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Author of 14 Stories |
Disclaimer: Fruits Basket y sus personajes le pertenecen a Natsuki Takaya.
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Feelings
Un nuevo día comenzaba, y ya el despertador empezaba a sonar en una casa de estilo tradicional. Para ser tan temprano, extrañaba que cierto chico pelirrojo, convenientemente dormido en su futón, despertara sin demasiada dificultad apenas oír el aparato. Sin embargo, no quiso levantarse inmediatamente, sino se mantuvo en la misma posición en que había dado la bienvenida a un nuevo día. Tan solo unos segundos después en que ya le molestaba el sonido del reloj, lo paró de un golpe, dando un resoplido de molestia.
Kyo dio varias vueltas sobre su mullido lecho hasta encontrar una postura relajada que le permitiera prepararse mentalmente. Acostumbraba a estar unos minutos a solas consigo mismo antes de ir abajo a desayunar y enfrentarse al mundo que lo rodeaba. Era puro deseo de estar a solas con sus pensamientos antes de tener que lidiar con los miembros de aquella vivienda en la que hacía poco se había instalado.
No podía dejar de sorprenderse por seguir en aquella mansión en la que se había visto obligado a vivir por las extrañas decisiones de Akito. Él más que nunca sabía lo poco considerado que estaba el gato en el Jyuunishi y aun así, contaba con el “privilegio” de habitar en la vivienda y más aún, a compartirla con aquella Tohru Honda que ya se movía a su libre albedrío; y por supuesto, con Shigure y su mayor rival.
El innombrable Yuki, por supuesto.
Kyo procuraba no acordarse de él en su sesión de relajación matutina pero, desgraciadamente, el peliplateado ocupaba, si no el cien por cien, al menos gran parte de sus pensamientos. Al fin y al cabo, el ratón era el centro de sus objetivos: vencerle constituiría un reto personal que, si lograba acometer, solo tendría ventajas para él. Además de ser más reconocido por el Jyuunishi restante, podría probarle al mismo Yuki que era más fuerte de lo que él jamás podría aspirar.
Aunque debía reconocer que, al menos ahora, ese día quedaba muy lejos. La demostración al hecho estaba en la pelea de la semana pasada: luciendo una maestría increíble para el esbelto peliplateado, había sido derrotado por su mano en menos tiempo del previsto. Y no esa vez, sino las predecesoras había tenido un resultado similar. Y eso lo frustraba y contribuía a que cada vez estuviese más ansioso por pelear contra él de nuevo.
A pesar de no ser el momento aún en que se recrearía venciéndole.
Apartando al joven de su cabeza, sin evitar que hubiera dejado un rastro considerable de malhumor en su estado de ánimo, Kyo procedió a levantarse, dispuesto a empezar un nuevo día en la casa de la familia Sohma. No quería preocupar a Tohru, que hacía poco le aconsejaba que se nutriera más a media mañana para rendir mejor en la escuela y si no se levantaba ahora, no podría dar cuenta de su desayuno.
Kyo bajó las escaleras con el clásico uniforme negro puesto y vio en el salón, desayunando como ya suponía, a Tohru y, por supuesto, a Yuki. El chico de cabellos grises se limitó a echarle una mirada de soslayo por encima del bol de arroz, la cual devolvió Kyo con fiereza.
De momento, todo iba igual que siempre.
Tohru, al verle, soltó una pequeña exclamación de sorpresa para luego sustituirla por una de sus tradicionales sonrisas.
-¡Buenos días, Kyo! -saludó con alegría-. ¡Espero que te guste el desayuno que te he preparado! Claro que si no te gusta, puedo prepararte otra cosa...
-Buenos días -murmuró el pelirrojo, ignorando el último comentario de Tohru. ¿Por qué le decía todas las mañanas lo mismo? Sus comidas le encantaban, aunque jamás lo reconociera. Se sentó a su lado y empezó a engullir con rapidez.
Un breve silencio, solo roto por los palillos de los tres jóvenes entrechocando uno con otro, hizo que Kyo frunciera el entrecejo. Yuki tardaba en asediarle con sus pullas acostumbradas, .¿acaso su acostumbrada rutina se iba a romper hoy?
-Sí que has dormido -comentó Yuki sin dejar de masticar un segundo-. Gato idiota, .¿acaso querías saltarte las clases hoy? No me parece un buen ejemplo, ni para mí, ni para Honda-san. ¿Es así como dices que me vas a vencer?
Ajá, ya tardaba.
-¡Estúpido! -Kyo dejó de comer inmediatamente, levantándose como un resorte-. Te derrotaré algún día, cueste lo que cueste. ¡Solo espera! Es entonces cuando por fin se cumplirá mi sueño de tenerte totalmente humillado a mis pies.
-No creo que logres mucho con tu fuerza actual. En la última pelea, mordiste el polvo tan rápido que hasta a mí me sorprendió.
-¡No te atrevas a mencionármelo!. ¡Fue pura suerte y lo sabes…!
Poco después, no tardaron en discutir de nuevo sin ningún reparo.
Tohru, sintiéndose como de costumbre en medio del conflicto entre los dos miembros del Jyuunishi, se retorció, nerviosa, las puntas de su largo cabello. Pensó por enésima vez que lamentaba mucho que su deseo de Año Nuevo de que ambos chicos se llevasen mejor no se hubiese cumplido, y se sintió, una vez más, incapaz de poner fin a sus disputas. Finalmente, encontró un motivo para interrumpirles: habló con voz temblorosa de algo que la estaba extrañando desde hacía ya rato.
-Etto... -murmuró con aprensión-. ¿Dónde está Shigure? Es para saber si dejarle preparada la comida ahora o para cuando volvamos del instituto...
-Oh, no te preocupes por él, Honda-san -Yuki dejó por un momento de prestarle atención al pelirrojo para dedicarle una de sus impresionantes sonrisas a Tohru-. Salió muy temprano a visitar a Ayame a su tienda. Según me comentó, al parecer tienen que tratar algún tipo de asunto con Akito.
Aunque Yuki no quiso dar impresión alguna de que estaba preocupado, su rostro se ensombreció sutilmente, como siempre que la líder de la familia se inmiscuía en las conversaciones. Tohru lo advirtió y prefirió guardar silencio, sin embargo, Kyo no pareció prestar atención a su reciente melancolía.
-¡No te escaquees! –exclamó, interrumpiendo el momentáneo silencio-. ¡De camino al colegio, veremos quién vence, tú o yo!
-¿No te cansas de decir siempre lo mismo? –Yuki se levantó de la mesa, suspirando largamente, y depositó los cacharros en el fregadero.
-¡Pues no!
Al poco rato, los tres jóvenes salían de casa.
Tohru iba detrás de un enérgico pelirrojo que discutía a gritos con el príncipe del instituto. El tema de discusión no era otro que los horarios de las próximas peleas en que se iban a enfrentar, por tanto, Tohru desechó la idea de escucharles. Suspiró con algo de tristeza, pero al mismo tiempo los miró con cariño, sumida en sus pensamientos.
Habían pasado muchas cosas desde que se había instalado en casa de los Sohma y se sentía muy contenta de compartir momentos con los miembros de aquella familia tan particular. Aunque Kyo y Yuki no pudieran estar ni cinco minutos sin ponerse a discutir, Tohru se sentía muy a gusto en su convivencia diaria. En casa de los Sohma había encontrado una segunda familia, que la apreciaba como persona, y le daban lo mejor. De lo que más se alegraba era que habían dejado sus recuerdos intactos para poder seguir disfrutando con ellos. Realmente, poco más le pediría a la vida.
Llegaron a una encrucijada de caminos, donde se encontraba Hatsuharu y, a su lado, el pequeño Momiji. El rubio saludó con alegría a la muchacha, y fue correspondido.
-¡Tohru!. ¡Buenos días!
-¡Hola, Momiji, Hatsuharu! –la joven se inclinó, sonriendo con cortesía, a sus amigos.
El peliblanco la saludó amablemente con un movimiento de cabeza para fijar luego la mirada en Yuki. Se fijó en que Momiji había aprovechado para llevarse a Tohru del brazo un par de metros lejos de los chicos para empezar a hablarle apasionadamente. Viéndose a solas, el peliblanco tomó aire para saludar al peliplateado como era debido… aunque todavía estaba inmerso en su lucha verbal con el gato, sin reparar en su presencia.
-¿Qué tal estás, Yuki? –se dirigió a él con dulzura, aprovechando un descanso de ofensas entre los jóvenes. El príncipe desvió un instante su atención del pelirrojo y sonrió educadamente.
-Muy bien –le contestó.
-¿Qué pasa?. ¿Y yo soy invisible? -murmuró Kyo. Estaba molesto porque Hatsuharu no había reparado en su presencia, y parecía embelesado mirando al peliplateado, sin querer fijarse en el resto del mundo que los rodeaba.
Hatsuharu lo observó, frunciendo el entrecejo, viendo rota la burbuja de tranquilidad que se había formado entre Yuki y él.
-¿Quién iba a hacer caso a un gato molesto como tú?
-Por lo menos podrías saludar. Digo yo, vamos. Aunque ya veo que con Yuki no te cuesta nada intentarlo –añadió con retintín. Ignoró que el príncipe lo fulminara con la mirada.
-Tal vez porque me da una respuesta positiva cuando lo hago. Y ya que estamos hablando de eso, una cosa te digo, Kyo -dijo el buey, acercándosele peligrosamente-. No intentes nada, te lo advierto. Lo digo porque te veo muy… pendiente de él últimamente –apostilló, casi con maldad, haciendo énfasis en la palabra “pendiente”.
Kyo se sonrojó enteramente, para reaccionar después.
-¿Qué dices?. ¡Solo estoy cerca de él porque quiero derrotarle a cualquier precio!. ¡No digas cosas sin sentido!
-¿Quién ha dicho nada? –Haru sonrió interiormente. No había querido insinuar nada, pero conocía perfectamente a Kyo y solo quería divertirse un rato a su costa-. Me refiero a que te peleas con él más que de costumbre. Aunque que lo hayas interpretado por el otro lado tan deprisa, me lleva a pensar que tal vez…
Interrumpió aposta lo que decía para regocijarse viendo a Kyo enfadarse. O más bien, enfurecerse. Yuki, a su lado, se mantuvo en un discreto segundo plano, observando la escena, sin decir una sola palabra en defensa de ninguno. Parecía inmerso en una lucha interna.
-¡No se te ocurra volver a insinuar esas…! –Kyo, arrugando la cara, buscó en su cabeza algo que definiera perfectamente lo que le ocasionaba el pensar de esa manera en Yuki. Sus mejillas estaban más coloradas que antes y sus ojos vidriosos. Haru casi sintió que sus emociones lo golpeaban-. Esas… ¡Eso acerca de la rata y yo! Joder, eres más pervertido de lo que pensaba…
-No gastes saliva con él, Haru -fue cuando Yuki reaccionó entonces. Aunque no se notara mucho, también había interpretado la acusación del buey por el camino que no era, y sus mejillas se habían atenuado. Sin embargo, lejos de molestarse, adoptó una actitud adusta y avanzó con paso resuelto por delante de ambos chicos-. Al fin y al cabo, es solo un gato idiota.
Hatsuharu no tardó en seguirle, y Kyo fue el último en reiniciar la marcha al colegio, todavía apesadumbrado por lo mal que le estaban saliendo las cosas a tan solo unas horas de haber amanecido.
Así, llegaron por fin al instituto. Momiji y Tohru habían llegado por su cuenta hacía un buen rato, y se hallaba cada cual en su clase. El peliblanco se despidió de Yuki, y al llegar a su clase correspondiente, entró.
Kyo y Yuki siguieron el camino a la suya propia, esperando ver en ella a Tohru. No se hablaban por el camino: Kyo iba pegado a la pared del lateral y Yuki a la otra, de forma que quedaban separados lo máximo posible. El pasillo estaba vacío, por tanto, nadie dio cuenta de ese extraño juego de “a ver cuánto tiempo pasa hasta que alguno de los dos hable y volvamos a tenerla.”
Fue Kyo quien decidió romper el hielo. Aunque después sabía que se arrepentiría, hacía mucho que algo le rondaba la cabeza y parecía ser el momento idóneo para satisfacer sus dudas.
-¿Cómo dejas que te diga eso?
El príncipe se detuvo un momento para mirar, asombrado a Kyo. ¿Era él quién había pronunciado esas palabras? No lo parecía, puesto que solo se dirigía a él con brusquedad y siempre para retarle o insultarle. Vio que se había detenido y se encontraba frente a él, con una expresión difícil de definir. En sus palabras no había desdén o reto, o al menos, no más del acostumbrado. Lucía cómo si le costara mucho dirigirse a él como a una persona normal, y no para una de sus luchas interminables.
-¿Qué estás diciendo?
-Haru sabe lo que siente por ti -Kyo frunció el ceño para dar la impresión de que se comportaba como siempre. No buscaba pleito alguno, pero no iba a darle la satisfacción a Yuki de verse rebajado a ser amable con él-. Pero tú no pareces corresponderle. Entonces, .¿por qué no le desengañas de una vez?
-Porque no todo el mundo es como tú -Yuki le dirigió una mirada en la que se podía discernir tanto asombro como molestia-. Hatsuharu siempre se ha portado muy bien conmigo y me veo en la necesidad de mostrarme amable con él. Además, me agrada su comportamiento hacia mí y su deseo de protegerme. No es algo a lo que esté muy acostumbrado entre los hombres de la familia Sohma, por si a día de hoy no te habías dado cuenta.
Con la clara indirecta, Yuki silenció su explicación y procedió a continuar su camino.
Kyo lo miró alejarse. Su ceño se frunció aún más si cabía. Yuki no le había contestado como siempre, sino, extrañamente, sus palabras parecían cargadas de resentimiento, y casi de dolor. Que él supiera, era la primera vez que el ratón le hablaba de esa forma, situándose a sí mismo dentro de algún problema, cuando siempre hacía todo lo posible para ocultar sus preocupaciones, al menos delante de lo que al pelirrojo se concernía.
Así, el gato sintió, no sin enojarse por su debilidad, una tímida punzada de culpabilidad, la primera desde que había conocido a Yuki y se declarara su acérrimo enemigo. No se habría percatado si Yuki le hubiera contestado mandándolo callar y hubiese seguido su camino, por supuesto. No obstante, que Yuki se infravalorara de esa forma y le echara en cara que el único que era amable con él era Hatsuharu, le hizo sentir, insólitamente, como a un canalla.
Y Kyo supo que no le gustaba sentirse así bajo ningún concepto. Porque una cosa era una pelea sin importancia y otra muy distinta, soltar de repente algo que tuviera que ver con su triste pasado por ser miembro del Jyuunishi.
Apretó los dientes, pues deseaba decirle algo a Yuki, justo lo que ahora pensaba y le nacía hacérselo saber, y no se veía capaz. Finalmente, hizo un esfuerzo.
-¡Oye! Es... ¡Espera!
Yuki se volvió. Su expresión no había variado un ápice, y Kyo siguió odiándole por ser el motivo de sus sentimientos ahora contradictorios, entre el odio y la culpa.
-¿Qué quieres ahora?
-Mira, yo... es que...
Aunque Kyo deseaba no pasar por aquello, sabía que no tenía opción. No estaba acostumbrado a tratar con las personas y menos con aquel chico de ojos violeta. Se sentía más humillado que nunca en su vida. Apretó los puños para infundirse valor. No tenía por qué disculparse, lo sabía, pero no podía dejar pasar ese momento sin hacer cambiar esa expresión de congoja de Yuki que ahora, extrañamente, le dolía tanto ver.
Y si así no lo conseguía, un buen puñetazo sería la tentadora segunda opción. Todo para que Yuki volviese a ser su eterno rival que escondía sus sentimientos bajo llave y que no le provocara esos incómodos ramalazos.
Unos instantes pasaron, en que solo se escuchó a Kyo tragar saliva y apretar más los puños sin éxito alguno de animarle a continuar.
-Es que…
¡Mierda, no podía decirle eso! O al menos, no sonrojado, y sin mirarle a los ojos, hablándole tartamudeando, como una de las chicas que solía declarársele a Yuki una vez al día por lo menos. Por supuesto que él no era así de vergonzoso, empero, las palabras de Yuki lo habían hecho sentir mal y ahora…
¡Se sentía estúpido!
Tal vez estaría bien considerar lo del puñetazo, se descargaría más fácilmente…
-Kyo –le nombró Yuki con impaciencia, y al mismo tiempo, intrigado por el gran esfuerzo que parecía hacer el pelirrojo por hablarle.
-Yo... bueno... –ánimo, ánimo-. No pretendía... inmiscuirme… en tus asuntos –no era tan difícil, no era exactamente una disculpa, pero a algo llegaba-. Es solo...
-Déjalo, Kyo -repuso el ratón. El pelirrojo notó que sus ojos ya no parecían tan fríos como antes, sino que ahora, parecían transmitirle un sinfín de emociones, que Kyo no pudo descifrar, y solo sirvió para aumentar su ansiedad-. No hace falta que digas nada. Nos lo hemos dicho todo durante el tiempo que llevamos bajo el mismo techo.
Y sin agregar una palabra más, se dirigió a clase.
Kyo solo le contempló hasta que se perdió al final del pasillo, sintiendo que, inexplicablemente, se le hacía un nudo en el estómago, mucho más intenso y doloroso que hacía tan solo unos minutos.
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Estaba a punto de sonar la campana de final de las clases cuando la profesora de la clase de Tohru, Kyo y Yuki retuvo a sus alumnos un momento.
-Recordad que mañana es la prueba de la maratón con los demás cursos. Dormid bien esta noche para estar en forma mañana por la mañana y hacer una buena carrera. Hasta entonces.
Tohru salió de clase con sus amigas Uo y Hana, seguidas por Kyo y Yuki, que se mostraban raramente silenciosos el uno con el otro.
-¡Ah! -murmuró la chica de cabellos castaños con emoción-. ¿No es genial que mañana vayamos a correr otra vez, como hicimos el pasado año? Te acuerdas, .¿no, Yuki?. ¡Cuando conocí a Hatsuharu!
-Sí, Honda-san -habló él, sonriéndole como de costumbre. Mas Kyo sabía lo que de verdad ocultaba Yuki sonriendo afablemente, como si nada le incomodara, y apartó la vista, enojado-. Pero también recuerdo que fue cuando estaba enfermo.
-¡Oh, es verdad! -Uo se acercó a él-. ¿No tendrás problemas este año?
-No creo -Hana tomó la palabra con su acostumbrado susurro siniestro-. Presiento que las ondas eléctricas del príncipe indican que no va a caer enfermo. Yo, al contrario que todos, me quedaré tranquilamente con Uo jugando a las cartas y animaremos todo lo que podamos a nuestra Tohru.
Siguieron hablando hasta que Kyo se despidió de todos al cabo de un rato y caminó por el pasillo en dirección a la salida con la cabeza llena de dudas. Yuki parecía muy interesado en la verborrea de aquellas muchachas y allí se quedó. El pelirrojo no se lo reprochó: lo de aquella mañana debía seguir muy reciente y por nada del mundo querría repetir una escena semejante, si acaso Yuki continuaba dejando entrever su desdicha, mostrándole una cara suya que jamás había tenido ocasión de ver, y que, francamente, le importunaba bastante haber presenciado.
No se habían dirigido la palabra en toda la mañana, por mucho que Kyo había intentado que sus miradas se cruzasen durante la clase. Al menos, para convencerse de que Yuki volvía a ser el mismo y que no tendría ocasión de verse confuso de nuevo. Con lo fácil que era pelear sin conocer nada del otro… ¿Por qué Yuki se había empeñado en hacerle saber una parte de su vida, disfrazada parcialmente con unas palabras repletas de desgana y tristeza?
La verdad era que desde que vivían en casa de los Sohma con Tohru y Shigure, no habían hecho otra cosa sino pelear. Poco sabía de la vida de Yuki, de lo que pensaba o hacía. Nunca se había molestado en averiguar ese tipo de cosas; lo había visto como rival desde la primera vez que clavó los ojos en él y jamás habían hablado de cómo asumían la desgracia por sufrir la maldición del Jyuunishi.
Más que nada, porque desde siempre Kyo había pensado que la peor parte le había tocado a él. Era el gato, el animal menos valorado por el Jyuunishi, el que tenía que soportar las burlas de todos por aquella estúpida leyenda del gato que había sido engañado. Por aquella razón, no había querido bajo ningún concepto hacer migas con Yuki ni con nadie en especial. Era una persona muy solitaria, no le agradaba ni le desagradaba, pero era así como siempre había vivido, y la perspectiva de conocer intimidades acerca de otra persona lo asustaba y lo cohibía. Y viceversa, por supuesto. Llegó incluso a preguntarse si su vida ahora sería de otra forma si hubiesen sido compañeros desde el principio, ignorando la tonta leyenda del engaño del ratón al gato, y que parecía el punto de inflexión de su violenta relación entre sí.
Kyo detuvo sus pensamientos al encontrarse de frente con Hatsuharu. Éste lo miraba con interés, apoyado coquetamente en el marco de una puerta. El pelirrojo miró a su alrededor. Estaban solos en ese momento, todos habían salido ya del edificio, y por la mirada que el buey le dirigía, no parecía querer conversar con él amigablemente.
-¿Qué haces aún por aquí, gato idiota? -una pícara sonrisa fluyó en su rostro. Kyo apartó la mirada. No estaba de humor ahora para hablar con Hatsuharu, y mucho menos, para que empezase con Yuki, su tema de conversación favorito.
-No es asunto tuyo –prefirió decir, en voz baja. Caminó unos pasos para alejarse del chico y salir de la escuela.
Haru dejó de sonreír. El tono de Kyo no era el acostumbrado. Parecía que estaba muy preocupado por algo y decidió dejar las peleas de costumbre para otra ocasión. No buscaba herir al pelirrojo con sus disputas de costumbre, y que ahora pareciera tan confuso y dolido le afectó.
-Kyo, .¿qué te pasa? –le preguntó, sinceramente interesado por su estado.
-Nada.
-Una persona no está así por nada, y menos tú. Explícame, .¿es algo relacionado con Yuki?
Kyo notó como un estremecimiento sacudía su cuerpo a la sola mención del nombre del príncipe y sacudió la cabeza. ¡Claro que era él! Y más a día de hoy, en que se había pasado todas las clases analizando cada detalle de los ojos con los que Yuki se había atrevido a insinuarle que él era en parte el culpable de sus desavenencias con su vida, y lo había hecho sentir tan mal.
-¿Os habéis vuelto a pelear? -Haru le dirigió una mirada asesina-. Si le has hecho algo...
-¡No ha pasado nada, que lo sepas! -Kyo perdió la paciencia, tanta mención del peliplateado le afectaba en demasía-. ¿Es que siempre tienes que preocuparte tanto por él? Por Dios, tienes una actitud algo obsesiva por esa rata, .¿no te das cuenta que molestas con esa pose tuya de protector?. ¡Por mucho que te preocupes por Yuki, él no siente nada por ti, que te quede bien claro! Podrías ocuparte de tus propios problemas, por ejemplo, los que tenemos todos: evitar que nos afecte demasiado en la vida diaria estar maldecidos por el Jyuunishi, .¡y sin embargo, consagras tu vida a un tío que jamás te corresponderá!
Kyo acabó su discurso jadeando violentamente y de repente se sintió algo arrepentido. Hatsuharu no tenía la culpa del torrente de emociones que sacudía el cuerpo de Kyo cada vez que oía algo relacionado con Yuki. No merecía que le hubiese gritado de esa manera, resultado de sus dudas acerca del peliplateado y su discusión de hacía unas horas.
-Todo eso ya lo sé –Kyo había abierto la boca para disculparse, pero Hatsuharu lo interrumpió, su voz era carente de toda emoción-. Sé que Yuki nunca me corresponderá porque su corazón ya le pertenece a otra persona. Pero quiero ser amable con él no solo porque le quiera con locura -se interrumpió un momento, mirando a Kyo con odio-, sino porque sé cuánto ha sufrido Yuki en esta vida y no quiero que le pase nada más. Y menos que sea por causa tuya, Kyo. Al contrario que tú, he procurado saber de la vida de Yuki antes que odiarlo sin ninguna razón y atacarlo constantemente.
El peliblanco había dado en la diana, y Kyo lo sabía.
-Pero él también... –intentó decir algo en su defensa.
-Solo se defiende, estúpido. Fuiste tú quien empezó esta ridiculez de la rivalidad. Él solo se limita a seguirte el juego. Tú solo eres un egoísta incapaz de ver más allá de tus propias narices.
Haru le dio la espalda y caminó unos pasos antes de detenerse y oír a Kyo hablar. Éste se había quedado mirándolo sintiéndose cada vez más miserable, pero, justo como aquella mañana, no podía irse sin saber todo lo que atañía a Yuki, ahora en boca del buey.
-¡Espera un momento! -tenía aún una pregunta-. Hatsuharu... ¿cómo dices que Yuki está enamorado de una persona? –eso era nuevo para él.
-Sé que él ama a alguien desde hace ya tiempo. No me ha dicho quién es, pero lo leo en sus ojos -contestó éste-. Yo solo vivo por la felicidad de Yuki. Él solo será feliz si esa persona corresponde a sus sentimientos, por eso he renunciado a seguir intentando que sienta algo por mí y ofrecerle a cambio mi amistad. Espero de todo corazón que esa persona llegue a sentir un amor tan puro y tan fuerte por Yuki como el que éste siente por ella y que haga que deje de sufrir para siempre.
Así, con estas palabras, Haru se alejó definitivamente de Kyo, dejándolo en el pasillo con una dolorosa quemazón en el estómago. Ya iban dos veces en el día en que le atacaban con esa indiferencia, primero Yuki y ahora el propio Hatsuharu. Le hacían ver como el principal culpable de la infelicidad de Yuki, y no le gustaba esa sensación.
Kyo no quería buscar en Yuki más que la satisfacción de ganarle en una pelea, nada relacionado con odiarle y maltratarle, como nunca se había planteado que tal vez lo habría hecho. Una cosa eran las típicas peleas sin nada que perder, y otra muy distinta, que entraran en juega dolores y experiencias personales. Eso sí que no lo podía consentir, era un arma que nunca habían usado y no se veía en aras de combatirlo. Al fin y al cabo, lo que más dolía era precisamente las duras vivencias que, desconocidas del otro, habían tenido que enfrentar en su joven vida.
Una cosa le había dejado estupefacto. ¿Yuki sentía un amor no correspondido? Tras pensar un rato, Kyo llegó a una candidata: Tohru era claramente la dueña de los sentimientos del peliplateado, pues era la que más cerca estaba de él y a quien más Yuki había desnudado su corazón. Por alguna razón, algo en su interior se encogió al pensar en la perspectiva de verles como pareja, pero casi inmediatamente, desechó pensar en ello. Lo que no iba a hacer era involucrarse en ese tipo de temas.
Lo que sí tomó fue una decisión.
Estaba claro que no quería el mal para Yuki. Nunca lo había deseado. No anhelaba una amistad pura y sincera con él, precisamente, sino el seguir compitiendo con él y convivir como hasta ahora, sin necesidad de que el príncipe malinterpretara sus insultos como algo personal, y no relacionado con la rivalidad. Así, mañana, en la maratón, se lo aclararía, aunque le costase la vida, que si era necesario. Incluso una tregua les iría muy bien.
Todo fuera para no volver a sentirse tan débil, ni volviera a acuciarle aquella extraña intensidad, por volver a ver al verdadero Yuki a través de sus ojos violeta, irradiando congoja y ferocidad.
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Llegó la mañana siguiente y un buen grupo de estudiantes permanecía en el patio del instituto a la espera de comenzar la carrera. Tohru hablaba con Yuki y Haru en una de las esquinas, preguntándoles con algo de preocupación si se sentían en forma para comenzar la maratón.
-Estoy perfectamente, Honda-san -dijo Yuki, apaciguándola, pues sabía que la preocupación de la castaña iba dirigida especialmente a él-. Te aseguro que no me pasa nada. Correré con toda normalidad, no hace falta que te preocupes.
-En todo caso -intervino Hatsuharu-. Si necesitas alguna cosa, avisa. No nos importa perdernos la carrera si es para ayudarte.
-De acuerdo, gracias, pero no creo que sea necesario.
Kyo observaba la escena unos metros más alejado, inexpresivo. Yuki era quien captaba toda su atención. También se sentía preocupado por su salud, pero no se sentía capaz de acercarse e interesarse por él. Durante la carrera intentaría vigilarle de cerca por si le pasaba algo y, al mismo tiempo, hablar con él. Quedarse en la superficialidad de un insulto ocasional, sin intenciones más que las de picar en el momento, era el objetivo de Kyo de ahora en adelante.
Al menos constituiría el primer paso para conocerse un poco mejor y evitar malentendidos posteriores…
-¿Qué te ocurre, Kyo? Estás muy silencioso, eso es tan extraño en ti... -la voz inconfundible de Hana le hizo sobresaltarse y volverse con rapidez.
-No, nada –musitó, sonrojándose-. Es que... estoy algo nervioso, como hace tiempo que no corro...
-A mí no me puedes engañar, vengo de una familia de psíquicos. ¿Estabas mirando al príncipe? -miró en su dirección-. ¿Acaso tienes algo importante que tratar con él?
Kyo lamentó parecer tan obvio a la vista. Se apuntó una nota mental: hacer como Yuki más a menudo y disimular sonriendo con esa candidez suya tan molesta, pero al mismo tiempo, útil en casos como ése.
-¿Qué dices? –trató de disimular en vano-. ¿Qué querría yo tratar con él?
-Dímelo tú -Hanajima se acercó a Kyo, haciendo que éste se pusiera en alerta. Aquella chica siempre le había infundido un respeto que casi rozaba el miedo. Era tan imprevisible...-. En cualquier caso, no hagas nada que pudiera dañarle. Te aseguro que a Tohru no le gustaría nada... y, claro, al príncipe tampoco.
Se alejó después de estas palabras para buscar a Uotani y empezar su torneo de cartas, que habían preferido en lugar de la maratón.
Kyo, tras autoinfundirse valor, optó por colocarse cerca de Tohru, Hatsuharu y Yuki, para dar comienzo la carrera. Les saludó con la cabeza, siendo correspondido de la misma manera por los primeros. Yuki se limitó a desviar la mirada, con algo de incomodidad.
Sonó la pistola y todos empezaron a correr. Enseguida Tohru, Hatuharu y la mayoría de personas se perdieron en la lejanía. Kyo hubiera podido alcanzarles si quisiera, pero prefirió quedarse cerca de Yuki, que iba más atrás. No lograría nada huyendo ahora de su lado, si debía hacer algo, actuaría como un hombre y lo haría. Aunque fuese con Yuki con quien tenía que conversar.
Le observó, unos pasos más atrás, con ojo crítico.
Yuki corría bastante bien, debía reconocerlo, ni muy despacio, ni muy deprisa, sino al ritmo idóneo para no agotarse demasiado rápido. Sus esbeltos miembros se coordinaban a la perfección con la velocidad de la carrera, su silueta era muy ligera y no encontraba impedimento en correr aunque el viento viniese en contra. El gato tuvo incluso la evidencia, después de un rato observando, de cómo, tímidamente, la espalda de Yuki se adhería por el sudor contra la camiseta, muy leve, pero progresivamente.
Kyo se encontró a sí mismo estudiando a su rival durante más tiempo del acostumbrado y desvió la vista, ruborizándose un poco. No era la forma en que Yuki corría lo que tenía que prestar atención, sino encontrar el momento perfecto en que poder sincerarse, y acabar con el problema.
Sin embargo, un pequeño detalle le hizo prestar de nuevo atención a su rival.
A primera vista, parecía estar bien, pero se movía muy despacio y jadeaba con más intensidad que el resto de participantes. Kyo no había olvidado los ataques asmáticos que a veces sufría el ratón, y procuró no perderse uno solo de sus movimientos al correr. Si caía enfermo, nada podría hacer por hablarle de la tregua imporvisada. Se colocó a su lado para tenerlo más cerca y Yuki lo miró entonces con el entrecejo fruncido, algo molesto.
-¿Qué haces aquí? -jadeó-. Sé que corres muy rápido, .¿se puede saber por qué no me llevas la misma ventaja que Haru y Honda-san?
-Yuki -Kyo ignoró el tono de voz del chico y tomó aire para empezar a soltar la perorata que había pensado. No iba a ser el ratón quien le impidiera decirle lo que deseaba a partir de ahora-. Es que... oí decir a Tohru y a Hatsuharu que estaban preocupados por tu salud y me he acordado del año pasado, cuando tú... bueno, ya sabes… -se sonrojó y apartó la mirada. No había sido un buen comienzo, y, para colmo, volvía a tartamudear como el día pasado.
Yuki le observó sin dejar de correr, algo extrañado por la actitud amable del pelirrojo.
-¿Te has quedado atrás entonces para velar por mí? -sonrió incrédulamente, en el fondo, halagado por el gesto-. Kyo, .¿qué has tomado hoy para desayunar? No creo que Honda-san te haya echado nada en el café, por eso lo digo.
-¡Deberías agradecerme que me preocupe! -Kyo estaba desesperado. ¿Por qué Yuki no se lo ponía más fácil? Dios, sincerarse con él era más difícil que comerse los puerros que tanto odiaba-. Y... también era porque quería que supieras… que supieras una cosa...
Repentinamente, el ratón hizo un movimiento un tanto brusco, dejó escapar una pequeña exclamación de sorpresa entre las alas de una respiración y cayó al suelo cuan largo era, llenándose la ropa deportiva de tierra. Fue tan rápido que Kyo no se hubiera enterado de no haber ido hablando a su lado. Se detuvo de golpe y, asustado, se agachó a su lado.
-¿Estás bien? -dijo y notó cómo la voz le temblaba por el miedo.
-Déjame, Kyo -la voz de Yuki sonaba ahogada, empero huidiza-. Solo he tropezado, me puedo levantar -se movió y se irguió, tratando de hacer constar que no había sido nada por mero orgullo, pero volvió a caer-. Sigue corriendo, gato idiota. No tienes que fingir que te preocupas solo para dar una buena impresión.
-¡Deja de decir tonterías!. ¿A quién voy a dar esa buena impresión si no hay nadie a nuestro alrededor?
-Me da igual –Yuki trataba de alejar a Kyo de sí. Había cometido demasiados errores de dejarle ver demasiado de sí mismo, y ahora no se sentía precisamente cómodo con el pelirrojo preocupándose por él. Sinceramente, además, o al menos eso daba a entender-. Vete de aquí, sé cuidar de mí mismo, aunque no te lo creas. Alcanza a Honda-san y a Haru ahora que todavía puedes.
-Guarda tu orgullo para otra ocasión, rata –le espetó Kyo, empezando a enfadarse de verdad por el rechazo de su rival-. ¿Crees que voy a dejarte en este estado en mitad de la pista, y más cuando soy yo el único que puede ayudarte? Ni lo sueñes. Te llevaré a casa a curarte de lo que sea que tengas, aunque te tenga que arrastrar -se arrodilló enfrente de Yuki, dándole la espalda-. Sube –le ordenó con decisión-. Me encargaré de ti y no quiero protestas.
Yuki levantó la cabeza con dificultad, mirando a Kyo a los ojos. Fue plenamente consciente de que no andaba precisamente tomándole el pelo como otras veces. Algo en su mirada reflejaba decisión, incomodidad y un halo de emociones que no alcanzaba a explorar, pero en las que confiaba. Se sintió muy agradecido por la ayuda que le prestaba, y murmuró una disculpa por las molestias. Kyo fingió no haberlo oído: siguió esperando a que Yuki se decidiera a ir con él.
Casi inconscientemente, el príncipe se subió a la espalda del pelirrojo y hundió la cabeza en su hombro para evitar que éste viera su sonrojo. Al fin y al cabo, la cercanía de Kyo siempre lo había turbado, tanto en peleas como ahora, que se comportaban casi como amigos de la infancia.
Kyo lo sujetó bien por las piernas, siendo consciente de toda la fisonomía del Sohma que llevaba a cuestas. Sus delgados brazos rodeaban sus hombros, entrecruzándose por delante de su pecho, y su cadera se ajustaba a su espalda perfectamente, como hecha a medida. En su conjunto, además, no pesaba apenas nada, y el pelirrojo pensó que no se equivocaba, al pensar en ocasiones, que Yuki no comía todo lo que debiera. Pensaba hacérselo saber, pero en aquel instante, se le erizaron todos los cabellos al notar su aliento cerca de su cuello. Yuki parecía a punto de caer dormido y se apoyaba en la curvatura de su cuello, usándolo de almohada, provocando que sus finos cabellos le hicieran cosquillas en la oreja.
Apartando todos los pensamientos ridículos que empezaban a invadir su mente, todavía no queriendo ahondar más en lo que significaban, Kyo empezó a andar en dirección a casa de los Sohma, con su preciada carga detrás. Si bien no podían hablar allí, en casa sería el mejor lugar para arreglar sus diferencias…
…y tal vez terminar con esas molestias interiores cada vez que algo tenía que ver con el príncipe, y que hasta hacía muy poco, desconocía tener en su corazón.
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Yuki se había quedado dormido durante el pequeño viaje –como supuso Kyo después de haberle estado hablando una media hora sin recibir respuesta-, y despertó cuando notó que lo depositaban en algo blando. Abrió los ojos y se vio acostado en su cama, con el pelirrojo sentado a su lado, mirándolo con las mejillas arreboladas y gesto tenso, como si se hubiera atragantado con algo.
-¿Eh?. ¿Dónde estoy?. ¿Eres tú, Kyo? -murmuró soñoliento.
-No, soy yo -le dijo el aludido perdiendo la paciencia-. Te he llevado todo el camino a cuestas y te has quedado traspuesto. He cogido el botiquín porque creo que tienes una torcedura en el tobillo; pero no he podido hacer nada hasta ahora porque te has despertado y has empezado a hacerme preguntas estúpidas. ¿Alguna duda?
Yuki sonrió y se incorporó con algo de dificultad, hasta quedarse muy cerca de él. Kyo observó sus movimientos y se sonrojó más aún. Cualquier gesto que hiciera Yuki le hacía reaccionar de una manera ilógica. Debía ser algún virus que había cogido el día anterior, porque hasta ahora, no sabía que sus mejillas pudieran sonrojarse tanto y tan a menudo.
-¿Qué ha pasado con la carrera?
-Evidentemente, me la he saltado para traerte hasta aquí. ¿O qué te crees, que voy a volver ahora que todos deben estar en la meta? A ver -tomó el botiquín y rozó con los dedos el tobillo de Yuki para examinarlo-. Déjame que te lo mire, al menos hasta que puedas ir a la clínica esta tarde y te pongan un vendaje más fuerte.
Yuki se fijó en cómo Kyo, minuciosamente, vendaba su tobillo.
-¿Por qué? –no pudo evitar preguntarle. Los dedos de Kyo colocaban la venda por cualquier parte donde estuviera suelta, suave, afectuosamente. No era nada común que Kyo se comportase suave y afectuosamente en lo que actitud hacia él se refería… además, de que el silencio que se había creado entre ellos y aquellas caricias en su piel amenazaban con que comenzase a pensar de forma extraña de la situación.
-¿Por qué, qué?
-¿Por qué de pronto ese interés por mí?. ¿Por qué has renunciado a correr al ver que me caía y que necesitaba ayuda?
Kyo bajó la mirada, pareciendo de pronto muy interesado en colocar las vendas de manera simétrica. Ése era el momento que llevaba esperando desde su conversación con Hatsuharu, sin ninguna duda. Más le valía no olvidarse de todo lo que pensaba decirle, aunque no se sintiera lo suficientemente valiente como para mirarle directamente a los ojos.
-Es un poco para disculparme -empezó a hablar con dificultad hacia el vendaje-. Verás... no me he portado muy bien desde que nos conocimos, sin ninguna razón. Es decir, no sabía nada de ti, y aun así, me comporté como un idiota. Por eso he intentado... por así decirlo, saber más de ti antes de adoptar cualquier actitud contigo y que me perdones si te he molestado durante este tiempo.
Yuki abrió los ojos, más sorprendido de lo que pudo expresar. ¿El gato pidiéndole disculpas al ratón?. ¿Y de esa forma tan humilde?. ¿Dónde quedaba su orgullo, sus malos modos, sus gritos? El peliplateado llegó a sospechar por un brevísimo segundo que Kyo no hablaba en serio, pero su expresión sincera lo convenció de lo contrario. Sus mejillas seguían arreboladas, y no había detenido su tacto por su pie herido.
Yuki sonrió. Algo de amabilidad debía guardar en su interior Kyo Sohma, y ahora con él la estaba sacando a la luz, pensó.
-Kyo, ambos somos miembros de la misma familia y te aseguro que tanto tú como yo hemos tenido nuestros propios problemas, así que no te culpo. No pasa nada -no había otra: conociendo al pelirrojo, seguro que le había costado horas contener su ánimo conflictivo para disculparse, y realmente, llevaba deseando esas palabras del pelirrojo como agua de mayo, durante mucho, mucho tiempo… Más del que el propio Kyo imaginaba-. Tampoco es que yo no hiciese nada para molestarte, al contrario.
-Pero... -el pelirrojo estaba orgulloso de su bravo temple, pero quería saber algo urgentemente-. Es que...
-¿Qué pasa ahora? Ya te he dicho que olvidado está…
-Hatsuharu me dijo que te habían pasado muchas cosas graves que yo desconozco, Yuki. Eso es lo que me ha llevado, en parte, a decirte que no quiero… ¡en fin! Ser culpable de lo que en tu vida te pase.
-No lo eras, igualmente. Y sobre la gravedad… Hablaría de Akito, seguramente.
El tono de voz del príncipe se volvió inesperadamente frío, pero al mismo tiempo, la voz le temblaba al recordar a esa persona que tanto dolor le había infligido en el pasado, y aun hoy, continuaba sufriendo por su causa.
Kyo vio la tristeza acudir de nuevo a los orbes violetas del joven, y de nuevo notó esa opresión en el pecho, de angustia por el sufrimiento que trataba en vano de esconderle.
-No tienes por qué hablar de ello si no quieres –le hizo saber, no en tono amable, sino inexpresivo. Aún no estaba del todo preparado para la nueva actitud que tendría con Yuki de ahora en adelante.
-No es nada… que realmente importe. Más bien, Akito resulta un problema más pasado que presente. No tengo motivos… para no hablar de esto ahora que ya ha pasado.
Kyo prestó mucha atención a lo que iba a decirle; tenía la impresión de que era algo muy desagradable de recordar.
-Todos los años hemos ido a pasar el día de Nochevieja a la Casa Principal, donde vive Akito. Supongo que lo sabías, aunque no te invitaran; además, el año pasado no llegaste a venir conmigo y con Shigure, porque volvimos a casa a hacer compañía a Honda-san. Pues desde siempre, ha tenido una cierta obsesión conmigo, de dudosa procedencia -Yuki hizo una pausa y no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas, que contuvo con gran esfuerzo. Kyo lo contemplaba en silencio, absorbido por el terrible relato-. Cuando nos vimos por primera vez, yo era apenas un crío mientras que Akito ya tenía nuestra edad. Siempre se interesaba por mí; dónde iba, qué hacía, qué opinaba de esto y aquello... Fue imponiendo sus valores a los míos y empezó a tomar la costumbre de encerrarme en una habitación oscura cuando hacía algo que no le gustaba... -no pudo evitar atragantarse al recordarlo-. Y allí...
Y ya no pudo continuar.
Yuki sabía que aquel lejano dolor ya había sido enterrado en el fondo de su corazón, pero revivirlo en forma de relato le hacía recordarlo, le hacía sufrir. No imaginaba que todavía guardase ese daño psicológico de forma tan profunda y notoria. Aunque se contuvo con todas sus fuerzas, gastó hasta el último hálito de esfuerzo para contenerse; no pudo evitarlo, y apartó bruscamente la mirada de Kyo para dejar escapar un tímido y casi imperceptible sollozo, que conmovió hasta el alma al gato.
-Yuki…
-Kyo, si tienes todavía un poco de sensatez, vete –pronunció Yuki con voz ahogada, dándole la espalda.
-¿Por qué? –preguntó el aludido, molesto-. No te he hecho nada, tan solo…
-Creo que no ha sido buena idea contártelo, al menos ahora. Podría servirte esto como garantía la próxima vez que decidas enfrentarte de nuevo conmigo.
Ante esas palabras de despecho, Kyo no pudo evitar que la… ¿ternura? que empezaba a sentir por el decaído ánimo de Yuki se viera sustituida por la repentina decisión. En un solo movimiento, actuando tan solo por instinto, tomó a Yuki del hombro y le dio la vuelta, abrazándolo contra su pecho sin medir la fuerza con que lo hacía, provocando un pequeño gemido de sorpresa por parte del peliplateado.
Unos segundos sin hablar, sin moverse. El silencio era roto tan solo por el tictac del reloj de la estancia, y, poco después, por la voz quebrada de Yuki, que no atinaba a averiguar el porqué de aquel gesto intempestivo de Kyo.
-¿Pero qué…?
-Realmente eres una rata estúpida –las palabras de Kyo eran siseantes, casi amenazadoras; pero Yuki sabía que no estaba enfadado. Si así fuera, no lo estaría abrazando contra él, sino dándole una buena paliza, aprovechando aquel momento de debilidad-. Te digo claramente que siento todo lo que te he hecho, y todavía tienes el valor de reprocharme que me estoy riendo de ti o algo así. Joder, eres incapaz de controlar tu orgullo ni siquiera en situaciones como ésta.
-¿Qué esperabas que pensara? –Yuki frunció el ceño, un poco molesto, pero no se apartó. Tuvo la impresión de que el cuerpo de Kyo desprendía un calor muy agradable, y no quiso desperdiciar la oportunidad de aprovecharlo.
-Se supone que eres inteligente y deberías saber que estoy siendo sincero y, que de verdad, es algo que me cuesta.
-Siempre estamos tirándonos los trastos a la cabeza, y de buenas a primeras estás actuando de buen samaritano, trayéndome hasta casa después de haberme caído en una maratón y ofreciéndome tu hombro para llorarte mis penas, Kyo. No puedes esperar que de la noche a la mañana vaya a creer que actúas así por voluntad propia y no porque te hayan drogado o algo parecido.
-Que te den. No me importa lo que pienses o dejes de pensar –el gato trató de disimular sus nervios al saber de la delgada fisonomía del ratón más cerca de lo que él pretendía al principio-. Ahora mi papel es el de escuchar lo que tienes que decirme, y el tuyo, el de lloriquear en mi hombro, contándome tus penas como justo has dicho. Y no hay más que hablar.
Yuki rodeó el cuello de Kyo con los brazos y lo atrajo hacia sí un poco más. Sus mejillas se ruborizaron un poco más si cabía, y se alegró de que Kyo no supiera de ello al no tenerle justamente enfrente. Resopló, entre el fastidio y la incipiente alegría por la comprensión que su rival le prestaba.
-Realmente, eres insoportable, Kyo Sohma.
La voz del peliplateado era ahogada, ahora no a causa de las lágrimas anteriores. Su corazón se había acelerado a medida que el tiempo pasaba sin romper el abrazo que lo unía al gato. Ni por un momento sospechó o quiso sospechar que Kyo estaba en la misma situación: sus brazos temblaban alrededor de Yuki y no se atrevía a moverse demasiado por miedo a delatar su flaqueza.
Yuki siguió en la misma postura, e incluso, sus manos no dudaron en agarrar el cuello de la camisa del joven. Necesitaba algo de consuelo, ahora que había hablado abiertamente sobre Akito después de tanto tiempo, y Kyo le daba pie a que pudiera olvidarlo rápidamente, sustituyendo su angustia por un leve cariño que el pelirrojo le profesaba indirectamente. El pelirrojo farfulló algo incomprensible, sintiéndose violento por el gesto, pero no lo apartó. Con manos temblorosas, envolvió la cintura de Yuki con sus brazos y lo atrajo más hacia sí. Estaban a punto de dormirse en brazos del otro, el calor que desprendía el cuerpo contrario era sin duda, agradable y sugestivo.
Sin embargo, Kyo no pudo soportar por demasiado tiempo más al príncipe cada vez más y más cerca, turbando sus sentidos, y confundiéndolo cada vez más. Tenerlo en sus brazos era lo mejor que le había pasado nunca, pero empezaba a sentirse demasiado extraño y le confundían sus instintos. Por una parte deseaba tenerlo cerca por mucho tiempo más, pero por otra parte, algo en su mente le urgía a que le quitara las manos encima: Kyo era inocente, no obstante, sabía que la situación podría írsele de las manos en cualquier momento si se dejaba llevar, y no sería precisamente algo que le ayudara a que Yuki pensara bien de él a partir de ahora.
Por ello, presa de sentimientos contradictorios, apartó no sin algo de brusquedad a Yuki de sí, que lo contempló con los ojos brillantes, preso de sensaciones totalmente nuevas para él.
Ninguno de los dos dijo nada, aún notaban al otro en su piel, todavía las últimas palabras de Yuki en el aire, y el olor y el tacto del otro sabiéndolos tan agradables.
Yuki inclinó rápidamente la cabeza para que Kyo no supiera de lo vulnerable que se había sentido por aquel breve momento, causa de su ahora intenso sonrojo, y el pelirrojo simplemente, desvió la vista completamente arrobado. Aunque fue un claro indicio de que las sensaciones que el otro le provocaba eran similares, no se atrevieron a seguir explorándolas, por el siempre incesante temor, orgullo e inocencia.
-¿Ya estás mejor? –se atrevió a susurrar Kyo con voz ronca, debido a los instintos que intentaba aplacar con energía.
El chico de cabellos grises levantó la cabeza. Se miraron tan de cerca y con tanta intensidad que tuvieron que desviar los ojos de nuevo.
-Sí... -suspiró Yuki e hizo un esfuerzo en volver a encontrar sus ojos con los de él. La sensación que tenía al hacerlo le gustaba hasta demasiado; no podía dejar de sentirla.
Una vez más en aquel día, Kyo se dejó llevar por las emociones y también se perdió en los ojos de su primo. Verse reflejado en ellos, descubrir con cuánta intensidad lo miraba, le hizo saber que lo estaba llamando. No podía soportar por mucho tiempo más seguir debatiéndose entre dejarse llevar por esa atracción sin igual, para lo que solo necesitaba un acercamiento más peligroso, o marcharse de la habitación y no volver a pensar en el asunto, para lo cual necesitaría toda su fuerza de voluntad, que creía insuficiente.
Finalmente, se decidió por el camino más fácil.
Kyo, sin decir una palabra, lo agarró por los hombros y lo atrajo hacia sí con fuerza, como minutos antes, pero sin llegar a abrazarlo. Lo sostuvo de forma que éste no pudiera escaparse, aunque no estaba en los deseos de Yuki hacerlo.
Sus miradas se mantuvieron durante un buen rato: Kyo veía en los ojos de Yuki su inocencia, su amabilidad... pero también miedo, miedo a lo que pudiera pasar en ese momento. No por nada era la primera vez que estaban en una situación así, sentados en la cama del peliplateado, mirándose como si el otro fuera lo más fascinante del mundo, y sin ningún ruido que pudiera interrumpir aquella tensión palpable.
Kyo prefirió ignorar las consecuencias de su tan arriesgada acción, al no ser capaz de contenerse más y, por inercia, se acercó al Sohma, entrecerrando los ojos y notando, triunfalmente, que el ratón no oponía resistencia y abría la boca suavemente en respuesta a su insinuación, también cerrando los ojos, totalmente embelesado.
Y lo que tenía que ocurrir, inevitablemente, ocurrió.
Los labios del pelirrojo rozaron los de Yuki, al principio muy superficialmente, pero poco a poco el contacto se hizo más y más intenso. Kyo le friccionó la espalda con los dedos, disfrutando de su tacto y aroma. Yuki se deslizó entre sus brazos, rozándole por todo el cuerpo y provocándole que temblara de la cabeza a los pies. Sus labios recién encontrados, por primera vez, se empezaban a conocer ansiosamente, una vez pasada la vergüenza inicial, y gradualmente iban tomando más y más confianza.
El peliplateado notaba que Kyo cada vez hacía más presión en sus labios, y sus manos comenzaban a moverse libremente por su cuerpo, presa de la excitación que a él también le invadía inexorablemente. No podía sino corresponder a esas muestras de pasión correspondiendo al beso y a las caricias del pelirrojo; sus manos rozaron su espalda a través de la delgada camisa de Kyo y finalmente, acabó por rodear su cuello, como en el abrazo había hecho, atrayéndolo a su boca de forma más natural.
Nunca imaginó que los sentimientos que albergaba secretamente por el felino pudieran ser correspondidos, ni en un millón de años, pues de siempre, sabía que Kyo lo odiaba de forma irracional y que nunca jamás se fijaría en él siquiera como amigo, mucho menos como algo más. Todavía le turbaba que el pelirrojo le estuviera besando sin contemplación alguna, sin querer aclarar las cosas de antemano, sino dejándose llevar, pero no se atrevería a romper la deliciosa atmósfera que estaba teniendo lugar por nada del mundo.
El pelirrojo se separó unos milímetros para recuperar el aire, pero, sin decir nada que pudiera destruir el momento, se dejó caer sobre Yuki, acostándolo en la cama y profundizó el segundo beso que ahora le procuraba. Yuki notó el paso de la lengua de Kyo en su cavidad y permitió que la suya propia se enredara con la de él, haciendo que ambos gimieran por el contacto. Ese beso era más excitante que el anterior, sin duda. Kyo dejó que sus manos recorrieran el delgado cuerpo del Príncipe, mientras disfrutaba de los movimientos insinuantes con la cadera que estaba empezando a hacer Yuki para estimularle debajo de él. Se abandonaron y se dejaron llevar; Kyo separó un momento sus labios de los de Yuki, dejando un pequeño hilo de saliva resultado de la humedad del beso y se dedicó ahora a su cuello.
Kyo estaba totalmente absorbido por el momento. Yuki le arrebataba ampliamente, y tratar de huir de él ahora sería una cuestión de vida o muerte. Tan cerca, después de aquel abrazo, aquellas sensaciones impregnadas en su piel… Estaba demasiado excitado y se veía incapaz de detenerse ahora. Además, Yuki no quería que se detuviese de verdad; estaba seguro de ello. Solo por los pequeños jadeos que empezaban a inundar el ambiente que provenían de su boca tenían esa constancia.
Sin embargo, todo lo que empieza tiene un final, y pronto ambos volvieron a notar que les faltaba el oxígeno necesario para continuar dando rienda suelta a su pasión escondida, y acabaron separándose a regañadientes.
Se observaron jadeantes. Kyo podía simular ser el clon de una bombilla de lo encendidas que estaban sus mejillas; y procuraba que no mirar a Yuki directamente a los ojos, no después de lo que había pasado. Lamentó que aquel instante hubiese acabado, sí, pero por otra parte se alegró, porque si se hubiera dejado llevar, habría acabado arrepintiéndose más tarde, y no entraba aquello en sus planes.
-Yuki… -trató de explicarle cómo se sentía-. Yo…
-Lo mismo digo –le interrumpió el ratón, sonriéndole con suavidad, al saber que Kyo ahora dudaba por el pudor de lo acontecido-. No hacía falta que lo dijeses, está todo claro.
-¿Por qué nunca me lo dijiste?
-Claro, Kyo, y arriesgarme a que me dieras una paliza. ¿Cómo iba a hacerlo? Si me has dejado bien claro desde siempre que no podías ni verme.
Kyo bajó la mirada. Lucía avergonzado, mas se dio cuenta de que, ahora que sus verdaderos sentimientos se habían revelado, no le costaba tanto dirigirse al ratón.
-Supongo que estaba equivocado en basarme en una tonta tradición para inducirte siempre a que pelearas conmigo y a sobrepasarte. Pero, como te dije, no tenía la intención de amargarte la vida con eso. Era casi como un juego.
-Lo sabía, Kyo. Lo de esta mañana fue simplemente que me acordé demasiado de Akito y, de alguna forma, la pagué contigo. A mí me gusta medir mis fuerzas contigo, y tiene que ver en una parte… que fuese la única manera de tenerte un poco más cerca que en otros momentos.
Kyo alzó la cabeza con brusquedad. ¿Eso había sido una confesión? Bien, acababa de decirle antes, indirectamente, que le gustaba, pero no suponía que él fuese el verdadero objetivo de los sentimientos de Yuki. Quizá era aspirar muy alto.
-¿Entonces no era Tohru?
Yuki lo observó, confuso.
-¿Qué estás diciendo ahora de Honda-san?
-Digo… entonces, .¿no era ella de quien estabas enamorado? Hatsuharu me dijo que sabía que sentías algo por alguien, pero nunca supuse que sería yo. Siempre pensé que sería Tohru.
El peliplateado lo observó unos segundos, antes de empezar a reírse de forma muy poco decorosa. Kyo se enojó un tanto.
-¡Oye, oye!. ¿Qué es tan gracioso?
-Lo siento… Kyo –Yuki se secó las lágrimas-. Es que… Resulta tan surrealista que me hables ahora de Honda-san cuando acabo de confesarte que eres tú quien me gusta… Aunque no lo aparentes, eres inocente con ganas.
-Cuidadito con lo que dices –el gato, frunciendo el ceño, medio en serio, medio en broma, le señaló acusador-. Yo que sabía, siempre estás hablando con ella de tus cosas y no es tan raro que piense que… bueno…
-No, Kyo. Ahora en serio, por Honda-san siento mucho respeto y cariño, pero lo tuyo es más distinto. Y creo que hasta tan solo unos minutos te lo he podido demostrar con creces.
A esa insinuación, Kyo se sonrojó, acongojado, y Yuki sonrió afablemente.
Se mantuvieron en silencio durante un rato sin saber qué decir. La pasión de hacía unos instantes aún se sentía en el aire y aunque querían continuar, ninguno de los dos se atrevía a dar el primer paso de nuevo, por mucho que desearan volver a sentirse. Sin más diálogos absurdos, o confesiones que podrían hacerse en otro momento: querían volver a caer en la tentación de los besos del otro, aprovechando que todavía estaban a solas.
Al final, harto de aquella tontería, Kyo se levantó de la cama con aire resuelto.
-En fin, me voy a duchar, que creo que ya es hora -comentó-. Ahora, me apetece que ahorremos agua. Si te quieres venir conmigo -le sonrió de medio lado, desde la puerta-, puedes hacerlo. No creo que nos busquen allí cuando Shigure y Tohru vuelvan a casa.
Con la clara indirecta, Kyo se dirigió al cuarto de baño. Yuki se quedó en silencio por unos breves momentos, asimilando la directa, pero acabó por incorporarse, el pie ya no le dolía como al principio y podía caminar bastante bien.
-Solo te diré que no me subestimes solo porque aún esté herido, gato idiota –le dijo, sonriendo burlonamente, antes de cerrar la puerta del baño tras de sí.
Lo que sí tendrían qué explicar más tarde era la razón por la que se había gastado tan rápido el agua caliente.
FIN