Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Naruto » Fuego en la piel

o-o-Nekoi-o-o
Author of 14 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Angst - Naruto U. & Sasuke U. - Reviews: 25 - Published: 02-08-06 - Complete - id:2790680

Disclaimer: Si yo hubiese creado esto, Sasuke estaría con Naruto desde el principio de forma oficial y jamás en la vida se hubiera ido con Orochimaru.

Advertencias: este fic es yaoi, SasuNaru específicamente, si no te agrada esta pareja, recomiendo no leerlo porque después no se aceptan reclamos.

Es desde el punto de vista de Naruto.


Fuego en la piel

Algo extraño me recorre las entrañas y sé lo que es. La sensación de que hoy no tengo la dosis que necesito. Ha sido despertarme por la mañana y enseguida notar cómo mi cuerpo pedía a gritos tu presencia. Como cada noche, cada momento que podemos escapar de nuestras obligaciones.

No sé muy bien cómo empezó toda esta historia entre nosotros, si es que lo puedo llamar así. Siempre te deseé, eso seguro, desde aquel día... Te conocí en la academia, justo después de mi tan ansiada graduación. Enseguida, noté cómo causabas sensación en la sala. Me pregunté por qué sería¿cómo era posible que la gente te admirase tanto, a ti, que eras un simple pedazo de hielo? Así que subí a la mesa a mirarte más de cerca y tú solo me devolviste la mirada con esos ojos tan misteriosos que tienes. Sí... recuerdo que un montón de sensaciones recorrieron mi cuerpo en ese instante. Me impresionaste, me impresionaste mucho.

Estando tan cerca, noté también tu delicioso olor a limpio. Todo tú me atraía con fuerza, lo admito. Fue ese instante cuando deseé probarte, saber qué se sentía si entraba en contacto directo contigo. Tú solo me mirabas, abriste la boca para decirme algo, no recuerdo muy bien el qué... Y, como si lo hubiese pedido en voz alta, de repente me vi impulsado hacia delante, y mis labios tocaron los tuyos.

No puedo describir ese momento. Fue como si el fuego me quemase la piel, como si los escalofríos me estuvieran consumiendo. Nunca, jamás, me había sentido así por nadie. Sí es cierto, que inmediatamente nos separamos asqueados, pero, en mi caso, oculté todo lo que pasaba por mi mente. ¿Que por qué?

Ah, Sasuke... Obviamente, no pensarías que iba a decirte todo lo que pensaba de ti, .¿no? Y más sabiendo que me odiabas, tanto como yo fingía que te odiaba a ti. ¿Crees de verdad que podría decirte algo parecido a “te quiero”? Definitivamente, si quería morir a tus manos, eso es justamente lo que te diría. Siempre, siempre asumí tus insultos, tu desprecio hacia mí, y poco a poco, fui creyéndome el papel de “enemigo de Sasuke”, hasta el punto de creer que siempre habíamos sido eso. Mis sentimientos por ti se hicieron a un lado; pero nunca, nunca llegué a olvidarlos. Sencillamente, era superior a mí.

En algún momento, nuestras miradas se mantenían más de lo necesario y yo volvía a sentir todo aquel deseo que me mataba por dentro. Era entonces cuando apartaba la vista, incapaz de luchar contra el torrente de sentimientos de mi interior, conteniendo mis impulsos de manera casi enfermiza. No, no podía deshacerme de lo que sentía en realidad. No podía olvidar lo que causaste en mí la primera vez que te vi, la primera vez que mis labios y los tuyos se encontraron, aunque hubiese sido por accidente.

Era por las noches cuando más sufría. Rara era la vez que dormía de un tirón hasta por la mañana. Rara era la noche que no soñaba el delicioso contacto de tu piel en mi piel, tus besos húmedos, desesperados, entre las sábanas. La manera que acompasábamos nuestros movimientos, para llegar juntos al final y acabar la velada con más besos, más toques por parte de uno y otro. Aunque me angustiaba tener esa clase de sueños contigo, nunca quise despertar hasta ver el final de ellos. Me ayudaban a relajarme, a contenerme durante todo el día siguiente, que estaba junto a ti. Para luego llegar por la noche y envolverme en mis sueños húmedos. Eres como una droga, .¿lo sabías? No había momento en que no necesitara de ti. Cada vez más, cada vez más desesperadamente.

Así continué hasta que llegamos a la mayoría de edad. Nuestra relación de tantos años no había cambiado demasiado, si bien, nos llevábamos un poco mejor, habíamos aprendido a confiar en uno en el otro. Pero nada había cambiado demasiado en realidad. Resignado, asumí que era todo lo que podía esperar.

Hasta que llegó aquel día, que pusiste mi mundo de cabeza.

Era un día normal. Acabábamos de terminar el entrenamiento con Kakashi y Sakura y tú y yo nos dirigíamos a nuestras casas por el mismo camino. Ya había oscurecido y, mientras andábamos, te estudié a fondo, como tantas veces he hecho sin que tú te dieses cuenta. Tus cabellos negros refulgían con la luz de la luna, tus ojos seguían tan brillantes como siempre. Tu cuerpo envuelto en la ropa de entrenamiento seguía igual también -si bien habíamos crecido en altura, pero poco más- y caminabas de una manera tan segura y decidida que me cortó la respiración. Dios, .¿cómo podía ser que te vieras tan maravillosamente?

Noté que llevaba mucho tiempo mirándote cuando, repentinamente, tus ojos buscaron los míos y una sonrisa de suficiencia de esas que hacían que me temblaran las piernas adornó tu rostro. Ruborizado, aparté la mirada, pero ya era tarde.

-¿Se puede saber qué me miras tanto? -preguntaste casi con burla.

-¡No te estaba mirando! -logré decir sin tartamudear. Muchos años de entrenamiento y autocontrol lo habían conseguido-. ¿Te crees que todo el mundo besa el suelo por dónde pisas o qué? Tus fans quizá lo hagan pero yo no. Y continúa andando, .¿o quieres que nos quedemos aquí en la calle hasta por la mañana?

-Naturalmente que seguiré andando, .¿para qué perder el tiempo con alguien como tú? No mereces la pena.

-¿Qué?

A todo esto habíamos llegado a tu casa. Habías entrado y yo, sin darme cuenta, había entrado detrás de ti, cerrando de un portazo. Noté cómo todo mi ser ardía. Tus palabras hirientes tienen sobre mí un efecto superior al normal, que hacen que quiera golpearte hasta matarte y, a la vez, echarme sobre ti y cubrirte de besos. El autocontrol que había practicado durante años para evitar ese tipo de situaciones dio resultado hasta ese momento, pero ya no pude contenerme más. Demasiados, eran demasiados años reprimiéndome, teniendo al objeto de mi deseo tan cerca y no poder tocarlo. Una corriente inevitable de electricidad me cegó y, con un grito, me lancé sobre ti, golpeándote con todas mis fuerzas, movido por ese odio mezclado con deseo y amor que era lo que sentía por ti.

Tú no parecías esperar una reacción de ese tipo, pero enseguida te moviste y empezamos así una lucha tremenda, con puñetazos, patadas, todo lo que podía hacer daño al otro, allí, en el suelo de tu salón. Te golpeaba con fuerza, llorando en el proceso, pero sintiéndome pleno. Porque, aunque no era de la mejor manera, sentía que estaba descargando por primera vez ese torbellino de sentimientos que invaden mi cuerpo desde que clavé mis ojos en ti. Tú me devolvías los golpes e intentabas esquivar los míos, pero me he vuelto muy ágil con el tiempo y logré alcanzarte con varios. Era la primera vez que peleábamos así, de esa manera tan cruel, como si quisiéramos matarnos con nuestros puñetazos.

Pronto, las fuerzas nos abandonaron y quedamos tumbados en el suelo, tú encima de mí, jadeando por la intensidad de la lucha y con las caras llenas de suciedad y pequeñas marcas. Pronto reparé en la posición comprometida en que nos encontrábamos: nuestros cuerpos se rozaban por todas partes y tu boca estaba tan próxima a la mía que podríamos decir que casi me estabas besando.

Creí morir. Tú allí, mirándome tan intensamente, tan cerca de mí, tu olor sacudiendo mi cuerpo, tu delicioso aliento tan cerca de mis labios. Nunca habíamos quedado tan próximos y de esa manera, jamás. No pude evitar sonrojarme violentamente y que mi cuerpo empezara a temblar debajo del tuyo. Estábamos tan cerca que lo notaste sin duda. Ni uno de nosotros dijo una palabra; tú me aguantabas la mirada, y yo luchaba por mantener la calma y sostenértela con tranquilidad. Fue en vano, para qué decirlo.

Y lo que ocurrió entonces... Dios, mi cuerpo se consume en fuego cada vez que lo recuerdo. Tú salvaste la escasa distancia que nos separaba y tus labios se unieron a los míos. Mi temblor aumentó, y, naturalmente, ni se me ocurrió rechazarte. Empezaste a besarme con suavidad, de manera casi imperceptible; solo eso, un sencillo roce. Yo empecé a moverme debajo de ti, desesperadamente, respondiéndote al beso de manera más intensa. Cogimos más confianza y, sin darnos cuenta, pronto estábamos quitándonos la ropa sin dejar un momento nuestras bocas, ahogándonos en el sabor del otro, separándonos solo lo justo para respirar un instante y volver a entrelazar nuestras lenguas frenéticamente.

Antes de notarlo, ya estábamos totalmente desnudos, nuestra ropa desperdigada por el suelo, y nosotros envueltos en nuestra propia burbuja de pasión. Nuestros besos fueron a más, no solo nos contentábamos con besarnos hasta dejarnos los labios morados, sino que nos mordíamos hasta hacernos sangre. Enseguida empezaste a memorizar con tus manos cada centímetro de mi cuerpo, en lugares que ni siquiera conocía yo mismo, mientras tus dientes se clavaban en mi cuello, marca de tu exclusiva propiedad. Recuerdo que yo solo gemía y me apretaba más contra ti, suplicándote que lo hicieses, que me hicieras tuyo, mi mente desconectada por el placer. Deseando que ese momento no acabase nunca.

Recuerdo también el rubor de tu cuerpo encima del mío, uno de los momentos en que te vi directamente a través de mis ojos entrecerrados, estando dentro de mí. Tus ojos tenían un brillo que jamás había visto y todo tu cuerpo relucía de sudor de una manera excitante. Tus cabellos se pegaban a tu frente, tu boca estaba húmeda de saliva, tus mejillas, sonrojadas; y dejabas escapar un coro de gemidos que hacía que me encendiera y que me moviese más contra ti, clavando mis uñas en tu espalda, sin dejar de repetir tu nombre como una letanía.

Así estuvimos, sumergidos el uno en el otro, durante toda la noche, sin detenernos. No recuerdo cuántas veces hicimos el amor aquella noche, en aquel suelo, pero, apenas acabábamos, extenuados uno encima de otro, recuperábamos el aliento y volvíamos a empezar. Y la vez siguiente era mejor que la anterior. Hasta que al final nos quedamos dormidos y abrazados sin darnos cuenta, inconscientes por el cansancio.

Cuando llegó la mañana siguiente, abrí los ojos con pereza y noté el cuerpo dormido. Estaba en una cama de sábanas blancas- a la que no tengo ni idea de cómo llegué- tapado hasta la altura de las caderas. Te vi al lado, más o menos en las mismas condiciones que yo, con un brazo rodeando mi cintura desnuda, atrayéndome hacia ti, y nuestras piernas entrelazadas. No hice ningún movimiento, solo te observé dormir con expresión de paz y me sumergí en los recuerdos de aquella noche, sintiéndome feliz como nunca antes había sido. Entonces tú abriste los ojos despacio y me miraste, inexpresivamente al principio. Yo te sostuve la mirada de igual forma y entonces hablaste.

-Venga, levantémonos -dijiste tan solo-. Hoy tenemos entrenamiento, si mal no recuerdo.

Y sin más, te metiste en el baño, dejándome sin aliento. ¿Qué querías decir con eso?. ¿Acaso te parecía algo cotidiano esto de acostarnos y después tratarme de esa manera tan distante? Notando que la confusión se hacía dueña de mi cuerpo, me levanté, me vestí y me fui sin decirte nada a ducharme a mi casa. ¿Era posible... que tú no me sintieses con la misma intensidad que yo?

Pronto encontré respuesta a mis preguntas desesperadas. Al acabar ese día el entrenamiento y despedirnos de Sakura y Kakashi, echamos a andar juntos como todos los días. Corrí hasta llegar a tu altura y me paré enfrente de ti.

-¿Qué haces? -dijiste con tu usual frialdad.

-Creo... bueno, que deberíamos hablar -empecé a decir, sintiéndome cada vez peor. ¿Por qué te comportabas así conmigo?

-¿De qué?

-¡Pues está muy claro! -grité enfadado-. No... no me vayas a decir que has olvidado lo de ayer. Es imposible que lo hayas hecho. Yo... Sasuke... quiero decirte que tú a mí siempre...

-Lo siento -solo murmuraste.

Interrumpí mi penoso intento de declararme coherentemente para atragantarme y mirarte con sorpresa.

-¿Eh?

-No siento nada por ti, dobe. ¿En serio creías que lo que hemos hecho tiene algo que ver con el “amor” propiamente dicho? Qué absurdo eres.

-¿Qué dices? -noté cómo el corazón se me encogía.

-El sexo no tiene nada que ver con estar enamorado o no. Es tan solo algo más de esta vida -te apartaste el pelo de la frente con presunción. Yo noté que ardía.

-Entonces... yo... ¿Por qué?. ¿Por qué me besaste entonces?. ¿Por qué permitiste que pasara esto? -noté las lágrimas que rodaban por mis mejillas, pero no hice nada por evitarlas. Pero aún no habías dado el golpe final... aún no me habías roto de verdad por dentro... Dijiste entonces que...

-La curiosidad, dobe. Quería sentir... por así decirlo... cómo sería eso de acostarse con alguien como tú. Y he de decirte -sonreíste entonces de medio lado como sueles hacer-, que no ha estado mal. Eres bueno en estas cosas. Podemos volver a repetirlo cuando quieras -al ver mis ojos tan abiertos, agregaste algo más-. No quiero herirte, solo te estoy desengañando. No te confundas con mi actitud. En ningún momento me gustas de la manera que dices. Si es así en tu caso, es un problema tuyo.

Listo, ya está. Si querías destruirme, esa había sido la mejor técnica que habías invocado jamás. El golpe final había estado muy bien. Felicidades. Ya nada quedaba de mi alma, toda ella estaba reducida a polvo.

Bajé la cabeza y apreté los puños, llorando sin contenerme más. Debía haberlo imaginado. ¿Por qué ibas a tener de pronto interés en mí?. ¿Por qué tuve que montarme mis castillos en el aire cuando en realidad debí suponer que no te gusto en absoluto?. ¿Que lo que ocurrió fue para pasar el rato, en tu caso?

-No...-logré decir.

-De verdad, siento que te hayas hecho ilusiones- murmuraste- Pero esto es lo que siento de verdad.

Pasaste por mi lado, rozándome el brazo en el proceso, dispuesto a continuar tu camino hasta tu casa. Sin poderlo evitar, te atraje hacia mí, rodeé tu cuello con mis brazos y uní mis labios a los tuyos, en un roce suave y casto.

No. Me negué a desaparecer así de tu vida. No podía, así de claro. No podías utilizarme de esa manera, aprovecharte de mí y después hacerme a un lado. Me estabas mintiendo, además. Lo sé, lo notaba. No podía dejar que desaparecieses así, que me apartases y que fingieras que aquella noche no había pasado.

Me separé después de un momento y me quedé mirándote fijamente. No habías hecho ningún movimiento. Te limitaste a mirarme a los ojos, y en ellos vi algo que jamás había visto en ti.

Miedo. Tenías miedo.

Me asombré. ¿Eso era todo?. ¿Tu actitud se debía a eso? Miedo a lo que estaba surgiendo entre nosotros ahora, a los demás, a la intensidad de nuestros sentimientos. Bueno, yo también me sentía algo asustado con esto, pero ya habíamos avanzado demasiado para echarnos atrás.

-¿Sigues diciendo lo mismo, Sasuke?. ¿De verdad vas a dejar las cosas como están? -intenté no gritar, pero era muy difícil.

Vi como la sombra de la duda pasaba por tus ojos y carraspeaste. Finalmente, me apartaste con un delicado movimiento.

-No hagas esto. No podemos.

-¿Qué?. ¿Por qué no? Sasuke, yo siempre te he...

-¡Nos acabaremos arrepintiendo!. ¿No te das cuenta? -tu voz sonó desesperada-. ¡Siempre hemos sido rivales!. ¿Cómo es posible que sientas esto... que sintamos esto, cuando toda nuestra vida hemos estado peleando?

-¡No importa! -te abracé con fuerza y hundí mi rostro en la curva de tu hombro. Esa vez recuerdo que no me apartaste-. Por favor... No me digas que no me quieres nunca más. Yo siempre... siempre te he observado, había esperado esto... desde siempre. Y saber que tú sientes lo mismo... Nunca lo había imaginado. No huyas de esto. Te lo suplico.

-Naruto...-solo me abrazaste. Me estremecí de placer-. ¿Qué va a pasar entonces?

-No lo sé... Sé lo mismo que tú. Pero ahora, quédate así conmigo. No me sueltes.

Y no lo hiciste. Permanecimos en esa posición, yo abrazándote a la altura del cuello y tus manos en mis caderas durante no sé cuánto tiempo. Y supe que por fin era real todo lo que siempre había esperado.

Salgo de mis recuerdos sonriendo. Sí, por poco te pierdo para siempre en ese momento. Nos hubiésemos arrepentido eternamente. Nuestra relación, a partir de ese momento, se limitó a encuentros esporádicos, intensos, pasionales. Como la primera vez que nos amamos.

Pero ahora lo hacemos sabiendo la verdad sobre el otro.

Tocan al timbre. Seguro que vienes a verme hoy. Hemos pactado sin palabras una hora determinada para vernos cada tarde. Hemos descubierto que, si no, nos resulta muy difícil concentrarnos en el entrenamiento nocturno que tenemos desde que cumplimos la mayoría de edad.

Confirmo mis sospechas cuando te veo delante. Sonrío y te dejo pasar. Apenas he cerrado la puerta, ya estamos ahogándonos en besos. Trastabillando, llegamos a mi cama, donde te quedas encima de mí un instante, sin movernos.

-Te quiero, Naruto.

-Yo también te quiero.

Volvemos a besarnos y nos sumergimos en el mar de sensaciones que nos provoca el cuerpo del otro. Como si cada vez que nos amásemos fuese la primera y última vez.

FIN



Return to Top