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"Dead Promises"
EPILOGO
- He vuelto...
- Lucius... ¡Amor que bueno que haz regresado!
Narcissa Black, bueno...Malfoy, una mujer rubia, de ojos celeste, pálida, pero muy hermosa corrió lanzándose a los brazos de su marido, otro apuesto rubio de semblante adusto en cuanto éste cruzó el umbral.
- ¡Wow, que efusividad! - exclamó Lucius tomando a su mujer en brazos con la mayor delicadeza que pudo - querida...te he dicho que no corras, en tu estado no es conveniente.
- ¿En qué estado? - preguntó ella sonriente sujetándose del cuello del rubio.
Lucius espero hasta que dejo a su esposa cómodamente arrellanada en el sofá para contestar su pregunta.
- Pues en éste estado... - susurró el rubio tocando con suavidad, ternura y un dejo de adoración el vientre de su esposa. - ¿Cómo se ha estado portando Draco?
- Como un ángel - masculló Narcissa orgullosa - a penas y se movió, en un momento me preocupó, pero le mande una lechuza al medimago y me dijo que era perfectamente normal que el bebé tuviera momentos de quietud, que no me preocupara...ah, te estoy aburriendo - dijo al ver la mirada perdida de su marido.
- Para nada, es sólo que estaba pensando en algo que me dijo el señor oscuro...
La rubia se estremeció ante la sola mención del macabro hechicero.
- ¿Q-qué te dijo? - preguntó trémulamente.
- Anunció la llegada de su peor enemigo...
- ¿Cómo?
- Así es y adivina qué...su peor enemigo es un bebé.
Narcissa se llevó instintivamente las manos al vientre.
- ¿Un bebé? - repitió horrorizada.
- Así es...
- ¿Pero de qué bebé hablan?
- Del hijo de James Potter y Lilian Evans.
- No sabía que iban a tener un hijo...
- Ni yo - dijo apurando una copa de whisky para refrescarse la garganta.
- Entonces el hijo de Potter, y de esa sangre sucia será...
- Así es.
- ¿Y porqué te preocupa? - preguntó ella- Sé que es terrible para el señor oscuro, pero es sólo un bebé...y aún no ha nacido.
- Pero nacerá...
- Obviamente.
- Y cuándo lo haga yo...tendré que eliminarlo.
- ¡Eso no puede ser!
- Me lo ha ordenado Lord Voldemort.
- ¡No puedes hacerlo!
- Tengo que hacerlo...
- Independientemente del peligro que representa para Lord Voldemort, o de los espantosos padres que tenga ¡es sólo un bebé!
- Lo sé, lo sé ¡no me atormentes más!
- No lo hagas...
- ¿Crees que tengo elección!
- Sé que no la tienes...pero debes hacer algo¿no entiendes que la vida o el destino nos cobrará la muerte de ese niño con el nuestro? - preguntó con aflicción.
- ¿Hablas del efecto de reversión? - preguntó irónicamente - ¡no creerás en esas patrañas! - se burló - ¿acaso temes que ensucie mis manos de sangre? Ya lo he hecho antes...
- ¡Pero nunca de alguien indefenso!
- Eso ahora carece de importancia.
- Para nada. Y sí, creo en ese efecto de reversión - admitió ella - pero no es eso lo que en realidad me preocupa...
- ¿Entonces qué es?
- ¿Qué te garantiza que un día si llegáramos a estorbarle al señor oscuro no nos eliminaría a Draco y a mí cómo tú estas a punto de eliminar a esa familia?
La simple mención de tal atrocidad hizo que a Draco se le helara la sangre, se pusiera lívido de rabia y cerrara los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
- ¡Si alguien se atreviera a tocar un solo cabello tuyo o de Draco juro que lo mataría con mis propias manos! - bramó furioso.
- ¡Pues estamos en el mismo peligro que los Potter y su bebé! - gritó sin poder contener las lagrimas - Y no quiero eso para nosotros, ya sufrí demasiado con lo que me hizo Jeff...no quiero sufrir más.
Lucius se aproximo a su esposa y la abrazo con ternura, besando dulcemente su frente, labios y cuello, para después acunarla y apoyar la cabeza de Narcissa en su regazo.
- El día que nos casamos juré que te protegería por sobre todas las cosas, y cuando me enteré de que esperábamos a Draco prometí lo mismo, créeme a nosotros JAMAS nos pasará nada, soy la mano derecha de Lord Voldemort...
- Eso no garantiza nada...
- Te lo prometo ¿eso es suficiente para ti?
Narcissa asintió entre lagrimas.
- Sólo prométeme una cosa...
- Lo que quieras.
- Intenta persuadir al señor oscuro, ya sabes...sutilmente ¿lo harás?
- Esta bien amor, haré lo posible. - Prometió el rubio besando el abultado vientre de su esposa con 6 meses de embarazo.
Tres meses después...
- ¿Y dime Lucius estás listo para cumplir la misión que te he encomendado?
- Sí, desde luego mi señor... - afirmó Lucius inclinando la cabeza - "Lo siento Narcissa, pero no puedo negarme"
- En ese caso debes darte prisa, Harry Potter ya ha nacido, ha pasado el tiempo y hoy es el día donde la guerra entre puros e impuros se decidirá.
- Lo sé.
- Bien, entonces...
Un guardia interrumpió la conversación:
- Lo siento mi amo, pero es urgente que le de un mensaje a lord Malfoy.
- Habla - ordenó el señor oscuro.
- La señora Malfoy está dando a luz en éstos momentos, pero al parecer tiene dificultades y se encuentra en estado de gravedad...
- ¡Nacissa! - exclamó preocupado el rubio aproximándose al guardia - ¿Grave¡¿Qué tan grave¿Y mi hijo? - preguntó zarandeando al chico.
- No te alteres Lucius... - dijo Voldemort con tranquilidad.
- Pero señor...
- Si es tan urgente ve a su lado.
- ¿Y la misión? - preguntó fingiendo interés, sólo por aparentar porque en realidad quería salir corriendo al lado de Narcissa.
- Sígueme siendo tan leal Lucius, te aseguro que en un futuro podrás serme útil, es más prefiero encargarme de esto yo, tú ve con tu esposa.
Lucius se apoyo en una rodilla, le agradeció de nuevo y salió a toda pisa a reunirse con Narcissa.
- ¿Cómo está? - le preguntó al medimago a cargo del piso de maternidad en San Mungo.
- Su esposa está perfectamente y su hijo está muy sano, ambos gozan de excelente salud.
- ¿Está seguro? - preguntó el rubio sintiendo que sus temores se disipaban.
- Completamente, es más puede pasar y verlos a ambos, su esposa está con el bebé en estos momentos.
Inmediatamente el rubio se dirigió a la habitación donde estaba su esposa, respiró hondo antes de entrar, abrió la puerta y lo que vio la dejó sin aliento...
Era de noche, la habitación estaba tenuemente iluminada por medio de magia, pero allí estaba Narcissa, más bella y radiante que nunca, con un pequeño bultito rosado entre sus brazos, ella parecía arrullarlo, tarareaba una extraña y a la vez hipnótica canción, sin duda fruto de su propia inventiva; había mujeres a las que no les sentaba bien la maternidad...a Narcissa Malfoy le sentaba excelente.
- Hola amor...- saludó ella a Lucius sosteniendo al bebé en su regazo - mira Draco, aquí está papá, ya llegó. - le anunció con dulzura a su pequeño y rubio hijo.
El bebito de movió y dio un gemido a modo de queja.
- No lo despiertes... - masculló Lucius logrando hablar por fin.
- No estaba dormido, al contrario ha tenido una jornada dura, al igual que yo...
El rubio logró despegar los pies del piso y avanzar hacia su esposa e hijo.
- ¿Cómo estás?
- Perfectamente.
- Pero me dijeron...
- Sé lo que te dijeron.
- Entonces...
- Amor, sabía que no podrías oponerte a él, así que le pedí a uno de los lacayos menores de Voldemort que te llevara el mensaje sobre mi "grave estado" claro, el no sospechaba que sólo fingía.
- De esa forma me liberaste de la misión sin que yo quedara mal.
- Así es.
- ¿Y porqué no me dijiste eso?
- Se me ocurrió al momento; además, sabía que tú te opondrías
- ¡Claro que me opondría¡¿y si te hubieran descubierto!
El niño empezó a llorar por el sobresalto.
- No grites, asustas a Draco... - masculló calmando al bebé.
Lucius pareció tranquilizarse al ver de cerca de su rubio hijo, y cuando éste abrió los ojos y vio que eran grises como los de él sonrió.
- Por eso te amo...por tu inteligencia, tu ingenio, por lo buena que eres para inventarte cosas en el último momento...por haberme dado un hijo.
- Yo te amo por lo mismo, y mucho más. - respondió ella tendiéndole al bebé para que su padre lo tomara, y mientras éste lo hacía con sumo cuidado, ella aprovechó para besarlo. - Es idéntico a ti, tiene tus ojos - musitó al ver a padre e hijo juntos.
- Pero tu cabello...
- Ambos somos rubios. - dijo ella irónicamente.
- Bueno, en algo debe parecerse a ti.
- Tal vez en el carácter - sugirió ella.
- Eso espero. - respondió el besando a su esposa y entregándole el bebé a la enfermera quien iba a recogerlo.
- ¿Seremos felices? - le preguntó Narcissa en cuanto perdió de vista a su pequeño hijo y su esposo se sentó a su lado abrazándola.
- Para siempre...
¿El fin?
No, sólo el inicio.
Hola a todos los que están detrás de la pantalla, lamento haber dilatado tanto, estaba más concentrada en los problemas de la escuela y en mi nueva historia "¿Cómo voy a odiarte?" ah, por cierto espero que la visiten...
Me siento algo triste de que éste proyecto termine al fin, no me gustan mucho los ciclos ¿porqué todo tiene que terminar? ; l que horror...bueno, en fin me animo al saber que hubo tantas personas que leyeron esta historia y me apoyaron con sus reviews, en verdad se los agradezco y de nuevo los invito a que me acompañen en mis demás proyectos.
¡1 000 000 de gracias!
Atte. Aimé