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catumy
Author of 11 Stories

Rated: M - Spanish - Romance - Reviews: 110 - Updated: 12-08-06 - Published: 01-01-06 - id:2729785

CUIDANDO DE TU CORAZÓN

Madrugada del 1 de enero. La noche estaba muy oscura exceptuado todos los adornos de navidad que iluminaban las calles. Había luna nueva. Mientras que el resto del mundo celebraba todavía la llegada del año nuevo, en el hospital Sengoku, todo el personal estaba muy ajetreado. Como cada año sucedía, desgraciadamente, la noche de Año Nuevo siempre había gran cantidad de llamadas de urgencia. La mayoría eran casos de atragantamientos, borracheras y cosas que podían solucionarse con más o menos facilidad. Pero otras veces requería una atención más exhaustiva. Ese era el caso.

Un grupo de médicos y enfermeras atendían con urgencia a un muchacho que al parecer, había sido arrollado por un conductor borracho que no había visto el paso de peatones. El conductor se había dado a la fuga mientras que el joven se debatía en una camilla entre la vida y la muerte.

Kagome Higurashi se encontraba esa noche haciendo guardia en el servicio de Urgencias, en el que llevaba trabajando tres años como enfermera. La llegada del chico había puesto en marcha a muchas personas y ella había sido una de las implicadas. Así que, mientras el médico le bombeaba oxigeno con un ventilador manual ella, con destreza, le introducía un catéter en el brazo para poder administrarle grandes cantidades de suero para levantarle la tensión arterial y medicación para impedir que se parara. Al ver el aspecto del chico, no quería ni imaginarse como debía haber sido el golpe. Tenía sangre en la cara y las manos, seguramente se había cortado con los cristales del parabrisas, según dijo el médico de la ambulancia. Y sus piernas estaban en una posición extraña, lo que posiblemente indicaba una fractura.

- Ponedle morfina y Midazolam. Mejor que no despierte en un rato – ordenó el médico. Con ese tipo de fracturas, si despertaba seguramente el dolor sería insoportable para el muchacho.

Kagome recibió la jeringa con la medicación y la administró a través del catéter que acababa de fijar con algo de esparadrapo. La urgencia era extrema de modo que no podía detenerse a colocar apósitos según el protocolo de la inserción de vías venosas. Tenían que salvar una vida.

Después de un rato el muchacho pareció asimilar bien el tratamiento de urgencia y se estabilizó.

- Quiero placas de cráneo, tórax abdomen y cadera. También de las piernas: creo que las tiene fracturadas. Un electrocardiograma, gasometría arterial…

- ¿Le ponemos oxígeno, doctor?

- Mascarilla con aporte al 50, satura demasiado bajo… Un suero glucosalino de 2000 ml a pasar en 24 horas. Mientras vienen a buscarlo para los Rayos, si os da tiempo, haced una primera cura de todos esos rasguños.

El doctor se marchó para dejar constancia del procedimiento que habían seguido con ese muchacho. ¿Qué habría pasado? Lo único que había dicho el personal de la ambulancia era que lo habían encontrado en medio de la calle, acompañado por una pareja que estaban nerviosos y asustados. Decidió que después los llamaría para que le contaran lo sucedido con exactitud.

Kagome se quedó sola con el accidentado y con otra enfermera llamada Rin. Ésta era más inexperta en el servicio de Urgencias, por lo que estaba algo nerviosa. Mientras Kagome extraía la sangre de la arteria radial del chico para hacerle la gasometría, Rin preparó la mascarilla de oxígeno y colocó las derivaciones para realizar el electrocardiograma.

- Rin, vamos a sondarle.

- Pero el doctor no lo dijo…

- Le están poniendo muchos líquidos, debemos asegurarnos que los elimina o podríamos causarle un edema de pulmón. No siempre los médicos piensan en todo- Kagome trabajaba de prisa. Estaba acostumbrada a ese tipo de urgencias. No en vano el hospital Sengoku era uno de los más céntricos de la ciudad, por lo que llegaban accidentes de tráfico bastante a menudo.

El chico, tendido en la camilla, estaba estabilizado. Con la mascarilla que le ayudaba a respirar, un suero enorme conectado a su brazo, la cabeza llena de sangre reseca así como sus ropas que ahora estaban hechas jirones cubriendo solo lo más imprescindible de su cuerpo.

- ¿Le ponemos el pijama? – preguntó Rin a su compañera.

Kagome miró el rostro del chico. Era joven, tendría apenas un par de años más que ella. - No, quizás será necesario reanimarle… Lo dejaremos tapado con una sábana de momento.

Entre las dos cortaron con cuidado las ropas destrozadas para retirarlas antes de cubrir el maltrecho cuerpo del muchacho. Rin enrojeció levemente al ver la intimidad masculina, lo que no pasó desapercibido a su compañera.

- ¿Qué pasa Rin? ¿Te encuentras mal?

- No, no – La joven de bonitos ojos marrones se avergonzó mucho de que Kagome se hubiera dado cuenta. - ¿Quieres sondarlo tu?

Kagome levantó la mirada hasta los ojos de su amiga.

- ¿Te sientes incómoda? No sería esta la primera vez que sondaras…

- Es que… Vas a reírte pero me da apuro tocar… Ya me entiendes, es tan joven y… ya me entiendes… es… grande…- susurró agachando la cabeza.

Kagome entendió, o eso creyó. Rin era más joven que ella pero, debido a su profesión, había supuesto que no tenía complejos de esa clase. Estaba de acuerdo con que era un chico joven y atractivo pero… Era un paciente que necesitaba atención. Se encogió de hombros. Para ella el cuerpo humano era algo muy natural así que no sentía apuro ninguno de ver a un hombre desnudo, le daba igual que fuera joven o viejo.

- Si te sientes incómoda lo haré yo. Ayúdame con el material.

Kagome se colocó unos guantes nuevos ya que los anteriores estaban manchados de sangre y necesitaba medidas higiénicas estrictas antes de sondar. Rin le hizo una higiene genital rápida al muchacho mientras que Kagome preparaba un campo estéril.

- Listo Kagome, cuando quieras.- sus mejillas estaban al rojo vivo pero tenía que ser profesional.

Kagome tomó el miembro del chico con firmeza, retirando con cuidado el prepucio. Había hecho eso cientos de veces pero había algo que la incomodaba en esa situación. ¿El chico? Lo miró un instante… No podía ser él. Pero tenía un extraño presentimiento con ese chico… Tomó aire y empezó el procedimiento. El chico se agitó un poco pero Rin lo calmó acariciándole el cabello.

Listo. Ahora solo faltaba que acudiera la camilla asistida para llevárselo al servicio de radiología. Rin fue a mandar la gasometría al laboratorio y después a hacer el informe, donde anotaría todo lo que el chico había recibido por parte de enfermería. Mientras, Kagome limpiaba las heridas más superficiales que tenía por la cara, el torso y los brazos. Derramó suero fisiológico en unas gasas y empezó a limpiar con cuidado.

Poco a poco, con suavidad, eliminó los restos de sangre y tierra que cubría la parte superior del cuerpo del chico. Cualquiera que no lo mirara con los ojos profesionales de Kagome, se hubiera dado cuenta de los bien formados músculos, del brillante cabello oscuro y las facciones hermosas del chico. Pero ella estaba pendiente de lo que hacían sus manos. Sólo le quedaba una herida, en el hombro. Era apenas un rasguño pero no quiso obviarla. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que la mano del chico se movía ligeramente. Estaba despertando.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

- Doctor, ¿ha hablado ya con alguien de su familia?

- Con unos amigos suyos que estaban con él en el momento del accidente. Por lo visto el conductor debía estar muy borracho ya que se salió un buen trozo de la carretera antes de atropellarlo.

- ¿Podría haber sido deliberadamente?

- Es una posibilidad Rin, pero no podemos saberlo ahora.- el doctor miró por la ventana, distraídamente – Está amaneciendo… ya nos queda menos para irnos a casa.

Unos segundos después, un fuerte ruido de algo metálico cayendo al suelo los alertó. Rin salió corriendo hacia donde había sonado: el box donde había dejado a Kagome. En cuanto entró se dio cuenta de que algo no estaba bien. El hico… parecía una persona completamente diferente y Kagome… Estaba parada, mirándolo fijamente, con la piel blanca como el papel. Rin dio media vuelta y se encontró con el doctor de frente

- ¡Doctor algo ha pasado!

El médico no tuvo que ver mucho más de lo que había visto la joven enfermera. El muchacho, antes moreno, mostraba ahora una llamativa melena plateada coronada por dos orejas similares a las de un perro. Y, para rematar, estaba sentado en la camilla cuando unos minutos antes había estado luchando por respirar.

- Tranquilízate Rin.

- Pero él…

- Es un hanyou – la voz de Kagome interrumpió lo que fuera que Rin tenía que decir. Parecía haber recobrado la compostura después del susto inicial. Se había transformado delante de ella, tomándola por sorpresa. Se quedó embobada viendo como el cabello cambiaba de color y salían esas orejas… lo que nunca hubiera esperado fue que él levantara un brazo para cogerla por el cabello reclamándole quien demonios era y donde estaba. Suerte que estaba débil y había podido separarse fácilmente y sin sufrir daños. Pero estaba segura de que si él hubiera querido pegarle, lo hubiera hecho. Solo quiso asustarla un poco, o tal vez no era del todo consciente de lo que hacía, después de todo, le habían puesto mucha medicación.

El hanyou miró a las tres personas que lo miraban fijamente. Entre ellos le llamó la atención la muchacha que estaba a su lado cuando despertó. Esa que tenía un olor tan peculiar…

- ¡Keh! ¿Nadie va a decirme donde demonios estoy?

- Estás en el hospital Sengoku, en Urgencias. Te han traído porque te han atropellado. – Kagome había recuperado el habla pero no podía separar sus ojos de esas hermosas orbes doradas que la miraban con rabia.

Los recuerdos parecieron golpear violentamente al hanyou. Le habían atropellado… recordaba que había salido a celebrar con Miroku y Sango, sus amigos de toda la vida cuando… ese coche… Se llevó la mano a la frente. Le dolía la cabeza. Al hacerlo se dio cuenta de que llevaba algo colgando del brazo y una mascarilla en la cara.

- ¿Qué es esto?- intentó arrancárselo todo de un tirón pero una mano firme atenazándole el brazo se lo impidió. Era la chica esa… ¿Qué era ese olor que tenía? La miró desafiante a los ojos esperando causarle miedo pero solo encontró serenidad en ellos.

- Los necesitas de momento. No te los quites.

Ignorándola, intentó levantarse pero las piernas no le respondieron. En más, le dolieron una barbaridad, como si le mataran. Con un grito ahogado cayó de lado, sin quererlo, sobre Kagome, quien apenas pudo sujetarlo.

- ¡Doctor!

- A la camilla, rápido.

El doctor y Rin acudieron de inmediato y entre los tres volvieron a subirlo a la camilla. Entre tanto el hanyou no dejaba de preguntarse que sería ese olor… y porque ella no se había avergonzado cuando él le cayó encima, literalmente. Ni cuando lo había cogido por debajo de los hombros para subirlo a la camilla. Pero ese olor… Se había metido dentro de su nariz y mucho más cuando ella lo levantó y pudo sentir el largo cabello de ella haciéndole cosquillas en el hombro ya que, a pesar de llevarlo recogido, la coleta le llegaba más allá de la mitad de la espalda.

Durante la caída la sábana que cubría el cuerpo del hanyou había caído al suelo, dejando ver sus partes íntimas. Rin enrojeció y él se preguntó por que. Después fue consciente de que estaba desnudo y que… estaba sondado.

- ¿Qué es eso? ¿Qué mierda me habéis hecho? – gritó tapándose con las manos.

Kagome volvió a cubrirle y le tomó la mano que él había planeado usar para estirar de ese molesto tubo.

- Te hemos sondado. Te advierto que si estiras te dolerá más de lo que imaginas. No te preocupes, si todo va bien te lo quitaremos pronto – añadió cuando vio su cara de fastidio.

- No necesito todo esto. Tengo sangre de demonio las heridas curarán solas…

- Puede que sí pero no te hará bien si sigues moviéndote. – Interrumpió el doctor, cansado de ese arrogante hanyou - ¿Cuál es tu nombre?

El chico apartó la mirada, sin querer contestar al doctor ¿Quién se había creído que era hablándole de esa forma? Se topó con las mejillas enrojecidas de Rin y no pudo evitar avergonzarse por eso que le tenía colocado entre las piernas ¿Quién de ellos habría sido? Supuso que ella no ya que evitaba incluso mirarlo a alguna parte que no fuera el rostro. ¿La otra mujer? ¿El médico estúpido? No sabía cuál de los dos era la peor opción.

- Chico ¿no recuerdas tu nombre?

- ¡Keh! Me llamo Inuyasha Taisho, que no se le olvide medicucho. - El médico salió e allí seguido por Rin, que no soportaba estar cerca del chico después de haberle visto tan… desnudo. Siguió al doctor y le preguntó que como era posible que estuviera despierto y como si nada después del aparatoso accidente y de la cantidad de medicación que le habían administrado. La única explicación que recibió fue que con los youkais y hanyous nunca se sabía, pero que lo más probable era que el cuerpo del chico hubiera rechazado esa medicación. Quizás no la necesitara después de todo..

Kagome lo miraba divertida. Tenía carácter ese chico. Y eso era algo que siempre le había gustado en los hombres…

- Bueno Inuyasha, mi nombre es Kagome y seré tu enfermera. ¿Puedes decirme que ha pasado?

- Si quieres cotilleos mejor enciende la tele, perra. – creyó que ella se molestaría o se iría corriendo pero no pasó ni una cosa ni la otra. Ella se echó a reír.

- Dicen que mientras haya buen humor no hay que preocuparse del resto… Tengo que irme pero si necesitas cualquier cosa…

- ¡¡Necesito mi ropa para largarme de aquí, perra!

- Me temo que eso no será posible…

En ese momento entró un hombre para llevarse al paciente a hacerse las radiografías.

- ¿Me lo puedo llevar ya?- Kagome asintió mientras le sonreía e Inuyasha se sintió furioso por aquel simple gesto.

- ¿Llevarme a donde? ¿Qué os habéis creído? Perra, dame mi ropa de una maldita vez…

La sonrisa de Kagome siguió fija en su rostro.

- Inuyasha, van a hacerte unas radiografías para ver que huesos te has roto. Después te traerán de vuelta y seguiremos charlando si te apetece ¿de acuerdo? Y mi nombre es Kagome.

- No me trates como un crío maldita estúpida.

- Un crío es mejor de tratar, te lo aseguro.- Dicho eso sonrió ampliamente, desarmando al hanyou ¿Qué le pasaba? ¿La estaba insultando y ella sonreía? Antes de que se lo llevaran recordó algo.

- ¡Perra! ¿Quién demonios me ha puesto esto en la po…?

- He sido yo ¿tienes algún problema con ello?- le atajó ella antes de que dijera vulgaridades – Y cuida tu lenguaje mientras estés aquí ya que hay más pacientes a los que puedes molestar.

-.-.-.-.-.-.-.-

La sesión de radiografías había sido accidentada ya que el hanyou se había divertido moviéndose en el último minuto, con lo que tuvieron que repetirle las placas varias veces. Por eso, estuvieron contentos de librarse de él cuando el celador se lo llevó de nuevo para Urgencias. Dos minutos después apareció en el Box la enfermera asustadiza. Inuyasha pensó que ya que lo iban a tener allí contra su voluntad, bien podría divertirse un rato.

- Inuyasha, tengo que sacarte algo de sangre para… hacerte unas pruebas.- Inuyasha sonrió internamente al comprobar que ella seguía nerviosa al estar a su lado. ¿Aún estaría afectada de verle desnudo? Si así era, ya sabía por donde atacar.

La muchacha hubiera podido pedirle a Kagome que lo hiciera ella pero eso no hubiera sido profesional. Después de todo, ese hanyou también era paciente suyo. Empezó a preparar el material necesario para la extracción: guantes, gasas, antiséptico, compresor… fue un acto casi mecánico ya que en Urgencias tenía que realizar extracciones varias veces por turno. Inuyasha la miraba divertido al comprobar que en ningún momento ella fue capaz de mirarle a la cara.

- ¿Cómo te llamas niña?

- Rin. Soy tu enfermera.

- Pensé que lo era la otra muchacha.- ¿Por qué había aparecido la sonrisa de aquella muchacha en su mente?

- Lo somos las dos. Al menos hasta que llegue el turno de la mañana. Entonces alguien nos suplirá- Rin empezaba a tranquilizarse. Mientras tuvieran una conversación agradable, podría pincharle sin ponerse nerviosa. Pero Inuyasha no estaba dispuesto a ponerle las cosas fáciles.

- ¿Por qué te pones nerviosa conmigo?

- No estoy nerviosa. – Se maldijo a sí misma por ponerse colorada de nuevo.

- Te ruborizas… Y antes lo hiciste también al verme desnudo ¿Acaso nunca has visto a un hombre de esa forma?

- Soy enfermera, claro que he visto cuerpos desnudos.

- ¿Entonces? ¿Es por mí? – Inuyasha se lo estaba pasando en grande - ¿Te gusto?

- No eres mi tipo.

- ¿A no? Quizás si te fijaras un poco mejor en mi cuerpo cambiarías de idea – Con una sonrisa traviesa y la mirada fija en el rostro de Rin empezó a estirar de la sábana hacia abajo, muy despacio, acariciándose la piel con la fina tela. Pero apenas había llegado a la ingle cuando Rin se dio media vuelta y se marcho.

Unos minutos después, cuando Kagome entró en el box, Inuyasha aún se estaba riendo a carcajadas.

- Veo que sigues de buen humor.

- ¿Dónde está Rin? Se ha marchado sin despedirse… -su voz era claramente irónica.

- Está atendiendo a otro paciente así que la extracción la haré yo.

- Creo que estaba un poco nerviosa… Yo solo estaba siendo amable.

- No lo dudo pero déjame decirte que pretender desnudarse no es considerado un acto de amabilidad en este hospital. – Kagome acercó una silla para poder pinchar en una postura cómoda. No estaba en nada de acuerdo con sus compañeras que preferían pinchar con la espalda curvada para darse más prisa. Ella prefería no forzar la postura, al menos si no se trataba de una urgencia extrema. Y ese hanyou había dejado de serlo en el mismo momento en que se transformó. Al menos es lo que decía su actitud. Que estuviera con ganas de molestar al personal y maldijera por querer irse de allí daba a entender que su vida no estaba corriendo peligro.

- Una de dos: o nunca ha visto a un hombre desnudo o le he gustado.

- No creo que sea ninguna de las dos cosas. – murmuró Kagome creyendo no ser oída. Pero no contó con el desarrollado oído del hanyou.

- Ya veo, eres una de esas enfermeras amargadas sin sentimientos ¿Verdad?

- Créelo si eso te hace más feliz – dijo Kagome sin inmutarse. Algunos pacientes la habían insultado antes y ella nunca les había dado importancia antes.

- ¿No te pones nerviosa cuando ves una po…? – la dura mirada de Kagome cortó la burrada que había estado a punto de soltar. – ¿No te tembló la mano cuando tuviste que tocármela?

- Lo he hecho otras veces. Estira el brazo. – Inuyasha obedeció y ella colocó un compresor para cortar la circulación de la extremidad. Después empezó a palpar las venas que se marcaban en la mano y la flexura del codo. A Inuyasha se le puso el vello de punta al sentir el cálido contacto. ¿No le tenía miedo? ¿No le rechazaba por ser un hanyou? Decidió probarla como había hecho antes con Rin.

- ¿Entonces no te importará que retire un poco la sábana verdad? Hace calor. – Estaba seguro de su victoria con ese gesto. Si había funcionado con Rin… Pero él no conocía a Kagome. Ella se limitó a estirar su brazo para destaparle de un solo tirón.

Inuyasha se encogió ante eso, cubriéndose de nuevo con las manos.

- ¿Qué demonios haces maldita perra?

- ¿No decías que tienes calor? – Volvió a taparle – Puedes decir lo que quieras pero te advierto que no conseguirás nada de mí con esas tretas. Tu cuerpo no me afecta.

El maldijo por lo bajo mientras ella sonreía victoriosa. ¿Qué se había creído esa mujer? Él solo quería burlarse, no quedarse desnudo frente a ella. La miró. No era gran cosa. Cabello largo y oscuro, ojos de color chocolate y una sonrisa preciosa. ¿Y que? Había conocido mujeres más hermosas que esta. Y más simpáticas y más…

- ¿Qué vas a hacer con esa aguja? – gritó al ver como ella tomaba una.

- Tengo que sacarte sangre ¿no te lo ha dicho Rin?

- A mi no me vas a clavar eso ni muerto.

- Inuyasha solo será un pinchazo de nada. Si te mueves tendré que pinchar más veces así que es mejor que te quedes quieto.

Inuyasha la fulminó con la mirada. ¿Es que esa mujer no tenía sentimientos? Mirar que pretender clavarle una aguja en el brazo… Ella simplemente lo miraba con paciencia. No podía obligarle a acceder.

- Está bien, pero solo un pinchazo.- Tenía que pensar algo rápido si no quería que le pinchara. Algo que la pusiera tan nerviosa como para no querer acercarle esa aguja- Si fallas tendrás que darme lo que quiera.

- Si, claro. Pero no te preocupes que no fallaré.

Lo que él no sabía era que Kagome era muy buena profesional y que eran pocas veces las que pinchaba mal ya que siempre se aseguraba bien de tener la vena controlada antes de clavar la aguja. Y, en el caso del hanyou, tenía unas venas visibles y gruesas que eran casi imposibles de fallar. Tensó un poco el brazo al sentir el pinchazo pero no dijo nada. Uno tras otro, Kagome extrajo los tubos de sangre que el médico había pedido. Después retiró la aguja y presionó en el punto de punción para evitar que sangrara y se formara un hematoma.

- Listo Inuyasha ¿ves como no ha sido tan difícil?

- Ya te dije antes que no me trataras como a un niño.

Ella rió divertida al ver el ceño fruncido del chico. Ese hombre era un creído y un prepotente pero no podía negar que le encantaba. Tenía algo especial que impedía que Kagome se enfadara con él. Como si fuera un niño pequeño al que deseaba proteger y mimar.

- Muy bien Inuyasha, de momento ya no tenemos que hacerte más pruebas.

- Vete al diablo, perra estúpida.

-.-.-.-.-.-.-.-

El turno de la noche había llegado a su fin. Kagome no había tenido la necesidad de entrar de nuevo en el box de Inuyasha pero le habían contado que había hecho de las suyas con la mujer de la limpieza y con un auxiliar que entró a ver como se encontraba.

- ¿Noche movida? – Hojo, el enfermero que entraba de turno de mañana estaba junto a ella, escuchando todo lo que Kagome tenía que contarle acerca de los pacientes que él tendría que llevar durante su jornada.

- Agotadora. – Sonrió. Habían tenido mucho trabajo pero no le importaba en absoluto. Le gustaba su trabajo. – Ahora tenemos pocos boxes ocupados ¿Llevas tu a los míos?

- Si. Los cuatro primeros boxes.

- Vale… En el uno hay una señora a la que le sentó mal la cena y ha estado toda la noche vomitando. Le hemos puesto primperan para que no vomite y de momento ha parado. Por lo demás está pendiente del resultado de la analítica.

- ¿Humana?

- Exacto. A un youkai no le sienta mal la comida… - Se cubrió la boca para ocultar un pequeño bostezo - En el dos nada. En el tres hay un hombre que se cayó por la escalera. Por lo visto llevaba unas copitas de más. Le han hecho placas y parece que no tiene nada roto así que lo más seguro es que se vaya de alta en un rato, cuando esté sobrio. Es un youkai así que supongo que lo que tuviera se le habrá ido todo. El cinco está vacío y el tres…- tomó aire para explicarle el caso de Inuyasha.

- ¿El tres es el exhibicionista? – Kagome se rió. Rin era una exagerada, había contado a todo el mundo que al chico le gustaba mostrar sus intimidades.

- Algo así. Es un hanyou, lo atropellaron y vino casi en parada respiratoria… Lo estabilizamos y después se transformo. No sabes el susto que me dio.

- ¿Cuándo vino era humano?

- Si, por eso estaba tan grave. Pero ahora está como hanyou… Le hemos hecho de todo: placas, analítica… ha estado un poco revoltoso pero yo creo que está nervioso o asustado.

Un grito les obligó a callarse

- ¡¡No estoy asustado mujer del demonio!- Hojo se quedó inmóvil y Kagome se encogió de hombros.

- Por lo visto tiene un oído súper desarrollado y una lengua sucia que alguien debería limpiar con lejía – añadió siendo consciente de que la podía escuchar perfectamente.

- Vaya panorama…

- No te creas, seguramente lo trasladarán a traumatología. – contestó bajando la voz. – bueno, me voy a casa a dormir que creo que me lo he ganado.

- Que descanses.

Kagome fue al vestuario a cambiarse. Pobre Hojo, parecía asustado de enfrentarse al hanyou… pero estaba segura de que lo haría bien. Hojo era un buen enfermero. Ya vestida, se despedía de todos sus compañeros, deseándoles un buen turno, cuando Hojo se acercó de nuevo a ella con el rostro ligeramente ruborizado.

- Quería desearte un feliz año nuevo Higurashi. – Se inclinó hacia delante y le dio un beso en la mejilla antes de marcharse corriendo alegando que tenía muchas cosas que hacer. Kagome lo miró extrañada. Desde que lo conocía se había portado así de extraño con ella… No le dio importancia y siguió caminando.

Pero no recordó que para salir tenía que pasar por delante del box de Inuyasha. El hanyou había escuchado perfectamente toda la conversación entre ella y el otro enfermero al que ya tenía claro que iba a hacer la vida imposible durante toda la mañana.

- Oye perra quiero decir… ¡Kagome!

Ella, al escuchar que la llamaba por su nombre no pudo evitar detenerse. Si solo le hubiera dicho perra hubiera pasado de largo pero llamándola Kagome…

- ¿Querías algo? – Inuyasha la miró. Puede que un rato antes hubiera pensado que no era gran cosa pero al verla vestida de calle cambió radicalmente de opinión. Llevaba una falda marrón y unas botas altas de ante. Un abrigo oscuro le impedía entrever la hermosa figura que ya había adivinado bajo el blanco uniforme que llevaba cuando la conoció. Pero lo que más le llamó la atención fue su cabello, azabache, largo hasta el final de la espalda, con unas suaves ondas que le daban un aspecto casi salvaje. Se encontró deseando hundir sus garras entre esas hebras de seda. Tragó saliva e intentó recordar porque la había llamado.

- ¿Quién ese Hojo?

- El enfermero del turno de mañana. Él cuidará de ti mientras estés aquí.

- ¡¡No necesito que nadie me cuide!

- Como quieras. Adiós Inuyasha, que te mejores.

Mierda, mierda y mil veces mierda. Se había largado dejándolo solo. ¿Y quien era ese Hojo que se atrevía a besarla? Porque lo había escuchado perfectamente… Pero bueno, ni que a él le importara con quien se besaba esa enfermera…

- ¿Kagome eres tu?

- ¿Sango?

Las orejas de Inuyasha se movieron ¿Sango? Parecía que finalmente la habían dejado pasar a verle… Pero, ¿Conocía a la perra de la enfermera?

- ¿Qué haces por aquí?

- Salgo de noche ¿Y tú? ¿Te encuentras mal?

- No, han traído aquí a un amigo, quizás sepas donde está. Se llama…

- ¡¡Sango! ¡Mueve tu trasero hasta aquí! – Inuyasha no quería que esa enfermera le contara a Sango su comportamiento durante toda la noche, sobretodo si ella venía con Miroku. No soportaría las burlas de ese pervertido diciéndole que no conocía sus vicios ocultos de exhibicionismo.

- Vaya… creo que ya lo he encontrado.

- ¿Inuyasha? En el box tres. Bueno me tengo que marchar, estoy agotada.

- Oye ¿Por qué no me das tu número? Así quedamos para recordar viejos tiempos…

- ¡Claro! Apunta: es el seiscientos cuarenta y siete…- Pero no era Sango la única persona que estaba tomando nota de ese número.

Continuara

Ya se que tanto pinchazo y sondas pueden dar apuro (yumiii) pero los siguientes capis no serán tan “técnicos”. Aviso: quiero que este fic sea el más caliente de los cuatro que tengo en marcha (Debo estar loca), no se si lo conseguiré pero ya sabéis, a darme ánimos y hacerme buena publicidad.

Besos, catumy


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