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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Movies » Star Wars » El amante

Monchy
Author of 62 Stories

Rated: M - Spanish - Romance - Anakin S. & Obi-Wan K. - Reviews: 21 - Updated: 06-03-06 - Published: 02-07-06 - id:2789262
Día 7

(Soundtrack recomendado: Voy a acabar contigo – Amaral; My sacrifice – Creed)

No recordaba quién había sido, tal vez Quinlan, tal vez Mace, tal vez algún otro fanático, no podía estar seguro, pero recordaba claramente las palabras el amor es una enfermedad saliendo de la boca de alguien. Recordaba al personaje extendiéndose en una diatriba de las características virales de lo que el humano se empeñaba en llamar amor pero que no era más que unas cuantas reacciones químicas capaces de ser igualadas con una buenas dosis de chocolate. Le sorprendió recordar que aquellas palabras eran suyas.

La vida de Obi-Wan estaba bocabajo, y no creía que fuese a volver a su posición inicial, no cuando Anakin dormía entre sus brazos y Obi-Wan no quería despertarle tan sólo para alargar el tiempo un poco más.

Los rayos brillantes del sol se colaban en la estancia, molestos y crueles, perdiéndose entre los rizos de Anakin y dándoles un tono a veces más claro, a veces más oscuro. A Obi-Wan solo le ayudaba a recordar lo diferente que era este lugar del que llamaba su casa. Coruscant era gris y frío. A veces, el sol se ponía tras los altos edificios metálicos, y el cielo tomaba un tono rosáceo brillante, soplaba algo de viento y la ciudad parecía caer en un silencio casi solemne, como si asistiera al funeral del día y al nacimiento de la noche. Obi-Wan había adorado aquello por años, pero ahora parecía a años luz de distancia.

Había abandonado Coruscant hacía unas semanas, pero tenía la sensación de haber vivido en un paréntesis por años, de haber estado sumergido entre piel suave durante toda su vida. La realidad era distinta, y era como un golpe contra un estómago ya dolorido.

Durante años no había tenido nada por lo que volver, pero ahora tenía algo por lo que no hacerlo. Le asaltó la idea de establecerse allí, cultivar una granja, vender piezas cochambrosas de maquinaria que le resultaba primitiva, apostar a las carreras y llegar a casa con una sonrisa en el rostro. Sonaba idílico, y era frustrante saber que jamás sería feliz. Lo sería durante un tiempo, seguro, pero entonces comenzaría a notar las deficiencias, sus manos le pedirían el contacto frío de su espada láser y todo se volvería incómodo. Entonces culparía a Anakin, y lo perdería todo.

Tal vez, después de todo, era mejor tener tan sólo esto que no tener nada. Había sido tocado, acariciado, susurrado, y aquello tendría que ser suficiente.

Fue una decisión rápida, casi imprevista, pero decidió abandonar ahora – incluso aunque no estuviese listo. Podía aferrar a Anakin, pero nunca podría cogerle, jamás podría hacerlo, y cuanto antes terminara esto, antes se acostumbraría a la idea de pérdida que encogería su corazón por el resto de su vida. Se separó de Anakin con cuidado de dejar el cuerpo durmiente sobre la cama, su cabeza sobre la almohada en vez de sobre su pecho, descansando sobre el colchón en vez de sobre él mismo.

Obi-Wan observó a Anakin durante unos segundos más, solo un pequeño instante, y le asustó el aspecto tan joven que tenía durmiendo sobre aquella cama. Le alcanzó la idea de lo mucho que quería quedarse, de todas las preguntas que aún no tenían respuesta, de lo mucho que necesitaba saber.

Suspiró. Suavemente, escondiendo un lamento.

Un beso suave sobre la frente de Anakin, una caricia a uno de sus rizos más rebeldes y Obi-Wan se estaba levantando, dándose la vuelta, yéndose.

“No lo hagas.”

Obi-Wan no había alcanzado la puertacuando la simple orden fue suficiente para hacerle detenerse. No se dio la vuelta, asustado de no ser capaz de irse nunca, pero se quedó allí de pié, con el sol frente a él y su amante a su espalda, como todos los grandes héroes habían estado alguna vez. Excepto que él no iba a volver, no iba a tener un final feliz y – oh, si – no era ningún héroe.

Manos aferrándose a su cintura le sorprendieron, pero agradeció el soporte firme que Anakin le daba, y se inclinó un poco hacia atrás, sintiendo su espalda contra el pecho más joven. La barbilla de Anakin descansó sobre su hombre y Obi-Wan notó distraídamente que estaba temblando.

“Desearía,” murmuró finalmente, “desearía poder llegar a conocerte. De verdad. Desearía poder quedarme.”

“Quédate,” la voz de Anakin no fue más que un suspiro, pero Obi-Wan la sintió acariciando su oído a la vez que su aliento.

“Prometiste que no me lo pedirías.”

“Tenía que intentarlo¿no crees?” el abrazo de Anakin se volvió repentinamente más fuerte, y Obi-Wan dejó que algo más de su peso descansara sobre él, aferrando con sus manos las más grandes que descansaban sobre su estómago. “Te quiero.”

“Ven conmigo,” Obi-Wan cerró los ojos y entreabrió los labios, forzándose a respirar lentamente.

“¿Para qué¿Para vivir en un apartamento feo, mantener un trabajo patético y esperar a que vuelvas de peligrosas misiones en planetas lejanos? Pelearíamos, te culparía, lo romperíamos.”

“Entonces, entonces prométeme que si alguna vez necesitas–”

“Algo, lo que sea, acudiré a ti. Incluso si he matado a alguien y estoy huyendo de la ley.”

“Si, por favor,” Obi-Wan sonrió suavemente, abrió los ojos, “pero intenta no matar a nadie.”

“Bueno, si tengo que hacerlo para verte de nuevo, tal vez lo considere,” Obi-Wan se rió ligeramente. Fue un sonido suave, casi asustado, y Obi-Wan se dio cuenta de que estaba mezclado con una lágrima rodando por su mejilla.

Obi-Wan giró sobre sí mismo entonces, enterrándose fácilmente en el abrazo de Anakin. Sus brazos eran grandes alrededor suyo, y le hacían pensar que, tal vez, si cerraba los ojos suficientemente fuerte, desaparecería y no tendría que volver a las paredes blancas y las habitaciones vacías. Tenía tanto miedo de volver a lo que su vida era y nunca volver a sentir lo mismo. Habría amaneceres y puestas de sol, largas misiones, heridas y amigos, pero sabía que siempre echaría de menos esa presencia que estaba destinada a estar junto a la suya.

“Escríbeme,” Obi-Wan alzó la vista hasta los ojos de Anakin, sorprendido de lo pequeña que sonaba su voz. “Prométeme que lo harás,” murmuró Anakin. “Escríbeme acerca de lo qué haces y de a dónde vas, acerca de la gente que salvas, de lo que te gusta, de lo que querrías que viera... esc-escríbeme acerca de quién eres¿de acuerdo? Solo... acerca de lo que quieras.”

Obi-Wan asintió suavemente, casi imperceptiblemente, y alzó una mano temblorosa hasta el rostro de Anakin, acariciando una mejilla con las yemas de sus dedos. Un rizo rebelde cayó sobre los ojos de Anakin e hizo cosquillas a los dedos de Obi-Wan, que ahora descendían por su mandíbula y su cuello, hasta posarse suavemente sobre su hombro.

“Eres muy joven Anakin, tan joven. Olvídate de esto y–”

“No,” Anakin sacudió la cabeza y, tomando la mano de Obi-Wan con la suya, besó su dedo corazón y después dejó que descansara de nuevo sobre su hombro. Se inclinó hacia delante, acarició la nariz de Obi-Wan con la propia y sonrió. “Habrá otros en mi vida, estoy seguro, pero no tú. Tú eres... tú eres mi amante, mi gran amor Obi-Wan.”

“Prométeme que contestarás mis cartas.”

“Cada vez, cada vez.”

Oh, y ahí estaba¿verdad? La despedida definitiva, las palabras que hablaban de conclusión, de miedo y de dolor. Obi-Wan se preguntó brevemente si esto hubiese sido más fácil si se hubiera ido sin decir adiós. Probablemente no.

El beso fue suave y lento. Fue acerca de bocas diciendo adiós sin palabras, acerca de un última batalla simbólica entre lenguas que se entrelazaban en un campo que era solo para ellos. Estaba inundado por algo que quemaba y que dolía, comiéndose sus corazones sin piedad.

Te echaré de menos.

Te quiero.

Lo siento.

Desearía...

“Vete, vete ahora,” Anakin dio un paso hacia atrás, soltó a Obi-Wan. “Yo... yo me qud-quedaré aquí.”

Al Jedi no le tomó demasiado tiempo dejar la ciudad tras él, caminar por las tierras desérticas y llegar hasta su nave, hablar y ordenar, sonreír e incluso meditar, dar un paso sobre el frío suelo de Coruscant y mirar al pálido cielo azul, llegar a sus solitarias habitaciones, emborracharse y llorar hasta dormirse en una cama que era demasiado grande para él.

Había salido de este lugar sin alma y sin corazón, cargando solo una pequeña cicatriz sobre su pecho y el peso del vacío y de la culpabilidad. Había vuelto con algo más, algo que había encontrado encerrado tras un par de brillantes ojos azules. Había vuelto con una razón para llorar, con un sentimiento que no sabía que existía, con algo para continuar, para luchar y creer. Había pasado demasiados años luchando por su vida sin ninguna razón, pero ahora, oh, ahora lucharía por cada latido de su corazón, por cada segundo de vida, solo para poder echar de menos a su amante un poquito más.

FIN.


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