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Anime/Manga » Slam Dunk » Entre besos, fresas y chocolate
Serena Minamino-Lupin
Author of 15 Stories
Rated: M - Spanish - Romance/Drama - Reviews: 2 - Published: 12-18-05 - Complete - id:2708314

TíTuLo: Entre besos, fresas y chocolate.

AuToRa: Serena Minamino

DiScLaImEr: Los personajes de esta historia no me pertenecen, pertenecen todos al Diós Inoue-Kami-Sama, creador de todas las cosas hermosas de Slam Dunk.

Las amigas de Hanamichi, Serena y Ran, son personas sacadas de la vida real, a ver si adivinais quienes son ;p Shuichi Kunoh también es mio. Y la manera de cultivar fresas tambien.

AtEnCiÓn: Este fic es COMPLETAMENTE yaoi, es decir, relaciones de pareja chico/chico. Contiene lemon, sexo explícito. Si no te gusta, eres homofóbico o vas en camino, eres de mente cerrada o simplemente no quieres leerlo NO ENTRES. Si lo haces es bajo tu responsabilidad y no voy a tolerar ninguna queja o insulto hacia el género o hacia mi historia por este motivo.

NoTa: Este fic es un regalo de Navidad para mi mejor amiga Ran, seguro que con esto entiende todas las preguntas tontas que le hice. Feliz Navidad!

NoTa 2: Ya se que aún no es Navidad, pero de todas formas, ¡Feliz Navidad a tods!

ENTRE BESOS, FRESAS Y CHOCOLATE.

Era Navidad. La nieve cubría la ciudad de Kanagawa. Un joven alto, con un llamativo pelo rojo fuego y cubierto con una bufanda caminaba satisfecho por las calles. Esta vez no le había ocurrido como en el cumpleaños de su koi: esta vez, tenía un regalo. Un GRAN regalo. Le había costado mucho conseguirlo, y se había gastado en él una gran suma de dinero, pero valía la pena.

-¡Muahahaha! ¡Soy un genio! –gritó sonriendo, asustando a los transeúntes.

El muchacho pasaba feliz mirando los escaparates, hasta que pasó por una tienda de comida y se pegó al cristal, pálido como un muerto. Retrocedió unos pasos y, llevándose las manos a la cabeza, gritó:

-¡NOOOOOOOOOOOOOOO!

-Bien, tranquilo, Hanamichi, tranquilo –pensó Hanamichi Sakuragi, tumbado en la cama, con las cortinas echadas y una mano en la cabeza.- Eres un genio, tu puedes superar esto… ¡Nooo! ¡No puedo! ¡Me he gastado todo el dinero en el regalo y ahora casi no tengo para la cena! ¿Qué haré? –gritó, revolcándose en la cama; sin darse cuenta, llegó al borde y cayó. En la habitación solo se oían los pájaros, el murmullo de los coches… y las maldiciones del pelirrojo.

-Kuso… un momento, ¿qué es esto? -preguntó, cogiendo una revista que había en el suelo.- ¿Fresas en invierno?

Era un artículo que decía así:

Maravillas de la ciencia: fresas en invierno.

Señoras y señores, ¿a cuantos de ustedes no les apetecería comer fresas fuera de temporada? A muchos, ¿verdad? Bien, ahora esto es posible gracias a Shuichi Kunoh, un científico japonés que ha desarrollado la manera de cultivar fresas durante todo el año, teniéndolas siempre disponibles al mercado. Kunoh-sama nos ha demostrado que, mediante la ciencia, todo es posible.

El artículo seguía un rato, contando el método en el que se cultivaban. Hanamichi estaba ya por dejar de leer cuando una frase llamó su atención.

y se venden a precio de mercado! Si algunos pensaban que por ser fuera de temporada estarían más caras, están equivocados, pues estas fresas están incluso más baratas que las normales.

A sí que, ¿a qué esperan? Vayan a su frutería más cercana y compren. ¿Qué mejor cena de Navidad, que una en la que haya fresas? ¡Seguro que su pareja se lo agradece!

Hanamichi sonrió. Parecía que ese artículo iba dirigido a él. Busco en la lista de establecimientos y encontró que, en Kanagawa, todas las tiendas tenían.

-¡Sí! –Pensó.- Ahora solo tengo que pensar en cómo pondré las fresas.

Para los que quieran hacer un postre distinto, pueden acompañar las fresas con champán, nata o chocolate.

-¡Chocolate! –Hanamichi se relamía los labios, sólo de pensar en el chocolate. Y es que, sólo de recordar aquella noche… Definitivamente, las pondría con chocolate.- Es como si el autor de este artículo me conociera.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

Serena y Ran Minamino.

-Realmente, dirigido a mí –murmuró confuso; pero, interiormente, supo que debía agradecérselo a esas chicas. Y sonrió, completamente feliz.

Esa noche era Nochebuena. Kaede Rukawa se dirigía a casa de su koi con su regalo en las manos. No pensaba dárselo esta noche; habían quedado con unas amigas para la comida de Navidad e iban a repartirlos ahí, pero esperaba pasar la noche con Hanamichi y no iba a regresar a su casa a por el regalo.

En poco tiempo llegó a su destino. Cruzó la verja y, al llegar a la puerta, sacó sus llaves y abrió.

-¿Hanamichi? –llamó, pero nadie le contestó. Kaede entró en la casa, dejando los zapatos en la entrada. Se dirigió a la sala, y le recibió el gran árbol de Navidad que días atrás habían decorado juntos. Sin embargo, allí no había ni rastro de Hanamichi. Dejó sus regalos debajo del árbol y se dirigió a la cocina. Al pasar por la puerta, los recuerdos de su cumpleaños le asaltaron, y un escalofrío de placer recorrió su espalda, imaginándose un regalo similar. Pero, cuando llegó a la cocina, estaba vacía. No estaba ni la mesa puesta.

-¿No se suponía que haría el la cena? ¿Se habrá olvidado? –pensó Kaede, pues sabía lo despistado que era su koi. Confundido, salió de la cocina y subió al piso de arriba. Allí estaban las habitaciones, el baño y una salita muy acogedora. Se dirigió a la salita y, cuando estaba abriendo la puerta, le llegó un agradable olor a chocolate fundido. Sonrió y terminó de pasar.

La imagen que vio le cortó la respiración: allí, en el suelo, enfrente de la chimenea encendida, estaba sentado su koi. A su lado, y también en el suelo, había dos cuencos, uno de fresas y el otro, de chocolate fundido. Hanamichi se levantó de un salto al verle, y avanzó hasta quedar justo enfrente suyo.

-Feliz Navidad, Kaede –le dijo, y le besó.

-Feliz Navidad, Hana –respondió Kaede.

Hanamichi tomó al morocho de la mano y lo llevó hasta la chimenea. Se sentó en los cojines que había en el suelo y Kaede le imitó.

Entonces, el pelirrojo cogió una fresa, untándola en el chocolate; y, llevándola hasta la boca de su koi, dijo:

-Siento que no sea una cena a lo grande.

Kaede la mordió, cerrando los ojos con satisfacción, y Hanamichi ahogó un gemido al ver a su koi disfrutando así. Kaede volvió a abrir los ojos y, mirando directamente a Hana, se comió lo que quedaba de fresa, lamiendo los dedos del pelirrojo "accidentalmente". Hanamichi no pudo reprimirse más y suspiró audiblemente.

Le llegó el turno a Kaede, y esta vez fue él el que cogió la fresa y, bañándola en chocolate, se la acercó a su koi para que comiera; esta vez él fue quien sufrió esa dulce tortura.

Pasaron un rato más así, entre fresas, besos y chocolate; cuando quedaba la última fresa, ambos se miraron y volvieron a mirarla. Como a cámara lenta, ambos se abalanzaron sobre ella. Pero Hanamichi fue más rápido y llegó primero. La cogió, la untó y, en vez de dársela a Rukawa, o de comérsela él, se metió la punta en la boca. Comenzó a chuparla, dándole pequeñas mordidas. Kaede estaba sofocado, acabó por quitarse la camisa, y sus gemidos eran cada vez más sonoros. En un momento en el que Hanamichi, extasiado por los gemidos de su koi, se dejó la fresa en la boca, Kaede se acercó al él y con un rápido movimiento se la arrebató con sus labios. Sin separarse siquiera, se comió la fresa. Y como en los labios de Hana aún quedaba chocolate, decidió atacarlos. Comenzó una batalla por el dominio de la boca que ganó el pelirrojo. Las manos de Kaede recorrían a su koi desesperadamente, quitándole toda esa ropa que le impedía ver el maravilloso cuerpo de su amante. Ambos acabaron rodando por el suelo, con un Hanamichi medio desnudo encima de Kaede.

-Te amo, kitsune… -le susurró al oído, al tiempo que le lamía el lóbulo de la oreja.

-Y yo –gimió Kaede.

En poco tiempo estaban los dos desnudos, devorándose el uno al otro. Hanamichi bajó hasta la entrepierna de su koi, atacando su miembro erecto, mordiéndolo y lamiéndolo como había hecho minutos antes con las fresas. Tras un buen rato de tortura, Kaede acabó viniéndose en la boca de su amante. Pero Hanamichi no le dio mucho tiempo de descanso, pues atacó sus pezones y consiguió que su miembro volviese a estar erecto.

-Hanamichi… hazlo ya –susurró Kaede, y Hanamichi obedeció de inmediato. Se humedeció los dedos y los introdujo, con cuidado, en su koi. Cuando estuvo preparado, le penetró.

Kaede gimió al sentirle dentro, y el dolor fue sustituido por el placer a medida que las embestidas adquirían velocidad. Continuaron apasionadamente, hasta que Hanamichi se vino en el interior de su koi. Al sentirlo, Kaede se vino de nuevo. Hana salió de él y se quedaron recostados; lo único que se oía en la habitación eran las respiraciones entrecortadas de los muchachos y el crepitar de las llamas.

-Espero que te haya gustado la cena –murmuró Hanamichi, acariciando el pelo de Rukawa.

-Bueno, me he quedado con hambre –susurró Kaede, acercándose más a Hanamichi y robándole un beso.

-Bueno, eso tiene solución –Hanamichi se incorporó de un salto y, para sorpresa de su novio, le cogió en brazos y se lo llevó a la habitación.

Para continuar con la cena.

OWARI

EPÍLOGO:

Al día siguiente se levantaron tarde. Tras una sesión más de besos en la ducha, cogieron los paquetes de debajo del árbol y se dirigieron a casa de sus dos amigas. Al llegar, ambas les recibieron con una sonrisa en la cara.

-¡Feliz Navidad, chicos! –exclamó Serena.- Pasar, que afuera hace frío.

La pareja entró, y les recibió el calor de la casa. Ran estaba en el comedor, terminando de poner la mesa.

-¡Hola, chicos! ¡Feliz Navidad! –saludó.

-Hola Ran, Feliz Navidad a vosotras también –contestó Hanamichi.

-¿Qué hacemos primero, comer o abrir los regalos? –preguntó Serena.

A los chicos no les dio tiempo a contestar: su estómago lo hizo por ellos.

Entre risas se sentaron a la mesa. Estuvieron charlando y riendo toda la comida. Entonces llegó el postre. Serena y Ran fueron a buscarlo a la cocina, y volvieron de allí con una bandeja de fresas recubiertas de chocolate. Inmediatamente, los chicos se sonrojaron.

-¡Jajaja! –rieron las chicas al ver su cara.-¿A si que, al final, las pusiste con chocolate?

-Pero, ¿Cómo…? –comenzó Hanamichi, pero la mirada de las chicas le hizo callar. Por supuesto, ese artículo iba para él.- Gracias.

-¡De nada!

Mientras tanto, Kaede no se enteraba de nada.

Después del postre, se reunieron alrededor del árbol, dispuestos a abrir los regalos. Primero abrieron los de las chicas. Serena les regaló a todos calcetines, de rayas rojas y negras; Ran les regaló unos guantes, y a Serena una bufanda. Kaede había comprado unos colgantes para las chicas (en forma de balón de baloncesto, y Hanamichi les regaló una postal casera a cada una (cosa que ya se esperaban). Entonces, Kaede le dio su regalo a Hanamichi: era una chaqueta de los Lakers, con el dorsal de Michael Jordan.

-¡Muchísimas gracias, kitsune! –exclamó el pelirrojo, dándole un señor beso en los labios.- Ahora abre el mío –dijo, y le tendió un pequeño sobre.

Al abrirlo, la cara de Rukawa cambió por completo: ¡eran entradas en tribuna para el partido de honor que jugaría el Dream Team en Kanagawa dentro de dos días! ¡Pero si eran imposibles de conseguir!

-Pe..pero ¿cómo has..?

-Uno, que tiene sus contactos –contestó Hana, sonriendo orgulloso.

-¡Pero si valían una fortuna! –exclamó Rukawa, y entonces entendió porqué no había habido más de cenar (aunque tampoco es que se quejara de lo que hubo). Hanamichi solo sonrió.

-Mira dentro del sobre, te dejas algo –añadió el pelirrojo. Rukawa miró dentro del sobre y su cara volvió a cambiar. ¡Había un pase V.I.P.!

-Esto es para que puedas conocer a Michael –dijo el pelirrojo.- Yo ya tengo el mío.

Kaede no supo que contestar, solo se abalanzó sobre su novio, besándolo apasionadamente; mientras que dos chicas los miraban sonrientes.

-o-o-o-o-

Espero que os haya gustado. Sinceramente, a mí no me convence, pero bueno. Ya se que es pronto para publicarlo, pero luego no tendre tiempo. A si que, Feliz Navidad adelantada!

Por favor, dejar Review!

Nos leemos!

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