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Author of 26 Stories |
Easy Going
N.a: Para aquellos que se llenaron la boca diciendo que yo había decidido cortar la historia así como así, que ya no tenía ganas de escribir, que fue una piltrafa de final y que la historia era demasiado buena para que yo (cabe acotar, la autora) decidiese terminarle así. Me remito mis comentarios hacia ustedes porque no tengo pensado caer en el ni en el Wank, ni en la prepotencia. Para ustedes (famélicos que no tienden a soportar finales abiertos). Aquí está el tan mentado epílogo.
N.a 2: Para todos los demás, que a pesar de caerles semi-bien la historia, deseaban un final feliz, no puedo hacer nada, más... la historia así era. Y decirles que, a pesar de haber odiado escribir esta historia con todo mi corazón, la terminé amando, porque a pesar de sólo querer comprobar algo, cada capítulo distante y eterno que escribía, lo disfruté como cualquier otro. A todos ustedes que disfrutaron mi estilo 'mediocre' y 'poco desarrollado' de escribir, mis más sinceros agradecimientos y espero no decepcionarlos (del todo) con éste segundo final.
Si nos vemos en otra historia, pues ¡Hasta pronto! Si hasta aquí llegamos. ¡Hasta nunca!
Atentamente. Liuny.
Adv: Ergh… todavía sigue el ultra!supa!(w)angst, y también, un OoCness, un poco chocante, pero weee…
Capítulo 9:
EXORDIO:
"Y ahora, camino sólo, ciego; esperándote. Ahora, no deseo moverme, vivo atascado entre sueños nebulosos. Montones de colores entremezclados, enrollándose en el turbulento negro que son mis esperanzas rotas."
Epílogo:
Era sólo un cuchitril bastante abandonado, o tal vez la luz de la noche lo hacía ver austero. Allí, sin más que una mesa y una cama, desecha. Descansaba un papel que jamás podría olvidar, pero, que tampoco le apetecía recordar debatiéndose en dos caminos tan iguales. Sobre él, palabras someramente olvidadas, un anillo… rodeándolo todo, la penumbra insipiente
Tres semanas después de la batalla final:
— ¿Se recuperará?
— Todo su cuerpo está prácticamente sanado. Sus pulsaciones son normales, su magia está estabilizada…
— ¿Pero…? —Preguntó con voz turbia, apretando más la manos, fría y sin aparente vida que sostenía.
— Suponemos que no quiere despertar —Soltó con miedo…, sentía que aquellos fieros ojos azulejos se lo iban a devorar sin piedad.
— ¡Mentira¡¿Por qué demonios no iba a querer despertar! —Gritó exasperado el otro interlocutor de aquel lugar. ¡A la mierda con todo¡TODOS ELLOS ERAN UNOS MALDITOS INCOMPETENTES!
— Cálmate —Le pidió una voz queda y maltratada—. Además —Le retó sin fuerzas, a sapiencias de no poder cambiar su comportamiento explosivo—. Estás en un hospital —Al ver que iba a seguir detractando contra el pobre de turno, le miró amenazante. Ron aspiró tratando de tranquilizarse. Sabía que su novia acabaría por cachetearlo si seguía en esas—. ¿Hay algo que podamos hacer? Comprenderá que simplemente quedarnos sin hacer nada, es algo frustrante…
— Pues, lamento mucho decirlo, pero, no hay nada más que hacer…
— ¡COMO QUE NO HAY NADA MÁS QUE HACER MEQUETREFE¡DEBERÍAS ESTAR AGRADECIDO MALDITO¡ASÍ TAN TRANQUILOTE NOS…!
— ¡Ronald Bil…!
— ¿Dónde estoy? —Se escuchó una exhalación ronca y desubicada. Hermione y Ronald voltearon a ver al ser que descansaba amarrado a una cama sin moverse desde hacía tanto tiempo. La mujer atrapó también con su otra mano, el miembro ahora con un poco más de fuerza, que anteriormente sostenía. Se encontraron de nuevo con sus deslumbrantes ojos verde esmeraldas, su cabello despeinado, y su cicatriz en forma en forma de rayo que jamás desaparecería y que lo marcaría eternamente como 'el-niño-que-vivió'—.
— Harry… —Llamaron al unísono las dos partes restantes del aún más famoso trío de oro.
— ¿Dónde…?
— ¡¿Nos recuerdas?
— Hermione —Respondió aún en el mismo tono desvalido. Alzando su mano no sostenida para acariciarle la mejilla a su amiga que comenzaba a llorar cual magdalena. Su mano derecha, aquella con la cual había mandado la terrible maldición asesina luego de haber destruido al más terrible de los magos oscuros de la historia, era la única herida visible que aún quedaba, vendada, escondida a los ojos de extraños. En dónde nacía y moría su historia…
1
¡El mundo mágico de fiesta!
"El definitivo salvador del mundo mágico, nuestro preciado niño dorado, despierta por fin, luego de semanas de insoportable espera, por su delicado estado de salud…"
Ayer por la tarde, mientras todos rezábamos por la salud del niño-que-vivió-y-venció. Despertó en la Clínica San Mugo. Los doctores alegan que está en perfecto estado de salud, y que, dentro de poco estará rondando las calles como cualquier persona normal. A pesar de querer escuchar algunas palabras de nuestro famoso ídolo, Harry Potter, los aurores que custodiaban San Mugo, ante la inesperada salida, habían creado una cadena humana, evitando así, cualquier contacto, no-deseado, por parte del joven Potter…
Harry bufó incrédulo botando el profeta al suelo, no sólo por toda la sarta de estupideces que decía, sino también por quién había escrito el artículo. Rita Skeeter… Observó con desgana el balcón de su casa. Estaba sólo, y no porque no tuviese a nadie sino es que, había rogado casi al punto del melodramático llanto a sus amigos, que le dejaran pensar en total soledad cobijado por las paredes de su refugio, el cual, era su casa. Sonrió con nostalgia al ver todas las cosas, no era muy grande, ni muy chico, el espacio exacto para él y toda su vida.
Ausente, y aún sin poder creérselo, estando de pie allí, sin voldemort, o alguna amenaza que le declarara peligro a su vida; pasaba las manos por las paredes como haciéndole saber a aquellas paredes sin aparente vida que había regresado, y ahora nada o casi nada podía sacarle de allí. Sonrió con aire de tristeza y timidez a la nada, o tal vez al sol que moría en el ventanal de su cuarto.
Se recostó en el marco de la ventana para observar el dichoso paraíso que era la majestuosa cuidad de Londres. Millones y millones de inacabables de construcciones, rodeándoles y destruyendo el casi perfecto atardecer que se perdía refractándose entre las edificaciones. Por inercia y sin ningún motivo en especial miró a su derecha. Una sonrisa irónica bailoteó por sus labios, por más que quiso reprimirse y autocensurarse los pensamientos llegaron inclementes:
¿Estaría muerto¿Habría sido atrapado aún a pesar de no haber cometido ningún crimen¿Seguiría pensando en él¿Debía seguir creyendo en su promesa que a cada segundo se desvanecía en un pedazo inconexo y doloroso de su pasado?
2
Había vencido a Voldemort, ningún mortífago tenía los suficientes cojones como para acercársele directamente, y sus enemigos más peligrosos en potencia, como lo eran, Lucius Malfoy, enardecido por el placer de la guerra, y Bellatrix Lestrange, ensordecida y cegada por un amor platónico, obsesivo y destructivo, estaban descansando en su propio infierno. No iba a dejar que un "don nadie" de quién no recordaba correctamente su cara, le jodiese la existencia.
Sigue diciéndote eso, Harry. Tal vez no recuerdes su cara, pero, lo haces con todas sus acciones.
Reviró los ojos y abriendo de mala gana la primera gaveta de su escritorio, lanzó el último recuerdo de su primer y por caprichos de la vida, último amor.
3
Se había decantado de forma incongruente por la medimagia. No quería saber nada del ministerio, y definitivamente no quería saber nada ni de magos oscuros, ni caza de seres oscuros, ni nada que tuviera algún correlativo con el adjetivo 'oscuro' 'negro' o afines. Así que, nada mejor para su maltrecha existencia que verse rodeado de nacimientos y niños, porque, allá era dónde planeaba dirigirse a futuro. Mientras estudiaba su agotadora carrera, cumplía su más acérrima fantasía y había decido por el bien del equipo de Inglaterra (más bien por el manager de éste), aceptar ser el buscador de dicho.
Hermione había terminado yéndose por la diplomacia. Ya la tenían en la mira decenas de ministerios exteriores, incluido el de su patria, por supuesto, pero ella hacía oídos sordos a todos los rumores (no-tan-rumores) que corrían. Cada vez que un reportero lograba cacharla, respondía como siempre. Estoy en segundo semestre¡Por Merlín! Aún soy demasiada inexperta…, y con esto, agarraba a Harry o a Ron (quiénes eran los únicos que usualmente le acompañaban, para molestia de la mayoría de la población masculina de Inglaterra [y algunas féminas, también sin contar con el hecho de que Ron, era su prometido oficial), y se iba de allí con andar molesto, mientras que los otros dos, se dejaban arrastrar con rostros resignados.
Ron, había decidido botar la casa por la ventana y entrar así en la academia de aurores, junto con muchos de los hombres y mujeres que les habían acompañado a lo largo de la angustiante guerra. Y por fin había obtenido su tan añorada fama, Harry siempre le diría a su pecoso amigo con saña: "Ten cuidado con lo que deseas". Había aprendido su lección, y lo había admitido con arrepentimiento y vergüenza, no era divertida ni útil. Y decidió hacer un juramento a voces, diciendo que jamás volvería a envidiar nada que Harry consiguiese. Obviamente había fallado en el proceso…, pero, cuando menos, las peleas duraban poco tiempo. Le había propuesto matrimonio a Hermione, y ésta había aceptado, cuando terminaran sus carreras y estuvieran un poco asentados, lo harían. Por ahora, sólo vivían en concubinato…
Harry sólo alzaba una ceja, cuando le tocaban el timbre a altas horas de la noche, descubriendo a su amigo, alegando que Hermione era una exagerada por cualquier cosa que hubiese hecho en ese momento y le había botado de la casa. El de ojos verdes sólo bufaba irónico y le preguntaba¿qué para que quería el acta de matrimonio si ya hasta de su casa lo botaba?
4
— ¡Feliz cumpleaños! —Gritaron todos a la misma vez mientras que Harry apagaba 19 velas que estaban sobre el inmenso pastel que había hecho la Señora Weasley, los gemelos sonrieron macabros al ver como todo el mundo era embarrado de torta, debido a las velas que explotaron al ser sopladas. Luego de darse a la fuga, por miedo a que su madre les matara (y aún así fueron atrapados) confesaron que tenían el pastel de verdad a buen recaudo, Todos; lo único que hicieron fue reír de buena gana y comer de si mismos, el montón de merengue que era lo que tenían por pastel.
Ese día no había pensado en nada triste. Sólo había tenido regalos, sonrisa y abrazos sinceros de sus allegados quiénes les deseaban lo mejor del mundo llenándole de regalos (unos más útiles que otros). Pero aún así hinchando su corazón de efervescente alegría.
Había disfrutado un montón su primera fiesta de cumpleaños, las canciones infantiles, los juegos de 'ponle la cola al burro', o 'el hula-hula', las payasitas que animaban la fiesta, el parque adaptado a personas 'adultas' made by Hermione, los hot-dogs, los globos con formas, los algodones de azúcar, el revolcarse en la tierra como un niño pequeño. Es más, hasta se había reído junto con todo el mundo, cuando le pintaron una nubecita y un arco iris en la mejilla cuando llegó al lugar de la reunión. Por supuesto que, a las cuatro de la tarde, entró el alcohol y la 'madurez' al lugar, para disfrutar aún más del día. Un día inolvidable que quedaría plasmado en todas las mentes que asistieron y en las cintas de video que habían gravado todo.
Recordaba especialmente como Ron se había echado una matada de padre y señor nuestro, cuando, borracho hasta la médula, había decidido hacer el graciosito, y montándose en el tobogán, había volado hacia la tierra de nunca-jamás… Hermione sólo había dicho¡Que no cunda el pánico! Vamos doctor —Refiriéndose a Harry—. Allí tiene a su primer paciente. Y todos habían estallado en risas maniáticas y ebrias. Sí, un día lleno de momentos Kodak's y experiencias inolvidables.
5
Despidió con un beso, un abrazo y un emotivo 'gracias', a Hermione (que era la única que quedaba cuerda, ya que Ron estaba en una silla con un improvisado vendaje en la cabeza, comenzando a caer en la resaca.
— ¡Nos vemos! —Había dicho ella un poco alebrestada por el alcohol, mientras se desvanecía en la puerta del lugar. Sonrió despidiéndole hasta que no hubo más nadie. Cerró con llave el salón de fiesta que había alquilado, y se metió el manojo que le había cedido la compañía en el bolsillo. Eran las tres de la mañana, y aún tenía pensado hacer una última cosa, antes de seguir con su vida.
6
James Potter y Lily Potter
Que sus almas descansen en paz y sosiego en el cielo.
Sirius O. Black
Tenías razón, no te arrugaste, Moony.
¡Siempre te recordaremos! Tus fans.
Descansa en paz, hermano, padre y amigo. Tus 'ahijados'.
Remus J. Lupin
¡Bienvenido al otro mundo, lobito! Sirius, James y Lily.
Siempre serás el mejor profesor de DCLAO, Hogwarts.
Un hasta luego¡Pronto nos veremos!
Peter Pettegrew
¡Awww¡Nuestro pequeño, Pette! Sirius y James
Merodeadores por siempre.
En memoria de tus amigos y enemigos, porque el perdón es necesario.
Harry sonrió al ver las tumbas, así mismo miró el mapa del merodeador, habían utilizado un hechizo parecido a como funcionaba el mapa con las voces de sus creadores para crear los epitafios de los Merodeadores, hasta el de Peter, porque, él también fue un merodeador.
Un poco más allá, en un inmenso y orlado Mausoleo, rezaba con insignia de oro:
Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
Apócrifo final, In memoriam póstuma
R.I.P
Eran muchas las vidas que se había llevado la guerra. Suspiró volviendo la vista hacia donde estaba su espalda, encontrándose con nada en especial.
Estuvo un rato en la compañía de todas presencias muertas y sobrecogedoras del cementerio. No sentía ni felicidad ni tristeza, suspiró sintiendo que era hora de partir. Había dejado sus pensamientos volar, esperando que llegaran a los oídos correctos, se colocó de cuclillas, y frente a las tumbas de sus padres, hizo arder un pequeño papel arrugado y desgastado. Se levantó, alisándose la ropa, manía que seguramente había conseguido de Draco sin siquiera darse cuenta. Se estiró con pereza, cuando escuchó que alguien más iba entre las sombras.
Observó alucinado como alguien dejaba un hermoso ramo de calas blancas en una tumba no tan alejada de allí. En la seguridad de la noche sus miradas se encontraron. El misterioso ser sonrió en una avistada fugaz, y luego de una corta reverencia, se acercó hacía dónde estaba Harry, con paso tranquilo y con ese porte que se le hacía irreverentemente conocido.
— Feliz cumpleaños… —Le susurró en el oído el desconocido dejándole un sentimiento de abatimiento y una suave caricia en su mejilla. Sin poder evitarlo, le sostuvo por el brazo antes que pudiera seguir caminando.
— Draco…
— Harry...
— Mi cumpleaños fue ayer —Le criticó molesto. Y con estas palabras se auguraba un nuevo comienzo.
Mientras que el destino parecía comenzar a recomponer las cosas, poco a poco y dolorosamente, una frase se agregaba al último epitafio.
Tom Marvolo Riddle
Y dictando en pictogramas in entendibles a terceros ojos seguía en justa medida el bajo relieve, en parsel, haciéndole honor y gloria a todo lo que no se debía olvidar
Descansa en Paz, mi otro yo... nunca serás olvidado...
¡Fin!
Ahora sí, XD imagínense todo lo que quieran después de allí. ¡Espero que les haya gustado aunque lo dudo…. En fin ¡Suerte a todos!