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Games » Fire Emblem » Fire Emblem: La Historia Comienza
Tarem
Author of 7 Stories
Rated: T - Spanish - Reviews: 2 - Updated: 02-18-06 - Published: 12-11-05 - id:2698918

Nota de Autora:

Aquí estoy con el segundo capítulo después de un tiempo. Espero que sea de su agrado.

Todos los personajes en este fic así como la trama no me pertenecen, le pertenecen a nintendo y a sus respectivos creadores. El nombre de Nidany es invención mía.


Capítulo 2

Después de nuestro encuentro con nuestros dos nuevos acompañantes, decidimos partir enseguida, pero no sin antes visitar un antiguo templo.

-Cerca de aquí, hacia el este, se encuentra un templo que es sagrado para mi pueblo,- explicó Lyn. –En el altar del templo hay conservada una espada sagrada. El pueblo de Sacae acude allí para orar por protección al emprender un viaje largo. Quiero visitarlo antes de partir.

-Vaya, qué curioso,- comentó Sain.

-Elimine es el culto dominante en Elibe,- comentó Kent. -Me complace ver que al menos aquí se conservan las costumbres antiguas.

-¡Me encantaría conocer ese templo! Es conocido por tener un vínculo poderoso con el mundo de los espíritus,- dije emocionada.

-Vayamos entonces,- dijo Kent.

-Si vamos a buen ritmo llegaremos mañana al atardecer,- dijo Lyn.

-No hay que demorarnos más. Sigamos pues nuestro camino,- dijo Sain adelantando un poco su caballo.

-No seas impaciente, Sain¿Dónde quedó tu "cortesía"?- le dijo Kent bajándose de su caballo. -¿Desearían mejor usar nuestros caballos?- dijo dirigiéndose a nosotras.- Nosotros estaremos bien caminando.

-Gracias por tu oferta pero yo prefiero ir a pie,- dijo Lyn. –Además sus armaduras son muy pesadas y terminarían agotándose.

-Entonces os ofrezco un segundo lugar en mi fiel corcel,- dijo Sain acercando el caballo y luego volteándose a verme. –Sería un placer estar en tu compañía,- dijo esto haciendo una reverencia haciéndome reír con su actuación.

-¿Y por que de pronto tanto interés en mi?- dije arqueando mi ceja y cruzando mis brazos.

-Suele irse por proceso de eliminación,- dijo Kent cerrando los ojos con expresión impaciente.

-Oh, que lindo,- dije sarcástica.

-Será mejor que continuemos,- dijo Lyn lista para irse.

Todos asentimos y continuamos nuestro camino hacia el templo. Fue un camino largo pero sobre todo pesado. El sol brillaba intensamente sobre nosotros causando fatigación y no había siquiera pequeñas brisas de viento que nos compensaran el ardor que producían los rayos sobre la piel. Aun así, sabiendo que no había tiempo que perder, seguíamos sin reproche y con paso decidido. Lyn me había enseñado a mantener mi ración de agua diciendo que debía dar pequeños sorbos cada cierto tiempo y aunque el calor incitaba a empinármela por completo sabía que debía contenerme de hacerlo.

Al caer el atardecer, encontramos un árbol solitario junto a unas enormes piedras. Decidimos poner dos tiendas ahí y continuar nuestro camino al día siguiente.

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-¡Anciano! No te muevas y no abras la boca,- dijo un sujeto con facha de bandido llegando frente a lo que parecía un altar con una espada en él.

-Amenázame cuanto quieras, pero no te daré la Mani Katti,- respondió un señor de mayor edad con vestimenta de sacerdote. -La Mani Katti es una hoja sagrada que goza de protección divina. No puede retirarse de su lugar de descanso.

-No razonas, viejo,- continuó el bandido impaciente. -¿De que sirve una espada si no se usa?

-¿Usarla¿En combate¡Sacrilegio!- dijo el sacerdote notoriamente ofendido dando un paso al frente.

-¿Sacrilegio? Me llamo Glass,- dijo el bandido alzando cada vez más la voz. -¡Los dioses temen mi nombre! Mi habilidad no tiene igual. Si quiero la espada¡Será mía!- dijo acercándose al sacerdote amenazadoramente para hacerlo aun lado-¡Apártate!

El pobre sacerdote se alejó asustado de la impresión dándole el paso al bandido llamado Glass para que se acercara a la espada.

-¡Ah¡Es más maravillosa de lo que imaginaba!- dijo el bandido admirándola detalladamente. -Esta espada ha sido forjada para alguien de mi destreza.

Después de dicho esto, el bandido intentó sacar la espada de la funda. Pero por más que jaló, esta no cedió.

-¿Eh¿Qué es esto? No puedo… desenvainar… ¡No se mueve de la funda!- gritó frustrado.

-Los espíritus de la hoja te han juzgado,- dijo el sacerdote ya más aliviado. -No has dado la talla. Te han rechazado.

-¿Qué?- exclamó Glass más que furioso sacando su arma. -Escúchame, viejo senil: si aprecias la vida, sal de mi vista.

El sacerdote retrocedió a tiempo antes de que el bandido lograra atinarle un golpe. Al darse cuenta que corría peligro, decidió huir saliendo de aquella cámara por una puerta que se encontraba a su derecha dejando al bandido solo en el altar.

-¡Maldición¡Espíritus miserables!- gritó con ira el bandido. -¡No merecéis mi respeto! Destrozaré el altar piedra a piedra.

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-Oye, Nid. ¿Estás bien? Despierta.

-¿Eh¿Qué?- me desperté confundida al escuchar la voz de Lyn. -¿Qué sucede?

-Te veías algo inquieta,- me respondió Lyn. Su rostro expresaba preocupación. –Parecías tener un mal sueño.

-Ah, si. Tuve un sueño muy extraño,- dije pensativa tratando de recordar de qué trataba. –Había un sujeto y… em… ya no me acuerdo de que era jeje.

-Por lo menos ya estás bien,- dijo Lyn sonriendo. –Vamos, tenemos que continuar nuestro viaje.

Asentí y ambas salimos de la tienda en la que habíamos acampado. La mañana era fresca a diferencia del terrible calor del día anterior. Kent y Sain ya estaban afuera de su tienda y se dedicaban a guardarla.

-¡Ay, ángel mío! Te ves deslumbrante esta mañana,- "saludo" Sain.

-Jaja, creo que está hablando de ti,- le murmuré a Lyn divertida.

-Desearía que no fuera tan expresivo,- me respondió Lyn con una sonrisa nerviosa.

-Buenos días,- saludó Kent acercándose y haciendo una pequeña reverencia.

-Buenos días,- respondimos al unísono.

-¿Han tenido un buen sueño?- preguntó el pelirrojo amablemente.

-En su mayoría,- respondió Lyn volteándome a ver disimuladamente.

-Será mejor guardar la tienda y partir enseguida,- dije sonriente.

-Nosotros lo haremos,- dijo Kent mientras su compañero de armadura verde caminaba hasta llegar a su lado. –Ustedes deberían comer algo antes.

-Está bien, muchas gracias,- dijo Lyn. –Vamos, Nid.

Nos acercamos a la fogata para desayunar algo rápido mientras ellos se encargaban de la tienda. Cuando todo estuvo listo reanudamos nuestro camino hacia el templo. Era todavía temprano y un viento fresco llegaba en dirección contraria a nuestro rumbo lo que hizo del resto del viaje algo más placentero.

Al llegar junto a unas casas que se encontraban establecidas cerca del templo, una mujer mayor corrió a nuestro encuentro, al parecer muy afligida.

-Perdóname, mi señora,- dijo la mujer dirigiéndose a Lyn. -¿Viajáis al este¿Al altar?

-Sí, así es,- respondió Lyn.

-Entonces debéis apresuraros y socorrer al sacerdote,- dijo la mujer preocupada. -He visto a una banda de rufianes de la zona que se dirigía allí no hace mucho.

-¿Rufianes?- dije sorprendida.

-Creo que pretenden robar la espada sagrada del altar,- explicó la aldeana.

-La Mani Katti… ¿Quieren robarla?- exclamó Lyn alarmada. -¡No puedo permitir que ocurra!

-Parecéis gente noble. Por favor, ayudadle,- suplicó la mujer antes de retirarse para resguardarse en un lugar seguro.

-Lyndis¿qué tienes en mente?- preguntó Sain adelantándose para verla de frente.

-Si queréis socorrer al sacerdote tendréis que preparaos,- dijo Kent acercándose también.

-Tienes razón… Dime, Nidany… Yendo hacia el sur hay unas casas. A lo mejor deberíamos ir allí y preguntar as los lugareños,- sugirió Lyn.

-Buena idea,- dije mientras sacaba el mapa del lugar. –Podrían darnos información útil… Bien¿estás lista, Lyn?

-Dime qué quieres que haga, Nid,- dijo Lyn asintiendo.

-¿Por qué no vamos a investigar en la primera casa?- dije mientras señalaba el pequeño dibujo de la mencionada casa en el mapa.

-De acuerdo,- dijo Lyn.

Fuimos rápidamente en dirección a las casas que se encontraban a corta distancia. Eran tres pequeñas y humildes casas hechas de roca y palma. Al este, se levantaba una gran muralla a mitad de la pared oeste del templo que las separaba del mismo.

-Sain, ve yendo a la casa de alado. Y tú Kent, puedes ir a la del sur,- les informé a ambos antes de entrar a la casa que había señalado junto con Lyn.

-Entendido,- dijeron ambos dirigiéndose a sus respectivos destinos.

La casa en la que Lyn y yo entramos constaba de una sola habitación. Del lado izquierdo, pegada a la pared junto a una ventana, se encontraba una cama solitaria con un par de cobijas viejas. En el centro había una pequeña mesa de madera con dos sillas hechas del mismo material. Y por último, al la derecha de aquella habitación, había una chimenea con un caldero en ella. El ver aquella vivienda me hizo darme cuenta de lo que realmente tenían que vivir aquellas personas. Donde yo vivía no era lujoso pero definitivamente era mejor que aquello que veía frente a mis ojos. Aun así, aquellas personas no se quejaban en lo absoluto de su vida. Muy al contrario, trabajaban duro para salir adelante pese a sus condiciones de pobreza. Sentí admiración por vez primera hacia aquellas personas dándome cuenta de cual difícil debían ser sus vidas.

-Oye¿no sois vosotros quienes…?- la voz de una mujer mayor me sacó de mis pensamientos atrayendo mi atención.

-Si, hemos venido para solicitar su ayuda,- explicó Lyn. -¿Cree que podría darnos más información sobre la situación?

-¡Ah! Vais en ayuda del sacerdote,- exclamó la mujer con una sonrisa. -Bueno, quizá te venga bien algo que he visto antes…- dijo esto mientras se acercaba a la ventana y miraba a través de ella. -Puede que los bandidos estén vigilando la entrada principal, pero una de las paredes está agrietada y en malas condiciones.

-¿Sugiere que rompamos aquella pared?- pregunté dudosa recibiendo un asentimiento por parte de la aldeana.

-Deberíais ser capaces de abrir una entrada golpeando esa parte con vuestras armas,- explicó. -Todos contamos con vuestra ayuda.

-Haremos lo que podamos,- dijo Lyn. –Gracias por su ayuda.

Después de aquello salimos rápidamente de la casa y me senté en la hierba volviendo a abrir el mapa para ver detalladamente los dibujados alrededores del templo mientras esperábamos a los caballeros.

-Tenemos un problema,- dije observando el mapa.

-¿Cuál es?- preguntó Lyn acercándose para ver el mapa con mayor claridad.

-La entrada del templo esta justo aquí, en el sur,- explique señalándole la ubicación con mi dedo índice. –Pero el paso esta obstruido por varias montañas en este extremo,- dije señalando una serie de montañitas localizadas al suroeste del templo. Se alineaban justo entre este y la muralla inconclusa. –Resultará difícil atravesarlas. Parece que nuestra única alternativa será la pared dañada.

-Está bien ¿En donde se encuentra la grieta?- preguntó Lyn.

-La aldeana señaló un lugar cercano a estos árboles,- le indiqué a Lyn mostrándoles el dibujo de unos arbolitos que se encontraban junto a la pared oeste del templo.

-Muy bien, tan pronto lleguen Kent y Sain nos acercaremos,- dijo Lyn.

No pasó mucho antes de que Sain saliera de la casa de junto si haber tenido suerte en su búsqueda por nueva información.

-No será posible entrar al templo si no encontramos otra entrada,- dijo Sain.

-Nos han informado de una ruptura en una de las paredes del templo,- le dijo Lyn. –Abriremos nuestra propia entrada.

-¡Además de bellas, inteligentes!- exclamó Sain haciendo que Lyn y yo cruzáramos miradas confusas.

Después de unos momentos llegó Kent sin obtener información útil para la posible batalla.

-No he podido averiguar algo en aquella casa pero he alertado a sus habitantes de los bandidos.

-No hay de que preocuparse, mi gran amigo,- le dijo Sain. –Estas bellas damas han encontrado una ruta.

-No me acostumbro,- dije divertida.

-Uno de los bandidos nos ha visto y viene hacia acá,- dijo Lyn observando a lo lejos.

-Será mejor prepararse,- dije levantándome del pasto aun con el mapa en manos. –Al norte se encuentran dos fortalezas. Podríamos usarlas para darnos ventaja.

-Parece un buen lugar para restaurarnos en caso de alguna lesión o herida,- dijo Lyn.

-Tratemos de tomarlas antes que el bandido,- dijo Kent.

-Muy bien¿por qué no te adelantas, Sain?- le sugerí. –Intenta tomar la fortaleza este. Y si puedes, distrae a ese bandido. Mientras iremos acercándonos a la pared.

-Está bien, hagámoslo,- dijo Sain cabalgando hacia la fortaleza señalada mientras nosotros nos acercábamos con cautela a la pared del templo.

Sain parecía tener bajo control la situación con aquel bandido y parecía que lograríamos llegar al lugar sin problemas pero pronto apareció otro bandido al pasar la muralla.

-Yo me encargaré de él,- dijo Kent. –Ustedes sigan adelante.

-Veamos quien acaba con quien,- dijo el bandido confiado antes de atacar a Kent pero este logró esquivarlo fácilmente haciendo que el hacha del bandido se enterrara en la tierra y dándole oportunidad a Kent para envestirlo con el caballo y tirarlo al suelo cayendo muy cerca de Lyn. Ella desenfundó su espada rápidamente y atacó al bandido sin demora no dándole tiempo de tomar su arma y acabando con su vida de un golpe.

-Mejor nos mantenemos juntos,- dijo Lyn guardando su espada mientras Kent y yo la veíamos con sonrisas nerviosas.

-Recuérdame no hacerla enojar,- le murmuré a Kent mientras el asentía.

Después de eso, Sain llegó galopando de la fortaleza hacia donde nos encontrábamos.

-Creí que ya se encontraban en el templo,- dijo al parecer extrañándole el hecho de que ni siquiera estuviéramos cerca de la pared. –La fortaleza no corre peligro de ser tomada. Ya no hay bandidos en el norte.

-Pero al parecer en el sur aun hay,- dijo Kent volteando hacia las montañas donde podía distinguirse otro bandido que venía en nuestra dirección.

- Mejor apresurémonos a encontrar la pared agrietada,- sugerí.

-Está bien, tú y Sain vayan a buscarla,- me dijo Lyn. –Kent y yo nos ocuparemos del bandido.

-Si,- asentí mientras Sain y yo nos alejábamos en busca de aquella ruptura.

-¿En donde se encuentra?- preguntó Sain al llegar cerca de la pared.

-Debe estar por aquí,- dije observándola.

-Veo algo acá,- dijo Sain acercándose a la pared y encontrando una enorme grieta que se abría desde el piso hasta la mitad o un poco más de la pared.

-¡Eso es, Sain! Ahora trata de destruirla con tu arma.

Sain retrocedió unos metros de la pared e hizo que su caballo galopara hacia ella mientras sostenía su lanza horizontalmente frente a él. Al momento de impactarse la lanza contra la pared el caballo giró rápidamente para evitar chocar contra ella. Pequeños escombros comenzaron a caer de la pared y la grieta se agrandó.

-Creo que esto me tomará un rato,- dijo Sain.

-Será más difícil de lo que pensé. ¿Y si lo intentas con tu espada?

-Está bien,- Sain guardó su lanza y sacó la espada de Kent en su lugar.

Se bajó del caballo y se acercó a la pared nuevamente. Decidí retroceder unos dos metros. El caballero de armadura verde preparó su espada y la blandió contra la grieta lo más fuerte que pudo. De esta salieron más escombros y comenzó a ensancharse más. Sain volvió a preparar la espada y golpeó nuevamente.

-Ya casi lo tienes,- le animé.

Pasaron unos minutos antes de que por fin la pared cediera y se derrumbara en escombros. Sain sonrió jadeante soltando la espada. Al parecer estaba muy cansado por el esfuerzo. Me acerqué felicitándolo por su logro y levanté su espada del suelo. Casi enseguida, Lyn y Kent se nos unieron al haber vencido al bandido.

-¡Gran trabajo!- exclamó Lyn al ver la pared destruida. –Hora de recuperar el templo.

-Iré primero si les parece,- dijo Kent.

Lyn asintió decidida. Ella iría después de Kent. Por su parte, Sain tomó su espada agradeciéndome y regresó a su caballo listo para seguir luchando.

El templo realmente era muy antiguo, pero estaba muy bien conservado en su mayoría y tenía finos detalles decorativos en sus muros de piedra. En el centro de este se encontraban dos enormes pilares que ayudaban a soportar la estructura. De todos los templos que había podido visitar, este era en verdad, el más impresionante que había visto. En cuanto a la espada, no se veían rastros de ella. Solo deseaba que no hubiéramos llegado tarde. Frente al altar, se encontraba un gran trono donde se hallaba sentado un joven de cabellera rubia al parecer muy molesto. Por su forma de vestir daba a entender que se trataba de un mercenario. Pronto me paralicé sin aliento, pensando en aquel sueño extraño que había tenido esa mañana recordando súbitamente cada detalle de él. Pero… ¿Cómo era eso posible? Jamás había visto a ese sujeto en mi vida, y aun así ahí estaba, idéntico al de mi sueño.

-¡Nid, cuidado!

-¿Qué?- salí de mi transe alterada al escuchar el grito de Lyn. Justo frente a mí se encontraba un bandido grande y fornido con un hacha de filo rojizo en sus manos. El bandido blandió su hacha hacia mí pero me quité de su camino instintivamente tirándome al suelo y cayendo de rodillas y palmas. Sin pensarlo dos veces me escabullí por entre las piernas del bandido quien al estar ocupado tratando de darme no se dio cuenta de que Kent galopaba en su dirección y para cuando reaccionó fue demasiado tarde. La espada de Kent le atravesó el estomago haciendo que muriera desangrado.

Me levanté del suelo con el corazón acelerado y la garganta hecha un nudo, si no hubiera sido por Lyn seguramente no hubiera vivido para contarlo. Lyn se acercó corriendo hacia mí y me examinó asegurándose de que no hubiera salido herida.

-¿Estás bien? Te ves pálida,- me dijo Lyn.

-Si, si. No te preocupes,- dije dirigiéndole una sonrisa.

-Que bueno,- dijo Lyn sonriéndome de vuelta.

-Gracias, Kent,- dije dirigiendo mi mirada hacia él

-No fue nada,- respondió con una reverencia. –Mejor vayamos a ayudar a Sain. Se dirigió hacia el jefe de los bandidos.

Ambas asentimos mientras corrimos en dirección al altar donde Sain parecía estar luchando contra aquel mercenario. Kent pronto se le unió y entre los dos lograron acorralar al bandido quien al no darse por vencido blandió su espada logrando herir al caballo de Kent haciendo que el pobre animal relinchara de dolor y retrocediera. El bandido intentó salir de su acorralamiento pero en su prisa se descuidó y Sain logró acabar con él usando su lanza.

-Tú… tú… ahg… -el bandido no soportó más y cayó muerto.

-¡Lo han logrado!- exclamó una voz proveniente de una puerta entreabierta a nuestra derecha que se abrió de golpe por completo. De ahí salió un sacerdote de avanzada edad y se dirigió a nosotros. Luego al ver a Lyn se le quedó viendo perplejo.

-Esas ropas… ¿Eres de la tribu de los Lorca?- preguntó el sacerdote.

-Soy Lyn, la hija del jefe,- explicó Lyn. -¿Está herido, señor?

-Gracias, no tengo ni un rasguño,- respondió el sacerdote. –Eres muy amable.

-¿Y la espada¿Está a salvo?- preguntó Lyn.

-Sí, la he guardado en un lugar seguro,-respondió mostrando laespada enfundada en sus manos. -Hasta que no deshaga mi hechizo, no se podrá extraer la espada.

Justo frente a nosotros, se encontraba la famosa espada Mani Katti. Una espada esplendorosa que de alguna manera emanaba una gran fuerza espiritual.

–Como muestra de mi gratitud, te dejaré que pongas las manos sobre la Mani Katti,- dijo el sacerdote extendiéndola hacia Lyn. -Toca el grabado de la hoja y ruega por un viaje seguro.

-Muchas gracias,- dijo Lyn acercándose y colocando sus manos delicadamente sobre la espada.

Un gran brillo nos cegó unos segundos antes de aclararse nuevamente.

-¿Mm?

-¿Qué? He…- Lyn dirigió su mirada hacia la espada aun teniendo sus manos sobre ella. -La espada… está brillando…

-Ah. Mm… Es el poder de los espíritus,- explicó el sacerdote. –Lyn, han examinado tu espíritu y te reclaman.

-¿Qué quiere decir eso?- preguntó Lyn sin comprender.

-Eres la propietaria legítima,- continuó el sacerdote. –Debes empuñar la Mani Katti.

-No, no puedo… no sabría…,- dijo Lyn incrédula.

-Es la voluntad de la espada,- dijo el sacerdote ofreciéndole que tomara la espada en sus manos. –Si quieres una prueba, sácala de la vaina.

-Mm… -Lyn tomó la espada dudosa y trató de retirarle la funda. -… Se ha deslizado sin esfuerzo.

Todos observamos la escena impresionados por aquel acontecimiento sin poder pronunciar palabra. Jamás me imagine que ocurrirían situaciones tan increíbles e importantes en tan poco tiempo.

-Nunca imaginé que conocería al propietario de la Mani Katti en vida,- dijo el sacerdote orgulloso. –En verdad soy afortunado por haber visto la espada en tus manos.

-Ah… -Lyn se había quedado sin palabras. Aun no parecía estar consiente de que realmente había ocurrido aquello.

-Debes irte, Lyn. Te enfrentas a experiencia terribles,- dijo el sacerdote. –empuña esta espada y afronta con valor tu destino.

-Sí… ¡Sí, señor!

Después de dicho esto nos despedimos del sacerdote disculpándonos por derrumbar la pared y, dejándole unas cuantas monedas para ayudar a reconstruirla, salimos del lugar.

-Así que esta es la Mani Katti…- dijo Sain ya afuera admirando la hoja de la espada que Lyn aun tenía en sus manos. –Es una hoja sin par.

-Esto es increíble,- dijo Lyn sin apartar la vista de la espada. –Quizá sea la espada más famosa de toda Sacae… Y es mía.

-No es tan extraño. De hecho, muchas leyendas cuentan historias parecidas… Espadas especiales reclaman a sus poseedores por todo el país.- explicó Kent. –Pero cuando te he visto sacar la espada, Lyndis… He sentido algo extraordinario. La espada te estaba esperando. Estás predestinada a esgrimirla.

-¡Basta! Yo… -Lyn se había sonrojado notoriamente de pronto. –No soy nadie especial.

-Míralo de esa forma: Hay ciertas armas que se sienten mejor en tus manos,- dijo Sain. –Bueno, pues la Mani Katti se siente muy bien contigo. ¿Te es más fácil aceptarlo así? No da la impresión de que nos sirva a los demás.

-Es cierto que parece hecha a medida. Un arma que solo yo puedo usar,- dijo Lyn levantando la mirada. – Parece bastante razonable. Eso puedo entenderlo.

Después se volteó a verme ya más segura y levantó la espada frente a mí.

-Mírala, Nidany,- dijo orgullosa. –Esta es la Mani Katti. Es… mi espada.

-Así es,- le dije sonriendo.

-He de cuidarla bien.

Ese día, seguimos nuestro camino unas horas antes de volver a acampar. Aquella noche, otro extraño sueño, más perturbador que el anterior, me volvió a inquietar…

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Dos sujetos se encontraban hablando dentro de lo que parecía ser un pasillo oscuro con muy pocas antorchas para alumbrar. Uno de ellos parecía un noble ya que estaba vestido con ropas finas mientras el otro, solo se trataba de un soldado.

-¿Qué?- exclamó el noble. -¿La hija de Madelyn sigue viva?

-Eh… si, Lord Lundgren,- dijo el soldado con nerviosismo. –La acompañan Kent y Sain. ¿Cuáles son tus ordenes?- preguntó recuperando la compostura. –Si los dejamos en paz…

-¡Bah! He oído que el norte de Biran está lleno de bandidos. Solo es una niña. No sobrevivirá al viaje hasta aquí,- dijo el noble sin preocuparse. -Me preocupa más mi hermano mayor. Hay que matarlo cuanto antes. El veneno no puede fallar.

-Sí, señor. No sospecha nada y sigue bebiéndolo,- dijo el soldado. -La muerte del marqués por "enfermedad repentina no está lejos.

-Jejeje pronto… Muy pronto Caelin será mío.

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Me despertésobresaltada a mitad de la noche pensando en aquella pesadilla. Volteé a ver a Lyn quien aun dormía plácidamente sin notar que me había levantado repentinamente. ¿Debía decirle sobre el sueño? Después de todo mi sueño anterior había parecido ser cierto. Aunque por otro lado… ¿Qué tal que esta vez solo se trataba de un simple sueño y no de una premonición? Solo los alteraría sin razón. No quería preocuparla más. Decidí volver a acostarme e intentar dormir. Mañana sería un nuevo día y tal vez para entonces, sabría que hacer.


Nota de Autora:

Por fin logré terminar este capítulo. Me tomó un tiempo hacerlo. Espero que les haya gustado y si creen que es enredoso o podría cambiar algo pueden dejarme sus opiniones y sugerencias. ¡Gracias¡Y nos vemos en el próximo capítulo!

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