Extendió el brazo para tocar su hombro, forzándola a girar para verlo, para hablarle, para...
"¿To...Tomoe?"
Los profundos ojos negros de su esposa lo miraron fijamente mientras sus labios se movían sin sonido.
Con horror Kenshin leyó en ellos la terrible palabra mientras la carne de ella se derretía para que poco a poco formara parte de los huesos blancos del paisaje y el cielo se tiñera paulatinamente de rojo.
"No, no. Tomoe no, no soy... yo... no soy un... un... MENTIROSO."
LALALALALALALALALALALALALA
"¡Tomoe!" Gritó por lo bajo mientras se incorporaba de golpe y el sudor de su cuerpo se secaba rápidamente por la brisa de madrugada.
La penumbra de la habitación solo estaba interrumpida por la luz de luna que entraba por la ventana abierta mientras las delgadas cortinas se agitaban por el viento de verano.
Kenshin se llevo una mano al rostro para frotarlo y sacar de su mente los últimos instantes de ese sueño tan... raro. El sudor, frío y pegajoso le cubrió la mano mientras relajaba sur respiración. Antes de que pudiera preguntarse él porque de esa pesadilla, que estaba haciendo Tomoe en ese lugar y porque el cielo se teñía de nuevo; sintió que algo se agitaba a su lado.
Kamiya Kaoru, giraba dormida mientras trataba de acercarse mas a Kenshin.
En contra de su voluntad, Kenshin no pudo evitar sonreír mientras contemplaba, no, admiraba la forma en como la delgada sabana se adaptaba perfectamente al cuerpo desnudo de la chica y la penumbra resaltaba la belleza que sabía que poseía.
Al diablo el sueño. Después de todo su realidad estaba al lado.
Kenshin se inclinó para besarla fugazmente en la frente mientras se levantaba sigilosamente de la cama, cubriéndose con una bata y bajaba a la cocina de la casa que se había convertido en su hogar desde hace un mes.
Si se reflexionaba, podría parecer historia sacada de una película de Disney, y en si, a veces le resultaba un tanto difícil creerlo.
Kenshin Himura, de 28 años, Kendoka y Ex-Asesino del Grupo Shinsen tenia como amante a Kamiya Kaoru de 19 años, Kendoka y dueña del Dojo Kamiya Kashin.
El pensamiento le hacia reír en ocasiones. La forma tan rápida en como se enamoraron. En como congeniaron tan brevemente, como si estuvieran destinados. Claro, ayudo que desde un principio fue huésped en lo que encontraba un apartamento en Tokio. Ayudó también el hecho de trabajar con ella todo el día, todos los días. Desayunar, comer y cenar en el mismo lugar en un ambiente familiar. Y por si fuera poco las constantes pullas de Yahiko y Yutaro, los mejores alumnos de Kaoru, que a cada rato los llamaban novios y cosas por el estilo.
Solo necesitaron 15 días para saber que, en efecto, había sido amor a primera vista.
Kenshin apuró el vaso de agua que se había servido para quitarse la sensación de sequedad en la boca y hecho un vistazo al refrigerador. Kaoru había puesto allí la primera foto que se tomaban juntos, en la primera cita que tuvieron en la cima de la Torre de Tokio. Ambos abrazados, sonriendo, con Yahiko haciéndoles cuernos con las manos.
Esa era su vida ahora. Asi es como debe de ser, se había prometido. 5 años de sufrir la tortura de Battousai había sido expiación total de sus crímenes. 5 años de olvidar lo que era ser feliz era mas que suficiente para tener la conciencia tranquila.
Su razón de vivir se encontraba ahora allá arriba, en la cama, para despertar con ella todas las mañanas. Para que su rostro fuera lo primero que vería día a día. Para ser su aroma lo primero que inunde su olfato después del viaje constante a sus memorias.
Kaoru, su amante, su novia... y porque no, tal vez su esposa.
Al regresar al lecho Kenshin se permitió observarla de nuevo, sintiendo que una agradable calidez inundara su cuerpo.
Su Kaoru. Suya.
'¿Que más puedo pedir? Con ella a mi lado ¿algo malo puede pasar?'
[Flashback
Por definición, la Luna de Miel debe ser, como su nombre indica, Dulce.
Para Axia, yacer en cama presa de fuertes cólicos no era su definición de dulzura. Y apenas iniciaban los primeros días de ese periodo por el cual las mujeres deben pasar mes con mes.
Al menos ayudaba que Gray se mostrara comprensivo mientras tenía su cabeza en las piernas y leía un libro de magia.
"¿Mejor? Ellie dijo que ese té te ayudaría un poco." Dijo al ver que la pequeña pelirroja se movía un poco.
"Algo, al menos ya no me siento tan mareada. El dolor sigue igual, pero creo que pasará pronto. Gracias." Dijo mientras Gray cambiaba el paño húmedo de su frente y lo sustituía por otro recién exprimido. "¿Por qué las mujeres tenemos que pasar por esto cada mes? Ustedes los hombres la tienen más fácil."
"¿Supones que es sencillo afeitarse todos los días para no parecer abuelos a medio día?" Dijo Gray con una sonrisa.
"Huy si, que tortura."
La boda el día anterior, fue una ceremonia sencilla. Presidida por Ellie en calidad de Sacerdotisa y legal gracias a la presencia de Vermi, princesa de Atlas y prometida de Ethan. (Je, cuando Ellie se enteró, gritó por 10 minutos y lloró toda la noche.) Valtiera, Ethan, y un par mas de personas que se encontraban por casualidad en la misma posada, fueron testigos de la unión del par de héroes más famoso de la guerra actual.
Gray Irons, El Espadachín Astral, como era conocido, se unía en matrimonio con Axia Ul Copt, La Hija del Dragón.
Aunque, tan vez, debió prestarle atención a su calendario biológico.
La puerta sonó levemente y Gray dijo un pequeño "Adelante". Ellie entraba, trayendo de nuevo ese té amargoso que obligó a Axia a tomar para calmarle los dolores. Cabe señalar que la pelirroja prefería aguantarse los mismos, antes que tomar mas de ese liquido parduzco sacado de sabrá Cephied donde.
Pero se lo tuvo que tomar. La menstruación, para alguien como ella, era algo que debe desaparecer de inmediato. Y que sería mejor, de hecho, si no existiera por una simple razón: No podía hacer magia mientras tanto.
La tropas de Radik habían cercado las fuerzas de resistencia humanas. Neo Sailoon había caído en tan solo 2 días gracias a esos poderosos talismanes que el General Mazoku había encontrado, que no eran otra cosa mas que las Partes encerradas de Shabranigudú.
Ventral City, la tierra natal de Ellie estaba sitiada por mas de 15 tropas de demonios menores, sumado a un nutrido de dragones corrompidos de bajo nivel. Pese a los esfuerzos de los valerosos sacerdotes sirvientes de Cephied, solo era cuestión de tiempo para que las fuerte barrera que habían colocado colapsara por las potentes descargas mágicas de los comandantes demoníacos.
Atlas, era una cuidad relativamente pacifica, por ahora. Después de que el Héroe del Este Ethan rechazara la primera ofensiva de Radik los ataques se habían reducido por mas de 5 años dejando a la ciudad reforzarse en medio de una relativa paz. Por eso estaban allí.
El único lugar donde podrían pasar una Luna de Miel los recién casados.
Hasta ese día.
De la nada ejércitos enteros aparecieron de un momento a otro. Grandes demonios parecidos a Trolls 3 veces más grandes de lo normal acabaron en segundos con la defensa de la ciudad. Miríadas de pequeños seres humanoides con brazos como espadas atacaron a los sobrevivientes diversificándose en las calles desatando una masacre.
Al frente iba Jullikan, la mano derecha de Radik. Con una gema roja en su mano.
Una parte de Shabranigudú.
Los héroes se apresuraron, Ellie quedándose atrás para sanar a los heridos, e incluso resucitar a aquellos que aun tuvieran una conexión con la vida gracias a su cetro. El resto...
LALALALALALALALALALALALALALA
"Maldición, Maldición." Mascullaba Axia mientras era cargada en brazos por Gray dentro de una cueva creada por un Bephis Bring de Valtiera. "Detesto estar en estos días."
"Tranquilízate y enfócate en tu herida." Dijo Gray mientras la depositaba suavemente en el suelo. "No le serás de ayuda a nadie con es herida."
"¿Quién diría que ese Orco se movería tan rápido?" Se preguntó tratando de minimizar la herida de su costado producto de un descuido.
"Ethan y Vermi parecen estar defendiendo bien el lugar. Tenemos al menos un par de minutos antes de que el resto del ejercito sepa donde estamos." Valtiera guardo su lanza... en alguna parte y se acercó a Axia. "Parece que aún no puedes hacer magia... ese té debió ser mas fuerte."
"Si, como tu no te lo tragas papá."
"Saldré a montar guardia. Valtiera-sama, sánela pronto por favor. Yo los estaré cuidando." Dijo Gray viendo con infinita preocupación a su ahora esposa, dejándola a cargo de su suegro.
"Si te mueres Gray, te mato." Dijo Axia, provocando que Gray diera una de esas raras sonrisas.
Padre e hija se quedaron solos en el interior de la cueva iluminaos por una esfera de luz creada por el Dragón Antiguo.
"Esto es malo. No me gusta decir estas cosas y lo sabes, pero... sin ti no ganaremos." Dijo Val mientras dirigía su magia en un Recovery para su hija.
"Usa mi espada. La Blast Sword y tu poder deben ser suficientes para..."
"No es tan sencillo. Recuerdas que te dije que esa espada era tuya y solo tuya. Por mucho poder que use no podré sacar su máximo potencial. Si mi ataque falla, la espada habrá absorbido mucha de mi magia y podría caer en manos del enemigo. Hasta que no podamos encontrar la Gorn Nova no dejarás de ser nuestra una carta triunfante para derrotar a Radik."
"Me haces sentir tan importante." Dijo cerrando los ojos. "Pero ¿qué puedo hacer? Aun sigo siendo una chica saludable y normal. No podemos mandar una carta a Radik diciéndole 'Por favor no ataques porque estoy en mis días.' ¿Por qué no Ethan entonces? Después de todo él me enseñó a sacarle el mayor provecho."
"Debemos pensar en una solución más duradera. Y la tengo aunque no me gusta para nada."
"¿Cómo?"
Valtiera hizo caso omiso a la pregunta de su hija mientras recordaba aquel sueño que tuvo cuando la encontró hace 15 años en esa granja. Él estaba en medio de la nada cuando una luz dorada apareció frente a sí. Extendió sus dedos y le tocó la frente llenándolo con visiones del futuro que él había estado siguiendo desde entonces.
Y la ultima de esas visiones se estaba cumpliendo.
"Axia, ¿recuerdas lo que te enseñé respecto a como un humano se hacia Mazoku?"
"¿Que tiene que ver con...?"
"¡Contesta!"
"Si mal no recuerdo es haciendo un pacto con un Mazoku, o... comiéndoselo. ¿Por qué preguntas? Esto no tiene nada que ver con... ¿que estas haciendo?"
El flujo de magia del Recovery había cambiado. En vez de la sensación de calma a la que Axia estaba acostumbrada, tenía una sensación de nausea en su estomago.
"Creo que recuerdas también una historia que tu abuela te contó hace tiempo. De una Hechicera que vivió hace un par de siglos. Que atravesó por numerosas pruebas para elevar su poder y ser llamada Hija de la Diosa Dorada."
"Papa."
"Una hechicera que perdió todo lo que tenía, y pese a todo, encontró los motivos para seguir luchando hasta acabar con aquella que representó el Mal en su momento. Aunque para eso, tuvo que aceptar a un Mazoku en su alma."
"¿Papa que tiene que ver con...?" Se paró para sentir ya no nausea sino un hambre atroz en todo su cuerpo. "¿Que me estas haciendo?"
"Asi que después de la ultima batalla, murió, con sangre Mazoku en las venas. Llorando por la perdida de sus seres queridos, deseando descansar en la calma de la muerte."
Axia ya no decía nada. Ahora era su boca la que le dolía, sus dientes. Sus colmillos.
"Escucha Lina Inverse." Axia abrió los ojos ante ese nombre. Una parte de su cerebro registró el '¡Aquí vienen!' Que Gray gritó desde la entrada de la cueva. "Esta vez tendrás que aceptar la sangre de un Dragón Antiguo si deseas dominar la Magia Arcana y olvidarte del periodo que te restringe. No podrás tener hijos nunca, pero... Cumplirás tu destino."
Ese ya no era su padre. No el Valtiera que recordaba. Por un breve instante recordó a un Joven iracundo con un cuerno en la frente, ansioso de sangre y venganza.
"Valgaarv." Susurró mientras mordía sus labios perforando su piel con los colmillos que el hechizo de Val le habían manifestado. "Pero..."
"Escucha Lina Inverse, Axia Ul Copt. Eres el Emisario del Caos y ya es hora que aceptes la siguiente parte de tu destino."
"Papa, Val, ah... que."
Y gritó. Numerosas imágenes se azotaban en su mente forzándola a recordar decenas de cosas tristes, desagradables y espantosas. Guerra, ataques, gente muerta que conocía y que amaba. Tuvo la visión de un rubio muy parecido a Ethan que cargaba la Blast Sword desaparecer en medio de un rayo de luz por Zellas. Recordaba a un hombre de piel azul con una espada de luz astral en las manos dirigirle una ultima sonrisa tierna mientras era despedazado por decenas de lobos fantasmales.
Un hombre muy parecido a Gray.
"¡YA BASTA!" Gritó mientras golpeaba su frente con el piso para desaparecer las imágenes.
Al fondo, los sonidos de la lucha crecían de intensidad.
"Acéptalo." Val se inclinó frente a ella y sonriendo le señaló su cuello. "Acepta la parte de Dragón que hay en mi. Eleva tu poder."
De inmediato supo lo que quería. Los colmillos. Esa platica de comerse a un Mazoku. La sangre de un demonio.
"Papá no..."
"Hazlo."
"Yo."
"HAZLO." Gritó mientras tomaba su cabeza y la dirigía a su cuello.
Reprimiendo un grito, sintió como los colmillos de Axia atravesaban sus arterias desgarrándolas haciendo que la sangre brotara en chorros directamente a su boca.
Mazokus, Ryuzokus, tal vez podrían ser criaturas astrales cuyo cuerpo físico solo es una representación de ellos en este plano. Pero, también tienen sangre. Su fuerza astral. Su esencia. En esos momentos, mientras la candente sangre de Valtiera pasaba por la garganta de Axia, podía sentir como su poder era drenado a una velocidad enorme.
Recordaba esa escena. Recordaba haber palidecido cuando L-sama le mostró lo que debía pasar. Después de comprender la magnitud de aquello, no le quedo mas que reconocer que era la única forma posible de que ella venciera. Ayudarle a aumentar su poder. Ese era su destino. De la misma forma en la que Zeross siglos atrás.
Reuniendo toda su fuerza de voluntad, Axia se separó del cuello de Valtiera y gritó como un rugido. La sangre manchaba su cara y parte de sus ropas mientras los colmillos se reducían un poco sin llegar a desaparecer. Después, cayó al suelo retorciéndose con espasmos de dolor.
"Lah Freeze." Gritó Gray bloqueando la entrada de la cueva con un denso bloque de hielo y corrió hacia el fondo.
"Valtiera-sama." Dijo en un suspiro al ver a Val tambalearse, presionando su mano sobre la herida del cuello. "¿Que...?"
"Dime Gray. ¿La amas?" Dijo con una seriedad nunca antes vista en su mirada.
"Si. La amo como a nadie. Moriría por ella." Dijo con un muy mal presentimiento.
"Bien. Yo también Gray, yo también." Poco a poco empezó a moverse a la entrada. "Escucha, llévala a un lugar seguro. Necesitará que estés cerca, muy cerca de ella. Experimentará una transformación que nunca antes se había visto. Debes de ser un ancla, que impida que se pierda en el caos. ¿Entiendes?"
"Señor yo no..."
"Después de eso, llévala a Kaatar. Busquen a Milgazia, el sabrá que hacer."
"Pero." Dejo de hablar cuando Val posó su mano llena de sangre en el hombro.
"Confío el destino de mi hija a tus manos. Escapen mientras me encargo de ellos."
"Espera Dragón Estúpido." Dijo Axia en un susurro a su padre. "¿Que es lo que...?" Se interrumpió cuando los dolores provocados por la sangre se incrementaban.
"¿...pienso hacer? Ya lo entenderás Lina. Solo mi destino."
Y se fue.
"Espera. ¡PAPA!".
LALALALALALALALALALALALA
Jullikan, con la forma de una mujer pálida con alas de murciélago vio como el tenaz bloque de hielo estallaba desde dentro. Sonrió para si mientras hacía brillar la gema roja de su mano mandando un flujo de poder a las bestias que rodeaban el escondite de los patéticos héroes.
"Ray Wing." Gritó uno de ellos y el chico que había estado peleando minutos antes volaba a gran velocidad cargando a la herida Hija del Dragón.
La figura que quedaba en la cueva era el Mismo Dragón.
"Al fin. Al fin has aparecido." Dijo saboreando la pelea mientras recorría con uno de sus dedos la extensa cicatriz que cruzaba de arriba a abajo su torso, hecha por la lanza de ese Dragón. "ATAQUEN."
En segundos Valtiera se vio rodeado de enemigos.
La cantidad era ridícula. Uno o dos batallones se agolparon en cima de él como si quisieran aplastarlo. Hasta que una luz apareció entre ellos vaporizándolos. La lanza cruzó el aire y pudo perforar el corazón de Jullikan de no ser por un leal servidor que la detuvo con su cuerpo. La lanza explotó en luz verde y un sector del ejercito que estaba cerca de ella desapareció de inmediato.
La comandante alcanzó a tele transportarse a una distancia segura y, pese a ello, tenía marcas de quemaduras en uno de sus brazos. Entonces lo vio.
Rodeado de la misma luz Valtiera voló en medio de las formaciones de demonios terrestres y voladores desapareciéndolos al ser tocados por su aura, que poco a poco se hacía mas débil.
Al instante Valtiera, pálido, con la sangre aun brotando del cuello se puso enfrente de Jullikan mientras le sonreía sintiendo que solo faltaban segundos para que el poder que le quedaba se extinguiera.
Sin palabras, la Comandante extendió su brazo transformándolo en aquella espada que compitió con la Blast Sword una batalla antes y perforó a Val en el vientre.
El solo sonrió mientras tosía un poco de la sangre que le quedaba. A su alrededor las hordas se juntaban para presenciar la victoria de su líder.
Nada mas equivocado.
Val tomó el brazo de ella evitando que pudiera retirarse y la otra la apoyó en el hueco que sus pechos dejaban al descubierto. El lugar donde la había herido. Y de nuevo empezó a brillar.
Mas y mas.
Axia gritó el nombre de aquel que amó como un padre mientras este se transformaba en una esfera de luz que superó al sol de medio día.
Al final, una corriente de aire les llevo una pequeña nubes de plumas negras que desaparecieron ante sus ojos.
Valtiera Ul Copt. Valgaarv en otra vida cumplía su destino.
[Fin del Flashback
LALALALALALALALALALALALALA
Lagrimas gruesas surcaban su cara mientras la mirada permanecía fija en el techo de la habitación. Los sueños y recuerdos aumentaban mientras mas tiempo pasaba en Londres y su corazón parecía golpearse constantemente ante la tristeza de aquellas imágenes.
Su padre. Aquel que le había dado tanto cuidado y amor sacrificándose para que ellos escaparan en aquel entonces.
Dolía. Si que dolía.
Reena se hizo un ovillo tratando de calmar el temblor que un frío le provocaba en el pecho. ¿Por qué tenía que pasar por eso? Bueno, realmente no debería hacer esa pregunta ya que lo sabía. El poder tenía que ser despertado, eso estaba claro. Y Zeross mismo le había dicho que esta sería su prueba mas dura.
Pero eso no hacía las cosas mas sencillas.
Giró al lado contrario.
Heero yacía acostado boca arriba en la cama tamaño regio de la Suite Matrimonial Deluxe que habían sido forzados a ocupar.
La razón por la cual no se sentían incómodos el uno con el otro al mostrarse en conservadoras prendas interiores ya la explicamos, pero recordaremos un poco.
Reena tenia poco o casi nulo interés por los hombres. Ella prefería a cierta persona de largo cabello negro y hermosos ojos verdes que actualmente residía en Chicago. Heero, consiente de eso, veía a Reena mas como una camarada que como chica (excepto en aquellos breves momentos en los que ella demostraba una extraña feminidad). El hecho de compartir una cama por no tener opciones no tenía nada de erótico para ellos, asi que ninguno se sentía incomodo.
Sin embargo, en ese preciso instante la persona pelirroja de la habitación necesitaba algo mas que una simple compañía.
Murmurando un "Lo siento" Reena tocó la frente de Heero sumiéndolo en un profundo sueño mágico, necesario para hacer lo siguiente sin que se despertara.
Se pegó a él, para sentir el calor que emanaba del otrora soldado de Oz. Colocó la cabeza en el pecho del chico mientras seguía sollozando.
Reena dejó brotar las dolorosas lagrimas que le causaban sus recuerdos, tratando de aferrarse a algo para no perderse. Aunque eso significara fingir... fingir que Heero era Gray.
LALALALALALALALALALALALALALA
'Entrada norte descartada. La sur también. Parece que la Este sigue teniendo poca defensa, pero no me agradan esos cañones de plasma. Es la mejor opción, ya que la Oeste esta demasiado lejos del punto de encuentro.'
Las manos de Yui volaban sobre el teclado mientras numerosas graficas y planos aparecían en la pantalla del ordenador y un mesero le depositaba la cuarta tasa de Expreso que bebía en la tarde.
Un moderno Café que ofrecía Internet en medio de la plaza podría ser bastante obvio, mas si se consultaban los archivos secretos que La Comadreja 1000 le había mandado desde Kyoto sobre la reconstrucción de la Base de White Fang en Escocia.
Pese a saber que volaría su Gundam con esa "nueva unidad de poder" que Rezzo dijo que había puesto, tenía que planear la estrategia que tanto Reena como el usarían para acercarse a la base. Si bien, era posible que ningún Mobile Armor fuera capaz de competir con el poder de Reena, la enseñanza de que "Un Tigre puede ser vencido por un enjambre de Abejas" estaba muy arraigada en su mente. Asi que mas valía estar preparados para todo.
La base en si no había cambiado mucho a lo que el recordaba. El mismo acceso por la costa, las mismas defensas Antiaéreas, estaba mas que convencido que los mismos hangares de Armors y el interior, un enorme cañón de pulso capaz de vaporizar edificios enteros. En otras palabras, diversión asegurada para cualquier loco que intentara atacarla.
Y ellos eran esos locos.
Sorbió un poco del amargoso liquido negro, sabiendo que era peligroso ingerir tanta cafeína. Pero el haberse despertado a las 12 de la tarde después de haber dormido mas de 15 horas seguidas le preocupaba.
Suspiró mientras frotaba sus ojos y volvía su atención a la computadora. Las 5 PM. En un plazo de 30 horas partirían a la base de avanzada que los Ryuzoku habían preparado con sus armas y el Gundam para atacar la base en la madrugada.
30 horas que matar todavía. Se lamentó.
Tal vez llevaría a Reena a ver una obra de teatro para distraerla. Le preocupaba que de repente se volviera mas taciturna y encerrada en si misma. Si entraba al campo de batalla con la mente en conflicto, como estaba perfectamente convencido, las consecuencias podrían ser muy graves.
"Tal vez algo de Loyd Weber la anime." Dijo en voz baja mientras cerraba el correo de Misao.
"¿A quien?" Dijo una voz a su espalda.
"Miren, miren a quien tenemos aquí. Un aparecido." Dijo otra voz.
"¿En verdad eres tu Heero?" Una tercera voz.
Heero contó hasta diez para tranquilizarse mientras se repetía una y otra vez 'Idiota'. Conocía esas voces, las conocía muy, muy bien.
"Señorita Dorothy, Señorita Kaherine y Señorita Sally, no esperaba verlas por aquí."
El trío de chicas que en una era atrás habían sido novias de Quatre, Trowa y Wu Fei respectivamente. (Hasta que Quatre y Trowa demostraban que bateaban por el otro bando gracias a un calenturiento beso en medio del comedor, y Wu Fei partiera a un viaje de descubrimiento espiritual.) Ese mismo trío que empezaron a desatar mas chismes que todas las revistas amarillistas juntas y le habían hecho la vida imposible a una pacifista chica en la escuela.
Si, bellos recuerdos.
"¿Nosotras? ¿Qué haces tu aquí? Después de desaparecerte durante meses, ¿crees que deberías hacer esa pregunta?" Ah si, Dorothy, como siempre la lengua mas larga del oeste.
"Fui transferido a América por una emergencia. Unos asuntos personales." Dijo Heero encogiendo los hombros y buscando con la mirada a un mesero para pedir la cuenta.
"Eso no contesta la pregunta. Supimos de tu transferencia, pero ¿qué haces en este lugar? ¿No deberías estar en América aún?" Katherine, mas tenaz que un político en campaña. No quitará las narices en algo hasta que lo sepa todo.
"Estoy de vacaciones, vine para hablar con la gente de Oxford ya que me mandaron una invitación para asistir a la universidad." Total, mentira sobre mentira. Si el mundo se acababa por culpa de la Alianza jamás sabrían la verdad.
Esperen, eso no es adecuado.
"Oxford. Mmm no te creo. ¿No será que vienes a ver a Relena?" Y ¿cómo olvidar a la astuta Sally, aquella que sobornaba al Maestro de Historia por su peculiar forma de conceder crédito extra a estudiantes desesperadas reprobadas.
"No precisamente..." Ya no supo que decir. Había tocado una pequeña fibra que, aunque ya no lo era tanto, no dejaba de ser algo sensible.
Providencialmente la ayuda llego. Aunque a la larga...
"Heero no pude localizar esos LP de los Beatles en esa tienda, creo que nos debemos dar una vuelta por Liverpool antes de regresar a Chicago... ¿conocidas tuyas?"
Las tres chicas no pudieron mas que sentir algo de admiración, pues ese cabello rojo (que sus expertos ojos les indicó que era naturalito) no era muy común. Tenían frente a ellas a una pelirroja de corta estatura, y cuerpo algo pequeño. Con unos intensos ojos rojos que llamaban de inmediato la atención.
"Antiguas compañeras de clase. Dorothy, Katherine, Sally, les presento a Reena Inverse, de Chicago."
"Mucho gusto" dijo Reena mientras las saludaba alegremente. "Heero nos sabía que conocías chicas tan lindas. Disculpen ¿tienen novia?"
Heero se esforzó por no reír ante la pregunta que obviamente desconcertó al trío. Tal vez pensaran que Reena habló mal. Pero... jejeje, el hecho de que ella inspeccionara lentamente el cuerpo de esas porristas las ponía incomodas.
"Este... disculpa." Dijeron casi al unísono.
"¿Conseguiste todo?" Preguntó el chico, perfectamente ignorando a las demás.
"Juegos de Te para Filia, Una Espada de colección autentificada para Gaudy, Una Copia de la Orden del Fénix autografiada para Rezzo, y mira, te compre esto."
Heero tomó la pequeña cajita que le extendía Reena mientras se sentaba a un lado.
"¿Te relajante?"
"Claro, Roncas demasiado en las noches, no me dejas dormir. Sabes que me tensa mucho hacer "eso" y todavía se te ocurre roncar. Necesito dormir un poco para tener energías en las mañanas para hacer lo "otro"."
Los ojos de las Tres se abrían un tanto al escuchar "Eso" y lo "otro".
Bueno, Reena se refería por "Eso" a su meditación en las noches para recordar hechizos, y por lo "Otro" al entrenamiento matutino que ambos tenían. Pero bueno, las otras tres no lo vieron asi.
Prensaron... bueno, pensaron mal.
"Bueno, este, jejeje, Heero, los dejamos. Tenemos que regresar, si. Regresar." Dijo una sonrojada Dorothy mientras agitaba la mano.
"Si, no queremos seguir interrumpiéndolos." Dijo Katherine mientras secaba una pequeña lagrima de envidia. Nunca se había dado cuenta que Heero estaba muy bien.
"Les deseamos lo mejor en su relación. Hasta luego." Sally fue un poco mas respetuosa. Hasta amable. Sea cual sea la "relación" de la que hablaba.
"Chicas raras." Dijo Reena mientras Heero... ya no pudo soportar la risa.
Relena Darlian sostenía un par de bolsas de papel mientras miraba la hora en su reloj. Su madre se estaba retrasando y aun debían ir a Sansbury's para realizar la compra de la despensa.
Fue allí cuando vio a un trío de chicas que no esperaba encontrar en sus vacaciones.
"Relena, querida. ¿De compras?" Preguntó amablemente Dorothy mientras se acercaba con una sonrisa hipócrita. Si Relena pudiera leer mentes, en ves de sentimientos, sabría que estaba pensando '¡Que suerte!'
Su sexto sentido la ponía en alerta, asi que de inmediato se puso seria.
"Asi es Dorothy. Como puedes ver."
"¿No me digas que estas sola?" Preguntó Katherine casi haciendo un puchero. Relena percibía expectación por algo, asi que contesto con cautela.
"No, vengo con mi madre."
"Bueno, ¿qué esperaban? Claro que esta sola. Dudo mucho que Heero siga con ella después de encontrarse a esa pelirroja." Dijo Sally pensando haberle aventado un "farol".
Pero Relena conocía a una pelirroja. En un sobre que había recibido meses atrás con varias fotografías y recortes de periódicos escolares, sabía que Heero estaba en Chicago, en compañía de una pelirroja. Pero, si ellas sabían eso, solo podía significar...
"¿Dónde esta?" Gritó para sorpresa de Sally mientras la agitaba por los hombros. "¿Heero esta en Londres? ¿Dónde lo viste? ¡Dímelo!"
"Calma preciosa, esta muy cerca. Si vas al café "Patrick's" de la otra cuadra tal vez lo alcances." Le susurró Dorothy mientras imaginaba la escenita que sería capaz de montar esa niña si encontraba a ese cuate aún en ese lugar.
Las tres reían mientras Relena corría por la acera agitando las bolsas de sus manos.
Contaba los locales para girar la esquina. Conocía el café, conocía su ubicación. Faltaba poco, muy poco.
Y los vio.
Heero levantaba un brazo para llamar un taxi, mientras la chica pelirroja, sujetando una bolsa en una mano, se aferraba del brazo de Heero con el otro, muy cerca de su cuerpo. El taxi se detuvo y caballerosamente Heero abrió la puerta mientras la ayudaba a entrar al vehículo.
Siempre con una sonrisa en los labios.
Sus propias bolsas cayeron al suelo mientras su garganta intentaba articular el nombre de aquel chico al que le había dado su corazón meses atrás. A quien había apoyado cuando se derrumbó ante ella después de una desgracia de su vida.
Pero no pudo. Y las lagrimas le impidieron seguir viéndolos.
Confortadoramente una mano se posó suavemente en su hombro.
"No todo es lo que parece Relena. Pero si quieres saber lo que es... te invito a venir conmigo." Dijo una joven voz.
Ella giró para enfrentar la mirada de un rostro conocido. Un cabello largo trenzado y una vestimenta negra como un sacerdote.
"Pero... tu... estas... muerto." Fue todo lo que pudo decir.
LALALALALALALALALALALALALALA
Era uno de ESOS momentos.
Heero no lo sabía. Pero en la mente de Reena seguían apareciendo una y otra vez las escenas de esa luz brillante en la que Valtiera se convirtió. Destino, deber, poder. Todas esas palabras se repetían para seguir lastimando la herida.
Tampoco sabía que las demás muertes de aquellos a quienes conocía en vidas anteriores, revivían constantemente esos sentimientos de impotencia y coraje al no poder hacer nada para evitar. Mas aun, saber que hiciera lo que hiciera, no podía evitarlo.
Zelgadis, Gourry, Sylphiel, Ameria, Philionel, Martina, Zanglus, Ethan, Ellie, Vermie, nombres de vidas importantes que se extinguían después de un breve tiempo, todo porque "era su destino."
Fue la primera vez en todo el viaje, en el que Heero vio como lloraba.
Gruesas lagrimas brillaban a la luz de una luna que se asomaba por el nublado cielo de Londres. La brisa agitaba las cortinas del amplio ventanal del balcón donde estaba ella, aun con la ropa que usó en la tarde.
Reena se abrazaba a si misma, parpadeaba para quitar las lagrimas que se acumulaban en sus ojos rojos y de vez en cuando intentaba secarlas con el dorso de la mano. Pero de nuevo brotaban.
Heero se acercó, sintiendo estúpido por la pregunta que iba ha hacer.
"¿Estas bien?" Mas estúpido se sintió al recibir la respuesta.
"Si. Me entró tierra a los ojos." Dijo ella forzándose a sonreír.
Por un momento estuvieron en silencio.
"Reena, soy muy malo para esas cosas, pero siempre me han dicho que hablar..."
"No quiero hablar nada Heero. Se que esto... esto es algo natural en mi. Siempre ha sido asi. Solo... solo tengo que... aguantar."
"Reena, la perdida de un ser querido es algo doloroso. No puedo imaginar lo que es vivirlo una y otra vez, pero cero que podrías..."
"Heero, por favor, basta. Mañana saldremos a combate, asi que por favor no te preocupes por mi, yo veré la forma de..."
"¡Deja de hacer eso Reena!" Gritó Heero para sorpresa de ambos. "Claro que me preocupo por ti. No puedo evitarlo. Después de ver como salió Kenshin de la base de Kyoto ¿crees que me entusiasma la idea de verte asi también?"
Reena le dio la espalda, y caminó un poco al interior del cuarto.
"Eso fue una maldición. Lo mío solo es un recuerdo que desaparecerá por si solo. As que deja de..."
Una vez mas una interrupción.
Heero la obligó a girar tomándola de un hombro y colocó ambas manos en sus mejillas forzándolo a mirarlo a los ojos.
"Repíteme eso a los ojos. Repíteme que solo es un recuerdo lo que te pasa. Repíteme que no debo preocuparme por ti. Hazme pensar que no eres nada importante para mi." De nuevo. Ambos se sorprendieron de esas palabras.
"Heero.. yo..."
'¿Porque, porque? ¿Por qué tienen que parecerse tanto, Madre? ¿Porque deben de interesarse tanto en mi? ¿Por qué ansían entrar a este destino que solo les traerá muerte por mi culpa?"
"¿En verdad no debo preocuparme?" Los ojos cobalto de él estaban fijos en los enormes rubíes de ella. Buscando, esperando.
"Heero... no quiero que tu también mueras por mi culpa." Dijo finalmente cuando sus ojos volvieron a llenarse de lagrimas y se cerraron. Su cabeza se apoyó en el torso de él mientras rodeaba su cintura con los delgados brazos.
"Reena..." Fue todo lo que pudo decir retornando el abrazo. "Deja de preocuparte por un futuro del que no estas segura. No moriré. Te lo prometo."
"Je. Esas mismas palabras las he escuchado 4 veces. Y 4 veces has sido una promesa falsa." Dijo separando su cabeza. "¿Que hará que esta vez sea diferente Gray?" Dijo sin prestar cuidado a la ultima palabra.
"Que yo soy Heero Yui, no Gray o Zelgadis. Y te demostraré que no me separare de ti. No moriré." Susurró.
"¿En verdad?" Susurró ella sin dejar de verlo a los ojos.
"Si."
Antes de que alguno pudiera pensar en otra cosa, los labios de los jóvenes se unieron en un cálido beso con la hermosa luna de Londres de fondo.
Olvidando lo que sería del mañana, para enfocarse solo en ese presente.
Y ese beso lo era todo en ese instante.
En el capitulo Siguiente.
Heero se encuentra bebiendo arrepentido por lo que le hizo a Reena. ¿Estuvo bien, estuvo mal? ¡Como verla a los ojos de nuevo.
Sin embargo hay una guerra que perseguir y El Gundam Wing tiene un aditamento nuevo que puede ser la carta triunfante para él. Reena en cambio recibe la Gorn Nova de Gaudy para usarla en la batalla. Y la alianza se alista.
Cephied sale a combate para enfrentarse al Emisario del Caos.
Y Heero, tendrá que pelear con dos fantasmas queridos del pasado.
Esto y mas en "Cara a Cara" de La Alianza.
N.a. Si asi como lo oyes. Lo dedico a mi padre. Lucho contra el cáncer hasta donde pudo, dejando un ejemplo de valor. Nunca le yo un solo capitulo de este Fic... no creo que le haya gustado, era un tanto conservador y posiblemente le habría molestado un poco las partes "subiditas". Pero aun asi, fue la mejor persona que pude haber conocido.
Después seguiré explicando mas cosas de cómo va el rumbo de las cosas.
Solo si les diré algo, después de tanto Gundam Seed y Seed Destiny, Y los últimos volúmenes de Dragon Quest, mi cabecita esta llena de muchas ideas para la acción. Asi que...preparados.