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Nota de la autora (LadyBush): Gracias a todos los reviews por brindarme todo su apoyo y por respetar mi decisión de dejar de escribir el fic. Como consecuencia este capítulo no está escrito por mí, sino por la adorable Amanita Jackson. ¡Espero que lo disfrutéis y os paséis a leer sus otras historias!
Nota de la traductora (Kymie): Holas! Aquí os traigo una alegría. Como podéis ver, LadyBush ha actualizado otra vez. Como ya decía en el capítulo anterior, deja de escribir ella misma los capítulos :( pero mientras haya gente que quiera, los capítulos continuarán escritos por otras personas. Si alguien desea escribir un capítulo, podéis poneros en contacto con ella, supongo, pero por favor, estad seguros de que sois capaces de escribir un capítulo entero en inglés y sin errores (traducir de español a inglés me cuesta un huevinchi, por eso no lo hago) Espero que os guste¡y se aceptan apuestas sobre de qué ira la ‘N’!
M de Magia
M is for Magic
La magia en las relaciones se produce cuando nadie te juzga.
-Wayne Dyer
Si todo parece ir bien... ¡obviamente no sabes que lo peor viene a continuación!
-Anónimo
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Remus era en definitiva el cerebro de los Merodeadores en lo que a estudios se refiere. Remus escribía los apuntes que James estudiaba febrilmente en el desayuno. El trabajo de Sirius sobre la séptima guerra entre trols y goblins que garabateaba precipitadamente a la hora de la comida era una copia de otra ordenada redacción llena de correcciones y notas de Remus en los márgenes. Remus compuso la pequeña cancioncilla que Peter murmuraba para ayudarse a recordar cómo tratar una planta especialmente feroz.
Los otros destacaban cada uno en lo suyo, pero últimamente llegaban a menudo con las consecuencias de alguna de sus maquinaciones, y Remus tenía que meterse en el lío también. Como cuando llegaron con la infame idea de ser animagos.
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Corrían hacia Remus en la biblioteca, ruborizados por la carrera y emocionados. Peter no podía parar de soltar risitas, pero no fue eso lo que captó su atención. Fue el idéntico resplandor en los ojos de Sirius y James, que gritó ‘¡Tenemos un plan, y es aún más genial que el último plan genial que tuvimos!’
Los ojos de Sirius se veían realmente cautivadores con esa chispa en ellos. Eran grises. Ese tipo de gris que tiene el cielo de verano cuando es húmedo y caluroso y lluvioso y fantástico.
Joder, que alguien diga algo, lo que sea.
-Remus¡holaa! Deja de babear mirando a Sirius y escucha¡es totalmente genial! –gritó James
-No estaba babeando. Simplemente admiraba la consideración que tiene la bibliotecaria al no decapitaros por haber armado ese desastre.
James miró por encima de su hombro al resto de la biblioteca. Sirius y Peter hicieron lo mismo. Las sillas y mesas que habían empujado fuera de su camino en sus prisas yacían derrotadas en el suelo. Advirtieron el grupo de primero agazapado que acababan de sobrevolar, y un furioso Snivellus medio sepultado por la pila de libros que llevaba cuando fue arrollado por ellos tres. La pobre bibliotecaria parecía en shock.
Sirius se volvió el primero, con una sonrisa fugaz hacia Remus.
-Excelente –declaró.
-No importa, podemos preocuparnos de todo eso más tarde –dijo James, agitando la mano con impaciencia-. ¡Estábamos hablando y concebimos el mejor plan del universo!
Remus intentó no poner los ojos en blanco, en serio que lo intentó. Los otros se inclinaron para que nadie más escuchara.
-Nosotros –susurró Sirius-. vamos a poder acompañarte en tus…erm…tus…-vaciló.
-Tus ‘días del mes’ –completó James.
-¡Sí, eso! –aprobó Sirius triunfante.
-Ehm¿cómo demonios vais a hacer eso? Preferiría no acabar con el brazo o la pierna de uno de mis compañeros entre los dientes. Por si no os habéis dado cuenta, sois bastante humanos. –indicó Remus.
-¡Eso es lo genial del plan! –gritó Sirius, alzando su brazo en el aire. Volvió a inclinarse en el corrillo, recordando dónde estaban-. ¡Vamos a convertirnos en animagos!
-Hemos estado informándonos, en libros y eso –añadió Peter entusiasmado-. Creemos que podemos hacerlo.
Todo lo que Remus pudo hacer fue sentarse y mirarles, pasmado. ¿Animagos…¿Serán capaces de aplicarse y estudiar por mí
-La cosa es que necesitaremos, eehh, algún tipo de ayuda con las partes complicadas. –adimitió James.
-Que son la mayoría –apuntó Sirius.
Ya me parecía.
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Unos años después, ahí estaban, preparados para intentarlo en la primera luna llena. Remus podía verles por la ventana. Deberían encontrar un sitio mejor para esconderse. Tendré que intentar recordarlo.
Madame Pomfrey se iba, las formas humanas se iban, y un ciervo y un perro caminaban en fila por el césped. Espero que recuerden el nudo, porque…
Sin embargo, el Sauce paró, y luego comenzó a moverse de nuevo.
Aliviado, se paseó por la estancia hasta que escuchó pasos en las escaleras. Giró en redondo para encontrar una pequeña rata, un ciervo y un perro. Sonrió y se dejó caer al suelo, sentado. Remus les hizo señas para que se acercaran y los tres animagos obedecieron. Miró por la ventana, examinando el cielo. Tenía diez minutos por lo menos.
Remus experimentó la más placentera espera que pudo recordar, con Prongs paseándose, disfrutando su forma animal, Wormtail explorando debajo de la cama, sacándole partido a su nuevo tamaño…
Padfoot…
Padfoot estaba entre las piernas de Remus, aporreando el suelo con la cola como loco porque ahora era como la mascota del rubio, y estaba preocupado por él.
De pronto, Remus escuchó cómo el Sauce se detenía. Sus ojos se ensancharon. En algunas transformaciones, Madame Pomfrey volvía porque había olvidado una manta o algo así. En noches como esta, se aseguraba bastante de que Remus no se había transformado aún cuando regresaba.
Padfoot empujó su nariz contra la de Remus, gimiendo con delicadeza.
Él se puso en pie, casi tirándolo al suelo.
-¡Dios, Dios, Dios¡Está volviendo! –Wormtail chilló y corrió a refugiarse bajo la cama de nuevo. Prongs y Padfoot le miraron con pánico mudo.
-‘Un plan genial’ –murmuró Remus. Rodeó el cuello de Prongs, le condujo hacia la cama y corrió los doseles-. Mantén la cabeza agachada –le susurró, comprobando que los cuernos del ciervo no se veían.
Había pasos subiendo las escaleras. Remus soltó un grito ahogado y buscó algún lugar para esconder al perro. ¡El armario!
Misión cumplida. Se sentó en el suelo y apoyó la espalda contra la pared, tratando de parecer despreocupado.
-Hola querido. He olvidado tu agua¡qué será lo próximo! –se rió para sí-. Olvidaría mi propia cabeza si no la tuviera pegada a los hombros. Te alcanzaré algunas mantas del armario¿vale?
-¡NO! –gritó Remus de repente-. Esto… quiero decir, er, no te preocupes, puedo sacarlas yo mismo más tarde.
-Pero estarás muy cansado, amor. Sólo será un momento, el sacarlas ahora y me iré. –Su mano estaba en el pomo.
-¡ESPERE! –dijo Remus... pero ella la acababa de abrir. Madame Pomfrey tomó algunas mantas y cerró la puerta de nuevo. Ella… Sirius, quiero decir, Padfoot… ¿qué leches…?
-Las pondré en la cama, entonces.
-¡Madame Pomfrey, creo que me voy a transformar ya! –Remus tenía la voz ahogada. Ella se alarmó.
-¡Oh..! Te dejo aquí; ¡te veré mañana, cariño! –Remus la oyó correr escaleras abajo y cruzar la planta baja.
Tan pronto como el Sauce se movió otra vez, Remus se levantó de un salto y se dirigió hacia el armario.
Padfoot miraba hacia él triunfal, camuflado desde la cesta de la ropa sucia. Pero su éxito pareció evaporarse cuando el enorme perro negro se dio cuenta de que se había atascado en ella.