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No sabes como te deseo
No sabes como te he soñado
Si tú supieras que me muero
por tu amor y por tus labios.
Si tú supieras que soy sincero, que yo soy derecho y no te fallo.
Si tú supieras lo que te quiero
Podría darte todo hasta mis ojos.
Pero tú ya tienes otro,
un tipo frío y aburrido.
(1)
( o + o + o + o )
Té Para Tres.
Episodio 02 (Parte A) – Sólo Tengo Ojos Para Ti.
( o + o + o + o )
Encontré unas manos que sinceramente
en sencillo gesto las mías estrechó;
al grato contacto, repentinamente
mi espíritu muerto otra vez nació.
Encontré unos ojos de color intenso
que en el mismo instante callaron mi queja
porque suavemente un yo te comprendo
reflejó en silencio su mirar de seda.
Encontré unos labios, y no supe nunca
si allá en su sonrisa la dicha brillaba,
O si alguna pena se guardaba oculta
bajo el rostro-enigma que era todo y nada.
Encontré un tesoro que pudo ser mío
pero mi conciencia de mí lo apartó
Y aquello que pudo quizás haber sido
Nació como un sueño y en sueño murió.
Encontré un perfume de extraña fragancia,
encontré una estrella de radiante brillo
Encontré una joya mil veces preciada
y es porque al hallarte, encontré un amigo.
(2)
( o + o + o + o )
"No, ya dijimos." Yoda declaró, el suave vapor de su té bañando su rostro, recalcando ciertas marcas de vejez bien ganada.
La única seña de la ira mal escondida de Qui-Gon fue la pulsación de la vena dibujada en su cuello.
"Y qué hay de Obi-Wan? El recuerda todo, cada detalle. Qué piensa el Consejo hacer con eso?"
"Este acontecimiento ha sucedido por una razón. Si la Fuerza ha deseado regalarle esta vista del futuro a Padawan Kenobi es porque sabe que el joven podrá con la carga y que sólo él corregirá los errores necesarios para cambiar el rumbo de nuestro destino."
Qui-Gon levantó su ceja adversaria-mente. "Pensé que no creías en tales cosas como el 'destino', Mace."
Por rara ocasión, Mace Windu bajo la mirada y se rehusó a responder. Adi Gallia aclaró su garganta desde su asiento frente a Yoda, con su posición más o menos mediando el duelo entre el Maestro Jinn y el Maestro Windu. "No hay nada que hacer, ni el Consejo ni tú Qui-Gon. Esto está fuera de nuestras manos. Lamento que Obi-Wan cargué con esta enorme.. responsabilidad. Pero... ya luce mejor, no es así? Ya se ha calmado lo suficiente para aceptar los hechos y con la ayuda del Caballero Skywalker—"
El fuerte gruñido de Jinn causo fuertes escalofríos en la Consejera.
"Ya tuve suficiente de Skywalker por una vida entera! Todo hubiéramos—Mi Padawan! Estaría mejor sin que se hubiera aparecido por aquí! Es el -hijo- de un Sith, como puede ser que confíen TANTO en él?” Cómo puede ser que confíen MEJOR en él para el cuidado de Obi-Wan que su propio Maestro? La silenciosa pregunta fue dirigida directamente al troll, quien estaba preparado para tales acusaciones.
"Ser tus celos los que hablan ahora, viejo Padawan, o en verdad tu sano juicio?"
Silencio. Qui-Gon lució como si lo hubieran callado con una insolente cachetada, y Mace tuvo que cubrir su boca para ocultar su sonrisa. La venganza si que era dulce! No que los Jedis creyeran en venganza...
"Culpar a este chico por los pecados de su padre, lo harás?"
Más silencio. Las manos de Qui-Gon estaban encerradas en puños de acero.
Yoda interpretó cuyo silencio a su preferencia. "Entonces, esta discusión terminada ser. Ni una palabra más sobre el futuro se te será revelada ni a ningún otro individuo a menos que Skywalker o Kenobi decidan lo contrario. Prohibido, presionar a ambos a hablar por el Consejo ser. De la discusión, el fin ser este momento. Cansado, yo estar."
( o + o + o + o )
El agua caliente acarició los músculos de su espalda con la fuerza que Obi-Wan tanto buscaba para deshacerse de esos nudos de tensión. Mientras dejaba su rostro ser bañado también, sus manos buscaron por la botella de aceite de lavanda que guardaba para ocasiones especiales. Apagó la regadera y en su lugar encendió la llave para llenar la tina completamente. Mientras esperó, abrió la botella y derramó las gotas que creyó necesarias para el largo baño que quería gozar.
Cerró sus ojos, dejando la humedad y calidez mezcladas llevarse su conciencia a otro plano.
-
"Yo entrenaré al chico." Voz tan conocida y a la vez tan extraña para sus oídos. Este hombre no podía ser su Maestro!
"Anakin será entrenado."
Anakin esto, Anakin lo otro. Era lo único en lo que pensaba Qui-Gon! Hasta su ultimo aliento, ese mocoso fue su mayor prioridad.
-
Obi-Wan se dejo caer con cuidado a las profundidades de la tina, tras cerrar la llave bruscamente. Meditar bajo el agua no era muy usado, por ser necesario mucha convicción y una casi indestructible paciencia. Y ya había dejado de ser un reto para Obi-Wan Kenobi desde hace un par de años, para el orgullo de su Maestro.
Su Maestro.
Qui-Gon.
Otra memoria se repitió en su mente, la peor de todas.
-
"Prométeme que lo entrenarás, Obi-Wan."
"S-Si, Maestro." Pero, no mueras!- Fue agregado mentalmente, pero si hubo una respuesta se perdió entre el abismo que había crecido entre el mundo de los vivos y los muertos.
-
Aún sumergido, una agridulce sonrisa se formó en sus labios. Si tan siquiera Qui-Gon hubiera imaginado el desastre al que le había dado cuerda. A que demonio había despertado en el universo. Bueno.. no todo había sido tan malo, al final todo se había solucionado con los esfuerzos de Luke. Pero... el precio vaya que había sido alto.
-
"Así que, tal como tú te encariñaste con Anakin, yo siento ahora lo mismo por Luke. Hablando de malditas ironías... Debe ser algo genético."
-
La memoria extraída de la fantasmal mente de Ben Kenobi brotó, una de las platicas finales entre el viejo y el espectro de Qui-Gon realizada entre dunas de arenas y soles crueles. Entre palabras de rabia, declaraciones de un amor perdido y finalmente, promesas de una vida eterna juntos, siendo los principales elementos. Obi-Wan no podía evitar sentirse un poco orgulloso de que tan fuerte su futura persona había sido. Que tanta resistencia había tenido en su poder. Obi-Wan no creía poder sobrevivir tanto dolor... y perdida...
—No, no pienses en eso! Concéntrate en otro aspecto de su vida! Que tal de su vida solo, cuando no era Maestro para un Jedi rebelde, cuando no era un impecable integrante del Consejo o el indestructible General Kenobi en un guerra sin sentido. Que fue de su vida personal? Hubo otros amores aparte del inmortal dedicado a Qui-Gon?
Sí, hubo otro que fue inolvidable y que causaba una dulce fiebre recorrer su completo ser. Un recuerdo—No, un secreto que Ben Kenobi se había llevado a la tumba con completa satisfacción. Una venganza que siempre le había provocado una carcajada en sus noches solitarias de Tatooine.
Obi-Wan salió a la superficie con su ceño fruncido. Así que su futura persona no había sido un completo inocente. Bien por él.
Bien merecido lo tenía Anakin Skywalker.
Obi-Wan se recostó lo más cómodo posible en la tina, recorriendo uno de los más bien guardados recuerdos en la vida de su futura persona.
Había sucedido después de tres años de la muerte de su maestro. Había sido inesperado, pero cuando la invitación de Padmé Amidala había llegado a sus manos, el Jedi se había sentido obligado a atender al Planeta Naboo una vez más. Anakin no lo había acompañado, obviamente. Tenía muchos cursos que lo mantenían ocupado y que le hacía imposible asistir como su Padawan.
Obi-Wan respiró hondo, su cuerpo comenzando a vibrar con anticipación entre las suaves olas del agua tibia. Esa noche había sido tan dulce, oh si, como una mordida a una de la más deliciosas de las fresas. Padmé había sido inexperta pero, audaz. Insaciable casi. Una rápida aprendiz de electrizantes caricias...
Padmé Amidala había llegado a la edad que en su sociedad marcaba la hora de completar su desarrollo con la comunidad. En otras palabras, había sido hora de abandonar su virginidad en una ceremonia al estilo de la realeza y Obi-Wan Kenobi había sido elegido para el trabajo, si es que Kenobi lo deseaba.
El Jedi se había ahogado con su bebida al escuchar la tímida explicación de Padmé, ambos a solas en uno de los más hermosos balcones del Palacio.
“¿Por—Por qué yo? No puedo evitar sentir la curiosidad, su majestad.”
Una sonrisa había levantado el rostro de Padmé en alegres espíritus y la respuesta había sido declarada como si fuera lo más natural de la galaxia. “Porque confío en ti, Obi-Wan.”
El Caballero Jedi había tomado el resto de la tarde para meditar en la propuesta, lo más detenidamente posible. Para su sorpresa no sólo había encontrado ninguna razón para no hacerlo sino que también se había sentido ansiado de hacer la tarea. Padmé había sido una mujer muy brillante, en todos los sentidos. También había admitido en las profundidades de su mente, que desde un inicio se habían creado unas cuantas chispas entre ellos y si las circunstancias hubieran sido diferentes (si Obi-Wan no hubiera estado tan embobado con otra persona y Padmé tan emergida con su puesto de Reina, y tal vez si ningún Sith hubiera aparecido en el asunto..) ambos hubieran consumido su atracción en una de tantas noches, disfrutando una oportunidad casi única. Claro, más allá de sexo su relación nunca hubiera avanzado, lo cual desde el inicio hubiera marcado la relación a la perdición.
Pero, el ‘hubiera’ no existía y la Fuerza aparentemente había deseado entregarle esa ‘noche’ en bandeja de plata, después (y pesar) de todo. Con su decisión tomada, Kenobi había proseguido a avisarle al Consejo y tras ellos encontrarse de acuerdo con el plan -no deseando faltarle respeto a las tradiciones de Naboo- Padmé había sido la siguiente informada.
Preparaciones habían sido echas casi de inmediato. Fechas habían sido apuntadas firmemente y tras una semana de platicas de orientación del ritual sexual a la pareja, esa ‘noche’ había dejado de ser una fantasía especulada para encarnarse ferozmente.
Habían existido ojos escondidos entre las penumbras de la habitación donde el acto debía ser realizado, para atestiguar analíticamente la unión de la pareja, para asegurarse que la Reina pudiera darle la bienvenida a esta nueva etapa de su vida con éxito.
El momento que más se había grabado en la mente de Obi-Wan Kenobi había sido el punto de partida, cuando la bata de seda se había deslizado lentamente de uno de los cuerpos más hermosos que el Jedi jamás había visto. Padmé le había robado el aliento. En ese momento, Obi-Wan había sabido que había hecho la decisión correcta. La Fuerza había pulsado por su propia anatomía, gritando, gruñendo por poseer toda esa piel traslucida a la luz de las velas. Sus instintos los habían guiado hasta el final, entre caricias, mordiscos, gemidos...
Los ojos de Padmé habían brillado con éxtasis, nunca dejando ir su propia mirada, murmurando que tan bello era, que tan afortunada había sido... Que nunca iba a olvidar esta noche.
Un sonido que podía clasificarse como gemido escapó de la garganta del Padawan, su palma situándose instintivamente en su órgano, como ya tantas noches solitarias le habían enseñado. Padmé había sido tan cálida, como una hoguera—cada embestida hundiéndolo a ese abismo, ah si, casi lo podía sentir de nuevo. Tan apretado, tan húmedo, tan dulce—
“Oh—Ah, si...”
Los labios de Ben habían conducido su camino con paciencia, desde el valle de su pecho hasta la suavidad de sus labios, tan carnosos y hechos para besar sin detenerse. Se había tragado los gemidos de Padmé, sus susurros llorosos con placer—
“No lo olvidaré... nunca..” Había ella prometido sin coherencia alguna, su voz ronca de tanto soltar en libertad las verdades guardada en su alma. Obi-Wan había tratado de asegurarle que él tampoco olvidaría su abrazo, su belleza al principio del nirvana. Había prometido y había embestido cada vez más rápido justo como sus caderas lo hacían ahora, derramando agua por todo el suelo del baño.
Obi-Wan abrió sus ojos para volverlos a cerrar un segundo después, concentrándose en ese momento, en ese recuerdo, en ese pecado bien disfrutado entre dos personas que lograron engañar a la persona que siempre creyó saber todo de ellos.
Obi-Wan gruñó urgentemente, en su mente escuchando lo mismo de la delicada garganta de Padmé. Casi podía oler el aroma a rosas de esa piel tersa que tanto se había concentrado en las profundidades de sus pechos.
Casi... llegaba.
Una embestida.. más.
Entonces, sumergido en esa noche de pasión, Obi-Wan abrió sus ojos para encontrarse con un panorama completamente diferente.
Ojos almendra se habían trasformado en unos verde-azules, sus rizos chocolate descolorándose a lacios mechones dorados. Manos firmes y tan fuertes empujaban su espalda, su cuerpo, su cuello, queriendo eliminar cualquier distancia existente entre los dos y Obi-Wan no pudo negarse. Pecho plano contra otro—Labios mordidos contra otros, tan parecidos a los de Padmé pero, a la vez tan diferentes!—
“Nunca—Nunca te olvidaré—” Fue dicho con una voz que había estado cazando su existencia recientemente. Obi-Wan sintió el clímax abrirse paso por su ser en una embestida final, dejándose envolver en el abrazo que Luke guardaba especialmente para él.
Luke.
Luke?
Luke!
Obi-Wan se hundió de nuevo a la tina, su erección perdida entre la sorpresa y vergüenza que estaba reemplazando su corazón, su mente y demás en esos momentos de revelación.
Luke. Oh, por qué de TODAS las personas en la galaxia, tenía que fantasear en ÉL? Eso estaba prohibido! Era su Padawan—Ah no, ya no lo era, ya era un Caballero—Pero, aún así!... Se sentía mal pensar así del muchacho después de saber cada detalle de la relación que había existido entre Ben y Luke. Habían sido casi padre e hijo.
Casi...
“Y tú no eres Ben.”
Obi-Wan no se dio cuenta que el susurro había salido de sus labios hasta que se encontró camino a su habitación, su cuerpo enrollado con solamente una toalla alrededor de su cintura.
Luke estaba de pie en medio de la sala -ojos cerrados-, cuyo lugar por el cual Obi-Wan tenía que atravesar para llegar a su habitación. Y al ver esos músculos flexionarse con los suaves movimientos del kata, el susurro se volvió un demente mantra en su cabeza. “No eres Ben. No, no, no. No puedes ser Ben.” O al menos, no podía ver con ojos paternales aquellos brazos apuntar al cielo como un dios ancestral. No podía catalogar ese soplido de calor recorriendo su cuerpo como orgullo de un maestro a un aprendiz... No, porque era todo lo contrario.
Entonces, los ojos de Luke se abrieron y Obi-Wan volvió al mundo de los vivos, por así decirlo.
Luke sonrió.
Obi-Wan volvió a entrar en coma.
“Te ves mejor, me alegro.” Pero, el ejercicio no se detuvo, Luke prosiguió con sus estirones y tras un par de giros de sus piernas, Obi-Wan se encontró cara a cara con el Jedi. En ese instante, Obi-Wan se sintió como el ser mas ridículo del mundo, parado como zombi, vestido con nada pero una toalla y claramente babeando por el otro chico como si fuera un perro en celo.
-Control, Kenobi! Ya no puedes usar la adolescencia como pretexto.
“Obi-Wan, entonces... recuerdas.. todo?” Luke parecía ignorar sus preocupaciones, para su alivio y logró asentir en respuesta.
“Cada detalle.” Y adivina qué? Me acosté con tu mamá. No es este un muy pequeño universo? “Pero, son sólo eso... Recuerdos. No sufro de dobles personalidades o algo por el estilo, o al menos eso me dijeron en la clínica.”
Luke paso su mano por su frente, un movimiento luciendo más una sub-consciente costumbre que una manera de limpiarse el sudor. “Y cómo te sientes? Digo.. debes estar algo confundido. Sabes diferenciar cuales son tus recuerdos y los de Ben?”
Obi-Wan apretó discretamente su toalla. “Aún trabajo en ello, y hasta ahora voy bien en el proceso. Es fácil, sólo clasifico cualquier acontecimiento después de encontrar a tu pa—Anakin— como los recuerdos de Ben. Y el lapso de ahora hasta el día que se nos asigne la misión con la Reina de Naboo la llamo 'Categoría Alterna', porque, después de todo, el rumbo de estos días ya no serán lo mismo con tu visita." Había sonado lógico en su cabeza horas antes, pero ahora no estaba muy seguro de sus propias explicaciones. Y esa jaqueca que sentía venir no estaba ayudando.
Pero, Luke parecía seguirle el juego con esa mirada demasiado sincera y esos labios que se encontraban siendo víctimas de esos dientes que Obi-Wan tan sólo podía imaginar como se debían sentir atacando otra piel. Piel de un cuello... El cuello preferentemente de Obi-Wan—
"Er—Um. Tengo que—Ir a cambiarme. Te veo a la hora de la cena." Y voló el resto del camino a su habitación.
Literalmente.
Voló tan rápido que no alcanzó a ver aquellos ojos, que tanto lo martirizaban, devorar cada dulce curva de su cuerpo descubierto (y no muy despistadora-mente). Se concentró tanto en apresurarse que no dejo cierto 'sentimiento' de lujuria traspasar su mente a través de las irreparables ruinas del lazo mental que alguna vez había existido entre Ben y Luke. No, Obi-Wan Kenobi era demasiado distraído para darse cuenta del banquete que se presentaba frente a sus ojos. Solamente para sus ojos.
Luke respiró hondo, dejando el calor de sus ejercicios correr por su ser. "Calma, Skywalker... Todo lo bueno viene con paciencia." Una sonrisa se formó, con toque depredador, en sus labios. Un gesto que, probablemente nunca sabría Luke, había usado tanto su propio padre.
( o + o + o + o )
Como la noche anterior, un leve toque a su puerta se escuchó por la madrugada. Qui-Gon cerró el libro que tenía una hora pretendiendo leer, aceptando la presencia de su Padawan a través de su lazo. La puerta se abrió lentamente en respuesta, revelando a Obi-Wan con fatiga en sus facciones y hasta en los arrastres de sus pasos. El maestro frunció su ceño profundamente, los problemas para dormir de su aprendiz no habían mejorado para nada y esta noche cumpliría una semana con el padecimiento. Qui-Gon sabía que no podía culpar a Luke Skywalker por ello (esta vez), pero no se podía negar que su presencia no había facilitado las tensiones que Obi-Wan había estado cargando en sus hombros.
Sin palabras, Qui-Gon se destapó de las sábanas para ponerse de pie y su Padawan entendió la silenciosa invitación en un parpadeo. Qui-Gon esperó hasta que Obi-Wan se acostara lo más cómodamente en la cama para arroparlo, como tantas veces lo había hecho en su infancia y como el Maestro Yoda había hecho lo mismo por él. Al rozarle el mentón con la orilla del a cobija, Obi-Wan le sonrió dulcemente.
Qui-Gon no pudo evitar levantar sus dedos y acariciar esa mejilla pálida.. pero, tan cálida... Obi-Wan cerró sus ojos al contacto y se sometió a las caricias de su mano como un obediente felino. Qui-Gon aclaró su garganta varias veces al presenciar tal acto de ternura del que no había estado preparado. De pronto, sus rodillas ya no podían sostenerlo por mucho tiempo. "Iré por algo de té."
"Mmm-hmm." Fue la suave respuesta. Qui-Gon se armó de todas sus fuerzas para separarse del muchacho. Lo único que alcanzó a tomar al salir de la habitación fue su bata de dormir.
Después de preparar los utensilios para el té, Qui-Gon se vio obligado a consultar con el lazo algunos detalles.
/ Lo quieres con leche, Padawan/
/ Mmmm... como sea, Maestro. Apúrese, esta empezando a hacer frío aquí. / Siempre tan insolente su aprendiz, en el momento menos esperado. Con mayor razón, el Maestro trató de tomarse su querido tiempo después escuchar tal cosa, durante el proceso, no siendo capaz de borrar la sonrisa de su boca.
Al, por fin, llegar a su habitación Qui-Gon se encontró con un impaciente Obi-Wan. El muchacho se había sentado y le estaba dirigiendo uno de los peores (o mejores) pucheros que un hombre de veinte años podía producir.
Un escalofrío recorrió entonces su espina. El Maestro sabía que algo más serio de lo normal estaba perturbando a su aprendiz si lo tenía comportándose como si tuviera doce años otra vez. Pero, otra cosa que Qui-Gon sabía era que no ganaría nada si presionaba por una respuesta de inmediato. Así que, haciendo campo para su persona en la cama, Qui-Gon se dedicó en tomar de su té junto a su aprendiz. Y nada más.
El silencio se alargó conforme el ritmo de los segundos. Segundos que se convirtieron en minutos.
Minutos que al llegar a la cuenta de veinte, se interrumpieron con el toque de la mano de Obi-Wan sobre la suya. "Nos perdimos el Festival del Eclipse, Maestro."
Controlando el palpitar de su corazón, Qui-Gon se encogió de hombros. "No puedo decir que me importa. Sabes que no suelo asistir a esas cosas." Obi-Wan roló sus ojos cómicamente al escucharlo.
"¿Cómo puede ser que no te interese tal unión que se hace entre Jedis para hacer el eclipse algo visible entre todo este smog? Es un gran acontecimiento! Hubiera deseado poder unirme si, claro, no hubiera estado noqueado hasta el siguiente milenio."
"Mm. Por lo menos, ahora que todos se fueron a sus misiones, habrá un cuarto disponible para Skywalker." Qui-Gon sintió más que nada la mirada de Obi-Wan, como una navaja cortando delicadamente la tensión que se estaba formando entre ellos.
"Encuentro tan irónico que no te caiga bien Luke, Qui-Gon, cuando en un futuro harás todo a tu alcance para convertir en un Jedi a su padre." Qui-Gon no respondió, pero no falló en reconocer como Obi-Wan había dejado de dirigírsele como su Maestro. "... Incluso reemplazarme."
Ah! Ahí estaba. La raíz del problema había salido a la luz.
Y para su sorpresa, Qui-Gon no sabía que hacer al respecto. Qué podía decir? 'Trataré de no hacerlo esta vez'? No tenía sentido. No, cuando no tenía idea en que su futura persona había estado pensando al hacer tal cosa. No conocía sus motivos o razones y se le tenía prohibido preguntar por ellas.
Pero, no era por las órdenes del Consejo que no preguntada, oh no, no cuando las había violado una y otra y otra vez a su antojo en el pasado. La razón yacía en su propio Padawan, en la salud que se había deteriorado recientemente con el cambio de vida más extraordinariamente posible. Obi-Wan ya tenía suficiente como para soportar la curiosidad de un viejo Maestro que odiaba estar fuera de control.
Sin pensar, lo que salió de su boca fue lo más radical a lo que estaba pensando. "Nunca podría reemplazarte en mi corazón, Obi-Wan." No esperando por una respuesta. "Nunca." Afirmó vehemente, viendo a su aprendiz directo a los ojos, rogando que fuera lo que fuera con lo que se estaban enfrentando, sus palabras fueran la respuesta correcta a las preguntas que se reflejaban en los ojos de Obi-Wan.
Y al parecer, la fortuna estaba a su favor en esta ocasión, porque lo siguiente que Qui-Gon sabía era que tenía sus brazos llenos de Obi-Wan Kenobi. El maestro no protestó, sintiéndose afortunado de todavía poder recibir tales espontáneas muestras de cariño. Durante el curso de los años, su aprendiz había dejado atrás su apariencia de niño inseguro y necesitado de afecto para convertirse en un muchacho brillante, inteligente y completamente independiente de su Maestro.
Qui-Gon Jinn todavía no podía decidir si le gustaba tal metamorfosis. A veces extrañaba la faceta de ser necesitado por Obi-Wan... tan siquiera un poco.
Como ahora.
"...ir, Maestro." Se escuchó un firme susurro de entre las firmezas de su pecho.
"¿Qué dijiste, Padawan?" Preguntó gentilmente.
Obi-Wan negó con su cabeza ligeramente en respuesta, para después comenzar a separarse poco a poco. Al encontrarse cara a cara, el joven le regalo una débil sonrisa que sólo preocupó mas a Jinn. Eso y las tremendas ojeras que opacaban el rostro que solía ser tan radiante.
"Esto se acabó. Mañana volvemos con la Dra. A-Rul. Este insomnio ha durado demasiado." Uso su más firme y temida por su aprendiz, obteniendo la respuesta obediente del joven en forma de una inclinación de su mentón. “Bien... Trata de dormir, que tenemos que madrugar otra vez, está bien?” Como si hubiera estado planeado, un bostezo escapó de los labios de Obi-Wan, causándoles sonreír. “Iré a dejar esto, y cuando vuelva te quiero ya bien arropado.” Señaló a las tazas que desde hace mucho se habían sentido abandonadas en la mesa de noche. Se dirigió a la cocina por segunda vez y...
Caminó a la habitación de su Padawan, checando si su invitado dormía bien. No supo exactamente cuanto tiempo permaneció en el marco de la puerta, observando el pecho de Luke levantarse y bajarse con un gentil ritmo, sus labios a veces murmurando nombres que sólo ‘Ben’ pudo Jinn reconocer.
“...tan irónico que no te caiga bien Luke, Qui-Gon, cuando en un futuro harás todo a tu alcance para convertir en un Jedi a su padre..”
Cuando Qui-Gon regresó a la cama, Obi-Wan estaba dormido profundamente por su propia cuenta, después de una semana de tener que haber necesitado la ayuda de Fuerza-Inducción. El Maestro se preguntó antes de cerrar sus ojos, si tal vez su anterior abrazo tenía algo que ver con el súbito cambio.
( o + o + o + o )
“Kenobi!” Se escuchó por los pasillos del Templo. Obi-Wan sonrió al reconocer la silueta de su amiga Bant corriendo hacia ellos. “Obi, por un Sith—Me tuviste preocupada TODA la noche!” La Padawan exclamó con preocupación mientras abrazaba a su amigo con todas su fuerzas. “Ni siquiera sé A QUE se debió toda la conmoción ayer, y cuando llamé a tu dormitorio tu Maestro me mandó por el elemento gacho en vez de darme una explicación.”
“Lo siento, Bant. Es una larga historia. Estuve descansando casi todo el día, por estrictas órdenes de A-Rul.”
Bant lució aún más mortificada al escuchar el nombre de la doctora más solicitada del Tempo. “...Tan malo es el asunto? Obi, estás enfermo? Es grave?”
“No te preocupes, estoy bien. Sólo exageraciones—ah! Y ya conociste a mi amigo? Luke Skywalker, le estoy dando un Tour por el Templo.”
Bant miró al Caballero de pies a cabeza después de murmurar un tímido “Mucho gusto.” Fuerza, que chico tan apuesto! Luke le regaló una de las sonrisas más hermosas que Bant jamás había visto y no pudo evitar sentirse un poco celosa de Obi. Su amigo siempre atraía a los mejores candidatos...
Como era su hábito, Bant tomó el brazo de Obi-Wan, uniéndose en su paseo sin la necesidad de preguntar. En poco tiempo, los tres platicaban sobre diferentes aventuras de sus días de Iniciados y como una vez habían pintado por accidente las orejas del Maestro Yoda en su clase de Artes Plásticas. Luke se rió tan fuerte que necesitó a Obi sostenerlo un rato, temiendo que se cayera al suelo. Fue en ese preciso momento que el otro viejo amigo de Obi-Wan, Garen, decidió acercárseles. Bant y Obi-Wan lo saludaron con todo el entusiasmo posible al ser muy pocas las ocasiones donde los tres se podían reunir. Obi-Wan y Qui-Gon siempre se les era asignadas las misiones más largas y peligrosas. Casi al igual que Garen y su Maestra Fierri'Ali, que aunque sus misiones no eran tan igualmente riesgosas no dejaban de ser largas y vitales para la República. Eso dejaba a Bant, la aprendiz a Doctora del Templo siendo la única que llevaba más o menos una vida tranquila en el Templo, siempre esperando por alguna visita de sus mejores amigos.
Obi-Wan presentó por segunda vez a Luke, este ya recuperado, y para su sorpresa una sensación de inquietud se hospedó en su pecho al observar como los ojos de Garen danzaron por toda la silueta del Caballero Skywalker de manera atrevida. Minutos después, al sentarse a desayunar en los Comedores, Obi-Wan descubrió que lo que sentía eran celos.
Y no eran por Garen.
-Esto es peor de lo que imaginé!
"Así que, hace cuanto ustedes dos se conocen?" Para su disgusto, fue Garen quien preguntó, usando la pose de piernas cruzadas que siempre usaba para conquistar alguna presa. Para su alivio, Luke parecía ignorante a sus intenciones.
"Bueno.." Luke conectó su mirada con la suya una fracción de segundos, para después seguir con su historia. "A decir verdad, tan sólo tenemos dos días de conocernos. Vine a visitar a mi viejo Maestro, Yoda," Eso causó ojos agrandecidos con obvia admiración y sorpresa. "Pero, debido al Festival del Eclipse no encontré hospedaje así que el Maestro Qui-Gon Jinn fue el amable en ofrecerme su dormitorio por mientras."
Garen frunció su ceño al escuchar lo último. "'Qui-Gon Jinn' y 'amable' en la misma oración? Tengo que admitir que nunca esperé que ese día llegaría."
"Garen!" La reprimenda estaba fuera de los labios de Obi-Wan y Bant sin siquiera pensarlos dos veces. Garen roló sus ojos.
"Admítanlo, digo la verdad! Tu Maestro puede ser todo, menos amable—y tan espontáneamente! Mucho menos en el aspecto de aceptarlo en su hogar, a nosotros ni siquiera nos quiere de visita!"
"Le debía un favor al Maestro Yoda." Luke continuó. "Y esta fue su oportunidad para pagar cuentas." Obi-Wan no pudo evitar admirar lo fácil que el invento salía de la boca de su futuro aprendiz, aunque sospechaba que a Luke no le agradaba mucho mentir. No parecía estar en su naturaleza. Entonces, la imagen de Anakin discutiendo con Ben Kenobi se apoderó de su cabeza unos minutos y Obi-Wan se encontró dudoso. Tal vez sí estaba en sus genes mentir con fluidez, pero hasta Anakin se había sentido culpable de ellas durante el progreso de su secreto matrimonio con Padmé y miren hasta donde lo habían llevado tales mentiras?
"Obi-Wan, estás bien? Te ves... verde!" Bant sacudió su hombro urgentemente. Obi-Wan volvió en si y trató de tranquilizar a su amiga con una sonrisa. No funcionó, y hasta Luke y Garen lucían como si estuvieran a punto de llevarlo de vuelta a la clínica.
"Estoy bien, debe ser la comida... No se preocupen, tengo cita con la Dra. A-Rul esta tarde, de todas maneras."
Garen se acercó hasta tener sus brazos recargados sobre la mesa, mirando el rostro de Obi-Wan fijamente. "Te ves diferente, Obi-Wan."
"Huh?"
"De qué estás enfermo?" Bant se unió al complot. "Es algo serio, lo sé."
"Chicos, por última vez—"
"Vamos, Obi, somos amigos de toda la vida! Te vas a atrever a mentirnos directo a la cara? Acaso nuestra amistad importa tan poco?" Las palabras de Garen le llegaron como una bofetada y no tuvo otra alternativa más que voltear a ver a Luke por ayuda.
Fue un movimiento equivocado.
"Tú sabes algo, verdad?" Garen estaba encima de Skywalker en un parpadeo. "Sea lo que sea, tú eres parte de esto, lo puedo jurar por la Fuerza. Lo puedo.. sentir."
Luke decidió ir al grano, no mostrando miedo ante el enfrentamiento. "No podemos divulgarlo. Son las órdenes del Consejo. Y no tiene nada que ver con ustedes." La destrucción de todo el Templo tal vez sí tenía algo que ver con ellos, pero para qué despertar pánico innecesario? "Así como no tengo nada que ver con cual sea la enfermedad de Obi-Wan."
Luke mordió sus labios al sentir la -no muy ligera- patada de Obi-Wan por debajo de la mesa. "No deberían saltar a las conclusiones tan precipitadamente."
Garen volvió a sentarse, pero la sospecha en su mirada no desapareció.
-Bueno, por lo menos después de esto, ya dejará de coquetearle como perro en celo. El pensamiento cruzo la mente de Obi-Wan, junto con el calentamiento global en sus mejillas. -Qué está pasando conmigo! Yo parezco el perro en celo, sólo me falta orinar a Luke para marcarlo como mi territorio!
El resto del desayuno fue una situación llena de tensión, pero a pesar de ello, Obi-Wan y Bant lograron sacar unas cuantas carcajadas con historias embarazosas de sus ultimas misiones, ya fueran del Templo o el Campo de Batalla. Al final, tras fijarse en la hora, Obi-Wan se dispuso a despedirse.. por el momento.
"Tengo lección con Qui-Gon en quince minutos, pero nos podemos reunir más tarde?" Imploró con su mejor imitación de borrego a medio morir. Garen y Bant cayeron en la trampa de inmediato con la promesa de salir a dar una vuelta por algún club de Coruscant de los que solían Padawans frecuentar. "Excelente! Los llamó después!" Sin tener que preguntar, Obi-Wan supo que Luke lo seguiría hasta el área de entrenamiento como su fiel sombra y el Padawan no pudo creer que tan reconfortante su presencia se había convertido con el lapso de dos días, que... sinceramente... parecían una vida entera.
( o + o + o + o )
Cada día
encuentro más encanto en tu persona
más cortas lucen junto a ti las horas
más brillante es la luz de tu alegría
cada día...
Cada día
es más intensa la ansiedad de verte
más ardiente el deseo de tenerte
más increíble que esta dicha es mía
cada día...
Cada día
verás más mi ilusión cuando te mire
oirás mi corazón cuando suspire
sabrás que eres mi sueño todavía
cada día..
(3)
( o + o + o + o )
-Continuará...-
( o + o + o + o )
(1): Maná, “Oye, Mi Amor.”
(2) (3): “David” y “Cada Día” de Conchita Unanue, extraídos de “Alas de Papel”.
( o + o + o + o )
NdA:
Perdón por la tardanza (pero échenle la culpa a Clive Owen y Ioan Gruffudd de “King Arthur” que me han embobado completamente como Arthur y Lancelot)! También me disculpo por el tamaño de este capitulo pero, no se preocupen que ya tengo el siguiente ya casi a la mitad. Espero que tras ir a ver “Brokeback Mountain”, la inspiración me vuelva con más potencia!
P.D. Por curiosidad, lograron captar el gran parecido del fragmento (2) al dilema de Obi y Padmé, lo juro que cuando lo leí sentí un relámpago atravesarme! No podía creer lo que apropiadamente había encontrado! Adoré en especial, el detalle de cómo al final se describen como amigos (en el poema), justamente como Padmé y Obi-Wan terminaron siendo a pesar de aquel “acontecimiento” entre ellos... que al parecer, nunca se repitió, por obvias razones. -Tosiendo- Anakin! –Doble Tosido-.