Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Dragon Ball Z » Intercambio de cuerpos

SuperBrave
Author of 38 Stories

Rated: T - Spanish - Humor/Romance - Bulma & Vegeta - Reviews: 127 - Updated: 06-30-08 - Published: 01-08-06 - id:2742823

A Vegeta le faltaba el aire a estas alturas pero, calmándose, pensó que seguiría el combate de un modo más constructivo, así que con una sonrisa maliciosa… - ¿Te gusta tu pelo humana? –

Bulma arqueó una ceja. Nappa miraba en todas direcciones tratando de entender algo. Raditz tragó saliva sabiendo que esa sonrisa no traería nada bueno. Yamcha llevaba media hora con el brazo levantado para pedir la palabra a ver si preguntando se enteraba de algo de lo que estaba pasando…

Con un movimiento rápido, Vegeta tomó unas tijeras y asiendo su pelo en una coleta amenazó con cortarlo.

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO – gritó Bulma al borde del histerismo sintiéndose Samsona que va a ser privada de su belleza.

Vegeta rió histérico afirmando con fuerza las tijeras. El tiempo se movió lento. Nappa no sabía si detenerla, incinerarla o ¿abrazarla? Pero a ver… ¿su príncipe quien era?

Raditz volvió a tragar saliva. Yamcha miró a Raditz. El saiyajin miró a “Bulma” con las tijeras. Luego volvieron a cruzarse las miradas feroces, de enemigos. Por un lado Raditz y por el otro Yamcha. Un brillo extraño se observó en sus mejillas. Y cuando el sonido de las tijeras comenzaba a mezclarse con las últimas OOO de “Vegeta”…

Capítulo 6: El trato

Yancha acabó trasquilado en la coronilla, Raditz fue golpeado “sin querer” en sus sendas partes nobles (entiéndase: útiles de reproducción), “Vegeta” (Bulma) quedó de pronto perpleja sin saber qué decir o hacer. No en vano su novio estaba delante, con la cabellera rebanada como si se hubiera enfrentado contra un apache en pleno oeste americano, y su otro amor (Raditz) había sido castrado presumiblemente (gracias a Kami, solo en apariencia). Pero sí, en medio de la sala había algo, algo horrible: un mechón azulado de pelo, un hermoso manojito de cabellos cuidados durante años con mimo, criados cual bebé, y cortados, segados de raíz de una cabellera hermosa. El sacrificio de Yamcha no fue suficiente. Ahora… solo podía hacer una cosa: llorar la pérdida con desasosiego.

Y ahí tenéis al aguerrido y fuerte guerrero llorando cual Bambi. Nappa se compadeció y puso una mano en su hombro: - Ya crecerá, ya…

Raditz, que pensaba que era a él el comentario lloriqueó alarmado mientras gritaba: -No puede ser, ¿dónde está? ¿Dónde?

Y Bulma contestaba a Raditz conmovida por el inusitado interés que mostraba por su hermoso pelo: - ahí en medio de la habitación, ahí está.

Pobre Raditz, ya no había duda, no había sido un golpe tan solo, había habido golpe, corte, ¡y le habían transformado en eunuco! (o, al menos, eso pensaba él con tanto estrés, angelito). Y dale a llorar y a buscar su “cosita” por todas partes sin encontrarla donde le señalaban. En el centro de la habitación no había ningún falo, no señor. ¿Quién se lo había escondido? Su muñequito del amor…

Bulma, en el cuerpo saiyajin, no sabía si adorar al pobre Raditz por el mal rato que tenía con el incidente.

- Ya, ya, tranquilo, si ya crecerá de nuevo.

- Que no, que eso no crece de nuevo, que solo las colas se regeneran… - ese último comentario no fue muy comprendido por Bulma, la verdad…

- A los humanos si nos crece de nuevo… - le explicó pensando que ambos hablaban del pelo, claro.

Vegeta, mientras, reía como un maniaco al ver al insecto con tal facha. Y Yamcha, alias “el insecto”, tenía el labio inferior a punto de pucheritos y miraba con ojitos de cordero degollado a su amada novia. Sabía que Bulma tenía malas pulgas, pero aquello había sido más que un acto vandálico, una prueba de psicopatía.

Mientras, Raditz seguía en busca de su “cosita” perdida... - A los saiyajins no nos crece de nuevo – gritaba todo rojo - ¿dónde está? ¿Dadme mi pajaritooooooooo? – aulló.

Y como no, la señora Briefs, que volvía con pastelitos, ofreció uno al damnificado al son de una de sus consideradas frases: - ¿Un pajarito? ¿Dónde? Oh, a mi me encantan los pajaritos. ¿Puedo verlo? ¿Puedo darle comidita? ¿Puedo? – solicitaba como una niña pequeña dando saltitos de alegría.

Raditz estaba ya morado. Aquellos humanos eran terribles. Había conocido miles de atrocidades en su vida pero lo de aquella señora no tenía nombre.

Por fin Nappa tomó las riendas de aquella disparatada situación y, asiendo el manojo de cabellos de la locura, se lo dio a Raditz carraspeando y murmurando entre dientes: - soldado, compórtate, toma y deja de lloriquear o pensaré que otra humana te ha poseído a ti también.

- A nadie le importa mi “cosita” – se quejó por último para recibir un capón de Bulma (Vegeta).

- Serás idiota, ¡debería castrarte de verdad para que aprendas a ser un saiyajin! – gritó el príncipe con una voz que sonó tan aguda que hasta le dolieron sus propios oídos.

Finalmente, las lágrimas se tornaron de felicidad en el rostro de Raditz, quien, palpando su cachito de hombría, descubrió que estaba enterito, aunque algo chamuscado, eso sí. Nappa estalló a reír como loco a lo que un codazo voló en su costillar propinado por una dama un tanto varonil apiadada del pelilargo.

Y Yamcha aún seguía con las manos en la entrepierna porque eso de “debería castrarte” sonó terrible y Bulma, visto lo visto, era capaz de hacer eso y mucho más. De manicomio… loca de manicomio…

Finalmente, Bulma decidió aclarar el asuntito de una vez. Y tras las pertinentes explicaciones del cómo, cuándo, cómo y dónde, decidieron ir a ver a la bruja que había vendido semejante poción para que les diera un antídoto. Pero, claro, no iba a permitir el príncipe que fuera ultrajado su cuerpo en manos de un tercera clase… Así que optaron por ir todos en una aeronave de la Cápsule Corporation.

Eso sí, habidas cuentas de lo que la bruja le había dicho a Bulma consultando la bola mágica… rememoremos…

--

- Dime si el novio de esta jovencita de 22 años será el hombre de su vida. -

Waw Waw Waw Waw (La bola emitió un sonido parecido al que sale en los concursos de televisión cuando se falla la respuesta a una pregunta.)

- ¿Y bien?. -

La bruja tragó saliba. - Bola mágica, bola mágica, dime si su novio es con quien se va a casar. - Preguntó de nuevo.

Waw Waw Waw Waw

Bulma estaba a punto de morderse los dedos en lugar de las uñas.

- Bola mágica, bola mágica, dime si al menos van a tener hijos. -

Waw Waw Waw Waw

- ¿Pero estarán juntos toda sus vidas?. -

Waw Waw Waw Waw

- Al menos se... -

- BRUJAAAA. - Bulma la tenía cogida del traje. - Dime ahora mismo si mi novio será el hombre de mi vida. -

- No. - Contestó símplemente.

--

Ojos no, rayos incendiarios eran los de Bulma, que en el cuerpo de Vegeta era para hacerse popó encima. Y, de hecho, hasta Vegeta mismo estaba mirando de reojo su cuerpo por si acaso… Aunque esa actitud le resultaba más aceptable que las anteriores, por supuesto.

- Solo tú me entiendes Raditz – murmuró Bulma abrazando al saiyajin que no quería moverse porque aquella “chica” estaba un pelín estresada y desequilibrada

- Deja de hacer ridiculeces estúpida, suelta a ese mala clase o cuando recupere mi cuerpo te mataré lentamente… - y esto no era una amenaza de boquilla para fuera.

Diez minutos de amenazas sucesivas, encarames impertinentes, réplicas audibles para sordos, y glup, glups colectivos… en la puerta del consultorio brujil, había un letrero que rezaba así: “No toy”.

A lo que, rememorando… rememorando… Bulma se acordó de cómo se rompía el “maleficio”. Y esto era: besando al amor de su vida. Por alguna razón todos miraron a Raditz, Bulma aplaudió feliz y Vegeta, con una gota de sudor en la frente solo alcanzó a casi suplicar – que sea rápido – mientras repasaba un manual que había leído en su tierna infancia: “Mil ideas creativas para torturar a tus enemigos”.

Pero cuando los labios de Bulma (entiéndase en el cuerpo del Príncipe Saiyán) se unieron a los de Raditz, nada sucedió. Luego vino Yamcha, y hasta Nappa, a lo que se convirtió en una suerte de concurso del horror.

- ¡Nadie puede ser la pareja ideal de esta mujer! – exclamó Vegeta ya loco de ira.

- No, no – se defendió Bulma. - Estoy segura de que mi hombre ideal debe estar en la nave en la que desperté. Claro, ¡es eso! Tenemos que volver.

Por alguna razón todos asumieron que era Bulma y no Vegeta quien debía encontrar a su pareja ideal. Era inverosímil para el Príncipe imaginarse emparejado con nadie, amar a alguien que no fuera el mismo. Al mismo tiempo era imposible que él pudiera ser la pareja ideal de nadie, así que ni siquiera hicieron la prueba del beso. Solo había un problema. Si, como decía Bulma, debían volver a la nave de Freezer, ¿con cuántos de aquellos miserables debería besarse aquella humana usando su cuerpo perfecto hasta dar con su media naranjita?

Solo se puso una condición: Vegeta dejaría su manía con las tijeritas y Bulma haría las “pruebas” de forma discreta, imperceptible. No en vano, el Príncipe debía luego quedarse en esa nave y sobrevivir en el ambiente enrarecido del ejército de Freezer… Pero… ¿Cómo se las ingeniaría para ser admitido en el cuerpo de aquella humana, dentro del ejército? Duraría menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Y solo imaginarse las ideas sucias que pasarían por un sin fin de soldados a costa de su look actual palidecía. Pero era la única forma de recuperar su cuerpo, así que… había que intentarlo.

La última condición fue aceptada de buen grado por todos: el insecto se quedaba en la Tierra. Y sí, allí quedó triste, solo, con la cabellera rapada desigualmente, despidiendo a su ¿amada? Y rezando por que volviera a la normalidad y a sus brazos.

- Oh, querido, no sabía que te gustase la moda punk – sonrió forzadamente la señora Briefs en un alarde de buen talante que apenas ocultaba el horror que le causaba el nuevo “peinado” de Yamcha.

--

Próximo capítulo en la nave de Freezer: Bésame mucho.



Return to Top