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o-o-Nekoi-o-o
Author of 14 Stories

Rated: T - Spanish - Romance - Naruto U. & Sasuke U. - Reviews: 330 - Updated: 03-10-08 - Published: 01-23-06 - id:2766250

Track 28. Sin salida.

Una chica de aspecto desaliñado se encontraba en las calles de la ciudad, envuelta por el frío de la tarde, que ya daba paso al helado anochecer. Las hebras rosadas de su trasquilado cabello adornaban sin forma su cabeza y lágrimas secas en su comúnmente pálido rostro, no tenía un aspecto demasiado alentador. Caminaba cabizbaja, aunque aprisa, con sus pequeñas manos, arrastraba una maleta con todas las fuerzas que era capaz de reunir, llena de sus pocos bienes materiales que realmente apreciaba, mientras daba vueltas sin cesar a los acontecimientos que la habían empujado a tomar una decisión tan intempestiva como dolorosa.

Sakura no había dejado de hacerlo durante toda la tarde: por ello, se dirigía a la casa que una vez había considerado su hogar, y que sería de nuevo bautizada con ese apelativo a partir de ese día. Se maldecía por confiar en ese mal llamado amor que siempre en su caso iba en la dirección errónea, luchando contra el instinto de llorar a cada paso enérgico que daba.

Primero, había sido su padre.

No era un enamoramiento, por supuesto, pero sí podía considerarlo la primera persona por la que había sentido amor, el que se da entre un padre y una hija. A la muerte de su madre, Sakura se había desvivido por complacerle hasta en sus más nimios deseos para que él no tuviera queja ninguna, para ayudarle a salir del pozo del dolor en que se había sumergido por la defunción de su esposa. Todo había ido sobre ruedas, nunca negaría que había tenido una infancia feliz: aún tenía en su mente aquellos tiernos momentos en que él le acariciaba cariñosamente la cabeza cuando le hacía saber sus buenas notas en matemáticas, y en sus juegos y animadas charlas en aquellas tardes que compartían.

Sakura sabía que no necesitaba nada más para ser feliz en el ámbito casero, hasta que, a la edad de quince años, su padre le comunicó que volvía a casarse con una compañera de trabajo, y que esperaba que algún día los tres pudieran ser la familia que anteriormente se había quebrado.

No supo muy bien cómo reaccionar. Quería a su padre más que a nada en el mundo, y si casarse de nuevo le hacía feliz, no pensaba interponerse. Sin embargo, su felicidad se infringió en cuanto fue consciente de todos los cambios que tuvieron lugar. Su madrastra era buena y cariñosa, pero definitivamente no era una madre para ella. Para colmo, su padre tomó como costumbre acompañarla en todos sus viajes de empresa, seguro de que su hija no era ya partidaria de tanta dependencia paterna. Así, lo único que veía Sakura cuando volvía de la escuela era el mismo salón donde compartían tantas vivencias, ahora normalmente vacío y lóbrego. Hasta el día de hoy, nada había variado en ese aspecto.

Fue entonces cuando se metió en aquel negocio para escapar de aquella soledad, y conoció a Ino, que le enseñaría todo lo que tenía que aprender en esa vida, y se convertiría en su confidente. Todas sus creencias de que el destino les deparaba a cada cual un futuro u otro, y había que tener la suficiente fortaleza como para combatirlo, se lo debía a ella. Sin embargo, siempre le había dolido que, por mucho que se esforzara, Ino jamás había podido curarla de su ingenuidad.

Es decir, esa estúpida manía suya de enamorarse del menos indicado.

Sasuke la encontró un día de lluvia tirada en un portal, enferma y arropada en su soledad, de la que la sacó con toda su entereza, de la que él mismo se sorprendía, como una tarde le había confesado (nunca había sido demasiado proclive a interactuar con las personas). Por él, había abandonado el burdel, convencida de que una vida normal sería lo mejor para ella, porque ahora tenía a quien llamar amigo fuera de ese oscuro mundo.

No obstante, cayó ante él. No le tomó por sorpresa. Sasuke era guapo. No demasiado gentil, pero sí cuando realmente había que serlo, y en las escasas ocasiones en que sonreía, parecía que su mundo cobraba un poco más de luz. Todo ello se sumaba a que era su salvador, y tal vez, era eso lo que le daba esa diferenciación con sus comunes características, que sumía a Sakura en la adoración e imparcialidad plenas.

No le pilló desprevenida que Sasuke la rechazara amablemente, catalogándola como una chica importante para él, pero por la que no sentía amor. De alguna forma lo sabía, pero solo se sentiría mejor si se le declaraba: era justo ser sincera con él después de todo lo que había hecho Sasuke por su causa. Le dolió terriblemente, pues le amaba con todo su corazón, pero se recuperó rápido, porque sabía, de alguna forma u otra, que no estaba hecho para ella, y que su amistad era lo que debía valorar por encima de todo, y de alguna forma, conformarse era la mejor opción. De alguna forma, Sakura sentía que estaba traicionando a su confianza el marcharse, faltando a su promesa de no volver a esos lugares, y le pidió perdón interiormente. Quiso creer que algún día Sasuke entendería sus motivos.

La tercera persona que la había roto el corazón, no necesitaba mención. Hacía unas horas que había sido testigo de lo que le ocultaba. Y eso sí le había dolido de verdad. Gaara no era Sasuke. No tenía asumido que la iba a rechazar, que la iba a engañar de esa forma tan horrible, besándose por ahí con un amigo suyo. Le había parecido demasiado inconcebible para ser cierto, y sin embargo lo era.

A la tercera iba la vencida, se dijo. Tres palos de la vida, a su juicio, ya eran suficientes para aprender la lección. Nunca había debido abandonar el prostíbulo. Seguramente su encuentro con Ino de hacía unas semanas estaba predestinado como su vuelta definitiva al lugar del que nunca debió salir, y debía aceptarlo como tal. Era el único sitio al que podría considerar como un refugio donde librarse de aquellas lágrimas y más lágrimas por no encontrar una salida. Actuando con lógica siempre, nunca con sentimiento, tales eran las enseñanzas que la madame le había metido entre ceja y ceja.

Apuró el paso, la determinación apartando esos dolorosos recuerdos. Su esbelta figura acabó confundiéndose con la negrura de un estrecho callejón.

Mientras, el cielo anaranjado se iba cubriendo del azulado de una noche que prometía ser estrellada y luminosa. O quizá no.

xxx

Ni Naruto ni Sasuke habían estado jamás en el despacho de Kakashi, y ahora que ahí se encontraban, se permitieron estudiarlo a fondo. Un sencillo habitáculo en tonalidades grises con el mobiliario típico de un despacho lucía ante sus ojos. En la mesa principal, estaba el profesor, sentado, ceño fruncido y señalándoles a ambos las sillas que tenían delante. Le debían una explicación larga y tendida sobre su comportamiento de antes en el patio, antes de proceder a la charla propiamente dicha.

Los chicos se sentaron sin mirarse, procurando no entorpecer el espacio vital del otro. Aún les duraba la adrenalina de su pelea y no deseaban iniciar otra, ni verbal ni física. Bastante daño se había hecho ya como para indagar en él y encima delante de un profesor. Interiormente, deseaban acabar con aquello para separarse lo más pronto posible. Estaba visto que no iban a solucionar en cinco minutos, en un despacho con su tutor, y el colegio vacío lo que en semanas no habían podido dejar claro entre ellos.

Kakashi los miró el uno al otro, y suspiró, resignado. Se dijo que las veces en que deseara volver a la juventud, mejor se daría un buen golpe en la cabeza para recapacitar. No querría estar en la situación de aquellos jóvenes inmaduros ni por un minuto seguido, lo que se complicaban las cosas cuando, al menos a su juicio, la solución era tan sencilla como la de estar juntos sin pensar en los demás. Pero debía entenderles. Todavía no habían llegado a comprender lo que de verdad les importaba en la vida. Niños.

-Sasuke –comenzó para romper el silencio-. Desde hace un tiempo he notado en ti un cambio bastante importante y a tener en cuenta. Nunca antes te metía en líos y cumplías con todas tus obligaciones. Lo mismo digo de Naruto. ¿A qué se debe este arranque de matar del que he sido testigo?

Como era de suponer, ambos se mantuvieron callados, cabizbajos. Naruto se mordió los labios, incómodo. Nunca le habían acosado tantos problemas de una vez, y en apenas una semana, los sentía como una losa sobre la espalda. No iba a preguntarle a Sasuke sobre ello, por supuesto, pero, espiándole por el rabillo del ojo, también parecía en su límite. Que se parecieran hasta en eso, en su poco aguante para afrontar las cosas, seguía irritándole interiormente.

-Os he hecho una pregunta –habló de nuevo Kakashi, impaciente-. ¿Os creéis que las cosas se solucionan pegándole un puñetazo a quien se pase por delante o algo así? Si de verdad veis la vida de forma tan simple, ni los mejores estudios os harán ser personas de provecho el día de mañana. ¿Qué demonios os pasa a ambos?. ¡Si tenéis problemas, afrontadlos como personas adultas, hablando!

-No lo entiende, profesor -intervino Sasuke, con voz tenue-. Hay cosas que son imposibles de aclarar.

Naruto, a su pesar, sintió una tensión dolorosa en el pecho. Sasuke no había levantado la vista al hablar, pero su tono hablaba por sí mismo. Decidido, constatando un hecho, haciendo una referencia más que clara a la imposibilidad de recuperar lo suyo, y al hacerlo, cubrirlo con un tono triste y resignado. Apretó los labios para no dejarse influenciar: estaría fingiendo, era el primero que lo quería fuera de su vista. Esperó por la reacción de Kakashi, ignorando las dolorosas punzadas.

Kakashi suspiró. Le iba a costar mucho convencer a ambos jóvenes de lo equivocados que estaban con respecto a ambos. Ir directo al grano parecía la mejor opción.

-No lo entendéis, .¿verdad? Con lo unidos que estabais, .¿cómo es posible que hayáis llegado a confundir vuestros sentimientos así?

Ambos jóvenes dieron un pequeño bote en sus sillas. Empezaron a hiperventilar casi a un tiempo. ¿Qué demonios había dicho?. ¿Realmente habían entendido bien?

-Pero, profesor, .¿usted...? –formularon a la vez, demasiado sorprendidos (y avergonzados súbitamente) como para ahora reparar en la presencia del otro.

-Lo confieso, sí, sabía que estabais juntos. Bueno, los asuntos de dirección suelen concernir también al cuerpo de profesores –ante la mirada de terror de los dos, se apresuró a explicarse-. Tranquilos, vuestro caso no pertenece a ese tipo de asuntos, Tsunade se ha dedicado a concebirlo como un asunto personal en que solo ella está implicada, por motivos de discreción.

-Entonces, .¿cómo es que usted lo sabía?

Kakashi sonrió, tratando de relajar el tenso ambiente.

-Bueno, Naruto, oí una vez a Tsunade hablar acerca de las “cosas que se notan aunque no se digan” y creo que lo vuestro está perfectamente definido por ese dicho.

Sasuke apretó los dientes. Ése había sido el motivo por el que su ruptura con el rubio hubiese llegado a esos límites, todo había empezado por la directora que le había recriminado que se “dejaran ver” de esa forma y le había prácticamente amenazado con dejarle. Y entonces, él le había echado en cara que se había vendido y en realidad, no le importaba la relación. Si solo hubiesen pensado un poco más en las consecuencias antes de haberse dejado llevar así…

-Tranquilos. No comparto la forma de pensar de Tsunade de que eso os retrasará en vuestros estudios y puede ser el motivo de destrucción de vuestras vidas laborales. Considero que es una forma muy radical de ver las cosas. En esta vida, no puedes estar sujeto todo el rato a las normas, a lo que te dicen tus superiores, porque si no, jamás podrás hacer realidad tus deseos -observó a los jóvenes-. Es algo que aprendí hace mucho tiempo.

Naruto se adelantó a Sasuke en formular su pregunta. La conversación se había tornado seria de pronto. No pudo dejar pasar el brillo nostálgico que de pronto había acudido a los ojos de su profesor.

-¿Por qué lo dice?

Hatake carraspeó. Fragmentos de su pasado iban a salir a la luz delante de dos alumnos, y no era tan fácil contarlo acudiendo a la inexpresividad más absoluta. Y más, cuando supuestamente aquel dolor por su pérdida suponía desarraigado de su alma.

-Cuando era joven, tuve la oportunidad de pasar por una situación parecida a la vuestra -empezó Kakashi-. Tenía a un buen amigo a mi lado, al que amaba. Él sentía lo mismo, y juntos pasamos los mejores seis meses de nuestras vidas. Sin embargo, al acabar de graduarme, me obsesioné tanto con mi futuro como profesor de esta escuela que decidí no implicarme en una relación sentimental que, a ojos de la sociedad, estaba mal vista.

-FLASHBACK-

Las sábanas de una cama desarreglada cubrían los cuerpos de una pareja, que hasta hacía un momento disfrutaban de una plácida velada sin interrupciones, ahora infestada de agrias palabras que conformaban una discusión sin par.

-¿Cómo quieres que me tome entonces que me dejas, así sin más? –Obito contemplaba a Kakashi apretando los dientes de la rabia-. ¡No me vengas con el cuento de que estabas demasiado ocupado para decírmelo, me sé de memoria tus excusas! Algo tan importante no se deja de la noche a la mañana.

Kakashi resopló, manteniendo la mirada fija en cualquier lugar que no fueran los iracundos ojos de su novio. Le estaba costando hasta el alma llevar a cabo la decisión que había tomado… más de lo que había esperado. Nunca había tenido problemas para enfrentar a la gente y tener capacidad para sobrellevar las consecuencias de sus acciones, sin arrepentimientos, sin llantos posteriores. Fuerte era. Pero en ese caso no lo estaba demostrando.

-Ya te lo he dicho –murmuró, tratando de contener sus emociones-. Esta relación no nos lleva a ningún lado. Ya hemos perdido el tiempo durante unos cuantos meses de jugueteo, .¿no te conformas con eso? Ahora que nos hemos graduado, cada cual tiene que hacer su vida. Ya no somos niños, .¿sabes?

Obito luchó con todas sus fuerzas para mantener a raya la muralla que había fortificado alrededor de su corazón. Cada palabra de Kakashi se le clavaba muy dentro de sí, y amenazaba con provocarle el llanto, de la rabia y de la decepción. La persona más importante para él le estaba diciendo en su cara que nunca había considerado lo suyo algo serio, con futuro donde estuvieran ambos, sino un mero entretenimiento, calificándolo como una pelota de la que cualquier crío se cansaría de jugar.

-Me tienes medio año prácticamente a tus pies –siseó con furia contenida, conteniendo las lágrimas-, porque sabes el poder que tienes sobre mí, y al fin y al cabo, hiciste conmigo lo mismo que haces con la gente que te rodea. Usarlos para tu propio beneficio y arrojarlos lejos cuando no te hacen falta, .¿me equivoco?

Kakashi reprimió los deseos de decirle la verdad. Que jamás había pensado, ni por un instante, en dejarlo de lado porque ya se hubiera cansado de él, sino por motivos que escapaban a su control, que no podía evitar. Para protegerse y protegerle a él, debían renunciar a aquella relación: su nuevo puesto de trabajo, que le exigía una discreción máxima, y el conocimiento de que Japón era un país demasiado primitivo como para aceptar una relación entre dos hombres.

Y como sabía que Obito seguiría con él si le contaba la verdad, pese a las consecuencias, prefería que le odiase con una calumnia despreciable.

Apretando los puños sin que el moreno lo viese, hasta casi hacerse sangrar la mano, Kakashi se levantó para empezar a vestirse. Mantuvo la mirada baja: no deseaba enfrentar la mirada juiciosa de Obito, no deseaba derrumbarse ante él cuando pronunciase su despedida.

-Recuerda este último polvo como la despedida a la inmadurez, Obito.

No vio llegar el puñetazo, pero le dio igual. Lo esperaba; conocía a Obito. Al igual que también esperaba que le hablase con esa voz temblando de rabia y acabase por dejar correr las lágrimas a su libre albedrío.

-Debí haber hecho caso a Rin de que no eras buena hierba –gruñó, lleno de dolor-. No quiero volver a verte más, jodido bastardo –fueron las últimas palabras de Obito antes de vestirse a toda prisa y salir dando un portazo, las lágrimas en sus ojos lo último que captó la vista de Kakashi.

Solo entonces cuando el silencio reinó en la casa, Kakashi lloró.

-FIN DEL FLASHBACK-

-Así que, pasando por alto mis sentimientos, le comuniqué que no quería saber nada de él y que era mejor que me olvidase. Le vi llorar, pero me dije a mí mismo que era mejor así, me convencí de que las normas de esta escuela eran lo más importante. Fue el mayor error de mi vida. Este chico del que os hablo murió sin saber mis auténticos motivos para abandonarle. Y nunca, nunca me he arrepentido tanto de una decisión. Renunciaría a todo lo que tengo ahora para tenerle a mi lado, sin dudarlo un segundo.

Sasuke y Naruto permanecieron en silencio, asimilando el relato, conteniendo sus emociones ante la importancia del hecho.

-Con todo esto, solo os quiero plantear mi propio punto de vista –terminó-. En esta vida, lo más importante son las relaciones entre personas, es lo único que nos permite continuar viviendo. Cada vez hay menos amor en el mundo, .¿quién es aquel que se atreve a intentar destruirlo? Si alguna vez vosotros os amasteis de verdad, deberíais dejar de sufrir por el otro sin razón. Recuperad vuestras vidas de antes y sed felices. Tenéis todo el derecho del mundo a serlo y nadie os tiene que decir lo que debéis hacer. Si el amor entre vosotros os va a dar problemas el día de mañana, ya lo solucionaréis. Preocuparos ahora por el presente y luchad por aquello que os importa. No cometáis el mismo error que yo.

Tras esas palabras, nada dijeron los chicos, y Kakashi tampoco lo consideró necesario. Había dicho lo que tenía que decirles, solo esperaba que aquello los hiciera recapacitar.

-Podéis iros ahora.

Los jóvenes estaban impresionados por la sinceridad de su profesor. Jamás hubieran imaginado que algo así le hubiese pasado. Despacio, salieron del despacho de éste y se miraron. No se atrevían a decirse nada, todo estaba reciente. La historia de la que acababan de ser testigos reflejaba claramente su situación actual, y apenas podían creer que Kakashi hubiera tenido el mismo problema que ellos en su infancia. Con ese final tan horrible.

Al final, Sasuke hizo un pequeño esfuerzo. No sabía muy bien qué decirle al rubio. O más bien lo sabía demasiado bien, pero no encontraba las palabras necesarias para hacérselo saber.

-Naruto...

Éste se puso a la defensiva. Podía intuir lo que venía, y ése no era el momento ni el lugar.

-No vayas a empezar, Sasuke –murmuró, tratando de esconder su incomodidad. También deseaba que hablasen como habían acordado ese día, pero tampoco quería discusiones. Estaba realmente cansado-. Es muy tarde, y creo que por hoy me has dado ya una buena tunda. ¿Y si esperas a otro día? Creo que tardaré en que se me curen las heridas de hoy.

Por suerte, el moreno era lo suficientemente perspicaz como para ver lo que encerraban las palabras del rubio. Todo estaba demasiado reciente.

-Esta bien, no ahora -sus ojos se fijaron el cielo. Ya había oscurecido-. Ya es tarde. ¿Te parece que encontremos en algún momento algo de tiempo para hablar?. ¿Esta vez de verdad?

Casi temió otro exabrupto por parte de Naruto; mas éste solo asintió, lacónico. Se atrevió a erguir la mirada para fijarla en Sasuke, con la firme intención de despedirse de él y salir de allí, sin embargo, en cuanto lo hizo, ya no pudo apartarla.

La emoción contenida en los ojos de uno y otro les dejó de pronto estáticos, diciéndoselo todo con la mirada, y al mismo tiempo, luciendo completamente desprotegidos delante del otro, sus sentimientos desvelados por esa tensión escondida en sus pupilas. Sintiendo la electricidad en ellos que se manifestaba con una simple caricia que no pensaban dar al otro, por la intoxicación de sus presencias. Solo al final, la conexión se rompió en cuanto Naruto pareció tremendamente ocupado en arreglar un descosido de su mochila. La tensión palpable de pronto pareció desvanecerse como el humo.

-Nos vemos –le dijo, de espaldas-. Y practica esos puñetazos. La próxima vez te ganaré y restregaré el suelo con tu trasero. Tenlo por seguro.

El tono humorístico de las palabras del rubio casi relajó la tensión entre ellos: fue una buena señal conjunta. De que era demasiado pronto para que todo volviese a ser como antes, pero que quizá, solo quizá, la ínfima posibilidad de recuperar esa felicidad que se les había escapado de las manos podía ser posible.

Con un “adiós” inaudible, se alejaron el uno del otro, esperando al día más adecuado en que verían una salida a su encrucijada.

xxx

-No hemos podido hacer nada por él.

Itachi sintió que se vaciaba de toda lógica. De pie, ante la camilla que guardaba el ahora cadáver de su amado cubierto por una sábana para garantizar el respeto a los difuntos, se acababa de dar cuenta de que había muerto. Muerto de verdad, para siempre. Abriendo una brecha en su vida, marcando un antes y un después, antes de que él muriera, después de que él muriera. Un rayo de fuego negro partió en dos la luz en que su corazón vivía.

-¡Cómo es posible que en Estados Unidos no se pueda salvar hoy día a alguien de un accidente?. ¿POR QUÉ ÉL!. ¿Por qué no YO? –hirviendo de rabia, se volvió a la enfermera, que nada de culpa tenía-. ¡Explícamelo, joder!. ¡Seguro que no han hecho nada por salvarlo!. ¡Simplemente les estorbaba, .¿no! Tal y como él creía que estorbaba a todos… -las últimas palabras se quebraron por su llanto.

-Señor, de verdad lo sentimos, pero las heridas eran demasiado profundas como para poder hacer algo por él. Se llevó la peor parte del incidente. A veces las desgracias no se pueden evitar, lo sentimos tanto…

Itachi no quiso oír más. Salió rápidamente de la habitación.

Tenía algo que hacer y si no lo hacía ahora, nunca se vería capaz de llevarlo a cabo. Su vida había dado el segundo giro drástico, el primero cuando había conocido a aquel muchacho, el segundo cuando ese maldito coche les había arrojado a ambos a la cuneta a riesgo de no salir con vida. Al menos en lo que a Itachi se refería, él no había sufrido tan cruel destino como el otro muchacho.

“Te prometí una vez que no te dejaría solo, y es ahora cuando mi promesa debe dar sus frutos. Solo espérame, estés donde estés.”

Sus últimos pensamientos antes de dirigirse a su residencia, pues después no tendría ya tiempo para pensar, fueron a su hermano. Tantos meses lejos de él, y todavía no le había olvidado del todo. Motivo por el que se había alejado de Tokio para siempre, para alejarse definitivamente de su enferma obsesión, y el destino le había deparado a aquel chico, que había sentado unas bases en su vida de las que él a día de hoy aún se sorprendía.

-Supongo que a la larga me habrás olvidado, hermanito. Habrás olvidado lo rastrero que fui contigo, el daño que te procuré, porque ese rubio tan molesto habrá seguido a tu lado. O tal vez no –murmuraba para sí, avanzando torpemente por la calle, sonriendo casi como si se alegrara de algo-. En todo caso, es demasiado tarde ya para volver a contactar contigo, darte una explicación razonable de todo lo que te he hecho pasar. Si me estás escuchando –alzó su mirada al cielo-, siempre te he querido como a mi querido hermanito. Me alejé de ti para impedirte más daño, Sasuke Uchiha, para dejarte vivir tranquilo y que maduraras por tu dolor. Y aunque no vaya a estar cerca para poder comprobar lo bien que fue mi plan, solo te deseo a partir de ahora la más absoluta felicidad. La que a mí se me ha negado el día de hoy.

El cielo comenzó a llorar. Itachi sonrió más. La última sensación que recordaría sería el tacto del agua en su piel todavía maltrecha por las huellas del accidente. Tanto por sus lágrimas como por la lluvia que ahora incesantemente caía.

xxx

Gaara llegó a casa de Sakura cuando el cielo estaba completamente negro. El paseo le había sentado muy bien. No se sorprendió de ver las luces apagadas, ya que consideraba que la pelirrosa estaría durmiendo. Con la sana intención de no despertarla, fue sin hacer ruido a echar un vistazo a su cuarto.

Sin embargo, cuán fue su sorpresa al ver que no estaba allí. Encendió las luces de toda la casa y la llamó. Pero Sakura brillaba por su ausencia.

Entró en pánico de pronto, buscó irrefrenablemente por toda la casa. La pelirrosa se había escapado sin dar señal de vida, sin dejarle una mísera nota, como si se hubiera ido de viaje, porque ni siquiera la mayor parte de sus ropas estaban disponibles. La casa estaba como siempre, pero sin la presencia de la pelirrosa parecía tan vacía como si fuese una casa ajena. Algo había pasado.

Se le ocurrió mirar en el baño entonces y distinguió en el suelo una larga cabellera rosada, mal cortada, y encima, unas tijeras.

La prueba definitiva.

No tuvo ninguna duda. Dejando la casa como estaba, tomó su chaqueta y salió corriendo por la puerta.

“Sakura... ¿Qué demonios has hecho?”

CONTINUARÁ.


N/A: No tengo perdón, seis meses sin actualizar es mucho tiempo. Pero lo he conseguido. Me he propuesto terminar este capítulo que llevaba demasiado tiempo con la edición en el tintero para poder subirlo antes de volver a mi rutinario horario de estudio. Creo que más corto que el anterior, eso sí. Pero no podía desvelar ciertas cosas hasta dentro de un poco más y me he visto obligada a cortarlo ahí.

Este año está siendo un poco complicado, porque es mi penúltimo año de carrera y debo prepararme para la graduación del siguiente con constantes tesis y trabajos que ocupan el 90 por ciento de mi tiempo. De ahí que escriba menos que antes, y me limite a escribir cosas cortitas, como los drabbles que tengo en mi Livejournal, y los que estoy publicando de la serie de Ouran. Y como Kaoruxchan me dijo en su review, acertó en que mi cambio de estilo también me bloquea en ocasiones para escribir, pero hago el esfuerzo de seguir haciéndolo. Al fin y al cabo, mi vida es prácticamente escribir lo que me gusta.

También tiene que ver que Naruto no me interesa tanto como antes. Sigo leyendo fics de esa serie, pero apenas visito ya su sección en FF. Ni siquiera estoy siguiendo Shippuden. Este fic será probablemente mi despedida definitiva de este fandom. Quizá si encuentro la inspiración en el futuro retome a sus personajes, pero lo dudo. Pero seguiré escribiendo este fic y los otros que tengo aunque sea a trompicones, tardando muchísimo, pero sin abandonar las cosas que tengo empezadas, aunque no tenga tiempo ninguno y ya no guarde interés por la serie.

Agradezco los reviews no sabéis cuánto, me han sentado muy bien, porque la gran mayoría eran muy cariñosos. Me alegra de que al fin y al cabo, continuéis pendientes de esta historia que, a la larga, tan difícil me está resultando sacarla adelante. A todos, un millón de gracias y besos, vuestras muestras de ánimo significan mucho para mí, y espero que comprendáis que no puedo hacer nada por tratar de adelantar este fic, pero que hago lo que puedo. Trataré de contestar los de este capítulo ya sea por reply o en en capítulo que sigue, pero no prometo nada. Aun así, sabéis que os lo agradezco tremendamente, y que de verdad, los aprecio de forma casi exagerada XD

Gracias a: Hinatahyugadiaz (¡hace montón que no te veo por msn! Yo y el tiempo, brr), clau17, Lady Uzumaki, Daniela, Cristillyn, naitlyn, samy, El Nano (lo mismo te digo, menos mal que por el LJ ya nos podremos decir algo), jennita, Karla-chan, Kurumi Uchiha, lucas, Hikaru no Yami, Rush of hapiness (¡espero que ya estés buena!), kaitlin23, lukas21, anhi, Lena-sensei, Shadow of Wileret, Bloody Haruhi Cullen, Pivane, Kaoruxchan, Jess.

Todo mi amor y cariño a todas estas personas. Espero que tengáis paciencia para lo que sigue. No queda mucho del fic, eso sí. Un beso a todos. Nos vemos.



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