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o-o-Nekoi-o-o
Author of 14 Stories

Rated: K - Spanish - Romance - Kakashi H. & Sakura H. - Reviews: 26 - Published: 01-22-06 - Complete - id:2765387

Disclaimer: las historias son de mi propiedad, no así los personajes, cuya adquisición le corresponde tan solo a Kishimoto.


Don't Cry

Era un día soleado cuando Sakura Haruno abrió los ojos en su habitación. Se desperezó mientras sentía que la energía recorría sus miembros y sonrió. Cada vez faltaba menos para su graduación como jounin y justo ese día cumplía 16 años. Faltaba muy poco para su mayoría de edad y se sintió plena. Físicamente no había cambiado demasiado, solo su pelo estaba un poco más largo y había aumentado la estatura. Su personalidad no había sufrido cambios. Justamente ese día tenía entrenamiento, así que no se entretuvo mucho más. Desayunó, se vistió con su acostumbrado vestido rojo y las sandalias de ninja y fue a reunirse con Sasuke y Naruto en el lugar donde esperaban a Kakashi todos los días.

Al llegar allí, vio que ambos muchachos la esperaban y los saludó alegremente, siendo correspondida de la misma manera. Incluso Sasuke le dirigió una sonrisa más amable de lo habitual y le deseó un feliz cumpleaños, motivo por el cual Sakura se alegró aún más. Nunca le había dejado de gustar el chico moreno, pero como últimamente no estaba tan colgada de él, Sasuke la trataba con más amabilidad. Naruto también le deseó lo mismo que Sasuke y Sakura le sonrió a su vez.

Al cabo de unas dos horas de estar esperando muertos de aburrimiento, Kakashi se apareció de pronto en lo alto del puente.

-Buenas- saludó con su acostumbrada alegría- Hoy me he perdido ayudando a una niña en el bosque y...

-¡Llegas tarde, como siempre!- gritaron al unísono Sakura y Naruto. Sasuke se limitó a dirigirle una mirada aviesa.

-Bueno, empecemos cuanto antes- anunció Kakashi. Últimamente dejaba de ocultar su rostro tras la máscara negra. Alegaba que el calor era sofocante- Tenemos que ir al campo de entrenamiento y allí haremos pequeños combates para practicar.

Dicho lo cual, se pusieron en marcha. Sakura observó la espalda de su profesor y en su interior se sintió algo herida. Esperaba que la felicitase por su decimosexto cumpleaños, o al menos le dirigiera una sonrisa cálida, pero suponía que se había olvidado, como tantas otras cosas, y la pelirrosa decidió no darle importancia.

Llegaron al campo de entrenamiento a las afueras de la Aldea y allí estuvieron enzarzados entre batallas todo el día. A media tarde hicieron una pausa y Kakashi decidió que por ese día era suficiente. Sasuke y Naruto se despidieron y se pusieron en marcha y Sakura se dispuso a seguirles, pero Kakashi se lo impidió.

-Sakura, quédate un momento. Me gustaría hablar contigo un momento acerca de tu nivel de entrenamiento.

La pelirrosa, suponiendo que le diría que, como de costumbre, su nivel estaba muy por debajo del de Sasuke y Naruto, asintió y despidió con la mano a sus compañeros de equipo, que pronto se perdieron en la lejanía.

Kakashi esperó hasta asegurarse que no había nadie y le indicó a Sakura que se acercara. Ésta lo hizo, preparada para recibir los reproches de siempre, con el rostro afligido. Qué horrible regalo para su cumpleaños, decirle que era la peor del grupo.

Pero lo que ocurrió la sorprendió. Con una sonrisa, Kakashi hizo aparecer en su mano un pequeño paquete mal envuelto y se lo tendió a la joven.

-Feliz decimosexto cumpleaños, Sakura- se le notaba contento- Parece que fue ayer cuando te tomé por primera vez como alumna y aún eras una novata. Me sorprende ver lo rápido que pasa el tiempo y cuánto has aprendido. Estás hecha toda una mujer.

Sakura se ruborizó y su semblante se volvió alegre. ¡De modo que sí se había acordado! E incluso la había obsequiado con un detalle.

-Profesor...- murmuró con cierta timidez- No tendría que haberlo hecho, no hacía falta...

-¡Bah, no seas así! Para mí era importante hacerte un regalo y felicitarte. Al fin y al cabo, te tengo cariño y has sido mi alumna por muchos años.

Sakura sonrió y abrió el regalo de su maestro. En su interior vio un pequeño colgante de plata, en forma de cruz. Era una preciosidad y la joven se sintió de pronto algo culpable.

-¡Pero, profesor, esto ha debido costarle muchísimo dinero! No creo que sea correcto aceptarlo y...

-¡Tonterías!- Kakashi agitó su mano derecha para indicar que lo que pensaba era absurdo- Si no lo aceptaras, comprártelo habría sido una pérdida de tiempo. Fue justo esta mañana, por eso he tardado. Pero ven, que te lo pongo.

La pelirrosa se volvió y se apartó el cabello. Su maestro, hábilmente, le colgó la pieza y le dio la vuelta. La sostuvo de la mano con dulzura.

-Te queda muy bien.

Sakura sintió las mejillas encendidas ante la mirada intensa de su maestro. Nunca la había mirado de esa manera, se comportaba de manera ligeramente diferente a la habitual. Tras unos momentos de silencio, Kakashi soltó la mano de su alumna y apartó la mirada con incomodidad.

-Bueno, ya puedes irte a casa. Recuerda que mañana es el día en que entrenas sola. Sasuke y Naruto también lo harán en diferentes lugares. Yo iré a veros de vez en cuando para comprobar que todo va bien. Venga, vete y descansa. Mañana quedamos donde siempre y te indicaré el sitio.

Apenas lo había dicho, despareció en una voluta de humo, dejando a Sakura sumida en sus pensamientos y acariciando distraídamente el colgante de su maestro con sus dedos.

xxx

Kakashi despertó a la mañana siguiente sin haber podido dormir demasiado y recordó los acontecimientos del día anterior: el rostro agradecido de Sakura cuando le entregó el colgante, Sakura sonriendo, Sakura mirándole con timidez cuando sostenía su mano. Se sintió algo incómodo. Aquella noche había intentado no dormir más de lo necesario para evitar soñar con ella de nuevo.

Sakura le atormentaba incluso en sus sueños y durante todo el día no se la podía quitar de la cabeza. Su mente estaba llena de imágenes de ella, de su cabello, sus ojos, su figura esbelta. Por mucho que intentara no mirarla, irremediablemente, sus ojos la buscaban y sentía cómo le consumía la angustia de quererla y no poder tenerla. Por ser su alumna.

El día anterior había visto el colgante en forma de cruz en una tienda cercana y enseguida se había imaginado a Sakura con él puesto. Apenas se había dado cuenta, ya lo había comprado y se encontraba envolviéndolo en su casa, pensando en si se lo aceptaría al día siguiente. Porque, por supuesto, sabía que era su cumpleaños y quería agasajarla con algún detalle. Algo que seguramente la joven consideraría una muestra de cariño, pero que en realidad tenía un significado mucho más profundo. Se preguntó si hoy lo llevaría puesto y si realmente le había gustado.

Se levantó entonces, resignado a pasar otro día con su secreto, que le pesaba tanto como una losa a sus espaldas.

xxx

Sakura ya se encontraba en el lugar de entrenamiento que su maestro le había mostrado y se encontraba practicando con sus shuriken. Se detuvo un momento para recobrar el aliento e inconscientemente acarició con sus dedos el colgante en forma de cruz que el día anterior le había regalado Kakashi.

No había dejado de pensar en él, extrañamente, durante toda la noche y se sentía algo confusa. En su interior se debatían pensamientos contradictorios. ¿Por qué sentía esa extraña atracción por su maestro?. ¿Por qué, cuando la había cogido la mano después de haberle puesto el colgante, había sentido que le hervía la sangre y había deseado que él se acercara más y...? No, no. Solo se trataba de cariño entre profesor y alumna. Debía estar más sensible que de costumbre por lo del regalo y había pensado eso, seguro. Sin duda, cuando le viese hoy, volvería a pensar en él como normalmente hacía.

Sintió un pequeño ruido detrás de ella y se volvió. Allí estaba Kakashi, sonriéndole con amabilidad. Sakura enrojeció de pronto y volvió a sentir aquel extraño deseo. Sacudió la cabeza y le devolvió la sonrisa, notando un pequeño hormigueo.

-Venía ver cómo ibas- le dijo el profesor- ¿No estás cansada?. ¿Desde cuándo llevas aquí?- se fijó que llevaba el colgante y se alegró interiormente.

-Desde que usted me mandó venir, no he hecho una pausa- Sakura se secó el sudor de la frente- Es que quería aumentar mi nivel lo máximo posible. En las misiones, no quiero ser un estorbo.

-¿Y no preferirías luchar contra un oponente real?

-Bueno, pero como era un entrenamiento individual, pues...

-Puedes luchar contra mí si quieres. Ya he ido a vigilar a Naruto y Sasuke y no tengo nada que hacer ahora mismo- Kakashi se arrepintió inmediatamente de haberlo dicho. ¿Qué estaba haciendo?. ¿No se había propuesto olvidarla? Estaba cavando su propia tumba¡maldita sea!

-¡De acuerdo, profesor!- Sakura se alegró con la sugerencia y ocultó la incomodidad que sentía tras una sincera sonrisa- Así puede indicarme los fallos que tengo.

Empezaron. Kakashi se concentró en esquivar los ataques de Sakura y se sorprendió cuando uno de los shuriken de la muchacha le dio en la mano, por un brevísimo instante de distracción. Reprimió un pequeño quejido y la pelirrosa detuvo su ataque de inmediato, acercándose a él con rapidez.

-Oh, .¿he conseguido darle?- parecía un poco preocupada- Lo siento, déjeme ver la mano- fue a tocarla, pero Kakashi la retiró.

-No te preocupes, Sakura- no quería que le tocara, no sabía cómo podía afectarle- Lo has hecho muy bien. Se ve que has mejorado mucho en tu técnica.

-¡Profesor, no estamos hablando de eso! Mire, está sangrando. Deje que le cure, no puedo permitir que se infecte la herida.

Sin que pudiera evitarlo, Sakura tomó su mano con delicadeza y sacó unas vendas de la cajita que normalmente llevaba consigo. Con habilidad y sin hacer caso de los latidos de su corazón, vendó la mano lentamente. Kakashi se limitó a observarla, reprimiéndose con todas sus fuerzas. No debía hacer nada que asustase a la muchacha, que la hiciera perder la confianza que siempre había tenido en él. Solo era una niña, por el amor de Dios. No podía, no debía sentir eso por una joven de apenas dieciséis años, no...

Pero era tan hermosa, pensó. Tan decidida, tan volcada en los demás que se olvidaba incluso de sí misma. Tan increíblemente dulce. No comprendía porqué aún no se había comprometido con nadie. O quizá lo estuviera, pero lo mantenía en secreto. Kakashi sintió unos celos ineludibles al pensar que otro podía tener a Sakura como él no podía.

La joven pronto terminó su tarea, dejando una mano perfectamente vendada, y suspiró.

-Ya está, profesor.

No pudo evitar que su mirada se cruzase con la de él y quedó inmediatamente hipnotizada por sus ojos. Notaba que su interior se llenaba de la misma calidez que cuando había empezado a pensar en Kakashi de otra manera a la habitual y se ruborizó al notar que él la observaba con los ojos brillantes, como queriendo transmitirle algo. Él intentó contenerse, pero no pudo, sencillamente no pudo.

Inclinándose sobre ella, la besó con firmeza, colocando las manos detrás de su cabeza, impidiéndole que le rechazara. La pelirrosa jadeó sorprendida, pero no intentó apartarse, sino cerró los ojos y se dejó llevar, sintiendo las mejillas arreboladas y que el corazón le latía con violencia. Cuando el momento acabó, Sakura sintió que le fallaban las piernas. Se hubiera caído si Kakashi no la hubiera sujetado, abrazándola contra él.

-Profesor...- murmuró.

-Perdóname, Sakura- repuso él, aún sosteniéndola- No... no está bien lo que he hecho. Eres alumna mía... y mucho más joven que yo... Todos...

-¡No importa, profesor!- la pelirrosa le abrazó con fuerza- Yo... siento hablarle así, pero... usted me gusta, me gusta mucho. Me sentí tan feliz ayer cuando me regaló el colgante y se acordó de mi cumpleaños... ha sido siempre tan bueno conmigo, me ha protegido siempre... y lo de ahora...

-¡No, Sakura!- Kakashi la separó de él con fuerza, tanto que la joven cayó al suelo, raspándose las rodillas- Lo siento¿te has hecho daño?- se inclinó y la examinó. Vio que sus ojos se llenaban de lágrimas, pero sabía que no era por la herida. Se sintió miserable. Pero... no, debía apartarse de ella, alejarse antes de hacerle más daño y confundirla más. Debía irse de allí ahora, dejarla y olvidar lo que había sucedido. Así era como tenía que ser.

Pero no fue capaz. Sakura lo abrazó aún sentada en el suelo y sollozó en su hombro.

-No se vaya... No finja que esto no ha sucedido, por favor...- Sakura le impedía hacer cualquier movimiento- Yo... le quiero. Y sé que usted también me quiere, no me mienta... Por favor...

Kakashi apretó los puños e intentó comportarse con normalidad. Dejarse llevar por sus sentimientos ahora era lo peor que podía pasar.

“Es tu alumna. Es Sakura. Solo tiene 16 años, todavía es una niña, no puedes hacer que se comprometa contigo.”, le repetía sin cesar su conciencia. “No está bien, no lo está, .¿no lo entiendes?”

Pero la sensación de tener a Sakura en su hombro, sollozando al sentirse rechazada y herida, abrazándole con tanta fuerza como sinceridad no desaparecía y le partía el corazón. Decidió ignorar lo que le dictaba la mente y se dejó llevar por lo que verdaderamente sentía.

La volvió a besar, esta vez con más confianza que la primera vez, mientras se abandonaba al contacto de ella. Sakura sintió que las lágrimas le rodaban por las mejillas y enterró las uñas en la camisa de su profesor, correspondiéndole con cariño, sintiendo que el mundo explotaba a su alrededor, sintiendo que en ese momento solo existían ella y él.

Así estuvieron hasta que sintieron que se quedaban sin aire y se apartaron. Sakura bajó la vista con cierta vacilación y notó cómo su profesor se levantaba sin decir nada... Sintió un profundo desaliento y nuevas ganas de llorar.

Ahora se iría, alegaría que si se había divertido, o le ordenaría que lo olvidase y...

Pero en su lugar, Kakashi le tendió la mano para que se levantara y la estrechó con fuerza cuando estuvo de pie. Sakura se sintió completa y enterró su rostro en el hombro de él, como momentos antes.

-¿Qué vamos a hacer?- se atrevió a preguntar.

-De momento, seguir viéndonos. Y no decírselo a nadie. Podrían buscarnos problemas de todo tipo... y no quisiera que te hicieran daño.

-Ni yo que te lo hicieran a ti...

-¿Estás segura de que quieres esto?

-Completamente.

Y así, dejando que la brisa revolviera sus cabellos, permanecieron abrazados mientras la oscuridad de la noche caía sobre ellos, sintiendo que en ese momento, podían enfrentarse a cualquiera y juntos saldrían victoriosos.

FIN



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